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República de Tlaxcallan

confederación de altépetl en Mesoamérica (1348-1520) From Wikipedia, the free encyclopedia

Tlaxcallan, conocida también como la República de Tlaxcallan (del náhuatl: Tlahtoloyan Tlaxkallan[a] o Tlahtōlōyān Tlaxcallān[b]), la República de Tlaxcala o la Confederación de Tlaxcala, fue una entidad política multiétnica del Posclásico tardío situada en el valle de Puebla-Tlaxcala, en el actual centro de México. Estuvo integrada por más de veinte altepemeh. Tepeticpac, Ocotelulco, Tizatlán y Quiahuiztlán figuraban como sus cuatro cabeceras principales al momento del contacto con los españoles, pero coexistían con otros centros regionales, casas señoriales y poblaciones aliadas.

Datos rápidos República de Tlaxcallan Tlaxcallan, Coordenadas ...
República de Tlaxcallan
Tlaxcallan
Confederación de altépemeh
c. 1300-1521


Bandera


Otros nombres: Confederación de Tlaxcala, Altépetl Tlaxcallān, Tlahtoloyan Tlaxkallan, República de Tlaxcala, Huey Altepetl Tlaxcallān, Señorío de Tlaxcala [n. 1]

Territorio de la República de Tlaxcallan (c. 1500)
Coordenadas 19°25′44″N 98°09′39″O
Capital Cuatro cabeceras principales[n. 2]:
Tepeticpac – 19°20′20″N 98°15′30″O
Tizatlán – 19°19′46″N 98°14′48″O
Ocotelulco – 19°19′02″N 98°15′53″O
Quiahuiztlán – 19°19′21″N 98°15′27″O
Entidad Confederación de altépemeh
Idioma oficial Náhuatl (de facto)
 • Otros idiomas Otomí y popoloca
Superficie hist.  
 • Finales del Posclásico 1400 km²
Población hist.  
 • Finales del Posclásico est. aprox. 160 000 hab.
Gentilicio Tlaxcalteca
Religión Politeísmo mesoamericano
Culto a Camaxtli, Tláloc y otras deidades
Moneda Trueque; sin moneda metálica acuñada[n. 3]
Historia  
 • c. 1300 Formación de Tlaxcallan[n. 4]
 • 1521 Inicio de la etapa colonial[n. 5]
Forma de gobierno Gobierno colegiado de una confederación[n. 6]
Señores principales
En 1519:
Maxixcatzin (Ocotelulco)
Xicohténcatl el Viejo (Tizatlán)
Citlalpopocatzin (Quiahuiztlán)
Tlahuexolotzin (Tepeticpac)
Sucedido por
→ Tlaxcala virreinal
* La superficie corresponde a una reconstrucción territorial basada en los padrones de 1556-1557.[5] Véase Territorio y población para otras estimaciones.


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La autoridad se repartía entre los dirigentes de los altepemeh, las casas señoriales, los capitanes militares y los consejos encargados de deliberar sobre los asuntos comunes. El principal núcleo urbano ocupaba cerros y laderas acondicionados con terrazas residenciales, plazas y conjuntos cívico-ceremoniales. Tepeticpac, Ocotelulco, Tizatlán y Quiahuiztlán conservaban espacios públicos propios dentro de esta concentración policéntrica. La población comprendía comunidades nahuas y otomíes, además de grupos de origen xaltocano, pinome, chalca, cholulteca y huexotzinca.

Durante los siglos XV y XVI, Tlaxcallan mantuvo conflictos y alianzas cambiantes con otras entidades del valle y permaneció fuera del sistema tributario de la Triple Alianza. En 1519 combatió contra la expedición de Hernán Cortés y posteriormente estableció con ella una alianza militar. Los contingentes tlaxcaltecas participaron en las campañas que culminaron con la caída de México-Tenochtitlan en 1521 y en otras expediciones realizadas durante las décadas siguientes. Las instituciones de Tlaxcallan se reorganizaron dentro del régimen colonial de la Nueva España mediante la formación de un cabildo indígena y la conservación de las cuatro cabeceras como divisiones administrativas.

Denominación

Glifo de Tlaxcallan.

El topónimo náhuatl Tlaxcallan se compone de tlaxcalli, «tortilla» o «pan de maíz», y el locativo -tlan. Se ha traducido como «lugar de tortillas» y fue castellanizado como Tlaxcala.[6] Francisco López de Gómara lo interpretó en el siglo XVI como «pan cocido o casa de pan» y relacionó el nombre con la producción local de maíz.[7] El cronista empleó Tlaxcallan tanto para la ciudad como para el territorio sujeto a sus gobernantes, pues señaló que «de la ciudad se nombra la provincia, o al revés». También consignó la forma anterior Texcallan, que tradujo como «casa del barranco».[7]

La investigación arqueológica distingue entre el centro urbano de Tlaxcallan, formado por los asentamientos enlazados de Tepeticpac, Ocotelulco, Tizatlán y Quiahuiztlán, y la entidad política de mayor extensión a la que pertenecían.[8] Los tlaxcaltecas se reconocían como un altépetl, término empleado en Mesoamérica para designar entidades políticas dotadas de territorio, autoridades, instituciones, población dependiente, organización económica e identidad propia. El vocablo no se limitaba a una ciudad ni suponía necesariamente la existencia de un solo gobernante.[9] López Corral, Fargher y Santacruz Cano aplicaron la expresión huey altépetl a la unidad de mayor tamaño formada mediante la asociación de varios altepemeh. También señalaron que James Lockhart denominó «altépetl complejo» a este nivel de organización, mientras que Ángel García Cook utilizó el término «confederación».[9]

La segunda carta de relación de Hernán Cortés, fechada en 1520, describió una organización en la que numerosos señores residían en la ciudad, poseían tierras y vasallos y se reunían para acordar las campañas militares. Cortés comparó este sistema con las señorías de Venecia, Génova y Pisa porque no encontraba en Tlaxcallan un «señor general de todos».[10] López de Gómara retomó la comparación y llamó a Tlaxcallan una «república como Venecia», gobernada por nobles y ricos. También escribió que durante la guerra había cuatro capitanes principales, uno por cada uno de los cuatro sectores de la ciudad, y que de entre ellos se elegía al mando general del ejército.[7]

López Corral, Fargher y Santacruz Cano indicaron que no se ha conservado el término con el cual los tlaxcaltecas nombraban específicamente su forma de gobierno. Los autores emplearon «república» para referirse al ejercicio compartido del poder y a la ausencia de una autoridad única sobre el conjunto de Tlaxcallan.[9] En el mismo estudio enumeraron «república», «confederación», «gobierno colectivo», «altépetl complejo», «señoríos» y «senado» entre las denominaciones utilizadas por cronistas e investigadores.[9] Ramón Santacruz Cano y Aurelio López Corral emplearon después «gobierno colectivo» para analizar la participación de varias autoridades y casas señoriales dentro de una zona urbana compuesta por cuatro altepemeh principales y vinculada con más de veinte entidades políticas de la región.[8] El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), por su parte, registra la expresión «Tlahtoloyan Tlaxkallan» para referirse a la entidad política que se desarrolló durante el Posclásico mesoamericano en el actual territorio de Tlaxcala y que existía al momento de la llegada de los españoles.[11]

Fuentes

Históricas

Principales fuentes históricas españolas
Portada de la Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, de Díaz del Castillo.
Portada de la Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, de Díaz del Castillo.  
Portada de la Segunda carta de relación, de Cortés.
Portada de la Segunda carta de relación, de Cortés. 

La Segunda carta de relación de Hernán Cortés constituye la narración más próxima al contacto de 1519. Cortés la firmó el 30 de octubre de 1520 y describió la provincia como un territorio cultivado de más de noventa leguas de contorno, gobernado por varias autoridades sin un «señor general» sobre todas ellas.[10] Estimó una población de 150 000 «vecinos», aunque Pascual de Gayangos aclaró en su edición de 1866 que la cifra correspondía conjuntamente a Tlaxcala y Huexotzinco.[12]

Varias décadas después, Bernal Díaz del Castillo redactó la Historia verdadera de la conquista de la Nueva España. Los capítulos dedicados a Tlaxcallan narran los combates fronterizos, las embajadas, la entrada de los españoles y las reuniones que precedieron al acuerdo con Cortés.[13] En el capítulo lxxiii, Díaz situó la llegada de Xicohténcatl al campamento español acompañado por hasta cincuenta principales y narró su solicitud de amistad y obediencia en nombre de su padre, Maxixcatzin, los demás gobernantes y la «república» de Tlaxcallan.[14]

Entre los testimonios tlaxcaltecas se encuentra la Historia de Tlaxcala de Diego Muñoz Camargo, elaborada durante las últimas décadas del siglo XVI. La obra incorporó tradiciones sobre las migraciones teochichimecas, la fundación de los asentamientos y las sucesiones de sus gobernantes. Muñoz Camargo organizó buena parte de esa historia alrededor de Tepeticpac, Ocotelulco, Tizatlán y Quiahuiztlán y proporcionó distintas listas dinásticas para cada población.[15] La Historia cronológica de la noble ciudad de Tlaxcala de Juan Buenaventura Zapata y Mendoza, escrita en náhuatl hacia 1689, siguió una forma analística: distribuyó los acontecimientos por años y registró migraciones, conflictos, gobernantes, epidemias, muertes y sucesos de la ciudad colonial.[16]

Las relaciones coloniales no emplearon la misma unidad para describir la composición territorial. Alonso de Zorita y Francisco López de Gómara mencionaron veintiocho poblaciones dentro de Tlaxcallan.[17][18] Muñoz Camargo y otras narraciones concedieron especial importancia a cuatro cabeceras, aunque algunas relaciones incluyeron también a Topoyanco o Tepeyanco como una quinta unidad principal y a Atlihuetzia como una sexta.[19] Los padrones de 1556 y 1557 organizaron a la población y sus jurisdicciones dentro de los cuatro «señoríos» coloniales y registraron familias nobles y comunes.[19]

El Lienzo de Tlaxcala, encargado por el cabildo tlaxcalteca alrededor de 1552, representó la historia política mediante imágenes. Su escena capitular colocó a cuatro gobernantes principales alrededor del emblema de Tlaxcallan y añadió aproximadamente 143 casas nobles o teccalli, cada una identificada mediante una casa y el rostro de su dirigente.[20] El documento dedicó la mayor parte de sus escenas a las campañas realizadas junto con los españoles y fue producido para exponer ante la Corona los servicios prestados por los tlaxcaltecas.[20]

Contemporáneas

El Proyecto de Mapeo de Tlaxcallan inició en 2007 un reconocimiento sistemático de la concentración urbana mediante recorridos de superficie, cartografía de estructuras y registro de materiales arqueológicos. Sus trabajos documentaron terrazas residenciales, plazas, plataformas, conjuntos cívico-ceremoniales y vías de circulación en Tepeticpac, Ocotelulco y Quiahuiztlán.[21] El proyecto propuso una primera delimitación de la ocupación urbana y examinó la distribución de los espacios públicos, las áreas residenciales y las diferencias materiales entre las viviendas.[22]

El Proyecto Arqueológico Tepeticpac, iniciado en 2010, amplió esta investigación mediante levantamientos y excavaciones de conjuntos residenciales y cívico-ceremoniales.[23] Desde 2013, el Proyecto Arqueológico Tizatlán realizó recorridos y excavaciones extensivas en el núcleo del asentamiento, con los que registró la distribución de plazas, basamentos, terrazas y recintos ceremoniales.[23] Estos trabajos, junto con las excavaciones efectuadas previamente en Ocotelulco, permitieron revisar la delimitación del núcleo urbano y estudiar las relaciones entre sus cuatro cabeceras principales.[24]

Las excavaciones de residencias también modificaron la interpretación de la arquitectura política de Tlaxcallan. Los primeros modelos destacaron la ausencia de grandes palacios comparables con los de entidades más centralizadas,[21] mientras que el Proyecto Arqueológico Tepeticpac identificó el conjunto CA-2 como una probable residencia de una casa gobernante. Sus excavadores propusieron que existieron residencias palaciegas de menor tamaño y ostentación que las conocidas en otros Estados del centro de México.[25]

Formación

Las tradiciones recogidas durante el periodo colonial relacionaron los orígenes de Tlaxcallan con grupos teochichimecas procedentes del norte del Altiplano Central. En la versión de Diego Muñoz Camargo, una etapa de la migración se sitúa en Poyauhtlan o Teopoyauhtlan, llanura ubicada entre Cohuatlinchan y la ribera del lago de Texcoco. Los enfrentamientos con poblaciones culhuas, mexicas y tepanecas obligaron a los migrantes a abandonar la región después de la batalla de Poyauhtlan.[15] Una parte del grupo habría rodeado la Sierra Nevada, atravesado distintas poblaciones del valle de Puebla y entrado después en el territorio de la actual Tlaxcala.[9]

El grupo que llegó al valle se estableció en la serranía situada al norte del río Zahuapan. El núcleo que formaron recibió el nombre de Tepeticpac Texcallan y quedó relacionado con Culhuatecuhtli Quanex.[15] La llegada se fecha en el año nahua 5 técpatl, aproximadamente trescientos años antes de la redacción de la obra de Muñoz Camargo, aunque la conversión de ese dato al calendario cristiano ha producido fechas situadas entre 1260 y 1280.[26] Los anales de Juan Buenaventura Zapata y Mendoza consignan, en cambio, el año 9 técpatl, correspondiente a 1331 en la cronología empleada en la edición moderna de esos anales.[26][9]

Los recorridos arqueológicos, la clasificación de materiales cerámicos y los fechamientos disponibles sitúan el comienzo del desarrollo de la entidad política entre aproximadamente 1250 y 1300.[27]

A partir de Tepeticpac se articularon otros núcleos políticos y residenciales. Las narraciones coloniales atribuyeron a integrantes de los primeros linajes la formación de Ocotelulco y Tizatlán, mientras que Quiahuiztlán se incorporó durante el siglo XV y quedó vinculada con descendientes de un contingente teochichimeca establecido previamente en Tepetlaoztoc.[9] En la reconstrucción de Santacruz Cano y López Corral, la dirección política fue compartida inicialmente por Tepeticpac y Ocotelulco, a la que siguieron el establecimiento de Teotlalpan y la formación posterior de Tizatlán.[28] La articulación de estas cuatro cabeceras constituyó el núcleo urbano de Tlaxcallan.[29]

La expansión hacia el sur llevó a los tlaxcaltecas a poblaciones controladas por grupos identificados en las fuentes como olmeca-xicallancas y zacateuhcas.[9] Algunos de esos enfrentamientos se sitúan en los alrededores de la actual Nativitas, y a los vencedores se les atribuye la ocupación de tierras agrícolas del valle.[9] Las guerras posteriores involucraron a Huexotzinco, Cholollan y Tepeaca, mientras que la expansión tepaneca y culhua-mexica modificó las alianzas y los límites de Tlaxcallan.[9] Durante el siglo XV, la Triple Alianza conquistó varias poblaciones vecinas y controló rutas comerciales que comunicaban Tlaxcallan con otras regiones del Altiplano.[17]

Otras fuentes registran la incorporación de comunidades que abandonaron territorios conquistados o amenazados por la Triple Alianza, entre ellas xaltocanos, pinomes, chalcas y grupos procedentes de Cholollan y Huexotzinco.[9] Los anales de Zapata y Mendoza consignan por separado la recepción de varios de estos grupos y los lugares que les fueron asignados.[26] Los otomíes o hñähñu se establecieron principalmente en los sectores orientales y septentrionales, donde participaron en la defensa de los pasos fronterizos.[9] En vísperas de la llegada de los españoles, la organización encabezada por Tepeticpac, Ocotelulco, Tizatlán y Quiahuiztlán comprendía más de veinte altepemeh distribuidos por el valle de Puebla-Tlaxcala, el Bloque de Tlaxcala y la sierra de Nativitas.[17]

Territorio y población

Extensión y límites

Área aproximada que ocupaba Tlaxcallan en 1519

Los dominios de Tlaxcallan se extendían por el sector septentrional del valle de Puebla-Tlaxcala e incluían parte del Bloque de Tlaxcala y de la sierra de Nativitas.[5] Sus límites cambiaron durante los siglos anteriores a la conquista española como resultado de los conflictos con Huexotzinco, Cholollan, Tepeaca y los dominios tepanecas y mexicas.[5] Al norte y al oriente, los tlaxcaltecas mantuvieron alianzas con poblaciones otomíes, mientras que grupos procedentes de Chalco, Cholollan, Huexotzinco y Xaltocan se establecieron en distintas partes del territorio.[5] Algunos altepemeh controlaban comunidades situadas fuera de sus límites inmediatos, y no todos poseían la misma extensión ni el mismo número de poblaciones dependientes.[30]

Francisco López de Gómara escribió que la provincia reunía veintiocho poblaciones y mencionó entre ellas Atlihuetzian, Tepeyanco, Hueyotlipan y Tzompantzingo.[18] Las investigaciones arqueológicas han identificado vestigios correspondientes a por lo menos veinte de las poblaciones incluidas en las relaciones coloniales.[5] Los padrones tlaxcaltecas de 1556 y 1557 registraron comunidades, barrios y casas señoriales existentes durante las primeras décadas del periodo colonial; la reconstrucción de sus demarcaciones ha dado como resultado un territorio aproximado de 1400 km².[5] Lane Fargher, Richard Blanton y Verenice Heredia Espinoza emplearon, en cambio, una extensión cercana a 2500 km² para la confederación multiétnica formada por Tlaxcallan y los asentamientos vinculados con ella.[31]

Altepemeh y señoríos asociados

Las fuentes históricas mencionan con regularidad a Tepeticpac, Ocotelulco, Tizatlán y Quiahuiztlán como los cuatro principales altepemeh de Tlaxcallan. También registran ocasionalmente a Tzompantzingo, Atlihuetzian, Tepeyanco y Hueyotlipan.[32] Las investigaciones arqueológicas han propuesto la existencia de otros centros políticos dentro del territorio, aunque no todos habrían tenido la misma importancia ni habrían mantenido la misma relación con los cuatro altepemeh principales.[33][33] El número de entidades varía según el criterio empleado. El arqueólogo Francisco Antonio Aguilar Irepan reunió veintiún poblaciones identificadas como señoríos prehispánicos de la región tlaxcalteca,[34] mientras que la recopilación de Alba Lucero Téllez Nieto añadió a Acuicuizcatepec, Tzompatepe, Huashuatepec, Huexoyucan, Techachanco, Zacualpan y Comaltealpa o Tlatelulco.[35]

Cuatro cabeceras principales

Tepeticpac, Ocotelulco, Tizatlán y Quiahuiztlán formaban el núcleo central que aparece con mayor constancia en las fuentes. García Cook y Merino Carrión relacionaron su preeminencia documental con su posición en el centro del territorio y con rasgos particulares de algunas cabeceras: la fortificación y antigüedad de Tepeticpac, el gran mercado de Ocotelulco y la autoridad ejercida desde Tizatlán por Xicoténcatl el Viejo.[36] García Cook y Merino Carrión señalaron que el registro arqueológico permite reconocer otros asentamientos de importancia comparable en distintas partes del territorio, además de las cuatro cabeceras mencionadas con mayor frecuencia por las crónicas.[37]

Centros regionales

Además de las cuatro cabeceras, Tzompantzingo, Atlihuetzian, Tepeyanco y Hueyotlipan aparecen mencionados en las fuentes históricas y cuentan con respaldo arqueológico como centros del periodo final prehispánico.[32] Los ocho centros no tuvieron la misma escala socioeconómica: García Cook y Merino Carrión calificaron a Tzompantzingo y Hueyotlipan como los más modestos desde el punto de vista arqueológico, sin negar su condición de centros reconocibles ni la función estratégica que pudieron desempeñar.[38] Muñoz Camargo vinculó asimismo a Atlihuetzian y Tzompantzingo con la entrada de la expedición española. Diego Muñoz Camargo señaló que el primer recibimiento de Cortés dentro de Tlaxcallan se realizó en Tzompantzingo, al que describió como un lugar principal, y que la comitiva pasó después a Atlihuetzian, asentamiento de gran tamaño del que salieron varios tecuhtli y pipiltin, entre ellos Piltecuhtli.[39] Aguilar Irepan identifica a Acxotécatl Cocomitzin como el capitán que regía Atlihuetzian al iniciarse la conquista.[40] García Cook y Merino Carrión situaron a Tepeyanco al sur del área central y lo reconocieron, por sus dimensiones y población, como uno de los señoríos importantes desde la etapa inicial de la cultura Tlaxcala.[32]

La jerarquía de otros asentamientos se ha reconstruido principalmente mediante su extensión y la distribución de sitios menores a su alrededor. Con este criterio se han propuesto como sedes de otros señoríos Xaltocan, Huiloapan, Chiauhtempan, Tlacocalpan, Xalpetlahuaya-Quimicho, Yauhquemecan, Xipetzingo y Temetzontla.[38] Yauhquemecan aparece como uno de los centros importantes del sector norte durante la formación de la cultura Tlaxcala, mientras que Xalpetlahuaya habría desempeñado una función semejante en el oriente.[32]

Metepec constituía un centro periférico situado aproximadamente nueve kilómetros al sur de Tepeticpac. Los estudios arqueológicos lo clasifican como un asentamiento de segundo orden dentro del territorio de Tlaxcallan, mientras que los padrones de mediados del siglo XVI lo registran bajo la dependencia de Ocotelulco.[41] Las excavaciones realizadas durante el salvamento de la autopista Tlaxcala-Puebla localizaron allí un conjunto residencial y un depósito de desechos relacionado con un taller de obsidiana cercano.[41]

Señoríos otomíes y espacios fronterizos

La defensa del territorio descansó en parte en poblaciones otomíes establecidas en sus márgenes. Muñoz Camargo describió a Hueyotlipan como un pueblo sujeto a Tlaxcallan situado en la frontera con los dominios de México-Tenochtitlan y señaló que había otomíes de guarnición en aquellos términos.[42] Según su relato, los hueyotlipenses y las guarniciones rechazaron los regalos con los que mexicas y huexotzincas intentaron apartarlos de Tlaxcallan y conservaron la defensa de la frontera.[42] En el centro-norte del actual estado se desarrolló la cultura arqueológica Tlaxco, identificada con el señorío de Tliliuhquitépetl y vinculada con grupos otomíes que mantenían relaciones culturales con el noreste de Mesoamérica.[43] Su organización comprendía dos poblaciones fortificadas rodeadas por villas, aldeas y asentamientos menores, muchos de los cuales también estaban fortificados.[44] Tliliuhquitépetl mantuvo fuertes vínculos con los grupos del centro tlaxcalteca y es caracterizado en la reconstrucción arqueológica como un aliado septentrional de Tlaxcallan.[45]

Atlangatepec se definió hacia finales del siglo XIII al suroeste de la región de Tlaxco. Su cultura material combinó elementos de Tlaxco y Tlaxcala, por lo que ha sido interpretado como un señorío de filiación otomí estrechamente relacionado con los centros tlaxcaltecas.[43] Téllez Nieto lo describe como un centro fortificado, acompañado por villas y población rural y dotado de un observatorio.[35] García Cook y Merino Carrión consideraron que Atlangatepec estuvo casi completamente controlado por los señoríos de Tlaxcala, aunque también lo incluyeron entre sus aliados septentrionales.[46] Tecoac se formó más tarde, posiblemente durante el siglo XIV, y comprendía un agrupamiento de diez asentamientos cuya cultura material mostraba más elementos de Tlaxco que de Tlaxcala.[43] También contaba con villas y un observatorio, y ha sido clasificado como un señorío de filiación otomí.[35] Su relación con los señoríos centrales habría sido menos estrecha que la de Atlangatepec, aunque ambos, junto con Tliliuhquitépetl, aparecen como aliados de Tlaxcallan en la defensa del norte y del territorio intermedio situado frente a los grupos vinculados con la Cuenca de México.[46]

García Cook y Merino Carrión emplearon distintas categorías para describir las relaciones políticas de Tliliuhquitépetl, Atlangatepec y Tecoac con Tlaxcallan según el lugar y el periodo examinados: los presentaron como señoríos relacionados, entidades parcialmente controladas o aliados de los centros tlaxcaltecas.[46]

Centros de identificación limitada

Oztotlapango y Texcalac figuran en recopilaciones modernas entre los señoríos de la región, pero se cuenta con menos información sobre su extensión, su gobierno o sus dependencias durante el periodo inmediatamente anterior a 1519.[34][35] Téllez Nieto también enumeró a Acuicuizcatepec, Tzompatepe, Huashuatepec, Huexoyucan, Techachanco, Zacualpan y Comaltealpa o Tlatelulco como posibles altepemeh.[35]

Relación general

La tabla reúne los altepemeh principales, otros centros regionales, los señoríos otomíes aliados y las entidades propuestas por recopilaciones posteriores. Las correspondencias modernas se indican como posibles cuando dependen de la continuidad del topónimo.

Más información Nombre registrado, Correspondencia moderna posible ...
Altepemeh, señoríos y centros políticos relacionados con Tlaxcallan
Nombre registrado Correspondencia moderna posible Referencias
Cuatro altepemeh principales
Tepeticpac Santiago Tepeticpac y zona arqueológica de Tepeticpac, en Totolac [47][48]
Ocotelulco San Francisco Ocotelulco y zona arqueológica de Ocotelulco, en Totolac [47][48]
Tizatlán San Esteban Tizatlán y zona arqueológica de Tizatlán, en el municipio de Tlaxcala [47][48]
Quiahuiztlán Área de Quiahuiztlán, en el actual municipio de Totolac [47][48]
Otros centros del territorio tlaxcalteca
Atlihuetzian Santa María Atlihuetzian [32][39][40]
Chiauhtempan o Chiautempan Santa Ana Chiautempan [38][34]
Hueyotlipan San Ildefonso Hueyotlipan [32][42][34]
Huiloapan o Huitziloapan San Tadeo Huiloapan [38][34]
Oztotlapango Oztotlapango [35][34]
Temetzontla San Francisco Temetzontla [38][34]
Tepeyanco Tepeyanco [32][34]
Texcalac Santa María Texcalac [35][34]
Tlacocalpan San Damián Tlacocalpan [38][34]
Tzompantzingo Posiblemente Tzompantepec [32][39][34]
Xaltocan Xaltocan [38][34]
Xalpetlahuaya-Quimilco o Xalpetlahuaya-Quimicho Área de Xalpatlahuaya, en Huamantla; ubicación de Quimilco o Quimicho por determinar [32][34]
Xipetzingo San Simeón Xipetzinco [38][34]
Yauhquemecan Yauhquemehcan [32][34]
Señoríos otomíes y aliados septentrionales
Atlangatepec Atlangatepec [46][35][34]
Tecoac Área de las actuales poblaciones de Tecoac, en Huamantla [46][35][34]
Tliliuhquitépetl Región de Tlaxco [45][35][34]
Otros centros propuestos
Acuicuizcatepec Santa Bárbara Acuicuizcatepec [35]
Tzompatepe Posiblemente Tzompatepec [35]
Huashuatepec Posiblemente San Andrés Ahuashuatepec [35]
Huexoyucan San Mateo Huexoyucan [35]
Techachanco Posiblemente Santa Cruz Techachalco [35]
Zacualpan San Jerónimo Zacualpan [35]
Comaltealpa o Tlatelulco Posiblemente La Magdalena Tlaltelulco [35]
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Núcleo urbano

Tlaxcallan comprendía una concentración urbana formada por Tepeticpac, Ocotelulco, Tizatlán y Quiahuiztlán, situada en las elevaciones y laderas al norte de la actual ciudad de Tlaxcala. Sus sectores edificados se distribuían entre barrancas profundas y pendientes pronunciadas, acondicionadas mediante terrazas residenciales y agrícolas, plazas, basamentos, caminos, rampas y escalinatas.[49] La distribución de esos espacios públicos y cívico-ceremoniales entre varias cabeceras, sin un único recinto monumental que dominara el conjunto, se relaciona con la organización policéntrica de la ciudad.[50]

El Proyecto de Mapeo de Tlaxcallan delimitó una ocupación urbana continua de aproximadamente 4,5 km² en Tepeticpac, Ocotelulco y Quiahuiztlán. En este modelo, el conjunto político y ceremonial de Tizatlán se encontraba en una elevación situada alrededor de un kilómetro fuera de esos límites, y la población de la ciudad se estimó en unos 35 000 habitantes hacia 1519.[51] Ramón Santacruz Cano y Aurelio López Corral propusieron una reconstrucción distinta a partir de los reconocimientos y excavaciones posteriores: incluyeron las cuatro cabeceras dentro de una concentración urbana entrelazada de más de 400 hectáreas. Su cálculo atribuye al núcleo inicial una extensión de alrededor de 2 km² y una población de unos 22 000 habitantes hacia 1350; para 1519 estima una superficie cercana a 4.5 km² y una población de aproximadamente 48 000 habitantes.[24]

Los cuatro asentamientos conservaban espacios públicos, conjuntos cívico-religiosos y zonas residenciales propios, aunque las terrazas, caminos, tierras de cultivo y áreas de circulación los articulaban dentro de una misma concentración urbana.[52]

Población

Las estimaciones históricas y arqueológicas sobre la población de Tlaxcallan difieren tanto por sus métodos como por la extensión territorial considerada. En su segunda carta de relación, Hernán Cortés atribuyó a la provincia una circunferencia de «noventa leguas y más» y afirmó que una visitación ordenada por él había contado 150 000 «vecinos». La edición de Pascual de Gayangos precisa que esa cantidad corresponde conjuntamente a Tlaxcallan y Huexotzinco.[53]

Las fuentes coloniales posteriores ofrecieron cantidades distintas. Para Jerónimo de Mendieta, la población era de aproximadamente 200 000 habitantes, cifra que Juan de Torquemada reprodujo posteriormente. Una declaración elaborada durante la década de 1580, como parte de una solicitud para reducir los tributos, sostuvo que en 1538 todavía vivían en la provincia más de 300 000 personas. Según las autoridades tlaxcaltecas, en 1629 la provincia había tenido 500 000 habitantes al comenzar la conquista, cantidad que utilizaron para contrastarla con la disminución demográfica del siglo XVII.[54]

El examen de cinco informes elaborados entre 1531 y 1569 llevó a Charles Gibson a situar la población registrada durante esas décadas entre 200 000 y 250 000 habitantes. Su reconstrucción demográfica propuso que Tlaxcala pudo tener cerca de 500 000 habitantes en 1519 y alrededor de 250 000 una década después, con una disminución más lenta durante el resto del siglo XVI.[54]

A partir de la distribución de los asentamientos, Beatriz Leonor Merino Carrión y Ángel García Cook calcularon aproximadamente 160 000 habitantes para el conjunto de los señoríos tlaxcaltecas.[5] La estimación de Fargher, Blanton y Heredia Espinoza para la confederación extendida sobre los aproximadamente 2500 km² de su modelo territorial se sitúa entre 250 000 y 300 000 habitantes.[31]

Organización política

Cabeceras, altepemeh y casas señoriales

La descripción más próxima a 1519 se encuentra en la segunda carta de relación de Hernán Cortés, fechada en 1520. Cortés escribió que en Tlaxcallan había «muchos señores», que cada uno poseía sus propias tierras y vasallos y que la extensión de sus dominios no era igual.[10] Para decidir las guerras, según su relato, los señores se reunían y concertaban conjuntamente las acciones.[10] También afirmó que «no hay señor general de todos».[10] En el mismo pasaje llamó a Maxixcatzin «el mayor señor de todos» al narrar una pesquisa judicial que este atendió a petición suya.[55] Varias décadas después, Bernal Díaz del Castillo relató que, durante las negociaciones de paz, Xicohténcatl el Joven llegó al campamento español acompañado por «hasta cincuenta hombres principales».[56] Xicohténcatl declaró que hablaba en nombre de su padre, de Maxixcatzin y de «todos los caciques y república de Tlascala».[56]

Emblemas y nombres de los Cuatro Señoríos: Tepeticpac, Ocotelulco, Tizatlán y Quiahuiztlán, con el detalle de «Tlaxcallan» al centro. Detalle de los Murales del Palacio de Gobierno de Tlaxcala.

Diego Muñoz Camargo organizó su relato genealógico alrededor de cuatro cabeceras: Tepeticpac, Ocotelulco, Tizatlán y Quiahuiztlán. Para cada una enumeró una sucesión de gobernantes y presentó a Tlahuexolotzin, Maxixcatzin, Xicohténcatl el Viejo y Citlalpopocatzin como los dirigentes que ocupaban el gobierno cuando llegó Cortés.[57] Los padrones levantados en 1557 también distribuyeron a la población entre las cabeceras de Ocotelulco, Tizatlán, Quiahuiztlán y Tepeticpac.[58] El número cuatro no aparece de manera uniforme en toda la documentación. Alonso de Zorita y Francisco López de Gómara mencionaron veintiocho poblaciones, mientras que otras relaciones incorporaron a Tepeyanco —también escrito Topoyanco— como una quinta entidad principal y a Atlihuetzia como una sexta. Ramón Santacruz Cano y Aurelio López Corral interpretan la presentación de cuatro «señoríos» como una formulación consolidada durante el contacto y la primera administración colonial. En su lectura, los cuatro gobernantes conocidos actuaban como figuras prominentes de Tepeticpac, Ocotelulco, Tizatlán y Quiahuiztlán, junto con dirigentes de otros altepemeh y casas.[59]

Las interpretaciones modernas tampoco utilizan una sola categoría para describir la relación entre esas entidades. James Lockhart empleó el concepto de «altépetl complejo» y relacionó su funcionamiento con la participación y rotación de los cuatro altepemeh del núcleo urbano. A su vez, Ángel García Cook prefirió hablar de una confederación formada por más de veinte altepemeh; en tanto que Santacruz Cano y López Corral recogen ambas propuestas y señalan que la documentación disponible no asigna el mismo número de poblaciones subordinadas a cada altépetl ni establece que todos tuvieran idéntico peso político.[59]

El teccalli constituía una unidad política, económica y doméstica encabezada por un señor.[60] Charles Gibson distinguió cuatro clases de casas registradas en la documentación tlaxcalteca: teccalli, pilcalli, huehuecalli y yaotequihuacalli.[61] En la interpretación seguida por Gibson, el teccalli era una casa señorial principal, mientras que el pilcalli correspondía a una casa noble menor vinculada con ella.[61] Amos Megged encontró que los documentos nahuas y españoles podían emplear teccalli y tecpa para designar tanto la residencia del gobernante como la organización social formada alrededor de esta. En su reconstrucción, un teccalli podía comprender varios calli o pilcalli, cada uno encabezado por nobles subordinados al titular de la casa principal. Megged recoge una estimación de Frederic Hicks según la cual Ocotelulco comprendía entre treinta y seis y cuarenta y ocho teccalli, además de tres pilcalli.[62] Hicks rechazó identificar automáticamente la casa señorial con un linaje o clan. La definió como una unidad social permanente que podía conservar tierras, dependientes y un nombre propio aunque cambiaran sus integrantes. Para Hicks, los pilcalli eran casas encabezadas por pipiltin que habían recibido tierras y dependientes de un señor de teccalli.[63] Megged, en cambio, mantiene el parentesco y la transmisión dentro de la casa dominante como componentes centrales de la continuidad del teccalli.[62]

Los padrones, testamentos y litigios coloniales describen una composición interna estratificada. El titular proporcionaba tierras, bienes o rentas a los pilli adscritos a la casa y recibía productos y servicios de los trabajadores dependientes. También aparecen esposas del señor, macehualtin, labradores renteros denominados tlalmaitl o mayeque y teixhuihuan, categoría que podía comprender parientes, descendientes y personas vinculadas políticamente con la casa.[64] Megged sostiene que los macehualtin y terrazgueros entregaban sus servicios directamente al teccalli o tecpa, y que algunos tlaxilacalli y casas menores quedaban comprendidos dentro de su jurisdicción.[62]

Rangos y sucesión

Las formas tecuictli, teuctli y tecuhtli aparecen transcritas de distintas maneras y no reciben la misma definición en todos los estudios. Santacruz Cano y López Corral, siguiendo la descripción de Alonso de Zorita, reservan tecuictli para los nobles de linaje que obtenían esa dignidad después de una investidura prolongada y costosa. Distinguen este rango de las posiciones militares alcanzadas por los yaotequihuaque, entre quienes podían encontrarse tanto nobles como macehualtin.[65] Lane Fargher, Richard Blanton y Verenice Heredia Espinoza proponen otra clasificación: consideran hereditarias las jefaturas de los pilcalli y huehuecalli, pero sostienen que los titulares de teccalli y yaotequihuacalli podían ser escogidos entre personas de distinta condición social por sus servicios militares, religiosos o políticos.[66] Amos Megged cuestiona este modelo a partir de documentos de herencia y litigios de tierras; en su interpretación, el teccalli conservaba autonomía dentro del altépetl y transmitía su autoridad entre los integrantes de la casa dominante.[62]

Diego Muñoz Camargo describió más de un procedimiento sucesorio. Para Tizatlán afirmó que los hijos de un gobernante no lo sucedían automáticamente en línea directa. Entre los posibles herederos se prefería a quien recibiera mayor aceptación de la «república»; los hermanos podían ocupar el gobierno uno después de otro y, tras la muerte del último, la sucesión regresaba a los hijos del hermano mayor.[67] El cronista utilizó esta costumbre para explicar las reclamaciones formuladas por distintas ramas de los Xicohténcatl durante el periodo colonial.[67]

Para Quiahuiztlán, Muñoz Camargo relató inicialmente una sucesión entre integrantes de una misma familia. Cuando el cargo debía regresar a los hijos del primer hermano después de haber pasado por sus hermanos menores, varias ramas familiares reclamaron el mismo derecho y acordaron elegir al gobernante entre sus integrantes.[68] En otro pasaje precisó que los candidatos eran señores emparentados y que el elegido conservaba el gobierno durante toda su vida.[69]

Senado, deliberación, justicia y cargos

La segunda carta de relación vincula las decisiones militares comunes con reuniones de los señores, quienes «todos juntos» ordenaban y concertaban las guerras.[10] El mismo texto narra una actuación judicial iniciada después de que un habitante robara oro a un español. Maxixcatzin y otras autoridades realizaron una pesquisa, siguieron al acusado hasta Cholollan, recuperaron el oro y lo llevaron nuevamente a Tlaxcallan. El acusado fue conducido por el mercado mientras se proclamaba el delito y murió allí golpeado con «porras».[70]

Parte de la historiografía denomina Senado de Tlaxcala al consejo que ejercía la autoridad superior dentro de este sistema de gobierno compartido.[9] Para Fargher, Blanton y Heredia Espinoza, sus integrantes podían proceder tanto de la nobleza como de sectores no nobles,[66] y el organismo pudo reunir entre cincuenta y doscientos tecuictli. En su reconstrucción, el consejo decidía sobre la guerra y la paz, proponía alianzas, designaba embajadores, nombraba y vigilaba funcionarios y actuaba como tribunal superior. Los asuntos se discutían mediante discursos y debates hasta alcanzar un acuerdo.[22]

Los integrantes del consejo superior se distinguían de un conjunto más amplio de autoridades. Los teccalli, pilcalli, huehuecalli y yaotequihuacalli reunían aproximadamente cuatro mil hogares dentro de un total calculado entre veintiocho mil y veintinueve mil. A partir de esas cifras, los mismos autores propusieron que los jefes de las casas desempeñaban funciones militares, judiciales, fiscales, policiales o administrativas. Para las reuniones de mayor amplitud plantearon una asistencia de hasta unos cuatro mil participantes, al relacionar el número estimado de casas con la capacidad del conjunto cívico de Tizatlán.[22]

La administración comprendía asimismo unidades territoriales subordinadas. Un testamento del periodo colonial temprano dividió Ocotelulco en cinco unidades denominadas tlaca: Tlamahuco, Chimalpa, Contlantzingo, Tecpan y Cuitlixco. Estas unidades han sido interpretadas como barrios o distritos administrativos, con algunas de sus responsabilidades a cargo de pilli y yaotequihuaque.[22]

Sociedad

Categorías sociales y adscripción a las casas

Esquema con una recreación de las categorías sociales de Tlaxcallan.

Los padrones levantados en Tlaxcala en 1556 y 1557 clasificaron a los contribuyentes en dos grupos generales: el común o tequichiuhqui, «trabajadores», y la nobleza o pilli. Entre los primeros registraron a los varones y las viudas macehualtin, además de los tlacotin, término traducido en la edición de los padrones como «esclavos». El grupo de los pipiltin comprendía a los nobles, las viudas nobles, los mopilaque —«los que pretenden ser pilli»— y los pillaquistiltin —«los que ya no son pilli»—.[71]

El padrón de San Pablo Quauhtotoatlan, población sujeta a Ocotelulco, registró en 1557 un total de 151 tributarios distribuidos entre cinco barrios o cuadrillas. La relación comprendía 101 varones tequichiuhqui, nueve pipiltin, nueve viudas, siete ancianos, cinco enfermos, doce trabajadores identificados como tlaxinque y varios funcionarios locales. En esa población no se consignaron tlacotin, mopilaque ni pillaquistiltin, aunque esas categorías aparecen en los padrones de otras localidades de la provincia.[71]

Fargher, Blanton y Heredia Espinoza organizaron la información de los padrones y las crónicas en un modelo compuesto por pipiltin, macehualtin y un sector intermedio denominado teixhuiuh. Según su interpretación, este último podía comprender tanto a personas procedentes del común que adquirían una posición superior como a integrantes de familias nobles que habían perdido rango. Los mismos autores emplearon yaotequihua para los guerreros de origen común admitidos entre los nobles por sus servicios y pillaquistiltin para los descendientes nobles que habían descendido a la condición de macehualli.[66] El padrón de Quauhtotoatlan estudiado por Sandra Acocal Mora no contiene, sin embargo, la categoría teixhuiuh y registra por separado a los mopilaque y pillaquistiltin únicamente en otras poblaciones de la provincia.[71]

La posición de una persona también dependía de su relación con una casa señorial. Muñoz Camargo incluyó dentro del teccalli a los descendientes y parientes del titular, sus soldados y otras personas vinculadas con sus tierras. Denominó teixhuihuan a los integrantes y dependientes que recibían parcelas y debían acudir a la casa, reparar sus edificios y proporcionarle determinados productos; el titular, a su vez, debía asistirlos y sostenerlos cuando acudían a su residencia.[72]

Los documentos coloniales mencionan también macehualtin, renteros o terrazgueros que cultivaban tierras de las casas nobles a cambio de prestaciones, aunque los escribanos no emplearon siempre estos términos con el mismo significado. Un litigio de 1572 sobre tierras del teccalli de Teotlalpan mencionó a María Tlapalahuatl y a su esposo Benito Cozcacuauhtli entre los terrazgueros que debían preparar tortillas en la casa de doña Isabel, vigilar sus terrenos y recoger leña.[73] Megged encontró también comunidades de teixhuihuan y macehualtin que conservaban autoridades propias dentro de la jurisdicción de un teccalli.[74]

Las mujeres podían poseer y transmitir tierras dentro de las casas nobles. Frederic Hicks distinguió las propiedades conservadas colectivamente por el teccalli de las parcelas pertenecientes a nobles individuales; estas últimas podían estar en manos de mujeres o de hombres y pasar de una casa a otra mediante matrimonios y herencias.[63] Un proceso iniciado en 1573 reconstruyó la sucesión de unas tierras del teccalli de Matlahuacala desde Chiquatzin, documentado hacia 1473, hasta su hija Mollactzin, su nieta Angelina Teohuaxochitl y su bisnieta Inés Teohuaxochitl.[75] Mollactzin contrajo matrimonio con Tecpatzin, procedente de Otzompan, quien se estableció en Tlaxcallan sin poseer allí tierras independientes de las aportadas por su esposa. Angelina recibió las propiedades después de la muerte de su padre en 1510 e Inés las heredó en 1533.[75]

Servicio, rango y movilidad social

Muñoz Camargo relacionó la concesión de dignidades con los servicios prestados en la guerra, los consejos ofrecidos durante las deliberaciones públicas y determinadas actividades económicas.[76] Motolinía señaló también que un macehualli, particularmente un guerrero distinguido, podía recibir una dignidad superior.[76] A partir del Padrón de nobles de Ocotelulco, Fargher, Blanton y Heredia Espinoza estimaron que al menos el 15 % y posiblemente hasta el 26 % de las casas nobles o de élite consignadas en el documento pertenecían a macehualtin que habían alcanzado esa posición por mérito.[77]

La investidura de los teuctli comprendía ceremonias distintas de la obtención de un rango militar menor. En la reconstrucción de Fargher y sus colaboradores, basada principalmente en Motolinía, Muñoz Camargo y Alonso de Zorita, el candidato debía recibir aprobación antes de iniciar el ritual.[78] Durante la primera ceremonia le perforaban el tabique nasal y le entregaban una garra de águila y un hueso de jaguar, objetos vinculados con Tezcatlipoca-Camaxtli y con el servicio militar. Los asistentes le arrancaban las vestiduras, lo insultaban y lo empujaban para comprobar que conservara la paciencia.[78] El candidato permanecía después entre uno y dos años al servicio de un templo, donde practicaba ayunos, privación del sueño y autosacrificios. Al terminar la penitencia recibía las vestiduras correspondientes a su dignidad, un arco como insignia militar y un cetro relacionado con sus funciones administrativas y judiciales. La ceremonia concluía con una reunión de teteuctin y macehualtin y una fiesta costeada por el nuevo titular.[78]

El padrón de Quauhtotoatlan permite observar la distribución de algunos cargos durante el periodo colonial temprano. En 1557 registró once funcionarios: un macuiltecpanpixqui encargado de un centenar de personas, cinco centecpanpixque responsables de grupos menores, un cocoxcapixqui dedicado al cuidado de enfermos, un tepixqui o vigilante de la población, un topille, un alguacil y un merino.[71] Los ocho primeros no fueron clasificados como nobles, mientras que el topille, el alguacil y el merino aparecen entre los pipiltin. Los nombramientos se renovaban anualmente ante las autoridades del cabildo indígena y el corregidor o alcalde mayor.[71]

La arqueología de Tepeticpac ha aportado evidencia relacionada con los rangos guerreros. Cerca del Conjunto Arquitectónico 1 se excavó el entierro de un hombre de entre treinta y cuarenta años, fechado por radiocarbono entre 1431 y 1479. El individuo portaba un bezote de piedra blanca y estaba acompañado por dos puntas de proyectil, una navaja de obsidiana y un cajete policromo desgastado.[79] El uso prolongado del bezote y la presencia de las armas llevaron a los investigadores a relacionarlo con una posición guerrera elevada. La sencillez y el desgaste de las vasijas, junto con las alteraciones óseas asociadas con trabajos pesados, sustentaron su propuesta de que pudo tratarse de un macehualli promovido al rango de yaotequihua, y no de un integrante de una casa noble por nacimiento.[79]

Poblaciones inmigrantes y comunidades fronterizas

La población de Tlaxcallan incluía hablantes de náhuatl, otomí y otras lenguas. Las reconstrucciones basadas en Muñoz Camargo, el Códice de Huamantla y otras fuentes registran la llegada de nahuas procedentes de la cuenca de México, pinomes y otomíes. Parte de estos últimos habría emigrado después de la derrota de Xaltocan frente a los tepanecas hacia 1400 y se estableció en los sectores septentrional y oriental del territorio tlaxcalteca.[80] Muñoz Camargo afirmó que las autoridades tlaxcaltecas recibieron a los otomíes como vasallos y les concedieron tierras agrícolas a cambio de tributos y del servicio de vigilancia en las fronteras.[81]

La documentación de Huamantla permite conocer la organización de una de estas comunidades durante el siglo XVI. Un expediente de 1573 registró a macehualtin hñähñu agrupados en tlaxilacalli y representados por tequitlatoque procedentes de la misma población.[82] El documento enumeró terrazgueros sujetos a veintiocho nobles, seis de ellos mujeres. Entre sus prestaciones figuraban cultivar anualmente una parcela de maíz para el titular, entregar un guajolote, ayudar en las tierras de la casa noble y prestar una semana de servicio doméstico.[82]

Viviendas y diferencias materiales

Fargher y sus colaboradores compararon las dimensiones, las técnicas constructivas y los bienes recuperados en las residencias de Tlaxcallan con los de otros asentamientos del Altiplano Central y Oaxaca. La vivienda de mayor tamaño excavada por su proyecto tenía aproximadamente 265 m² de superficie techada, mientras que los palacios utilizados en la comparación podían ocupar entre 8000 y 20 000 m².[83][22] Las diferencias entre los pisos, los cimientos y los objetos portátiles de las viviendas tlaxcaltecas también eran menores que las observadas en varias poblaciones contemporáneas. A partir de estos indicadores, los autores propusieron que Tlaxcallan presentaba una desigualdad material relativamente reducida, aunque reconocieron la existencia de nobles, dependientes y rangos diferenciados.[22]

Las excavaciones posteriores del Conjunto Arquitectónico 2 de Tepeticpac documentaron una residencia distinta de las examinadas en ese primer modelo. Durante su ocupación aumentaron los sahumadores, las vajillas de lujo y las cerámicas importadas de la Mixteca y del valle de Tehuacán; también se recuperaron figurillas, restos de perros y guajolotes consumidos, instrumentos para producir hilo y cordeles y materiales relacionados con la fabricación de navajas de obsidiana.[84] Robles Salmerón, López Corral y Salomón Salazar identificaron el conjunto como parte de un probable tecpan o residencia palaciega perteneciente a un teccalli. Interpretaron el hallazgo como evidencia de la existencia de residencias señoriales comparativamente pequeñas y menos ostentosas que las de otras entidades del centro de México, no como la ausencia completa de arquitectura palaciega.[85] El CA-2 combinaba actividades domésticas, rituales, artesanales y de recepción o representación propias de una casa gobernante.[85]

Crianza y transmisión de conocimientos

Cuando nacía un hijo o una hija en la casa de una persona a la que Diego Muñoz Camargo calificó de «grave y de cuenta», el padre comunicaba el nacimiento a sus parientes y amigos. Los familiares de ambas ramas acudían con ropa, aves y otros presentes. Si el recién nacido era varón, un saludador le daba la bienvenida, le hablaba de los trabajos que encontraría durante su vida y recordaba los hechos de sus antepasados. Después le entregaba los objetos destinados a su crianza y un anciano designado para la ceremonia respondía en nombre de la familia. Los asistentes recibían comida y bebida, y las visitas continuaban durante cuarenta o cincuenta días, hasta que la madre se levantaba. Muñoz Camargo señaló que también se realizaba la ceremonia cuando nacía una niña, aunque el nacimiento de los hijos varones se celebraba con mayor solemnidad.[86]

Los hijos de los señores quedaban al cuidado de ayos encargados de criarlos y doctrinarlos. Muñoz Camargo mencionó el aprendizaje de formas de tratamiento diferentes para hablar con personas mayores, menores, iguales y gobernantes. También atribuyó importancia a la oratoria y a la memoria. Cuando alguien pronunciaba un razonamiento ante un señor, permanecía en cuclillas, mantenía baja la mirada y evitaba escupir, gesticular o mirar directamente al rostro de su interlocutor. Al concluir, inclinaba la cabeza y se retiraba caminando hacia atrás para no darle la espalda.[87]

Jerónimo de Mendieta presentó como una costumbre de los pueblos indígenas de Nueva España, y no como una descripción exclusiva de Tlaxcallan, la incorporación de los hijos de los principales al servicio de los templos. Según su relato, los varones eran llevados después del destete o alrededor de los cinco años para aprender las tareas relacionadas con el culto. Permanecían allí hasta que se casaban o alcanzaban edad y condiciones físicas para participar en la guerra. Mendieta describió una disciplina basada en la realización continua de trabajos diurnos y nocturnos, el servicio ritual y la obediencia a quienes dirigían el recinto.[88]

En esa misma descripción regional, las hijas de los señores permanecían al cuidado de sus madres, amas, parientas ancianas y otras mujeres encargadas de su enseñanza. Aprendían las formas de hablar y saludar a las mujeres mayores y, desde aproximadamente los cinco años, a hilar, tejer y bordar. Mendieta relató que, cuando visitaban a su padre, una matrona encabezaba el grupo y hablaba en nombre de las hijas. Estas llevaban flores, frutas o las mantas que habían tejido y escuchaban las amonestaciones del padre acerca de la conducta y la obediencia debidas a sus madres y maestras.[89]

El mismo historiador describió a los demás muchachos agrupados por barrios bajo la autoridad de un telpuchtlato, término que tradujo como «guarda o capitán de los mancebos». Los jóvenes recogían leña para los braseros de los templos, participaban en obras públicas, reparaban los recintos rituales y colaboraban en la construcción de las casas señoriales. Las agrupaciones disponían de casas y tierras que sus integrantes cultivaban para obtener alimento y vestido. También observaban periodos de ayuno, presentaban ofrendas y recibían correcciones del responsable de la agrupación. Los jóvenes con mayor fuerza acompañaban a los guerreros, mientras que otros presenciaban los combates para aprender cómo se ejercitaba la milicia.[90]

Al describir la salida de estas agrupaciones, Mendieta mencionó expresamente a Tlaxcala. Calculó en unos veinte años la edad en que los jóvenes solicitaban permiso para casarse. Quienes rebasaban esa edad sin contraer matrimonio podían ser trasquilados y separados de la compañía; en Tlaxcala, el matrimonio implicaba abandonar el peinado propio de los jóvenes y adoptar otro. Al dejar la casa donde se habían criado, el capitán les dirigía un discurso en el que les recordaba el servicio a las divinidades, lo aprendido dentro de la agrupación, el mantenimiento de su nueva familia, la participación en la guerra, la obediencia a los padres y el respeto hacia los ancianos.[91]

Muñoz Camargo relacionó el juego de pelota con el ejercicio de los hijos de los señores. Describió una pelota de hule que, debido a su peso, era golpeada con las caderas o las nalgas, protegidas mediante cinturones de cuero. En Tlaxcallan había canchas destinadas a esta actividad y, según el cronista, participaban los señores, no la población plebeya. Los jugadores apostaban ropa, oro, esclavos, insignias, objetos de plumería y otros bienes.[92]

La información histórica podía conservarse mediante imágenes, discursos y composiciones cantadas. Muñoz Camargo escribió que los tlaxcaltecas se comunicaban mediante «caracteres, pintura y figuras de animales».[93] También atribuyó a Tequanitzin Chichimecatl Tecuhtli, principal de Quiahuiztlán, la composición de cantares o versos acerca de los antepasados teochichimecas. Entre los acontecimientos conservados en esas composiciones se encontraban las batallas de Poyauhtlan y Texcalticpac. El cronista indicó que las historias atribuidas a Tequanitzin continuaban siendo conocidas y celebradas y que sus descendientes residían todavía en Tlaxcala cuando escribió su obra.[94]

Economía

Tierra, tributo y trabajo

Las casas señoriales o teccalli administraban tierras, bosques, aguas y el trabajo de las poblaciones vinculadas con ellas. Muñoz Camargo relató que el fundador de una casa reservaba para sí las mejores tierras y distribuía otras entre sus parientes, allegados y guerreros.[72][95] Otras parcelas quedaban en manos de macehualtin o terrazgueros, quienes obtenían de ellas el sustento de sus familias y entregaban al titular de la casa una parte de lo producido.[96]

Los expedientes tlaxcaltecas del siglo XVI describen prestaciones en productos y trabajo. El titular asignaba a cada familia parcelas para su mantenimiento y señalaba otros terrenos cuyo producto se destinaba al tributo. Las entregas documentadas comprendían maíz, tamales y guajolotes, mientras que los hombres y las mujeres casados participaban en el cultivo de los campos tributarios y en el mantenimiento de la casa señorial.[97] Durante las labores agrícolas, el titular del teccalli proporcionaba semillas, instrumentos y alimentos; cuando las parejas cumplían por turnos el servicio doméstico, también debían recibir comida y prendas de vestir.[98]

Amos Megged encontró que los pagos y servicios de los macehualtin adscritos a un tlaxilacalli se entregaban directamente al teccalli o tecpa correspondiente. Los funcionarios tributarios de las casas señoriales movilizaban trabajadores y recibían los productos, en lugar de concentrarlos primero en una administración común de todo el altépetl.[99] La documentación utilizada para reconstruir este sistema procede principalmente de los siglos XVI y XVII, por lo que registra su funcionamiento después de la conquista y también los conflictos sucesorios y territoriales ocurridos durante el periodo colonial.[99]

Mural representando al maíz, el principal alimento de los tlaxcaltecas, además de sus derivados como la tortilla o tamales. Detalle de los Murales de Palacio de Gobierno.

Agricultura y humedales

El maíz ocupaba un lugar principal en la agricultura tlaxcalteca. Las tierras de temporal se distribuían por las laderas y planicies del territorio, mientras que los humedales del suroeste permitían aprovechar suelos con un suministro más constante de agua. En la región conocida actualmente como Antigua Ciénega convergían los ríos Atoyac y Zahuapan y se encontraban terrenos periódicamente inundados, tulares, cañizares y recursos como aves, peces y anfibios.[100]

Asimismo, los anales de Juan Buenaventura Zapata y Mendoza registraron que, en 1504, un ejército de Huexotzinco penetró en esa región, combatió en Xiloxochitla y quemó sembradíos denominados milchimalli, además de una troje perteneciente a Maxixcatzin.[100][16] Aurelio López Corral tradujo milchimalli como «milpas de guerra» y propuso que una parte de esas cosechas estaba destinada al mantenimiento de las instituciones militares.[100]

López Corral describió dos técnicas empleadas históricamente para cultivar terrenos pantanosos. En los campos drenados se abrían canales que conducían el exceso de agua hacia desagües naturales. En los campos elevados o calales se excavaban zanjas a los lados de la parcela y el sedimento extraído se colocaba sobre la superficie cultivable para levantarla por encima del nivel del agua. El autor propuso una mayor presencia de campos elevados en la parte meridional y más anegada de la ciénega, y de campos drenados en la zona septentrional. Sin embargo, en la Antigua Ciénega no se han identificado directamente campos elevados prehispánicos; sí se han excavado sistemas antiguos de drenaje en Amalucan y Cholula y se han registrado canales en otros puntos de Tlaxcala.[100]

Para calcular la capacidad agrícola potencial de los humedales, López Corral delimitó mediante mapas modernos 18 482 hectáreas de gleysoles y 18 989 de fluvisoles aptos para el cultivo. Aplicó rendimientos hipotéticos de entre dos y tres toneladas de maíz por hectárea para los primeros y de entre una y dos para los segundos. El cálculo produjo intervalos de 37 000 a 55 500 toneladas y de 19 000 a 38 000 toneladas anuales, respectivamente. El ejercicio supone que toda la superficie clasificada como apta fue cultivada y utiliza rendimientos modernos como punto de comparación; el propio autor señaló que probablemente no se explotó la totalidad del terreno y que se desconoce la extensión exacta de los humedales durante el Posclásico tardío.[100]

Mercados e intercambio

Comerciantes en el mercado de Ocotelulco, representados en los murales del Palacio de Gobierno de Tlaxcala.

Hernán Cortés describió en 1520 un mercado que se celebraba casi todos los días en Tlaxcallan, identificado posteriormente con la plaza de Ocotelulco. Calculó una concurrencia superior a treinta mil personas y mencionó la existencia de mercados menores en otras partes de la ciudad. Allí se intercambiaban alimentos, ropa, calzado, metales preciosos, piedras, objetos de plumería, vasijas, combustibles y plantas comestibles y medicinales.[10] López de Gómara caracterizó las operaciones del mercado como intercambios por trueque y señaló que sus habitantes no utilizaban moneda metálica acuñada.[101]

Marc Marino y sus colaboradores estudiaron la distribución de puntas de proyectil y obsidiana procedente de yacimientos no locales en viviendas de distinta condición social y en espacios públicos. Estos materiales aparecieron en residencias de diferentes dimensiones y no quedaron restringidos a las casas de mayor rango. Los autores denominaron «mercado abierto» al modelo propuesto para explicar una distribución en la que distintas comunidades y sectores sociales podían acceder a las materias primas y a los objetos terminados.[102]

Restricciones comerciales

Cortés escribió que los tlaxcaltecas le informaron que no consumían sal ni vestían algodón porque sus enemigos les impedían salir a adquirirlos.[103] Muñoz Camargo amplió la relación de productos restringidos e incluyó sal, algodón, plumas tropicales, pigmentos, oro, plata y cacao. El mismo cronista afirmó que antes del cerco llegaban a Tlaxcallan cacao, algodón, miel, cera, oro y plumas de papagayo procedentes de otras regiones.[104][105] Las narraciones coloniales atribuyeron el inicio del bloqueo a Motecuhzoma I y le asignaron una duración aproximada de sesenta años.[106]

Ningún documento fija el comienzo de las restricciones. Bianca Gentil, Gabriel Vicencio Castellanos y Kenneth Hirth señalaron que pudieron iniciarse desde 1446, durante el gobierno de Motecuhzoma Ilhuicamina, y emplearon como periodo aproximado los años 1449-1519. La obsidiana no figura entre los productos mencionados por Muñoz Camargo; los investigadores la utilizaron para comprobar si los materiales procedentes de territorios controlados por la Triple Alianza disminuyeron durante ese periodo.[107]

Para evaluar esta posibilidad, los investigadores en la residencia CA-2 de Tepeticpac, analizaron mediante fluorescencia de rayos X una muestra de 178 piezas de obsidiana gris y negra y ajustaron los resultados con el recuento de la obsidiana verde identificada visualmente. El 59.2 % del conjunto procedía de El Paredón; el 15.7 %, de la Sierra de las Navajas; el 12.8 %, de Zaragoza-Oyameles; el 9 %, de Otumba; y el 3.3 %, del Pico de Orizaba. La Sierra de las Navajas y Otumba, situadas dentro del territorio dominado por la Triple Alianza, aportaban conjuntamente alrededor de una cuarta parte de la obsidiana utilizada en la residencia.[108]

El estudio incluyó también Cinco Santos II, un taller rural de aproximadamente tres hectáreas situado junto al corredor que comunicaba el valle de Puebla-Tlaxcala con la cuenca de México. En este, el 60.2 % de la obsidiana trabajada procedía de El Paredón; el 21.4 %, de Zaragoza-Oyameles; el 11.8 %, de la Sierra de las Navajas; el 4.8 %, de Otumba; y el 1.8 %, del Pico de Orizaba. Las mismas cinco procedencias estaban representadas en Tepeticpac, aunque el estudio no determinó que Cinco Santos II abasteciera directamente a esa población.[109]

En Cinco Santos II, el 1.5 % del conjunto cerámico correspondía a piezas importadas de la cuenca de México de los tipos Azteca Negro sobre Naranja, Tetzcoco Negro sobre Rojo y Tetzcoco Negro y Blanco sobre Rojo. En Tepeticpac, esos tipos constituían el 7.4 % de la cerámica analizada, aunque la mayoría de las piezas fueron clasificadas como imitaciones locales. Gentil, Vicencio Castellanos y Hirth observaron que la proporción de obsidiana procedente de la Sierra de las Navajas se había mantenido relativamente estable desde el Epiclásico y consideraron que, si se intentó restringir su entrada, la medida no interrumpió las redes regionales de abastecimiento. El estudio no examinó directamente la circulación de sal, cacao, metales, plumas o algodón; para este último producto, los autores propusieron estudiar los cambios en los malacates empleados para hilar algodón y fibras de maguey.[110]

Producción artesanal

Uno de los tipos de hilos destinados a confecciones artesanales era el ixtle (en la foto)

La manufactura de instrumentos de obsidiana se ha documentado tanto en el núcleo urbano como en asentamientos subordinados. Un estudio de Tepeticpac y Metepec clasificó 24 137 objetos: 9222 procedían de dos conjuntos arquitectónicos de Tepeticpac y 14 915 de una residencia y un depósito de desechos de Metepec. Una selección de 409 piezas procedentes de contextos sellados fue sometida a fluorescencia de rayos X para identificar los yacimientos de origen.[41] En Tepeticpac predominaban las navajas prismáticas y había menos desechos correspondientes a las primeras fases de preparación de los núcleos. Parte de los materiales apareció en conjuntos próximos a plazas y edificios ceremoniales. En Metepec, 7695 piezas —el 51.59 % de la muestra local— correspondían a la preparación de nódulos y a residuos de talla, mientras que 5827 —el 39.07 %— estaban relacionadas con la producción de navajas. También se encontraron restos de manufactura de bifaciales. El volumen del depósito superaba el esperado para el consumo de una sola vivienda, por lo que los investigadores situaron un taller en las inmediaciones del conjunto excavado.[41]

La producción de hilo está representada por los malacates recuperados en Tepeticpac. Thania Ibarra, Aurelio López Corral y Ramón Santacruz Cano analizaron 283 ejemplares mediante mediciones morfológicas y pruebas experimentales. Identificaron dos grupos funcionales relacionados con técnicas de hilado diferentes y con la elaboración de hilos de distinto grosor. Los contextos excavados contenían instrumentos aptos para fibras finas, entre ellas algodón y pelo animal, y otros destinados a fibras más gruesas de ixtle. Para tal producción, el algodón debía llegar desde regiones más cálidas, mientras que el maguey podía cultivarse en el altiplano tlaxcalteca.[111]

Religión y cultura material

Deidades y espacios de culto

Camaxtli, deidad tutelar de los tlaxcaltecas.

En el relato de la migración teochichimeca recogido por Diego Muñoz Camargo, Camaxtli acompañó al grupo desde Poyauhtlan, les comunicaba sucesos venideros y les indicaba los lugares donde debían establecerse. Ya en Tepeticpac, el cronista situó el templo de la deidad en una cumbre y señaló que los habitantes acudieron a él durante el cerco de la población.[112][113] Jerónimo de Mendieta escribió que en Tlaxcala había numerosos templos dedicados a Quetzalcóatl, al que llamó dios del aire, y vinculó esa presencia con la tradición que lo hacía salir de Tula para poblar Tlaxcala, Huexotzinco y Cholula.[114]

Matlalcueye era el nombre regional de la divinidad acuática que otras fuentes del centro de México denominan Chalchiuhtlicue; el mismo nombre designaba la montaña que también es conocida como La Malinche.[115] Juan de Torquemada situó un templo de Matlalcueye en la cumbre de la montaña.[116] Muñoz Camargo describió a Tláloc como dios de las aguas, los relámpagos, los rayos y los truenos, y le atribuyó un templo y dos fiestas anuales. Añadió que Xochiquétzal tenía igualmente templo y una fiesta anual; en su relato, Tezcatlipoca la llevó a los nueve cielos, tras lo cual Matlalcueye quedó como esposa de Tláloc y Xochitécacihuatl como esposa de Quiahuiztécatl.[117] El cronista relacionó además los nombres de Xochitécacihuatl y Quiahuiztécatl con sierras conocidas en su tiempo, mientras que Torquemada incluyó a Tláloc, Matlalcueye y Xochiquétzal entre las deidades acuáticas de los tlaxcaltecas.[118][119]

El Códice florentino registró, junto a la sierra de Tlaxcalla, un templo dedicado a Toci, «nuestra abuela», llamada también Tzapotlatenan, «diosa de los temazcales y de las medicinas». Según el texto, a su fiesta concurrían personas procedentes de más de cuarenta leguas; después de la evangelización se edificó allí una iglesia bajo la advocación de Santa Ana.[120] El Catálogo Nacional de Bienes Culturales Muebles e Inmuebles de Propiedad Federal identifica ese lugar con Santa Ana Chiautempan.[121]

Muñoz Camargo mencionó asimismo a Ometochtli como dios del vino y de las bebidas embriagantes, al que se dedicaba una fiesta anual.[122] Al fuego lo llamó «Dios de la senectud» porque lo representaban viejo; escribió también que las casas nuevas se encomendaban al «Dios de las casas» antes de ser habitadas y que Tlaltecuhtli era el dios del mundo y de la tierra.[123] En su exposición sobre la divinidad empleó además el nombre Teotloquenahuaque para «aquel en quien están todas las cosas» y presentó al sol como dios y señor del día, y a la luna como diosa de la noche.[124]

El Códice de Huamantla conserva una tradición otomí en la que la migración de un grupo otomí hacia Huamantla se realizó bajo la protección de Xochiquétzal y Otontecuhtli, señor de los otomíes y del fuego.[125]

Fiestas, penitencias y especialistas rituales

Cada cuatro años tenía lugar la celebración del dios Camaxtli, en la que se ofrendaban tributos a esta divinidad y a Matlalcueye en el volcán homónimo (en la foto).

La celebración dedicada a Camaxtli tenía lugar al principio de marzo de cada año y adquiría mayor solemnidad cada cuatro años, cuando participaba el conjunto de la provincia.[126][127] Para iniciar la preparación de la ceremonia cuatrienal, los ministros se reunían en el templo y el más anciano de los tlamacazque, llamado achcauhtli, los exhortaba a cumplir la penitencia. Quienes no quisieran continuar podían retirarse durante los primeros cinco días; si la abandonaban después del décimo, perdían su lugar entre los servidores del templo y sus bienes, según el relato de Motolinía.[126] Al quinto día, el grupo ascendía a Matlalcueye. Los ministros permanecían orando antes de llegar a la cumbre, mientras el achcauhtli continuaba hasta el templo de la montaña y depositaba piedras verdes, plumas de quetzal, papel e incienso como ofrendas a Camaxtli y Matlalcueye.[126][128] El periodo de penitencia comenzaba después de ese ascenso y duraba 160 días. Durante la primera noche se perforaban las lenguas de los ministros con navajas de piedra y se hacían pasar por las heridas varillas que aumentaban progresivamente de grosor. En los primeros ochenta días, los ministros repetían el autosacrificio cada veinte días; durante los ochenta restantes se incorporaban los señores y el resto de la población, hombres y mujeres, que utilizaban varillas de menor tamaño.[129][130] Danièle Dehouve contabilizó ocho autosacrificios practicados por los ministros durante los 160 días y cuatro por el resto de los participantes durante la segunda mitad del periodo. También relacionó esta distribución con el empleo ritual de unidades de veinte, cuarenta, ochenta y 160 días, cuyo aumento expresaba una mayor intensidad de la penitencia.[131]

Durante los últimos ochenta días, los participantes dejaban de consumir chile, no se bañaban y se abstenían de mantener relaciones sexuales; Motolinía aclaró que quienes conseguían carne podían comerla. El fuego debía permanecer encendido de día y de noche en las casas de los señores principales. Según el franciscano, si se apagaba, el señor de la casa hacía matar a un esclavo y vertía su sangre en el brasero.[129] Cada veinte días, el achcauhtli volvía por la noche a Matlalcueye acompañado por cuatro o cinco ministros y llevaba papel, copal y codornices. Los demás servidores, cuyo número Motolinía estimó en más de doscientos, permanecían en las salas del templo.[132][133]

Muñoz Camargo describió otra forma de penitencia practicada por personas denominadas tlamaceuhque. Estas recorrían durante la noche los templos y ermitas, en silencio y sin compañía, con un pequeño brasero encendido sobre la cabeza. El servicio podía prolongarse durante uno o dos años y se realizaba como cumplimiento de una promesa, después de sobrevivir a algún peligro o para solicitar el favor de las divinidades. Durante ese tiempo evitaban la carne y las legumbres y se alimentaban con pan sin levadura llamado yoltan.[134]

Cuatro o cinco días antes de la fiesta se reparaban, limpiaban y encalaban los templos y las salas destinadas a las deidades. Tres días antes, los ministros se pintaban el cuerpo y bailaban durante todo el día detrás del templo principal. Motolinía enumeró los colores negro, rojo, blanco, verde, azul y amarillo,[132] mientras que Torquemada mencionó únicamente negro, azul y blanco.[135] Los ministros vestían después una estatua de Camaxtli de aproximadamente tres estados de altura y colocaban junto a ella una imagen menor que atribuían a los primeros pobladores. Motolinía relacionó esta imagen y su máscara con Tollan y Poyauhtlan,[136] mientras que Torquemada añadió que los cholultecas llevaban vestiduras de Quetzalcóatl para colocarlas en la imagen menor y que los tlaxcaltecas participaban de manera recíproca cuando Cholula celebraba a su deidad.[135] En la víspera se colocaban en la estatua principal una rodela elaborada con oro y plumas, una flecha grande con punta de pedernal, mantas y xicoles. Motolinía mencionó además una vestidura larga adornada con algodón y pelo de conejo,[137] mientras que Torquemada la denominó tecucxicolli.[135] Motolinía enumeró entre las ofrendas conejos, codornices, culebras, langostas y mariposas; Torquemada, por su parte, incluyó conejos, codornices, culebras, lagartos, mariposas, flores y rosas. Los animales se presentaban vivos y se mataban delante de la imagen.[137][135]

A medianoche, un ministro vestido con las insignias de la deidad encendía una «lumbre nueva». A continuación se sacrificaba a uno de los cautivos principales y después a otros prisioneros de guerra. Motolinía llamó «hijo del sol» a la primera víctima y calculó 405 sacrificios en el templo de Camaxtli de Ocotelulco, entre cincuenta y sesenta en otro barrio situado media legua cuesta arriba y otros en veintiocho lugares de la provincia, hasta alcanzar un total de ochocientos.[138] Torquemada proporcionó cifras diferentes: más de quinientos en Ocotelulco, alrededor de cien en Tepeticpac y más de mil en el conjunto de las localidades tlaxcaltecas.[139]

Los cantos y bailes se acompañaban con tambores, teponaztli, trompetas de madera e instrumentos semejantes a flautas. Los participantes portaban divisas, insignias, prendas adornadas con plumas, joyas de oro y piedras preciosas; Muñoz Camargo añadió que las mujeres también intervenían en las danzas con sus propios atavíos.[140] Al describir las prácticas adivinatorias, el cronista mencionó el consumo de peyotl, tlapatl, mixitl, la carne de un ave llamada oconenetl y hongos denominados nanacatl, a los que atribuyó la pérdida de los sentidos y la aparición de visiones. También afirmó que el consumo de las bebidas que denominó «vino» estaba restringido y que, durante algunas fiestas señaladas, podían recibirlas con moderación hombres de rango, ancianos y veteranos de guerra.[140]

Durante las sequías se reunían perros sin pelo, que se llevaban en procesión y sobre andas hasta un templo llamado Xoloteupan. Allí se les extraían los corazones y se ofrecían al dios de las aguas; después del sacrificio, los participantes consumían los cuerpos de los animales. Muñoz Camargo añadió que la lluvia y los relámpagos comenzaban antes de que la procesión pudiera regresar al templo principal.[141] Es por esto que Tláloc recibía dos celebraciones anuales, una mayor y otra menor. Muñoz Camargo mencionó la presentación de ofrendas y promesas, la quema de incienso y el sacrificio de cautivos. También describió una ofrenda de picietl molido y colocado en grandes recipientes sobre los altares y basamentos del templo. Durante las sequías se organizaban nuevas rogativas y sacrificios para solicitar la lluvia.[142]

Sacrificio y prácticas funerarias

Detalles del altar policromo encontrado en Ocotelulco

Muñoz Camargo relató que, cuando moría un cacique o señor, el cuerpo podía colocarse sentado sobre unas andas, con el rostro descubierto, los cabellos arreglados y orejeras y bezotes de oro, plata o piedras preciosas. Si se trataba de un rey, se le añadía una corona semejante a una mitra. Los principales transportaban las andas hasta una hoguera mientras los pregoneros enumeraban las acciones y victorias del difunto. El cronista afirmó que algunos criados y otras personas que deseaban acompañarlo se arrojaban también al fuego. Junto a la pira se llevaban alimentos y bebidas destinados al viaje a la otra vida. Después de la cremación, las cenizas eran recogidas, mezcladas con sangre humana y empleadas para formar estatuas o imágenes del fallecido.[143]

El mismo cronista afirmó que otros señores no eran cremados, sino depositados en bóvedas o sepulturas. Según su narración, podían ser enterrados con doncellas, criados, enanos y personas con deformidades corporales, además de objetos apreciados por el difunto y provisiones para el viaje. Después del entierro, los parientes regresaban a la casa y celebraban comidas, danzas y cantos que podían prolongarse durante veinte o treinta días.[144]

Las excavaciones realizadas en la Terraza 14 y la Plaza 4 de Tepeticpac localizaron cincuenta y ocho individuos depositados durante el Posclásico tardío. La mayoría de los entierros contenía pocas ofrendas, compuestas por objetos que los investigadores describieron como sencillos y de calidad relativamente baja, y ninguno de los esqueletos presentaba evidencias osteológicas de traumatismos violentos.[145] Entre los depósitos estudiados se encontraban los de un hombre adulto acompañado por armas, un bezote y un cajete policromo; un niño de entre uno y dos años asociado con un pendiente de concha y un plato decorado con la cabeza de un venado, y otro de entre seis y siete años acompañado por la representación cerámica de un templo de Ehécatl-Quetzalcóatl.[146]

Pintura mural y altares

Las excavaciones de 1990 en Ocotelulco descubrieron un pequeño teocalli construido sobre una terraza cercana al templo de San Francisco.

Las exploraciones realizadas en 1990 al norte de la iglesia de San Francisco Ocotelulco descubrieron los restos de un pequeño teocalli compuesto por tres etapas constructivas superpuestas. En la primera funcionaron conjuntamente una banca pintada y un altar central; durante la segunda, un muro de adobe cubrió parcialmente el altar, mientras que la banca continuó utilizándose. En la tercera etapa, el espacio fue rellenado con tierra y probablemente recibió otra función.[147][148]

La banca mostraba, sobre fondo negro, cráneos, corazones, manos cercenadas y círculos atravesados por una banda. Los motivos de ambos sectores estaban orientados hacia el altar central.[147] En los costados del altar se representaron ocho personajes con cuerpos serpentinos, mascarones abiertos y rostros antropomorfos. Contreras Martínez los identificó como xiuhcóatl o serpientes de fuego y describió la figura central como un brasero antropomorfo asociado con Tezcatlipoca.[149]

Peperstraete cuestionó la identificación uniforme de las ocho figuras como xiuhcóatl, pues no todas presentaban los componentes característicos de esas representaciones. En los rostros distinguió atributos relacionados con Tezcatlipoca, Quetzalcóatl, Venus y las deidades del pulque, y los describió como posibles figuras compuestas. También interpretó la figura central como un recipiente cefalomorfo que podía funcionar como cuauhxicalli, aunque registró otras propuestas acerca de su significado.[150]

Las habitaciones próximas al santuario contenían depósitos de cerámica y restos animales relacionados con la construcción o renovación de los edificios. Entre ellos se encontraron un cajete policromo fracturado y colocado sobre un fogón de basalto y un plato acompañado por huesos de codorniz. Contreras Martínez identificó las figuras de ambas piezas como representaciones de Tezcatlipoca.[151]

En Tizatlán, las excavaciones de 1927 descubrieron un santuario con una banca, seis columnas y cuatro altares, dos de ellos policromos. Los altares A y B compartían con Ocotelulco los motivos de cráneos, corazones, manos y círculos atravesados por una banda.[152] Sus pinturas han sido relacionadas con Mictlantecuhtli, Tezcatlipoca, Camaxtli, Quetzalcóatl y otras deidades, aunque Alfonso Caso, Peperstraete y el Instituto Nacional de Antropología e Historia propusieron identificaciones diferentes para varias de las figuras.[153][154]

Cerámica policroma

Cerámica policroma encontrada en Ocotelulco.

La cerámica policroma estudiada en Tepeticpac procede de excavaciones realizadas en plazas, conjuntos arquitectónicos, templos, terrazas y otros sectores del asentamiento. Aurelio López Corral y sus colaboradores analizaron 32 recipientes completos o semicompletos y 15 263 fragmentos.[155] El examen de las pastas, los desgrasantes de arena volcánica y varias piezas deformadas durante la cocción indicó que una parte de los recipientes se fabricó localmente.[156]

Los investigadores clasificaron los fragmentos en cinco tipos: Amoxtli Glifo Códice, Iztlaca Glifo Falso Negativo, Tlamachtli Glifo Esquemático, Xocotic Glifo Esquemático y Machiyotl Glifo Geométrico. Los cajetes constituían la forma más numerosa, seguidos por los platos; también se registraron copas, cántaros, ollas y otros recipientes.[155] Las piezas circulaban entre templos, plazas, conjuntos residenciales y entierros.[157]

Gilda Hernández Sánchez incluyó esta cerámica dentro de la tradición pictográfica Mixteca-Puebla. Según su análisis, las imágenes pintadas no funcionaban únicamente como adornos, sino que formaban una pictografía relacionada con prácticas rituales mesoamericanas. Algunas vasijas se utilizaban para servir alimentos y bebidas durante banquetes y ceremonias, mientras que los signos de otras aludían a celebraciones relacionadas con el culto a los muertos y la propiciación agrícola.[158]

Entre las imágenes documentadas en Tepeticpac se encuentran flores, plumas, cuchillos de pedernal, corrientes de sangre, pieles de jaguar, cabezas de venado, aves, ojos estelares y el ornamento de plumas blancas llamado aztaxelli.[157] También aparecen figuras que los investigadores relacionaron con Tláloc, Tezcatlipoca, Tlahuizcalpantecuhtli, Tlaltecuhtli, las tzitzimimeh, Xilonen, Yacatecuhtli, Ehécatl y Matlalcueye-Chalchiuhtlicue.[159] En la muestra estudiada no identificaron una representación personificada de Camaxtli ni una figura que reuniera todos los componentes de su atavío descritos en las fuentes coloniales. Consideraron que el aztaxelli y las imágenes de venados podían relacionarse con la caza y con algunos atributos de Camaxtli, pero advirtieron que ninguno de esos signos era exclusivo de la deidad.[160]

Organización militar

Decisión y movilización

Las decisiones sobre la guerra y la paz correspondían al consejo formado por los señores de Tlaxcallan. La segunda carta de relación señaló que estos se reunían para ordenar y concertar las operaciones,[10] mientras que Fargher, Blanton y Heredia Espinoza atribuyeron al consejo la declaración de la guerra y la paz, el envío de embajadas, la propuesta de alianzas y el nombramiento o destitución de funcionarios políticos y militares.[161]

Los mismos investigadores relacionaron la movilización de las tropas con los teccalli. Al recibir uno de estos dominios, el teuctli asumía obligaciones de gobierno y servicio militar. Los hogares de macehualtin vinculados con la casa cultivaban tierras y producían los recursos destinados a sostener el cargo; también prestaban servicio militar bajo el mando del teuctli. Fargher, Blanton y Heredia Espinoza denominaron «corvea militar» a esta prestación y propusieron que su cumplimiento reiterado permitió mantener tropas disponibles durante las guerras contra las entidades de la cuenca de México.[162]

Fronteras y guarniciones

Hueyotlipan era una de las poblaciones fronterizas vinculadas con la defensa de Tlaxcallan.

La defensa del territorio descansaba en parte en las poblaciones otomíes establecidas en sus márgenes. Muñoz Camargo situó guarniciones en los límites de Tlaxcallan y mencionó expresamente a Hueyotlipan entre los lugares desde los que se protegían los accesos al territorio. Sus habitantes debían permanecer armados y vigilantes para impedir las incursiones enemigas.[163] Fargher, Blanton y Heredia Espinoza identificaron asimismo a Tecoac y Hueyotlipan como centros fronterizos otomíes integrados en Tlaxcallan.[164]

En el relato de una ofensiva dirigida simultáneamente contra distintos puntos de Tlaxcallan, Muñoz Camargo atribuyó el primer combate a las tropas establecidas en las fronteras. Estas persiguieron a los atacantes y entregaron los cautivos y el botín a los señores de las cuatro cabeceras. El cronista añadió que algunos capitanes contrajeron matrimonio con hijas de esos dirigentes y que otros recibieron la dignidad que denominó «caballero». Después de la campaña se reforzaron los puntos defensivos mediante fosos y otros reparos, mientras que los otomíes encargados de las fronteras fueron reconocidos por su actuación durante los combates.[165]

Capitanías e insignias

Durante los enfrentamientos de septiembre de 1519, Cortés llamó a Xicohténcatl —registrado en su carta como Sintengal— «capitán general» de la provincia.[166] Bernal Díaz del Castillo escribió que Xicohténcatl mandaba cinco capitanías. La primera procedía de la parcialidad de Xicohténcatl el Viejo; la segunda estaba asociada con Maxixcatzin; la tercera, con Chichimecatecuhtli; la cuarta, con Tecapaneca, señor de Topeyanco; y la quinta, con un dirigente cuyo nombre transcribió como Guaxobcin. Díaz atribuyó diez mil guerreros a cada capitanía y explicó que esa información había sido proporcionada a los españoles por indígenas que tuvieron prisioneros y después liberaron.[167] El soldado cronista señaló que el conjunto llevaba una bandera con un ave blanca y las alas extendidas, a la que comparó con un avestruz.[168] Cada capitanía conservaba además su propia divisa y librea. En la narración de un combate anterior identificó las insignias de Xicohténcatl por sus colores blanco y rojo, y describió la llegada de los contingentes con grandes penachos, trompetillas y bocinas.[169] El mismo cronista afirmó que, durante la batalla del 5 de septiembre, Chichimecatecuhtli se negó a auxiliar a Xicohténcatl y persuadió a la capitanía de Huexotzinco para que tampoco combatiera. Según su relato, Xicohténcatl dejó de ser obedecido por esos dos capitanes y los demás contingentes comenzaron a retirarse cuando advirtieron su ausencia.[170]

Muñoz Camargo describió otras insignias vinculadas con casas gobernantes. La de Ocotelulco consistía en un ave verde llamada Quetzaltototl, colocada sobre una roca y adornada con el pico y varias piezas circulares de oro. La de Quiahuiztlán era un conjunto de plumas verdes con forma de ala o aventador llamado Quetzalpatzactli. La de Tepeticpac representaba un lobo sobre unas rocas, armado con arco y flechas. El pasaje no proporciona una descripción equivalente para Tizatlán y señala que existían otras divisas pertenecientes a diferentes casas señoriales.[171]

Reconocimiento y tácticas de combate

Díaz del Castillo mencionó en los combates de 1519 arcos y flechas, hondas, piedras, lanzas, rodelas y dardos endurecidos al fuego que terminaban en dos puntas. También empleó las palabras españolas «espadas» y «montantes» para referirse a armas utilizadas en el combate cercano. Describió una primera descarga de piedras, flechas y dardos, seguida por el avance de los combatientes que portaban lanzas, rodelas y armas de mano.[172] En otro pasaje afirmó que los tlaxcaltecas retiraban inmediatamente a sus heridos y muertos del campo de batalla.[173]

Por su parte, el capítulo que Muñoz Camargo dedicó al «arte militar» no se refiere exclusivamente a Tlaxcallan, sino a las armas y formas de combate que atribuyó de manera general a distintos pueblos del centro de México. Enumeró arcos, flechas, hondas, dardos o azagayas arrojados mediante piezas de madera, porras o macanas, armas cortantes de pedernal y rodelas. Especificó que mexicas, acolhuas y tlaxcaltecas con mayores recursos utilizaban protecciones acolchadas de algodón, y describió insignias confeccionadas con pieles o formas de animales, oro y plumas.[174]

En esa descripción general, los combatientes se agrupaban en escuadrones que podían reunir alrededor de cien hombres, aunque su número variaba. Una unidad iniciaba el enfrentamiento y otras permanecían dispuestas para reforzarla cuando cedía ante el adversario. Los capitanes conservaban tropas de reserva y enviaban nuevos escuadrones conforme avanzaba la batalla. Las bocinas, las trompetas de madera, los tambores y las caracolas acompañaban el movimiento de las unidades. El intercambio comenzaba con piedras, flechas y dardos y continuaba con el combate cuerpo a cuerpo. Muñoz Camargo incluyó entre las tácticas las emboscadas, las retiradas fingidas, los ataques nocturnos y la excavación de fosas cubiertas que contenían estacas puntiagudas.[175]

Mérito militar y distinciones

Los servicios militares podían permitir que algunos macehualtin, particularmente los guerreros denominados yaotequihua, fueran incorporados a los pipiltin.[176] Muñoz Camargo aplicó la expresión española «armarse caballero» a una ceremonia practicada en México, Tlaxcala y otras poblaciones de lengua náhuatl. Escribió que podía recibirla un señor o hijo de señores que hubiera obtenido una victoria, realizado una acción destacada o demostrado capacidad para aconsejar en los asuntos públicos. Añadió que también podían acceder a ella comerciantes enriquecidos, aunque distinguió su procedencia de la de los nobles por descendencia.[177]

La Historia de Tlaxcala proporciona dos duraciones diferentes para la preparación ceremonial. El capítulo v le asignó cuarenta o sesenta días de encierro y ayuno, mientras que el capítulo xix indicó un periodo de ochenta días.[177][178] En la primera descripción, al candidato se le perforaban la nariz, los labios y las orejas, se ofrecía su sangre y se le instruía sobre la conducta que debía observar. Después recibía públicamente arcos, flechas, macanas y otras armas, recorría calles y plazas y ofrecía presentes a los señores y guerreros veteranos. Muñoz Camargo atribuyó a estos últimos funciones en la administración de justicia y en los consejos de guerra.[177]

El mismo cronista describió el regreso de los capitanes victoriosos a sus poblaciones. Eran transportados sobre andas y entraban acompañados por los cautivos obtenidos durante la campaña. Sus acciones se incorporaban a cantos públicos y se colocaban representaciones de algunos capitanes en los templos.[179]

Relaciones regionales

El valle de Puebla-Tlaxcala

La relación con Huexotzinco (glifo a la derecha) y Cholollan (restauración de una parte de su gran pirámide, a la izquierda) cambió a lo largo de los años.

Durante el Posclásico tardío, el valle de Puebla-Tlaxcala no formaba una unidad política. Tlaxcallan, Huexotzinco y Cholollan eran entidades independientes que conservaron autoridades y territorios propios. Sus alianzas cambiaron durante las guerras de finales del siglo XV y comienzos del XVI: Huexotzinco y Cholollan combatieron en algunas ocasiones junto con Tlaxcallan y, en otras, se unieron a sus adversarios. En las campañas también participaron Tliliuhquitepec, Tepeyacac, Cuauhquechollan y otras poblaciones situadas en los caminos que comunicaban el valle con la cuenca de México, la Mixteca y la costa del Golfo.[105][180]

El valle de Atlixco tuvo importancia comercial, agrícola y militar por su posición entre Huexotzinco, Cholollan y los pasos situados al sur del Popocatépetl. El asentamiento que las fuentes llamaron Cuauhquechollan estuvo ocupado hasta 1443, cuando fue trasladado unos veinte kilómetros al suroeste, al lugar donde se encuentra la actual Huaquechula. La población trasladada conservó el nombre de Cuauhquechollan, mientras que el asentamiento anterior comenzó a ser llamado Huehuecuauhquechollan, «Cuauhquechollan viejo».[181] Las investigaciones de Avis Mysyk y Lucero Morales Cano relacionaron esta mudanza con las transformaciones políticas y militares del valle durante el Posclásico tardío.[182]

Barry Isaac elaboró una cronología de los enfrentamientos regionales mediante la comparación de los relatos de Durán, Tezozómoc, Torquemada, Muñoz Camargo e Ixtlilxóchitl. Situó hacia 1499 un ataque de Tlaxcallan contra Huexotzinco. Los huexotzincas solicitaron la intervención de Tenochtitlan, pero Ahuízotl rechazó la petición.[183] Hacia 1503, Huexotzinco combatió contra la Triple Alianza en Atlixco y obligó a sus fuerzas a retirarse.[180] Alrededor de 1506, Huexotzinco, Tlaxcallan, Cholollan y Tliliuhquitepec formaron una coalición contra los ejércitos de Tenochtitlan, Tetzcoco y Tlacopan, pero Isaac clasificó como indeciso el resultado de esa batalla.[183] Entre aproximadamente 1507 y 1512, los tlaxcaltecas ocuparon tierras huexotzincas, destruyeron cultivos y contribuyeron a una escasez de alimentos.[184] En la secuencia propuesta por Isaac, Huexotzinco se incorporó hacia 1512 a una alianza con Tenochtitlan, Tetzcoco y Tlacopan, y sus fuerzas combatieron juntas contra Tlaxcallan sin obtener una victoria decisiva.[184] Hacia 1516, Huexotzinco abandonó esa alianza y volvió a colaborar con Tlaxcallan y Cholollan.[184] Isaac situó en 1517 una derrota de la Triple Alianza ante tlaxcaltecas y huexotzincas y, hacia 1518, el sometimiento de Huexotzinco por Tlaxcallan.[185] En esa última etapa, Cholollan se aproximó nuevamente a la Triple Alianza, aunque conservó su independencia.[183]

Muñoz Camargo presentó una secuencia distinta. Colocó el comienzo de una guerra entre Huexotzinco y Tlaxcallan dieciocho años antes de la llegada de los españoles. Tecayehuatzin de Huexotzinco habría declarado la guerra, convocado a los cholultecas y recibido el respaldo de los mexicas. Los aliados ofrecieron oro, armas y otros bienes a los habitantes de Hueyotlipan y a los otomíes que custodiaban la frontera para que permitieran la entrada de sus ejércitos y combatieran contra Tlaxcallan. El cronista afirmó que las guarniciones rechazaron el ofrecimiento. Los huexotzincas entraron entonces por Xiloxochitlan, donde murió Tizacaltatzin, principal de Ocotelulco y del barrio de Contlantzinco.[186] El cronista calculó que las hostilidades iniciadas después de la muerte de Tizacaltatzin duraron más de quince años. Acorde a lo cual, los tlaxcaltecas ocuparon la parte llana del territorio huexotzinca y empujaron a sus adversarios hacia las faldas de la Sierra Nevada. Motecuhzoma envió tropas en su ayuda bajo el mando de su hijo Tlacahuepantzin; los contingentes entraron por Tetella, Tochimilco y Cuauhquechollan, acompañados por fuerzas de Itzocan y Chietlan. Los tlaxcaltecas los atacaron en el valle de Atlixco y Tlacahuepantzin murió en el combate. Durante el año siguiente destruyeron cultivos y residencias de Huexotzinco, cuyos habitantes buscaron alimentos y refugio en territorio sometido a México.[186]

Cholollan aparece en ambas posiciones. Formó parte de la coalición regional que combatió contra la Triple Alianza hacia 1506, según la reconstrucción de Isaac, y se unió a Huexotzinco contra Tlaxcallan en la narración de Muñoz Camargo.[187] Torquemada describió también un intercambio ritual entre ambas poblaciones: durante la fiesta de Camaxtli, los cholultecas llevaban vestiduras asociadas con Quetzalcóatl para una imagen menor colocada junto a la deidad tlaxcalteca, y los tlaxcaltecas realizaban una entrega semejante cuando se celebraba la fiesta de Cholollan.[188]

Guerra con la Triple Alianza

Tlaxcallan fue parte de las pocas entidades dentro del periodo precolonial que no formó parte del sistema tributario de la Triple Alianza (en la foto: glifos aztecas de los estados miembros de la Triple Alianza)

Tlaxcallan no fue incorporada al sistema tributario encabezado por Tenochtitlan, Tetzcoco y Tlacopan. La Triple Alianza conquistó, sin embargo, varias poblaciones situadas alrededor del territorio tlaxcalteca. En un primer paso, Motecuhzoma Ilhuicamina sometió Tepeyacac en 1466.[189] Dicha población se encontraba en la intersección de los caminos que comunicaban el altiplano con la Mixteca, Oaxaca, Guatemala y la costa del Golfo;[189] Isabel Bueno Bravo relacionó su conquista con el propósito de controlar esas rutas y concentrar allí las transacciones comerciales.[190]

Durán recogió dos explicaciones acerca de la independencia de Tlaxcallan. Una sostenía que la Triple Alianza no había conseguido conquistarla;[191] la otra afirmaba que los mexicas preferían conservarla como un territorio próximo donde sus guerreros pudieran ejercitarse y obtener cautivos.[192] Muñoz Camargo conoció esta segunda explicación, pero declaró que no la consideraba verosímil y mencionó los intentos de imponer tributo, las invasiones del territorio, los ataques contra las poblaciones y la ausencia de matrimonios entre las casas gobernantes de Tlaxcallan y México.[193] Isaac examinó las campañas ocurridas entre aproximadamente 1455 y 1519 y sostuvo que la Triple Alianza intentó conquistar el valle de Puebla-Tlaxcala.[183] Relacionó ese propósito con la movilización de ejércitos procedentes de distintas provincias, la ocupación de tierras, los ataques contra cultivos y asentamientos y las campañas dirigidas contra Tlaxcallan, Huexotzinco y Cholollan.[194] En su reconstrucción, las alianzas cambiantes entre esas entidades impidieron que la Triple Alianza estableciera un dominio permanente sobre todo el valle.[195]

El historiador Stan Declercq definió la xochiyaoyotl descrita por los cronistas como un enfrentamiento temporal cuyo objetivo era capturar vivos a los adversarios para su sacrificio, no ocupar sus tierras. Esos combates podían comenzar después de un acuerdo sobre el lugar y el momento de la lucha y concluir cuando se había obtenido un número suficiente de cautivos. Declercq señaló que los mismos relatos registraron guerras floridas que posteriormente se transformaron en campañas de conquista.[196]

Los enfrentamientos ocurridos entre 1503 y 1518 incluyeron invasiones, destrucción de cultivos, ocupación de tierras y combates con numerosas muertes. Declercq no los consideró guerras floridas limitadas a la obtención de prisioneros, sino campañas en las que los adversarios buscaban destruir o someter políticamente al contrario.[196] Muñoz Camargo relacionó uno de esos cambios con la muerte de Tlacahuepantzin, a quien identificó como hijo de Motecuhzoma. Después de su muerte en el valle de Atlixco, el gobernante mexica habría ordenado una campaña general para destruir Tlaxcallan.[197] Sin embargo, Alva Ixtlilxóchitl transmitió otra versión: alrededor de 1510, Nezahualpilli se habría negado a continuar participando en las guerras floridas y Motecuhzoma habría comunicado a los tlaxcaltecas que las fuerzas de la Triple Alianza combatirían desde entonces para ocupar y devastar su territorio.[198]

Treguas y contactos diplomáticos

Representación de Motecuhzoma Xocoyotzin. El Códice Ramírez menciona la presencia de representantes de Tlaxcallan y Michoacán en las ceremonias de su entronización.[199]

Los enfrentamientos alternaban con treguas y contactos entre los dirigentes. Muñoz Camargo relató que, durante algunas suspensiones de la guerra, los gobernantes de Tenochtitlan y Tetzcoco enviaban secretamente oro, ropa, cacao y sal a los señores tlaxcaltecas, sin conocimiento de la población común. El cronista añadió que los dirigentes obtenían ropa, oro y plumas mediante el botín de guerra, y sal y cacao mediante el rescate de prisioneros.[200] El Códice Ramírez situó a representantes de Tlaxcallan y Michoacán entre los invitados a las ceremonias de entronización de Motecuhzoma Xocoyotzin. Según esa narración, los visitantes recibieron alojamiento de acuerdo con su rango y observaron las ceremonias desde espacios reservados; durante cuatro noches participaron en las danzas con disfraces y cabelleras largas que ocultaban su identidad. La relación de Juan Bautista Pomar añadió que tlaxcaltecas y huexotzincas podían asistir a determinadas fiestas sacrificiales en territorio mexica, mientras que Tezozómoc mencionó la presencia secreta de adversarios durante un juego de pelota.[199]

Los cronistas utilizaron términos de parentesco al describir esas relaciones. Tezozómoc llamó a los huexotzincas hermanos o parientes de los tetzcocanos y registró que los tlaxcaltecas se dirigían a los mexicas como sobrinos. Pomar escribió que Tlaxcallan ayudó a Nezahualcóyotl por compartir con él una ascendencia chichimeca, mientras que Huexotzinco lo hizo por amistad. Declercq relacionó estas expresiones con el idioma, las tradiciones de origen y las prácticas religiosas compartidas por las entidades nahuas del centro de México.[201] Muñoz Camargo, por su parte, afirmó que los linajes gobernantes de Tlaxcallan y México no establecían alianzas matrimoniales entre sí, aunque esos enlaces eran habituales entre otras casas señoriales del centro de México.[202] Declercq propuso que la ausencia de matrimonios distinguía esta relación de otras rivalidades entre entidades que también se consideraban emparentadas por su origen y su cultura.[203]

Relaciones con la costa del Golfo

Cuetlaxtlan proporcionaba acceso a productos de la costa central de Veracruz y a los caminos que continuaban hacia el sureste. Entre los bienes que posteriormente entregó como tributo se encontraban cacao, especias, chile, camarones, cangrejos, pescado, conchas, pieles, mantas, plumas, oro, plata, aves y piedras verdes. Parte de ese tributo se recaudaba cada ochenta días.[204] Isabel Bueno Bravo reconstruyó a partir de Durán que, en 1451, Motecuhzoma Ilhuicamina utilizó el ataque contra unos comerciantes de la Triple Alianza como causa para conquistar Cuetlaxtlan. En la narración examinada por Bueno, dirigentes tlaxcaltecas habían persuadido a los habitantes de la población para que atacaran a los mercaderes. Después de la conquista volvieron a intervenir: ofrecieron ayuda militar a los cuetlaxtlecas si dejaban de pagar tributo y mataban al gobernador impuesto por México. Sin embargo, el auxilio tlaxcalteca no llegó, la rebelión fue reprimida y las obligaciones tributarias de Cuetlaxtlan se duplicaron.[205] La misma investigadora relacionó las conquistas de Cuetlaxtlan, Coixtlahuacan y Tepeyacac con el control de los caminos comerciales hacia la costa del Golfo, la Mixteca y las tierras situadas más al sur. La ocupación de Tepeyacac permitía concentrar las transacciones en una población situada en la intersección de esas rutas, sin que los comerciantes tuvieran que atravesar el núcleo de Tlaxcallan.[206]

Otro corredor atravesaba el norte de Tlaxcala en dirección noroeste-sureste y comunicaba la región con el sector nororiental de la cuenca de México. El cañón del río Apulco proporcionaba un paso hacia el norte de Puebla y los caminos que continuaban hacia la costa del Golfo. David Carballo y Thomas Pluckhahn estudiaron mediante sistemas de información geográfica la distribución de los asentamientos alrededor de ambos corredores y señalaron que estas vías facilitaron durante distintos periodos el movimiento de personas, mercancías e ideas.[207]

Llegada de los españoles

Mensajeros y paso por la frontera septentrional

Iztacmaxtitlan, conocido actualmente como Ixtacamaxtitlán (glifo en la foto), fue el primer pueblo que compartía frontera con Tlaxcallan al que llegaron los españoles.

La expedición salió de Cempoala a mediados de agosto de 1519, según la cronología de Bernal Díaz del Castillo. La acompañaban cuarenta principales cempoaltecas, descritos como hombres de guerra, y doscientos tamemes destinados al transporte de la artillería. Los cempoaltecas recomendaron seguir el camino de Tlaxcallan porque mantenían amistad con sus habitantes y compartían la enemistad con México-Tenochtitlan.[208] Antes de entrar en territorio tlaxcalteca, Cortés envió una embajada para solicitar una recepción favorable. En su segunda carta de relación consignó cuatro mensajeros cempoaltecas enviados desde Caltanmí; después permaneció tres días en Iztacmaxtitlan y calculó que habían transcurrido ocho desde su partida sin que regresaran. Sus acompañantes habían presentado a los tlaxcaltecas como enemigos de Motecuhzoma y dispuestos a establecer una confederación con los recién llegados.[209] Bernal Díaz, en cambio, mencionó dos emisarios que partieron desde una población de Xalacingo con una carta y un sombrero rojo de fieltro procedente de Flandes. Aunque los destinatarios no podían leer el papel, este debía servir como señal de la embajada. En esa versión, los enviados fueron detenidos y escaparon mientras la expedición avanzaba.[210] La embajada llevaba también una espada y una ballesta en la narración de Diego Muñoz Camargo. Malintzin había enseñado a los emisarios un mensaje oral en el que Cortés ofrecía ayuda contra Motecuhzoma y solicitaba ser recibido.[211] Una vez recibida la información, la deliberación reunió a Huehue Xicohténcatl, Maxixcatzin, Citlalpopocatzin y Hueyolotzin, además de otros principales y caciques. Los participantes consideraron matar a los mensajeros porque procedían de una población tributaria de México-Tenochtitlan y podían actuar como espías, pero finalmente acordaron dejarlos volver con una respuesta favorable. Muñoz Camargo atribuyó a Huehue Xicohténcatl un discurso que identificaba a los extranjeros con los hombres blancos y barbados que, según una tradición antigua, llegarían desde el oriente y se emparentarían con los tlaxcaltecas.[212]

Una muralla marcaba el paso por la frontera. Cortés la describió como una construcción de piedra seca situada a la salida del valle de Iztacmaxtitlan; sus habitantes afirmaban mantenerla porque colindaban con Tlaxcallan, cuyos pobladores eran sus enemigos.[213] Bernal Díaz la llamó una obra de cal y canto y recogió de sus acompañantes de Zocotlan la explicación contraria: los tlaxcaltecas la habían construido para defender sus poblaciones.[214]

El primer choque comenzó con un encuentro entre la caballería española y un pequeño grupo de hombres armados. En la secuencia de Cortés, seis jinetes que avanzaban por delante divisaron a unos quince hombres, quienes rechazaron el acercamiento, combatieron y pidieron ayuda a una fuerza situada en un valle. El capitán calculó que acudieron cuatro o cinco mil combatientes y registró la muerte de dos caballos, heridas en otros tres y lesiones en dos jinetes. Después llegaron emisarios que atribuyeron el ataque a comunidades que habían actuado sin autorización de los gobernantes y ofrecieron pagar los caballos muertos.[215] En cambio, Bernal Díaz inició el episodio con treinta vigías: cinco murieron cuando la caballería trató de capturarlos y más de tres mil hombres acudieron en su ayuda. Su recuento de bajas comprendía cuatro españoles heridos, uno de los cuales falleció días después.[216]

Combates de septiembre de 1519

Según Bernal Díaz del Castillo, Xicohténcatl el Joven comandó las fuerzas tlaxcaltecas durante los enfrentamientos con los españoles.

El 2 de septiembre se libró, según Bernal Díaz, una batalla en Tehuacingo o Tehuacacingo. Su relato distingue dos agrupaciones de unos seis mil hombres y una fuerza emboscada de más de cuarenta mil bajo el mando de Xicohténcatl el Joven. Durante el combate, varios guerreros sujetaron una yegua y la mataron de una cuchillada en el cuello. Pertenecía a Juan Sedeño, pero la montaba Pedro de Morón porque su propietario había recibido tres heridas el día anterior. Morón fue rescatado con heridas graves y murió dentro de los dos días siguientes. Al finalizar el capítulo, Bernal contabilizó quince españoles heridos, uno de ellos fallecido, y cuatro o cinco caballos heridos.[217] Marco Antonio Cervera Obregón identificó el episodio con el combate de Tecóac, protagonizado por los defensores otomíes de la frontera.[218] Por otro lado, la segunda carta de Cortés no asignó fechas a cada enfrentamiento. Después del choque inicial, situó una batalla que se prolongó hasta una hora antes del anochecer, en la que afirmó haber quedado cercado por más de cien mil combatientes sin sufrir otro «perjuicio» que el cansancio y el hambre. A la mañana siguiente, una fuerza que cifró en 149 000 hombres atacó el campamento y algunos de sus integrantes alcanzaron a combatir dentro de él.[219]

El siguiente combate de la cronología de Bernal ocurrió el 5 de septiembre. Antes de la batalla, el ejército tlaxcalteca reunía, en su estimación, cincuenta mil guerreros distribuidos en cinco agrupaciones: la parcialidad de Xicohténcatl, la de Maxixcatzin, la mandada por Chichimecatecuhtli, la de Tecapaneca de Topoyanco y la procedente de Huexotzinco.[220] Una disputa anterior habría llevado a Chichimecatecuhtli a negar su apoyo a Xicohténcatl y a convencer al contingente huexotzinca de que tampoco participara. Para esa jornada, Bernal registró un español muerto, más de sesenta heridos y lesiones en todos los caballos.[221] Cervera Obregón distinguió esta batalla contra fuerzas tlaxcaltecas del enfrentamiento fronterizo del día 2 y señaló que algunas cronologías prolongan las operaciones hasta el 6 de septiembre.[218]

La retirada de contingentes y la resistencia de Xicohténcatl a suspender las operaciones han recibido distintas explicaciones. El historiador estadounidense Ross Hassig relacionó ambos episodios con la composición del ejército: las fuerzas pertenecían a diferentes cabeceras y a Huexotzinco, por lo que el capitán general no podía mantenerlas en combate una vez que sus comandantes recibían instrucciones de retirarse.[222] José Eduardo Contreras Martínez propuso una división vinculada con los intereses de los dirigentes: asoció a Xicohténcatl y Tizatlán con el prestigio de los guerreros, y a Maxixcatzin y Ocotelulco con los comerciantes del mercado principal. Desde esa interpretación explicó las decisiones contradictorias adoptadas durante los combates y las negociaciones.[223]

Muñoz Camargo narró únicamente un combate, protagonizado por los otomíes de Texohuatzinco que custodiaban la frontera, con un español y dos caballos muertos.[224]

Incursiones, ataques nocturnos y mutilaciones

Cortés reportó haber quemado, y saqueado numerosas aldeas a su paso, antes de ser abordado por los señores principales de Tlaxcallan.

Durante su permanencia en el campamento, Cortés emprendió incursiones contra las poblaciones próximas. En su carta, la primera salida posterior al combate contra la fuerza que estimó en más de cien mil hombres reunió a la caballería, cien peones, cuatrocientos cempoaltecas y trescientos hombres de Iztacmaxtitlan. Declaró haber quemado cinco o seis poblaciones de unos cien «vecinos» cada una y capturado cerca de cuatrocientas personas. Después del ataque de los 149 000 combatientes, efectuó otra salida antes del amanecer, durante la cual afirmó haber incendiado más de diez poblaciones, una de ellas con más de tres mil casas, y matado a numerosos defensores.[225]

Una tercera incursión de la misma carta comenzó de noche, después de varios días de escaramuzas. Cortés declaró que atacó dos poblaciones y mató a numerosos habitantes, pero evitó incendiar las casas para no ser descubierto desde los asentamientos vecinos. Al amanecer entró en otra población que estimó en más de veinte mil viviendas. Allí encontró a sus habitantes desarmados, incluidas mujeres y niños, y comenzó a causarles daño hasta que algunos principales solicitaron el cese del ataque y ofrecieron obediencia al rey de Castilla.[226]

En cambio, las dos salidas descritas por Bernal Díaz tuvieron como propósito conseguir alimentos. En la primera participaron siete jinetes, unos doscientos españoles y sus aliados indígenas. Capturaron alrededor de veinte hombres y mujeres a quienes, según el cronista, no hicieron daño, aunque sus aliados incendiaron numerosas casas y se llevaron gallinas y perros para comer.[227] En la segunda marcharon de noche hasta Zumpancingo. Sus habitantes abandonaron las viviendas y no fueron atacados, de acuerdo con esa narración; los sacerdotes y principales entregaron más de cuarenta gallinas, dos mujeres encargadas de hacer tortillas y veinte hombres para llevar las provisiones al campamento.[228]

Los ataques nocturnos aparecen relacionados en el relato de Bernal con una consulta a sacerdotes, adivinos y especialistas llamados tacalnaguas, realizada después de la batalla del 5 de septiembre. Debían averiguar si los extranjeros eran seres divinos o humanos, qué alimentos consumían y si podían ser vencidos de día o de noche. La respuesta que el cronista les atribuyó sostenía que perdían sus fuerzas al anochecer. Xicohténcatl reunió entonces unos diez mil hombres y atacó el campamento por tres lados; los españoles respondieron con armas de fuego, ballestas y espadas, y la caballería persiguió a los atacantes durante su retirada.[229]

Un segundo proyecto de ataque nocturno habría ocurrido después de que Huehue Xicohténcatl, Maxixcatzin y otros gobernantes decidieran negociar y ordenaran cuatro veces el cese de las hostilidades. En la narración de Bernal, Xicohténcatl el Joven reunió veinte mil hombres y envió cuarenta personas con alimentos, cuatro mujeres, copal y plumas. La explicación atribuida a los enviados distinguía tres posibilidades: los alimentos estaban destinados a hombres; las mujeres, a seres que practicaran sacrificios; y el copal y las plumas, a divinidades benignas. Los cempoaltecas los identificaron como espías y Cortés hizo detener hasta a diecisiete. A unos les cortaron las manos y a otros los pulgares antes de devolverlos a Xicohténcatl, quien abandonó el ataque al recibirlos.[230] A su vez, Cortés cifró en cincuenta el número de hombres que llegaron con alimentos. Tras interrogar separadamente a cinco o seis, afirmó que todos habían sido enviados a reconocer las entradas, las chozas, los caballos y la disposición del campamento, y ordenó cortar las manos a los cincuenta. Al anochecer observó fuerzas que descendían por dos valles y salió con la caballería; según su relación, estas se dispersaron entre los maizales antes de alcanzar el campamento.[231]

Negociaciones y entrada en Tlaxcallan

Al conocer la situación de las bajas y luchas perdidas por Tlaxcallan contra los europeos, el consejo o senado se reunió a deliberar los siguientes pasos.

La decisión de negociar surgió, en el relato de Bernal Díaz, de una reunión convocada por Huehue Xicohténcatl y Maxixcatzin. El discurso atribuido a ambos mencionaba las bajas tlaxcaltecas, los intentos de combatir de día y de noche, las solicitudes de paz enviadas por Cortés y la posibilidad de emplear a los recién llegados contra México-Tenochtitlan. Los participantes resolvieron enviar cuatro principales con provisiones y ordenar a Xicohténcatl el Joven que suspendiera los ataques. Ante su rechazo inicial, los gobernantes dispusieron que los demás capitanes no lo obedecieran salvo para acudir a las negociaciones.[232] Los cuatro principales llegaron al campamento acompañados por hombres y mujeres que transportaban alimentos. En la misma narración, explicaron los primeros ataques como una acción de los otomíes fronterizos sin acuerdo de los gobernantes, prometieron abastecimiento diario y anunciaron que Xicohténcatl acudiría dos días después. Dejaron cerca del campamento a mujeres encargadas de preparar el pan, gallinas y veinte hombres para llevar agua y leña.[233]

Las negociaciones coincidieron con la presencia de enviados de Motecuhzoma. Bernal distinguió dos embajadas: la primera llevaba cinco principales con joyas valoradas en mil pesos de oro y veinte cargas de ropa de algodón, quienes ofrecieron un tributo anual a cambio de que Cortés no avanzara hasta México-Tenochtitlan.[234] Después de la visita de Xicohténcatl, dos de esos enviados regresaron a la capital mexica. Seis días más tarde llegaron otros seis principales con más de tres mil pesos de oro y doscientas piezas de ropa, y advirtieron que la invitación tlaxcalteca podía ocultar una emboscada.[235] En cambio, Cortés consignó una sola delegación de seis señores y unos doscientos servidores, con cerca de mil pesos de oro y otras tantas piezas de ropa de algodón. Permaneció con él durante buena parte de la guerra y presenció el acuerdo con los tlaxcaltecas.[236]

Xicohténcatl el Joven acudió al campamento con unos cincuenta principales. Bernal le atribuyó una solicitud de amistad y obediencia en nombre de su padre, Maxixcatzin, los demás gobernantes y la «república» de Tlaxcallan. En ese discurso, los ataques se explicaban por la presencia de pueblos tributarios de Motecuhzoma entre los expedicionarios y por el temor a que estos fueran aliados de México-Tenochtitlan. La respuesta atribuida a Cortés lo recibió como vasallo del rey de Castilla y amigo de los españoles.[14]

La entrada no fue inmediata. Cortés escribió que permaneció seis o siete días en el campamento porque desconfiaba de la invitación y que solo se trasladó cuando acudieron personalmente los gobernantes.[10] Bernal identificó entre ellos a Maxixcatzin, Huehue Xicohténcatl, Chichimecatecuhtli, Guaxolacima y Tecapaneca. Ante la falta de personas para transportar la artillería, los visitantes reunieron alrededor de quinientos cargadores. El cronista fechó la entrada el 23 de septiembre, veinticuatro días después del ingreso de la expedición en el territorio.[237] La tabla cronológica de Miguel Pastrana Flores recoge el 18 y el 23 de septiembre como fechas alternativas para el recibimiento y el establecimiento del acuerdo.[238]

La recepción se desarrolló en tres lugares en la versión de Muñoz Camargo: los principales de Tzompanzingo ofrecieron la primera bienvenida; Piltecuhtli y otros tecuhtin y pipiltin salieron al encuentro en Atliquitlan; y Huehue Xicohténcatl, Maxixcatzin, Citlalpopocatzin y Tlahuexolotzin esperaron en Tizatlán, donde abrazaron a Cortés.[239] En la descripción de Bernal, los gobernantes, sus hijas, sobrinas y parentelas salieron al camino, los especialistas rituales llevaron braseros con copal y los visitantes recibieron alojamiento sobre esteras y mantas.[240]

Contenido del acuerdo y primeras acciones conjuntas

El acuerdo aparece formulado como obediencia al rey de Castilla en la segunda carta de Cortés. El capitán empleó los términos «súbditos» y «vasallos» y atribuyó a Xicohténcatl la declaración de que los tlaxcaltecas preferían aceptar el vasallaje antes que morir y ver destruidas sus casas. También afirmó que finalmente se ofrecieron con sus personas y haciendas.[241] A su vez, Bernal utilizó «amistad», «obediencia» y «vasallos» tanto en el discurso de Xicohténcatl como en la respuesta de Cortés, y consignó que los principales enviados con alimentos se habían colocado bajo la amistad y las paces de los españoles.[242] En la narración de Muñoz Camargo, los cuatro gobernantes preguntaron a Cortés por el origen y los propósitos de la expedición y ofrecieron alojamiento, tierras, provisiones y ayuda para continuar el viaje. La relación se definía como una amistad que debía permanecer. El discurso atribuido a Maxixcatzin reconocía al emperador mencionado por Cortés como señor y amigo y prometía asistencia en la paz y en la guerra.[243]

Cuadro anónimo del Bautizo de los Señores de Tlaxcala.

El historiador Miguel Pastrana Flores cuestionó que esas formulaciones demostraran un vasallaje formal en septiembre de 1519. Cortés no mencionó haber leído el requerimiento ante las autoridades tlaxcaltecas ni haber formalizado el acuerdo mediante un acta, aunque sí registró un mandamiento firmado y la intervención de un escribano al narrar su trato posterior con Cholollan. Pastrana advirtió que el silencio documental no era concluyente y propuso considerar a los tlaxcaltecas aliados de facto, sin dar por probado un vasallaje de iure a Carlos I.[244] De igual manera, las representaciones del acuerdo en el Lienzo de Tlaxcala y otros documentos pictográficos muestran abrazos entre personajes situados frente a frente, a una altura y con tamaños semejantes. Pastrana comparó esas escenas con las del bautismo, donde los gobernantes aparecen arrodillados e inclinados. Interpretó la ausencia de genuflexiones, besos de manos y otros gestos castellanos de vasallaje como una memoria tlaxcalteca de amistad y pacto político-militar, aunque precisó que no implicaba necesariamente una igualdad plena entre las partes.[245]

Después de la entrada, los gobernantes presentaron cinco jóvenes de sus familias, según Bernal. Una era hija de Huehue Xicohténcatl y, tras recibir el nombre bautismal de Luisa, fue entregada por Cortés a Pedro de Alvarado. Las otras cuatro fueron bautizadas y destinadas a Juan Velázquez de León, Cristóbal de Olid, Gonzalo de Sandoval y Alonso de Ávila.[246] Muñoz Camargo llamó a la hija de Xicohténcatl María Luisa Tecuelhuatzin y añadió que otros señores entregaron posteriormente hijas a españoles para crear descendencia común.[247] Pastrana distinguió estas entregas de un matrimonio dinástico formal porque las narraciones no registran los ritos matrimoniales nahuas ni un intercambio recíproco de mujeres entre ambos grupos.[248] La cooperación incluyó el abastecimiento y el transporte. Bernal detalló las provisiones llevadas por los negociadores, el servicio diario de agua y leña, los cargadores reunidos para trasladar la artillería y los alimentos preparados dentro de Tlaxcallan. También recogió la información proporcionada por Maxixcatzin y Huehue Xicohténcatl sobre los accesos, calzadas, puentes, armas y fuerzas de México-Tenochtitlan.[249]

Memorias del encuentro

Federico Navarrete comparó la secuencia conservada por Cortés, Bernal Díaz, el Lienzo de Tlaxcala y Muñoz Camargo. En su cuadro, la versión de Cortés y López de Gómara comprende tres batallas, varias incursiones contra poblaciones, cincuenta mutilaciones y una alianza producida por la rendición; el Lienzo omite combates, incursiones y mutilaciones, representa cuatro entregas de alimentos y atribuye el acuerdo a una decisión tlaxcalteca; Muñoz Camargo conserva un combate protagonizado por otomíes, una entrega de alimentos y una recepción decidida por los gobernantes.[250] El historiador caracterizó la segunda carta de Cortés como un alegato jurídico destinado a justificar las operaciones del capitán y propuso que las versiones tlaxcaltecas no debían explicarse únicamente como la supresión deliberada de una derrota. Relacionó la coexistencia de combates, entregas de alimentos y negociaciones con las iniciativas de comunidades y autoridades que podían actuar con un grado de autonomía dentro de Tlaxcallan. En su lectura, Bernal Díaz conservó tanto las batallas como la intervención del consejo y los enviados que promovieron la paz.[250]

Carballo, por su parte, examinó dos representaciones pictográficas de la entrada. Una ilustración de la Historia de Tlaxcala sitúa a Cortés a caballo, a Malintzin como interlocutora y a los habitantes de la región entregando pavos y otros alimentos en Iliyoacan, sin representar el combate. El Mapa de Huamantla, elaborado dentro de una tradición otomí a finales del siglo XVI, incluyó el intercambio de bienes, pero también españoles a caballo, hombres indígenas armados y escenas de decapitación.[251]

Participación en las campañas de conquista

Cholollan y primera entrada en México-Tenochtitlan

Cortés enumeró cinco mil soldados tlaxcaltecas y 400 cempoaltecas en la Matanza de Cholula, así como tres mil muertes en las primeras dos horas del enfrentamiento.

Al partir de Tlaxcallan hacia Cholollan, Cortés afirmó que lo seguían hasta cien mil guerreros tlaxcaltecas. Antes de entrar en la ciudad ordenó que la mayor parte permaneciera acampada a unas dos leguas y conservó consigo entre cinco mil y seis mil combatientes.[252] En su narración de la Matanza de Cholula, el capitán español atribuyó a unos cinco mil tlaxcaltecas y cuatrocientos cempoaltecas la persecución de quienes abandonaban la ciudad y calculó que durante las primeras dos horas murieron más de tres mil personas.[253] Federico Navarrete Linares, Margarita Cossich Vielman y Antonio Jaramillo Arango relacionaron la intervención tlaxcalteca en Cholollan con las disputas regionales anteriores a la llegada de los españoles. Los cholultecas habían participado en coaliciones contrarias a Tlaxcallan y mantenían relaciones políticas y religiosas propias con México-Tenochtitlan. El Lienzo de Tlaxcala representó la matanza en su novena lámina y colocó a guerreros tlaxcaltecas y españoles dentro de la ciudad, junto con cuerpos desmembrados y edificios incendiados.[254]

Después de salir de Cholollan, Cortés registró más de cuatro mil aliados procedentes conjuntamente de Tlaxcallan, Huexotzinco, Cholollan y Cempoala.[255] Estos contingentes acompañaron a la expedición durante su entrada en la cuenca de México y el posterior establecimiento de los españoles en México-Tenochtitlan. Cuando comenzaron los combates dentro de México-Tenochtitlan, a finales de junio de 1520, Cortés situó a más de tres mil tlaxcaltecas detrás de las torres de madera, la artillería, los ballesteros y los rodeleros españoles empleados para avanzar por las calzadas. En uno de los intentos de cruzar un puente, las fuerzas mexicas detuvieron el avance, mataron a un español e hirieron a numerosos integrantes de la columna.[256]

Durante la retirada conocida como la Noche Triste, Cortés colocó en la retaguardia a españoles y aliados tlaxcaltecas. Al presentar las pérdidas escribió que habían muerto casi todos los tlaxcaltecas situados en esa sección de la columna. También calculó en más de dos mil los indígenas de servicio muertos durante la retirada.[257] El 8 de julio los sobrevivientes entraron en territorio tlaxcalteca por una población que Cortés llamó Gualipan, donde recibieron alimentos y alojamiento.[258]

Reorganización en Tlaxcallan y campañas de 1520

Detalle del Lienzo de Tlaxcala sobre la Batalla de Tepeyacac

Maxixcatzin, Huehue Xicohténcatl y otros dirigentes acudieron a recibir a Cortés después de su regreso. Según la carta del capitán, los gobernantes recordaron que varios de sus hijos y hermanos habían muerto durante la retirada y ofrecieron continuar la guerra contra México-Tenochtitlan. Maxixcatzin proporcionó alojamiento y provisiones a los españoles, mientras los heridos permanecieron en Tlaxcallan.[259] La expedición pasó allí aproximadamente veinte días; durante ese periodo murieron algunos españoles como consecuencia de sus heridas y Cortés rechazó las propuestas de retirarse hacia Veracruz.[260]

La primera campaña emprendida después de la recuperación se dirigió contra Tepeaca y las poblaciones de su provincia. Cortés afirmó que recibió fuerzas de Tlaxcallan, Cholollan y Huexotzinco y que las operaciones duraron alrededor de veinte días.[261] Durante esta campaña ordenó esclavizar y marcar a parte de los cautivos, separó el quinto correspondiente a la Corona y estableció en Tepeaca la población española de Segura de la Frontera.[262]

Desde Segura de la Frontera, Cortés envió trece jinetes, doscientos soldados de infantería y un contingente indígena que calculó en hasta treinta mil personas hacia Huaquechula. Posteriormente atribuyó a la coalición reunida en Izúcar más de ciento veinte mil combatientes indígenas a los que se refirió como «amigos» y «gente de guerra».[263]

Construcción y transporte de los bergantines

La construcción de los bergantines destinados a operar en el lago de Texcoco comenzó en Tlaxcallan hacia octubre de 1520. Martín López y los carpinteros reunidos por Cortés ensamblaron inicialmente las embarcaciones para comprobar el ajuste de sus piezas. Después de probarlas en el río Zahuapan, las desmontaron para transportarlas por tierra y volver a armarlas en Texcoco. Cortés y Bernal Díaz del Castillo mencionaron trece bergantines, mientras que la versión de Bernardino de Sahagún registró doce.[264]

A mediados de diciembre, Cortés encontró en Tlaxcallan las piezas ya preparadas y solicitó hierro, clavos, velas, jarcias, pez y otros materiales necesarios para terminarlas.[265] El 27 de diciembre reunió a los gobernantes tlaxcaltecas y les pidió que protegieran a los carpinteros, proporcionaran cargadores y prepararan tropas para transportar la madera hasta Texcoco. Según su carta, las autoridades ofrecieron enviar inmediatamente los contingentes disponibles y movilizar posteriormente nuevas fuerzas. El ejército salió de Tlaxcallan el 28 de diciembre.[266]

Cortés calculó en más de ocho mil el número de cargadores que transportaron las tablas, cuadernas y demás componentes durante un recorrido de dieciocho leguas. La vanguardia y los flancos estaban protegidos por más de diez mil guerreros dirigidos por dos capitanes cuyos nombres registró como Yutecad y Teutipil; otros diez mil, encabezados por Chichimecatecuhtli, cerraban la marcha. Unos dos mil cargadores adicionales llevaban provisiones. El traslado duró tres días y la entrada completa de la columna en Texcoco ocupó más de seis horas.[267] Los bergantines quedaron preparados el 28 de abril de 1521 y comenzaron a navegar el 1 de junio.[264]

Operaciones en la cuenca de México y los valles meridionales

Las tropas tlaxcaltecas participaron con contingentes de Texcoco y soldados españoles en las campañas emprendidas antes del sitio. En febrero de 1521, las fuerzas hispanoindígenas atacaron Xaltocan, Cuauhtitlan, Tenayuca y Azcapotzalco antes de retirarse después de un combate desfavorable en Tlacopan.[268] Otra expedición se dirigió hacia Chalco con contingentes tlaxcaltecas y texcocanos, alrededor de doscientos soldados españoles de infantería y entre quince y veinte jinetes. Durante la marcha, fuerzas mexicas atacaron la retaguardia tlaxcalteca y le causaron varias bajas. La coalición continuó el combate en terreno abierto y obligó a retirarse a sus adversarios.[268]

El 5 de abril comenzó una campaña por los territorios situados al sur de la cuenca. Brokmann menciona numerosos combatientes tlaxcaltecas y texcocanos, acompañados por unos trescientos soldados de infantería, veinte jinetes, veinte ballesteros y quince arcabuceros españoles. La columna combatió durante dos días en las elevaciones fortificadas de Yautepec a partir del 11 de abril, entró en Cuauhnáhuac el día 13 y atacó Xochimilco el 16. Durante el regreso fue hostigada al pasar por Coyoacán, Tlacopan, Azcapotzalco, Tenayuca y Cuauhtitlan.[268]

Sitio de México-Tenochtitlan

Según Cortés, el sitio de México-Tenochtitlan duró setenta y cinco días y contó con contingentes españoles, tlaxcaltecas, huexotzincas y cholultecas.

Una vez terminados los bergantines, Cortés solicitó nuevas fuerzas a Tlaxcallan, Huexotzinco y Cholollan. Los capitanes tlaxcaltecas llegaron a Texcoco cinco o seis días antes de Pentecostés de 1521 y declararon que conducían a más de cincuenta mil combatientes.[269] Al distribuir el ejército, Cortés asignó a Pedro de Alvarado más de veinticinco mil tlaxcaltecas para operar desde Tlacopan. Cristóbal de Olid recibió más de veinte mil aliados para ocupar Coyoacán. Gonzalo de Sandoval quedó acompañado por más de treinta mil guerreros procedentes de Huexotzinco, Cholollan y Chalco.[270]

Ross Hassig examinó las narraciones sobre Xicohténcatl durante la concentración del ejército. Bernal Díaz del Castillo escribió que el capitán salió de Tlaxcallan al frente de otro contingente, abandonó después el campamento y fue capturado y ahorcado por orden de Cortés bajo la acusación de deserción, mientras que la tercera carta de Cortés no mencionó la partida, captura ni ejecución de Xicohténcatl. Hassig señaló que la acusación aparece en relaciones redactadas después de los hechos y comparó sus distintas explicaciones sobre el conflicto entre el capitán, Chichimecatecuhtli y otros dirigentes tlaxcaltecas.[271]

Los guerreros asignados a Pedro de Alvarado participaron en los ataques contra las calzadas de Tlacopan. Cortés registró además entre seis mil y siete mil tlaxcaltecas junto a la división de Cristóbal de Olid, que combatieron durante seis o siete días en la calzada de Coyoacán.[272] Las operaciones comprendieron el avance sobre los puentes y albarradas, la protección de los trabajadores que rellenaban los cortes de las calzadas y el combate contra las canoas mexicas. En uno de los ataques generales, las fuerzas de México-Tenochtitlan capturaron y mataron entre treinta y cinco y cuarenta españoles y, según Cortés, a más de mil aliados indígenas.[273] Cuando los capitanes españoles redujeron temporalmente sus operaciones, Chichimecatecuhtli emprendió otro ataque con sus tropas tlaxcaltecas. Al retirarse de una de las posiciones dejó cuatrocientos arqueros protegiendo un puente roto, mientras el resto del contingente cruzaba por el agua. Cortés afirmó que ambos bandos sufrieron numerosas bajas durante ese combate.[274]

Durante los asaltos finales, Cortés atribuyó a los aliados indígenas gran parte de las muertes, capturas y saqueos ocurridos dentro de la ciudad y afirmó que intentó limitar la violencia.[275] Carlos Brokmann identificó entre las fuerzas que entraron en México-Tenochtitlan a tlaxcaltecas, texcocanos y huexotzincas y señaló que soldados españoles también participaron en la captura de personas y bienes.[276] La captura de Cuauhtémoc el 13 de agosto de 1521 puso fin al sitio, cuya duración Cortés calculó en setenta y cinco días.[277]

Campañas posteriores a 1521

El Lienzo de Tlaxcala representa campañas en las que participaron contingentes tlaxcaltecas junto con españoles y otros aliados indígenas

Después de la caída de México-Tenochtitlan, contingentes identificados como tlaxcaltecas acompañaron expediciones españolas hacia otras regiones de Mesoamérica. Navarrete Linares, Cossich Vielman y Jaramillo Arango registraron su participación en campañas realizadas en Michoacán, Pánuco, Oaxaca, Chiapas, Guatemala, El Salvador, Sinaloa y Tamaulipas. Después de 1540 también se emplearon unidades tlaxcaltecas de arqueros o flecheros en la guerra del Mixtón y en operaciones desarrolladas en las fronteras septentrionales de Nueva España.[278]

Por su parte, el Lienzo de Tlaxcala distribuyó estas campañas en dos series. Las primeras cuarenta y cinco escenas siguieron cronológicamente los acontecimientos de 1519 a 1521; las cuarenta y cinco restantes representaron, con una organización principalmente geográfica, las expediciones realizadas aproximadamente entre 1521 y 1541. Entre ellas aparecen las campañas de Pánuco, Michoacán, el noroeste de Nueva España, Guatemala y El Salvador.[279] Las escenas muestran grupos de guerreros acompañados por insignias que identificaban su altépetl, linaje o población de procedencia. Junto a ellos suele aparecer un capitán español a caballo; entre los personajes nombrados se encuentran Hernán Cortés, Pedro de Alvarado, Pánfilo de Narváez y Nuño de Guzmán.[280] Los autores advirtieron que la composición estandarizada de algunas láminas no permite interpretar cada escena como una batalla documentada: la presencia de combatientes frente a una población también podía representar una negociación o una sumisión realizada bajo amenaza militar.[281]

Transformación colonial

Evangelización y gobierno local

Los primeros franciscanos llegaron a Tlaxcala en 1524 y utilizaron provisionalmente una residencia perteneciente a Maxixcatzin, uno de los gobernantes indígenas. Reunieron en sus escuelas a hijos de la nobleza para enseñarles la doctrina cristiana, lectura, escritura y canto litúrgico. Algunos alumnos actuaron como intérpretes y catequistas y participaron en la localización y destrucción de objetos rituales dentro de sus comunidades.[282][283]

La llegada de Martín de Valencia en 1527 estuvo acompañada por una campaña contra las prácticas que los misioneros calificaban como idolátricas. En ese contexto fueron procesados y ejecutados varios integrantes de la nobleza de Atlihuetzia, Tzompantzinco y otras poblaciones, entre ellos Acxotécatl. Los hijos de los gobernantes continuaron recibiendo instrucción en los establecimientos franciscanos y participaron en la predicación dentro de los pueblos. Hacia 1540, Motolinía mencionó alrededor de cincuenta iglesias pequeñas y medianas distribuidas en la provincia, además de la iglesia y el convento franciscanos que se construían en la ciudad.[284]

El 12 de febrero de 1543, el gobernador indígena Valeriano Castañeda, llamado también Quetzalcoyotzin, entregó una vara de justicia al alguacil Feliciano Tizamitl y le ordenó vigilar San Andrés Ahuazhuatepec, Xaloztoc, Teyacac, Tepeixpan y Ocoyocan. La disposición, redactada en náhuatl, incluía entre las conductas perseguidas el adulterio, el robo, las agresiones, la embriaguez y el juego. También prohibía que hombres y mujeres utilizaran juntos o públicamente el temazcal, la ingestión ritual de tierra, la preparación de lechos de paja, la adivinación de la lluvia o mediante agua, el sorteo de destinos y la provocación de abortos.[285] La orden comprendía asimismo la inasistencia a misa, sermón y otras obligaciones religiosas, así como el consumo de carne durante los viernes, sábados y témporas. Tizamitl debía detener a los acusados sin golpearlos ni atarlos y presentarlos ante los alcaldes indígenas. Solamente podía sujetarlos si se resistían.[286]

Incorporación a la Corona y privilegios

El 22 de abril de 1535 Carlos I le otorgó el título de «Leal Ciudad» y un escudo de armas.

En 1534 viajaron a Castilla Diego Maxixcatzin, don Martín y Sebastián, acompañados por el oidor Juan de Salmerón. Bartolomé de Zárate quedó encargado de administrar los recursos destinados al viaje y a la manutención de los representantes. La delegación presentó ante la corte las solicitudes de los gobernantes tlaxcaltecas y regresó a Nueva España a finales de 1535.[287]

El 13 de marzo de 1535, Carlos I dispuso que Tlaxcala permaneciera incorporada directamente a la Corona y que no pudiera ser entregada en encomienda ni enajenada a otro señor. La disposición colocó a la provincia bajo jurisdicción real, aunque no la eximió de las contribuciones, los servicios personales ni la intervención de funcionarios españoles.[288][289] Otra real cédula, expedida el 22 de abril de 1535, concedió a Tlaxcala el título de «Leal Ciudad» y un escudo de armas. El campo rojo del escudo contenía un castillo dorado con puertas y ventanas azules, rematado por una bandera con un águila negra. La bordura incorporaba las iniciales asociadas con Juana, Carlos y el príncipe Felipe, dos coronas, palmas, calaveras y huesos cruzados. La composición seguía las convenciones de la heráldica castellana y no incluía el glifo prehispánico de Tlaxcallan.[290]

Ya en 1563, después de una nueva gestión de representantes tlaxcaltecas en la corte, la Corona concedió a la ciudad el tratamiento de «Muy Noble y Muy Leal». También otorgó escudos particulares a ocho integrantes de la nobleza, confirmó la conservación del gobierno indígena y reiteró disposiciones sobre los límites provinciales y la intervención de españoles en las actividades comerciales.[291]

Gobierno provincial y cabildo

Durante la década de 1530 comenzaron a incorporarse al gobierno indígena los cargos de gobernador, alcalde y regidor empleados por las corporaciones municipales castellanas. En ese mismo período, en 1531 aparece documentado Hernando de Elgueta como corregidor de un distrito que comprendía Tlaxcala, Puebla y Cholula. El funcionario residía habitualmente en Puebla y acudía a Tlaxcala para atender asuntos judiciales y administrativos. Más tarde, en 1545 se separó el corregimiento de Tlaxcala y se estableció un funcionario español residente en la ciudad.[292][293]

El representante de la Corona recibió sucesivamente los nombres de corregidor, alcalde mayor y gobernador español. Entre sus atribuciones se encontraban la administración de justicia civil y criminal, la comunicación de las disposiciones reales, la supervisión de las elecciones indígenas y la asistencia a las sesiones del cabildo. No disponía de voto ordinario dentro de la corporación, aunque podía intervenir cuando una votación terminaba empatada. Como las reuniones se desarrollaban principalmente en náhuatl, su participación requería habitualmente la presencia de un intérprete.[294][295]

En 1541 se asignaron al cabildo las tierras que formarían sus bienes propios y servirían para su manutención. Las cuatro cabeceras aportaron terrenos que podían arrendarse para obtener ingresos.[296] Cuatro años después se establecieron ordenanzas que regularon los días de reunión, la asistencia obligatoria, los asuntos tratados y el orden de las intervenciones. También dispusieron la rotación de la gubernatura entre Ocotelulco, Tizatlán, Quiahuiztlán y Tepeticpac; cada cabecera estaría representada por un alcalde y tendría una llave del archivo, mientras que sus cuatro tlahtoque ocuparían puestos permanentes como regidores.[297]

Además, el gobernador indígena sería elegido por periodos de dos años, mientras que alcaldes y regidores serían renovados anualmente.[297] De acuerdo con esa reglamentación, las elecciones realizadas el 1 de enero reunían a 220 electores procedentes de las cuatro cabeceras.[297] Además del gobernador, los alcaldes y los regidores, el cabildo contaba con un portero, un alcalde de cárcel, cuatro mayordomos encargados de los bienes y las finanzas, un mesonero, oficiales del mercado y de la grana cochinilla y mayordomos responsables del maíz recaudado como contribución.[297] Los pueblos de la provincia tenían oficiales subordinados que ejecutaban las disposiciones del cabildo, organizaban trabajos públicos y reunían las aportaciones de sus comunidades.[297]

En el ámbito judicial, los alcaldes de las cabeceras conocían en primera instancia las causas correspondientes a su jurisdicción. Sus sentencias podían apelarse ante el gobernador indígena o el funcionario español y, posteriormente, ante la Real Audiencia de México. La distribución de los cargos por cabeceras mantuvo la participación de los linajes gobernantes, aunque sus integrantes ejercieron desde entonces oficios definidos y supervisados por el ordenamiento municipal colonial.[298][299]

El 18 de abril de 1562, el alcalde mayor preguntó a los integrantes del cabildo quién debía nombrar a un sustituto del gobernador Pablo de Galicia durante el viaje que este preparaba a España. Las respuestas de dieciocho oficiales quedaron divididas en dos grupos de nueve. En el primero, ocho atribuyeron la decisión al cabildo y uno al gobernador; en el segundo, ocho favorecieron al gobernador y uno al cabildo. Después de la votación, el cabildo ofreció la decisión a Pablo de Galicia y este la devolvió inicialmente a la corporación. Finalmente, el gobernador terminó nombrando a Baltasar Cortés y los oficiales manifestaron su conformidad.[300] John Sullivan interpretó la distribución simétrica de los votos como un procedimiento preparado para producir dos posiciones colectivas equivalentes. En su lectura, los tlahtoque y los alcaldes definieron las opciones y los regidores ordenaron las respuestas para alcanzar un acuerdo entre las cabeceras dentro del procedimiento electoral establecido por las ordenanzas españolas.[301]

Población, tierras y congregaciones

La epidemia de viruela que siguió a la conquista española de varios territorios en Mesoamérica también afectó a las poblaciones de Tlaxcallan.

Las epidemias registradas en 1520, 1532, 1545, 1575-1579, 1585-1588 y 1595 redujeron la población de la provincia y estuvieron acompañadas, en distintos momentos, por periodos de escasez. Justyna Olko reunió estimaciones que sitúan la población anterior a la epidemia de 1520 en aproximadamente 350 000 habitantes y la posterior en 250 000 o menos; la epidemia de 1545 habría causado la muerte de alrededor de la mitad de la población y dejado unos 150 000 habitantes, y para la crisis iniciada en 1576 se ha calculado la muerte de aproximadamente 48 000 personas, de modo que después de las epidemias más graves las estimaciones provinciales descienden a poco más de 50 000 habitantes.[302] Esta disminución demográfica dejó sin ocupantes numerosas viviendas, campos y tierras vinculadas con los linajes, redujo la mano de obra disponible para los teccalli y aumentó las deudas de algunos propietarios indígenas; además, durante el último cuarto del siglo XVI creció la presencia española dedicada a la ganadería, el transporte, la producción textil y el comercio con Puebla.[303]

Frente a esa presión externa, el cabildo solicitó el 8 de agosto de 1550 que los españoles abandonaran la provincia, con excepción de los franciscanos, el corregidor y sus acompañantes, y en mayo de 1553 prohibió a los nobles vender tierras a españoles bajo pena de perderlas y ser expulsados de la ciudad. Una disposición de abril de 1562 extendió la prohibición a gobernantes, nobles y macehuales, y las operaciones autorizadas debían anunciarse públicamente durante treinta días para impedir ventas simuladas o realizadas por debajo del valor de los terrenos.[304] Las disposiciones reales emitidas entre 1535 y 1586 anularon o restringieron distintas concesiones de tierras dentro de la provincia; no obstante, a pesar de ellas continuaron las ocupaciones, compraventas y solicitudes de estancias. En 1585, el rey y el virrey reconocieron la validez de determinadas propiedades adquiridas por españoles y ordenaron que las transacciones posteriores fueran anunciadas públicamente en español y náhuatl, y la documentación de las décadas siguientes conserva litigios por solares, campos agrícolas, estancias y límites entre las poblaciones.[305][306]

Las estancias ganaderas provocaron reclamaciones por animales que entraban en los cultivos, destruían sembradíos y alteraban los límites entre pueblos. En 1548, el corregidor ordenó construir un corral donde debían permanecer las reses y los caballos encontrados en las tierras indígenas hasta que sus propietarios repararan los daños; más tarde, los testimonios presentados por el cabildo en 1562 acusaron a algunos pastores españoles de golpear a los habitantes y apropiarse de aves y utensilios. Un expediente de 1582 registró la retención de tres bueyes que habían entrado en los campos de Apizaco, los cuales fueron devueltos después de que su propietario indemnizó a los afectados.[307]

En 1560, el cabildo discutió una propuesta para congregar a los habitantes dispersos en poblaciones compactas. Los oficiales enumeraron las propiedades que quedarían sin vigilancia si se ejecutaba el traslado —casas, nopaleras, magueyes, huertos, árboles frutales, campos de maíz y chía, animales domésticos y lugares de entierro— y también afirmaron que los terrenos abandonados quedarían expuestos al ganado y a los pastores.[308] La congregación de gran parte de la población fue aplazada hasta finales del siglo XVI y comienzos del XVII; en las peticiones preparadas durante la década de 1580, el cabildo aceptó que algunos asentamientos menores fueran reunidos, pero solicitó que sus habitantes conservaran la propiedad de las casas y tierras situadas fuera de las nuevas poblaciones, y en 1589 el virrey ordenó realizar una investigación sobre la localización y las condiciones de los asentamientos que podían ser congregados.[309][308]

Tributos, servicios y representación ante la Corona

La población tlaxcalteca participó en varias obras de infraestructura en la naciente Puebla de Tlaxcala (actual Puebla de Zaragoza), una de las más destacadas es la Catedral Metropolitana de Puebla.

Durante buena parte del siglo XVI, Tlaxcala entregó anualmente 8000 fanegas de maíz a la Corona, contribución que la documentación municipal denominó «reconocimiento a su majestad»; los mayordomos del cabildo reunían el grano en los pueblos y lo entregaban a los funcionarios reales. En 1552, los oficiales de la Real Hacienda intentaron ejercer un control más directo sobre la recaudación y propusieron sustituir la cantidad fija por una tasa calculada conforme al número de tributarios.[310][311]

En 1562 viajaron a Castilla el gobernador Pablo de Galicia, Lucas García, Antonio de Pedroso y Alonso Gómez; sus instrucciones solicitaron la confirmación de los límites provinciales, la retirada de estancias españolas, la anulación de las concesiones de tierras y la exención general del tributo, y también pidieron que los teccalli fueran reconocidos como patrimonios hereditarios semejantes a los mayorazgos y que determinados integrantes de la nobleza pudieran usar armas, montar caballos ensillados y recibir un tratamiento correspondiente a su rango.[312] Las disposiciones expedidas en 1563 confirmaron la conservación del gobierno indígena y varias protecciones territoriales; la Corona concedió escudos de armas a algunos nobles y les permitió utilizar determinadas insignias, pero no otorgó entonces una exención tributaria general a los habitantes de la provincia.[291] En diciembre de 1567, el cabildo comunicó al rey que prefería conservar la contribución fija de 8000 fanegas antes que someterse a una tasación individual, pero solicitó que la cantidad fuera reducida debido a la disminución demográfica; la carta pidió además que no se concedieran nuevas estancias a españoles y que los franciscanos conservaran su jurisdicción religiosa en la provincia.[313]

La provincia proporcionó igualmente trabajadores para Puebla, los caminos, los edificios públicos, los transportes y distintos servicios particulares. Hacia 1573 se le asignó una cuadrilla de entre 65 y 70 personas por semana para trabajar en la nueva catedral de Puebla; el cabildo denunció que algunos trabajadores eran desviados hacia propiedades particulares o explotaciones agrícolas de Atlixco, y en 1591 solicitó la supresión de esa obligación, aunque el gobierno virreinal solamente redujo la cuadrilla en veinticinco personas.[314]

En 1583 se preparó otra embajada con un representante de cada cabecera: Antonio de Guevara por Ocotelulco, Pedro de Torres por Tizatlán, Diego Téllez por Quiahuiztlán y Zacarías de Santiago por Tepeticpac; Diego Muñoz Camargo acompañó al grupo como intérprete y cronista. Los representantes permanecieron en Castilla al menos hasta mayo de 1585, mientras que Muñoz Camargo regresó a Nueva España hacia mediados de 1587.[315] Las gestiones obtuvieron nuevas confirmaciones de la organización del gobierno indígena, de los límites provinciales y de algunas restricciones aplicables a las propiedades españolas; una real cédula del 20 de mayo de 1585 declaró exentos de tributo a los habitantes de Tlaxcala, y como la disposición no fue aplicada de manera uniforme, varias cédulas de 1589 reiteraron la exención y ordenaron respetar los privilegios anteriores, aunque la entrega de las 8000 fanegas continuó apareciendo en la documentación bajo el nombre de reconocimiento.[316] Una de las cédulas expedidas en 1589 recogió acusaciones según las cuales el gobernador indígena y otros oficiales del cabildo «vendían y repartían» semanalmente a más de seiscientos trabajadores para prestar servicios fuera de sus poblaciones sin recibir salario; el documento mencionó enfermedades, muertes y huidas atribuidas a esos repartimientos y ordenó investigar a los responsables.[317]

En 1592, el virrey impuso a la provincia una contribución monetaria conocida como servicio del tostón, y el cabildo sostuvo durante los años siguientes que el cobro contravenía sus exenciones. En 1599 fueron encarcelados varios integrantes de la corporación y se embargaron los bienes propios de la ciudad; para cubrir las cantidades reclamadas y las deudas acumuladas se vendieron propiedades municipales y bienes pertenecientes a algunos oficiales.[314]

Colonización septentrional

Salida de las 400 familias destinadas a colonizar el norte de la Nueva España, representadas en los Murales del Palacio de Gobierno de Tlaxcala.

En 1560, el virrey Luis de Velasco solicitó a Tlaxcala mil hombres casados para poblar San Miguel, en el camino de Zacatecas. El cabildo aceptó inicialmente, pero no consiguió reunir voluntarios y propuso seleccionar a los pobladores mediante apremio; el virrey rechazó el procedimiento y dispuso que la migración fuera voluntaria. El acta del 15 de junio registró las preguntas de los oficiales acerca del traslado de las mujeres y los niños, el carácter permanente de la partida y el destino de las tierras, casas y demás bienes que dejarían los migrantes. Finalmente, el proyecto fue cancelado y San Miguel recibió pobladores otomíes procedentes de Jilotepec.[318]

Tres décadas después, a finales de 1590, Luis de Velasco el Joven solicitó cuatrocientas familias para establecer poblaciones en la Gran Chichimeca. Los representantes tlaxcaltecas, los franciscanos Jerónimo de Mendieta y Jerónimo de Zárate y las autoridades virreinales negociaron un memorial que sirvió de base para las capitulaciones firmadas el 14 de marzo de 1591. En esas negociaciones, los tlaxcaltecas pidieron que los nuevos pueblos permanecieran separados de los asentamientos españoles y de otras comunidades indígenas y que dispusieran de solares, tierras de cultivo, pastos, montes, aguas, salinas, caleras y molinos propios.[319] Las capitulaciones dispusieron además que las estancias de ganado mayor permanecieran a tres leguas de los asentamientos y las de ganado menor a dos, y que los rebaños menores solamente podrían entrar después de levantadas las cosechas y durante el mes de enero. Los colonos quedaron exentos de tributo, servicio personal, pecho y alcabala, salvo las obligaciones relacionadas con el mantenimiento de sus iglesias; los principales recibieron permiso para portar armas y montar caballos ensillados, y los mercados estarían libres de impuestos durante treinta años. También se prometieron herramientas, arados, ayuda para el viaje y alimentos durante los dos primeros años.[319]

Sin embargo, el reclutamiento encontró oposición dentro de la provincia. El 28 de febrero de 1591, los dos capitanes de Ocotelulco y los dos de Tizatlán comunicaron que ya no participarían, y posteriormente hicieron lo mismo los capitanes de Quiahuiztlán y Tepeticpac. El 1 de marzo, el virrey prohibió a los capitanes regresar a Tlaxcala o comunicarse con los futuros migrantes, bajo pena de cien azotes públicos y destierro a un presidio; otra orden, fechada el 9 de marzo, mandó investigar a quienes intentaran disuadir a los pobladores y mencionó entre los posibles opositores a Leonardo Xicohténcatl, tlahtoani de Tizatlán.[320] Pese a esas resistencias, los contingentes de Ocotelulco salieron el 6 de junio y los de Tizatlán al día siguiente; Quiahuiztlán y Tepeticpac demoraron dos días más porque todavía no habían reunido el número previsto. El recuento practicado el 6 de julio registró noventa hombres casados de Ocotelulco, ochenta y nueve de Tizatlán, ochenta de Quiahuiztlán y ochenta y seis de Tepeticpac: 345 en total, además de sus esposas, hijos y otros acompañantes. Los migrantes fueron distribuidos entre San Miguel Mezquitic, San Andrés del Teúl, San Luis Colotlán, Charcas —cuyos habitantes se trasladaron después a San Sebastián Agua del Venado— y San Esteban de la Nueva Tlaxcala, junto a Saltillo.[321]

Véase también

Notas

  1. Esta es la grafía moderna.
  2. Esta es la grafía jesuita.
  1. Santacruz Cano y López Corral incluyen Tepeticpac, Ocotelulco, Tizatlán y Quiahuiztlán dentro de una concentración urbana entrelazada. La entidad política comprendía, además, numerosos altépemeh regionales.[1] Véase Territorio y población.
  2. López de Gómara describió las transacciones del mercado de Ocotelulco como intercambios por trueque y señaló la ausencia de moneda metálica acuñada.[2]
  3. La fecha resume el comienzo del desarrollo de la entidad durante el Posclásico tardío, situado por Santacruz Cano y López Corral entre aproximadamente 1250 y 1300. Los autores sitúan la transición hacia una entidad territorial más extensa a comienzos o mediados del siglo XIV y describen la incorporación sucesiva de sus integrantes.[3] Véase Formación.
  4. Se utiliza 1521 como corte cronológico de la ficha, coincidente con la caída de México-Tenochtitlan. La alianza con los españoles comenzó en 1519; la reorganización del gobierno tlaxcalteca y la consolidación del cabildo se desarrollaron durante las décadas posteriores. Esta fecha no indica la desaparición inmediata de las instituciones indígenas. Véanse Llegada de los españoles y Transformación colonial.
  5. La historiografía emplea «república», «gobierno colectivo», «confederación» y «altépetl complejo» para caracterizar la organización política de Tlaxcallan. Santacruz Cano y López Corral distinguen los rangos de nobles de linaje de las capitanías vinculadas con méritos militares; también advierten que no puede determinarse si todos los altépemeh tenían el mismo peso político.[4] Véase Organización política.

Referencias

Bibliografía

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