Omapacha
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Omapacha (también llamado: Ñamsapa o Chutacara) es un dios andino o huaca regional nombrada dentro del Manuscrito de Huarochirí. Esta divinidad pertenece a la etnia de los Checa, los Concha y los Yungas. Se lo vincula con la fuerza bélica, la valentía de los guerreros, la fertilidad y la protección de las aguas. Asimismo, Omapacha es atribuido con el origen de las llamas en su región respectiva.[1] [2]
El significado del nombre de la divinidad no está perfectamente definido. Si bien el término Pacha es identificable como tierra, mundo, tiempo o espacio; el término Oma está sujeto a múltiples apreciaciones. Algunos estudiosos consideran que el mencionado término puede derivar del quechua Uma, el cual significa cabeza; no obstante, esta idea se descarta por carecer de sentido.
No obstante, en una citación de las Relaciones Geográficas de Indias, se menciona lo siguiente: "quiere decir, en lengua antigua de los propios indios particular tierra de aguas, por haber copia de manantiales". Este último dato coincide con el significado de Uma en lenguas aru, el cual significa agua.[1]
Asociaciones
Dentro de Huarochirí, se menciona al héroe mítico Ñamsapa, el cual siempre empuñaba una huaraca cuando era humano y, posteriormente, este queda divinizado al transformarse en piedra (Ñamsapa es considerado otro nombre para el dios Omapacha). Asimismo, se asocia a Omapacha con la huanapaya (una especie de caracola o concha marina).[2] [3] [4]
Historia
El culto de Ñamsapa
Se menciona que, cuando Tutayquiri (hijo de Pariacaca) concluyó todas sus conquistas, todos sus hijos vivieron en el territorio de la etnia de los Checa. En ese mismo lugar también celebraban el baile llamado Masoma, que cuenta la tradición de su origen. Este baile se efectuaba de la misma manera que cuando lo celebraban en Huichicancha.
Entre el culto de los Checa, se encontraba un huaca llamado Ñamsapa.
Inicialmente, se describía a Ñamsapa como un hombre valeroso que transmitía el valor y la fuerza a los hombres. Posteriormente, este mismo hombre se convirtió en piedra (prácticamente en una huaca). En épocas del incanato, esta misma huaca se lo llevó el Inca (posiblemente para mantener a raya o mostrar fidelidad a los pueblos conquistados que veneraban a este ídolo). Para reemplazar a la huaca, los pueblos de dicha región elaboraron uno nuevo para que fuera su teniente.
Cuando Ñamsapa era un hombre, este siempre portaba dos objetos que, aún a día de hoy, no se pueden identificar: llevaba Quinsayrinri en las orejas y Canachyauri en las manos. En los tiempos antiguos, estos objetos estaban espléndidamente ornamentados de oro precioso. Todo este oro también se llevó el Inca. Junto a Ñamsapa, estaba una vara llamada Quillcascaxo (posiblemente una variante mítica de una lanza o palo usado para realizar diversas tareas agrícolas). También había un caracol llamado Coricaquia que llegó con él.
De él, decían: "Es él nuestro origen; fue él quien primero vino a estas tierras y se apoderó de ellas". Por este motivo, le recortaron el rostro y, transformándolo en máscara, se lo colocaron encima de las suyos y bailaron así disfrazados (esto podría implicar que la huaca de Ñamsapa fue, en realidad, un mallqui o cuerpo momificado).
Después, cuando capturaban a alguien en la guerra, le recortaban el rostro y, convirtiéndolo en máscara, bailaban llevándolo. Miestras bailaban, estas personas mencionaban que estas máscaras eran la fuente de su valentía.
Y los mismos hombres que habían sido capturados en la guerra, solían decir: "Hermano, ahora me matarás. Yo he sido un hombre animado con grandes poderes. Harás de mí un Huayo (el nombre de la máscara) y, cuando esté por salir a la pampa, me ofrendarás buenas cantidades de comida y bebida".
Respetando estas palabras, la gente ofrendaba comida y bebida a los demás Huayos diciéndoles: "Hoy día bailarás conmigo en la pampa". Se sabe que se transportaban a estos Huayos (los hombres que llevaban las máscaras?) en literas durante dos días.
Al día siguiente, colgaban (en las literas?) maíz, papas y cualquier otro tipo de ofrenda.
La relación entre la fertilidad y el acto de cubirse el rostro con una máscara de piel humana recuerda a los ritos del dios mexica Xipe Tótec; no obstante, no es necesario ir lejos para realizar dicha comparativa, puesto que la investigadora Anne Marie Hocquenghem realizó un símil entre esta danza y diversos ritos ilustrados en dibujos mochicas.[1] [5]
El origen de las llamas
La gente que colgaba las ofrendas pensaba que, Omapacha regresaría al lugar de su nacimiento, llevándose las ofrendas que se habían colgado allí. Este relato también se contaba en otras variantes, desarrollando así su historia desde otra perspectiva.
Se sabe que, en la fiesta en honor a Omapacha, celebraban un baile que duraba cinco días, el pueblo de los Allauca hacía exactamente lo mismo. Respecto a Chutacara (también llamado Omapacha), se sabe que él mismo vino junto a los demás hombres del pueblo de Huichicancha.
Al igual que Ñamsapa y Omapacha, Chutacara fue originalmente un hombre que, más adelante, se convirtió en piedra. Cuando Chutacara era un hombre, este siempre empuñaba una huaraca. Aquella huaraca y las huaracas que tienen forma de pájaros son sus huisas (término desconocido, posiblemente se trata del acto de silbar).
Cuando Chutacara sopló la huanapaya (concha marina), los huacas locales empezaron a repartir las llamas. De esta manera, fue el origen de estos animales. A raíz del origen de estas llamas, la gente guardaba meticulosamente las demás huanapayas.
Esta es la información que explica los ritos efectuados por el pueblo de los Allauca durante la fiesta de Chutacara. También se considera que, cualquier hombre de la etnia de los Checa o de los Concha que lleva estas caracolas o huanapayas, debían tratarse de un propietario de llamas.[1] [5]
