Venancio Diego Carro
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Ferreras de Abajo, Zamora
| Venancio Diego Carro | ||
|---|---|---|
| Información personal | ||
| Nacimiento |
24 de marzo de 1894 Ferreras de Abajo, Zamora | |
| Fallecimiento |
18 de diciembre de 1972 Caleruega, Burgos | |
| Nacionalidad | Española | |
| Religión | Iglesia Católica | |
| Educación | ||
| Educación | Doctor en Sagrada Teología | |
| Educado en |
Universidad de Friburgo Convento de San Esteban de Salamanca | |
| Información profesional | ||
| Ocupación | Sacerdote católico, fraile dominico, teólogo, historiador, historiador del derecho, historiador de la teología y profesor universitario | |
| Cargos ocupados | Académico de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas (1954-1972) | |
| Empleador |
Colegio Internacional Angelicum Universidad de Madrid | |
| Miembro de | Real Academia de Ciencias Morales y Políticas | |
Venancio Diego Carro (Ferreras de Abajo, Zamora, 24 de marzo de 1894 - Caleruega, Burgos, 18 de diciembre de 1972) fue un sacerdote católico, fraile dominico, teólogo, historiador, historiador del derecho, historiador de la teología y profesor universitario español. Representó a España en diversas misiones internacionales y científicas.[1] Fue académico de número de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas.
Perteneció a la estirpe de dominicos estrictamente tomistas que se formó en torno al Convento de San Esteban de Salamanca en la primera mitad del siglo XX, junto a los padres Guillermo Fraile, Victorino Rodríguez, Vicente Beltrán de Heredia, Teófilo Urdánoz, Manuel Cuervo, Alonso Lobo, Antonio Royo Marín, Aniceto Fernández Alonso, Santiago Ramírez, Francisco Pérez Muniz, etc.[2]
Fue, además, uno de los dominicos españoles, nacidos en la segunda mitad del siglo XIX o a principios del siglo XX, que destacaron en el campo de los estudios históricos, junto con Luis G. Alonso Getino, Justo Cuervo, y V. Beltrán de Heredia.
Estudios y formación
Nació en Ferreras de Abajo en 1894. Ingresó en la Orden de Predicadores en el Convento de Las Caldas de Besaya, haciendo la profesión solemne el 30 de septiembre de 1910 en el Convento de Caleruega. Cursó sus estudios de filosofía en el Convento de Corias (Asturias) y los de teología en el Convento de San Esteban de Salamanca, donde obtuvo el título de Lector -el doctorado en la Orden de Predicadores-[3] en Sagrada Teología en 1919. Entonces fue destinado como profesor al Colegio de Segovia y empezó a colaborar asiduamente en la revista La Ciencia Tomista.[4]
En 1924 fue enviado a profundizar en sus estudios teológicos en la Universidad de Friburgo, donde convivió con Santiago Ramírez, y donde obtuvo el doctorado summa cum laude en Sagrada Teología con una tesis titulada El maestro fray Pedro de Soto, confesor de Carlos V, y las controversias político-teológicas en el siglo XVI.[5]
Vida religiosa y docente
Inmediatamente se le encargaron labores docentes. Fue profesor de Filosofía moral y de Historia de la Filosofía en Corias, y de Historia de la Teología en el Colegio Internacional Angelicum (actual Universidad Pontificia de Santo Tomás de Aquino) de Roma (1931-1939). También fue profesor de Religión en la Universidad de Madrid. En 1939 regresó a Madrid, siendo destinado como superior al Convento de Atocha, donde permaneció hasta 1955. Ese año solicitó ser destinado a Valladolid para poder consagrase al estudio y a la investigación. Fue elegido Definidor de la Provincia dominica de España en los capítulos provinciales de 1946, 1958 y 1962.[6]
Se especializó en Historia, Historia del Derecho e Historia de la Teología.[5] Fue fundador y director del Instituto Histórico Dominicano. También fundó, junto a Vicente Beltrán de Heredia, la Biblioteca de Teólogos Españoles.[7] El 1 de junio de 1954 fue elegido académico de número de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas (medalla nº 15).[8]
Murió en Caleruega el 18 de diciembre de 1972.
Aportaciones
El P. Venancio Carro se hizo célebre en el campo académico por su obra La Teología y los teólogos-juristas españoles ante la Conquista de América (1944, 1ª ed.), que mereció grandes elogios por parte parte de reconocidos eruditos. El religioso agustino Félix García lo calificó como "el mejor tratado de hispanidad". Marcel Bataillon, célebre historiador e hispanista francés, manifestó que "el tratado replantea en su verdadera perspectiva la célebre doctrina de las Relecciones de Vitoria".[9] Y Josep Maria Trias de Bes afirmó que es "el monumento más sólido a la gran empresa española de la conquista de América (...). Nunca se ha planteado con tanta seguridad y tan a fondo el problema de la conquista como en este libro revelador (...). Nada se ha hecho hasta la fecha en la exégesis histórica, teológica y jurídica sobre las Leyes de Indias que pueda comparársele".[9]
Pablo Ramírez Jerez, bibliotecario de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, escribió que el P. Carro "puede ser considerado uno de los mayores especialistas sobre la evangelización de América y sus problemas teológico-jurídicos, así como de los teólogos españoles del siglo XVI".[10]
Distinciones
- Académico de número de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas (desde el 1 de junio de 1954).[11]