Tercer Concilio de Lima
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El Tercer Concilio de Lima fue un concilio de la Iglesia católica celebrado en Lima, en ese momento capital de la colonia española conocida como virreinato del Perú . Fue el más importante de los tres concilios celebrados en Lima durante el siglo XVI, ya que organizó definitivamente la Iglesia en América. Estuvo presidido por el arzobispo Toribio de Mogrovejo en 1581, y duró del 15 de agosto de 1582 al 18 de octubre de 1583.[1]
| Tercer Concilio de Lima | |||||
|---|---|---|---|---|---|
| Localización | |||||
| País | Virreinato del Perú | ||||
| Localidad | Lima | ||||
| Datos generales | |||||
| Tipo | sínodo | ||||
| Histórico | |||||
| Fecha de inicio | 15 de agosto de 1582jul. | ||||
| Fecha de fin | 18 de octubre de 1583 | ||||
| Cronología | |||||
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Historia
El Concilio definió muchas regulaciones y principios para la Iglesia local, sobre todo lo relativo con la evangelización de los indígenas. Este Concilio retoma y reafirma las disposiciones del Concilio de 1567 en lo que respecta a la idolatría,[2] por lo que su postura frente a esta prácticas continúa lo ya establecido anteriormente. Se estableció una norma sobre el encarcelamiento de los hechiceros:[2]
Cap. XLII: Que los ministros del diablo sean separados del trato con los demás indios. Para exterminar la peste de la fe cristiana que los aríolos (adivinos) y los más criminales sacerdotes de los demonios no cesan de propagar continuamente entre el pueblo cristiano, siendo tan grande su maldad e iniquidad que en un solo día destruyen todo lo que los sacerdotes de Cristo edifican en un año, se ha dispuesto prudentemente, como ya fue establecido en el Concilio anterior, que todos ellos (como inútiles y decrépitos) sean reunidos en un solo lugar y allí mantenidos encerrados, para que no contagien a los demás indios con su trato; y allí mismo se les provea de lo necesario tanto para el cuerpo como para el alma. Cuán saludable es este decreto en cuanto a evitar daños, la experiencia nos lo ha enseñado suficientemente. Por lo cual el santo Sínodo manda que, sin excusa ni demora, se lleve a ejecución, y lo ordena a todas las parroquias en la medida de sus posibilidades. Asimismo, suplica y exhorta a los ministros del rey, por Cristo, que cooperen con tan saludable institución y que prudentemente determinen de qué modo y en qué lugares estos ministros del diablo puedan ser contenidos sin perjuicio de los demás.[3]Acto II, Cap. XLII
Se definió que el trato debe ser adecuado, es decir, tratarlos "no como esclavos sino como hombres libres", preocuparse por su educación y empeñarse en la enseñanza de las costumbres europeas de la época.
Uno de sus más famosos decretos exigía el uso de las lenguas indígenas en este proceso de evangelización, prohibiendo el uso del latín y limitando el uso exclusivo del español. La importancia de este concilio no está solo en sus constituciones, sino también en los materiales pedagógicos que produjo. El Concilio elaboró tres manuales trilingües; en español, quechua y aimara (un catecismo, un confesionario y un sermonario); estos dos últimos textos eran herramientas clave para combatir la idolatría.[2] El catecismo trilingüe (entonces conocido como "Catecismo de San Toribio"), en español, quechua y aimara fue posteriormente traducido al idioma guaraní por fray Luis de Bolaños, y adoptado por el Primer Sínodo de Asunción (1603) para su uso en la zona de la cuenca alta del río Paraná (este de Brasil, Paraguay y noreste de Argentina).
El Concilio también fomentó la fundación de seminarios y estableció normas para la ordenación de nuevos sacerdotes, exigiéndoles visitar regularmente las comunidades, además del uso apropiado de la liturgia para invitar a los indígenas a las celebraciones.