Racismo en Noruega
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El racismo en Noruega ha sido la discriminación, exclusión o prejuicio contra personas o grupos basada en su origen étnico, color de piel, ascendencia o nacionalidad. El racismo en Noruega se ha manifiestado principalmente a través de la discriminación hacia inmigrantes no occidentales —en particular Samis, musulmanes y personas de origen africano— en el mercado laboral, la vivienda y el discurso político, impulsado por partidos populistas de derecha y medios alternativos que han normalizado la retórica antiinmigración e islamófoba en el debate público.[1][2] Noruega participó en el comercio trasatlántico de esclavos y en el colonialismo como parte de Dinamarca-Noruega.[3] A pesar de la reputación de tolerancia de Noruega, activistas antirracistas noruegos sostienen que en el país ha habido una «amnesia colectiva» respecto a su historia de racismo y colonialismo.[4][5]
Los noruegos participaron en la trata de esclavos y en el colonialismo como financistas, marineros, comerciantes, administradores coloniales y, en ocasiones, como colonos. Es habitual en Noruega negar la responsabilidad en estas prácticas argumentando que los noruegos vivían bajo el dominio danés durante el período en que participaron en la trata danesa-noruega y en la colonización del Caribe.[3]
En 2013, la Comisión de Reparaciones de la CARICOM, establecida por países caribeños, aprobó una declaración formal solicitando a Noruega reparaciones por esclavitud debido a la participación noruega en la esclavitud en las islas de Santo Tomás, San Juan y Santa Cruz, en las Indias Occidentales Danesas.[6]
Pueblo sami

El gobierno noruego aplicó históricamente políticas de «norueguización» para fomentar la asimilación forzada de minorías étnicas, incluidos los samis, los kvens, los finlandeses del bosque y los finlandeses noruegos. La Iglesia de Noruega (Den norske kirke), iglesia protestante luterana que fue religión oficial del Estado desde la Reforma de 1537 hasta 2012 —período durante el cual el catolicismo estuvo prohibido en Noruega hasta 1845 y la Iglesia luterana ejerció un monopolio casi total sobre la vida religiosa del país—, a la que aún pertenecen unos 3,4 millones de personas (el 62 % de la población), participó activamente en las políticas de norueguización: los párrocos ejercían funciones oficiales del Estado, la administración local se organizaba en torno a las parroquias, los servicios religiosos en lenguas samis fueron prohibidos y los tambores ceremoniales samis fueron confiscados y los lugares sagrados profanados. En 1997, el Sínodo General de la Iglesia de Noruega reconoció oficialmente que la iglesia «se dejó utilizar por las autoridades noruegas en una política de norueguización que consideraba la cultura sami como inferior».[7][8]
Representaciones medievales
En la Edad Media, los escritores nórdicos asociaban a veces a los samis con los troles. En las Hrafnistumannasögur, los descendientes samis eran llamados troles o «medio troles».[9] En la Heimskringla, la mujer sami Snæfríðr Svásadóttir, esposa del rey Harald I, es retratada de manera que refuerza la asociación entre el pueblo sami y la corrupción mágica: tras su muerte, su cuerpo permanece sin descomponerse, pero al tocarlo surgen «criaturas repugnantes» y se torna completamente negro.[10]
Colonización y norueguización

Los samis, pueblos indígenas del norte de Noruega, han habitado la región Sápmi durante siglos. A partir de los siglos xv y xvi, colonos noruegos comenzaron a ocupar tierras samis. El gobierno noruego fomentó posteriormente esta colonización y la asimilación del pueblo sami mediante políticas conocidas como «norueguización».[11]
El 2 de febrero de 1869, el gobierno noruego emitió un comunicado sobre la «cuestión sami» y su impacto económico, afirmando que «la cultura nómada es una carga tan grande para Noruega [...] que se debe desear incondicionalmente su cese» , en referencia a la cultura y las costumbres del pueblo sami.[12]
Durante años, los esqueletos de samis fueron conservados en las colecciones del Instituto Anatómico de la Universidad de Oslo, entre ellos los de Mons Somby y Aslak Hætta, líderes de la rebelión de Kautokeino de 1852 —un levantamiento en el que un grupo de unos 35 samis, motivados por la explotación económica, el alcoholismo inducido por los comerciantes y la opresión cultural y religiosa, mataron al comerciante y al alguacil locales y azotaron al párroco—, ejecutados por decapitación en 1854. Sus cráneos fueron enviados al instituto para investigación científica y no fueron repatriados hasta 1997.[13] El intento del pueblo sami de recuperar los restos de sus antepasados es el tema del documental Give Us Our Skeletons (1999).
En 2011, el Relator Especial de las Naciones Unidas sobre los derechos de los pueblos indígenas, James Anaya, publicó un informe sobre la situación de los samis en Noruega, Suecia y Finlandia en el que recomendó a Noruega reconocer los derechos territoriales samis fuera del condado de Finnmark, fortalecer las competencias del Parlamento Sámi de Noruega y avanzar en la elaboración de un Convenio Nórdico Sami; advirtió además que la propuesta del Partido del Progreso de abolir el Parlamento Sami y denunciar el Convenio 169 de la OIT «constituiría un enorme retroceso para los derechos humanos en el país».[14] En 2016, la Relatora Especial Victoria Tauli-Corpuz concluyó que Noruega, Suecia y Finlandia «no cumplen sus objetivos declarados de garantizar los derechos humanos del pueblo sami», y recomendó definir y reconocer adecuadamente los derechos del pueblo sami sobre sus tierras y recursos, apoyar la revitalización de las nueve lenguas samis —todas clasificadas como amenazadas por la UNESCO— y garantizar el consentimiento libre, previo e informado de los samis antes de autorizar proyectos de extracción de recursos naturales en la región de Sápmi.[15]
Pueblo romaní
La primera acción documentada contra el pueblo romaní por parte del gobierno noruego data de 1687, cuando las autoridades ordenaron el arresto y la expulsión de la población romaní, así como el asesinato sistemático de sus líderes por motivos étnicos.[16]
En 1897, la organización cristiana Misión Noruega entre los Sin Hogar (en noruego: Norsk misjon blant hjemløse), fundada por el párroco Jacob Walnum, comenzó a intervenir en los asuntos de la comunidad romaní a nivel nacional. La organización estaba a cargo de colonias de trabajo y centros de acogida. Los niños romaníes —que representaban aproximadamente un tercio de la población total romaní— fueron separados de sus familias y se cortó todo contacto con ellas. En los orfanatos sufrieron graves abusos físicos y psicológicos por motivos étnicos. Otro tercio de la población fue enviado a la colonia de trabajo de Svanviken en virtud de la Ley de Vagancia de 1900.[16][17][18]
La Ley de Esterilización de 1934 facilitó la esterilización forzada de personas romaníes; en la colonia de trabajo de Svanviken, hasta un 40 % de las mujeres residentes fueron esterilizadas (véase Esterilización forzada).[19] Estas prácticas entrarían hoy dentro de la definición de genocidio según la Convención de las Naciones Unidas sobre el Genocidio.[20]
Un estudio de 2020 demostró que los romaníes en Noruega siguen sufriendo un racismo directo e indirecto significativo.[21]
Antisemitismo en Noruega
Historia

La Constitución de Noruega de 1814 —considerada la más liberal de su época— incluyó en su artículo 2 la llamada Jødeparagrafen («cláusula de los judíos»), que prohibía expresamente la entrada de judíos al reino, así como la de jesuitas y órdenes monásticas. La prohibición se aplicó con rigor: los judíos que llegaban accidentalmente a Noruega eran encarcelados, multados y expulsados.[22] Tras la campaña del poeta Henrik Wergeland, el parlamento de Noruega (Storting) abolió la cláusula en 1851 con 93 votos a favor y 10 en contra, pero la integración fue lenta: la inmigración judía no se hizo numéricamente significativa hasta los años 1880–1890.[23] Noruega fue aparentemente la primera nación moderna en hacer obligatorio el aturdimiento previo al sacrificio de animales domésticos, prohibiendo de facto el método de producción de carne kósher.[24]
Antisemitismo contemporáneo
En mayo de 2012, el Centro de Estudios del Holocausto y las Minorías Religiosas publicó el primer estudio amplio sobre antisemitismo en la población noruega. El informe concluyó que aproximadamente un 12,5 % de los encuestados mantenían prejuicios antisemitas pronunciados, un nivel relativamente bajo comparado con otros países europeos y similar al del Reino Unido, los Países Bajos y Suecia.[23] La encuesta más reciente del centro (enero/febrero de 2024) mostró un aumento de las actitudes antisemitas tras varios años de descenso: un 11,5 % de los encuestados presentaba prejuicios pronunciados contra los judíos, frente al 9,3 % registrado en 2022.[23]
Según la encuesta ADL Global 100 (2025), Noruega presenta un índice de antisemitismo del 8 %, uno de los más bajos del mundo.[25] Sin embargo, la comunidad judía noruega —que cuenta con apenas unos 1.500 miembros— reporta los niveles más altos de hostilidad desde la Segunda Guerra Mundial: un 69 % de sus miembros han experimentado incidentes relacionados con su identidad desde octubre de 2023.[26]
En junio de 2011, una encuesta del Municipio de Oslo reveló que el 33 % de los estudiantes judíos en Oslo eran amenazados físicamente o agredidos por otros estudiantes de secundaria al menos dos o tres veces al mes, y que el 51 % de los estudiantes de secundaria consideraban «judío» una palabra negativa.[23] En 2010, la Corporación Noruega de Radiodifusión informó que en algunos centros educativos con alta proporción de estudiantes musulmanes, estos solían «alabar o admirar a Adolf Hitler por su asesinato de judíos».[23]
Durante la marcha del Día Internacional de la Mujer en Oslo en marzo de 2024, se impidió físicamente a unas 50 mujeres judías noruegas participar en el desfile, a pesar de haber obtenido autorización previa de las organizadoras. La policía tuvo que intervenir para contener a la multitud hostil.
Para otra forma de discriminación religiosa en Noruega, véase la sección Islamofobia en Noruega.[27]
Zoológico humano en Noruega
En 1914, con motivo de las celebraciones del centenario de la Constitución de Noruega, se organizó una gran exposición jubilar en el parque Frogner en Oslo. Como parte de la sección de entretenimiento, se construyó la llamada Kongolandsbyen ('Aldea del Congo'), donde 80 personas de origen senegalés —erróneamente presentadas como congoleñas— fueron exhibidas durante cinco meses, de mayo a octubre, viviendo en cabañas con techos de palma y haciendo actividades cotidianas como cocinar, tejer y fabricar artesanías ante el público noruego. La exposición fue inaugurada oficialmente por el rey Haakon VII.[28][29]
La Kongolandsbyen recibió aproximadamente 1,4 millones de visitantes, cifra que representaba más de la mitad de la población noruega de la época. Las reacciones de la prensa contemporánea fueron abiertamente racistas: el diario Aftenposten calificó el espectáculo como «extraordinariamente divertido» y la revista Urd concluyó: «es maravilloso que seamos blancos» .[28][30] Este tipo de exhibiciones de personas no occidentales era común en la Europa de la época —se celebraron espectáculos similares en Bélgica, Alemania, Francia y el Reino Unido—, pero la escala de la Kongolandsbyen en relación con la población total noruega fue excepcional.[28]
En 2014, coincidiendo con el bicentenario de la Constitución, los artistas Mohamed Ali Fadlabi (noruego-sudanés) y Lars Cuzner (sueco-canadiense) recrearon la aldea en el mismo parque bajo el título European Attraction Limited, con el objetivo declarado de confrontar lo que describieron como la «amnesia colectiva» de Noruega sobre su pasado racista.[29] Fadlabi declaró a la NRK: «Noruega tiene una autoimagen de bondad muy grande, quizá demasiado grande».[31] La Biblioteca Nacional de Noruega ha señalado que la Kongolandsbyen es un ejemplo de cómo el racismo científico y las ideas de superioridad racial estaban ampliamente extendidas en la sociedad noruega de principios del siglo xx.[32]
Esterilización forzada y eugenesia en Noruega
El principal promotor de la eugenesia en Noruega fue el farmacéutico y químico Jon Alfred Mjøen (1860–1939), quien en 1906 fundó el Laboratorio Biológico de Vinderen en Oslo, una institución dedicada a la investigación pseudocientífica —es decir, carente de rigor científico y basada en premisas fraudulentas— sobre la llamada «raza nórdica».[33] En 1912 cofundó la Federación Internacional de Organizaciones Eugenésicas junto con el eugenista alemán Alfred Ploetz, y ocupó la vicepresidencia durante muchos años.[34] Mjøen también publicó la revista Den Nordiske Race (La Raza Nórdica) y su obra principal, Racehygiene (1914). [35][36][37]
Según una publicación de la asociación odontológica noruega, en 1908 Jon Alfred Mjøen promovió ante la Asociación Médica Noruega la creación del primer comité de higiene racial del país, integrado por académicos de la Universidad de Oslo, la Real Sociedad Noruega de Ciencias y Letras de Trondheim (Det Kongelige Norske Videnskabers Selskab) y el Vinderen Biologiske Laboratorium (Laboratorio Biológico de Vinderen), que funcionaba como un grupo de investigación dedicado a la higiene racial.[38] Mjøen y el laboratorio elaboraron el Norsk program for rasehygiene (Programa noruego de higiene racial), un manifiesto que proponía medidas eugenésicas negativas —como el internamiento forzoso en campos de trabajo y la esterilización—, positivas —legislación para fomentar la reproducción selectiva— y profilácticas —protección de la infancia desde la etapa prenatal—, y que fue presentado como propuesta ante el parlamento de Noruega.[39] La comisión consultiva de eugenesia de Mjøen incluía figuras como el biólogo Nordal Wille, el exdiputado laborista Alfred Eriksen, el filólogo Marius Hægstad, el gobernador de Oslo Haakon Løken y el economista Wilhelm Keilhau.[40] Halfdan Bryn, presidente de la Asociación Médica Noruega entre 1921 y 1922 y miembro de la Real Sociedad de Ciencias de Trondheim, realizó durante esos años mediciones craneométricas y estudios pseudocientíficos de eugenesia racial en personas sami.[41]
La Ley de Esterilización de 1934 (Steriliseringsloven) fue aprobada por el parlamento de Noruega (Storting) con un solo voto en contra y autorizó la esterilización por motivos eugenésicos, médicos y sociales. El programa se enmarcó dentro de la ideología de la rasehygiene ('higiene racial'), un movimiento que en Noruega estuvo centrado en la protección de la supuesta pureza de la «raza nórdica» y que empleó métodos de antropología física para identificar procesos de «mezcla racial» entre elementos considerados superiores e inferiores, según el historiador Jon Røyne Kyllingstad.[42] Entre 1934 y 1977, se realizaron un total de aproximadamente 44.000 esterilizaciones en Noruega bajo esta ley.[43] Las víctimas eran predominantemente mujeres y pertenecían en su mayoría a los estratos sociales más bajos, incluyendo romaníes, samis, personas con discapacidad mental e individuos considerados «socialmente indeseables».[44]
Durante la ocupación nazi, el régimen del presidente de Noruega Vidkun Quisling promulgó una nueva ley de esterilización en enero de 1943 que permitía explícitamente el uso de la coerción física y se enfocaba en motivos puramente eugenésicos de «protección de la raza noruega». Esta ley fue suspendida en 1945 con la liberación, pero la ley original de 1934 fue reimplementada y continuó vigente hasta 1977.[43]
El historiador Per Haave documentó la esterilización de al menos 125 personas romaníes, predominantemente mujeres, bajo la Ley de Esterilización, y concluyó que las mujeres romaníes estaban especialmente sobrerrepresentadas entre las víctimas de esterilización forzada durante los años 1930 y 1940.[45] En la colonia de trabajo de Svanviken, hasta un 40 % de las mujeres residentes fueron esterilizadas, según algunas estimaciones.[19] En 2002, el parlamento de Noruega estableció un grupo de trabajo interministerial para estudiar la compensación a las víctimas romaníes de la esterilización forzada.[46]
Colaboración noruega con la Alemania nazi
Durante la ocupación alemana de Noruega, algunos noruegos colaboraron con los nazis, siendo el caso más notable el del oficial militar y ministro presidente Vidkun Quisling.[47]
Holocausto en Noruega

En el momento de la invasión alemana en 1940, vivían aproximadamente 2.100 judíos en Noruega, incluidos unos 300–400 refugiados judíos de Alemania y Austria.[48] A partir de 1941, las autoridades comenzaron a implementar medidas antijudías: se confiscaron las radios de los judíos, se les obligó a registrarse ante la policía local y sus documentos de identidad fueron sellados con la letra «J».[49]
El 26 de octubre de 1942, todos los hombres judíos mayores de 15 años fueron arrestados en Oslo por la policía noruega y formaciones paramilitares noruegas.[50][48] Un mes después, el 26 de noviembre de 1942, las mujeres, los niños, los enfermos y las personas con discapacidad fueron arrestados y transportados al muelle de Oslo, donde el buque de carga SS Donau los esperaba para deportarlos a Auschwitz.[48] En la operación participaron más de 300 funcionarios noruegos pertenecientes al Statspolitiet, el Kriminalpolitiet, la Hirden y las Germanske SS Norge.[51]
En total, aproximadamente 772 judíos noruegos fueron arrestados y deportados a Auschwitz a través de varios buques. Solo entre 28 y 34 sobrevivieron y regresaron a Noruega tras la guerra. Además, 23 judíos murieron en Noruega por ejecuciones extrajudiciales, asesinatos o suicidio durante la ocupación. No sobrevivió ninguna mujer ni ningún niño a la primera selección en Auschwitz.[48][52] Aproximadamente 1.000 judíos noruegos lograron escapar a Suecia con la ayuda de la resistencia noruega y ciudadanos comunes que arriesgaron sus vidas.[53]
El 27 de enero de 2012, Día Internacional de Conmemoración del Holocausto, el primer ministro Jens Stoltenberg emitió una disculpa oficial por el papel desempeñado por la policía noruega en las deportaciones, pronunciando su discurso cerca del muelle de Oslo donde 532 judíos habían sido obligados a embarcar en el SS Donau.[54]
Los niños de la guerra en Noruega
Tras la Segunda Guerra Mundial y el fin de la ocupación alemana, los niños nacidos del programa Lebensborn y de padres alemanes sufrieron un racismo social e institucional significativo. Durante la ocupación, la ideología nazi había clasificado a estos niños como «racialmente valiosos» precisamente por la combinación de sangre noruega y alemana, ambas consideradas arias; tras la liberación, sin embargo, la misma ascendencia alemana pasó a ser vista como una contaminación racial del cuerpo nacional noruego. Según los historiadores Kjersti Ericsson y Eva Simonsen, la política nazi situaba a los hijos de soldados alemanes y madres noruegas en una «escala racial» que diferenciaba a las poblaciones «valiosas» del norte de Europa de las de «menor calidad» del Este, y el trato dado a estos niños tras la guerra invirtió, pero no abandonó esa misma lógica racial.[55] Se les negaron documentos de identidad, pasaportes e incluso escolarización normal, y algunos fueron recluidos en instituciones psiquiátricas sin motivo claro.[56]
Las mujeres que habían tenido hijos con soldados alemanes fueron condenadas públicamente y llamadas «Tyskertøser» (literalmente «fulanas de los alemanes», un insulto noruego de la época). Las exhibían en público, les rapaban la cabeza y las sometían a abuso verbal y ostracismo social; además, las acusaban de traición y las encarcelaban, independientemente de la legalidad de sus relaciones anteriores. Unas 14.000 mujeres fueron detenidas bajo sospecha de «colaboración» o asociación con el enemigo; 5.000 de ellas fueron internadas sin proceso judicial en campos de trabajo durante un año y medio.[57]
Los abusos y la discriminación continuaron hasta la década de 1950, y el estigma asociado a su filiación provocó traumas psicológicos de por vida en muchos de los niños y mujeres afectados. Se estima que entre 10.000 y 12.000 niños nacieron de relaciones entre mujeres noruegas y soldados alemanes. El gobierno noruego llegó a estudiar la deportación forzosa de 8.000 niños y sus madres a Australia, aunque el plan nunca se ejecutó.[58][55] En su discurso de Año Nuevo del año 2000, el primer ministro de Noruega pidió disculpas públicamente por el trato dado a los niños de la guerra.[58]
Islamofobia en Noruega
La islamofobia en Noruega tiene raíces profundas en el discurso político del Partido del Progreso (Fremskrittspartiet, FrP). En 1987, el entonces líder del partido, Carl I. Hagen, leyó durante la campaña electoral una carta fabricada, supuestamente escrita por un inmigrante musulmán llamado «Mustafa», que afirmaba que las iglesias del país serían reemplazadas por mezquitas y que los musulmanes superarían numéricamente a los noruegos étnicos. La «carta de Mustafa» fue posteriormente revelada como falsa, pero constituyó un punto de inflexión electoral para el FrP, que descubrió el potencial de la retórica antiinmigrante e islamófoba.[59]
En 2009, la líder del FrP, Siv Jensen, acuñó el término «islamización sigilosa» (en noruego: snikislamisering) en el congreso del partido, advirtiendo sobre una supuesta pendiente resbaladiza por el hecho de que las prisiones sirvieran comida halal.[60] Otros políticos del FrP utilizaron retórica aún más extrema: el portavoz de política migratoria Per Willy Amundsen afirmó en 2009 que los musulmanes serían mayoría en Noruega en veinte años, y tras los atentados del 22 de julio de 2011 escribió en Facebook que temía que «una nueva cruzada» fuera necesaria .[61]
Según el sociólogo Sindre Bangstad, una encuesta nacional representativa del Instituto de Investigación Social de Oslo (2009) encontró que el 16 % de quienes expresaban preferencia electoral por el FrP se autoidentificaban como pertenecientes a la «extrema derecha». Bangstad ha documentado cómo el discurso político del FrP sobre el islam y la inmigración entre 1987 y 2011 se nutrió en gran medida de ideas y argumentos de la extrema derecha europea.[59] En 2013, el FrP accedió por primera vez al gobierno como socio minoritario en coalición con el Partido Conservador, obteniendo el 16,3 % de los votos; en las elecciones de 2025 se convirtió en el segundo partido más grande del país con 47 escaños.[62][63]
Discriminación en el mercado laboral en Noruega
En un experimento de campo realizado por Arnfinn H. Midtbøen y Jon Rogstad del Instituto de Investigación Social de Oslo (2012), se enviaron solicitudes de empleo ficticias con cualificaciones idénticas a ofertas reales en Noruega. Los resultados demostraron que los candidatos con nombres noruegos tenían en promedio un 25% más de probabilidades de ser convocados a una entrevista de trabajo que los candidatos igualmente cualificados con nombres pakistaníes.[64] El estudio también reveló que los hombres con nombres extranjeros sufrían una discriminación más pronunciada que las mujeres, y que la discriminación era más frecuente en el sector privado que en el público.[65]
En un estudio cualitativo complementario con 42 de los empleadores sometidos al experimento, Midtbøen (2014) concluyó que los estereotipos asociados a los inmigrantes eran inferidos por los empleadores a partir de nombres étnicamente distintos, y que las experiencias negativas se generalizaban entre grupos étnicos y entre generaciones, haciendo «invisibles» las cualificaciones educativas y la fluidez lingüística de los hijos de inmigrantes.[66]
La investigación del proyecto NAVIGATE del Instituto de Investigación Social (2020–2024) documentó que las minorías étnicas en Noruega ocultan o minimizan señales de identidad racial en sus currículos para evitar estereotipos y proyectar una identidad noruega, incluyendo la estrategia de cambiar su apellido extranjero por uno noruego para mejorar sus perspectivas laborales.[67]
Organizaciones neonazis y extrema derecha en Noruega
Asesinato de Benjamin Hermansen (2001)
En la noche del 26 de enero de 2001, Benjamin Hermansen, un adolescente noruego-ghanés de 15 años, fue apuñalado mortalmente cerca de su domicilio en Holmlia, un barrio multicultural al sur de Oslo. Los agresores fueron Joe Erling Jahr (19 años) y Ole Nicolai Kvisler (21 años), miembros del grupo neonazi Boot Boys.[68][69] El entonces primer ministro Jens Stoltenberg declaró que «todo indica que Benjamin Hermansen fue asesinado por tener un color de piel diferente al de la mayoría de los noruegos».[68] El 1 de febrero de 2001 se celebró en Oslo una marcha con antorchas en la que participaron unas 40 000 personas, la mayor concentración pública en Noruega desde la Segunda Guerra Mundial.[69][70]
En enero de 2002, Jahr fue condenado a 16 años de prisión y Kvisler a 15 años; una tercera acusada, Veronica Andreassen, recibió 3 años por complicidad.[71] En memoria de Hermansen se creó en 2002 el Premio Benjamin (Benjaminprisen), galardón anual concedido a centros educativos noruegos que destacan en la lucha contra el racismo. Tras cumplir su condena y ser liberado en torno a 2013, Kvisler fue documentado asistiendo a encuentros neonazis del Movimiento de Resistencia Nórdico en Suecia y Finlandia, donde lideró una delegación noruega a un acto en honor de Rudolf Hess; la madre de Hermansen calificó esta situación como un fracaso del sistema de rehabilitación.[72][70]
Atentados del 22 de julio de 2011

El 22 de julio de 2011, el extremista de extrema derecha, Anders Breivik perpetró dos atentados terroristas en Noruega en los que murieron 77 personas, constituyendo el ataque más mortífero en el país desde la Segunda Guerra Mundial.[73] El primer ataque fue una explosión con coche bomba en el barrio gubernamental de Oslo (Regjeringskvartalet) que mató a 8 personas e hirió a más de 200. Menos de dos horas después, Breivik, vestido con un uniforme policial falso, se trasladó a la isla de Utøya, donde la Liga de la Juventud Obrera (AUF), ala juvenil del Partido Laborista, celebraba su campamento anual de verano con unos 600 jóvenes, la mayoría adolescentes. Breivik abrió fuego sistemáticamente durante más de una hora, matando a 69 personas —57 de ellas por disparos en la cabeza— e hiriendo a más de 110.[74]
Breivik había sido miembro del Partido del Progreso (FrP) desde 1999 hasta 2006, y ocupó cargos en su organización juvenil entre 2002 y 2004. Tras su arresto, declaró que el propósito de los ataques era «salvar a Noruega y Europa occidental de una toma de poder musulmana» y que el Partido Laborista debía «pagar el precio» por sus políticas multiculturales.[75] Aproximadamente 90 minutos antes de la explosión, Breivik envió por correo electrónico un manifiesto de 1.500 páginas titulado «2083: Una declaración europea de independencia» a más de 1.000 direcciones, en el que abogaba por la deportación de todos los musulmanes de Europa.[76]
En 2012, Breivik fue declarado cuerdo y condenado a 21 años de detención preventiva, la pena máxima en Noruega, que puede ser prorrogada indefinidamente mientras se le considere un peligro para la sociedad.[73] En las horas posteriores al ataque, antes de conocerse la identidad de Breivik, varios expertos en terrorismo supusieron públicamente que los responsables eran islamistas, y ciudadanos noruegos de origen musulmán fueron sometidos a acoso y violencia.[77]
El juicio, que duró diez semanas y fue cubierto por 170 medios de comunicación acreditados y unos 800 periodistas, generó un intenso debate sobre si el proceso judicial ofrecía a Breivik una plataforma para difundir su ideología. En su propio manifiesto, Breivik había escrito que «un juicio es una excelente oportunidad y un escenario idóneo para renunciar públicamente a la autoridad del régimen».[78] Durante el juicio, se le permitió testificar durante cinco días completos, elaborando extensamente sobre su ideología, lo que algunos comentaristas consideraron una concesión inusual en comparación con la práctica de otros países.[79] El diario alemán Süddeutsche Zeitung criticó que «al asesino se le había dado el escenario central, como si el asunto más urgente del tribunal fuese cómo él se pone en escena».[80] La misma tensión se repitió en enero de 2022, cuando Breivik solicitó la libertad condicional y realizó saludos nazis ante los jueces; la superviviente Elin L'Estrange afirmó que su oposición a la retransmisión del acto no se debía a que fuese «escandaloso» o «doloroso», sino a que Breivik era «un símbolo para la extrema derecha que ya ha inspirado varios otros asesinatos en masa».[81]

Ataque a la mezquita de Bærum (2019)

El 10 de agosto de 2019, el neonazi Philip Manshaus, de 21 años, asesinó a su hermanastra adoptiva Johanne Zhangjia Ihle-Hansen, de 17 años —adoptada de China—, disparándole cuatro veces en su domicilio en Bærum, cerca de Oslo. A continuación se dirigió al Centro Islámico Al-Noor de Bærum, donde irrumpió con un chaleco antibalas, un casco con cámara y armas de fuego durante la víspera de Eid al-Adha, con la intención declarada de «matar al mayor número posible de musulmanes».[82]
Solo tres hombres se encontraban en la mezquita en ese momento. Uno de ellos, Muhammad Rafiq, un oficial retirado de la Fuerza Aérea de Pakistán de 65 años, logró abordar al atacante y reducirlo hasta que llegaron otros fieles para ayudar a inmovilizarlo. Ningún fiel resultó gravemente herido.[83]
Manshaus se había inspirado en los atentados de Christchurch y había escrito en un foro en línea que había sido «elegido» por «San Tarrant». Había solicitado su ingreso en el Movimiento de Resistencia Nórdico en junio de 2019. La jueza del Tribunal de Distrito de Oslo declaró que Manshaus creía que «Europa está bajo ataque de personas de origen étnico distinto al suyo» y que «la raza blanca está al borde de la extinción».[82] Durante el juicio, celebrado en mayo de 2020, Manshaus pronunció un extenso discurso en el que negó el Holocausto, calificó a Adolf Hitler como modelo a seguir y expresó arrepentimiento por «no haber causado más daño», siendo interrumpido repetidamente por la jueza; realizó además saludos nazis en la sala.[84] El investigador Sindre Bangstad señaló que el proceso planteaba cuestiones sobre si el sistema judicial noruego ofrece una plataforma a los extremistas de extrema derecha para difundir su ideología.[85] En junio de 2020 fue condenado a 21 años de detención preventiva por asesinato y terrorismo.[82]
Asesinato de Tamima Nibras Juhar (2025)
El 24 de agosto de 2025, Tamima Nibras Juhar, una trabajadora social noruego-etíope de 34 años y de confesión musulmana, fue apuñalada mortalmente mientras realizaba un turno nocturno en un centro de protección infantil en el barrio de Kampen, Oslo. El presunto autor del crimen, Djordje Wilms, un residente del centro de 18 años que había inmigrado desde Serbia a Noruega siendo niño, fue detenido pocas horas después y confesó haber cometido el ataque por motivación política y por el origen inmigrante y la confesión musulmana de la víctima; la policía amplió la imputación a asesinato con intención terrorista.[86][87][88] El Servicio de Seguridad Policial (PST) había recibido información sobre las actitudes de extrema derecha de Wilms desde febrero de 2024, pero evaluó que el nivel de amenaza era bajo; además, empleados del centro habían denunciado declaraciones de contenido nazi por parte del sospechoso, y la propia Juhar había expresado temor por su seguridad en el lugar de trabajo.[89][90] Según investigadores del Centro de Estudios sobre Extremismo (C-REX) de la Universidad de Oslo, el asesinato de Juhar se inscribe en una serie de al menos 21 episodios de violencia grave de extrema derecha documentados en Noruega desde 2010, tres de los cuales —incluido este— tuvieron resultado mortal.[91] En enero de 2026, dos informes independientes —uno del Gobernador del Condado (Statsforvalteren) y otro encargado por el municipio de Oslo a la firma KPMG— concluyeron que tanto el servicio municipal de protección infantil como la empresa privada operadora del centro habían incumplido la legislación vigente en la supervisión del caso.[92] El caso fue descrito por la prensa española como un nuevo episodio de «terrorismo racista» que sacudió a la sociedad noruega.[93] El primer ministro Jonas Gahr Støre calificó el asesinato como un acto profundamente conmocionante y recordó la experiencia del país con la violencia de extrema derecha.[87]
Movimiento de Resistencia Nórdico
El Movimiento de Resistencia Nórdico (en noruego: Nordiske motstandsbevegelsen, NMB) es una organización neonazi pan nórdica con filiales en Suecia, Noruega, Dinamarca e Islandia, cuyo objetivo declarado es establecer una república neonazi que abarque todos los países nórdicos. Su filial noruega fue establecida formalmente en 2011, aunque la organización ya contaba con presencia en Noruega desde 2003, cuando antiguos miembros de los Boot Boys se integraron como los primeros militantes jurados de la rama noruega del movimiento.[94] Entre ellos se encontraba Tommy Olsen, figura visible de la rama noruega del NMB, que como miembro de los Boot Boys había apuñalado a dos africanos en un ataque racista en Stavanger en el año 2000.[95] La organización fue designada como entidad terrorista por el Departamento de Estado de los Estados Unidos en junio de 2024, que la describió como «abiertamente racista, antiinmigrante, antisemita y anti-LGBTQI+» y señaló que sus miembros habían llevado a cabo ataques violentos contra opositores políticos, periodistas y otras personas.[96]
Otras organizaciones neonazis que han operado en Noruega incluyen los Boot Boys —responsables del asesinato de Benjamin Hermansen en 2001 y cantera de futuros militantes del NMB— y Vigrid.[94]
Racismo cotidiano y racismo estructural en Noruega
A pesar de la reputación de Noruega como sociedad igualitaria, diversas investigaciones y encuestas han documentado la persistencia de formas tanto cotidianas como estructurales de racismo. Según una encuesta representativa encargada por la NRK a Norstat en 2024, el 50% de la población noruega considera que el racismo cotidiano (hverdagsrasisme) es un fenómeno «muy extendido» o «bastante extendido» en el país; solo el 2% declaró que no existía en absoluto.[97] La investigadora Mona Abdel-Fadil, del Centro Noruego del Holocausto, señaló que el debate público noruego se había caracterizado durante largo tiempo por «una negación de que el racismo existiera en Noruega».[97]
El Integrerings- og mangfoldsdirektoratet (IMDi, Dirección de Integración y Diversidad del gobierno noruego) reconoció en 2022 que se había producido un cambio en el debate público, «desde una actitud bastante extendida de que el racismo y la discriminación no existen en Noruega, hacia un reconocimiento más amplio de que también Noruega tiene desafíos en este ámbito». Según el IMDi, el asesinato de George Floyd en Estados Unidos en 2020 y las manifestaciones de Black Lives Matter constituyeron un punto de inflexión en la concienciación noruega sobre el racismo.[98]
El sociólogo Arnfinn H. Midtbøen, del Instituto de Investigación Social de Oslo, propuso en 2021 una tipología de tres formas de racismo estructural en Noruega: la primera, basada en leyes que discriminan directamente; la segunda, derivada de actitudes racistas o discriminatorias entre las personas que ocupan posiciones clave en las instituciones; y la tercera, de tipo funcionalista, en la que las instituciones producen resultados sistemáticamente desiguales para las minorías aunque ningún individuo sea personalmente racista.[99] En marzo de 2024, el Grupo de Trabajo de Expertos de las Naciones Unidas sobre las Personas de Ascendencia Africana concluyó, tras una visita a Noruega, que las personas de ascendencia africana siguen enfrentando «perfiles raciales, discurso de odio, acoso racista en las escuelas, barreras de acceso al empleo y separación forzosa de niños por parte de los servicios de bienestar infantil», y urgió al gobierno noruego a tomar medidas para garantizar la integración plena de estas personas sin discriminación.[100][99]
Una encuesta publicada por Aftenposten en 2020 reveló que cuatro de cada cinco noruegos creían que los inmigrantes experimentan discriminación en Noruega; al mismo tiempo, tres de cada diez noruegos consideraban que la «ascendencia noruega» (norsk avstamning) era un criterio «muy importante» o «bastante importante» para ser considerado noruego, y la mitad estimaba que era necesario haber nacido en Noruega para serlo.[101] La socióloga Laura Führer ha documentado cómo el término «minoría étnica» (etnisk minoritet) se emplea en Noruega casi exclusivamente para designar a grupos no blancos, mientras que un inmigrante de un país occidental rara vez es clasificado de este modo, evidenciando que la idea de «raza» sigue operando en las categorías sociales noruegas a pesar de la desaparición del vocabulario racial explícito tras la Segunda Guerra Mundial.[102]
Racismo en la política y medios alternativos en Noruega
Carl I. Hagen, líder del Partido del Progreso entre 1978 y 2006, fabricó una carta supuestamente escrita por un musulmán residente en Noruega y la utilizó públicamente para afirmar que el islam estaba tomando el control del país.[103][104]
En marzo de 2018, la ministra de Justicia Sylvi Listhaug publicó en Facebook que «el Partido Laborista cree que los derechos de los terroristas son más importantes que la seguridad de la nación». La declaración fue condenada como ofensiva dado que el campamento juvenil del Partido Laborista fue objetivo del atentado del 22 de julio de 2011, en el que murieron 69 personas. Listhaug dimitió.[105]
El sitio web Resett, fundado por Helge Lurás en 2017, llevó a cabo campañas coordinadas de acoso racial e islamófobo contra la poeta noruego-somalí Sumaya Jirde Ali, incluyendo amenazas de muerte, lo que resultó en al menos una condena por delito de odio.[106]
Discriminación en el mercado de la vivienda en Noruega
Un estudio publicado en la revista Land Economics demostró que los inquilinos de origen no noruego pagan aproximadamente un 8 % más de alquiler que los noruegos étnicos en condiciones equivalentes, siendo la prima más alta para inquilinos de origen africano. El estudio también documentó que los hombres con nombres árabes y empleo de bajo estatus tienen una probabilidad un 25 % menor de recibir respuesta positiva de los arrendadores que las mujeres noruegas con empleo profesional.[107]