Bona Dea
diosa de la mitología romana
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En la religión y mitología romanas, Bona Dea —la «Buena Diosa»— era una deidad vinculada al culto de Fauno. Su leyenda, bastante escueta, tiene por objeto explicar ciertas particularidades de su culto. En Roma Bona Dea tenía un santuario al pie del monte Aventino. Allí las mujeres y doncellas practicaban todos los años sus misterios, de los cuales estaban excluidos los hombres. Bona Dea era una diosa asociada con la castidad y la fertilidad entre las mujeres romanas casadas, la curación y la protección del estado y el pueblo de Roma.[1][2]

Bona Dea a veces se identifica o se asocia con otras diosas de entorno naturalista y de la fertilidad de la tierra. Así es denominada como Maya, Ops, Fauna o Fatua.[3][4] Se la representa normalmente sentada en un trono y sosteniendo una cornucopia. Su atributo es la serpiente, símbolo de curación, por lo que en su templo en Roma se conservaban serpientes consagradas. Su imagen se encontraba frecuentemente en las monedas romanas antiguas.[5]

Títulos, nombres y orígenes
Bona Dea es tanto un nombre, un título honorífico, como también un respetuoso seudónimo; el nombre verdadero o de culto de la diosa es desconocido. Sus otros seudónimos menos comunes incluyen Feminea Dea («diosa de las mujeres»),[6] Laudanda Dea («diosa para ser alabada»),[7] y Sancta («sagrada» o «sacra»).[8] Se trata de una diosa de ‘tipo no definible’, con varios orígenes y una gama de diferentes características y funciones. [9]
Basándose en lo poco que sabían de sus ritos y atributos, los historiadores romanos especularon con su verdadero nombre e identidad. Rufo Festo la describe como idéntica a una ‘diosa de las mujeres’ llamada Damia, a quien Georges Dumézil considera una antigua interpretación errónea del griego ‘Deméter’.[10][11] A finales de la era imperial, el autor neoplatónico Macrobio atestigua que en las calendas de mayo fue dedicado un templo a Maya, es decir, a la tierra bajo la advocación de Bona Dea.[12] El autor cristiano Lactancio, reivindicando al difunto polímata republicano Marco Varrón Terencio como su fuente, la describe como la esposa y hermana de Fauno, llamada Fenta Fauna o Fenta Fatua (Fenta ‘la profetisa’ o Fenta ‘la tonta’).[13]
Macrobio
El autor antiguo que ofrece una exposición más extensa sobre los mitos y ritos de Bona Dea es Macrobio. Según él, se trata fundamentalmente de una divinidad de la tierra, a la que los libros de los pontífices romanos daban diversos nombres: Bona, Fauna, Ops y Fatua. Recibe el nombre de Bona porque produce todo lo bueno y necesario para la alimentación humana; el de Fauna porque favorece (favet) todo lo útil para los seres vivos; el de Ops, «ayuda» o «socorro», porque la vida depende de su auxilio; y el de Fatua, relacionado con fari («hablar»), porque los recién nacidos, según esta interpretación etimológica, no emiten su primera voz hasta haber entrado en contacto con la tierra.[14]
Macrobio recoge, además, diversas identificaciones de la diosa. Algunos la consideraban una manifestación de Juno, razón por la cual se la representaba con un cetro real. Otros la identificaban con Proserpina y explicaban el sacrificio de una cerda en su honor por el recuerdo del animal que había devorado las mieses que Ceres había dado a los mortales. También había quienes la consideraban Hécate en su aspecto ctónico, mientras que, según una tradición beocia, era identificada con Sémele.[14]
Otra tradición afirmaba que Bona Dea era hija de Fauno. Según este relato, Fauno intentó seducirla, pero ella rechazó sus deseos incluso después de haber sido embriagada con vino. Furioso, su padre la azotó con una vara de mirto y, finalmente, se transformó en serpiente para unirse sexualmente a ella. Macrobio explica diversos elementos del culto a partir de esta historia: en el santuario estaba prohibido introducir mirto; la diosa aparecía coronada o cubierta por una parra, relacionada con el vino mediante el cual Fauno había intentado embriagarla; y el vino introducido en el recinto recibía nombres simbólicos, de modo que era llamado «leche» y su recipiente «vaso de miel». Asimismo, las serpientes presentes en el santuario eran tratadas como animales sagrados y no provocaban temor.[14]
Otros identificaban a Bona Dea con Medea, debido a la abundancia de hierbas medicinales conservadas en su santuario y a la exclusión de los hombres de su culto, interpretada como una consecuencia de los sufrimientos que Medea había padecido a causa de Jasón. Los griegos la llamaban «diosa de las mujeres» (θεὸς γυναικεία, theós gynaikeía). Varrón, por su parte, explicaba la prohibición de la presencia masculina mediante una tradición según la cual la hija de Fauno había sido extraordinariamente pudorosa: nunca salía del gineceo, su nombre jamás se pronunciaba públicamente, nunca había visto a un hombre y ningún hombre la había visto a ella. La exclusión de los hombres de su santuario reproducía, por tanto, esa condición propia de la diosa.[14]
Finalmente, Macrobio relaciona este principio de exclusión ritual con la prohibición de que las mujeres participaran en el culto de Hércules en Italia. Cuenta que, cuando Hércules conducía por Italia los bueyes de Gerión, pidió agua a una mujer, pero esta se negó porque se celebraba una ceremonia en honor de la diosa de las mujeres y la ley sagrada prohibía a los hombres participar en ella. Como respuesta, Hércules excluyó a las mujeres de sus propios sacrificios y ordenó a unos tales Poticio y Pinario, encargados de su culto, que no permitieran su presencia.[14]
Culto
Bona Dea era una diosa asociada con la virginidad y la fertilidad femenina; la crítica moderna no tiene por cierta la opinión de Juvenal en su misógina Sátira VI, donde pinta la fiesta de la diosa el 4 de diciembre como una orgía depravada. También estaba asociada con la curación: muchos enfermos eran tratados en su templo con hierbas medicinales. Era venerada con gran reverencia por plebeyos, esclavos y libertos y mujeres. Se la invocaba para pedir por la salud y la liberación de la esclavitud; o, las mujeres, por su fertilidad. Su culto era muy antiguo e incluía ritos reservados exclusivamente a las mujeres.
La diosa era adorada en un templo en el monte Aventino, pero los ritos secretos en su favor se practicaban en el hogar de algún magistrado romano el 4 de diciembre. Eran dirigidos por la mujer del magistrado, ayudada por las vírgenes vestales. Además de estar prohibida la participación de hombres en ellos, tampoco se permitían las pinturas de figuras de hombres o animales macho. La habitación estaba decorada con flores y plantas, pero se excluía el mirto ya que, según la tradición, Bona Dea fue golpeada hasta la muerte por Fauno con una rama de mirto. Se sabe muy poco sobre la ceremonia en sí, aunque se cree que en su origen estaba relacionada con la agricultura.