Teología de la liberación latinoamericana

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La teología de la liberación latinoamericana es una síntesis de teología cristiana y análisis socioeconómicos marxistas que enfatiza la «preocupación social por los pobres y la liberación política de los pueblos oprimidos».[1] Surgida en la década de 1960 tras el Concilio Vaticano II[2] e influida por el camilismo (considerado su predececesor),[3][4][5] la teología de la liberación se convirtió en la praxis política de teólogos latinoamericanos como Gustavo Gutiérrez, Leonardo Boff y los jesuitas Juan Luis Segundo y Jon Sobrino, quienes popularizaron la expresión opción preferencial por los pobres. Surgió principalmente como reacción moral ante la pobreza y la injusticia social de la región, que la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) calificó como la más desigual del mundo. [6]

Esta expresión fue utilizada por primera vez por el padre general jesuita Pedro Arrupe en 1968 y, poco después, el sínodo de obispos católicos de 1971 eligió como tema La justicia en el mundo.[7][8] Fue popularizada en 1971 por el sacerdote peruano Gustavo Gutiérrez, quien escribió uno de los libros definitorios del movimiento, Teología de la liberación: Perspectivas. Otros exponentes destacados son Leonardo Boff de Brasil y los jesuitas Jon Sobrino de El Salvador y Juan Luis Segundo de Uruguay.[9][10]

El contexto latinoamericano también produjo defensores protestantes de la teología de la liberación, como Rubem Alves,[11][12] José Míguez Bonino y René Padilla, quienes en los años 1970 impulsaron la misión integral, enfatizando la evangelización y la responsabilidad social.

Un actor principal en la formación de la teología de la liberación fue la Conferencia del Episcopado Latinoamericano (CELAM). Creada en 1955 en Río de Janeiro (Brasil), la CELAM impulsó al Concilio Vaticano II (1962-1965) hacia una postura más orientada hacia lo social.[13]

Tras el Concilio Vaticano II, la CELAM celebró dos conferencias decisivas para el futuro de la teología de la liberación: la primera se realizó en Medellín (Colombia) en 1968, y la segunda en Puebla (México) en enero de 1979.[13] La conferencia de Medellín debatió cómo aplicar las enseñanzas del Concilio Vaticano II a América Latina y sus conclusiones estuvieron fuertemente influenciadas por la teología de la liberación,[14] que surgió de estas ideas oficialmente reconocidas. Aunque el documento de Medellín no es un documento de teología de la liberación, sentó las bases para gran parte de ella y, tras su publicación, la teología de la liberación se desarrolló rápidamente en la Iglesia católica latinoamericana.[15]

El sacerdote peruano Gustavo Gutiérrez es considerado ampliamente el padre de la teología de la liberación, cuyo libro de 1971 Teología de la liberación: Perspectivas fue determinante para la formación del movimiento.[16][17][18][19]

El cardenal Alfonso López Trujillo fue una figura central tras la Conferencia de Medellín. Como sacerdote en Bogotá en 1968 no asistió a la conferencia. Sin embargo fue elegido en 1972 secretario general de la CELAM y en 1979 (en la conferencia de Puebla) su presidente. Representaba una postura más conservadora, convirtiéndose en favorito del papa Juan Pablo II y en el principal azote de la teología de la liberación.[20] La facción de López se hizo predominante en la CELAM después de la conferencia de Sucre de 1972 y en la curia romana tras la conferencia de Puebla de 1979.

A pesar del predominio de los obispos conservadores en la CELAM, la teología de la liberación siguió siendo popular en América del Sur. Así, en la Conferencia de Puebla de 1979 los obispos conservadores se encontraron con fuerte una oposición de aquellos clérigos que apoyaban el concepto de una opción preferencial por los pobres y las comunidades eclesiales de base, aprobadas en Medellín.

El papa Juan Pablo II pronunció el discurso de apertura de la Conferencia de Puebla en 1979. El tono general de sus palabras fue conciliador. Criticó la teología de la liberación radical, diciendo: «esta concepción de Cristo como figura política, revolucionario, como el subversivo de Nazaret, no concuerda con la catequesis de la Iglesia»;[21] sin embargo reconoció que «la creciente riqueza de unos pocos es paralela al crecimiento de la pobreza de las masas»,[21] y afirmó tanto el principio de la propiedad privada como que la Iglesia «debe predicar, educar a las personas y a las colectividades, formar la opinión pública y ofrecer orientaciones a los líderes de los pueblos» hacia una «distribución más justa y equitativa de los bienes».[21]

Algunos teólogos de la liberación, entre ellos Gustavo Gutiérrez, tuvieron prohibida la asistencia a la Conferencia de Puebla. Trabajando desde un seminario y con ayuda de obispos liberales simpatizantes, obstaculizaron parcialmente los esfuerzos de otros clérigos para que los documentos de Puebla satisficieran las preocupaciones conservadoras. A las cuatro horas del discurso del Papa, Gutiérrez y otros sacerdotes redactaron una respuesta de 20 páginas que circuló en la conferencia y que, según se ha afirmado, influyó en su resultado final. Según un estudio sociopolítico de la teología de la liberación en América Latina, una cuarta parte del documento final de Puebla fue redactada por teólogos que no habían sido invitados.[22]

Teología

La teología de la liberación puede interpretarse como un intento de volver al Evangelio de la Iglesia primitiva donde el cristianismo es políticamente y culturalmente descentralizado.[23]

La teología de la liberación propone combatir la pobreza atacando su presunta fuente: el pecado de la avaricia. Para ello explora la relación entre la teología cristiana (especialmente la teología católica) y el activismo político, sobre todo en relación con la justicia económica, la pobreza y los derechos humanos. La principal innovación metodológica consiste en hacer teología desde la perspectiva de los pobres y oprimidos. Por ejemplo, Jon Sobrino sostiene que los pobres son un canal privilegiado de la gracia de Dios.

Algunos teólogos de la liberación fundamentan su acción social en la descripción bíblica de la misión de Jesucristo como traer la espada (desorden civil),[24] y no como traer la paz (orden social).[25] Esta interpretación bíblica es un llamado a la acción contra la pobreza y el pecado que la genera, para realizar la misión de justicia de Jesucristo en este mundo.

Gustavo Gutiérrez dio nombre al movimiento con su libro de 1971 Teología de la liberación: Perspectivas.[26] En este libro combinó ideas populistas con la doctrina social de la Iglesia católica. Fue influido por una corriente socialista ya existente en la Iglesia que incluía organizaciones como el Movimiento del Trabajador Católico y la Jeunesse Ouvrière Chrétienne (Juventud Obrera Cristiana) belga. También recibió influencia del libro Christ, the church and the poor (1965) de Paul Gauthier. El libro de Gutiérrez se basa en una comprensión de la historia en la que el ser humano asume conscientemente la responsabilidad de su destino, pero Cristo Salvador libera a la humanidad del pecado, raíz de toda ruptura de la amistad y de toda injusticia y opresión.[27] Gutiérrez también popularizó la expresión opción preferencial por los pobres, que se convirtió en consigna de la teología de la liberación y apareció después en discursos del papa.[28] Partiendo del motivo bíblico de los pobres, Gutiérrez afirma que Dios se manifiesta su preferencia por aquellos que son insignificantes, marginados, sin importancia, necesitados, despreciados e indefensos. Además aclara que el término los pobres en la Biblia tiene connotaciones sociales y económicas que etimológicamente remontan a la palabra griega ptōchos.[29] Para evitar malentendidos, Gutiérrez subraya: «La preferencia implica la universalidad del amor de Dios, que no excluye a nadie. Solo dentro de este marco universal se comprende la preferencia, es decir, lo que va primero».[30]

Gutiérrez enfatizó la práctica (o, técnicamente, la praxis) por encima de la doctrina, aclarando su posición con una relación circular entre ortodoxia y ortopraxis en simbiosis.[31] Su lectura de los profetas que condenan la opresión y la injusticia contra los pobres (por ejemplo, Jeremías 22:13-17) sustenta su afirmación de que conocer a Dios (ortodoxia) es hacer justicia (ortopraxis).[32] El cardenal Joseph Ratzinger (más tarde papa Benedicto XVI) criticó, sin embargo, la teología de la liberación por elevar la ortopraxis al nivel de la ortodoxia.[33] Richard McBrien resume así este concepto:

Dios se revela en la praxis histórica de la liberación. Es la situación y nuestra implicación apasionada y reflexiva en ella lo que media la Palabra de Dios. Hoy esa Palabra nos llega a través de los gritos de los pobres y oprimidos.[34]

Otro sello distintivo de la teología de la liberación de Gutiérrez es la interpretación de la revelación como historia. Por ejemplo, escribió:

La historia es el escenario de la revelación que Dios hace del misterio de su persona. La palabra de Dios nos llega en la medida de nuestra implicación en la evolución de la historia.[35]

Gutiérrez también consideró a la Iglesia como el sacramento de la historia, signo visible y externo de una gracia interior y espiritual, apuntando así a la doctrina de la salvación universal como verdadero medio para la vida eterna y asignando a la Iglesia un papel temporal: la liberación.

Práctica

Reacciones

Referencias

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