Sionismo cristiano

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El pastor sionista cristiano John Hagee con el rabino Shlomo Riskin y la viceministra de Asuntos Exteriores de Israel Tzipi Hotovely en noviembre de 2018.

El sionismo cristiano es un movimiento politico y religioso surgido en el seno del evangelicalismo posmoderno, que abarcan grupos como los pentecostales, neopentecostales, cuadrangulares, bautistas generales, bautistas de sur, no-denominacionales, hermanos de Plymouth, raíces hebreas, una facción importante del fundamentalismo cristiano y una vertiente del catolicismo romano. Por lo general, estos grupos tienen en común su apoyó a la idea sionista de crear un estado nacional para los judíos en Tierra Santa y la existencia del estado sionista de Israel.[1]

Algunos partidarios del sionismo cristiano tienen la creencia de que el "retorno" del pueblo judío a Eretz Israel y el establecimiento del estado de Israel en 1948, fueron el cumplimiento de una profecía bíblica y serían uno de los requisitos para la segunda venida de Jesús. El otro requisito sería que los judíos deben de convertirse al cristianismo.[2][3][4]

El término "sionismo cristiano" empezó a ser usado a mediados del siglo XX, reemplazando al restauracionismo cristiano.[5][6] Mientras que esta ideología está muy extendida entre los evangélicos modernos de Estados Unidos e Iberoamérica, no es tan frecuente entre los católicos romanos, pero tampoco es inexistente.[7][8] Las iglesias cristianas de Jerusalén califican al sionismo cristiano de "ideología dañina".[9]Los protestantes magisteriales y los ortodoxos rechazan de manera tajante el sionismo cristiano, calificandola categoricamente de herejía y aberración seudo-teológica.[10][11][12] [13][14][15][16][17]

Las convicciones que sustentan este movimiento son consecuencia del resurgimiento del método de interpretación literal, en contraposición al método alegórico aplicado a la hermenéutica bíblica que había sido defendido desde los tiempos de Clemente de Alejandría y su discípulo Orígenes (Pentecost, 1984).[18] Tras siglos de dominación del método alegórico en el pensamiento cristiano, la reforma impuso que la Escritura debía entenderse bajo principios de interpretación textual similares a lo que se habían popularizado en el renacimiento, además de aplicar el principio de superioridad de la Biblia por encima de los dogmas eclesiásticos o la tradición apostólica, así se utilizó el axioma La Escritura se interpreta por la Escritura misma (Abreu, S/A).[19]

En consecuencia del mencionado cambio de método, la espiritualización de la escritura quedó limitada solo a aquellos casos donde ella misma refiere un simbolismo espiritual, de manera que aquellos pasajes de la escritura que representaban promesas específicas para la nación de Israel, definida como la descendencia de Abraham, Isaac y Jacob, dejaron de ser aplicados a la Iglesia como Israel espiritual y comenzaron a ser aplicados a los judíos, que pasaron a ser vistos como un pueblo o una nación con una conexión basada en la Biblia, ya no a una tierra prometida espiritual o celestial, sino al territorio antiguamente conocido como Canaán, luego reinos de Judá y de Israel, y que los romanos denominaron Palestina (Cohn-Sherbok, 2003).[20]

Dicha interpretación daría por terminada, para los partidarios del sionismo cristiano, la doctrina del supersesionismo que plantea que la Iglesia Cristiana descrita en el Nuevo Testamento, reemplaza, representa, o se apropia del lugar que antes tuvo la nación de Israel en el plan divino (Benware, 2010).,[21] ya que de acuerdo a la pauta literalista, las promesas bíblicas dirigidas a Israel, se refieren a esta nación literalmente y solo aquellas dirigidas a la iglesia se refieren a ella. Ello deviene en un principio de división étnica o de identidad, según el cual Dios tendría propósitos específicos con el pueblo judío que difieren de su trato con la Iglesia como un todo, donde resalta particularmente, la promesa incondicional de poseer la tierra de Israel. En otras palabras, esta interpretación niega que la iglesia cristiana pueda ser lo mismo que la nación de Israel, especialmente antes del retorno de Jesucristo, y que las promesas que Dios le hizo a Israel como nación en la Biblia seguirían vigentes durante la existencia de la Tierra.

Por otra parte, según Stephen Sizer, (2004),[22] el moderno sionismo cristiano se encuentra relacionado con la noción de dispensacionalismo, la cual representa, según Paul Benware (2010)[21] una economía distinguible en el ejercicio del propósito de Dios, en otras palabras, según esta perspectiva; la historia humana ha atravesado una serie de "mayordomías" o períodos administrativos de trato divino que culminarán en la Segunda Venida de Jesucristo. Las mencionadas mayordomías, también conocidas como "dispensaciones" tendrían una duración y unos términos de relación entre Dios y el Hombre que son diferentes, cuya cantidad exacta se encuentra sujeta a diversas opiniones. (La mayoría de los dispensacionalistas reconoce siete mayordomías, de las cuales se habrían cumplido seis, restando solo la última.[cita requerida])

La postura dispensacionalista, considera que la última mayordomía representa el cumplimiento final de las promesas hechas a Israel, por lo tanto le otorga un papel trascendental a la nación judía en los acontecimientos inmediatamente anteriores a la segunda venida de Cristo y un rol especial durante el milenio subsecuente a esa venida (Pentecost, 1984).[18] En consecuencia, los partidarios del Sionismo Cristiano, ven en el renacimiento de la nación de Israel como un estado moderno y ubicado las tierras ancestrales añoradas por los judíos, un evento de proporciones proféticas y una señal que anuncia el pronto regreso del Salvador. (Hayford, 2011)[23]

La centralidad de Israel para los sionistas cristianos

Véase también

Referencias

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