Conquista de Bugía (1510)
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| Conquista de Bugía | ||||
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Vista del puerto de Bugía, por Juan el Mayo en 1551, conservado en la Biblioteca Nacional de Francia. | ||||
| Fecha | 5 de enero de 1510 | |||
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Bugía ( | |||
| Coordenadas | 36°45′00″N 5°04′00″E / 36.75, 5.06666667 | |||
| Casus belli | Interés de la Corona española de establecer un nuevo puesto fortificado en las costas de Berbería luego de la Conquista de Orán | |||
| Resultado | Victoria española | |||
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| Fuerzas en combate | ||||
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La Conquista de Bugía fue resultado de la campaña que en enero de 1510 las fuerzas españolas encabezadas por el conde de Oliveto, Pedro Navarro, emprendieron en dicha ciudad, en aquel tiempo capital del Emirato de Bugía, que aunque independiente en términos políticos dependía a su vez del Califato hafsí de Ifriquía.[2][3] La conquista supuso el fin de dicho emirato y el asiento de los españoles en esta zona de la actual costa argelina hasta la pérdida de la ciudad en 1555 a manos de los otomanos.
La política española en el Norte de África
Alrededor de finales del siglo XV, las costas del norte de África, y en particular las hoy argelinas, acogen una constante lucha de influencias. La Monarquía hispánica y el Imperio otomano se disputan el control de esta zona, ocupada por Estados más o menos débiles y en cuyos puertos acogían, en muchos casos, la piratería. Ésta, protagonizada a veces por jenízaros, otras por elches o renegados, y otras tantas por bereberes, dañaba muy seriamente el comercio castellano y, sobre todo, aragonés, y esto, unido al temor de que los turcos aprovechasen estos puestos para lanzar ataques efectivos sobre la península, convenció al cardenal Cisneros de que era necesario hacerse con varios puertos claves en la costa con la intención de asegurarse el sur peninsular. Hay que tener en cuenta que apenas unos años antes España había culminado la Reconquista con la toma de Granada en 1492, y que los habitantes del antiguo reino nazarí, ahora moriscos, aunque conversos mantenían sus tradiciones y costumbres, pues se los había obligado a convertirse a partir de la Real cédula del 14 de febrero de 1502, en la que, dejando de lado cuanto se firmó con el antiguo emir de Granada, Boabdil, se forzó a los mudéjares a adoptar la fe de Cristo o a abandonar el reino. La inmensa mayoría del cuerpo mudéjar se convirtió, eso sí, la mayoría de forma insincera, pues no se los había convertido, sino que se los había obligado a bautizarse, y sucedía que decían practicar una religión que desconocían.[4][5] Esta rebelión se produjo capaz a causa de las rebeliones que se habían sucedido en las Alpujarras un año antes que precisó de la intervención del propio rey Fernando el Católico, después de la muerte de Alfonso de Aguilar en el campo de batalla.[6]
Aparte del interés geoestratégico que pudiera tener la plaza, lo cierto es que la ciudad de Bugía no era un puerto menor. Según cálculos de León el Africano, contaba con ocho mil hogares y era una ciudad de cierta importancia comercial.[3] Allí gozaban de privilegios los mercaderes aragoneses y catalanes, en virtud de los pactos con el reyezuelo de la ciudad, que gobernaba allí de facto como único señor, a pesar de ser, de iure, un mero gobernador de los hafsíes.[7] Pero éste se los había retirado en 1473. Esta pérdida de poder en la zona hizo que el cardenal Cisneros, luego de resuelto de momento el asunto morisco y con la firme convicción de continuar la Reconquista en el norte de África, decidiera emprender diversas campañas en la costa. La primera fue Mazalquivir, cuyo puerto cayó en manos españolas el 13 de septiembre de 1505, y a ésta le siguieron el Peñón de Vélez de la Gomera en el verano de 1508 y Orán, ya en mayo de 1509. En esta última campaña participaron entre ocho mil y doce mil infantes y entre tres mil y cuatro mil jinetes, que doblegaron a unos doce mil defensores ziyánidas.[8] Había participado en la conquista Pedro Navarro, conde de Oliveto, del que tenía el cardenal muy mala opinión. Así lo demuestran sus cartas a Diego López de Ayala, en las que se muestra escandalizado por su rapacidad, indisciplina, flojedad y altanería.[9]

De la victoria en Orán se hizo eco la Santa Sede, pues el papa celebró demostraciones y oficios en la iglesia de San Agustín de Roma, por ser éste santo africano. El júbilo era mayúsculo, y pareciera entonces que España estaba destinada a hacerse no ya con el norte de África, sino a liberar Tierra Santa de manos musulmanas. Con este impulso reconquistador accedió el rey Fernando a que partiese una expedición contra la ciudad de Bugía.
La situación de la costa argelina a comienzos del siglo XVI
Dicha ciudad no vivía por aquel entonces sus mejores momentos, pues a la muerte del rey Abdulaziz se disputaron su hijo, Moulay Abdállah, y su hermano, Abderramán, el control del Estado.[7] La zona adolecía de una gran inestabilidad política, fruto del choque entre los intereses del reino de Tremecén y las regencias berberiscas, hafsíes o ziyánidas. Los gobernantes de Bugía se habían posicionado de manera decidida en favor de los otomanos, y desde finales del siglo XV ofrecieron su puerto como base para atacar las costas españolas y aun para una hipotética ocupación del Reino de Granada.[7] Se observa, de hecho, cómo un morabito local, un tal Sidi Muhammad al-Tuwallí, afirmaba en aquellos años que las murallas de la ciudad eran mágicas y, por tanto, capaces de repeler cualquier ataque español.[11] En el primer barrio de la ciudad fuera de la muralla, llamado Sidi Aïssa, vivían antiguos mudéjares andalusíes que, abandonando España, habían pasado a Bugía y las autoridades los habían asentado allí por no tener más espacio. También se habían asentado al otro lado de la ciudad, junto a la desembocadura del río Soummam. Se calcula que 1.265 andalusíes emigraron desde el Reino nazarí a Bugía, encabezados por el político Aben Comisa.[12] Los partidarios de Abderramán se habían hecho con el control de la ciudad, y de ahí que los proclives a Muley Abdalá apoyasen a los españoles cuando estos arribaron.

