Deshielo cubano
From Wikipedia, the free encyclopedia
Cuba
Estados Unidos
Santa Sede (mediador)
Canadá (mediador)
| Deshielo cubano | ||
|---|---|---|
| Parte de Relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos | ||
|
| ||
| Datos generales | ||
| Tipo | Détente | |
| Causa | Intento de normalización de las relaciones bilaterales tras más de cinco décadas de ruptura diplomática. | |
| Participantes |
| |
| Histórico | ||
| Fecha de inicio | 17 de diciembre de 2014 | |
| Fecha de fin | 2017 | |
| Desenlace | ||
| Resultado | Restablecimiento de relaciones diplomáticas en 2015 y reapertura de embajadas; posterior reversión parcial de las políticas a partir de 2017. | |
El deshielo cubano (en inglés, Cuban thaw)[1][2] fue un proceso de acercamiento y normalización parcial de las relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos que se desarrolló entre 2014 y 2017, tras más de cinco décadas de hostilidad bilateral iniciada después de la Revolución cubana de 1959 y del establecimiento del embargo estadounidense.[3][4][5][6]
El proceso comenzó oficialmente en diciembre de 2014, cuando los presidentes Raúl Castro y Barack Obama anunciaron simultáneamente la reanudación del diálogo bilateral tras negociaciones secretas facilitadas por la Santa Sede y el gobierno de Canadá.[7][8][9] Como parte de este acercamiento, ambos países restablecieron relaciones diplomáticas en julio de 2015 y reabrieron sus embajadas en La Habana y Washington D. C.[10] Ese mismo año, Estados Unidos retiró a Cuba de la lista de países patrocinadores del terrorismo,[11] y flexibilizó diversas restricciones relacionadas con viajes, remesas y transacciones económicas.[12]
El deshielo culminó simbólicamente con la visita oficial de Barack Obama a Cuba en marzo de 2016, la primera realizada por un presidente estadounidense en funciones desde 1928.[13]
Sin embargo, el proceso comenzó a revertirse en 2017 con la llegada a la presidencia de Donald Trump, cuya administración restableció diversas sanciones y restricciones.[14] Desde entonces, las relaciones entre ambos países han estado marcadas por tensiones políticas y desacuerdos en ámbitos como los derechos humanos, las sanciones económicas y la política migratoria.[15][16]
Según The Economist, el acercamiento entre Cuba y Estados Unidos estuvo influido por factores económicos y políticos en ambos países.[17]
Durante la década de 2010, el gobierno cubano implementó una serie de reformas económicas graduales destinadas a la actualización del modelo económico, caracterizadas por una apertura limitada al sector privado y una reorganización del papel del Estado en la economía.[18]
Entre las principales medidas se incluyeron la ampliación del trabajo por cuenta propia, la autorización de la compraventa de viviendas y vehículos entre particulares, la entrega de tierras ociosas en usufructo a agricultores y la flexibilización de las restricciones para viajar al extranjero.[19] Estas reformas también buscaron reducir el peso del empleo estatal, disminuir ciertos subsidios y promover una mayor captación de inversión extranjera,[20] en un contexto marcado por la necesidad de diversificar las fuentes de ingreso y reducir la dependencia de aliados externos como Venezuela.[21]
Paralelamente, la administración Obama promovió una política exterior más orientada al diálogo diplomático con Cuba, argumentando que décadas de aislamiento no habían logrado cambios políticos significativos en la isla.[22] Funcionarios estadounidenses argumentaron que una estrategia basada en el diálogo, el aumento de los intercambios culturales y la ampliación de los contactos entre las sociedades de ambos países podría ser más efectiva para fomentar transformaciones graduales en la isla.[23]
De acuerdo con varios medios internacionales, el deshielo entre ambos países estuvo influido también por la situación de Venezuela, principal socio de Cuba, que atravesaba un fuerte deterioro económico y político.[24][25] Durante años, Caracas había subsidiado a La Habana mediante el suministro de petróleo y apoyo financiero. Sin embargo, tras la caída de los precios del petróleo en la década de 2010, el gobierno venezolano dejó de poder sostener ese nivel de asistencia económica.[26][27]
Cambios en el contexto regional también favorecieron el acercamiento. Desde finales de la década de 2000, varios gobiernos latinoamericanos habían criticado la política estadounidense hacia Cuba y reclamaban su inclusión plena en los mecanismos regionales.[28][29][30] En ese sentido, la normalización de relaciones fue interpretada por algunos analistas como un intento de Washington de mejorar sus vínculos con América Latina y reducir un punto de fricción histórico en la política hemisférica.[31][32]
Inicio del deshielo
Negociaciones secretas
Una serie de negociaciones diplomáticas secretas entre funcionarios de Estados Unidos y Cuba, que se prolongaron durante unos dieciocho meses, precedieron el restablecimiento de relaciones diplomáticas.[33] Las conversaciones se celebraron principalmente en Ottawa, Canadá y en el Vaticano.[34] Contaron además con la mediación del papa Francisco, quien envió cartas a los presidentes Barack Obama y Raúl Castro instándolos a resolver cuestiones humanitarias y avanzar hacia una nueva etapa en las relaciones bilaterales.[35]
Intercambio de prisioneros

El 17 de diciembre de 2014, ambos países llevaron a cabo un intercambio de prisioneros que dio paso al proceso de normalización de relaciones bilaterales. Como parte del acuerdo, Cuba liberó al contratista estadounidense de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), Alan Gross, quien había sido condenado en la isla por introducir equipos de telecomunicaciones sin autorización.[36][37]
A cambio, Estados Unidos liberó a los tres miembros restantes del grupo conocido como los Cinco cubanos, que cumplían condenas por cargos de espionaje en prisiones estadounidenses desde finales de la década de 1990.[38]
El acuerdo también incluyó la liberación de Rolando Sarraff Trujillo, un agente cubano que había colaborado con los servicios de inteligencia estadounidenses y que había permanecido encarcelado en Cuba durante casi dos décadas.[39] Además, el gobierno cubano accedió a liberar a 53 disidentes políticos encarcelados, a petición de Estados Unidos.[40]
Anuncio del restablecimiento

Ese mismo 17 de diciembre de 2014, horas más tarde, los presidentes Obama y Castro anunciaron simultáneamente en discursos televisados el inicio de un proceso de normalización de las relaciones diplomáticas entre ambos países.[41][42] El anuncio se produjo tras el intercambio de prisioneros,[43] y varios medios lo describieron como el cambio más significativo en la política bilateral desde la ruptura de relaciones diplomáticas en 1961.[44][45]
Conversaciones diplomáticas
Conversaciones bilaterales
El 21 de enero de 2015, Estados Unidos y Cuba iniciaron conversaciones bilaterales en La Habana para discutir nuevas medidas destinadas a profundizar el proceso de normalización de sus relaciones.
La delegación estadounidense estuvo encabezada por la subsecretaria de Estado Roberta S. Jacobson, mientras que la representación cubana fue liderada por Josefina Vidal, directora general para Estados Unidos del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba. Las conversaciones se centraron principalmente en la política migratoria.[46] En particular, los representantes cubanos instaron a Estados Unidos a eliminar los privilegios migratorios concedidos a los refugiados cubanos, conocidos como la política de «pies secos, pies mojados», que permitía a los ciudadanos cubanos que lograban llegar al territorio estadounidense solicitar residencia y eventualmente la ciudadanía, siempre que fueran interceptados en tierra y no en el mar.[46] Según la agencia Reuters, la incertidumbre entre la población cubana sobre el futuro de la política migratoria estadounidense tras el inicio del deshielo provocó un aumento del número de emigrantes cubanos que intentaban llegar a Estados Unidos.[47]
La delegación estadounidense señaló que la mejora de las condiciones de derechos humanos en Cuba, incluida la libertad de expresión y de reunión, constituía un elemento central para la normalización de las relaciones entre ambos países. Asimismo, pese a las objeciones de Cuba, Estados Unidos afirmó que mantendría la Ley de Ajuste Cubano.[48]

Una segunda ronda de conversaciones se celebró en Washington D. C. en febrero de 2015. Los negociadores calificaron las conversaciones como productivas y señalaron que varios asuntos estaban cerca de resolverse. No obstante, la inclusión de Cuba en la lista estadounidense de «Estados patrocinadores del terrorismo» continuó siendo uno de los principales puntos de desacuerdo, aunque la diplomática cubana Josefina Vidal indicó que su retirada de la lista no constituía una condición previa estricta para la reapertura de las embajadas.[49]
Una tercera ronda de conversaciones tuvo lugar en La Habana entre el 16 y el 17 de marzo de 2015. Sin embargo, las negociaciones concluyeron antes de lo previsto, tras solo un día de encuentros, sin que se ofrecieran explicaciones públicas detalladas.[50]
Posteriormente, Obama y Castro se reunieron durante la Cumbre de las Américas celebrada en Panamá los días 10 y 11 de abril de 2015. Durante el encuentro, Castro elogió a Obama y afirmó que no lo responsabilizaba personalmente por la continuidad del embargo estadounidense contra Cuba.[51] Tras la reunión, el líder cubano reiteró la solicitud de reapertura de las embajadas, mientras que ambos líderes manifestaron su disposición a avanzar hacia una relación más directa pese a sus diferencias políticas.[52]
Retirada de la Lista de Estados patrocinadores del terrorismo
Durante las negociaciones, la delegación cubana aseguró que el proceso de normalización no produciría cambios significativos mientras Cuba permaneciera incluida en la lista de Estados patrocinadores del terrorismo elaborada por el gobierno estadounidense.[53] En ese momento, Cuba figuraba entre los cuatro países incluidos en dicha lista, junto con Irán, Sudán y Siria.[54][55] El gobierno de Estados Unidos indicó que había iniciado una revisión de inteligencia para evaluar la posible retirada de Cuba de la lista.[56]
El 14 de abril de 2015, el presidente Obama informó al Congreso de los Estados Unidos de su decisión de retirar a Cuba de dicha lista, señalando que «el gobierno de Cuba no ha proporcionado apoyo alguno al terrorismo internacional durante los seis meses anteriores» y que había ofrecido garantías de que no respaldaría actos de terrorismo internacional en el futuro.[57][58] El Congreso podía bloquear esta decisión mediante la aprobación de una ley en un plazo de 45 días; sin embargo, ningún miembro presentó tal legislación, por lo que Cuba fue retirada oficialmente de la lista el 29 de mayo de 2015.[59][60]
A raíz de este hecho, el gobierno cubano pudo abrir una cuenta bancaria en Estados Unidos, lo que le permitió realizar determinadas operaciones financieras en ese país por primera vez desde el inicio del embargo.[61][62]
Restablecimiento de relaciones diplomáticas
Reapertura de embajadas

Cuba y Estados Unidos restablecieron oficialmente relaciones diplomáticas en julio de 2015, y las secciones de intereses de ambos países —oficinas diplomáticas que funcionaban en ausencia de relaciones formales— fueron elevadas al rango de embajadas.[63]
El ministro de Relaciones Exteriores de Cuba Bruno Rodríguez Parrilla presidió una ceremonia solemne en la embajada cubana en Washington en la que se izó la bandera del país. Posteriormente, el secretario de Estado estadounidense John Kerry y Rodríguez Parrilla ofrecieron una conferencia de prensa conjunta en la que destacaron el avance en las relaciones bilaterales, así como las persistentes diferencias políticas entre ambos gobiernos.[64]
A finales de julio de 2015, Kerry viajó a Cuba para participar en una ceremonia similar, en la que se izó la bandera de los Estados Unidos en la embajada en La Habana.[65] Sin embargo, representantes de la disidencia cubana no fueron invitados a asistir a la ceremonia de izamiento de la bandera.[66]
En septiembre de 2015, el gobierno cubano designó al diplomático José Ramón Cabañas como el primer embajador de Cuba en Estados Unidos en cincuenta años.[67]
Visita de Obama a Cuba

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, realizó una visita oficial a Cuba del 20 al 22 de marzo de 2016. Fue el primer mandatario estadounidense en visitar la isla desde Calvin Coolidge en 1928.[68][69]
El 21 de marzo Obama y el presidente cubano se reunieron en el Palacio de la Revolución, donde abordaron temas bilaterales como comercio, cooperación en salud, derechos humanos y migración. También trataron, entre otros asuntos, la implementación de acuerdos alcanzados en 2015 y la importancia de reforzar el diálogo entre ambos gobiernos.[70][71]
Durante la visita, el cardenal Jaime Ortega Alamino recibió a Obama en la catedral de La Habana, donde conversaron sobre la historia y el significado cultural de la iglesia en el contexto cubano.[72][73]

El mandatario estadounidense también sostuvo encuentros con representantes de la sociedad civil independiente y líderes de la disidencia, entre ellos figuras como Berta Soler (Damas de Blanco), Guillermo Fariñas, Elizardo Sánchez (Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional) y José Daniel Ferrer (UNPACU), en un acto celebrado en la embajada de Estados Unidos en La Habana. Durante este encuentro, destacó la importancia de escuchar directamente las voces de la sociedad civil cubana y reconoció las diferencias existentes en materia de derechos humanos entre ambos gobiernos.[74]
El 22 de marzo, Obama ofreció un discurso dirigido al pueblo cubano desde el Gran Teatro de La Habana,[75][76] en una ceremonia que fue transmitida en vivo por la televisión estatal.[77] En su alocución se refirió a la historia compartida de ambos países, las diferencias persistentes y la necesidad de ampliar los intercambios culturales, educativos y económicos.[78] El discurso fue interpretado por algunos medios de prensa como un mensaje «honesto» a la sociedad cubana.[79]
La visita incluyó también reuniones con empresarios estadounidenses y emprendedores cubanos, como parte de los esfuerzos para explorar oportunidades económicas y el desarrollo del sector privado en la isla dentro del proceso de acercamiento diplomático.[80]
El viaje fue ampliamente descrito como un hito significativo en el proceso de normalización de relaciones entre ambos países.[81][82]
Cuestiones pendientes
Controversia sobre Guantánamo

Antes y durante el proceso de normalización, varios asuntos clave de la relación bilateral permanecieron sin resolverse, entre ellos la situación de la Base Naval de la Bahía de Guantánamo. El 28 de enero de 2015, durante una reunión de líderes latinoamericanos en Costa Rica, Raúl Castro afirmó que Estados Unidos debía devolver Guantánamo y levantar el embargo económico contra Cuba para considerar plenamente normalizadas las relaciones entre ambos países.[83]
La Casa Blanca respondió al día siguiente señalando que no tenía intención de devolver la base. El portavoz presidencial Josh Earnest indicó que cualquier medida en ese sentido estaba fuera de discusión y afirmó que «el presidente considera que la prisión de Guantánamo debería cerrarse, pero la Base Naval de Guantánamo no es algo que deseemos clausurar».[84]
Embargo
Además de la cuestión territorial de Guantánamo, el embargo estadounidense continuó siendo uno de los principales puntos de desacuerdo, ya que permanecía vigente pese al proceso de normalización de relaciones. No obstante, en lo que fue descrito como un gesto significativo, Estados Unidos se abstuvo por primera vez en la votación de la Asamblea General de las Naciones Unidas sobre la resolución anual que demandaba su fin, lo que fue interpretado como un gesto de apertura hacia el diálogo multilateral sobre la política hacia Cuba.[85]
Medidas de normalización
Flexibilización de las restricciones de viaje y comercio

En su discurso del estado de la Unión de 2015, Obama pidió al Congreso que levantara el embargo económico contra Cuba, argumentando que la política de aislamiento mantenida durante décadas no había logrado promover cambios significativos en la isla.[87]
Aunque el embargo solo puede ser levantado por el Congreso, la administración Obama adoptó diversas medidas ejecutivas destinadas a flexibilizar restricciones relacionadas con los viajes, las remesas y determinadas transacciones comerciales entre ambos países.[88]
Como parte de estas medidas, Washington amplió las categorías autorizadas para viajar a Cuba, facilitó el envío de remesas y permitió ciertas operaciones financieras y comerciales relacionadas con el sector privado cubano.[89]
Estados Unidos y Cuba también acordaron restablecer el servicio postal entre ambos países por primera vez desde 1963.[90][91]
Por otro lado, se alcanzó un acuerdo para restablecer los vuelos comerciales regulares por primera vez desde la Crisis de los misiles. El acuerdo permitía hasta 110 vuelos diarios.[92] Ocho aerolíneas estadounidenses recibieron una aprobación preliminar para volar a aeropuertos en Cuba, inicialmente limitada a viajes educativos.[93]
El 31 de agosto de 2016, JetBlue se convirtió en la primera aerolínea comercial estadounidense en más de cincuenta años en aterrizar un vuelo regular en Cuba, cuando el vuelo 387 despegó de Fort Lauderdale y aterrizó en Santa Clara.[94][95]

Las nuevas medidas también permitieron la reanudación de los viajes marítimos de pasajeros entre ambos países.
El 1 de mayo de 2016, el buque MV Adonia, operado por la filial de Carnival Corporation Fathom Travel, partió de Miami y atracó en la bahía de La Habana, marcando el primer viaje directo de un barco de pasajeros estadounidense a Cuba en casi cuarenta años.[96] La compañía anunció que el Adonia realizaría travesías entre Miami y La Habana cada dos semanas.[97]
Otras compañías de cruceros con sede en Miami, como Royal Caribbean y Norwegian Cruise Line, también manifestaron interés en operar rutas hacia Cuba y solicitaron autorización al gobierno cubano.[98]
Asimismo, varias empresas de ferris del estado de Florida recibieron permisos del Departamento del Tesoro de Estados Unidos para iniciar servicios hacia la isla, aunque dichas operaciones dependían aún de la aprobación de las autoridades cubanas.[99]
Apertura económica y tecnológica
El gobierno estadounidense impulsó diversas iniciativas destinadas a ampliar los vínculos económicos con Cuba dentro de los límites establecidos por el embargo. Durante las conversaciones bilaterales, funcionarios estadounidenses señalaron la expansión del acceso a internet y a las telecomunicaciones como una de las áreas prioritarias de cooperación entre ambos países.[100]
En este marco, empresas estadounidenses de telecomunicaciones como Verizon y Sprint Corporation comenzaron a ofrecer servicios de roaming y otras formas de conectividad para viajeros estadounidenses en Cuba.[101]
Asimismo, se flexibilizaron determinadas licencias comerciales, lo que permitió explorar oportunidades en sectores como la agricultura, la tecnología y los servicios, así como promover posibles exportaciones estadounidenses hacia el mercado cubano.[103]
En el sector turístico y hotelero, la empresa Starwood Hotels and Resorts se convirtió en 2016 en la primera compañía estadounidense en firmar un acuerdo para administrar hoteles en Cuba desde la revolución de 1959.[104] El primero de estos establecimientos comenzó a operar bajo esa marca en junio de 2016.[105]
Impacto del deshielo
El proceso de normalización de relaciones tuvo efectos visibles en distintos ámbitos, particularmente en el aumento del turismo, la presencia de empresas extranjeras en la isla y la intensificación de los intercambios culturales y deportivos.
Impacto económico
Turismo
La flexibilización de las restricciones de viaje se tradujo en un aumento significativo de visitantes estadounidenses a Cuba en los años posteriores al restablecimiento de relaciones diplomáticas.
Según datos oficiales y estudios académicos, entre el 1 de enero y el 26 de julio de 2015 llegaron a la isla aproximadamente 88 996 ciudadanos estadounidenses, un incremento cercano al 54 % respecto al mismo periodo de 2014.[106] De forma similar, en los primeros cinco meses de 2015 se registraron 51 458 visitas de ciudadanos estadounidenses —incluyendo aquellas realizadas a través de terceros países—, lo que supuso un aumento del 36 % en comparación con el año anterior.[107]
En términos anuales, el número de visitantes procedentes de Estados Unidos aumentó de 91 254 en 2014 a 284 552 en 2016, y alcanzó aproximadamente 619 777 en 2017. Esta tendencia comenzó a desacelerarse a partir de ese año, en paralelo al endurecimiento de las restricciones de viaje durante la administración estadounidense posterior.[108]

Como resultado de este incremento, plataformas digitales de alojamiento como Airbnb comenzaron a expandir sus operaciones en Cuba, facilitando el hospedaje de visitantes extranjeros en viviendas privadas y contribuyendo al crecimiento del sector.[109]
En paralelo, también aumentaron los viajes de ciudadanos cubanos a Estados Unidos, principalmente por motivos familiares, culturales y profesionales, aunque estos continuaron sujetos a requisitos de visado. En línea con estas iniciativas, Washington amplió la validez de las visas de no inmigrante (B2) hasta cinco años con entradas múltiples, lo que facilitó la movilidad bilateral en comparación con etapas anteriores, en las que las visas otorgadas a cubanos eran de solo 3 meses de validez.[110][111]
Remesas y trabajo privado
El deshielo también tuvo repercusiones económicas más allá del turismo. Durante estos años aumentaron las remesas enviadas desde el exterior, que en 2016 alcanzaron unos 3.444 millones de dólares en efectivo y alrededor de 6.400 millones si se incluyen bienes, convirtiéndose en una de las principales fuentes de ingresos para la economía cubana.[112][113] Estas transferencias contribuyeron a financiar el crecimiento del sector privado o de trabajadores por cuenta propia, cuyo número superaba los 535.000 en 2016, más del triple que en 2010.[114]
Tecnología y finanzas
El nuevo clima diplomático favoreció el interés de empresas extranjeras y la negociación de proyectos de inversión en distintos sectores de la economía cubana.[115] Durante este período, algunas compañías internacionales comenzaron a explorar oportunidades comerciales en áreas como los servicios financieros y la tecnología digital.
Empresas como Mastercard y American Express anunciaron acuerdos que permitieron el uso limitado de sus tarjetas en establecimientos de la isla,[116] mientras que la compañía tecnológica Google desarrolló iniciativas destinadas a mejorar el acceso a contenidos y servicios digitales en Cuba.[117]
Agricultura
El sector agrícola fue identificado como una de las áreas con mayor potencial de expansión. Diversas asociaciones de productores, organizaciones agrícolas y gobiernos estatales norteamericanos consideraron que un eventual levantamiento del embargo podría ampliar las exportaciones de alimentos hacia el mercado cubano.[103] Entre los principales productos exportados por Estados Unidos a la isla figuraban la carne de pollo, el maíz, la soja y sus derivados, que representaban la mayor parte del comercio agrícola bilateral.[118] Organizaciones del sector agrícola en Estados Unidos también destacaron el potencial del mercado cubano para productos como el arroz, señalando que la isla depende en gran medida de las importaciones para cubrir su demanda interna de alimentos.[119]
En sentido inverso, las exportaciones agrícolas de Cuba hacia Estados Unidos fueron muy limitadas. No obstante, en 2017 se realizó el primer envío comercial autorizado en más de medio siglo, consistente en carbón vegetal producido por cooperativas cubanas no estatales, en el marco de las flexibilizaciones introducidas durante el proceso de deshielo.[120]
Intercambios deportivos y culturales

El proceso de normalización propició un aumento de los intercambios culturales y deportivos entre Cuba y Estados Unidos.[121][122][123]
En el ámbito cultural, en mayo de 2015 la Orquesta de Minnesota ofreció varios conciertos en la capital cubana, convirtiéndose en la primera orquesta profesional estadounidense en presentarse en la isla desde 1999.[124] De manera recíproca, agrupaciones cubanas, como el Ballet Nacional de Cuba y la orquesta Los Van Van, participaron en giras y actuaciones en distintos escenarios estadounidenses durante este período.[125]
En el deporte, el 22 de marzo de 2016, los Tampa Bay Rays disputaron un partido de exhibición contra la Selección nacional de béisbol de Cuba en el Estadio Latinoamericano de La Habana, con la presencia de los presidentes Obama y Castro.[126]
Visitas de celebridades y otras manifestaciones culturales
El proceso de apertura atrajo la atención de figuras del entretenimiento, la moda y el cine, contribuyendo a situar a Cuba en el centro de diversos eventos culturales internacionales,[127] tras décadas en las que este tipo de actividades había sido poco frecuente debido al aislamiento político y económico del país.[128]

Entre los eventos más destacados, la banda británica The Rolling Stones ofreció un concierto gratuito en La Habana el 25 de marzo de 2016, considerado uno de los acontecimientos culturales más significativos del período.[129]
En mayo de 2016 la casa de moda francesa Chanel celebró en la isla su primer desfile de una colección «Cruise» en América Latina, con la asistencia de celebridades internacionales, en el emblemático Paseo del Prado de la capital cubana.[130][131]
En el ámbito cinematográfico, la producción estadounidense The Fate of the Furious (2017), parte de la popular saga Rápido y Furioso, fue rodada en varias localizaciones de la isla tras el levantamiento de las restricciones de viaje y producción, marcando uno de los primeros proyectos de gran presupuesto de Hollywood filmados en Cuba en décadas.[132]
Además, artistas y personalidades del entretenimiento, como la cantante Madonna,[133] el rapero Kanye West y miembros de la familia Kardashian, también visitaron la isla en ese período,[134] estas visitas fueron interpretadas por diversos medios como un renovado interés cultural y mediático por el país entre figuras del espectáculo en Estados Unidos.[127][135]
Percepción mediática
El anuncio del restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos recibió una amplia atención en los medios internacionales, que rápidamente comenzaron a referirse al proceso como el «deshielo cubano».[136][137] Diversos analistas señalaron que el cambio de política podría generar beneficios económicos y sociales para ambos países.[138]

En el sector económico, algunos medios destacaron reacciones inmediatas de los mercados. La revista Newsweek informó que los índices bursátiles respondieron positivamente tras conocerse el anuncio.[2] Por su parte, la agencia Reuters señaló que la normalización de relaciones podría facilitar la cooperación judicial entre ambos países, incluyendo la posible extradición de fugitivos buscados por las autoridades estadounidenses.[140]
Otros análisis se centraron en las implicaciones sectoriales del acercamiento. La agencia Associated Press informó que organizaciones ambientalistas expresaron preocupación ante la posibilidad de que se intensificara la exploración de petróleo y gas en aguas cercanas a Cuba,[141] mientras que Bloomberg News destacó el potencial impacto en el ámbito deportivo, en particular la posibilidad de que equipos de las Grandes Ligas de Béisbol incorporaran jugadores cubanos.[142]
En cuanto a sus efectos sociales, algunos medios señalaron cambios incipientes en la sociedad cubana. The Wall Street Journal informó sobre transformaciones en el mercado inmobiliario y un aumento del interés por el aprendizaje del idioma inglés, asociado a las nuevas oportunidades económicas derivadas del acercamiento bilateral.[143]
En el plano político y académico, el proceso también fue objeto de diversas interpretaciones. La revista The New Republic calificó el acercamiento diplomático como uno de los logros más significativos de la política exterior del presidente Obama.[144]
Reacciones políticas
Cuba
Gobierno
Tras el anuncio inicial, Raúl Castro destacó los posibles beneficios derivados de una mejora en las relaciones bilaterales con Estados Unidos, entre ellos la eventual eliminación del embargo económico.[145]
Raúl Castro también agradeció públicamente al papa Francisco y a la Iglesia católica por su papel en las negociaciones secretas que condujeron al intercambio de prisioneros entre ambos países.[146]
Posteriormente, durante una reunión de la CELAC en 2015, Raúl Castro reiteró que «Cuba continuará defendiendo las ideas por las cuales nuestro pueblo ha asumido los mayores sacrificios y riesgos». En su intervención, criticó aspectos históricos de la política exterior estadounidense, como el Destino manifiesto y el apoyo a dictaduras latinoamericanas durante el siglo XX. No obstante, también destacó las mejoras recientes en las relaciones bilaterales y mencionó la posibilidad de cooperación en ámbitos como la lucha contra el terrorismo, el narcotráfico y el crimen organizado.[147]
Por su parte Fidel Castro, líder histórico de la Revolución, adoptó una postura cautelosa ante el acercamiento. En una declaración publicada por Granma el 26 de enero de 2015, afirmó que «no confía en las políticas de Estados Unidos», aunque señaló que «siempre defenderemos la cooperación y la amistad con todos los pueblos del mundo, incluidos nuestros adversarios políticos».[148] En 2016, criticó la visita de Barack Obama a Cuba y, tras el viaje, publicó una carta en la que cuestionó su discurso y afirmó que «no necesitamos que el imperio nos regale nada».[149][150]
Oposición y disidencia
El deshielo con Estados Unidos generó reacciones diversas entre sectores de la oposición dentro de la isla.[151]
Algunos activistas consideraron que podía favorecer una mayor apertura económica y un incremento de los intercambios entre la sociedad cubana y el exterior. La bloguera y activista Yoani Sánchez señaló que el cambio de política podría contribuir a debilitar la narrativa de confrontación entre ambos países que durante décadas había marcado el discurso oficial.[152]
Otros sectores de la disidencia, sin embargo, expresaron preocupación por la posibilidad de que la normalización de relaciones se produjera sin avances sustanciales en materia de derechos humanos y libertades políticas en la isla. La líder de las Damas de Blanco, Berta Soler, afirmó que el restablecimiento de relaciones no debía implicar el abandono de las demandas de la oposición interna, incluyendo la liberación de presos políticos y mayores garantías para la actividad cívica.[153]
Diversas organizaciones opositoras también denunciaron que, pese al anuncio del deshielo, continuaron produciéndose detenciones temporales de activistas y otras formas de hostigamiento por parte de las autoridades durante los años posteriores al inicio del proceso de acercamiento.[154]
Opinión pública

El anuncio fue recibido con valoraciones diversas por parte de la población cubana. Algunos ciudadanos expresaron optimismo y consideraron que el acercamiento podría generar nuevas oportunidades económicas, aumentar el turismo y facilitar el acceso a tecnología e inversiones.[155] En ese contexto, algunos entrevistados señalaron que la mejora de las relaciones bilaterales podía representar «un nuevo espectro de oportunidades» para sectores económicos emergentes en la isla.[156]
Otros ciudadanos, sin embargo, manifestaron escepticismo sobre el impacto inmediato del proceso en sus condiciones de vida. Diversos reportajes señalaron que, pese al acercamiento diplomático, muchos cubanos percibían que los cambios económicos y sociales tardaban en materializarse y que su situación cotidiana no había mejorado de manera significativa.[157][158]
En general, varios medios señalaron que la reacción popular combinaba expectativas de apertura y esperanza de mejoras económicas con cautela sobre los efectos reales que el proceso de normalización podría tener en la vida cotidiana de la población cubana.[159][160]
Estados Unidos
Clase política
El acercamiento con Cuba recibió reacciones mixtas entre los políticos estadounidenses.
Entre los críticos más destacados se encontraba el senador Marco Rubio, de Florida. Rubio, un político cubanoestadounidense del Partido Republicano, declaró que el reconocimiento diplomático «otorgaría legitimidad a un gobierno que no la merece».[161]
Los opositores en el Congreso advirtieron que intentarían obstaculizar la implementación de la política. Rubio, por ejemplo, declaró que retrasaría la confirmación de cualquier Embajador de Estados Unidos en Cuba nominado por Obama.[162] El senador republicano Ted Cruz, de Texas, calificó el cambio de política como «un error trágico».[163]
Dentro del Partido Demócrata, el senador Bob Menéndez, también cubanoestadounidense, criticó la decisión de normalizar relaciones. En un artículo publicado en USA Today, sostuvo que la administración estadounidense había «recompensado erróneamente a un régimen totalitario» y que la política comprometía valores fundamentales de Estados Unidos.[164]
Otros demócratas que también expresaron reservas fueron los congresistas Albio Sires y Debbie Wasserman Schultz.[165]

Algunos políticos republicanos, sin embargo, respaldaron el deshielo. El senador Rand Paul, de Kentucky, argumentó que el aumento de las relaciones comerciales beneficiaría tanto a cubanos como a estadounidenses y sostuvo que el embargo de cincuenta años «simplemente no ha funcionado».[166]
La ex secretaria de Estado Hillary Clinton también expresó su apoyo a la decisión. Señaló que el embargo había permitido al gobierno cubano atribuir a Estados Unidos los problemas internos del país y que la política de aislamiento no había contribuido a mejorar las libertades civiles ni a liberar presos políticos.[167]
Opinión pública
El restablecimiento de relaciones con Cuba recibió un amplio apoyo entre la opinión pública estadounidense. Según una encuesta nacional realizada por el Pew Research Center en julio de 2015, aproximadamente el 73 % de los estadounidenses aprobaba la reanudación de relaciones diplomáticas entre ambos países, mientras que un 72 % se mostraba favorable a poner fin al embargo comercial impuesto a Cuba desde la década de 1960. El estudio también mostró que el respaldo al acercamiento había aumentado respecto a encuestas realizadas a comienzos de ese mismo año y que el apoyo se extendía a votantes de distintos partidos políticos.[168]
Entre la comunidad cubanoestadounidense, particularmente en el sur de Florida, las reacciones fueron más divididas. Algunos sectores del exilio cubano expresaron fuertes críticas al proceso, argumentando que la normalización de relaciones podía beneficiar al gobierno cubano sin lograr avances significativos en materia de derechos humanos o reformas políticas en la isla.[169] Otros miembros de la comunidad, sin embargo, manifestaron posiciones más favorables al acercamiento diplomático, reflejando divisiones generacionales y políticas dentro del exilio cubano en Estados Unidos.[170]
Internacionales
El deshielo recibió una respuesta mayoritariamente positiva de gobiernos y organizaciones regionales, y fue calificado por varios analistas como un hito histórico en las relaciones hemisféricas, generando expectativas de cooperación ampliada y beneficios económicos y sociales.[171][172]
La Unión Europea observó con interés el restablecimiento de relaciones diplomáticas.[173] Consideró que la apertura bilateral podía crear un contexto más favorable para intensificar su diálogo con La Habana y avanzar en una agenda de cooperación más amplia.[174][175] Autoridades comunitarias destacaron que el acercamiento estadounidense podía contribuir a fortalecer el diálogo político y económico entre la UE y Cuba, complementándose con las negociaciones que Bruselas ya sostenía con la isla para un acuerdo de diálogo y cooperación.[176]
España, como país con estrechos lazos históricos, culturales y económicos con Cuba, manifestó su apoyo al proceso de normalización. El presidente del Gobierno español en 2014, Mariano Rajoy, declaró que España esperaba que el deshielo condujera a una Cuba «más democrática» y que mejoraría los estándares de vida y los derechos en la isla, reiterando el rechazo de Madrid al embargo estadounidense.[177][178]
Rusia, uno de los principales aliados históricos de Cuba desde la época de la Unión Soviética, reaccionó favorablemente al proceso de normalización entre La Habana y Washington. Funcionarios del gobierno ruso señalaron que el acercamiento constituía un paso positivo y un cambio respecto a la política de aislamiento mantenida durante décadas por Estados Unidos.[179] El viceministro de Asuntos Exteriores Serguéi Riabkov afirmó que la reanudación de relaciones sería beneficiosa si se implementaba plenamente,[180] mientras que el canciller Serguéi Lavrov declaró que Moscú saludaba el proceso y reiteró su apoyo al levantamiento del embargo estadounidense contra la isla.[181]
Por su parte, China, otro de los aliados más cercanos de Cuba, también expresó su apoyo a la reanudación de relaciones diplomáticas entre ambos países.[182]
Varios líderes de América Latina celebraron el acercamiento diplomático. El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, calificó la decisión del presidente Obama como un «gesto valiente e históricamente necesario».[183] La presidenta brasileña, Dilma Rousseff, afirmó que el diálogo «abre una nueva era en las Américas», en la cual todos los países del continente deberán comprender que «ninguno le puede imponer nada a otro».[184] El expresidente colombiano Ernesto Samper, en su calidad de secretario general de UNASUR, destacó que el anuncio constituía «una muy buena noticia, no solo para Cuba sino para toda la región».[185] Por su parte, el presidente de Panamá, Juan Carlos Varela, señaló que el proceso podría contribuir a «alcanzar el sueño de una región unida».[186]
El gobierno de Canadá, que mantuvo relaciones diplomáticas con Cuba durante la Guerra Fría, también reaccionó favorablemente. El ministro de Asuntos Exteriores canadiense, John Baird, señaló que el cambio de política estadounidense podría contribuir a transformar positivamente la situación en la isla.[187]
Israel, con el que Cuba mantiene relaciones limitadas desde la década de 1960,[188] no emitió inicialmente una declaración pública. Según informes de prensa, funcionarios del Ministerio de Relaciones Exteriores israelí se mostraron sorprendidos por el anuncio del acercamiento entre Washington y La Habana.[189] Sin embargo, algunas fuentes señalaron que, tras el anuncio, ambos gobiernos habrían sostenido conversaciones secretas para normalizar sus relaciones diplomáticas.[190][191]
En conjunto, las reacciones internacionales reflejaron expectativas mayoritariamente positivas, aunque algunos gobiernos mantuvieron reservas sobre sus implicaciones políticas y económicas para la isla y la región.
Fin del deshielo

En junio de 2017, pocos meses después de asumir la presidencia, Donald Trump anunció un cambio en la política de Estados Unidos hacia Cuba, destinado a revertir parcialmente el proceso de acercamiento impulsado durante la administración de Barack Obama. Esta nueva política se articuló en torno a cuatro objetivos principales:
- Facilitar el cumplimiento de la ley de los Estados Unidos, en particular las disposiciones que rigen el embargo contra Cuba y la prohibición referente al turismo;
- Responsabilizar al gobierno de Cuba por abusos de los derechos humanos y actos de represión que, según la administración estadounidense, habían sido ignorados bajo la política del gobierno de Obama;
- Fomentar la seguridad nacional y los intereses de política exterior de los Estados Unidos y del pueblo de Cuba; y
- Sentar las bases para empoderar al pueblo cubano con el fin de desarrollar mayor libertad política y económica.
«Hoja informativa sobre la política respecto a Cuba», 16 de junio de 2017.[192]
Entre las primeras medidas adoptadas se incluyeron el endurecimiento de las restricciones a los viajes de ciudadanos estadounidenses y la revisión de regulaciones para reforzar el régimen de sanciones.[193] No obstante, la administración Trump mantuvo las relaciones diplomáticas restablecidas en 2015 y nombró a Philip Goldberg como nuevo encargado de negocios en Cuba.[194][195]
En septiembre de 2017, el gobierno estadounidense ordenó la retirada de gran parte del personal de su embajada en La Habana tras una serie de incidentes de salud reportados por diplomáticos, posteriormente denominados como Síndrome de La Habana.[196]
En abril de 2019, el asesor de Seguridad Nacional de Estados Unidos, John Bolton, pronunció un discurso en Miami dirigido a veteranos de la invasión de Bahía de Cochinos en el que defendió una política exterior más dura hacia Cuba, Venezuela y Nicaragua, refiriéndose a esos países como una «troika de la tiranía». En esa intervención, Bolton anticipó la implementación de nuevas sanciones como parte de un endurecimiento de la política hacia La Habana.[197]
Uno de los cambios más significativos se produjo en mayo de 2019, cuando el gobierno activó el Título III de la Ley Helms-Burton, suspendido por administraciones anteriores durante más de dos décadas.[198] Esta medida permitió a ciudadanos estadounidenses, incluidos cubanoestadounidenses, presentar demandas en tribunales de Estados Unidos. Estas demandas se dirigían contra empresas que se beneficiaran de propiedades nacionalizadas por el gobierno cubano tras la Revolución de 1959. Entre las primeras compañías demandadas se encontraba Carnival Cruise Line, acusada de utilizar instalaciones portuarias en Cuba que habrían sido confiscadas durante ese proceso.[199][200]
Más tarde ese año, la administración Trump anunció nuevas restricciones a los viajes a Cuba, que incluyeron la prohibición de cruceros, yates y aviones privados,[201] así como la eliminación de la categoría de viajes educativos «persona a persona», hasta entonces uno de los mecanismos más utilizados por ciudadanos estadounidenses para visitar la isla.[202]
El gobierno cubano rechazó las nuevas sanciones. El ministro de Relaciones Exteriores, Bruno Rodríguez Parrilla, afirmó que las medidas tenían como objetivo presionar económicamente a la isla para obtener concesiones políticas.[203][204][205]
En septiembre de 2019, la administración estadounidense anunció nuevas restricciones relacionadas con el envío de remesas a Cuba.[206][207]
Evolución posterior
Tras el endurecimiento de la política estadounidense hacia Cuba durante la administración de Trump, las relaciones bilaterales permanecieron tensas en los años siguientes. En enero de 2021, en los últimos días de su mandato, el gobierno estadounidense volvió a incluir a Cuba en la lista de Estados patrocinadores del terrorismo del Departamento de Estado, una medida que implicó nuevas restricciones financieras y comerciales y que fue interpretada como una reversión adicional de las políticas de acercamiento iniciadas durante el gobierno de Obama.[208]

Durante la presidencia de Joe Biden, iniciada en enero de 2021, la política hacia Cuba mantuvo en gran medida las sanciones heredadas del período anterior.[209] Tras las protestas en la isla en julio de 2021, el gobierno estadounidense sancionó a determinados funcionarios y entidades vinculados con la represión.[210] Hacia el final de su mandato, la administración Biden adoptó un cambio de política limitado, flexibilizando restricciones sobre remesas familiares y determinados viajes desde Estados Unidos a Cuba, así como la reanudación parcial de mecanismos de diálogo bilateral suspendidos en años previos.[211]
Diversos análisis coinciden en que, pese a estos ajustes, la política estadounidense no volvió al nivel de acercamiento alcanzado durante el período del deshielo. El embargo económico se mantuvo vigente y la mayoría de las restricciones establecidas entre 2017 y 2021 continuaron en vigor, reflejando la persistencia de divergencias estructurales entre ambos países.[212][213]
En este contexto, el deshielo cubano ha sido descrito como un período de distensión limitado, cuyos avances resultaron en gran medida reversibles ante cambios en la orientación política de Estados Unidos.[5]