Conflicto armado por el control de las favelas
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- Las milicias controlan el 60 % de Río
| Conflicto armado por el control de las favelas | |||||
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| Parte de la violencia y el narcotráfico en Brasil durante el desbordamiento de la guerra contra las drogas | |||||
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En sentido de las agujas del reloj desde arriba a la izquierda: soldados patrullando el complejo de Alemão durante una operación policial • Autobús incendiado por miembros de un cártel en respuesta a la ocupación del complejo de Penha • policía militar entrando en el complejo de Alemão con apoyo blindado • fuerzas de seguridad patrullando la favela de Rocinha con apoyo blindado • vehículo blindado de la CORE junto a un vehículo incendiado durante la Operación Contención • Graffiti de ADA en las paredes de la favela de Rocinha | |||||
| Fecha | 27 de diciembre de 2006-presente | ||||
| Lugar | Brasil, especialmente en las regiones Nordeste y Sudeste[a] | ||||
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El conflicto armado por el control de las favelas (también llamado conflicto civil por el control de las favelas) es un conflicto en librado principalmente las milicias, cárteles y fuerzas de seguridad federales y estatales.
Principales organizaciones criminales
El crimen organizado está intrínsecamente ligado a la historia de la región metropolitana de Río de Janeiro, creciendo con el desarrollo de las zonas urbanas y sus favelas. Río de Janeiro es singular porque algunas de sus comunidades más ostentosas, dependientes del turismo, están localizadas cerca de barrios con altos índices de violencia y delincuencia. Esta dinámica perpetúa aún más la violencia, aumentando la intervención policial a causa de las exigencias de los ricos, quienes reprimen a los pobres[1] e incrementando la dependencia de grupos como milicias y el crimen organizado, que a menudo priorizan la protección y el autogobierno sobre la intervención estatal. Cabe destacar que, para lograr el dominio del narcotráfico y el autogobierno, el crimen organizado depende en gran medida de sus relaciones con actores e instituciones políticas y estatales.[1]

Geográfica y socialmente, Río de Janeiro se divide en tres zonas. La Zona Sur es la más pequeña, pero alberga los principales destinos turísticos y a las residencias más adineradas de Río,[2] así como atracciones destacadas como Ipanema y el Pan de Azúcar. La Zona Norte contiene gran parte de las áreas industriales de Río y está densamente poblada, lo que la convierte en una región clave para el narcotráfico.[2] La Zona Oeste es más reciente que las otras dos, debido a su ubicación geográfica. Principalmente rural, carece de las características que buscan las organizaciones narcotraficantes, como la población o las vías de transporte.[2] En cambio, organizaciones como las milicias la controlan en gran medida.
Desde organizaciones criminales como Jogo do Bicho, Río de Janeiro ha sido escenario de numerosos casos de colusión entre grupos delictivos e instituciones sociopolíticas. Tras la dictadura militar, los instrumentos políticos del régimen, como el complejo penitenciario Cândido Mendes, dieron origen a las primeras bandas carcelarias en Río desde finales de la década de 1970.[3] Con el posterior auge del narcotráfico en Sudamérica,[4] estas pandillas dominaron el narcomenudeo y se beneficiaron de él en las favelas. La creciente tensión por el control de estos barrios propició guerras territoriales y la formación de nuevas facciones.
Cárteles
Comando Vermelho
El Comando Vermelho (Comando Rojo), a menudo abreviado como «CV», es la organización criminal activa más antigua de Brasil, dedicada principalmente al narcotráfico y al contrabando de armas, así como al secuestro de camiones, la usura, la extorsión y los robos a bancos, entre otras actividades delictivas. Considerada la facción más grande de la región metropolitana de Río de Janeiro, también se ha extendido al resto del estado, así como a la cercana Espírito Santo y al norte de Brasil.
La formación de la organización se remonta a finales de la década de 1970 (durante la dictadura militar), en la Prisión Cândido Mendes (situada en Isla Grande). Este complejo penitenciario albergaba tanto a enemigos ideológicos del régimen (como políticos de la oposición, periodistas, sindicalistas e intelectuales), como a guerrilleros armados (como miembros del MR-8 y de ALN) y a delincuentes de alto perfil, que, tras una serie de masacres y malos tratos generales por parte de los guardias de la prisión, formaron una alianza de «autoprotección».
Mediante el traslado de sus principales líderes por parte del Gobierno brasileño, esta logró controlar otras cárceles y establecerse en la mayor parte de Río, ganando influencia en las crecientes favelas. Después, durante el auge de la cocaína en la década de 1980, la banda pasó de la delincuencia menor al narcotráfico y contrabando de armas,[5]que resultó siendo menos peligroso que el robo de bancos y le permitió obtener mayores ganancias y controlar muchos municipios.
Desde la aparición y expansión de organizaciones rivales a finales de la década de 1980 (tanto en Río como en otros estados), el CV ha librado importantes guerras territoriales contra otros cárteles y pandillas. En los últimos años, ha estado involucrado en una serie de motines carcelarios, masacres y conflictos territoriales en todo el país, que han causado decenas de víctimas, en su mayoría milicianos pandilleros rivales de ADA, el GDE y el TCP. [6]
Tras el fracaso de las negociaciones para una «alianza» con el PCC en 2016 (debido principalmente a disputas entre rutas compartidas de narcotráfico y contrabando en Paraguay, Bolivia y Colombia), estalló una serie de represalias (que incluyeron tiroteos masivos, ejecuciones e invasiones de favelas rivales) entre ambos grupos y sus aliados, lo que ha provocado graves víctimas, entre las que se encuentran no solo miembros de bandas, sino también muchos civiles y agentes de seguridad que se han visto atrapados en el fuego cruzado.[7]
Sin embargo, pese a los constantes enfrentamientos con la policía brasileña y otras organizaciones criminales, el uso de medidas disuasorias como la Unidad de Policía Pacificadora (UPP) y la ocupación de múltiples favelas el CV mantiene un poder y una influencia considerables en lmuchas avelas de Río de Janeiro. y, al igual que muchas otras organizaciones, se ha ido convirtiendo cada vez más en un «icono cultural» en algunos géneros de la música brasileña (como en los subgéneros proibidão, ostentação y automotivo del funk brasileño, el trap y el hip-hop). Los problemas actuales del CV radican en los conflictos por el control de las rutas de narcotráfico y las disputas territoriales con milicias en sitios como el complejo de Alemão, que a veces es considerado el «cuartel general» de la organización.
Amigos dos Amigos
Amigos dos Amigos (Amigos de Amigos), conocido como ADA, es una de las bandas narcotraficantes más importantes de Río de Janeiro, con bastiones históricos en Rocinha, la mayor favela de la región metropolitana de Río. Esta organización criminal fue formadas a finales de la década de 1990 por exmiembros del Comando Vermelho, expulsados tras el asesinato de otro miembro, con la meta de competir por el control territorial. El CV sigue siendo el principal rival de ADA, junto con el Terceiro Comando Puro (Tercer Comando Puro, TCP).
En 2004, tras la muerte del anterior «dueño» de Rocinha (Luciano Barbosa da Silva, «Lulu», uno de los «jefes» del CV), el capo de ADA Antônio Bonfim Lopes (conocido como «Nem» o «Nem da Rocinha») tomó el control de la región y se convirtió en uno de los mayores líderes de la facción. Bajo su mando, la corrupción a gran escala aumentó en la favela (en contraste con la previa violencia desenfrenada), lo que propició una época de relativa tranquilidad y paz,[8]mientras que ADA fortalecía continuamente sus redes de narcotráfico y consolidaba su poder político,[9] esto mediante el apoyo financiero y social a candidatos políticos «amistosos»,[9] la prestación de servicios básicos (como energía, internet y sanitización del agua) y la distribución de canastas básicas, dulces y regalos durante las pascuas y navidades.
También se destinaron grandes cantidades de dinero a la organización de grandes fiestas, «bailes funk», espectáculos musicales y celebraciones que, según la policía, se han utilizado como importantes medios para generar no solo entretenimiento local, sino también ingresos para los cárteles, principalmente a través del comercio ilegal de drogas y alcohol, así como de la prostitución, la extorsión y los robos (ya que estas celebraciones tienden a atraer también a muchos turistas nacionales e internacionales. La eventual detención de Nem en 2011 dio lugar a años de incesantes guerras territoriales por el control de Rocinha entre ADA y Cel V, que aún continúan. Aunque no está confirmado, spero e cree que Nem sigue dirigiendo las operaciones de ADA desde la cárcel.[10]
Terceiro Comando Puro
El Terceiro Comando Puro (Tercer Comando Puro) o TCP es otro de los grupos de crimen organizado más poderosos de Río de Janeiro, dedicado al narcotráfico y la extorsión. Fundado en 2002 como una escisión del Terceiro Comando (Tercer Comando), que ya no opera y era originalmente una facción del Comando Vermelho.
Aunque ahora son enemigos, Terceiro Comando y Amigos dos Amigos formaron una alianza a finales de la década de 1990 para tomar el territorio controlado por su enemigo en común, el CV. Varios años después, esta alianza se desmoronó y condujo a la degradación del Terceiro Comando, hasta que el exlíder Nei da Conceição Cruz, «Facão», reformó el grupo en 2002 bajo el nuevo nombre Terceiro Comando Puro.
Desde entonces, el TCP ha mantenido el control territorial de las zonas norte y oeste de Río de Janeiro, aunque podría estar intentando expandir su territorio mediante una supuesta alianza con el Primeiro Comando da Capital (Primer Comando de la Capital) o PCC, la mayor organización criminal de Brasil, con sede en São Paulo.[11] Cabe destacar la ruptura de la alianza entre el CV y el PCC en 2016, lo que permitió esta nueva alianza. El TCP también participa en constantes disputas territoriales con ADA y el CV, pero recientemente ha conseguido aliados milicianos.
Históricamente, el TCP también se ha aliado con otras organizaciones criminales del noreste, como los Guardiões do Estado (que, según la Policía Federal, habría formado una especie de «unión» con el grupo en 2025), Bonde do Maluco y el Bonde dos 40, lo que ha ampliado el alcance del grupo más allá de Río, hasta Espírito Santo, el noreste e incluso Pará.
La banda ha perseguido a los seguidores de las religiones afrobrasileñas y a los católicos. Se encontraron paquetes de droga marcados con la estrella de David, se izaron banderas israelíes y se exhibieron estrellas de David en las paredes de varios lugares.[12]
Grupos de apuestas ilegales
El jogo do bicho (juego del bicho) es un juego de azar ilegal en Brasil que, pese su prohibición federal en 1946, sigue siendo increíblemente popular. Se juega en todo el país, con sorteos diarios, similares a los de una lotería, que se realizan en cada estado desde su sede en la región metropolitana de Río de Janeiro. El juego está controlado por jefes, llamados bicheiros o banqueiros («banqueros»).
El jogo do bicho es una tradición arraigada en la cultura brasileña, con miles de participantes diarios. Debido a su potencial para generar grandes sumas de dinero, su control es lucrativo y contribuye significativamente a la corrupción, beneficiando económica y políticamente a políticos, funcionarios y agentess de policía. Los bicheiros también financian programas sociales, como las escuelas de samba, que desempeñan un papel fundamental en festividades culturales como el carnaval de Brasil.
Milicias
Las milicias brasileñas, o grupos paramilitares, conformadas por policías en activo y retirados, guardias penitenciarios y militares, controlan gran parte del territorio occidental de Río de Janeiro y continúan expandiendo su dominio mediante conflictos territoriales con ADA, el TCP y el CV en Río y otros Estados, como San Paulo. Estos grupos paramilitares han crecido rápidamente en tamaño y poder, surgiendo a principios de la década de 2000 y extendiéndose hasta controlar zonas densamente pobladas. Fundados como grupos de autodefensa, han acumulado suficiente poder como para controlar y extorsionar territorios enteros de Río de Janeiro. Además de la extorsión, han ganado influencia política e incluso han contado con el apoyo de figuras políticas destacadas, como el expresidente Jair Bolsonaro.[13]
A diferencia de otras organizaciones criminales como el CV y ADA, que siempre han estado involucradas en el narcotráfico, las milicias se posicionaron en contra del mismo para ganarse la aprobación y la confianza de la comunidad. Algunos residentes de las favelas las veían como un «mal menor» en comparación con los cárteles. En lugar de traficar drogas, estos grupos se dedican a la extorsión y controlan el acceso al gas, la tierra y la televisión por cable.[14] Recientemente, algunos grupos han decidido permitir la venta de drogas, obteniendo así ganancias y control de territorios importantes a costa de los cárteles.[15]
Formación de la UPP
La Unidad de Policía Pacificadora (UPP) fue un programa de seguridad en Río de Janeiro cuyo fin era recuperar las favelas de manos de organizaciones criminales, principalmente los cárteles como el CV, ADA y el TCP, mediante una policía comunitaria. La estrategia se dividió en dos fases: el despliegue de la Policía Militar de Río (PMERJ) en las favelas y el aumento del número de agentes de policía que interactuarían con la comunidad a través de unidades,[16] con la esperanza de crear una relación más sana entre los residentes y las fuerzas del orden. Durante décadas, la interacción con la policía en Río de Janeiro fue tensa. Los enfrentamientos violentos entre pandillas y la policía provocaron víctimas civiles y los numerosos casos de abuso de poder generaron una desconfianza generalizada entre los residentes de las favelas. La creación de la UPP tenía como objetivo reestructurar la fuerza policial y sus interacciones con los civiles, al mismo tiempo disuadir la actividad criminal previa a la Copa Mundial de 2014 y los Juegos Olímpicos de 2016, un período de mayor turismo.
Un componente secundario del plan fue la creación de UPP Social, cuyo objetivo era atender las necesidades de bienestar social de las favelas a través de las unidades de la UPP. Esto incluía mejoras en el saneamiento, educación y atención médica, entre otros aspectos sociales.
Éxito temprano
En 2009, se estableció la primera UPP en la favela de Santa Marta, a la que siguieron rápidamente otras, llegando a un total de 32 unidades que abarcaban todas las zonas de Río de Janeiro (aunque la mayoría se ubicaban en la Zona Norte). A pesar de las peticiones de un mayor apoyo financiero, las unidades de la UPP recibieron elogios en sus primeros años por la evidente disminución tanto de la delincuencia y la violencia en las favelas.
Debido a que la presencia militar fue un paso previo a la llegada de la UPP, muchos narcotraficantes huyeron para evitar la persecución o la captura por parte del BOPE, la unidad táctica de la Policía Militar de Río. Por este motivo, los índices de delincuencia disminuyeron significativamente durante un par de años. En entrevistas con residentes, los detalles sobre las libertades que se les concedieron una vez llegadas las unidades de la UPP siguieron destacando los éxitos del proyecto.
Amarildo Souza, abusos y retrocesos de la UPP
A pesar del éxito inicial, algunos de los principales obstáculos del proyecto la UPP fueron los abusos policiales y las desapariciones forrzadas. Uno de los casos más notorios fue la desaparición de Amarildo Souza, un albañil de Rocinha.[17] Souza, de 42 años, había estado pescando la mañana de su desaparición y decidió entrar en la favela para comprar productos cuando fue interceptado por agentes de la UPP.[18] Fue llevado a declarar y posteriormente nunca regresó a casa.[18]
Souza era muy conocido en Rocinha, lo que provocó indignación pública. Tras más de dos meses de protestas públicas, sin respuesta de la UPP, se abrió una investigación sobre su desaparición, en la que veinticuatro agentes y su comandante fueron acusados de tortura, ocultamiento de cadáver, fraude procesal y conspiración.[19] En el juicio posterior, doce agentes fueron declarados culpables de tortura, fraude procesal y ocultamiento de cadáver.[20]
A pesar de la investigación y el proceso penal, la UPP comenzó a perder el apoyo de los habitantes, quienes sentían ira y temor ante sus acciones. Aunado a la capacitación insuficiente,[21] la UPP continuó fracasando, ya que la escasa financiación obstaculizó gravemente el proyecto, que no pudo cumplir con su propósito.[22] Con el debilitamiento de la UPP, las organizaciones criminales pudieron intentar nuevamente recuperar sus territorios mediante tiroteos y enfrentamientos, esta vez con mayor éxito.
