Transubstanciación
doctrina católica acerca de la presencia de Cristo en la Eucaristía, definida en el Concilio de Trento
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La transubstanciación o transustanciación(transubstantiatio; μετουσίωσις)[1] es, según las enseñanzas de la Iglesia católica, la conversión de toda la sustancia del pan en la sustancia del Cuerpo de Cristo, y de toda la sustancia del vino en la sustancia de su Sangre.[2][3] Esta conversión se opera en la plegaria eucarística con la consagración, mediante la eficacia de la palabra de Cristo y de la acción del Espíritu Santo.[4] Sin embargo, permanecen inalteradas las características sensibles del pan y del vino, esto es las «especies eucarísticas».[5][6] Significando «especie» para estos efectos, los "accidentes" del pan y del vino: color, gusto, cantidad, etcétera. En esta enseñanza, las nociones de «sustancia» y «transubstanciación» no están vinculadas a ninguna teoría metafísica específica.[7]


La Iglesia católica enseña que, en la ofrenda eucarística, el pan y el vino se transforman en el cuerpo y la sangre de Cristo.[8][9] La transubstanciación se basa en el sentido literal e inmediato de las palabras de Cristo en la última cena: «Esto es mi cuerpo... esta es mi sangre» (Mt 26:26-29, Mc 14:22-26 y Lc 22:14-23). Si bien en el Evangelio de Juan no se hace mención a la instauración de la Eucaristía, Jesús hace mención a dar de comer su carne como alimento de vida eterna (Jn 6:51-58). La afirmación de esta doctrina sobre la presencia real de Cristo en la eucaristía se definió dogmáticamente en el Concilio de Trento, aunque en el IV Concilio de Letrán, en 1215,[10][11] se usó el término para designar el cambio del pan en el cuerpo de Cristo;[12] la doctrina en sí ya figuraba desde el siglo IV, puesto que Cirilo de Jerusalén ya lo había redactado en el catecismo a los catecúmenos.
Los cristianos de la Iglesia ortodoxa aceptan también esta doctrina. Por su parte, Lutero aceptó como propia la doctrina de la consubstanciación, seguida por las iglesias que derivan de su reforma.[13]
Las Iglesias de la Comunión Anglicana aceptan la presencia real de Jesús en los elementos consagrados, sin entrar a discutir la manera en cómo ocurre este misterio, simplemente basadas en las palabras de Jesús: «este es mi Cuerpo», «esta es mi Sangre».
Las demás denominaciones protestantes la rechazan argumentando que, para obtener la vida eterna, no es necesaria otra cosa que una fe verdadera en Jesús; lo que eliminaría la necesidad de cualquier sacramento.[14][15] Posteriormente fue cuestionada por varios reformadores del siglo XIV, en particular por John Wycliffe.[16]
Doctrina de la transubstanciación
La doctrina católica de la transubstanciación halla su base en la narración bíblica de la última cena y en la interpretación literal que de ella se hace. Se basa en las palabras de Cristo:
Tomad y comed, esto es mi cuerpo. ... Tomad y bebed, esto es mi sangreMateo 26, 26-29; Marcos 14, 22-25; Lucas 22, 14-20
Interpretadas de manera enfática, sin simbolismos. De hecho, el texto original del Evangelio según San Juan utiliza las palabras griegas "fagon" que en español significa literalmente "comer". Según la exégesis católica, los primeros cristianos interpretaron de este modo la celebración de la cena del Señor, pronto conocida como Eucaristía, y citan en su apoyo las palabras de san Pablo:
Yo he recibido del Señor lo que a mi vez les he transmitido. El Señor Jesús, la noche en que fue entregado, tomó pan y, después de dar gracias, lo partió diciendo: ‘Esto es mi cuerpo, que es entregado por ustedes. Hagan esto en memoria mía’. De igual manera, tomando la copa, después de haber cenado, dijo: ‘Esta copa es la Nueva Alianza en mi sangre. Todas las veces que la beban háganlo en memoria mía’1 Cor. 11, 23-25.
Y el texto del evangelio de Juan:
Mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida .Jn. 6, 55.
Entre los llamados Padres de la Iglesia (que para el catolicismo son tanto autoridad como testigos de la tradición) san Ignacio de Antioquía menciona a la Eucaristía como "la carne de nuestro Señor Jesucristo",[17] san Justino quien dice refiriéndose al mismo tema: "es la carne y la sangre de aquel Jesús que se encarnó" e incluso menciona su similitud con los misterios mitraicos,[18] san Ireneo de Lyon puntualiza: "...Porque así como el pan que es de la tierra, recibiendo la invocación de Dios ya no es pan ordinario sino Eucaristía...",[19] san Hipólito de Roma: "Cada fiel procure tomar la Eucaristía... Es el cuerpo de Cristo, del cual todos los fieles se alimentan, y no debe de ser despreciado…”[20] y del mismo modo Orígenes, san Cipriano de Cartago y Firmiliano por citar a autores de los tres primeros siglos.[21]
En el siglo IV san Agustín predica:
Lo que veis, queridos hermanos, en la mesa del Señor es pan y vino, pero este pan y este vino, al añadírseles la palabra, se convierten en cuerpo y sangre de Cristo. Si quitas la palabra, es pan y vino; añades la palabra, y ya son otra cosa. Y esta otra cosa es el cuerpo y la sangre de Cristo. Quita la palabra, y es pan y vino; añade la palabra, y se hace sacramento. A todo esto decís: ¡Amén! Decir amén es suscribirlo. Amén significa que es verdadero.[22]Sermón 6,3
Se sabe, no obstante, que otras tradiciones cristianas como los docetas, negaban esta presencia. Del mismo modo ciertos textos de Tertuliano parecen defender la idea de una presencia simbólica antes que real: "Cristo, habiendo tomado el pan y habiéndolo distribuido a sus discípulos, lo hizo su cuerpo, al decir: Este es mi cuerpo, a saber, la figura de mi cuerpo",[23] si bien el texto puede tener otras interpretaciones.[24][25] Según los católicos, tanto la enseñanza de la iglesia y la práctica litúrgica (incluidas la de las iglesias orientales), testimonian la creencia en la «presencia real de Cristo en el pan y el vino consagrados». Admiten, sin embargo, que el término transubstanciación no era empleado y que el dogma no estaba taxativamente definido. Esto no sucedió hasta el siglo IX, cuando en algunos monasterios se debate sobre la presencia de Cristo en las especies consagradas.
La presencia del verdadero cuerpo de Cristo y la verdadera sangre de Cristo en este sacramento «no se conoce por los sentidos sino solo por la fe» dice Tomás de Aquino[26] y, Cirilo de Alejandría comentando Lucas 22 que dice: 'esto es mi cuerpo que será entregado por vosotros' declara:
No te preguntes si esto es verdad, sino acoge más bien con la fe las palabras del Señor, porque él, que es la verdad, no miente.[27]
El primer escrito en defensa de la transubstanciación se debe al monje benedictino y abad de la Abadía de Corbie, Pascasio Radberto en su De Corpore et Sanguine Domini del año 831 quien escribe que "en la sagrada eucaristía el pan se convierte en el cuerpo real de Cristo, en el mismo cuerpo nacido de María y crucificado."[28] Como tal, el término transubstanciación parece haber sido utilizado por primera vez por un discípulo de Berengario, Hildeberto de Lavardin alrededor del 1097.
La Transubstanciación fue declarada como doctrina sobre todo contra las sectas espiritualistas nacidas de la Iglesia católica en el siglo XII, como los albigenses, cátaros o petrobrusianos, quienes atacaban la jerarquía eclesial, con ello el poder del presbítero de consagrar y por último la presencia real de Cristo en la eucaristía.
El IV Concilio de Letrán en 1215 habló del pan y el vino como "transubstanciados" en el cuerpo y la sangre de Cristo: "Su cuerpo y sangre están verdaderamente contenidos en el sacramento del altar bajo las formas de pan y vino, habiendo sido transubstanciados el pan y el vino, por el poder de Dios, en su cuerpo y su sangre."[29]
La doctrina fue reafirmada por el Concilio de Trento a mediados del siglo XVI, esta vez contra los reformadores afirmando que: "por la consagración del pan y del vino se opera la conversión de toda la substancia del pan en la substancia del Cuerpo de Cristo y de toda la substancia del vino en la substancia de su Sangre; la Iglesia católica ha llamado justa y apropiadamente a este cambio transubstanciación."[30]
En efecto, durante la Reforma, la creencia en la presencia real de Cristo en las especies de pan y vino fue negada por diversos grupos cristianos de manera directa o indirecta, como Wyclif, Juan Calvino, Zwinglio, y en cierto aspecto Lutero. Este último elaboró la doctrina de la Consubstanciación como opuesta a la Transubstanciación, que aunque no negaba la presencia real, hacía permanecer la substancia del pan y el vino junto con la substancia del cuerpo y sangre de Cristo.
Para explicar y entender la doctrina de la Transubstanciación se emplean dos términos filosóficos aristotélicos: sustancia y accidentes. Sustancia es aquello que hace que una cosa sea lo que es. Accidente corresponde a las propiedades no esenciales de una cosa y que son perceptibles por los sentidos.
Los partidarios de la Transubstanciación creen que la sustancia del pan cambia, por un milagro y por las palabras de la consagración que pronuncia el sacerdote, y se convierte en la sustancia del cuerpo de Cristo, el pan ya no tiene lo que lo hacía pan, ahora es el cuerpo de Cristo. De igual manera pasa con el vino, pero permaneciendo los accidentes del pan y el vino como su olor, textura, sabor y otros elementos perceptibles. Como la substancia es la de Cristo, cualquier pedazo minúsculo contiene a Cristo todo entero, igualmente cualquier gota del vino. De este modo comiendo sólo el pan o bebiendo sólo el vino se come o bebe el cuerpo entero de Cristo.
El Catecismo de la Iglesia católica afirma al respecto:
"La presencia del verdadero Cuerpo de Cristo y de la verdadera Sangre de Cristo en este sacramento, `no se conoce por los sentidos, dice S. Tomás, sino sólo por la fe , la cual se apoya en la autoridad de Dios'. Por ello, comentando el texto de S. Lucas 22,19: `Esto es mi Cuerpo que será entregado por vosotros', S. Cirilo declara: `No te preguntes si esto es verdad, sino acoge más bien con fe las palabras del Señor, porque él, que es la Verdad, no miente"S. Tomás de Aquino, s.th. 3,75,1, citado por Pablo VI, MF 18[31]
Historia
Período patrístico
Los primeros Padres de la Iglesia utilizaban un lenguaje muy realista sobre la Eucaristía, al tiempo que mostraban un interés limitado en definir el modo preciso de la presencia de Cristo, dejando a menudo en misterio la forma del cambio.[32] Concretamente, durante el periodo comprendido entre los años 100 y 325 d. C., la doctrina de la Cena del Señor «siguió siendo indefinida y oscura», y la iglesia antigua dio prioridad a la «participación digna» sobre la definición lógica, lo que hace que no sea histórico imponer teorías posteriores a esta época.[33]
La doctrina de la transubstanciación en sentido técnico se considera un desarrollo tardío de la teología católica, ya que el término aparece a partir del siglo XII, recibe expresión conciliar en el Cuarto Concilio de Letrán (1215), y recibiendo una exposición escolástica completa en la Summa theologiae de Tomás de Aquino.[34] Gregg R. Allison caracteriza igualmente la teología eucarística de la Iglesia primitiva como una comprensión «de la Cena del Señor de diversas maneras», distinguiendo así la doctrina católica posterior de los diversos enfoques patrísticos.
William Jurgens interpreta la enseñanza eucarística de Ireneo como más indicativa de una «mentalidad de empanación» que de la transubstanciación posterior, y señala que Ireneo no intenta explicar cómo Cristo está presente en los elementos.[35] Bradley G. Green sugiere que, a la luz de los desarrollos occidentales posteriores, es «apropiado reconocer una esperanza de transubstanciación en Ireneo».[36]
Durante el período patrístico, un «símbolo» se entendía comúnmente como una presencia participante más que como un mero signo, por lo que los Padres podían llamar a la Eucaristía tanto cuerpo de Cristo como su «figura», «tipo» o «símbolo» sin contradicción. Las etiquetas posteriores de «realista» frente a «simbolista» imponen categorías anacrónicas a esta cosmovisión sacramental platonista.[37]
Lecturas católicas de citas patrísticas
La «Didaché», una antigua regla de la Iglesia cristiana, dice: «Que nadie coma ni beba de vuestra Eucaristía, a menos que haya sido bautizado en el nombre del Señor; porque... no se dé lo santo a los perros».[38] Kelly señala que la obra se refiere a la Eucaristía como un «sacrificio» cristiano y describe el pan y el vino como alimentos y bebidas espirituales «sagrados» que comunican la vida inmortal.[39] Sobre esta base, los teólogos católicos interpretan la Didaché como una prueba temprana de que la Eucaristía se entendía como algo más que un memorial y como parte de la tradición que más tarde se articuló en las doctrinas de la presencia real y la transubstanciación. [40][41]
Ignacio de Antioquía, escribiendo alrededor del año 106, dice: «Deseo el pan de Dios, ... el pan de vida, que es la carne de Jesucristo ...; y deseo la bebida de Dios, ... Su sangre, que es amor incorruptible y vida eterna».[42] En su carta a los esmirniotas advierte que los «herejes» «se abstienen de la Eucaristía y de la oración, porque no confiesan que la Eucaristía es la carne de nuestro Salvador Jesucristo, que sufrió por nuestros pecados y que el Padre, en su bondad, resucitó».[43] Kelly, Papandrea y Pohle sostienen que estos textos presentan el realismo eucarístico como un límite de la ortodoxia, una postura que la enseñanza católica posterior sobre la transubstanciación desarrolla conceptualmente en lugar de sustituir.[44][45][41][46]
Alrededor del año 150, Justino Mártir, refiriéndose a la Eucaristía, escribió: «No los recibimos como pan y bebida comunes, sino que... se nos ha enseñado que el alimento bendecido por la oración de Su palabra, y del que se nutren nuestra sangre y nuestra carne por transmutación, es la carne y la sangre de ese Jesús que se hizo carne».[47] Ferguson y Kelly señalan la insistencia de Justino en que el alimento consagrado «es la carne y la sangre» del Jesús encarnado y «no es pan común ni bebida común», viendo en ello un testimonio temprano de un cambio real del pan y el vino. Los autores católicos consideran la transubstanciación escolástica como un intento posterior de explicar, más que de sustituir, este realismo heredado.[48][49][50]
Clemente de Alejandría (c. 150 – c. 215), que utiliza la palabra «símbolo» en relación con la Eucaristía, se cita como una excepción,[51] aunque esta interpretación es controvertida debido a las superposiciones entre simbología y literalismo de la escuela alejandrina. Kelly y Ferguson señalan que Clemente llama al vino un «símbolo místico» de la sangre de Cristo y lee Juan 6 «a través de símbolos» y «alegorías», pero también puede hablar del vino eucarístico como una mezcla del Logos con la sustancia material que santifica el cuerpo y el alma; Por lo tanto, los teólogos católicos tratan su lenguaje «simbólico» como un ejemplo de realismo simbólico participativo más que como una negación de la presencia real, y como compatible con la transubstanciación posterior entendida como una aclaración metafísica de este simbolismo participativo.[52][53][54]
Alrededor del año 200, Tertuliano escribió: «Sin embargo, no podría haber habido una figura a menos que primero hubiera habido un cuerpo verdadero. ... Si, sin embargo, (como diría Marción) Él fingió que el pan era Su cuerpo, porque carecía de la verdad de la sustancia corporal, se deduce que debió habernos dado pan».[55] Kelly y Papandrea subrayan que, en el realismo simbólico antiguo, la «figura» y el «símbolo» pueden «hacer presente» lo que significan; Por lo tanto, los intérpretes católicos interpretan el lenguaje de Tertuliano como compatible con una presencia real y sacramental y como un intento temprano de conciliar la confesión de que los elementos son el cuerpo y la sangre de Cristo con el hecho empírico de que siguen apareciendo como pan y vino.[56][57][58]

Las «Constituciones Apostólicas» (compiladas c. 380) dicen: «Que el obispo dé la ofrenda, diciendo: El cuerpo de Cristo; y que el que la reciba diga: Amén. Y que el diácono tome la copa; y cuando la dé, diga: La sangre de Cristo, la copa de la vida; y que el que beba diga: Amén».[60] Kelly sitúa esta fórmula dentro de una tradición oriental del siglo IV que habla de los elementos como si hubieran sufrido un «cambio» (metabolē) o «transelementación» (“'metastoicheiōsis”') en el cuerpo y la sangre de Cristo.[61] Los teólogos católicos toman este lenguaje litúrgico como prueba de que, en esta época, se presuponía una conversión real del pan y el vino, aunque el término filosófico «transubstanciación» no aparecería hasta siglos más tarde.[62]
Sobre Ambrosio de Milán, un padre latino del siglo IV, Willis señala que «expresó un cambio literal en los elementos cuando se pronunciaban las palabras de la consagración», citando la afirmación de Ambrosio: «Este pan es pan antes de las palabras de los sacramentos. Cuando se añade la consagración, el pan se convierte en el cuerpo de Cristo...». [63] Kelly y Papandrea describen a Ambrosio como el exponente occidental clásico de una doctrina de «conversión» de los elementos: puede decir que el pan y el vino son «figuras» y que el pan «significa» el cuerpo de Cristo, pero insiste en que la palabra consagratoria «cambia la especie de los elementos» (“'species mutet elementorum”') en lo que antes no eran, un patrón que McCormick y otros eruditos católicos interpretan como un antecedente patrístico de la enseñanza posterior sobre la transubstanciación. [64][65][66]
Cirilo de Jerusalén insta explícitamente a los comulgantes a confiar en las palabras de Cristo de que los elementos han sido «transformados» a pesar de su apariencia, mientras que Gregorio de Nisa y Crisóstomo hablan de que el pan y el vino han sido «transelementados» y «remodelados». La teología católica ve en este vocabulario compartido un lenguaje primitivo de conversión real que más tarde la enseñanza conciliar expresa con el término técnico «transubstanciación».[67][68][69]
Agustín declaró que el pan consagrado en la Eucaristía realmente «se convierte» en el Cuerpo de Cristo: «Los fieles saben de lo que estoy hablando; conocen a Cristo en la fracción del pan. No es cualquier pan, sino aquel que recibe la bendición de Cristo, el que se convierte en el cuerpo de Cristo».[70] Kelly y Ferguson consideran que, a pesar del uso frecuente que Agustín hace del lenguaje de los signos y los símbolos, «aceptaba el realismo vigente», distinguiendo entre el signo sacramental visible y la «res» o don invisible. Por lo tanto, los intérpretes católicos consideran que su postura es compatible con las formulaciones doctrinales posteriores de una presencia real pero sacramental expresada por el término transubstanciación, y a menudo presupuesta por ellas.[71][72][73]
Edad Media

Paschasius Radbertus (785-865) fue un teólogo carolingio y abad de Corbie, cuya obra más conocida e influyente es una exposición sobre la naturaleza de la Eucaristía escrita alrededor del año 831, titulada De Corpore et Sanguine Domini. En ella, Pascasio coincide con Ambrosio al afirmar que la Eucaristía contiene el verdadero cuerpo histórico de Jesucristo. Según Pascasio, Dios es la verdad misma y, por lo tanto, sus palabras y acciones deben ser verdaderas. La proclamación de Cristo en la Última Cena de que el pan y el vino eran su cuerpo y su sangre debe tomarse literalmente, ya que Dios es la verdad.[74] Por lo tanto, cree que el cambio de las sustancias del pan y el vino en el cuerpo y la sangre de Cristo ofrecidos en la Eucaristía realmente ocurre. Solo si la Eucaristía es el cuerpo y la sangre reales de Cristo, un cristiano puede saber que es salvífica.[75]
En el siglo XI, Berengario de Tours suscitó oposición cuando negó que fuera necesario ningún cambio material en los elementos para explicar el hecho de la Presencia Real. Su postura nunca fue diametralmente opuesta a la de sus críticos, y probablemente nunca fue excomulgado, pero las controversias que suscitó (véase estercoranismo) obligaron a aclarar la doctrina de la Eucaristía.[76]
El primer uso conocido del término «transubstanciación» para describir el cambio del pan y el vino en el cuerpo y la sangre de Cristo en la Eucaristía fue por Hildeberto de Lavardin, arzobispo de Tours, en el siglo XI.[77] A finales del siglo XII, el término se había generalizado.
El Cuarto Concilio de Letrán de 1215 se refirió al pan y al vino como «transubstanciados» en el cuerpo y la sangre de Cristo: «Su cuerpo y su sangre están verdaderamente contenidos en el sacramento del altar bajo las formas del pan y el vino, habiendo sido el pan y el vino transubstanciados, por el poder de Dios, en su cuerpo y su sangre».[78][79] Los eruditos y clérigos católicos han señalado numerosos informes de milagros eucarísticos contemporáneos al concilio, y al menos uno de ellos se debatió en el concilio.[80][81] No fue hasta más tarde, en el siglo XIII, cuando se aceptó la metafísica aristotélica y se desarrolló una elaboración filosófica en línea con dicha metafísica, que encontró su formulación clásica en las enseñanzas de Tomás de Aquino[82] y en las teorías de teólogos católicos posteriores de la época medieval (Robert Grosseteste,[83] Egidio Romano, Duns Escoto y Guillermo de Ockham).[84][85]
Reforma
Durante la Reforma protestante, la doctrina de la transubstanciación fue muy criticada como una «pseudofilosofía» aristotélica[86] importada a la enseñanza cristiana y descartada en favor de la doctrina de Martín Lutero sobre la unión sacramental, o en favor, según Huldrych Zwingli, de la Eucaristía como memorial. [87]

En la Reforma, la doctrina de la transubstanciación se convirtió en un tema muy controvertido. Martín Lutero sostenía que «no es la doctrina de la transubstanciación lo que hay que creer, sino simplemente que Cristo está realmente presente en la Eucaristía».[88] En su obra Sobre el cautiverio babilónico de la Iglesia (publicada el 6 de octubre de 1520), Lutero escribió:
Por lo tanto, es un juego de palabras absurdo y sin precedentes entender que «pan» significa «la forma o los accidentes del pan», y «vino» significa «la forma o los accidentes del vino». ¿Por qué no interpretan también todas las demás cosas como sus formas o accidentes? Aunque esto pudiera hacerse con todas las demás cosas, no sería correcto castrar así las palabras de Dios y vaciarlas arbitrariamente de su significado. Además, la Iglesia tuvo la verdadera fe durante más de mil doscientos años, tiempo durante el cual los santos Padres nunca mencionaron esta transubstanciación —sin duda, una palabra monstruosa para una idea monstruosa— hasta que la pseudofilosofía de Aristóteles se extendió en la Iglesia en los últimos trescientos años. Durante estos siglos se han definido erróneamente muchas otras cosas, por ejemplo, que la esencia divina no es engendrada ni engendra, que el alma es la forma sustancial del cuerpo humano y otras afirmaciones similares, que se hacen sin razón ni sentido, como admite el propio cardenal de Cambray.[89]
En su obra de 1528 «Confesión sobre la Cena de Cristo», escribió:
¿Por qué entonces no deberíamos decir mucho más en la Cena: «Este es mi cuerpo», aunque el pan y el cuerpo sean dos sustancias distintas y la palabra «este» se refiera al pan? Aquí también se ha producido una unión entre dos tipos de objetos, que yo llamaré «unión sacramental», porque el cuerpo de Cristo y el pan nos son dados como sacramento. No se trata de una unión natural o personal, como es el caso de Dios y Cristo. Quizás sea también una unión diferente de la que tiene la paloma con el Espíritu Santo y la llama con el ángel, pero sin duda es una unión sacramental.[90]
Lo que Lutero denominó «unión sacramental» es a menudo erróneamente llamado «consubstanciación» por los no luteranos. En «Sobre el cautiverio babilónico», Lutero defendió la creencia en la presencia real de Jesús y, en su tratado de 1523 «La adoración del sacramento», defendió la adoración del cuerpo y la sangre de Cristo en la Eucaristía.
En Inglaterra, los Seis Artículos de 1539 prescribían la pena de muerte para cualquiera que negara la transubstanciación. Esto se modificó bajo el reinado de Isabel I. En los Treinta y nueve artículos de 1563, la Iglesia de Inglaterra declaró: «La transubstanciación (o el cambio de la sustancia del pan y el vino) en la Cena del Señor no puede demostrarse con las Sagradas Escrituras, sino que es repugnante a las claras palabras de la Escritura, derriba la naturaleza de un sacramento y ha dado lugar a muchas supersticiones».[91] Se promulgaron leyes contra la participación en el culto católico, que siguió siendo ilegal hasta 1791.[92][93]
Durante un siglo y medio, desde 1672 hasta 1828, la transubstanciación desempeñó un papel importante, en sentido negativo, en la vida política y social británica. En virtud de la Ley de Prueba, el acceso a cualquier cargo público estaba condicionado a la negación explícita de la transubstanciación. Cualquier aspirante a un cargo público tenía que repetir la fórmula establecida por la ley: «Yo, “'N”', declaro que creo que no hay transubstanciación en el sacramento de la Cena del Señor, ni en los elementos del pan y el vino, en el momento de la consagración o después de ella, por parte de ninguna persona».
Concilio de Trento
En 1551, el Concilio de Trento declaró que la doctrina de la transubstanciación es un dogma de fe[94] y afirmó que «por la consagración del pan y del vino se produce un cambio de toda la sustancia del pan en la sustancia del cuerpo de Cristo nuestro Señor y de toda la sustancia del vino en la sustancia de su sangre. Este cambio, la Santa Iglesia Católica lo ha llamado, de manera adecuada y apropiada, transubstanciación».[95] En su 13.ª sesión, que finalizó el 11 de octubre de 1551, el Concilio definió la transubstanciación como «esa maravillosa y singular conversión de toda la sustancia del pan en el Cuerpo, y de toda la sustancia del vino en la Sangre, quedando solo las especies (cristianismo)|especie]] del pan y el vino permaneciendo —conversión que la Iglesia católica denomina muy acertadamente transubstanciación».[95] Este concilio aprobó oficialmente el uso del término «transubstanciación» para expresar la doctrina de la Iglesia católica sobre la conversión del pan y el vino en el cuerpo y la sangre de Cristo en la Eucaristía, con el objetivo de salvaguardar la presencia de Cristo como una verdad literal, al tiempo que se enfatiza el hecho de que no hay ningún cambio en las apariencias empíricas del pan y el vino.[96] Sin embargo, no imponía la teoría aristotélica de la sustancia y los accidentes: solo hablaba de las especies (las apariencias), no del término filosófico «accidentes», y la palabra «sustancia» se utilizó en el ámbito eclesiástico durante muchos siglos antes de que se adoptara la filosofía aristotélica en Occidente.[97] como se muestra, por ejemplo, en su uso en el Credo Niceno, que habla de que Cristo tiene la misma «οὐσία» (griego) o «substantia» (latín) que el Padre.
Desde el Concilio Vaticano II

El Catecismo de la Iglesia Católica expone dos veces la doctrina de la Iglesia sobre la transubstanciación.
Repite lo que denomina el resumen del Concilio de Trento sobre la fe católica en «la conversión del pan y el vino en el cuerpo y la sangre de Cristo [por la cual] Cristo se hace presente en este sacramento», la fe «en la eficacia de la Palabra de Cristo y de la acción del Espíritu Santo para llevar a cabo esta conversión»: «Por la consagración del pan y del vino se produce un cambio de toda la sustancia del pan en la sustancia del cuerpo de Cristo nuestro Señor y de toda la sustancia del vino en la sustancia de su sangre. Este cambio, la santa Iglesia católica lo ha llamado, de manera adecuada y apropiada, transubstanciación».[98]
Como parte de su propio resumen («En breve») del Catecismo de la Iglesia Católica sobre el sacramento de la Eucaristía, afirma: «Por la consagración se produce la transubstanciación del pan y del vino en el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Bajo las especies consagradas del pan y el vino, Cristo mismo, vivo y glorioso, está presente de manera verdadera, real y sustancial: su Cuerpo y su Sangre, con su alma y su divinidad (cf. Concilio de Trento: DS 1640; 1651)».[99]
La enseñanza de la Iglesia se recoge en el «Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica» en forma de preguntas y respuestas:
283. ¿Qué significa «transubstanciación»? «Transubstanciación» significa el cambio de toda la sustancia del pan en la sustancia del Cuerpo de Cristo y de toda la sustancia del vino en la sustancia de su Sangre. Este cambio se produce en la plegaria eucarística por la eficacia de la palabra de Cristo y por la acción del Espíritu Santo. Sin embargo, las características externas del pan y del vino, es decir, las «especies eucarísticas», permanecen inalteradas.[100]
La Comisión Preparatoria Conjunta Anglicano-Católica Romana declaró en 1971 en su declaración común sobre la doctrina eucarística: «La palabra transubstanciación se utiliza comúnmente en la Iglesia Católica Romana para indicar que Dios, actuando en la eucaristía, efectúa un cambio en la realidad interna de los elementos».[101]
Opiniones de algunas personas (no necesariamente representativas)
Una encuesta CARA de la Universidad de Georgetown a católicos estadounidenses[102] en 2008 mostró que el 57 % afirmaba creer que Jesucristo está realmente presente en la Eucaristía y casi el 43 % afirmaba creer que el vino y el pan son símbolos de Jesús. De los que asistían a misa semanalmente o con más frecuencia, el 91 % creía en la presencia real, al igual que el 65 % de los que asistían al menos una vez al mes y el 40 % de los que asistían como mucho unas pocas veces al año. [103]
Entre los católicos que asistían a misa al menos una vez al mes, el porcentaje de creyentes en la presencia real era del 86 % para los católicos anteriores al Concilio Vaticano II, del 74 % para los católicos del Concilio Vaticano II, del 75 % para los católicos posteriores al Concilio Vaticano II y del 85 % para los millennials:[104] «Entre los católicos que asisten a misa al menos una vez al mes, los católicos de la generación millennial son tan propensos como los católicos anteriores al Concilio Vaticano II a estar de acuerdo en que Jesús está realmente presente en la Eucaristía (85 % frente a 86 %). Los católicos de la generación del Concilio Vaticano II y posteriores al Concilio Vaticano II son aproximadamente un 10 % menos propensos a creer que Cristo está realmente presente en la Eucaristía (74 % y 75 %, respectivamente)». También se indica en el diagrama de la misma página.
Un informe de Pew Research de 2019 reveló que el 69 % de los católicos estadounidenses creía que, en la Eucaristía, el pan y el vino «son símbolos del cuerpo y la sangre de Jesucristo», y solo el 31 % creía que, «durante la misa católica, el pan y el vino se convierten realmente en el cuerpo y la sangre de Jesús». De este último grupo, la mayoría (el 28 % de todos los católicos estadounidenses) afirmó saber que eso es lo que enseña la Iglesia, mientras que el 3 % restante dijo no saberlo. Del 69 % que dijo que el pan y el vino son símbolos, casi dos tercios (el 43 % de todos los católicos) dijeron que lo que creían era la enseñanza de la Iglesia, mientras que el 22 % dijo que lo creía a pesar de saber que la Iglesia enseña que el pan y el vino se convierten realmente en el cuerpo y la sangre de Cristo. Entre los católicos estadounidenses que asisten a misa al menos una vez a la semana, el grupo más practicante, el 63 % aceptaba que el pan y el vino se convierten realmente en el cuerpo y la sangre de Cristo; el 37 % restante veía el pan y el vino como símbolos, la mayoría de ellos (23 %) sin saber que la Iglesia, según la encuesta, enseña que los elementos se convierten realmente en el cuerpo y la sangre de Cristo, mientras que el 14 % restante rechazaba lo que se daba como enseñanza de la Iglesia.[105] El informe Pew presentó «la interpretación de que el pan y el vino utilizados en la comunión son símbolos del cuerpo y la sangre de Jesucristo» como contradictoria con la creencia de que «durante la misa católica, el pan y el vino se convierten realmente en el cuerpo y la sangre de Jesús». [105] La propia Iglesia católica se refiere al pan y al vino utilizados en la comunión tanto como «signos» como como «convirtiéndose» en el cuerpo y la sangre de Cristo: «[...] los signos del pan y el vino se convierten, de una manera que supera el entendimiento, en el Cuerpo y la Sangre de Cristo».[106]
En un comentario sobre el informe de Pew Research, Greg Erlandson llamó la atención sobre la diferencia entre la formulación de la encuesta CARA, en la que se podía elegir entre «Jesucristo está realmente presente en el pan y el vino de la Eucaristía» y «el pan y el vino son símbolos de Jesús, pero Jesús no está realmente presente», y la opción de Pew Research entre «durante la misa católica, el pan y el vino se convierten realmente en el cuerpo y la sangre de Jesús» y «el pan y el vino son símbolos del cuerpo y la sangre de Jesucristo». Cita una observación de Mark Gray según la cual la palabra «realmente» hace que suene como «algo que podría analizarse con un microscopio u observarse empíricamente», mientras que lo que enseña la Iglesia es que la «sustancia» del pan y el vino se transforma en la consagración, pero los «accidentes» o apariencias del pan y el vino permanecen. Erlandson comentó además: «Puede que los católicos no sean capaces de definir con claridad la «presencia real» y que la frase «transubstanciación» les resulte oscura, pero en su reverencia y comportamiento demuestran su creencia de que no se trata solo de un símbolo».[107]
Teología
Iglesia católica

Si bien la doctrina católica de la transubstanciación en relación con la Eucaristía puede considerarse en términos de la distinción aristotélica entre sustancia y accidente, los teólogos católicos sostienen generalmente que «al referirse a la Eucaristía, la Iglesia no utiliza los términos sustancia y accidente en sus contextos filosóficos, sino en el sentido común y ordinario en que se utilizaron por primera vez hace muchos siglos. El dogma de la transubstanciación no abarca ninguna teoría filosófica en particular».[109] Esta ambigüedad también fue reconocida por el entonces teólogo luterano Jaroslav Pelikan, [110] quien, aunque él mismo interpretaba los términos como aristotélicos, afirma que «la aplicación del término «sustancia» al debate sobre la presencia eucarística es anterior al redescubrimiento de Aristóteles. [...] Incluso la «transubstanciación» se utilizaba durante el siglo XII en un sentido no técnico. Esta evidencia da credibilidad al argumento de que la doctrina de la transubstanciación, tal y como fue codificada por los decretos del Cuarto Concilio de Letrán y los Concilios de Trento, no canonizó la filosofía aristotélica como indispensable para la doctrina cristiana. Pero, independientemente de si lo hizo o no en principio, sin duda lo hizo en la práctica».[111]
La opinión de que la distinción es independiente de cualquier teoría filosófica se ha expresado de la siguiente manera: «La distinción entre sustancia y accidentes es real, no solo imaginaria. En el caso de la persona, la distinción entre la persona y sus características accidentales es, después de todo, real. Por lo tanto, aunque la noción de sustancia y accidentes se originó en la filosofía aristotélica, la distinción entre sustancia y accidentes también es independiente del desarrollo filosófico y científico».[112] «Sustancia» aquí significa lo que algo es en sí mismo: tomemos un objeto concreto, por ejemplo, tu propio sombrero. La forma no es el objeto en sí mismo, ni tampoco lo es su color, tamaño, suavidad al tacto ni cualquier otra característica perceptible por los sentidos. El objeto en sí mismo (la «sustancia») «tiene» la forma, el color, el tamaño, la suavidad y otras apariencias, pero es distinto de ellas. Mientras que las apariencias son perceptibles por los sentidos, la sustancia no lo es.[113]
El término filosófico «accidentes» no aparece en las enseñanzas del Concilio de Trento sobre la transubstanciación, que se repiten en el «Catecismo de la Iglesia Católica».[114] Para lo que el Concilio distingue de la «sustancia» del pan y el vino, utiliza el término «especie»:
El Concilio de Trento resume la fe católica declarando: «Puesto que Cristo, nuestro Redentor, dijo que era verdaderamente su cuerpo lo que ofrecía bajo la especie del pan, siempre ha sido convicción de la Iglesia de Dios, y este santo Concilio lo declara ahora de nuevo, que por la consagración del pan y del vino se produce un cambio de toda la sustancia del pan en la sustancia del cuerpo de Cristo nuestro Señor y de toda la sustancia del vino en la sustancia de su sangre. A este cambio, la Santa Iglesia Católica ha llamado, de manera adecuada y apropiada, transubstanciación.[115]
El Catecismo de la Iglesia Católica cita al Concilio de Trento también en lo que respecta al modo de la presencia real de Cristo en la Eucaristía:
En el santísimo sacramento de la Eucaristía «están contenidos verdaderamente, realmente y sustancialmente el cuerpo y la sangre, junto con el alma y la divinidad, de nuestro Señor Jesucristo y, por lo tanto, todo Cristo». (Concilio de Trento (1551): DS 1651). «Esta presencia se llama «real», con lo que no se pretende excluir los otros tipos de presencia, como si no pudieran ser también «reales», sino porque es presencia en el sentido más pleno: es decir, es una presencia sustancial por la cual Cristo, Dios y hombre, se hace presente total y completamente» (Pablo VI, MF 39).[116]: 1374
La Iglesia católica sostiene que el mismo cambio de la sustancia del pan y del vino en la Última Cena continúa ocurriendo en la consagración de la Eucaristía[116]: 1377 [117] cuando las palabras se pronuncian in persona Christi «Este es mi cuerpo... esta es mi sangre». En las confesiones ortodoxas, se dice que el cambio comienza durante las Palabras dominicales o del Señor o Narrativa de la institución y se completa durante la Epíclesis.[118]
Al enseñar que Cristo ha resucitado de entre los muertos y está vivo, la Iglesia católica sostiene, además de la doctrina de la transubstanciación, que cuando el pan se transforma en su cuerpo, no solo está presente su cuerpo, sino que Cristo está presente en su totalidad («el cuerpo y la sangre, junto con el alma y la divinidad»). Lo mismo ocurre cuando el vino se transubstancia en la sangre de Cristo.[116] Esto se conoce como la doctrina de la concomitancia.
De acuerdo con la enseñanza dogmática de que Cristo está real, verdadera y sustancialmente presente bajo las apariencias del pan y el vino, y sigue estando presente mientras permanezcan esas apariencias, la Iglesia católica conserva los elementos consagrados, generalmente en un tabernáculo de iglesia, para administrar la Sagrada Comunión a los enfermos y moribundos.
En los argumentos que caracterizaron la relación entre el catolicismo y el protestantismo en el siglo XVI, el Concilio de Trento declaró sujeto a la pena eclesiástica de anatema a cualquiera que
...niegue que, en el sacramento de la Santísima Eucaristía, están contenidos verdadera, real y sustancialmente el cuerpo y la sangre, junto con el alma y la divinidad de nuestro Señor Jesucristo, y, por consiguiente, todo Cristo; pero diga que Él solo está allí como en un signo, o en figura, o en virtud [... y cualquiera que] diga que, en el sagrado y santo sacramento de la Eucaristía, la sustancia del pan y del vino permanece conjuntamente con el cuerpo y la sangre de nuestro Señor Jesucristo, y niega esa maravillosa y singular conversión de toda la sustancia del pan en el Cuerpo, y de toda la sustancia del vino en la Sangre —permaneciendo solo las especies del pan y del vino—, conversión que la Iglesia católica llama muy acertadamente transubstanciación, que sea anatema'.Concilio de Trento, citado en J. Waterworth (ed.), «El Concilio de Trento: La decimotercera sesión»[95]
La Iglesia Católica afirma que el pan y el vino consagrados no son meros «símbolos» del cuerpo y la sangre de Cristo: «son» el cuerpo y la sangre de Cristo.[119] También declara que, aunque el pan y el vino dejan de ser completamente pan y vino (al convertirse en el cuerpo y la sangre de Cristo), las apariencias (las «especies» o el aspecto) permanecen inalteradas, y las propiedades de las apariencias también permanecen (se puede beber con la apariencia de vino a pesar de que solo sea una apariencia). Siguen siendo las apariencias del pan y el vino, no de Cristo, y no son inherentes a la sustancia de Cristo. Se pueden sentir y saborear como antes, están sujetas a cambios y pueden destruirse. Si la apariencia del pan se pierde al convertirse en polvo o la apariencia del vino se pierde al convertirse en vinagre, Cristo ya no está presente.[120][121] Los signos esenciales del sacramento eucarístico son el pan de trigo y el vino de uva, sobre los que se invoca la bendición del Espíritu Santo y el sacerdote pronuncia las palabras de consagración pronunciadas por Jesús durante la Última Cena: «Este es mi cuerpo, que será entregado por vosotros. ... Esta es la copa de mi sangre ...». [122] Cuando los signos dejan de existir, también lo hace el sacramento.[123]
Según la doctrina católica, Cristo entero, cuerpo y sangre, alma y divinidad, está real, verdadera y sustancialmente presente en el sacramento, bajo cada una de las apariencias del pan y el vino, pero no está en el sacramento como en un lugar y no se mueve cuando se mueve el sacramento. No es perceptible ni por los sentidos ni por la imaginación, sino solo por el ojo intelectual.[124]
Tomás de Aquino expresó poéticamente esta percepción en el himno devocional «Adoro te devote»:
| Latín | Castellano |
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Una declaración oficial de la «Comisión Internacional Anglicano-Católica Romana» titulada «Doctrina eucarística», publicada en 1971, afirma que «la palabra «transubstanciación» se utiliza comúnmente en la Iglesia católica para indicar que Dios, actuando en la Eucaristía, efectúa un cambio en la realidad interna de los elementos. El término debe entenderse como una afirmación del «hecho» de la presencia de Cristo y del cambio misterioso y radical que tiene lugar. En la teología católica no se entiende como una explicación de «cómo» se produce el cambio».[125] En la partícula más pequeña de la hostia o en la gota más pequeña del cáliz está presente Jesucristo mismo: «Cristo está presente por completo en cada una de las especies y por completo en cada una de sus partes, de tal manera que el partir el pan no divide a Cristo».[126]
Cristianismo oriental
Mientras que la La disputa del Sacramento tuvo lugar en la Iglesia occidental tras el Gran Cisma, las Iglesias orientales no se vieron afectadas en gran medida por ella. El debate sobre la naturaleza de la «transubstanciación» en la ortodoxia griega comienza en el siglo XVII, con Cirilo Lukaris, cuya obra «La confesión oriental de la fe ortodoxa» se publicó en latín en 1629. El término griego «metousiosis» (μετουσίωσις) se utilizó por primera vez como traducción del latín transubstantiatio en la edición griega de la obra, publicada en 1633.
Las católicas orientales, ortodoxas orientales y Iglesia ortodoxa, junto con la Iglesia asiria del Oriente, coinciden en que, en una Divina Liturgia válida, el pan y el vino se convierten verdadera y realmente en el cuerpo y la sangre de Cristo. En las confesiones ortodoxas, se dice que el cambio comienza durante la Liturgia de preparación y se completa durante la Epíclesis. Sin embargo, hay documentos oficiales de la Iglesia que hablan de un «cambio» (en griego μεταβολή) o «metousiosis» (μετουσίωσις) del pan y el vino. «Μετ-ουσί-ωσις» (“'met-ousi-osis”') es la palabra griega utilizada para representar la palabra latina «trans-substanti-atio»[127][128] ya que el griego «μετα-μόρφ-ωσις» («meta-morph-osis») corresponde al latín «trans-figur-atio». Ejemplos de documentos oficiales de la Iglesia Ortodoxa Oriental que utilizan el término «μετουσίωσις» o «transubstanciación» son el «Catecismo extenso de la Iglesia Ortodoxa, Católica y Oriental» (pregunta 340)[129] y la declaración del Concilio de Jerusalén (1672):
En la celebración [de la Eucaristía] creemos que el Señor Jesucristo está presente. No está presente de manera típica, ni figurativa, ni por gracia sobreabundante, como en los otros Misterios, ni por mera presencia, como han dicho algunos de los Padres con respecto al Bautismo, ni por impanation, de modo que la Divinidad del Verbo se une hipostáticamente al pan expuesto de la Eucaristía, como suponen de manera ignorante y miserable los seguidores de Lutero. Pero [está presente] verdadera y realmente, de modo que después de la consagración del pan y del vino, el pan es «transmutado, transubstanciado, convertido y transformado» en el verdadero Cuerpo mismo del Señor, que nació en Belén de la siempre Virgen, fue bautizado en el Jordán, padeció, fue sepultado, resucitó, fue recibido, está sentado a la derecha de Dios Padre y volverá en las nubes del cielo; y el vino se convierte y transubstancia en la verdadera Sangre del Señor, que, colgado en la cruz, fue derramada por la vida del mundo.[130]
La forma en que el pan y el vino se convierten en el cuerpo y la sangre de Cristo nunca ha sido definida dogmáticamente por las Iglesias Ortodoxas Orientales. Sin embargo, San Teodoro el Estudita escribe en su tratado «Sobre los santos iconos»: «porque confesamos que los fieles reciben el mismo cuerpo y la misma sangre de Cristo, según la voz del mismo Dios».[131] Esto era una refutación a los iconoclastas, que insistían en que la eucaristía era el único icono verdadero de Cristo. Por lo tanto, se puede argumentar que, al formar parte del «horos» dogmático contra la herejía iconoclasta, la enseñanza sobre la «presencia real» de Cristo en la eucaristía es, de hecho, un dogma de la Iglesia Ortodoxa Oriental.
Protestantismo
Luteranismo
Los luteranos rechazan explícitamente la transubstanciación[132] creyendo que el pan y el vino siguen siendo plenamente pan y plenamente vino, al tiempo que son verdaderamente el cuerpo y la sangre de Jesucristo.[133][134][135][136] Las iglesias luteranas, en cambio, hacen hincapié en la unión sacramental[137] (no exactamente la consubstanciación, como se afirma a menudo)[138] y creen que, dentro de la celebración eucarística, el cuerpo y la sangre de Jesucristo están objetivamente presentes «en, con y bajo las formas» del pan y el vino (cf. Libro de Concordia).[133] Ponen gran énfasis en las instrucciones de Jesús de «tomad y comed» y «tomad y bebed», sosteniendo que este es el uso adecuado y divinamente ordenado del sacramento y, aunque le profesan la debida reverencia, evitan escrupulosamente cualquier acción que pueda indicar o conducir a la superstición o al temor indigno del sacramento.[134]
Iglesias reformadas
La tradición reformada (reformada continental, Presbiteriana, Congregacionalista y Anglicana clásica) sostiene la visión de Juan Calvino de la «presencia neumática» o «alimentación espiritual», una presencia real del Espíritu Santo para aquellos que tienen fe. Calvino «puede considerarse que ocupa una posición aproximadamente intermedia» entre las doctrinas de Martín Lutero, por un lado, y Huldrych Zwingli, por otro. Enseñó que «lo que se significa se efectúa por su signo», declarando: «Los creyentes deben vivir siempre según esta regla: cada vez que vean símbolos designados por el Señor, deben pensar y estar convencidos de que la verdad de lo que se significa está seguramente presente allí. ¿Por qué iba el Señor a poner en vuestras manos el símbolo de su cuerpo, si no fuera para aseguraros que realmente participáis de él? Y si es cierto que se nos da un signo visible para sellar el don de algo invisible, cuando hayamos recibido el símbolo del cuerpo, tengamos la seguridad de que el cuerpo mismo también nos ha sido dado».[139]
Anglicanismo
Isabel I dio su consentimiento real a los 39 Artículos. Los Artículos declaraban que «la transubstanciación (o el cambio de la sustancia del pan y el vino) en la Cena del Señor no puede demostrarse mediante las Sagradas Escrituras, sino que es repugnante a las claras palabras de la Escritura, derriba la naturaleza de un sacramento y ha dado lugar a muchas supersticiones». El Acuerdo Isabelino aceptaba la presencia real de Cristo en el sacramento, pero se negaba a definirla, prefiriendo dejarla como un misterio. De hecho, durante muchos años fue ilegal en Gran Bretaña ocupar un cargo público y creer en la transubstanciación, según la Ley de Prueba de 1673. El arzobispo John Tillotson condenó la «verdadera barbarie de este sacramento y rito de nuestra religión», considerando una gran impiedad creer que las personas que asisten a la Santa Comunión «verdaderamente comen y beben la carne y la sangre naturales de Cristo». ¿Y qué puede hacer un hombre más indigno hacia un amigo? ¿Cómo puede tratarlo de forma más bárbara que darse un festín con su carne y su sangre vivas?» (Discurso contra la transubstanciación, Londres, 1684, 35). En la Iglesia de Inglaterra actual, se exige al clero que acepte que los 39 artículos han dado testimonio de la fe cristiana.[140]
Metodismo
Los metodistas creen en la presencia espiritual real de Cristo en el pan y el vino (o zumo de uva), mientras que, al igual que los presbiterianos, rechazan la transubstanciación.[141] El metodismo heredó la visión reformada de la Cena del Señor a través de los Veinticinco artículos, en los que el artículo XVIII postula una presencia espiritual real de Cristo en la Eucaristía, señalando que «el cuerpo de Cristo es dado, tomado y comido en la Cena, solo de una manera celestial y espiritual».[142][141] Según la Iglesia Metodista Unida, «Jesucristo, que «es el reflejo de la gloria de Dios y la impronta exacta de su ser»,[143] está verdaderamente presente en la Santa Comunión.»[144]
Transubstanciación y Milagros Eucarísticos

Hay diferentes tipos de milagros eucarísticos pero en especial uno de ellos y nos referimos no solo a la forma en la que se da la Presencia real sino a fenómenos inexplicables, como Hostias consagradas que se transforman visiblemente en tejido miocárdico, que se conservan durante períodos de tiempo extremadamente largos, que sobreviven a ser arrojadas al fuego, que sangran o incluso que sostienen a personas durante décadas, y que la Iglesia Católica entiende como milagros que demuestran la transubstanciación. El Santo Carlo Acutis fue un joven católico italiano nacido en Inglaterra y diseñador de páginas web, conocido sobre todo porque documentó al menos 110 milagros eucarísticos en todo el mundo y catalogarlos en una página web que creó antes de morir de leucemia. El doctor Ricardo Castañón Gómez , participó en la demostración por el método científico, de la veracidad de los hechos en varios de los últimos años.
Listado de Carlo Acutis. Milagros de transubstanciación
| Ciudad Milagro | Año | País | Resumen |
|---|---|---|---|
| Lanciano | 750 | Italia | La Hostia se convierte en carne; el vino en sangre. Sacerdote dudoso |
| Ivorra | 1010 | España | Vino en Sangre Sacerdote |
| Ferrara | 1171 | Italia | Hostia sangrante. Manchas en el techo. |
| Brujas ] | 1203 | Bélgica | Relicto de la sangre de Jesús |
| Benningen | 1216 | Alemania | Anfitrión sangrante |
| Meerssen | 1222 | Holanda | Anfitrión sangrante |
| Alatri | 1228 | Italia | El anfitrión es robado y se convierte en carne. |
| Florencia | 1230 | Italia | El vino se convierte en sangre. |
| Daroca | 1239 | España | Hostia sangrante; Llevado a la victoria militar |
| Santarém | 1247 | Portugal | Hostia Sangrante se convierte en carne |
| Bolsena | 1264 | Italia | Hostia se convierte en carne. El Papa y T. Aquino son testigos de la hostia. |
| Offida | 1273 | Italia | Anfitrión se convierte en carne después de intentar usarlo en brujería. |
| Gruaro (Valvasone) | 1294 | Italia | Hostia sangrante |
| Gerona | 1297 | España | Hostia Sangrante; Sacerdote dudoso; Sacerdote no pudo tragar Hostia. |
| O'Cebreiro | 1300 | España | Anfitrión de la carne; sacerdote dudoso |
| Fiecht ] | 1310 | Austria | El vino se convierte en sangre hierve desborda el cáliz, sacerdote dudoso |
| Herkenrode-Hasselt | 1317 | Bélgica | Hostia sangrante |
| Casia | 1330 | Italia | Hostia sangrante |
| Blanot | 1331 | Francia | Hostia sangrante |
| Cracovia | 1345 | Polonia | Hostia robada encontrada iluminada |
| Macerata | 1356 | Italia | Hostia Sangrante; Sacerdote dudoso |
| Cimbala | 1370 | España | Hostia sangrante; sacerdote dudoso |
| Bruselas ] | 1370 | Bélgica | Hostia Sangrante; Hostia robada |
| Middleburg-Lovanio | 1374 | Bélgica | Hostia Sangrante |
| Boxtel-Hoogstraten | 1380 | Holanda | Sacerdote accidental de caer vino.El vino se combierte en sangre |
| Seefeld ] | 1384 | Austria | Terremoto al mismo tiempo que la hostia sangra. |
| Boxmeer | 1400 | Holanda | Vino convertido en sangre |
| Bosque Señor Isaac ] | 1405 | Bélgica | Anfitrión sangrante |
| Ludbreg | 1411 | Croacia | Vino convertido en sangre |
| Weiten-Raxendorf ] | 1411 | Austria | Anfitrión sangrante |
| Bagno di Romagna | 1412 | Italia | Hostia sangrante; Sacerdote dudoso |
| Guadalupe | 1420 | España | Hostia sangrante |
| Bergen | 1421 | Holanda | Sacerdote dudoso arroja Hostias al río. Hostias encontradas sangrando |
| Alkmaar | 1429 | Holanda | El vino se convierte en sangre. |
| Dijon | 1430 | Francia | Anfitrión sangrante |
| Asti | 1535 | Italia | Anfitrión sangrante |
| Gorkum-El Escorial | 1572 | España | Hostia sangrante. Profanada antes de sangrar |
| Roma | 1610 | Italia | Hostia se convierte en carne |
| Betania | 1991 | Venezuela | Hostia sangrante |
| Buenos Aires ] | 1992-1994-1996 | Argentina | Anfitrión sangrante |
| Tixtla ] | 2006 | México | Hostia sangrante |
| Fuente Avellana | siglo XI | Italia | Hostia se convierte en carne; iba a ser usado en brujería; atestiguada por San Pedro Damián |
| Trani | siglo XI | Italia | Hostia sangrante. Robado, el ladrón intenta freír la hostia, la hostia sangra. |
| Roma | Siglos VI-VII | Italia | Elómnibus se hace carne |