Vestido de diamantes de Shirley MacLaine

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Creación 1963
Material chifón, cristales y diamantes de imitación
Vestido de diamantes de Shirley MacLaine
Autor Edith Head
Creación 1963
Material chifón, cristales y diamantes de imitación

El vestido de diamantes de Shirley MacLaine (en inglés: Shirley MacLaine's diamond dress) es un traje que la actriz lució en la película What a Way to Go! (1964).

Contexto

El publicista Arthur Jacobs deseaba para comienzos de la década de 1960 introducirse en el mundo de la producción cinematográfica; una de sus clientas más famosas era la actriz Marilyn Monroe, quien declaró que participaría en un filme producido por él siempre y cuando el guion fuese de su agrado. Jacobs había quedado cautivado por un relato de Gwen Davis en el que una mujer llega a contraer matrimonio seis veces,[1]:b1[2]:133 informando Darryl F. Zanuck a Monroe en junio de 1962 de que haría dos películas para 20th Century-Fox, estudio del que estaba tratando de recuperar el control: Something's Got to Give (1962) y What a Way to Go!, entonces bajo el título alternativo I Love Louisa. La actriz iba a recibir un salario de $1 000 000 por ambos filmes, aprobando en julio de 1962 que la labor de dirección corriese a cargo de J. Lee Thompson, cuyo trabajo había visto en Tiger Bay (1959) y Northwest Frontier (1959), además de tener prevista una reunión con Gene Kelly para discutir si el actor sería su compañero de reparto,[3]:316–318 todo lo cual quedaría truncado con la prematura y repentina muerte de Monroe en agosto de 1962. En septiembre, Jacobs declaró que Thompson, otro de sus clientes, dirigiría la película Kings of the Sun (1963), mientras que en lo concerniente a What a Way to Go!, el productor expresó su deseo de contar como protagonista con una de las tres máximas estrellas de cine a nivel mundial en ese momento y con actores de gran prestigio para los papeles de los esposos, careciendo por otro lado en ese entonces de un distribuidor.[4]:39 Más tarde ese mismo mes, Thompson afirmó que dirigiría What a Way to Go! con Elizabeth Taylor,[5]:b2 publicando Los Angeles Times en octubre que Mirisch Company, quien tenía un acuerdo a largo plazo con Thompson, financiaría la película,[6]:c17 a lo que se sumó la noticia ese mes de que Betty Comden y Adolph Green habían sido contratados para escribir el guion.[7]:d12[8] En diciembre Thompson dio a conocer el título definitivo del filme a Comden y Green, informándoles de que esperaba que Frank Sinatra y Marcello Mastroianni interpretasen a dos de los maridos,[9]:c8 mientras que para enero de 1963, el director aún seguía confiando en la participación de Sinatra junto con Marlon Brando y David Niven,[10]:c15 si bien en abril se informó que Steve McQueen sería uno de los esposos.[11]:c12 MacLaine no sería contratada hasta julio de 1963,[12]:7 mes en que Jacobs anunció un acuerdo con 20th Century-Fox en virtud del cual los estudios se encargarían tanto de la financiación como de la distribución, quedando las labores de producción encomendadas a las empresas Apjac, propiedad de Jacobs, y Malibu Productions, propiedad de Thompson. A mayores, en julio quedó establecido el reparto definitivo de la película, en la que los papeles de los maridos fueron asignados a Dean Martin, Paul Newman, Robert Mitchum, Dick Van Dyke y Gene Kelly, comenzando la filmación el 8 de agosto.[13]:x5

Creación

Edith Head, famosa diseñadora de vestuario, tuvo a su cargo el guardarropa de MacLaine en What a Way to Go!; Head ya había trabajado con la actriz casi diez años atrás en The Trouble with Harry (1955), coincidiendo nuevamente con ella después de que el productor Hal Wallis la contratase. Uno de los mayores retos que Head tuvo que afrontar vistiendo a MacLaine se produjo en Artistas y modelos (1955), filme para el que la diseñadora debió confeccionar un disfraz de murciélago:

Ella [MacLaine] no estaba nada contenta con haber sido elegida como murciélago, pero ella ya tenía una actitud profesional sobre la actuación. En vez de quejarse, me contó que no sabía nada sobre murciélagos. «¿Son mamíferos o reptiles? ¿Y cómo tienen bebés?» me preguntó. Yo no estaba segura, así que llamé a los investigadores y les pedí que me enviasen todo lo que pudiesen sobre murciélagos. Una vez supo que un murciélago era un pequeño mamífero volador que caza a su presa mediante la reflexión de ondas sonoras—en investigación se llama «ecolocalización»—tuvo un nuevo respeto por la criatura que se suponía iba a interpretar. Empezó a volar alrededor de la habitación batiendo sus alas hasta que le dije que iba a tener que parar para que yo pudiese seguir con el proceso de arreglos.[14]:125–126
Shirley MacLaine en Artistas y modelos (1955).

Head sentía una gran simpatía por MacLaine, quien era una de las actrices con las que más a gusto se sentía trabajando, además de preferir el diseño de vestuario al comercio minorista:

Los diseñadores de vestuario y los minoristas están en negocios totalmente distintos. Mis trajes están hechos para cada personaje individual en mente. Están creados para contar una historia y para reflejar un periodo de tiempo. Un minorista se esfuerza por hacer ropa que se ajuste a la carrera profesional de una chica, la ama de casa que ha tenido tres hijos, y la abuela que se ha encorvado con la edad pero que sigue queriendo verse joven. El vestido que se vende bien en California tal vez fracase en Nueva York, y un éxito en Atlanta es una pérdida en Mineápolis. Yo no quiero este tipo de presión. Prefiero mucho más vestir a Natalie Wood y a Joanne Woodward y a Shirley MacLaine. Con ellas, sé lo que estoy haciendo. […] Shirley y yo nos hicimos muy buenas amigas. Adoraba vestirla, y sinceramente creo que ella tenía respeto por mi trabajo. Rara vez teníamos algún desencuentro sobre los trajes—de hecho, no puedo pensar en un solo caso. Ella sabía que tenía unas piernas espléndidas y le gustaba presumirlas. Cualquier diseñador sería un tonto si no considerase aquellas piernas con cada vestido de Shirley MacLaine.[14]:125–126

En What a Way to Go!, Head, quien se incorporó al proyecto en calidad de préstamo de la Paramount Pictures por petición expresa de MacLaine, entonces lo bastante influyente como para escoger a miembros del equipo técnico y artístico,[15] tuvo la oportunidad de crear uno de los vestuarios más suntuosos y extravagantes de la historia del cine, en parte gracias al holgado presupuesto asignado para el guardarropa, uno de los más grandes del momento,[14]:127 lo que llevó a Head a rememorar los años 1920, época en que las producciones cinematográficas no tenían límite presupuestario:[16]:308

What a Way to Go! fue producida por Arthur P. Jacobs, quien me dio uno de los presupuestos más grandes que yo había tenido para el vestuario. Gastamos más de $500 000 en la ropa de Shirley, y lució $3,5 millones en joyas, que tomamos prestadas de Harry Winston, el famoso joyero de la Quinta Avenida. En caso de que alguien se haya olvidado, esa era una maldita fortuna a comienzos de la década de 1960.[14]:127

Head definió el guardarropa de la película como el «sueño de un diseñador» y resaltó su importancia al declarar que «si ves la película sin sonido, la ropa te contará la historia», aunque recordó la insistencia de Wallis años atrás de reducir la ostentación de sus creaciones para MacLaine,[14]:127[17] quien describió el filme como una película que trataba «básicamente sobre ropa y hombres»:[16]:308

En las primeras etapas de su carrera, cuando estaba haciendo todas esas películas de Martin y Lewis, estaba trabajando para Hal Wallis. Y Hal creía que una audiencia nunca debería notar la ropa a no ser que fuese un punto de la trama. Odiaba todo lo que fuese mínimamente ostentoso. A pesar de que yo me considero una diseñadora bastante conservadora, siempre me estaba diciendo, «bájale el tono, Edith», o «el hombro es demasiado ancho» o «su falda es demasiado larga». Shirley tenía el potencial para ser una maniquí, pero no en un filme de Wallis. Él no creía en películas sobre desfiles de moda. […] Esta película era el sueño de un diseñador. Ahí estaba yo con Shirley MacLaine, quien lleva la ropa hermosamente, y un presupuesto que parecía ilimitado. El guion era una divertida historia sobre una rica joven que se casa seis veces—con esposos interpretados por Paul Newman, Gene Kelly, Dean Martin, Robert Mitchum, Dick Van Dyke, y Robert Cummings. Ella trata de moldear su personalidad para cada uno, así que es como seis mujeres diferentes. A medida que cada uno muere ella se vuelve aún más rica.[14]:127–128[nota 1]

En lo concerniente al vestido de diamantes, este fue uno de los atuendos del filme más recordados por Head junto con una capa de color rosa:

Nos divertimos mucho con los trajes. En una escena Shirley estaba vestida de rosa de pies a cabeza. En otra, se veía como si estuviese revestida totalmente con diamantes (¡puede que el vestido fuese de pedrería, pero esos diamantes de Harry Winston eran reales!). Hice más de setenta y dos vestidos para ella en esa película. Sidney Guilaroff, quien probablemente pasará a la historia como uno de los peluqueros más famosos de Hollywood, hizo setenta y dos peinados diferentes a juego con mis trajes. Moss Mabry hizo el resto [del vestuario] para el elenco, pues yo estaba lo suficientemente ocupada intentando vestir a Shirley.[14]:128

Sin embargo, y pese a la felicidad que MacLaine sentía por su lujoso guardarropa, el hecho de tener que adaptarse a un actor distinto con sus respectivas idiosincrasias cada dos semanas para ajustarse al rodaje programado supuso una gran dificultad para la actriz: «Cada actor tenía diferentes formas de trabajar. A Paul Newman le gustaba trabajar como un actor del método. Y en una película como What a Way to Go! era realmente absurdo. Yo estaba teniendo una aventura con Robert Mitchum, así que eso fue fácil». La actriz tuvo que soportar durante todo el rodaje hasta setenta y ocho pruebas de vestuario en la hora del almuerzo:[18] «No tuvieron tiempo de hacer toda esa ropa antes de la fecha de inicio [del rodaje]. Yo tenía un bungaló en el lote de la Fox, y todos los arreglos tuvieron lugar allí. Edith y yo hablábamos de la vida, el amor y la búsqueda de la felicidad y mis viajes. Hice amistad con Candy, la chimpancé. Esto fue en los días en que se fumaba. Y Candy la chimpancé llegaba a mi camerino y fumaba y bebía conmigo».[16]:308 De las continuas pruebas de vestuario habló la propia Head en los medios incluso antes del estreno de la película, mencionando el desagrado que MacLaine había sentido hacia los arreglos en películas anteriores, situación que cambiaría en What a Way to Go!: «Solía odiar las pruebas de vestuario. Siempre estaba un poco desafiante, un poco a la defensiva, y le salía sarpullido. Pero para esta película, se ha mantenido firme ante las difíciles y complejas pruebas de setenta y tres trajes, no solo con cortesía, sino con gran entusiasmo».[19]:24[nota 2] La extravagancia del guardarropa, en el que trabajaron treinta costureras a tiempo completo[16]:308 y del que se realizaron costosas e innecesarias pruebas de cámara, pues las mismas fueron dejadas de lado a finales de la década de 1950,[14]:240 acarrearía críticas negativas tal y como recordó Head:

Un crítico dijo que mis vestidos no tenían gusto y eran horteras, pero cuando lo llamé para hablar sobre ello, nunca devolvió mis llamadas. No estaba del todo equivocado, pues se suponía que a veces el personaje de Shirley tenía que carecer de gusto y ser hortera. Shirley estaba muy satisfecha con los vestidos y yo también.[14]:128

Publicidad

Cartel de Breakfast at Tiffany's (1961).
Cartel de What a Way to Go! (1964).

El filme gozó de una gran publicidad y un espectacular estreno en el que el vestido de diamantes fue empleado como pieza central; al respecto, la propia MacLaine mencionaría lo siguiente décadas después: «Lo que más recuerdo de la première es el vestido de diamantes que llevé, lo difícil que fue ajustármelo y cómo tuve que contener el estómago todo el día».[20] El estreno del filme tuvo lugar el 13 de mayo de 1964[21] en la Feria Mundial de Nueva York, siendo esta una de las mayores aportaciones de la industria del cine al evento, el cual se llevó a cabo en un terreno de 646 acres; para los desplazamientos, tanto los actores (MacLaine, Cummings, Kelly y Newman) como los demás invitados atravesaron los torniquetes de la estación de metro de Times Square para ser recibidos por una serenata ejecutada por un guitarrista, un bajista y un tamborilero que tocaba un bongó, todo ello al tiempo que abordaban el Flushing Express IRT 7,[20] un tren especialmente decorado con material promocional de la película. En cuanto al estilismo de MacLaine, además del vestido de diamantes (el cual estuvo acompañado por el resto de atuendos del filme, lucidos por modelos a la entrada de la sala de proyección),[22] la actriz lució un peinado similar al de la película aunque menos exagerado, si bien a causa de su gran tamaño rozaba los globos que flotaban en el techo del coche en el que acudió al estreno, pintado de rosa para la ocasión; según la actriz: «Eso era todo mi cabello. Puede que tuviera un pequeño detalle en él, pero tenía un pelo rojo admirable». Pese a la gran pompa del evento, tanto el estreno como la feria terminarían ocasionando pérdidas, pues los 50 millones de asistentes a la atracción de Disney It's a Small World (patrocinada por Pepsi) representaban apenas dos terceras partes de lo que se esperaba, lo que provocó la bancarrota de la compañía al frente de la feria, dirigida por Robert Moses, quien defraudaría a la ciudad al no devolver un préstamo de $24 millones, pagando a otros acreedores apenas unos centavos.[20] Cabe destacar que MacLaine luciría nuevamente el vestido de diamantes, acompañado de un bolso de mano y un abrigo de piel, en la première llevada a cabo el 1 de julio de 1964 en el Carlton Cinema de Londres, ocasión en la que lució accesorios más sencillos que los de la película, valorados en cerca de $65 000.[23] A mayores, la publicidad del vestido no solo se redujo a los estrenos sino que el mismo fue convertido en la parte más destacada de los carteles promocionales tanto a nivel nacional como internacional, en los cuales MacLaine figuraba posando con el atuendo de forma similar a Audrey Hepburn en los carteles de Breakfast at Tiffany's (1961).[24][25][26]

En consonancia con el desastre financiero de la feria, y contra todo pronóstico por parte de los estudios, el filme terminaría por ser un estrepitoso fracaso en términos económicos[15] pese a ser la séptima película más taquillera de 1964;[27]:39 en palabras de MacLaine: «¡Todos en la película sentíamos que sería un éxito de taquilla! Desafortunadamente, estábamos equivocados». No obstante, la exagerada y recargada estética del filme encontraría algunos adeptos entre los críticos, como James Powers, quien en un artículo para The Hollywood Reporter en 1964 escribió que el filme era «una maravilla que debería ser una de las atracciones del año más populares», haciendo hincapié en los trajes de MacLaine: «La señora Head ha diseñado un número de asombrosos y suntuosos conjuntos y algunos que están hechos por diversión, yardas de piel, acres de chifón. Pisan esa delicada línea entre burlesque y realidad; las mujeres en la audiencia saben que no son algo que cualquiera pudiera usar, ¡pero oh! ¡Qué bonito si alguien pudiera hacerlo!».[15] El fracaso a nivel financiero fue atribuido en parte a Head y, sobre todo, al vestido de diamantes y demás conjuntos mostrados en la secuencia de la parodia hollywoodiense, pues de acuerdo con Time: «A pesar de todo su talento y ocasional empuje hacia delante, What a Way to Go! nunca llega a ninguna parte. Los motivos por los que esto ocurre están perfectamente resumidos en la fantasía cinematográfica de Shirley con Mitchum, descrita como “una de esas películas de Hollywood sobre el amor y ¿qué se pondrá después?”. Este gag, acreditado como “Una Producción de Exuberante Presupuesto”, ofrece cuatro minutos de opulentos decorados y toda una colección de primavera con los vestidos más inverosímiles de Edith Head. Pero What a Way en sí misma está tan extravagantemente sobregirada que la audiencia tal vez se pregunte dónde termina la parodia y empieza la trama». Pese al fracaso del filme y las críticas negativas a su guardarropa, Head y Mabry obtendrían una nominación al Óscar en la categoría de mejor vestuario en color, premio que recibiría Cecil Beaton por su trabajo en My Fair Lady (1964), habiendo sido Head nominada ese mismo año al Óscar al mejor vestuario en blanco y negro, el cual perdió frente a Dorothy Jeakins por su labor en La noche de la iguana (1964).[16]:310

Paradero

Shirley MacLaine en What a Way to Go! (1964).
Shirley MacLaine en los Premios Óscar de 1974.

Actualmente se desconoce el paradero del traje y no se sabe con seguridad si aún se conserva. Al igual que otras prendas icónicas del cine, como el vestido de Glinda, el vestido Letty Lynton y el vestido Cheek to Cheek (presumiblemente perdidos), existe la posibilidad de que se reutilizase para otros filmes y se desgastase con el uso, lo que podría haber llevado a que el atuendo fuese tirado a la basura sin saberse en qué películas había aparecido.[28] Hay constancia de que el traje fue reutilizado en al menos dos ocasiones por MacLaine sin contar los estrenos de What a Way to Go!: en los Premios Óscar de 1966 y en los Premios Óscar de 1974, siendo el corpiño modificado en 1966 de manera tan profunda que el atuendo quedó reconfigurado como un traje de cuello redondo y corte Imperio,[29][30] una alteración que se mantuvo para 1974 y que supuso la pérdida parcial del diseño mostrado en el filme, si bien ya para los estrenos de What a Way to Go! en Nueva York y Londres se había modificado ligeramente mediante la eliminación de unas ristras de diamantes que colgaban del pico del escote.[23][31] Este tipo de maniobras eran acometidas por lo general en la industria del cine únicamente con el fin de reciclar prendas para otras películas, circunstancia que se dio, por ejemplo, con al menos tres vestidos de Gilbert Adrian: el vestido de estrellas de Greta Garbo en Camille (1936), completamente modificado para Joan Fontaine en Rebecca (1940);[32] el vestido de Glinda, originalmente lucido por Jeanette MacDonald en San Francisco (1936) y severamente modificado para Billie Burke en El mago de Oz (1939);[33] y otro traje de MacDonald de la misma película, levemente alterado para Gracie Allen en Honolulu (1939).[34][nota 3] Cabe destacar que otra de las prendas de What a Way to Go!, una capa de chinchilla de color rosa, sería reutilizada sin modificación alguna por Ann-Margret para varias fotografías promocionales de Once a Thief (1965), detalle reseñable teniendo en cuenta que este filme fue producido por Metro-Goldwyn-Mayer,[35] uno de los cuatro grandes rivales de 20th Century-Fox.[36] Por otro lado, un deficiente almacenaje podría haber deteriorado el vestido de diamantes al punto de dejarlo inservible ya que las perchas de madera, conocidas por su alto contenido en ácido, solían provocar que los vestidos se desgarrasen en la zona de los hombros,[37] mientras que otra posibilidad es que fuese robado; durante muchos años los estudios no tuvieron ningún tipo de cuidado con los trajes, accesorios, guiones y demás elementos vinculados a las películas que producían, sin ser conscientes del alto valor que acabarían teniendo en el futuro (a menudo los empleados se llevaban estos objetos como recuerdo sin permiso, sabedores de que a los directivos no les importaba esta sustracción de material).[38] A día de hoy solo hay constancia de la existencia de tres de los setenta y dos trajes de la película: un leotardo de estilo marinero, subastado por Bonhams en 2020,[39] y un vestido de color verde y corte Imperio y un traje amarillo con escote en V y capa, ambos propiedad de Greg Schreiner y exhibidos en 2024 en el Oklahoma City Museum of Art con motivo de la exposición Edith Head: Hollywood’s Costume Designer.[40][41] El hecho de que MacLaine luciese el atuendo en dos ocasiones varios años después del estreno de la película podría deberse a que quizá la prenda había pasado a ser de su propiedad, algo poco habitual aunque no del todo extraño en la industria del cine, pues a modo de ejemplo, Marlene Dietrich compró numerosos vestidos y accesorios de sus películas los cuales guardó durante décadas en un total de cinco almacenes ubicados en Estados Unidos y Europa.[42] Sin embargo, lo más probable es que el vestido de diamantes permaneciese en poder de los estudios y fuese cedido a MacLaine en calidad de préstamo para ambos eventos, tras lo cual pudo pasar a manos de alguna empresa de alquiler de vestuario, como Western Costume Company, destino que tal vez compartieron otras prendas del guardarropa del filme.[35]

Descripción

Diseño

El vestido, mostrado en diversos colores en los carteles publicitarios (plateado,[25] dorado,[43] azul,[44] verde,[45] etc.), estaba realizado en chifón blanco y era ajustado al cuerpo, ciñendo el busto, la cintura y las caderas; con falda lápiz larga hasta los pies y abertura lateral a la altura de las rodillas, poseía escote en V y abertura de ojo de cerradura en la espalda. Valorado en $8500 de la época, el traje se hallaba cubierto de miles de cristales dibujando curvas abstractas, todo ello salpicado de diamantes de imitación, más profusos en el escote, la abertura de la espalda y las sisas, colgando pequeñas ristras a la altura del pecho. Respecto a las joyas que servían de accesorios al atuendo, estas consistían en diamantes auténticos aportados por Harry Winston; valorados en $2,5 millones (más del 70% del valor total de las joyas prestadas por la firma),[46] los mismos estaban presentes en dos pulseras, un collar, un par de pendientes y un tocado, consistente en hileras de diamantes cuidadosamente colocados junto con dos broches por Guilaroff, cuyo estilismo para la ocasión se traducía en un exagerado peinado estilo colmena.[16]:310 Cabe destacar que el diseño original difería en gran medida de la versión final, pues un boceto firmado por Head muestra un atuendo con escote Sabrina y manga larga decorado a base de pedrería en el corpiño, con varias ristras de cristales y diamantes suspendidas desde los hombros hasta el codo, siendo la falda de tipo sirena y contando la espalda con una gran capa.[47]

Análisis

Pese a aparecer en pantalla en tan solo dos tomas y por apenas veinte segundos, el vestido de diamantes alberga un poderoso significado, pues el mismo refleja el escalafón más alto que Louisa ha logrado alcanzar en la sociedad gracias a su matrimonio con el multimillonario Rod Anderson, su tercer marido, quien la rodea de todo tipo de lujos y extravagancias, algo que contrasta con sus sencillos orígenes en un pueblo de Ohio. Esta vida de derroche la lleva a fantasear con verse igual que una actriz de Hollywood, imaginando su vida como una película llena de ostentosos vestidos, a cada cual más lujoso y llamativo que el anterior, en lo que constituye una explosión de color que refleja de forma satírica el ambiente más exclusivo de la élite de los años 1960. El vestido de diamantes, sutil parodia de la alta costura, se erige en la fantasía de Louisa como el culmen del lujo y el refinamiento gracias a la pedrería que lo recubre, tan brillante que casi la convierte en un candelabro andante al combinar a la perfección con los candelabros que decoran la escena, siendo la larga boquilla por la que fuma una suerte de homenaje a la superficial y descarada Holly Golightly de Breakfast at Tiffany's. La fantasía de Louisa terminará cuando la prosperidad económica de su nuevo marido haga surgir en ella el temor a que comparta el mismo destino que los anteriores, lo que le llevará a tomar la fatídica decisión de retirarse junto con su esposo a una granja para llevar una vida más tranquila, alejada del lujo y el ajetreo del mundo de los negocios, sin ser consciente de que este nuevo rumbo la hará enviudar de nuevo.

Legado

Notas

Referencias

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