Universidad de La Habana
universidad cubana
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La Universidad de La Habana (UH) es una universidad pública cubana con sede en la ciudad de La Habana. Fundada el 5 de enero de 1728, es la institución de educación superior más antigua de Cuba. Su campus principal se encuentra en la Loma de Aróstegui, en el barrio de El Vedado, y constituye uno de los principales conjuntos universitarios históricos del país.
| Universidad de La Habana | ||
|---|---|---|
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Fachada frontal de la Universidad en 2020 | ||
| Sigla | UH | |
| Sobrenombre | "El Alma Mater" | |
| Lema | "Alentando la llama de la verdad" | |
| Tipo | Pública | |
| Fundación | 5 de enero de 1728 (298 años) | |
| Fundador | Inocencio XIII y Felipe V de España | |
| Localización | ||
| Dirección |
La Habana, | |
| Coordenadas | 23°08′03″N 82°22′55″O | |
| Administración (2025) | ||
| Rector | Dr.C. Miriam Nicado García | |
| Afiliaciones | Ministerio de Educación Superior, UDUAL | |
| Gobierno Estudiantil | FEU | |
| Academia | ||
| Docentes | 1 935 (2025) | |
| Estudiantes | 15 912 (2025) | |
| • Doctorado | 797 | |
| Colores | Vino | |
| Sitio web | ||
| https://www.uh.cu | ||
La universidad desarrolla actividades de enseñanza, investigación científica y formación de posgrado en diversas ramas de las ciencias naturales, las ciencias exactas, las ciencias sociales, las ciencias económicas y las humanidades. Su estructura académica comprende facultades, institutos y centros de investigación.
El conjunto arquitectónico de la denominada Colina Universitaria, caracterizado por su composición monumental y sus edificios de inspiración neoclásica y ecléctica, fue declarado monumento nacional de Cuba en 1978. Entre sus principales espacios se encuentran el Aula Magna, la escalinata y el edificio del Rectorado.
Historia
Etapa colonial
Fundación y primeros años
La Universidad de La Habana fue fundada el 5 de enero de 1728 bajo el patrocinio del convento de Santo Domingo, también conocido como San Juan de Letrán. Su creación estuvo precedida por una prolongada disputa entre los dominicos y los jesuitas por el derecho a conferir grados académicos en La Habana. La autorización pontificia había sido obtenida de Inocencio XIII en 1721, aunque su llegada a Cuba y la puesta en funcionamiento de la institución se demoraron varios años. El obispo de Cuba, Gerónimo Valdés, partidario de los jesuitas, no asistió al acto fundacional.[1]
Durante el siglo XVIII y las primeras décadas del XIX, la universidad estuvo estrechamente vinculada al modelo universitario del Antiguo Régimen español. La enseñanza permaneció dominada por la escolástica y la tradición aristotélico-tomista, mientras que la institución se orientaba principalmente a la formación de miembros del clero, funcionarios de la Corona y profesionales, especialmente médicos. Sus estatutos establecían además restricciones de carácter religioso y racial para el acceso a la matrícula y a los grados académicos.[1]
La universidad se desarrolló en un contexto en el que la sociedad habanera experimentaba una expansión económica y cultural que no encontraba un equivalente en la estructura de la enseñanza superior. El Real y Pontificio Seminario de San Carlos y San Ambrosio y las Sociedades Económicas de Amigos del País desempeñaron un papel importante en la introducción y difusión de nuevos conocimientos. En particular, el Seminario de San Carlos incorporó planteamientos asociados con Descartes e Newton y concedió mayor importancia a las matemáticas y la física.[1]
La creciente diferencia entre la renovación intelectual que se producía fuera de la universidad y el carácter tradicional de sus estudios dio lugar a críticas entre intelectuales y sectores de las élites económicas cubanas. Desde finales del siglo XVIII se formularon propuestas para ampliar la libertad de enseñanza, modificar los planes de estudio e introducir disciplinas científicas y métodos de orientación empírica. Estas demandas no siguieron una trayectoria política uniforme, pero contribuyeron al desarrollo de una cultura intelectual diferenciada de la metrópoli.[1]
Durante las primeras décadas del siglo XIX se produjeron algunos intentos de reforma. El constitucionalismo español tuvo una influencia limitada sobre la universidad, mientras que el proyecto de reforma asociado al Plan Calomarde de 1824 produjo modificaciones parciales. La presión por transformar la enseñanza superior aumentó durante las décadas de 1830 y 1840. Entre las propuestas de los reformistas se encontraban la sustitución de la enseñanza aristotélica por corrientes empiristas, una mayor atención a las ciencias y una aproximación de la universidad a los modelos educativos europeos.[1]
Secularización y reorganización de 1842
Un cambio fundamental se produjo en 1842, cuando la Universidad de San Gerónimo dejó de estar bajo el régimen universitario del Antiguo Régimen y pasó a integrarse en el sistema educativo secular establecido por el Estado español. La reforma formó parte de un proceso de centralización y uniformización de la enseñanza superior inspirado en el liberalismo español. La universidad adoptó planes de estudio más próximos a los de las universidades de la península y la designación del profesorado pasó a depender de procedimientos administrativos controlados desde España.[1]
La reforma también modificó la relación entre la universidad y la sociedad habanera. Las élites locales perdieron parte de la presencia institucional que habían mantenido a través del clero y de otros miembros del cuerpo universitario, mientras aumentaba la intervención de la administración metropolitana. Aunque la reforma introdujo elementos de modernización académica, en el contexto colonial también reforzó los mecanismos de control político y administrativo de la metrópoli.[1]El antiguo convento de San Juan de Letrán dejó de pertenecer a los dominicos en este proceso. En octubre de 1842 la orden abandonó el edificio, que quedó bajo control estatal y continuó siendo la sede de la enseñanza universitaria hasta el traslado de la institución a comienzos del siglo XX.[1]
Durante las décadas siguientes se produjeron nuevas reformas. En 1863 se implantó un nuevo plan de estudios basado en las modificaciones introducidas en España por la Ley Moyano de 1857, adaptadas al contexto cubano. Los estudios preparatorios fueron separados de la universidad y trasladados a los institutos de enseñanza correspondientes. La homologación del régimen docente con el de las universidades peninsulares se completó progresivamente durante las décadas de 1860 y 1870.[1]
Universidad y conflicto político
La introducción de la política en la vida universitaria fue gradual. Según Hernández Sandoica, una de las primeras manifestaciones documentadas tuvo lugar en 1851, cuando dos estudiantes colocaron en la puerta de la biblioteca universitaria un dibujo relacionado con Narciso López. El episodio llevó al capitán general José Gutiérrez de la Concha a proponer el cierre de la universidad y su sustitución por colegios especializados, aunque la propuesta no prosperó.[1]La politización de la universidad se hizo más visible durante la segunda mitad del siglo XIX, en paralelo con el incremento de las tensiones entre sectores de la sociedad cubana y la administración colonial española. En este contexto adquirió especial importancia el fusilamiento de estudiantes de Medicina ocurrido en 1871, episodio que tuvo una fuerte significación política y simbólica en la memoria histórica cubana. La represión posterior afectó a la vida universitaria y estuvo acompañada por una mayor intervención de las autoridades coloniales.[1]
En el otoño de 1871 la Universidad de La Habana perdió temporalmente la facultad de conferir grados de doctor. El decreto que estableció esta medida vinculó explícitamente la reorganización de la enseñanza con el objetivo de reforzar la dominación española en Cuba. La medida coincidió con la Guerra de los Diez Años y con una política de mayor control sobre las instituciones educativas.[1] El doctorado fue restablecido en septiembre de 1878, inicialmente para las facultades de Medicina, Derecho y Farmacia. En 1880 se implantó un nuevo plan de estudios destinado a corregir algunas de las anomalías derivadas de las medidas adoptadas en 1871. Estas reformas permitieron cierta recuperación de la actividad académica, aunque no modificaron de manera sustancial la estructura administrativa de la universidad ni su dependencia del sistema educativo español.[1]
Durante las últimas décadas del dominio español se produjo una progresiva incorporación de profesores vinculados a posiciones reformistas y autonomistas. Al mismo tiempo, continuó la homologación administrativa de la universidad con las instituciones peninsulares. En 1892 el gobierno español volvió a suprimir el doctorado, para restablecerlo al año siguiente después de las protestas provocadas por la medida. Entre 1893 y 1895 se aprobaron nuevas disposiciones destinadas a regular el escalafón, los ascensos y los concursos del profesorado.[1]
Al comenzar la guerra de independencia en 1895, la Universidad de La Habana conservaba todavía una estructura académica estrechamente vinculada al modelo universitario español. Hernández Sandoica señala que, pese a las reformas científicas y docentes introducidas durante el siglo XIX y a la presencia de corrientes reformistas y autonomistas entre profesores y estudiantes, no puede considerarse que durante el período colonial se hubiera producido ya la formación de una universidad plenamente cubana. La independencia de Cuba en 1898 puso fin al marco colonial en el que se había desarrollado esta etapa de la institución.[1]
Periodo republicano (1902-1959)
Con el establecimiento de la República de Cuba en 1902, la Universidad de La Habana inició una nueva etapa institucional. Las reformas educativas impulsadas durante la segunda ocupación estadounidense, particularmente el denominado Plan Varona elaborado bajo la dirección de Enrique José Varona, promovieron una enseñanza de carácter laico, científico y orientada a las necesidades del desarrollo del país.[2] En este contexto, entre el 1 y el 7 de mayo de 1902 se efectuó el traslado de la institución desde el antiguo convento de San Juan de Letrán, en La Habana Vieja, hacia los terrenos de la antigua Pirotecnia Militar, en la Loma de Aróstegui del El Vedado, donde se desarrollaría el campus universitario que conserva hasta la actualidad.[3]
Durante las primeras décadas republicanas, la universidad experimentó un proceso de renovación académica y científica, aunque persistieron estructuras docentes consideradas anacrónicas por sectores del profesorado y del estudiantado. A comienzos de la década de 1920 cobró fuerza un movimiento de reforma universitaria influido por la Reforma de Córdoba. El 20 de diciembre de 1922 se constituyó la Federación Estudiantil Universitaria (FEU), que reclamó una mayor participación de los estudiantes en el gobierno de la institución, la depuración del claustro y la autonomía universitaria.[4]
En octubre de 1923 se celebró en el Aula Magna el Primer Congreso Nacional de Estudiantes, que convirtió las demandas de reforma en un programa más amplio de transformación universitaria y de vinculación de la institución con la sociedad. Entre sus principales dirigentes destacó Julio Antonio Mella, quien defendió la participación estudiantil en el gobierno universitario y una concepción social de la educación superior. En ese mismo proceso se creó la Universidad Popular José Martí, inaugurada en noviembre de 1923 con el propósito de ampliar el acceso de los trabajadores a la educación y estrechar los vínculos entre estudiantes, intelectuales y organizaciones obreras. La institución fue clausurada definitivamente por el gobierno de Gerardo Machado en 1927.[4] El enfrentamiento entre el movimiento estudiantil y el gobierno de Machado se intensificó a finales de la década de 1920. La Universidad fue cerrada por las autoridades en diciembre de 1930, en el contexto de la creciente represión contra la oposición al régimen, y permaneció clausurada hasta 1933.[5]
La caída de Machado en 1933 abrió una nueva etapa. El 6 de octubre de ese año, durante el gobierno provisional de Ramón Grau San Martín, se concedió a la Universidad de La Habana la autonomía universitaria. Esta fue suspendida al año siguiente por el gobierno de Carlos Mendieta, pero volvió a reconocerse mediante la Ley Docente de 1937, durante la presidencia de Federico Laredo Brú. La Constitución cubana de 1940 incorporó posteriormente la autonomía universitaria a nivel constitucional.[5][2] Durante esta etapa también se desarrollaron instrumentos para la actividad científica y académica. En 1934 se creó la imprenta universitaria y comenzó a publicarse la revista *Universidad de La Habana*, destinada a la difusión de trabajos científicos y académicos. Asimismo, las transformaciones institucionales de la década de 1930 incluyeron la consolidación de los estatutos universitarios y del Consejo Universitario, así como la gratuidad de la matrícula en algunas carreras, lo que contribuyó a modificar parcialmente la composición social del alumnado.[2]

La universidad mantuvo durante las décadas siguientes una marcada presencia en la vida pública cubana. El estudiantado participó activamente en los conflictos políticos nacionales y la FEU se convirtió en una de las principales organizaciones de representación estudiantil. Tras el golpe de Estado del 10 de marzo de 1952 encabezado por Fulgencio Batista, la oposición estudiantil al nuevo régimen se intensificó y la Universidad se convirtió nuevamente en uno de los principales escenarios de movilización política. En este contexto, dirigentes estudiantiles como José Antonio Echeverría desempeñaron un papel destacado en la oposición a Batista.<[5] En noviembre de 1956, en un contexto de creciente conflictividad política y de enfrentamientos entre el movimiento estudiantil y las autoridades, el Consejo Universitario decidió suspender indefinidamente las actividades docentes. La Universidad permaneció cerrada durante los últimos años del gobierno de Batista y reanudó sus actividades en mayo de 1959, después del triunfo de la Revolución cubana.[2]
Después de la Revolución
Transformación revolucionaria y Reforma Universitaria
Tras el triunfo de la Revolución cubana el 1 de enero de 1959, la Universidad de La Habana reanudó sus actividades el 11 de mayo de ese año, después de permanecer cerrada desde noviembre de 1956. La institución experimentó una profunda transformación de sus funciones, estructura y composición social, en el marco de la reorganización general de la educación y de las instituciones del Estado cubano.[6]
Durante los primeros años se produjo un proceso de reforma impulsado por el Gobierno revolucionario y por sectores del movimiento estudiantil y del profesorado. En 1960 se creó el Consejo Superior de Universidades, encargado de establecer las bases para la reorganización de las universidades nacionales. Este proceso culminó con la promulgación, el 10 de enero de 1962, de la Ley de Reforma de la Enseñanza Superior.[7]
La reforma modificó la organización de los estudios, los planes de enseñanza y las estructuras docentes, al tiempo que estableció nuevos principios para la relación entre la universidad, la investigación científica y las necesidades económicas y sociales del país. Se amplió el acceso a la educación superior y se estableció la gratuidad de los estudios universitarios como parte de la política educacional desarrollada después de 1959.[7][6]
La transformación también afectó al profesorado y al estudiantado. La reforma estuvo acompañada de un proceso de renovación del claustro y de incorporación de nuevos sectores sociales a la universidad. Paralelamente, la enseñanza superior cubana pasó a orientarse hacia las necesidades del nuevo sistema económico y social y hacia una mayor integración entre docencia, investigación y actividad productiva.[6]
Uno de los cambios ideológicos de mayor alcance fue la incorporación del marxismo-leninismo a la enseñanza universitaria. Como consecuencia de la Reforma de 1962 se creó el Departamento de Filosofía de la Universidad de La Habana, encargado inicialmente de impartir filosofía marxista en las distintas carreras. Durante sus primeros años, el departamento evolucionó desde una orientación marxista de carácter ortodoxo y basada en manuales soviéticos hacia posiciones que buscaban una interpretación más vinculada con la experiencia cubana, el antiimperialismo y los procesos del llamado Tercer Mundo.[8]
La reorganización produjo asimismo una expansión y diversificación de la Universidad. Las antiguas cátedras fueron sustituidas progresivamente por departamentos docentes y se crearon nuevas especialidades. Durante los años sesenta se desarrollaron carreras vinculadas con las necesidades económicas y sociales del país, al tiempo que aumentó el peso de la investigación científica dentro de la institución.[9]
Reorganización de la educación superior
En 1976 se creó el Ministerio de Educación Superior, que asumió la dirección de la política universitaria nacional. La creación del nuevo organismo marcó el final de la etapa iniciada con la Reforma Universitaria de 1962 y el comienzo de una nueva organización del sistema de educación superior cubano.[6]
La reorganización implicó una reducción de las funciones que hasta entonces había concentrado la Universidad de La Habana. Varias de sus facultades y centros pasaron a constituir instituciones independientes. Entre ellas estuvieron las áreas de tecnología, pedagogía, ciencias médicas y agropecuarias, así como diversas filiales universitarias existentes fuera de La Habana. El Centro Nacional de Investigaciones Científicas también dejó de formar parte de la Universidad.[10]
Como consecuencia, la Universidad de La Habana quedó progresivamente especializada en las ciencias sociales, las humanidades, las ciencias naturales y exactas y determinados campos económicos. Paralelamente, se consolidó como uno de los principales centros de investigación científica y de formación de posgrado del país.[10]
La creación del Ministerio de Educación Superior coincidió con una expansión territorial de la educación universitaria cubana. Durante la segunda mitad de la década de 1970 y los años ochenta se multiplicaron las instituciones, filiales y sedes universitarias en las provincias, al tiempo que aumentó considerablemente la matrícula nacional. A finales de 1979 comenzó además la educación a distancia, que amplió las vías de acceso a los estudios superiores.<[6]
De la crisis de los años noventa a la actualidad
La desaparición de la Unión Soviética y la crisis económica que afectó a Cuba durante la década de 1990 tuvieron consecuencias sobre el sistema de educación superior. La matrícula de pregrado disminuyó durante la primera mitad de la década, mientras adquirieron mayor importancia la formación de posgrado y la investigación científica. En este contexto, las universidades fueron llamadas a incrementar su participación en la investigación y a contribuir a la búsqueda de soluciones para los problemas económicos y tecnológicos del país.[6]
Durante las décadas siguientes, la Universidad de La Habana consolidó su perfil como institución especializada en ciencias sociales, económicas, humanidades y ciencias naturales y exactas. Su actividad se extendió a la investigación, la formación de posgrado y la cooperación académica internacional. Estudios sobre la institución señalan que, tras la reorganización de 1976, llegó a estructurarse en un conjunto de facultades y centros de investigación dedicados a esas áreas.[10]
La Universidad también mantuvo una importante actividad de internacionalización y cooperación académica. La política de educación superior cubana desarrollada desde 1976 incorporó progresivamente programas de intercambio, colaboración científica y formación de estudiantes extranjeros, dentro de la política internacional del Estado cubano.[11]
En el siglo XXI, la Universidad de La Habana continuó ampliando sus actividades de investigación, formación de posgrado y cooperación internacional. La institución mantiene un perfil multidisciplinario, con facultades y centros dedicados a las ciencias naturales y exactas, las ciencias sociales, las ciencias económicas y las humanidades, y constituye uno de los principales centros de educación superior e investigación científica de Cuba.[11]
Organización académica
La Universidad de La Habana desarrolla sus actividades docentes y científicas mediante facultades, institutos y centros de estudios e investigación. Su estructura académica abarca las ciencias naturales y exactas, las ciencias sociales y económicas y las humanidades, además de otras áreas vinculadas con el diseño, la farmacia y los alimentos y las tecnologías aplicadas.[12]
Facultades e institutos
La estructura académica de la Universidad de La Habana comprende 16 facultades y tres institutos. En ella se imparten programas correspondientes a distintas ramas de las ciencias naturales y exactas, las ciencias sociales, las ciencias económicas y las humanidades.[13]
Entre las facultades se encuentran las de Derecho, Economía, Contabilidad y Finanzas, Geografía, Matemática y Computación, Filosofía, Historia y Sociología, Psicología, Biología, Artes y Letras, Lenguas Extranjeras, Física, Química, Comunicación y Turismo. La universidad cuenta asimismo con estructuras académicas dedicadas a la conservación y restauración del patrimonio y a la enseñanza del español para no hispanohablantes.[13]
Los institutos vinculados a la Universidad de La Habana comprenden el Instituto Superior de Tecnologías y Ciencias Aplicadas, el Instituto Superior de Diseño y el Instituto de Farmacia y Alimentos. Estas instituciones desarrollan actividades de formación, investigación y posgrado en sus respectivos campos de especialización.[13]
La organización académica de la universidad ha experimentado modificaciones importantes a lo largo del siglo XX. En particular, la creación del Ministerio de Educación Superior en 1976 supuso la separación de varias áreas que anteriormente formaban parte de la Universidad de La Habana, entre ellas las relacionadas con las ciencias médicas, pedagógicas, agropecuarias y tecnológicas. Como consecuencia, la universidad concentró progresivamente sus actividades en las ciencias naturales y exactas, las ciencias sociales y económicas y las humanidades.[12]
Enseñanza
La Universidad de La Habana ofrece estudios de pregrado y posgrado en diversas áreas del conocimiento. En el pregrado cuenta con 36 carreras universitarias, distribuidas entre sus facultades e institutos.[13]
La formación universitaria se complementa con programas de posgrado, que incluyen maestrías y doctorados. La formación avanzada se encuentra estrechamente vinculada con las actividades de investigación de las facultades y centros de estudios de la institución. Ya desde las últimas décadas del siglo XX, la investigación científica había adquirido un papel relevante en los programas de pregrado y posgrado de la universidad.[12]
La investigación también forma parte de la formación de los estudiantes de grado. En distintas facultades se han desarrollado grupos científicos estudiantiles y actividades de investigación vinculadas con los programas académicos. En la Facultad de Turismo, por ejemplo, se ha documentado la incorporación sistemática de actividades investigativas en la formación de los estudiantes y el desarrollo de grupos de trabajo científico estudiantil desde finales de la década de 2010.[14]
Investigación
La investigación científica constituye una de las funciones fundamentales de la Universidad de La Habana. Su desarrollo institucional adquirió especial importancia a partir de la segunda mitad del siglo XX, cuando se consolidaron grupos y centros especializados en diferentes campos científicos. Entre ellos se encontraron el Centro de Estudios Demográficos, el Centro de Investigaciones Marinas y diversos laboratorios dedicados a la electrónica, la fisiología vegetal y otras áreas de las ciencias naturales.[12]
La reorganización de la educación superior de 1976 modificó también la estructura de investigación de la Universidad. La separación de las antiguas facultades de tecnología, pedagogía, ciencias médicas y ciencias agropecuarias, así como del Centro Nacional de Investigaciones Científicas, redujo el ámbito disciplinario de la institución. En las décadas posteriores, la Universidad desarrolló un sistema de facultades y centros de investigación o estudios especializado principalmente en las ciencias exactas y naturales, las ciencias sociales y económicas y las humanidades.[12]
Los centros de investigación y estudios constituyen una parte importante de la organización científica de la Universidad de La Habana. Sus actividades comprenden campos como los estudios demográficos, económicos, educativos, sociales, culturales y de relaciones internacionales, así como investigaciones en ciencias naturales y exactas. Esta estructura permite desarrollar proyectos de carácter interdisciplinario y vincular la investigación con la formación de posgrado.[15]
La investigación científica se desarrolla asimismo dentro de las propias facultades. La gestión de la actividad investigadora comprende la definición de líneas de investigación, grupos y proyectos, y su articulación con los programas docentes. En la Facultad de Comunicación, por ejemplo, se han establecido líneas y proyectos de investigación vinculados con las ciencias de la información, el periodismo y la comunicación social, además de proyectos interdisciplinarios.[16]
La investigación también está vinculada a la formación doctoral. El Centro de Estudios para el Perfeccionamiento de la Educación Superior ha desarrollado actividades relacionadas con la formación y evaluación de programas doctorales y con el estudio de los procesos de formación avanzada en la Universidad de La Habana.[17]
La actividad científica se extiende también al alumnado de pregrado. Estudios realizados en la Universidad de La Habana han identificado la participación de estudiantes en actividades científicas y han señalado la importancia de la motivación hacia la investigación durante la formación profesional. En particular, una investigación realizada con estudiantes destacados de la institución durante el curso 2021 encontró una valoración favorable hacia la actividad científica, aunque también señaló la necesidad de fortalecer determinados componentes de su formación investigadora.[18]
Arquitectura

El conjunto arquitectónico principal de la Universidad de La Habana se encuentra en la Loma de Aróstegui, en el barrio de El Vedado. La universidad se trasladó a este emplazamiento en mayo de 1902, ocupando terrenos y construcciones de la antigua Pirotecnia Militar. La consolidación arquitectónica del campus se prolongó durante las primeras cuatro décadas del siglo XX y estuvo a cargo de numerosos arquitectos y empresas constructoras. Los últimos edificios del conjunto central fueron concluidos alrededor de 1940-1941.[19][20]
La arquitectura de la denominada Colina Universitaria se caracteriza por la reinterpretación de los principios del neoclasicismo y por un eclecticismo que combina referencias históricas con soluciones propias de la arquitectura universitaria de la primera mitad del siglo XX. El conjunto no fue resultado de un único plan director, sino de sucesivas intervenciones realizadas a lo largo de varias décadas. A pesar de ello, la disposición resultante presenta una considerable coherencia urbana, arquitectónica y simbólica.[21]
Uno de los principales rasgos del campus es la articulación entre espacios monumentales y espacios de escala más reducida. La topografía de la colina permitió establecer una composición axial en torno a la escalinata, el monumento de la Alma Mater, el Rectorado, la Plaza Central y el Aula Magna. Las edificaciones incorporan amplias columnatas y escalinatas, mientras que los patios interiores arbolados, jardines y áreas verdes establecen una transición entre los espacios construidos y el entorno. Esta combinación de monumentalidad y espacios abiertos constituye uno de los principales valores urbanísticos atribuidos al conjunto.[21]
Entre los edificios que rodean la Plaza Central destacan el Rectorado, la antigua Escuela de Ciencias, posteriormente denominada edificio Felipe Poey, y la Biblioteca Central. Aunque comparten referencias al lenguaje clásico, presentan diferencias formales derivadas de sus respectivos períodos de construcción. El edificio de Derecho se caracteriza por una composición más robusta, mientras que el edificio Felipe Poey presenta una columnata más esbelta y una mayor relación con su patio interior. La Biblioteca Central incorpora una interpretación más estilizada de los órdenes clásicos, próxima a la estética art déco.[21]
El Aula Magna, concluida en 1911, es uno de los edificios más antiguos conservados del actual campus. Su interior contiene elementos artísticos integrados a la arquitectura, entre ellos las pinturas murales realizadas por Armando Menocal, que representan las principales ramas del conocimiento universitario de su época. El edificio, junto con la escalinata y el Rectorado, constituye uno de los espacios arquitectónicos y simbólicos más representativos de la universidad.[21]
El desarrollo del conjunto no terminó con la construcción de los primeros edificios. Durante las décadas siguientes se añadieron diferentes facultades y dependencias, hasta la conclusión de los edificios de Farmacia y Ciencias Comerciales alrededor de 1940-1941. A diferencia de otros campus universitarios históricos, el núcleo arquitectónico de la Colina experimentó posteriormente pocas modificaciones de gran escala, lo que contribuyó a conservar su coherencia espacial y estilística.[21]
La arquitectura universitaria también se extendió fuera de la Colina mediante edificios destinados a otras facultades e instituciones. Estos inmuebles presentan una mayor diversidad estilística y morfológica, pero mantienen determinados elementos que permiten relacionarlos con el conjunto universitario, como soluciones espaciales, detalles arquitectónicos, vitrales, relieves escultóricos y elementos conmemorativos. De este modo, el patrimonio arquitectónico de la Universidad de La Habana comprende tanto el núcleo monumental de la Colina como otros edificios universitarios integrados en el tejido urbano de La Habana.[20]
En 1978, el conjunto de la Universidad de La Habana fue declarado Monumento Nacional de Cuba, lo que otorgó protección patrimonial a su campus central. La preservación de sus edificios y espacios urbanos se ha complementado con intervenciones de restauración y conservación, destinadas a recuperar elementos arquitectónicos del conjunto sin alterar sustancialmente su configuración histórica.[20]