Piedra natural

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Iglesia de sillares de piedra roja natural (arenisca) de Collonges-la-Rouge (Corrèze), Francia

La piedra natural, también conocida como piedra de construcción, es un material utilizado en edificación, que se obtiene a partir de las rocas de las que se extrae. Se distingue de los productos manufacturados como los bloques de hormigón o los ladrillos y sus variantes, que en ocasiones se denominan piedras artificiales.

Las piedras utilizadas en la construcción deben tener suficiente resistencia, así como una durabilidad acorde con su costo de construcción, que incluye el coste de extracción del material de las canteras, el transporte del material (en bruto o cortado) a la obra, la preparación del material (por ejemplo, el corte de las piedras en bloques de caras paralelas) y su colocación.

Las principales rocas utilizadas en la construcción son el granito, la caliza, la arenisca, la pizarra, la cuarcita, el basalto y el mármol.

Neolítico

Primitivas casas de piedra de Knap of Howar, en las islas Orcadas (3700 a. C.)

La piedra se ha utilizado en la construcción desde tiempos inmemoriales. Junto con el barro y la madera, es uno de los materiales básicos de construcción. Desde que se abandonó progresivamente en el Neolítico la forma de vida itinerante propia de los cazadores-recolectores y se desarrollaron los primeros asentamientos permanentes vinculados a la agricultura, la ganadería o la pesca, se inició la construcción de viviendas para las que se emplearon mampuestos de piedra trabados con barro, protegidos por techos de paja colocados sobre soportes de madera. Más adelante, y para garantizar la seguridad de estos primitivos poblados, se utilizaron grandes piedras para construir muros defensivos cada vez más sólidos. Ejemplos de este tipo de edificaciones se pueden encontrar en Knap of Howar,[1] en las islas Orcadas, que han permanecido habitadas desde el 3700 a. C. Hasta la segunda mitad del siglo XIX, la piedra natural fue un elemento fundamental para la construcción de todo tipo de edificios (iglesias, castillos, palacios...) y obras de ingeniería (como puentes y muelles), cometido que en algunas regiones fue compartido por la madera y los ladrillos (primero simples adobes de barro mezclado con paja secados al sol, y más adelante, bloques de arcilla endurecidos en hornos). A partir del siglo XX, la piedra natural fue perdiendo el lugar destacado que había tenido en la edificación hasta entonces, siendo sustituida por el hormigón y por las estructuras metálicas. Sin embargo, ha mantenido su uso en el revestimiento de todo tipo de edificaciones, así como en suelos y detalles decorativos de muchas obras arquitectónicas.[2]

Stonehenge (-2800 a -1100) (Inglaterra)

El monumento megalítico más antiguo conocido es el templo de Göbekli Tepe, un conjunto neolítico de grandes bloques de caliza que datan de entre 9600 y 8200 a. C. localizado en Turquía. Se trata de un recinto en el que se disponen bloques (algunos de ellos tallados con bajorrelieves) con pesos comprendidos entre las 10 y las 20 toneladas de peso.[3] La construcción de distintos tipos de edificaciones megalíticas se prolongó aproximadamente hasta el año 2000 a. C., y su presencia es relativamente frecuente en el ámbito Mediterráneo (desde Portugal hasta Turquía), y se extendió a buena parte de Europa (incluyendo el norte de Francia y Gran Bretaña). Ya en el 2800 a. C., en Stonehenge, se transportaron grandes piedras (algunas de ellas de 50 toneladas de peso) a 250 km para crear lo que probablemente sea el mayor yacimiento neolítico de Europa. Otras construcciones megalíticas destacadas son los alineamientos de Carnac, un conjunto localizado en Bretaña (Francia) que cunta con casi 1000 menhires (el mayor de ellos, en la cercana localidad de Locmariaquer, actualmente caído, pudo pesar más de 300 toneladas),[4] o el Sitio de los Dólmenes de Antequera en la provincia de Málaga (España), que reúne el dolmen de Menga, el dolmen de Viera y el tholos de El Romeral (una cámara abovedada).[5]

Antiguo Egipto

Pirámide de Keops
Sala hipóstila del Templo de Karnak (1900 a. C.) (Luxor, Egipto)

De entre las grandes culturas fluviales de la antigüedad, sería la de Egipto la que haría un uso más sobresaliente y prolongado de las construcciones de piedra. A partir del año 2700 a. C. y a lo largo de tres milenios, el reino de los faraones acumuló en el entorno del valle del Nilo una serie incomparable de grandes templos y monumentos funerarios realizados con bloques de piedra de gran tamaño: más de 130 pirámides identificadas, entre las que figura la pirámide de Keops datada sobre el 2600 a. C. (de 146 m de altura, y que requirió apilar 2,3 millones de bloques de caliza de unas 2 toneladas, aunque algunas de las piedras del interior alcanzan las 60 toneladas);[6] o el templo de Karnak en Luxor (cuya construcción se prolongó entre el 1900 a. C. y el 30 a. C. en distintas etapas), que con una extensión de cerca de 1 km² es todavía considerado uno de los mayores complejos religiosos del mundo.[7]

A caballo entre la ingeniería, la arquitectura y le escultura a una escala monumental se encuentra el templo de Abu Simbel en Asuán. Amenazado de quedar sumergido bajo las aguas del embalse de Asuán, fue objeto de una operación financiada internacionalmente a través de la UNESCO, que permitió trasladar entre 1964 y 1968 el monumento a un lugar cercano situado por encima del nivel más alto de las aguas del embalse.[8]

Otro singular elemento de piedra propio de la arquitectura egipcia son los obeliscos, de los que todavía se conservan unos 30 en el país del Nilo. Obtenidos de las canteras de granito rojo de Asuán, se cree que eran tallados en la matriz rocosa golpeándola con piedras de dolerita (más duras que el granito),[9] para ser colocados en sus pedestales tras viajar en barcazas a lo largo del Nilo.

Para realizar estas gigantescas construcciones de piedra fue necesario emplear a miles de trabajadores perfectamente organizados, incluyendo desde simples obreros y sus capataces hasta todo tipo de artesanos especializados (como canteros, grabadores o escultores), que fueron capaces de crear un estilo propio, que con pequeños cambios, se mantuvo durante tres mil años.

Cultura minoica

Otra cultura que destacó en la construcción de edificaciones en piedra fue la minoica, que entre el 1900 a. C. y el 1450 a. C. realizó en la isla de Creta complejos tan reseñables como el palacio de Cnosos y el palacio de Festos.[10]

Grecia clásica

Templo de la Concordia (Agrigento) (Sicilia)
El Partenón de Atenas (Grecia) (440 a. C.)

Durante la Edad Antigua cabe destacar el magistral uso de la piedra en los templos de la Grecia clásica. Originalmente hechos de madera y cubiertos con arcilla cocida pintada de vivos colores para proteger la madera, los templos se construyeron gradualmente en mármol (en las Cícladas) o en caliza de color gris concha (en el Peloponeso), alcanzando así una dimensión monumental. En esta nueva arquitectura, hecha íntegramente de piedra, incluida la estructura, los elementos funcionales como las metopas y los triglifos de los frisos del período dórico, que originalmente eran placas de terracota que protegían la estructura de madera de la humedad, adquirieron un valor puramente decorativo.[11]

El Partenón de Atenas, construido del 449 al 438 a. C., se erigió utilizando el mármol de la cantera del monte Pentélico, de la que se obtuvo un material de buena textura cuya dureza permitió la creación de detalles muy finos. Requirió el corte, tallado y transporte a lo largo de los 25 km que separan la cantera de la Acrópolis de al menos 20 000 bloques de mármol, con un peso total de unas 100 000 toneladas. Ninguna piedra del edificio es un paralelepípedo perfecto, y cada piedra es única, cortada para el lugar específico donde se colocó.[11]

Otros edificios dóricos destacables son el Templo de Hefesto, el Templo de Zeus en Olimpia y el Templo de Apolo en Delfos; así como el conjunto localizado en la isla de Sicilia de los Templos de Agrigento y del Templo de Segesta.

La polis griega también solía tener dos elementos característicos originarios de la cultura helénica: el teatro (con sus bancadas semicirculares de piedra) y el ágora (centro de la vida de las ciudades), espacio que solía estar estructurado alrededor de columnatas, cuyos capiteles respondían a los estilos propios de cada período (dórico, jónico y corintio).[12]

También construyeron murallas defensivas dotadas de torres, bastiones y puertas fortificadas, dispuestas en muchas de sus ciudades. Entre estos muros, en ocasiones realizados con bloques de gran tamaño (ciclópeos), se pueden citar los muros largos de Atenas (que defendían el corredor que conectaba el puerto de El Pireo con la ciudad), el muro de Temístocles (que protegía el perímetro de la polis), y las legendarias murallas de la ciudad de Troya,[13] descubierta en el siglo XIX por el arqueólogo alemán Heinrich Schliemann.

Persia aqueménida

Entre siglos VI-IV a. C. los emperadores persas de la dinastía Aqueménida realizaron monumentales construcciones en piedra, caracterizadas por enormes terrazas, altas columnas y relieves detallados. Persépolis, Susa y Pasargada (donde se encuentra el mausoleo de Ciro el Grande) son los complejos palaciegos más importantes, en los que se reunían aspectos estilísticos de origen asirio con otros procedentes de la Grecia asiática.[14]

Roma antigua

Piedra de la mujer embarazada, Baalbek. Para los romanos, el trabajo en piedra estaba relacionado con el gusto por atrevidas hazañas constructivas
Arquerías del acueducto de Segovia (España), sin argamasa entre los sillares
Puente de Alcántara sobre el río Tajo (España)

Desde su fundación en el año 752 a. C. hasta la caída del imperio en el año 476, el período de un milenio de política de expansión territorial de Roma se tradujo en la realización de innumerables obras de todo tipo en sus dominios, que llegaron a abarcar desde Portugal a Oriente Medio y desde Túnez hasta Escocia. Heredera cultural de la Grecia antigua, Roma aplicó a una escala sin precedentes la ingeniería de infraestructuras a la organización de sus ciudades. Para ello, se valió del dominio de las técnicas de construcción en piedra, sabiamente combinadas con el uso de ladrillos cerámicos y con el empleo de cal mezclada con puzolana (con un comportamiento similar al del moderno cemento portland). Además, incorporó a sus edificaciones el uso sistemático de arcos, bóvedas y cúpulas, elementos que permitieron disponer de espacios cubiertos diáfanos sin precedentes hasta entonces.[15]

La construcción con piedra o combinada con ladrillos se utilizó profusamente en anfiteatros (como el Coliseo de Roma), templos (como el Panteón de Agripa), circos, termas (como las termas de Caracalla), foros (como el foro Itálico), arcos triunfales (como el arco de Tito), monumentos conmemorativos (como la columna de Trajano) y todo tipo de edificios públicos o privados (como la domus Aurea, palacio del emperador Nerón). El dominio de la técnica de la construcción de arcos permitió la realización de acueductos a lo largo de todo el imperio, con realizaciones tan impresionantes como el acueducto de Segovia en España (de 28 m de altura máxima, realizado con bloques de granito sin argamasa), el puente del Gard en Francia (con 49 m de altura y arcos de 24 m de luz en sus dos niveles inferiores) o el acueducto de Valente en Turquía, así como el emblemático puente de Alcántara sobre el río Tajo también en España.

Otras infraestructuras también solían realizarse con piedra natural: la pavimentación de la red de calzadas, las galerías del sistema de alcantarillado, las instalaciones portuarias (como el puerto de Ostia Antica) o las murallas defensivas (como el recinto amurallado de Lugo en España, o el famoso muro de Adriano en Escocia, de casi 120 km de longitud).

La estereotomía, la técnica del tallado preciso de bloques de piedra, se desarrolló en Roma para la construcción de bóvedas y arcos en obras como los acueductos, en las que los romanos sobresalieron. Según el arquitecto francés del siglo XIX Eugène Viollet-le-Duc, los romanos fueron los exploradores de canteras más inteligentes que jamás hayan existido:

Los edificios de piedra que dejaron atrás siempre se construyeron con los mejores materiales que se podían conseguir en las inmediaciones de sus monumentos. No hay ningún edificio romano cuyas piedras sean de calidad mediocre; cuando estas eran completamente inaccesibles en un radio amplio, utilizaban escombros o ladrillos, en lugar de emplear piedra de construcción de inferior calidad; y si se desea obtener buena piedra labrada en una región donde los romanos erigieron monumentos, basta con buscar en las canteras romanas.[16]

El gigantismo propio de algunos de los edificios más característicos del período romano (como el Coliseo o el Panteón de Agripa ya citados), pudo tener su culmen en Baalbek (Líbano), donde se encuentra la denominada piedra de la mujer embarazada, un enorme monolito de unas 1000 toneladas de peso abandonado cuando se resquebrajó, y del que se ignora la manera en la que se hubiese podido izar.[17]

En la ciudad de Roma se explotaron históricamente siete calidades de tobas volcánicas:[18] río Aniene, colina Capitolina, Cappellaccio, Fidenas, Grotta oscura, Monteverde y Peperino, a las que se añade el travertino (toba calcárea), que es la piedra utilizada en los edificios más elegantes de la antigua Roma. Se le llama "Travertino" en idioma italiano y, entre los antiguos, "lapis tiburtinus", "piedra de Tivoli". Numerosos monumentos, arcos y puertas de la ciudad, como el Coliseo y el teatro de Marcelo, se construyen con esta piedra.

Bizancio

La arquitectura bizantina en piedra tomó muchas de las señas de identidad de la arquitectura de la antigua Roma, si bien el mortero de cal raramente sustituyó a la piedra.[19] Ejemplos destacados son la basílica de Santa Sofía en Constantinopla y las formidables murallas del Cuerno de Oro que defendían la ciudad.

Edad media en Europa

Catedral de Notre Dame de París, 1163-1345
Torre de Pisa, baptisterio y catedral (románico pisano; 1173-1372

Dos corrientes íntimamente relacionadas con la construcción en piedra y con el poder de la jerarquía cristiana en la Europa medieval modelaron durante un milenio la manera de construir todo tipo de edificaciones: el románico y el gótico. Iglesias, catedrales, monasterios o puentes se construyeron en piedra asumiendo parcialmente el legado romano, con el arco de medio punto como elemento identificativo del período románico, pero inicialmente a una escala mucho más modesta. Así, en los monasterios, el estilo cluniacense (siglos X-XII), caracterizado por su decoración figurativa, sería sustituido por el estilo cisterciense (siglo XII en adelante), que supuso una vuelta a la sobriedad que marcaría la transición al estilo gótico.[19]

Existen numerosos edificios románicos en Europa, desde sencillos templos como la iglesia de San Martín de Frómista en España realizada a base de sillares de caliza,[20] hasta elaborados conjuntos arquitectónicos como el de la plaza de los Milagros de Pisa (Italia), en la que se localizan la famosa torre inclinada, la catedral y el baptisterio de la ciudad, tres elaboradas construcciones de piedra caliza revestidas de mármol blanco.[21]

Fue en la segunda etapa de la Edad Media cuando se erigieron por toda Europa, y especialmente en Francia, una serie de grandes catedrales caracterizadas por el uso del arco ojival, de los arbotantes y de las vidrieras, elementos que permitieron erigir grandes naves repletas de luz, con ejemplos tan notables como Notre Dame de París, Chartres, Amiens, Reims o Beauvais. Las catedrales góticas de este período se pueden considerar una de las cimas de la construcción en piedra, tanto por su complejidad como por llevar hasta el límite su capacidad estructural.[22]

Al inspeccionar los monumentos erigidos durante este período, es fácil reconocer que en aquella época, incluso más que durante la época romana, se explotaba un número considerable de canteras, cuyos materiales se utilizaban atendiendo a su calidad, pero con una escrupulosa economía. Este hecho es notable en la catedral de Notre Dame de París.

Vista simplificada de los estratos rocosos que conforman la geología de las canteras de la orilla izquierda de París. En amarillo, los estratos aptos para la construcción

Los canteros y los fabricantes de mortero se encuentran entre los primeros oficios definidos por Étienne Boileau en 1268 en su Libro de Artes y Oficios.[23] Los oficios de la piedra estaban organizados en corporaciones y cofradías. Los primeros trabajadores itinerantes sentaron las bases del compagnonnage (cuadrillas de trabajadores hermanados). Todas estas cuadrillas incluían trabajadores especializados en los tres materiales básicos indispensables para cualquier construcción medieval: piedra, madera y hierro.[24]

Basílica de Vézelay, columnas monolíticas (1190)

Hasta finales del siglo XII los constructores dudaban en utilizar materiales de gran dureza como el granito; y buscaban piedras de dureza media y las utilizaban, en la medida de lo posible, en piezas de tamaño relativamente pequeño. Los establecimientos monásticos de la Edad Media explotaron las canteras con destreza y cuidado: la abadía de Cluny (establecida sobre un terreno calizo jurásico), y la abadía de Claraval, parecían imponer a sus monasterios filiales la obligación de fundarse cerca de ricas canteras.

En la Edad Media, la ejecución física de la cantería alcanzó su apogeo. En las catedrales, se desarrollaron los principios de la construcción modular y la prefabricación. La comprensión del despiece geométrico por parte de los canteros y la inteligencia con la que se ejecutaban indican un:

...conocimientos de geometría descriptiva y de penetraciones planas de los artesanos medievales, que tenemos gran dificultad en encontrar en nuestro tiempo entre los mejores aparejadores.[16]

Los constructores del período gótico prestaron una atención meticulosa a la elección de las piedras que utilizaban. No rehuyeron las dificultades de transporte, que debieron ser considerables a la hora de obtener ciertas piedras cuya calidad era específica para un propósito particular. Para las columnas monolíticas del coro de la Basílica de Vézelay, por ejemplo, construidas alrededor de 1190, se utilizaron piedras duras de Coutarnoux, cuya cantera se encuentra a 30 kilómetros de la abadía, aunque se disponía de piedras de construcción adecuadas a poca distancia.[16] Cuando el estilo gótico se adoptó definitivamente en toda Francia, hacia finales del siglo siglo XIII, los constructores no dudaron, para adaptarse al gusto de la época, en utilizar piedras que, por su naturaleza, no eran aptas para estas formas. Así, hacia 1270, se construyó el coro de la catedral de Limoges en granito, y el de la catedral de Clermont-Ferrand en roca volcánica. Así mismo, hacia mediados del siglo siglo XV, el ábside de la iglesia abacial de Mont-Saint-Michel en Mer se construyó en granito, sin preocuparse por las dificultades de corte que presenta este material; y a principios del siglo XIV, el santuario y el crucero de la antigua catedral de Carcasona, Saint-Nazaire[16] se construyeron en arenisca de gran dureza.

América precolombina

Comparativa entre pirámides

Existen numerosos monumentos construidos con piedra desde México hasta el Perú, con relevantes muestras de carácter megalítico que se remontan al comienzo de la era cristiana y que se prolongaron por más de ocho siglos. Destacan los bloques masivos en centros ceremoniales como Tiahuanaco (Bolivia), Chavín de Huántar (Perú),[25] y las colosales cabezas olmecas (México), que revelan una gran destreza en el uso de la piedra. Paradójicamente, no se conoce quiénes pudieron ser los constructores de edificaciones tan monumentales como la pirámide del Sol y la pirámide de la Luna en Teotihuacán (México). Datadas en el año 250, sus dimensiones evocan a las pirámides de Egipto,[26] aunque sus diferencias estilísticas son bien patentes.

Los mayas fueron notables constructores en piedra. Aunque sus primeras manifestaciones se remontan al segundo milenio a. C., sus realizaciones más notables abarcan el período comprendido entre los años 250 y 1400. Ejemplos destacados son la pirámide de Kukulkán en Chichén Itzá (México), el templo del Gran Jaguar en Tikal (Guatemala), la pirámide del Adivino en Uxmal (México), y la acrópolis de Copán (Honduras). Estos sitios muestran la sofisticación arquitectónica de la civilización maya, que utilizaba en sus construcciones de piedra caliza con gran maestría elementos propios, como los arcos, bóvedas y cúpulas falsos, como se puede ver en el El Caracol de Chichén Itzá.

Las construcciones incaicas en piedra más importantes se localizan en Perú, y datan de los siglos XV y XVI, poco antes de la llegada de los españoles. Destacan por la perfección con la que encajan sus bloques megalíticos de granito o de andesita,[27] siendo Machu Picchu, Sacsayhuamán y el Coricancha las más emblemáticas.

La India y el Sudeste de Asia

La India y el Sudeste de Asia reúnen numerosos templos ejecutados en piedra. Así, en torno al año 1000 se levantó en el Sur de la India el templo Brihadisvara,[28] un edificio de granito recubierto de esculturas que se puede considerar el prototipo de la arquitectura hinduista con influencias budistas. Otros destacados ejemplos en la misma línea estilística son Angkor Wat[29] en Camboya, el complejo religioso más grande del mundo, y Borobudur[30] en Indonesia, el templo budista más grande.

Ejemplos posteriores de grandes edificios de piedra en la India son el Taj Mahal[31] en Agra (un suntuoso monumento funerario de estilo mogol de mármol blanco concluido en 1654) y el templo de Akshardham[32] en Delhi (un templo de arenisca roja inaugurado en 2005).

El Renacimiento en Europa

Sillares de arenisca almohadillados del Palazzo Strozzi (Florencia, Italia)
Palacio del Louvre; Jacques Lemercier (caliza, 1630)
El Gran Trianón (1687), lado del patio (Jules Hardouin-Mansart), piedra caliza. Las pilastras son de mármol de Caunes-Minervois

La arquitectura renacentista, con numerosas realizaciones en piedra, tuvo su foco de irradiación en la ciudad italiana de Florencia. Bajo el influjo de la familia Médici, a partir del siglo XV comenzaron a construirse numerosos palacios e iglesias con elaborados revestimientos de piedra, que de alguna manera retomaron elementos de la arquitectura clásica romana, añadiéndole detalles constructivos propios. Junto a la colosal obra de la cúpula del Duomo, en cuya estructura se utilizó piedra arenisca reforzada con grapas de hierro, se emprendió la construcción de numerosas iglesias que rompieron con la tradición de la arquitectura gótica, como la basílica de San Lorenzo, Santa Maria Novella, o la basílica del Santo Spirito.[33] Los palacios que encargaron los ricos banqueros florentinos también marcaron un hito con estilo propio de la construcción en piedra, como el palacio Médici Riccardi (iniciador del estilo), el palacio Pitti (con sus jardines de Boboli) o el Palazzo Strozzi.[34] La pietraforte, una arenisca local de color beige-amarillento, duradera y de textura rugosa, extraída históricamente de canteras situadas en las colinas del sur de Florencia, como Boboli y Monteripaldi, sirvió para realizar el almohadillado característico de estos palacios.

Para la realización de las grandes construcciones en piedra producto del auge de la monarquía francesa de este período, París contaba con un suelo muy completo que proporciona no solo la caliza (cantos y yeso) para construcciones comunes, la piedra labrada para fachadas, la caliza compacta y homogénea para monumentos y grandes obras de arte, sino también roca silícea para construcciones que requieren una piedra resistente tanto a los impactos como a la humedad (alcantarillas o revestimientos de fortificaciones); la caliza silícea-cavernosa (también conocida como piedra para muelas de molino por su dureza); la arenisca; la arena silícea más pura para la fabricación del cristal de las vidrieras; la arcilla común para ladrillos, la arcilla plástica para loza, y otras rocas para usos menos generales.[35] Las casas de esta época se construyeron con piedra caliza gruesa de la llanura de Montrouge o del valle del Oise, y las calles se pavimentaron con arenisca de Yvette o de Fontainebleau.

Todos los monumentos del antiguo París, desde las termas de Cluny hasta la torre de Santiago, se construyeron con piedras extraídas a las puertas de la ciudad, en Saint Marcel y en Saint Jacques,[36] donde se localizaban las canteras subterráneas de la ciudad.

Los arquitectos del Renacimiento, si bien conservaron la excelente piedra dura de la llanura para los cimientos y las cornisas, la introdujeron en los alzados del Louvre y del Ayuntamiento, utilizando piezas de caliza procedentes del Oise y de Saint-Leu, que reemplazaron a las hiladas de lambourdes de inferior calidad procedente de la Cuenca de París. Posteriormente, llegaron otras piedras de menor dureza de gran valor.[36]

Desde el Barroco hasta la revolución industrial

Basílica de San Pedro (proyecto de Miguel Ángel), concluida en 1612). Travertino
Fachada de la iglesia del Gesù de Roma (Giacomo della Porta, 1580), considerada como la primera iglesia de estilo barroco

Tras el auge renacentista, el siglo XVII vio el auge de la arquitectura barroca, que siguió utilizando con profusión la piedra, pero buscando unas líneas más fluidas. Destacados ejemplos de este estilo son el palacio de Versalles en Francia, la basílica de San Pedro de Roma en Italia, la catedral de San Pablo de Londres en el Reino Unido o el palacio Real de Madrid y la fachada de la Catedral de Santiago en España (íntegramente realizada en granito procedente de canteras locales). Otra construcción notable es la columnata de Bernini en la plaza de San Pedro de Roma, en la que las columnas de travertino realzan la silueta de la basílica de San Pedro a la que abrazan. El prototipo de los templos católicos barrocos es la iglesia del Gesù en Roma, que tras una fachada geométricamente similar a la de las iglesias renacentistas de Florencia, esconde un interior con techos de gran altura en el cobra protagonismo la entrada de la luz cenital.[37] Coincidiendo con el crecimiento de las principales ciudades de Hispanoamérica en este período, también se erigieron importantes templos, como la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México, la catedral de Puebla, la catedral de Cusco, la catedral de Lima o la catedral de La Habana.

El siglo XVIII supuso la difusión de un estilo arquitectónico, todavía marcado por el protagonismo de la construcción en piedra, que supuso una vuelta al ideal de las realizaciones de la Roma antigua: el estilo neoclásico. Ejemplos destacados de esta tendencia son el Panteón de París, la puerta de Brandeburgo en Berlín, el Capitolio de EE. UU. en Washington D. C., y en España, el Museo del Prado. Supuso un retorno a la racionalidad, la simetría y la sobriedad de la antigüedad grecorromana, y se caracterizó por el uso de columnas (dórico, jónico, corintio), frontones triangulares, formas geométricas puras y la monumentalidad. El mármol, la arenisca y el granito sirvieron para revestir estos edificios, dotándolos de columnas monolíticas. En el caso del Capitolio de Washington, erigido en 1800, su cúpula actual, que data de 1855, ya fue realizada en fundición de hierro,[38] mostrando la progresiva sustitución de los elementos estructurales de piedra por piezas metálicas, motivada por el progreso de la siderurgia experimentado durante la revolución industrial.

En Francia, las canteras siguieron expandiéndose para encontrar la piedra utilizada para construir el edificio del Guardamuebles de la Corona, culminado en 1774. Unos años más tarde, Perronet, el creador de Escuela Nacional de Puentes y Caminos, abrió las canteras de Taillancourt en Vexin, de donde extrajo los materiales para los puentes de Neuilly y de la Concordia.[36]

En 1795, en la recién fundada École polytechnique, Gaspard Monge comenzó la enseñanza de la geometría descriptiva, un nuevo método de representación bidimensional que permitía la descripción precisa de objetos,[39] y que permitió racionalizar y definir con precisión el complejo despiece de los sillares de piedra utilizados en la construcción de arcos, bóvedas y cúpulas, que hasta entonces se realizaban copiando en piedra modelos tallados manualmente con herramientas sencillas en madera, arcilla o yeso.

Cambios técnicos de los siglos XX y XXI

Palacio de la Industria, Exposición Universal de París (1855). La fachada es de piedra, pero oculta la estructura, que es de acero
Empire State Building. Estructura de acero, fachada de piedra caliza de Indiana

Básicamente, una columna de hierro fundido puede reemplazar fácilmente una columna de piedra. La fundición de hierro, el hierro forjado y el acero reemplazaron a la piedra en muchas de sus aplicaciones.

A principios de siglo XIX, el auge de la producción de acero marcó el comienzo de una nueva era, la revolución industrial, y transformó radicalmente la forma de construir edificios. Hasta entonces, la construcción se había visto limitada por el uso de madera y materiales sometidos exclusivamente a compresión, como la piedra o el ladrillo. El uso del acero posibilitó repentinamente la construcción de edificios con un rendimiento estructural inigualable. Sin embargo, el acero no tuvo una aceptación generalizada inmediata y se utilizó principalmente en la construcción de estructuras, ocultas tras una fachada que siguió siendo de piedra. Así, las estaciones de ferrocarril combinaban dos espacios: uno abierto a la ciudad, diseñado por el arquitecto con materiales tradicionales, y el otro, diseñado por el ingeniero y construido con metal y vidrio.

El acero, al ser más resistente a la flexión y a la tracción, permitió el desarrollo de edificios de gran altura, los rascacielos, basados en una estructura metálica, primero oculta tras una piel de piedra (como en el Empire State Building o en el Rockefeller Center) y más adelante mostrando el acero como un elemento arquitectónico por derecho propio.

Pero el acero mismo tuvo que competir con el hormigón. Se produjo entonces un cambio en la construcción cuando la piedra dejó de utilizarse como material estructural, lo que coincidió con la llegada del hormigón y, en general, de las piedras artificiales, más económicas de producir y más fáciles de instalar. A pesar de ello, la piedra se ha seguido utilizando como revestimiento, cortada en losas rectangulares de espesor uniforme, colocadas con mortero o sujetas con herrajes y grapas.

Otro cambio se produjo en 1973, durante el período crisis del petróleo, cuando surgió un nuevo tipo de construcción en climas fríos y templados, especialmente en países occidentales, con un uso intensivo de aislantes térmicos. En muros expuestos a la intemperie, el aislamiento se coloca entre una capa interior, a menudo portante, y una capa exterior que sirve de revestimiento, aunque esta solución propicia la aparición de grietas en las paredes, como han señalado algunos ingenieros.[40] En edificios aislados que buscan perpetuar una estética heredada del pasado, utilizando una fina losa de piedra colocada en los parementos, los elementos ornamentales (cornisas, hiladas, pilastras, etc.) aumentan los posibles problemas, especialmente en cuanto a la impermeabilización, y el coste por metro cuadrado de fachada. Las capas situadas más allá del aislamiento en la cara exterior se vuelven superfluas,[41] al menos en lo que respecta al aislamiento y la estabilidad.

Para afrontar este nuevo reto del aislamiento, la industria ha desarrollado nuevos productos, como losas de granito de 15 mm de espesor, o métodos de construcción con revestimientos de 6 mm de espesor.[41]

Fachada del Museo Guggenheim Bilbao (España), que combina piedra caliza y titanio
Templo de la Sagrada Familia de Barcelona (España). Arenisca, completada con caliza y granito

En cualquier caso, en el siglo XXI la piedra natural continua formando parte de numerosos edificios singulares o emblemáticos, a los que aporta sus distintivas características estéticas. Así, en el edificio del Museo Guggenheim Bilbao (España), inaugurado en 1997, se dispusieron 95.000 metros cuadrados de revestimiento de piedra caliza de color arena, procedente de una cantera en Huéscar (Granada), con el fin de complementar las estructuras de titanio del edificio.[42]

Un caso especial de la vigencia de la construcción en piedra natural es el del Templo de la Sagrada Familia de Barcelona (España), que continuaba en obras en los años 20 del siglo XXI. Iniciada en 1882, la iglesia comenzó a erigirse con piedra arenisca procedente de las cercanas canteras de Montjuïc, pero debido a su agotamiento, se están utilizando más de 50 tipos diferentes de piedras provenientes de todo el mundo. Con el fin de igualar la resistencia y el color de la piedra original, se importan areniscas y granitos de lugares como el Reino Unido (cantera Brinscall), Galicia, Zamora o Madrid.[43]

Disponibilidad de materiales

Muestras de losas de mármol pulidas
Cantera de granito rosa en O Porriño, España
Canteras de mármol de Carrara en Italia

Hasta el siglo XIX, pocas piedras de construcción eran lo suficientemente valiosas como para justificar su transporte a larga distancia, y cada región debía encontrar los materiales necesarios para la construcción, la pavimentación, la industria e incluso la ornamentación en su propio suelo: la geología local dictaba la forma y otras características de los edificios, una influencia que se extendía a las artes e incluso a las costumbres de los habitantes.[35]

Con la aparición del ferrocarril, la zona de suministro de las regiones se fue expandiendo. En París, la caliza oolítica de Borgoña o de Lorena debieron competir con las piedras que el transporte marítimo traía de las canteras terciarias de la isla de Francia y Vexin. Las antiguas canteras de las catacumbas de París se abandonaron y comenzaron a derrumbarse, fenómeno ya observado por Jean-Baptiste Colbert en el siglo XVII.

En los siglos XX y XXI, el aumento de los costes laborales y la mejora constante de los medios de transporte han dado lugar a que las piedras de construcción se obtengan de lugares cada vez más lejanos: Italia, Portugal, Israel, India o Vietnam.

En 2024, la producción total mundial de piedra natural para suelos y revestimientos (especialmente mármol y granito) alcanzó los 80 millones de toneladas (equivalentes a 1500 millones de m² de losas de 2 cm de espesor). Los principales exportadores son, en orden de importancia, China, Italia, Turquía e India, seguidos de Brasil, España y Portugal. Estados Unidos lideró la importación mundial de productos terminados, junto con otros importantes importadores de piedra como Canadá, Alemania, Francia, Bélgica, Corea del Sur y Arabia Saudita. China lideró la importación de materias primas, seguida de Taiwán. La producción está encabezada por China, seguida por India, Turquía, Brasil, Italia y España, que juntos representan más del 70% del volumen total de la producción de piedra natural.[44]

Las piedras de revestimiento (pizarras, piedras recortadas, lápidas y piedras ornamentales) representan solo una pequeña, pero lucrativa, parte de la producción de piedra. Por ejemplo, en Francia, si se consideran todas las rocas extraídas, las canteras superan la producción de las minas en tonelaje. Cada año se extraen en Francia 200 millones de toneladas de materiales minerales rocosos (sin contar los aluviones, morrenas y otros préstamos de terrenos blandos, que representan aún más) que se reparten entre: carbón y minerales (10 MT) - cemento, piedra y yeso (10 MT) - áridos para hormigones, carreteras, balasto (150 MT) - bloques para escolleras (diques marinos, obras portuarias) (30 MT).[45]

Denominación

La denominación de las piedras puede referirse a su caracterización geológica; a una designación tradicional (aunque no siempre sea geológicamente precisa); o a una designación comercial, utilizada por el productor o importador de la piedra.[46] Así, en francés, el término "granit", distinto de granito, es una designación comercial genérica utilizada por los canteros que también abarca granito, gneis, arenisca, brechas, caliza u otros conglomerados. El "petit granit des Ardennes", por ejemplo, es una caliza.

Se dice que el término "mármol" es originalmente un nombre tradicional derivado del griego "marmaros", que significa piedra resplandeciente, e indica cualquier piedra cuya superficie se pueda pulir. En estudios arqueológicos e histórico-artísticos antiguos se incluyen, entre los "mármoles", otras rocas que no lo son desde el punto de vista geológico y químico, como los pórfidos, las dioritas, los basaltos, los alabastros o las calizas, que son particularmente duros. Todos estos "mármoles" se denominan "mármoles antiguos", a diferencia de los "mármoles modernos" que solo incluye rocas metamórficas derivadas de la caliza.

Clasificación geológica

Formación rocosa: 1- Erosión, transporte, diagénesis; 2- Fusión; 3- Presión temperatura; 4- Enfriamiento

En geología, las rocas se clasifican según su composición, origen o modo de formación en tres categorías principales: rocas ígneas, formadas por la solidificación de magmas; rocas sedimentarias, formadas en la superficie terrestre o en los mares por la acumulación de capas de material bajo la acción de agentes exógenos, como el viento y el agua; y rocas metamórficas, formadas por la recristalización (y generalmente la deformación) de rocas sedimentarias o ígneas bajo la influencia de la temperatura y la presión, que aumentan con la profundidad en la cámara magmática en la corteza terrestre o al contacto con otras rocas.

Rocas ígneas:

Rocas sedimentarias:

Rocas metamórficas:

Propiedades fisicoquímicas

Máquina universal pera el ensayo de las propiedades mecánicas de los materiales

La caracterización de materiales es una disciplina que permite el análisis de las propiedades de un material, que permite cuantificar algunas propiedades esenciales de las piedras naturales[49] para determinar el tipo de aplicación al que se destinarán, y que aparecen total o parcialmente en los certificados y acreditaciones requeridos para la construcción:

Defectos en las piedras

Las piedras presentan en ocasiones algunos defectos, como:[50]

  • Material descompuesto: parte de la piedra que, en cierto modo, está descompuesta y que se encuentra con frecuencia en la superficie de los planos de estratificación, es decir, en contacto con las juntas que separan las capas de piedra extraídas de las canteras. Dado que el material descompuesto no tiene solidez, es importante eliminarlo completamente de las piedras antes de utilizarlas en la construcción; esto es lo que generalmente se prescribe al indicar que las piedras deben descomponerse hasta la roca desnuda.
  • Las filas, surcos o socavaduras: son grietas, a veces imperceptibles a simple vista, a veces más o menos anchas, rellenas de material extraño que atraviesa los estratos de piedra. Incluso cuando están muy bien adheridas a las piedras, constituyen un defecto, ya que la piedra es más propensa a agrietarse en su dirección que en cualquier otra. Cuando están rellenadas por un material de un color diferente al de la propia piedra, también suelen deteriorar su apariencia.
  • Inclusiones duras: nódulos de una sustancia generalmente mucho más dura que la piedra en la que están incrustados, lo que dificulta su elaboración, como por ejemplo cantos rodados de sílex. A veces, estos clavos negros o blancos están mal adheridos a las piedras y se desprenden fácilmente en las caras que se van a cortar, y dejan cavidades que perjudican su buen aspecto.
  • Cavidades: son huecos o cavidades rellenas de material inconsistente que, al igual que las anteriores, perjudican la calidad o el buen aspecto de la piedra. Estos huecos, más o menos desarrolladas y a menudo irregulares a veces se disimulan con trozos de material sellados con goma laca, lo que no soluciona el problema y, a menudo, lo empeora más que si se dejara la piedra en su estado natural.

Rocas destinadas a la construcción

A continuación figura un listado de las piedras naturales habitualmente utilizadas en la construcción. Por su abundancia, numerosas aplicaciones e importancia económica, se pueden destacar la caliza, el granito, el mármol y la pizarra.[51]

Rocas magmáticas

También denominadas ígneas, están compuestas en orden de importancia por oxígeno, silicio, aluminio, hierro , calcio, magnesio, sodio y potasio. Desde el punto de vista químico se da la circunstancia que algunas de estas rocas tienen idéntica composición, y se diferencian por su estructura interna, producto de las condiciones de presión y temperatura con las que se han formado. Si el enfriamiento del magma ha sido rápido, se forman rocas vítreas, y si ha sido lento se forman granitos (enfriamiento continuo) o pórfidos (enfriamiento en dos etapas).[51]

Rocas granitoideas

Acceso revestido de granito en el Metro de Madrid
Balasto granítico
Acopio de losas de gabro en una obra

Formadas por gránulos de dos o tres minerales adheridos entre sí:[51]

  • Granito: compuesto en proporciones aproximadas por cuarzo (30%), feldespato (50%) y mica (20%). Puede ser de grano fino, medio o grueso, incrementándose su resistencia con la finura del grano. Normalmente de color gris, según el tipo de feldespato puede ser de tonalidades rosadas, verdosas o amarillas. Puede alterarse por la infiltración de agua, que resquebraja la piedra al helarse, o bien puede alterar el feldespato, en un fenómeno conocido como caolinización. Con una resistencia a la compresión comprendida entre 800 y 2.700 kg/cm², es un excelente material de construcción, tradicionalmente utilizado en columnas y todo tipo de obras de sillería, aunque no admite labrados complejos. Cortado en losas se utiliza en revestimientos de fachadas y suelos, y una vez pulido adquiere un intenso brillo que lo hace adecuado para la decoración de interiores. También se utiliza para pavimentos adoquinados, bordillos y escaleras; así como para balasto, como árido para hormigones y para macadam.
  • Sienita: roca similar al granito, pero con ausencia o menor proporción de cuarzo. Se suele utilizar con fines ornamentales por su color rojo.
  • Diorita: formada por feldespato sódico cálcico y hornablenda, se emplea en decoración y en afirmado de carreteras.
  • Gabro: roca de grano grueso, de color verde o en ocasiones gris, formada por plagioclasa y augita. También se usa en decoración y en firmes de carreteras.
  • Diabasa: roca densa y oscura, de color verde o negro, admite buen pulimento. Como dioritas y gabros, se usa en decoración y en firmes de carreteras.
  • Ofita: variedad de la diabasa de color verde más o menos oscuro, de gran dureza. Se ha utilizado en balasto y en hormigones que requieren una alta resistencia al desgaste, como el de los aliviaderos de las presas.
  • Serpentina: roca de color verde oscuro, amarillento o rojizo, llena de vetas ondulantes que recuerda a la piel de las serpientes, de donde toma su nombre. Utilizada como piedra ornamental en interiores.

Rocas porfídicas

Son el producto del enfriamiento del magma en dos etapas sucesivas. En una primera etapa de enfriamiento lento, se forman cristales mayores que el resto, habitualmente visibles a simple vista, mientras que en una segunda etapa de enfriamiento más rápido el resto del material forma una estructura microcristalina o vítrea que se inserta entre los cristales de la primera etapa.

  • Pórfido granítico, sienítico y diorítico: de propiedades análogas a las rocas graníticas correspondientes, poseen utilizaciones similares. Cuando son de colores vistosos se emplean con fines ornamentales.[51]

Rocas volcánicas

De composición similar a las rocas magmáticas, se caracterizan por su estructura vítrea o microcristalina, producto del rápido enfriamiento en la superficie terrestre del magma generado por la actividad volcánica.[51]

  • Liparita: roca agregada y compacta, de grano fino y colores claros. Similar al granito en composición, aunque con menor proporción de mica, que puede llegar a faltar. Debido a su resistencia y baja densidad, se utiliza en hormigones ligeros y como aislante.
  • Pumita: también conocida como piedra pómez, es una roca porosa de color claro, tan ligera que puede flotar en el agua. Espuma de la obsidiana, se utiliza como abrasivo y para aglomerados ligeros.
  • Perlita: similar a la pumita, se encuentra formando perlas blandas adheridas en grandes masas. También se utiliza para aglomerados ligeros.
  • Traquita: similar a la sienita, es áspera y compacta, y presenta colores claros. Se emplea como piedra de construcción y en adoquinados.
  • Fonolita: variedad de la traquita rica en nefelina. Su nombre (del griego phōnē, sonido; y lithos, piedra) procede del sonido que produce cuando se golpea, similar al de una campana. De color gris o verdoso, suele tener brillo. Se usa en mampostería y afirmado de carreteras, y cuando es exfoliable, se emplea en cubiertas.
  • Andesita: el nombre se debe a su abundancia en la cordillera de los Andes. De color oscuro, su composición es similar a la de la diorita. Se usa en adoquinados y en firmes de carretera.
  • Basalto: roca compuesta por un feldespato calco-sódico o un feldespatoide, augita, magnetita y a veces olivino. De color oscuro y densidad elevada, puede presentar fractura concoidea. Suele utilizarse para el adoquinado.
  • Cenizas volcánicas: rocas sueltas de tamaño fino, formadas por partículas de lava arrastradas por las erupciones volcánicas. Se emplean como áridos ligeros.
  • Conglomerados volcánicos: materiales formados por cantos y un cemento, de manera que alguno o los dos componentes sean volcánicos. Cuando están formados por cantos muy pequeños se denominan tofas volcánicas. Dado su carácter puzolánico, suelen utilizarse para la fabricación de algunos tipos de cemento o para mezclarse con cal.

Rocas estrato-cristalinas

Muestra de gneis (República Checa)

De origen sedimentario en la mayoría de los casos, presentan estructura microcristalina producida por fenómenos posteriores de consolidación. Su macroestructura es esquistosa u hojosa, producto de la estratificación generada en su origen sedimentario, que se conserva tras el proceso metamórfico bajo la acción de la presión, del calor, o de procesos químicos.[51]

  • Gneis: con idéntica composición que el granito, aunque en ocasiones la mica está sustituida por un piroxeno o un anfíbol. Debido a su tendencia a formar lajas, raramente se utiliza en construcción.
  • Micacitas: similares al gneis, pero sin feldespato. Se han usado en techados y para pavimentar aceras.
  • Talcocitas: compuestas por talco y en algunas ocasiones cuarzo. De color claro y tacto suave, se utilizan como material refractario.
  • Filitas: rocas esquistosas, en cuya estructura cristalina se mezclan cuarzo, mica y arcilla. De distintos colores, se emplean para techar.

Rocas sedimentarias

Se considera que son el resultado de un proceso que comprende cuatro fases:

a) Desintegración de rocas existentes
b) Transporte de los fragmentos pétreos resultantes realizado por el agua o por el aire
c) Sedimentación mecánica o química
d) Consolidación

Este proceso implica que los minerales que llegan a sedimentarse suelen ser los más resistentes y estables de las rocas de las que proceden, y por lo general carecen de estructura cristalina.[51]

Rocas silíceas

Columnas de conglomerado (Palacio de Carlos V, Granada, España)

Compuestas principalmente por cuarzo, y más raramente por calcedonia y ópalo.[51]

  • Sílex: también conocido como pedernal, es cuarzo amorfo con color gris, negro o acaramelado. Por su gran dureza y resistencia a la abrasión, se utiliza en afirmado de carreteras y como árido en hormigones.
  • Gravas y arenas: material pétreo generalmente cuarzoso, agrupado en depósitos de granos de un tamaño similar debido a la sedimentación diferencial, como sucede en las orillas de muchos ríos o del mar. Cuando contiene arcilla se denomina arena de miga. Grava y arena se utilizan en la producción de hormigones, y las arenas forman parte de morteros y son una materia prima básica para la fabricación de vidrio.
  • Arenisca: formada por granos de arena unidos por cementos que pueden ser de distinta naturaleza, lo que se traduce en propiedades físicas muy variables. De color ocre, amarillo, dorado, verdoso o rojizo, su porosidad la hace fácil de tallar y adecuada para la sillería, pero poco resistente a las heladas. La piedra franca[52] es una variedad de arenisca arcillosa de color ocre, utilizada en los edificios del casco histórico de la ciudad de Salamanca, en España.
  • Cuarcita: roca blanquecina o amarillenta, constituida por granos de cuarzo unidos por un cemento silíceo. Es muy dura, adecuada como grava y para mampostería.
  • Arcosa: tipo de arenisca formada por cuarzo, mica y feldespato unidos por un cemento silíceo o ferruginoso, utilizada como material refractario. Cuando el cemento es calizo-arcilloso se denomina maciño.
  • Conglomerados: tipo de arenisca formada por fragmentos más grandes que la arena. Se llaman brechas cuando los fragmentos son angulosos, y pudingas cuando están redondeados. Pueden usarse en mampostería, o en ornamentación si se pulen previamente.
  • Grauvaca: roca a menudo esquistosa, formada por granos de distinto tamaño, unidos por cemento silíceo o silíceo-arcilloso. Puede usarse como balasto, grava, adoquines o sillería si su resistencia es adecuada.

Rocas arcillosas

Tejas de pizarra, Iglesia de San Leonardo, Fráncfort del Meno, Alemania

Proceden de partículas muy finas originados por la descomposición de otras rocas. Si su estructura es homogénea se denominan arcillas, mientras que se llaman esquistos si presentan una estructura estratificada.[51]

  • Arcilla: está formada por partículas microscópicas de silicatos alumínicos, procedentes de la alteración de rocas ígneas. De coloración muy variable, en función de las impurezas que contenga puede ser blanca, amarilla, rojiza, parda o grisácea cuando incluye materia orgánica. Su principal característica es la plasticidad al estar embebidas en agua. Es la materia prima básica para la fabricación de ladrillos y productos cerámicos, así como un componente fundamental para la fabricación de cemento.
  • Caolín: tipo de arcilla muy pura, formada por la descomposición de feldespatos. Se usa en la fabricación de porcelana y de cemento blanco.
  • Margas: materiales intermedios entre arcilla y caliza, de color pardo o grisáceo. Inadecuada para la construcción por ser muy alterable por los agentes atmosféricos, se usa para la fabricación de cemento.
  • Pizarra: de color oscuro, posee una estructura hojosa característica que permite obtener láminas delgadas, resistentes y fáciles de cortar, utilizadas tradicionalmente como tejas. Trabada con barro, se ha utilizado como mampostería en construcciones rurales.
  • Filita: similar a la pizarra, pero es un material más duro y brilante, utilizado para techar.

Rocas cálcicas

Muro de bloques de caliza

Son combinaciones de calcio, oxígeno y un no metal, y a menudo pueden ser de origen orgánico.[51]

  • Caliza: es una piedra formada fundamentalmente por carbonato cálcico (Co3Ca), que puede estar acompañada por compuestos ferruginosos, arenas de grano fino y arcillas en calidad de impurezas. Son habituales las calizas formadas por caparazones de organismos vivos unidos por un cemento calcáreo. Es fácilmente reconocible por la efervescencia que presenta al ser tratada con ácidos. Como piedra de construcción ha sido muy ampliamente utilizada tanto por su abundancia como por sus buenas propiedades, que la hacen adecuada para su uso en mampostería y en sillares. Así mismo, es una materia prima fundamental para la producción de cal y cemento, y es muy utilizada como árido para hormigones.
  • Caliza marmórea: es una roca cuyo cemento calizo está cristalizado, y admite un vistoso pulimento, por lo que en ocasiones se denomina inadecuadamente mármol.
  • Mármol: caliza cristalina producto del calor y la presión procedente de filones ígneos, probablemente combinados con la presencia de agua. Cuando es puro presenta un color blanco intenso, pero puede adquirir un vistoso veteado producto de las impurezas. Combina su resistencia con la facilidad con la que puede ser tallado y pulido, por lo que ha sido profusamente utilizado en la arquitectura clásica, y se sigue empleando en suelos, revestimiento de paredes y encimeras, siendo una de las piedras naturales de mayor valor comercial.
  • Dolomía: más dura y densa que la caliza, es un carbonato doble de calcio y magnesio. De colores claros, es menos atacable por los ácidos que la caliza, pero en presencia de gases sulfurosos genera sulfato de magnesio, muy soluble en agua. Adecuada como piedra de construcción, es una impureza totalmente proscrita en la fabricación de cemento.
  • Creta: puede presentar características muy diferentes. El material de origen cretácico es una piedra blanda y de grano fino, fácil de tallar, pero porosa y susceptible a las heladas y la erosión. Hoy en día, se considera a menudo de escasa idoneidad para cualquier uso práctico y se extrae con mayor frecuencia fara fabricar cemento.[35] Sin embargo, numerosos monumentos notables del norte de Francia están construidos con esta creta, como la catedral de Amiens (la catedral más grande de Francia), la catedral de Beauvais (la bóveda gótica más alta del mundo),[53] así como la catedral y las iglesias de Ruan. También puede ser un material de mayor dureza, aunque propenso a agrietarse. Este material ha sido utilizado ampliamente en la ciudad francesa de Angulema.[35]
  • Toba calcárea: si bien no es una piedra de construcción verdaderamente sólida y duradera, presenta la valiosa ventaja de ser fácil de extraer, aserrar y cortar, y de adquirir suficiente resistencia al endurecerse en contacto con el aire. Esta valiosa cualidad se ha aprovechado en los castillos del Loira, que están construidos con este material.[35] La localidad de Saint-Cyr-en-Bourg cuenta con 200 km de galerías excavadas en su momento para extraer toba caliza, en las que se cultivan champiñones.[54]
  • Travertino: es una piedra calcárea de origen parcialmente biológico, utilizada para los edificios más bellos de la Antigua Roma. Su nombre procede del idioma italiano, con origen en el término latino "lapis tiburtinus", "piedra de Tivoli". Un gran número de monumentos, arcos y puertas de la ciudad, como el Coliseo y el teatro de Marcelo, se construyeron con esta piedra, al igual que la mayoría de las iglesias, basílicas y palacios modernos del Renacimiento.[55]
  • Yeso común: también denominado aljez, es sulfato cálcico dihidratado, de origen lacustre. Se presenta en masas granulosas o laminares, en función de su forma de cristalización. De color traslúcido, blanco o grisáceo, es la materia prima con la que se fabrica el yeso. Cuando es un material homogéneo y compacto se denomina alabastro, utilizado como piedra ornamental en interiores por poderse tallar muy fácilmente. Su baja dureza (2 en la escala de Mohs) y su incompatibilidad con los componentes químicos del cemento portland, hace que esté proscrito en la fabricación de hormigones.
  • Anhidrita: sulfato cálcico anhidro, procedente de la deshidratación del aljez, presenta color blanco, grisáceo o azulado. Puede utilizarse para la fabricación de yeso.[51]

Revestimientos de piedra natural

Los revestimientos de piedra se seleccionan y fabrican según criterios estéticos y funcionales. A continuación, se muestran algunos ejemplos de superficies de piedra producidas a mano, a máquina o con equipos especializados.

Canteras

Cave di cusa, Selinunte (Sicilia), siglo VII
Sistema de ruedas para transportar piedras de gran tamaño descrito por Vitruvio en su obra De architectura[56]

Los humanos comenzaron a excavar la tierra con herramientas rudimentarias, construidas con madera, cuerno o hueso para suelos blandos y sílex para rocas. Para extraer rocas blandas se utilizaban herramientas creadas con rocas duras, pero para poder extraer rocas duras se tuvo que esperar a la llegada de los metales, de abrasivos potentes como el diamante y, posteriormente, de los explosivos.[45] Las primeras canteras se extraían de forma natural de la superficie del suelo. Las piedras extraídas en bruto se utilizaban en la construcción de muros de piedra en seco. Los guijarros redondeados de los ríos son un material muy resistente, pero son difíciles de trabajar sin mortero; por lo tanto, se unían con arcilla, usando materiales obtenidos localmente siempre que era posible.[18] La búsqueda de piedras a profundidades cada vez mayores condujo al establecimiento de canteras a cielo abierto o subterráneas. Así, ya en el neolítico se excavaron minas de sílex en la provincia belga de Henao, contemporáneas de los dólmenes de la zona. Para ello, se excavaron pozos y galerías para obtener cantos de sílex, más fáciles de trabajar que los guijarros laminados incrustados en el limo.[57]

En Francia, a orillas del río Sena, se descubrió en 1825 una arquitectura rural y vernácula, construida con guijarros de sílex, o con bloques margosos asentados en mortero de cal y arena, o simplemente con polvo margoso mezclado hasta obtener una consistencia de mortero.[58] Se trataba de piedras duras, fáciles de extraer o encontrar directamente en el suelo, o piedras blandas, fáciles de trabajar, incluso de baja calidad.

Tambores de piedra destinados al templo G. de Selinunte, s. VII

En la antigüedad, la necesidad de encontrar las piedras más adecuadas para su propósito se hizo cada vez más evidente. El trabajo de extracción y corte de piedras se realizaba en varias etapas: tras descubrir los yacimientos adecuados para producir las piedras duras o blandas aptas para su uso previsto, comenzaba la extracción. Para separar los bloques, el cantero, en muy raras ocasiones, utiliza estratos y fisuras naturales; pero con mayor frecuencia, debía producir ranuras con un pico, definiendo el volumen y la forma de las piedras a medida que se extraían.[18]

Ejemplos de trabajos inacabados dan testimonio del modo en que trabajaban los canteros. No lejos de Selinunte, por ejemplo, una antigua ciudad costera griega al sur de Sicilia, fundada en el s. VII por colonos megarienses, a 11 km de la ciudad, se encuentran las antiguas canteras de Cusa, que abarcan un parque arqueológico de 1,8 km de longitud.[59] de donde provino casi la totalidad del travertino utilizado para la construcción de los templos[60] y de la ciudad.[59] Tras extraerse más de 150 000 m3,[61] las canteras fueron abandonadas abruptamente durante la conquista púnica en el 409 a. C.[59] Destinados al templo G,[59] 62 tambores de columna inacabados, algunos aún adheridos al lecho rocoso y otros abandonados durante el transporte,[62] permanecen en el sitio. Estos vestigios han proporcionado información sobre los métodos de extracción, transporte y construcción de la época.[62] Para extraer un tambor, los selinuntinos excavaban un foso circular alrededor de la pieza de 55 centímetros de anchura en la base y de 85 centímetros en la parte superior, lo que permitía el trabajo del cantero.[63][18] Una vez recortado el perímetro, se realizaba un corte final bajo el bloque, para lo que se insertaban cuñas metálicas ("cunei"), clavadas con un mazo, que terminaban por separar los tambores de la roca. Una vez extraídos, los tambores se tallaban con martillo y cincel, y probablemente se les colocaban ruedas de madera y se transportaban utilizando yuntas de bueyes.[61] Finalmente, una vez erigida la columna, la rugosidad de la piedra caliza se disimulaba con estuco.[59]

Los romanos procedían de la misma manera para extraer sus piedras. Además de la necesidad de extraer piedras para la demanda del mercado, existía un gusto particular por la extracción de piezas monumentales. Por ejemplo, las columnas de granito del Panteón de Roma (siglo II temprano), de XII m de altura, pesan 56 toneladas. Lo mismo ocurrió con el Templo de Venus Genetrix, también de Roma, (granito, 135-143 toneladas), y con la Basílica Ulpia (granito y cipolino, 106-113 toneladas).[18] Las herramientas de los canteros romanos consistían en picos, cuñas, palancas para la extracción, sierras para cortar los bloques, cinceles y martillos, mandarrias o mazos.

Las técnicas tradicionales de cantera, mediante el uso manual de picos, cuñas o mazos, fueron sustituidas por el trabajo mecánico y a ciegas de las máquinas: el percutor del martillo neumático, la motosierra (minador puntual), el taladro rotatorio (de barrena), el chorro de agua a alta presión o incluso el láser de alta potencia. En comparación con el trabajo manual, donde el minero elige el punto de ataque más adecuado con cada golpe, el trabajo de la máquina consume una cantidad extremadamente alta de energía: la extracción con una máquina consume 76 veces más energía, y la voladura con explosivos en pozos mineros es similar. Un barreno de gran diámetro consume 135 veces más energía, aunque la combinación óptima de barrenado, rastrillaje y voladura en un pozo reduce este factor a 20.[45]

Polilitismo

El uso, en un mismo edificio, de piedras labradas o rústicas heterométricas de diferente naturaleza petrográfica y origen (de distintas canteras), se denomina polilitismo de construcción,[64] en contraposición al predominio del monolitismo en una edificación.[65] Esta característica puede adoptar dos formas: el polilitismo original (primario) vinculado a construcciones realizadas en una única fase, pero en las que se utilizan distintos materiales pétreos por razones arquitectónicas, de robustez, de estética, o por aspectos técnicos o de practicidad;[66]o, simplemente, por razones económicas;[67] y el polilitismo adquirido (secundario), vinculado a la construcción en varias fases (edificios religiosos erigidos en varios siglos,[68] construcciones separadas por episodios de destrucción y diversas modificaciones).[69]

[1]: Dualidad litológica en el château de Pontivy.[70] [2]: Polilitismo en la catedral de Le Mans[71] [3]: Ejemplo de muro polilítico que combina granito de Aber-Ildut, con ortogneis y kersantita de Brest (Francia)[72] [4]: Una casa de Saint-Malo típicamente polilítica[73] [5]: Polilitismo original muy marcado de una casa[74] y polilitismo discreto y desordenado en el viaducto de Morlaix[75] [6]: Polilitismo policromático moderado en la iglesia de Roscanvel[76]

Referencias

Bibliografía

Enlaces externos

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