Vestido de Glinda

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Creación 1936 (modificado en 1938)
Vestido de Glinda
Autor Gilbert Adrian
Creación 1936 (modificado en 1938)
Material chifón, malla, red, tul y lentejuelas

El vestido de Glinda (en inglés: Glinda dress o Glinda costume) es el traje que la actriz Billie Burke lució en la película El mago de Oz (1939).

Contexto

El maravilloso mago de Oz (1900), libro en el que se basa el filme, era el cuento favorito de Gilbert Adrian, autor del vestido de Glinda; tal era su afición por la historia que durante su infancia en Naugatuck solía dibujar a los personajes en sus libros escolares nada más llegar a casa del colegio, declarando años después recordar que «todos los munchkins tenían largos bigotes que cambiaban de amarillo a verde azulado, y los quadlings estaban extremadamente orgullosos de las jaulas doradas que salían de sus cabezas y contenían extraños animales». La preparación para el diseño del vestuario de la película comenzó a finales de la primavera de 1938, cuando Adrian envió un telegrama a su hermana Beatrice, quien se encontraba en Connecticut, solicitándole el envío urgente de una caja con sus libros escolares a Culver City, sede de los estudios Metro-Goldwyn-Mayer (MGM), productores del filme. Una vez estudiados los dibujos que realizara treinta años antes, el diseñador consultó todos los libros de la saga de Oz en busca de inspiración para el diseño de los trajes, iniciando el proceso de realización de bocetos a comienzos del verano y llevándose a cabo pruebas preliminares de las telas en el mes de agosto en su estudio, ubicado en el departamento de vestuario de la MGM, si bien la labor de confección no daría inicio hasta septiembre.[1]:62

Creación

Aunque el vestido de Glinda fue diseñado por Adrian al igual que el resto del vestuario del filme, esta prenda fue la única que no se creó originalmente para la película puesto que, tal y como sostiene el historiador John Fricke, ya había sido lucida tres años antes por Jeanette MacDonald en San Francisco (1936),[2] filme en el que Adrian fungió también como diseñador. A mayores, se ha sugerido que el traje fue usado por MacDonald en Sweethearts (1938), por Miliza Korjus en El gran vals (1938), y por Lana Turner en Ziegfeld Girl (1941),[3] si bien oficialmente solo consta su aparición en San Francisco y El mago de Oz de acuerdo con David J. Hogan, quien afirma que Burke, tras ver el atuendo y pese a estar acostumbrada a lucir vestidos glamurosos, exclamó en tono jocoso: «¡Parezco una refugiada de una ópera alemana!».[nota 1] Debido a que MacDonald y Burke tenían medidas distintas (concretamente una diferencia de altura de poco más de 2 cm), el diseñador tuvo que hacer varios ajustes para acomodar el traje además de realizar una serie de cambios que llevaron a una profunda modificación de la versión original: añadió mangas interiores de malla forradas con tul y aumentó el abullonado de las mangas exteriores, varió la forma del escote y retiró los ornamentos que tenía, aumentó el acampanado de la falda y le cambió las estrellas, colocó mariposas de gran tamaño, alteró la cintura y añadió más brillo al corpiño.[3][4][5]

Todos estos cambios fueron inspeccionados por la asistente del diseñador Hannah Lindfors y por la jefa de costureras Inez Schrodt,[6]:17[7]:369 si bien la colocación de las estrellas fue supervisada muy probablemente por la señora Cluett, jefa de la sección de abalorios de la MGM, ubicada en la segunda planta del departamento de vestuario y donde se llevó a cabo la elaboración de los zapatos de rubíes,[1]:63 aunque otras fuentes afirman que el calzado fue creado en Western Costume Company por Joe Napoli a partir de unos zapatos adquiridos a Innes Shoe Company.[8] Los arreglos de los trajes diseñados por Adrian tenían lugar siempre en su estudio. La actriz a la que la prenda estaba destinada debía presentarse a tiempo para la prueba puesto que, en caso contrario, el diseñador podía cancelar la cita; una vez la actriz se había puesto el vestido con la ayuda de las modistas, permanecía erguida sobre una plataforma de grandes dimensiones iluminada con focos de alta y baja potencia idénticos a los utilizados en los sets de rodaje, tiempo en el que Adrian examinaba el vestido desde todos los ángulos gracias a unos espejos colocados alrededor de la plataforma del mismo modo en que se situaban las cámaras en los decorados. Cada actriz importante de la MGM contaba con un maniquí acolchado el cual poseía sus medidas, práctica entonces habitual que permitía a las costureras confeccionar la ropa sin necesidad de que la estrella perdiese tiempo en sucesivas pruebas de vestuario; este maniquí se disponía sobre la plataforma para efectuar los arreglos finales antes de que la actriz en cuestión se probase la prenda, cuyos bocetos eran aprobados tanto por la estrella como por el director, este último con poder para variar o desechar un diseño.[9]:59–61

Jeanette MacDonald en San Francisco (1936).

El motivo de reciclar esta prenda se debió a la necesidad de ahorrar tiempo, ya que aunque el presupuesto era elevado y la MGM no escatimó en gastos,[3] Adrian tuvo que diseñar el vestuario de todo el elenco, en total 3210 trajes, tarea para la que contó con la ayuda de 178 empleados,[5] aunque los atuendos de Ray Bolger, Jack Haley y Bert Lahr fueron elaborados por el departamento artístico de los estudios,[10] contando cada traje con unas medidas específicas y siendo la parte más laboriosa la confección de la ropa de los munchkins.[3] Sin embargo, cabe destacar que en principio Adrian consideró crear un vestido desde cero para Burke en vez de recurrir al reciclaje de otra prenda, pues en la colección de la Universidad Brigham Young se conserva una primitiva versión del atuendo compuesta de vestido y chaqueta la cual fue uno de los al parecer varios prototipos elaborados que nunca llegaron a aparecer en pantalla; confeccionada en red de seda y cubierta de lentejuelas, esta prenda fue adquirida en la subasta celebrada por la MGM en 1970 y donada a la universidad aproximadamente en 1975 junto con, entre otros, un traje de seda de Edna Best y un vestido de satén de Jean Harlow.[11] Es importante señalar que pese a lucir una prenda reciclada, algo que entonces era más habitual en extras que en actrices principales,[12] Burke era antes del estreno del filme el miembro más conocido del elenco dado su estatus de estrella cinematográfica y su matrimonio con el famoso productor teatral Florenz Ziegfeld; con un sueldo de $766,67 por esta película, Burke fue elegida de entre otras prominentes figuras de la industria, como Fanny Brice, Constance Collier, Gracie Fields, Una Merkel, Edna May Oliver, Helen Troy y Cora Witherspoon.[13]:127,134

A diferencia de otros proyectos, Adrian gozó de total libertad creativa puesto que para El mago de Oz no tuvo que realizar ninguna investigación destinada a cumplir con requisitos de carácter histórico,[1]:62 aunque se basó en las ilustraciones de W. W. Denslow además de en la descripción dada en el libro, donde se especifica que el vestido de Glinda cuenta con «pequeñas estrellas que brillaban al sol como diamantes».[13]:209[7]:171 En el diseño del vestido, Adrian buscó realzar la belleza natural de Burke y hacerla parecer joven, aspecto que contradecía el texto de Baum ya que en la obra el personaje de Glinda es descrito como una pequeña y hermosa anciana «con la cara cubierta de arrugas»;[13]:209 este cambio supuso cierto grado de dificultad puesto que en aquel entonces la actriz contaba con 54 años, motivo por el que se recurrió a un método totalmente ajeno al vestuario cuyos efectos eran similares a los de un lifting y que en aquella época era bastante habitual debido a que la cirugía plástica aún no estaba desarrollada. Para llevar a cabo este procedimiento, gracias al cual se lograban efectos imposibles con los cosméticos del momento, el maquillador Jack Young utilizó gasas (llamadas «lifts») de 5 cm de largo y 0,5 cm de ancho a las que colocó una cinta adhesiva de la que salía un hilo atado a una goma elástica; una vez pegadas las gasas a la piel delante de cada oreja, y debidamente tensadas y fijadas bajo la cabellera, las arrugas de Burke se difuminaron hasta casi desaparecer, dotando a la actriz de la belleza juvenil deseada para el personaje.[14]:194

Rodaje

Durante el rodaje hubo dos contratiempos relacionados con Burke y, en menor medida, con el vestido de Glinda. Uno de ellos tuvo que ver con un desagradable incidente durante una prueba de vestuario tal y como relató Margaret Hamilton:

[Burke] tenía un camerino rosa y azul con borlas rosas y azules, y frascos rosas y azules llenos de polvos y aceite de bebé. Y mentas rosas y azules. Y una infinidad de ropa preciosa, toda de encaje; y todo era rosa y azul. Y un día, mientras esperaba una prueba de vestuario, salió del set. Cuando ya estaban listos, nadie la encontró por ningún lado. Finalmente, llegó una limusina a la puerta del set y salió la dama hada. El primer asistente de dirección dijo: «Señorita Burke, ¿dónde ha estado? Ha sido muy caro y costoso e incómodo para todos». Y no podía creer lo que veía. Su reacción fue asombrosa. Sus ojos azules estaban llenos de lágrimas, y las lágrimas corrían por sus mejillas. Y dijo: «¡Me está intimidando!».[13]:127–129
Billie Burke, Judy Garland y Margaret Hamilton en El mago de Oz (1939).

En el rodaje, Hamilton sufrió un serio percance que estuvo a punto de costarle la vida. El 28 de diciembre de 1938,[15]:76 durante la repetición de una toma en la que su personaje, la Bruja del Oeste, tenía que desaparecer descendiendo por un elevador en medio de una nube de humo rojo seguida de una potente llamarada expulsada a través de unos respiraderos, el fuego se activó antes de que la actriz desapareciese, causándole quemaduras de segundo grado en el rostro y de tercer grado en una mano a pesar de que las llamas fueron extinguidas con suma rapidez.[16] Este evento llevaría a Hamilton a relatar del siguiente modo el otro percance relacionado con Burke, quien en marzo de 1939 sufrió una fractura en un tobillo: «El estudio nunca mencionó mi accidente, nunca. Pero cuando Billie Burke se torció el tobillo, llamaron a una ambulancia y publicaron fotos de ella mientras la sacaban. Y me hizo mucha gracia».[13]:274[nota 2] El incidente obtuvo la suficiente notoriedad como para ser publicado por The New York Times: «Billie Burke, viuda de Florenz Ziegfeld, se fracturó el tobillo derecho hoy al tropezar al salir del set tras terminar su última escena en una película en los estudios MGM. Se espera que permanezca hospitalizada varias semanas».[17]

Este imprevisto, pese a haber ocurrido durante la producción de El mago de Oz, tuvo lugar en el set de Bridal Suite (1939), película inicialmente conocida bajo el título Maiden Voyage: «Billie Burke, la actriz de cine, se rompió el tobillo al resbalar al salir del set de rodaje de Maiden Voyage de Metro-Goldwyn-Mayer. Estará hospitalizada dos semanas y terminará su papel en una silla de ruedas, lo cual se incluirá especialmente en la película».[18] El percance de Burke la obligaría, supuestamente, a tener que llevar el pie derecho escayolado durante el rodaje de El mago de Oz,[19] detalle imposible de comprobar mediante la observación del metraje puesto que la falda del vestido ocultaba por completo tanto las piernas como los pies de la actriz. Sin embargo, es preciso tener en cuenta que para cuando se produjo la fractura de Burke ya la actriz había rodado todas sus escenas, pues estas fueron grabadas entre el 17 y el 30 de diciembre de 1938 (la secuencia de Munchkinland) y entre el 14 de enero y mediados de febrero de 1939 (la secuencia de Ciudad Esmeralda),[15]:76–77 aparte de que las crónicas de la época sitúan los hechos apenas unos pocos días antes del fin del rodaje de El mago de Oz, cuya producción concluyó oficialmente el 16 de marzo,[20] si bien algunas tomas del montaje final muestran a la actriz con posterioridad a su lesión puesto que hay constancia de que Burke refilmó algunas secuencias y grabó varios pick-ups entre los días 1 y 2 de mayo.[15]:77

Por otro lado, al igual que el resto del elenco Burke tuvo que soportar periodos de más de doce horas bajo 150 lámparas de arco que emanaban luces de gran potencia, entonces requeridas por el Technicolor, las cuales podían llegar a elevar la temperatura del set por encima de 38 °C,[21] lo que a su vez pudo causar daños en la tela del vestido de Glinda puesto que el calor puede llegar a provocar el derretimiento de un tejido tan delicado como el tul.[22] A mayores, el fuego empleado en la escena en la que la Bruja del Oeste desaparece pudo causar algún que otro deterioro en el traje ya que la intensidad de las llamas fue lo bastante fuerte como para molestar a Burke; de acuerdo con Hamilton: «[...] me quedé con Judy y el Hada Buena, Billie Burke, y observé a los hombres practicar cómo hacer humo y fuego y tirar de tres cables diferentes de forma que un trozo del camino de baldosas amarillas cubriría el agujero después de mi desaparición. Estábamos a unos cuarenta pies del fuego y la señorita Burke negó con la cabeza y dijo: “Oh, no me voy a quedar aquí”. Y yo dije: “¿Por qué no, señorita Burke?”. Y ella dijo: “Ay, querida, hace demasiado calor”».[13]:269–270

Paradero

Sección femenina del departamento de vestuario de la MGM en la década de 1930.

Actualmente se desconoce el paradero del traje y no se sabe con seguridad si aún se conserva. Al igual que el vestido Letty Lynton, diseñado también por Adrian y presumiblemente perdido, existe la posibilidad de que el vestido de Glinda, visto en público por última vez en la première de El mago de Oz en agosto de 1939,[23] resultase destruido durante el incendio acaecido en la bóveda 7 de la MGM en 1965, desastre que provocó la pérdida de numerosas películas mudas,[24] aunque esta hipótesis resulta muy poco probable puesto que el departamento de vestuario de los estudios se encontraba cerca de Washington Boulevard, a cierta distancia de Jefferson Boulevard, adyacente a la bóveda 7, cuyo lote 3, donde se originó el fuego, estaba alejado del resto de construcciones.[25][26] Por otro lado, el hecho de que el vestido figure en una instantánea tomada el 30 de octubre de 1939 por Clarence Sinclair Bull, a quien Burke encargó la fotografía como recuerdo de su participación en el filme,[27] permite descartar que hubiese podido ser quemado intencionadamente en una hoguera encendida una noche por el propio estudio en el verano de 1939 debido a la necesidad de liberar espacio en el departamento de vestuario, entonces repleto de miles de prendas, algunas deterioradas por haber sido colgadas en perchas de alambre, si bien solo se quemaron aquellas que debido a su estado ya no podían ser recicladas ni revendidas.[1]:194[nota 3]

Otra posibilidad es que se siguiese reutilizando para otros filmes y se desgastase con el uso al igual que ocurrió con otras prendas de la época (entre ellas varias de las copias del vestido de Dorothy),[28][nota 4] lo que podría haber llevado a que el atuendo fuese tirado a la basura sin saberse siquiera en qué películas había aparecido,[24] un destino que sufrieron, entre otros, varios de los trajes que integraban el guardarropa de Lo que el viento se llevó (1939),[29] aunque un deficiente almacenaje podría haber deteriorado igualmente la prenda ya que al daño que ocasionaban las perchas de alambre se sumaba el inconveniente de las perchas de madera, que a causa de su alto contenido en ácido solían provocar que los vestidos se desgarrasen en la zona de los hombros.[30] Pese a no haber constancia de que el vestido de Glinda hubiese sido reciclado de nuevo, sí se sabe que el broche que decoraba el pico del escote fue reutilizado al menos una vez por Andrea King en My Wild Irish Rose (1947), ocasión en la que la pieza fue ligeramente modificada mediante la retirada de unas hileras escalonadas de diamantes y el añadido de más perlas, aunque terminaría por volver a su configuración original.[31]

De haber sobrevivido al siniestro de 1965, es posible que resultase destruido en el incendio del parque temático Land of Oz el 28 de diciembre de 1975; ubicado en Beech Mountain, este parque, en ese entonces en bancarrota, sufrió un fuego provocado que destruyó parte de las instalaciones, concretamente dos edificios: una tienda de recuerdos y el edificio principal, donde se hallaban las oficinas del parque, el vestuario de los trabajadores, el sistema de sonido y un teatro ambientado en Ciudad Esmeralda, todo ello completamente calcinado. A mayores, durante el incendio, el cual ocasionó daños por valor de $600 000, un grupo de vándalos irrumpieron en el museo del parque y robaron varios enseres, incluyendo una de las numerosas copias del vestido de Dorothy; el hecho de que esta prenda y otros artículos del filme, como el uniforme del portero de Ciudad Esmeralda y la capa del mago (desaparecidos tras el siniestro), se encontrasen en las dependencias del parque hace factible que el vestido de Glinda se conservase allí también, aunque no existen registros que atestigüen su presencia en el museo o en alguna otra instalación del recinto,[32][33] si bien entre los artículos destruidos por el fuego se encontraban las dos varitas usadas en la película.[34][35]

Lana Turner en Ziegfeld Girl (1941).

Cabe destacar que, al parecer, todos los objetos del filme custodiados en Beech Mountain habían sido adquiridos por Carolina Caribbean Corporation en la subasta que la MGM llevó a cabo en 1970,[32] donde se vendieron una de las réplicas del vestido de Dorothy, uno de los pares de zapatos de rubíes, el traje del León Cobarde y el sombrero de la Bruja del Oeste,[3][36] reutilizado junto con el vestido por una modelo en una fotografía publicitaria de Halloween junto a Judy Garland en 1939 y por Rose Langdon en el cortometraje en 3D Third Dimensional Murder (1941).[36] El diseñador Kent Warner fue contratado por el estudio con el objetivo de que catalogase las prendas almacenadas para su venta en la subasta; Warner descubrió varias copias tanto de los zapatos de rubíes como del vestido de Dorothy las cuales guardó para sí y vendió posteriormente por cuenta propia, hallándose entre las prendas encontradas los zapatos de Glinda, los cuales Warner regaló a Glenn Brown,[3] quien los subastó en 2014 por $25 000, quintuplicando el precio medio estimado.[37] A mayores, una versión plateada de la varita mágica, descartada durante las pruebas de cámara aunque utilizada en la fotografía encargada por Burke a Sinclair Bull (instantánea que la actriz reproduciría en varias tarjetas navideñas autografiadas para familiares y amigos), fue vendida en la subasta de la MGM y nuevamente en 2017, siendo subastada por Bonhams en 2019 por $400 075[35][38] y por Studio Auctions en 2024 por $109 375.[39]

El tiempo que el vestido permaneció guardado en las dependencias de la MGM lo convirtió en un artículo altamente susceptible de ser robado; durante muchos años los estudios no tuvieron ningún tipo de cuidado con los trajes, accesorios, guiones y demás elementos vinculados a las películas que producían, sin ser conscientes del alto valor que acabarían teniendo en el futuro (a menudo los empleados se llevaban estos objetos como recuerdo sin permiso, sabedores de que a los directivos no les importaba esta sustracción de material).[40] Otra alternativa es que fuese nuevamente modificado para su uso en otros filmes, caso que se dio, entre otros, con el vestido de estrellas de Greta Garbo en Camille (1936), completamente modificado para Joan Fontaine en Rebecca (1940);[12] y con otro atuendo de Garbo en la misma película, consistente en un vestido de encaje blanco el cual fue modificado para MacDonald en New Moon (1940),[9]:81 resaltando el hecho de que en caso de haber aparecido en Ziegfeld Girl, como sostienen algunas fuentes, el vestido (o al menos la falda) habría tenido necesariamente que ser desmontado ya que en esta película Lana Turner luce un conjunto radicalmente distinto cuya única similitud con el vestido de Glinda son varias capas de tul con estrellas llevadas a modo de falda y chal.[nota 5]

Una última posibilidad, aunque bastante remota, es que el vestido pasase a manos de Burke y se encuentre hoy día en poder de sus descendientes. Teniendo en cuenta que los estudios tuvieron el detalle de prestarle el atuendo para la fotografía tomada por Sinclair Bull, la actriz podría haberlo comprado o recibido como regalo,[nota 6] algo poco habitual aunque no del todo extraño en la industria del cine, pues a modo de ejemplo, Marlene Dietrich compró numerosos vestidos y accesorios de sus películas los cuales guardó durante décadas en un total de cinco almacenes ubicados en Estados Unidos y Europa,[41] si bien lo más probable es que Burke devolviese el traje al departamento de vestuario de la MGM tras la toma de la fotografía del mismo modo en que hizo con la varita, aunque es preciso tener en cuenta que, independientemente del lugar en el que el vestido hubiese sido guardado, son escasas las probabilidades de que se conserve íntegro en caso de seguir existiendo, pues un tejido tan delicado como el tul suele tener una durabilidad bastante limitada en comparación con otros materiales, deteriorándose rápidamente si no es almacenado en condiciones óptimas; en este apartado destaca el velo del vestido de novia que Vivien Leigh lució en Lo que el viento se llevó, custodiado bajo estrictas medidas de seguridad en el Harry Ransom Center debido a que una manipulación excesiva podría dejar la pieza reducida a polvo.[42]

Controversia

Jeanette MacDonald en San Francisco (1936).
Billie Burke y Judy Garland en El mago de Oz (1939).
Jeanette MacDonald y John Barrymore en Maytime (1937).
Greta Garbo en Camille (1936).

Pese a haberse verificado que el vestido de Glinda ya había sido llevado anteriormente por MacDonald, algunos escritores, como Jay Scarfone y William Stillman, consideran que este hecho es una mera especulación,[14]:194 con Richard Adkins, experto en la obra de Adrian,[43] y Amanda Hallay, especialista en moda de los siglos xvii, xviii y xix, esgrimiendo varios argumentos que ponen en duda el reciclaje de la prenda. El traje de MacDonald poseía una cintura recta fiel a los cánones del siglo xix y contaba con miriñaque, mientras que la cintura del vestido de Burke se adaptaba más a la estética del siglo xviii al ser de corte princesa y se armaba con una estructura similar al guardainfante, lo que requería mayor cantidad de tela que con el miriñaque para que el dobladillo llegase al suelo, todo lo cual supone una diferencia lo bastante notoria como para alejar en cierto modo una prenda de la otra, aunque tanto el acampanado de la falda como sobre todo la cintura aproximan en gran medida el vestido de Burke a un atuendo lucido por MacDonald en Maytime (1937), traje que sin embargo nunca ha sido considerado como candidato a ser una versión previa del vestido de Glinda pese a guardar más similitudes con este que los atuendos de Sweethearts y El gran vals. Por otro lado, las mangas del traje de MacDonald eran al parecer de gasa y ligeramente abullonadas hasta el codo, mientras que las del traje de Burke eran largas hasta las muñecas y de malla con tul, lucendo en la mitad superior un abullonado mucho más profundo. Así mismo, el atuendo de MacDonald tenía escote en V y el de Burke un escote palabra de honor con chifón y red encima a modo de falso escote en pico, a lo que se suma el hecho de que las estrellas presentes en ambos vestidos eran distintas, pues las del traje de MacDonald tenían casi todas igual forma y dimensiones mientras que las del atuendo de Burke, muchas de ellas idénticas por otro lado a las del vestido de Garbo en cuanto a forma aunque notablemente más pequeñas y con más brillo, eran diferentes entre sí y de varios tamaños, además de carecer del halo brillante con el que contaban las estrellas del atuendo de MacDonald.[12][23][44]

De igual modo, Scarfone y Stillman defienden la supuesta falsedad del reciclaje de la prenda alegando que dicha circunstancia habría rebajado la grandeza de la producción, valiéndose a su vez de una declaración efectuada en 1939 por Adrian en la que el diseñador dejó constancia de que era «una gran oportunidad para Billie Burke, como la hermosa bruja buena, de vestirse con los tonos más encantadores del arcoíris»,[14]:194 a lo que se suma la afirmación de Howard Gutner de que «todos los trajes fueron hechos a medida debido a que nada que fuese apropiado para la tierra de Oz se podía encontrar almacenado por ninguna parte en el departamento de vestuario».[1]:62 No obstante, actualmente se considera que los dos atuendos son el mismo y que las diferencias entre ambos son fruto de una intensa modificación,[4] circunstancia experimentada por otros vestidos de Adrian, a quien le gustaba reutilizar modelos y variarlos en función de la actriz,[12] dándose a su vez la circunstancia de que además del vestido de Glinda, al menos otros dos trajes de MacDonald en San Francisco fueron alterados para su reciclaje en otras películas: un atuendo con volantes, modificado en el escote para June MacCloy en Los Hermanos Marx en el Oeste (1940);[45][46] y un vestido decorado con plumas que Gracie Allen lució en Honolulu (1939), al cual se le cambió el broche frontal por otro además de añadírsele más plumas y un par de guantes largos destinados a cubrir las cicatrices de Allen.[47]

Bette Davis en Jezabel (1938).
Norma Shearer en María Antonieta (1938).

A mayores, el hecho de que el vestido de Glinda fuese de color rosa claro constituye un factor importante a la hora de identificar el traje de Burke con el de MacDonald, el cual, creado para un filme en blanco y negro, se veía completamente blanco en pantalla; antes de que las películas se filmasen en su mayoría en color, los diseñadores debían tener en cuenta que las tonalidades de las prendas lucían de forma distinta en cámara. Uno de los casos más llamativos fue el vestido supuestamente rojo que Bette Davis lució en Jezabel (1938), el cual era en realidad de color marrón debido a que el color rojo no lucía adecuadamente en blanco y negro. Este inconveniente se daba también con el blanco tanto en blanco y negro como en color ya que el blanco tendía a provocar destellos en cámara, motivo por el que las telas solían teñirse en colores pastel (preferentemente azul o rosa), circunstancia que se trasladaba incluso a la ropa de cama y que en El mago de Oz se dio también en el vestido de Dorothy, siendo un caso destacado el traje azul claro (blanco en pantalla) de Norma Shearer en María Antonieta (1938),[3] película filmada en blanco y negro aunque concebida para ser rodada en color. El hecho de que el vestido de Glinda fuese de color rosa lo asemejaba además a las típicas representaciones del personaje aparecidas en diversas ilustraciones, si bien en el libro el atuendo es descrito como enteramente de color blanco, siendo la intensidad cromática otro aspecto controvertido ya que se ha esgrimido que el color rosa del traje de Burke era demasiado intenso en comparación con la suave tonalidad con la que se acostumbraba a teñir las telas para que se viesen adecuadamente blancas en pantalla,[23] aunque el fuerte tono rosado del atuendo podría deberse al Technicolor, proceso que solía alterar el cromatismo haciendo que los colores se viesen más vibrantes de lo que eran en realidad.[48]

Es preciso destacar que todas las prendas fueron teñidas a mano para cumplir con los requisitos del Technicolor, instalándose en la segunda planta del departamento de vestuario una sala de teñido metálico por pulverización y un gigantesco tanque en otra sala para tintes a base de agua. Antes de iniciarse la elaboración del guardarropa, el director de fotografía Harold Rosson,[1]:62–63 quien tuvo problemas con la iluminación del vestido de Glinda a causa del brillo de la corona[49]:100 (tuvo también inconvenientes con los trajes de Garland, Haley y Hamilton),[7]:250 creó una lista de «valores de color relativos» que ocupaba un total de seis páginas mecanografiadas, elemento que Adrian, para quien esta fue su primera película en color, y el maquillador Jack Dawn usaron como guía en la creación tanto de los trajes como del maquillaje,[1]:62[50]:120 un detalle que deja abierta la posibilidad de que el atuendo de MacDonald, supuestamente de color rosa pálido, fuese teñido de nuevo en un tono más intenso. La problemática tanto de la iluminación como del color no solo afectó al vestido de Glinda sino que también causó inconvenientes con la primera versión de la varita, cuyas piedras de color claro se veían planas y sin apenas brillo en pantalla, motivo por el que fue reemplazada por dos varitas decoradas con piedras de colores que aportaban el brillo e intensidad cromática necesarios para sacar el máximo partido al Technicolor.[35] Pese a las múltiples alteraciones sufridas, maniobra frecuente en el mundo del cine que además de provocar la pérdida del diseño original de una prenda suele acarrear una merma a nivel histórico y artístico, ambos factores no solo no decrecieron sino que se incrementaron considerablemente gracias al estatus de culto que ostenta El mago de Oz a diferencia de San Francisco, caso poco habitual en el vestuario cinematográfico.

Descripción

Diseño

El mago de Oz

Nelson Eddy y Jeanette MacDonald en Sweethearts (1938).
Fernand Gravey y Miliza Korjus en El gran vals (1938).

De acuerdo con Scarfone y Stillman, el vestido se componía de «capas de delicado tul rosa salpicado de estrellas del norte y cristales de nieve helada. Adrian agregó un motivo de mariposa y le dio alas a Glinda en homenaje a la descripción del guion del don de volar de Glinda».[5] Respecto al corpiño, este contaba con cuatro ballenas: dos horizontales en el centro del busto y otras dos verticales a los lados. Ajustado al cuerpo, poseía una mariposa en la cintura, de corte princesa, y otra a lo largo de la zona superior izquierda, donde el corpiño se unía a la manga, exhibiendo un escote palabra de honor con chifón y red drapeados por encima a modo de falso escote en pico además de contar con un cierre de cremallera en la espalda. Por su parte, las mangas, unidas por una costura a la altura del hombro y adornadas por debajo de las muñecas con una libélula, estaban realizadas en malla forrada con tul y se dividían en dos partes: la manga interior, ceñida y larga hasta las muñecas, donde una cremallera blanca la cerraba hasta unos centímetros por debajo del codo (posiblemente de metal y de unos 15 cm de longitud); y la exterior, abullonada (estilo gigot) y que cubría casi toda la mitad superior del brazo. En lo tocante a la falda, esta estaba salpicada de estrellas y lentejuelas y se ahuecó gracias al uso de una estructura similar al guardainfante y, probablemente, de varias enaguas de tul almidonado, siendo al menos las dos capas superiores de color rosa claro, la más visible con un ligero deslucido en el tono.[23][12][51]

En lo tocante a los zapatos, realizados en lamé plateado y de estilo Luis XV, ambos están forrados con piel de cabritilla y poseen un botón de nácar, contando el zapato izquierdo con un sello dorado en el interior con el lema «THE BOOTERY CHW [...] 6 [...] LOS ANGELES-SAN FRANCISCO».[37] Por su parte, la corona estaba hecha probablemente con gel de acetato; rematada por ocho picos terminados en forma de palmera aunque similares a una flor de lis, sobre cada uno, sujeta por un fino alambre, destacaba una estrella de metal, mientras que en el frente y partiendo de la zona inferior se hallaba un gran aplique circundado por hilos brillantes en forma de resplandor al igual que en los picos, estando el interior recubierto con tela en color carne alrededor de la base para ayudar a su fijación[52] (a mayores, pese a ser pelirroja Burke tenía el pelo demasiado corto y su color no era lo bastante intenso como para sacar partido al Technicolor, por lo que lució una peluca especialmente teñida para adaptarse al tono de su cabello).[4] Entre las joyas se encontraban una gargantilla la cual consistía únicamente en una delgada cadena de cristal decorada con una mariposa situada ligeramente a la izquierda de la zona frontal,[52] y un broche ubicado en el pico del escote, único elemento conservado del vestido de Glinda junto con los zapatos; fue creado por Joseff of Hollywood y el mismo consiste en una elaborada pieza de estilo georgiano decorada con diamantes y perlas de imitación, contando con un cierre de resorte.[53][54] Por último, el atuendo contaba como accesorio con una varita cuyas dimensiones, tal vez 135 cm al igual que la varita descartada en las pruebas de cámara, la hacían más larga que la escoba de la Bruja del Oeste. Esta pieza, de la que existía un duplicado que probablemente fue empleado para las primeras tomas, se componía de una bara metálica brillante de estructura cónica rematada por una estrella de cinco puntas también metálica y de 3 × 3 cm, soldada en un extremo y decorada con cristales transparentes y multicolores.[19][39]

San Francisco

El diseño original del atuendo mostraba un escote en V tanto en el frente como en la espalda, decorado con motivos brillantes en forma de hojas y flores, mientras que las mangas, realizadas al parecer en gasa, eran abullonadas y largas hasta el codo, siendo la cintura recta aunque con un ligero pico en el frente y hallándose el corpiño decorado con una estrella radiada y las mangas con lentejuelas. Por su parte, la falda era circular y se armaba con miriñaque, destacando una delicada capa de tul en la zona superior salpicada toda ella de estrellas radiadas y lentejuelas. Peinada con tirabuzones siguiendo la estética de mediados del siglo xix, como único complemento MacDonald lució un pequeño lazo en cada muñeca y en el pelo varios broches con forma de estrella, emulando tal vez un retrato de Isabel de Baviera pintado en 1865 por Franz Xaver Winterhalter.

Análisis

El mago de Oz

Billie Burke y Judy Garland en El mago de Oz (1939).

El vestido de Glinda está plagado de simbolismos los cuales tienen que ver no solo con Glinda sino también con Dorothy. La presencia de las libélulas, cuyas delicadas alas irradian un arcoíris cuando la luz incide en ellas, representan la transformación y la realización personal, un significado que en Dorothy tiene que ver con su transición de una niña pequeña y tranquila a una adolescente valiente y resuelta, pues en la película deja de ser una inocente muchacha dedicada a alimentar a las gallinas de sus tíos para convertirse en una joven que se enfrenta a todo tipo de aventuras peligrosas con el fin de volver a casa. A mayores, las libélulas llevan implícito el significado de claridad y buena suerte, siendo también una alusión a los torbellinos, reminiscencia del tornado que arrastró a Dorothy hasta la tierra de Oz. En lo tocante a las estrellas, una de ellas constituye una representación de Polaris, también conocida como Estrella Polar o Estrella del Norte, un elemento que identifica a Glinda como la buena Hada del Norte, protectora de Munchkinland que a lo largo de la historia intervendrá para salvar a Dorothy de las garras de la malvada Bruja del Oeste. Respecto a las mangas, el abullonado de las mismas se erige, al igual que las mariposas, como una reminiscencia de las alas con las que suelen contar las hadas, mientras que las estrellas tanto del vestido como de la corona muestran el carácter fantástico del personaje y su vínculo con el cielo, constituyendo el brillo de las diminutas lentejuelas una representación del polvo de hadas y un nexo con los zapatos de rubíes.[23]

San Francisco

En San Francisco, el traje adquiere un significado más escénico que narrativo, pues el mismo funge como disfraz en una representación de La traviata, ópera que la protagonista, Mary Blake, canta en el prestigioso Tívoli de San Francisco, lugar que hace gala de todo el lujo, el glamur, la sofisticación y la clase de la que carece el decadente Paradise, un vulgar antro que refleja los excesos de parte de la sociedad y donde Mary tuvo que trabajar nada más llegar a la ciudad para poder sobrevivir. El brillo de las lentejuelas del vestido representa el éxito que la joven está viviendo como cantante de ópera, mientras que las estrellas constituyen una reminiscencia de su estatus como una importante dama cuya popularidad le ha permitido coquetear con la clase alta de San Francisco. Por su parte, la blancura del atuendo en pantalla, vinculada a las camelias blancas, aspecto trascendental de La dama de las camelias (1848), obra en la que se basa La traviata, permite vislumbrar la inocencia y el virtuosismo que caracterizan a Mary, cualidades que no ha perdido pese a haber pasado un tiempo en los bajos fondos de la ciudad, si bien la opulencia del traje, fiel reflejo de la vida derrochadora del San Francisco de comienzos del siglo xx, se erige como un símbolo de lo efímera que será la alegría de los asistentes a la función, pues poco después los bellos edificios que adornan las calles se verán envueltos en llamas y reducidos a escombros debido a los desastrosos efectos del terremoto de 1906.

Legado

Notas

Referencias

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