Enrique Pla y Deniel

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Enrique Plá y Deniel (Barcelona, 19 de diciembre de 1876 - Toledo, 5 de julio de 1968) fue un filósofo, teólogo, canonista, arzobispo y cardenal católico español, muy activo durante la guerra civil española y la dictadura franquista.[2] Ocupó los cargos de obispo de Ávila (1918-1935), obispo de Salamanca (1935-1941) y arzobispo de Toledo (1941-1968). Fue una destacada personalidad de la cultura en el segundo tercio del siglo XX, siendo elegido académico de número de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas (medalla 14), aunque murió antes de tomar posesión.

Datos rápidos Predecesor, Sucesor ...
Enrique Pla y Deniel


Cardenal presbítero de San Pedro del Monte de Oro
18 de febrero de 1946-5 de julio de 1968


115.º arzobispo de Toledo
Primado de España
3 de octubre de 1941 - 5 de julio de 1968
Predecesor Isidro Gomá y Tomás
Sucesor Vicente Enrique y Tarancón


Obispo de Salamanca
28 de enero de 1935 - 3 de octubre de 1941
Predecesor Francisco Frutos Valiente
Sucesor Francisco Barbado Viejo, O.P.


Obispo de Ávila
4 de diciembre de 1918 - 28 de enero de 1935
Predecesor Joaquín Beltrán y Asensio
Sucesor Santos Moro Briz


Procurador en Cortes
16 de marzo de 1943-1 de mayo de 1946[1]
Información religiosa
Ordenación sacerdotal 25 de julio de 1900
Ordenación episcopal 8 de junio de 1919
por Francesco Ragonesi
Proclamación cardenalicia 18 de febrero de 1946
por Pío XII
Título cardenalicio Cardenal presbítero de San Pedro del Monte de Oro
Información personal
Nacimiento 19 de diciembre de 1876 Barcelona
Fallecimiento 5 de julio de 1968 (91 años) Toledo
Estudios Doctor en Filosofía
Doctor en Sagrada Teología
Doctor en Derecho canónico
Alma mater Pontificia Universidad Gregoriana
Pontificia Academia de Santo Tomás
Seminario Conciliar de Barcelona

Fiat voluntas tua
(‘Hágase tu voluntad’)
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Biografía

Estudios y formación

Nació en Barcelona en 1876, en el seno de una rica familia. Cursó el bachillerato a temprana edad en el instituto de segunda enseñanza de su ciudad natal. Aunque le entusiasmaban las ciencias físicas y las matemáticas, y algunos apuntaban a que estudiaría medicina, la lectura del libro Imitación de Cristo de Tomás de Kempis, que le había regalado uno de sus hermanos, le determinó a abrazar la vocación eclesiástica.

Cursó sus estudios eclesiásticos de latín y humanidades, e inició los de filosofía y teología, en el Seminario Conciliar de Barcelona. En 1894 fue enviado a continuar sus estudios en Roma. Prosiguió los estudios de filosofía en la Pontificia Academia de Santo Tomás de Aquino, donde obtuvo el doctorado en Filosofía; y prosiguió los estudios de teología, y cursó los de derecho canónico, en la Pontificia Universidad Gregoriana, donde obtuvo el doctorado en Sagrada Teología y el doctorado en Derecho canónico.[3][4] El doctorado en Sagrada Teología lo obtuvo con premio extraordinario.[5] Pla y Deniel fue ordenado sacerdote en Roma el 25 de julio de 1900.

Sacerdocio y docencia

A su regreso a España fue nombrado profesor en el Seminario Conciliar de Barcelona, donde impartió las asignaturas de Oratoria sagrada y de Patrología durante un año, y las asignaturas de Cuestiones disputadas de filosofía y de Historia de la filosofía durante nueve años. En esta época aprovechó las vacaciones estivales para hacer viajes de estudio e investigación que le llevaron a la Universidad de Lovaina (Bélgica) y a otras instituciones académicas en Múnich y en Viena.[6]

Influyeron decisivamente en su vida académica y en su orientación pastoral la encíclica Rerum novarum del Papa León XIII, los escritos teológicos del futuro cardenal Louis Billot, los escritos filosóficos del futuro cardenal Désiré Mercier y los escritos canónicos de Franz Xavier Wernz. También influyeron en él, a nivel espiritual, la Imitación de Cristo de Tomás de Kempis, los Ejercicios espirituales de San Ignacio de Loyola y las Meditaciones del P. La Puente.[7]

Además de como académico, también destacó pronto como eminente sociólogo y activo organizador. Entre sus labores pastorales en Barcelona destacó una intensa dedicación al apostolado obrero, en línea con las inquietudes del catolicismo social. Fruto de sus primeros trabajos fue la fundación del Patronato Obrero de la populosa barriada de Pueblo Nuevo. Compaginó esta actividad social con la docencia en el Seminario Conciliar barcelonés y con el desempeño de diversos cargos de responsabilidad en la curia diocesana: visitador diocesano de las escuelas y colegios de la Iglesia, y censor eclesiástico. En el ejercicio de su oficio de censor eclesiástico se negó a autorizar la edición de la Histoire ancienne de l'Église de Louis Duchesne, por considerarla modernista.

En 1907, con motivo de los ataques del gobierno liberal de Antonio Aguilar y Correa contra las órdenes y congregaciones religiosas, organizó un mitin multitudinario de protesta en la plaza de toros de Barcelona, en el que pronunció un encendido discurso el escritor y político carlista Juan Vázquez de Mella,[8] que era uno de los principales representantes del pensamiento tradicional.

En 1912 obtuvo, por oposición, el cargo de canónigo de la Catedral de Barcelona. Fue director de la Acción Social Popular por encargo del arzobispo de Barcelona. Fue también director de varias publicaciones de prensa escrita: de la Revista Social, del Anuario Social y del semanario obrero El Social.[5]

Episcopado

Obispo de Ávila

El 4 de diciembre de 1918, fue nombrado obispo de Ávila por el Papa Benedicto XV. Fue consagrado obispo el 8 de junio de 1919 por el nuncio Francesco Ragonesi en la Catedral de Barcelona. Tomó posesión de la sede el 16 de julio de ese año.

En la diócesis abulense actuó de nuevo con singular intensidad. De acuerdo con Cárcel Ortí, “llegó a estar considerado como el mejor obispo español de su tiempo, tanto por su preparación intelectual —demostrada en sus escritos pastorales— como por su escrupulosidad en la administración diocesana, su adhesión a la Santa Sede y sus virtudes sacerdotales, en especial la caridad y la humildad”.[9]

Trabajó por la implantación del Código de Derecho Canónico, que había sido promulgado en 1917. Realizó cada cinco años la visita pastoral completa a toda su diócesis e hizo tres visitas ad limina. En 1922 organizó la celebración del tercer centenario de la canonización de Santa Teresa de Jesús, a la que asistieron los reyes de España, Alfonso XIII y Victoria Eugenia. También organizó, en 1926, las celebraciones del segundo centenario de la canonización de San Juan de la Cruz.

Fue un ferviente animador y vivificador de Sindicatos Católicos de Obreros. El 28 de enero de 1935 fue preconizado obispo de Salamanca por el Papa Pío XI. Al enterarse de la noticia, el ayuntamiento socialista de Ávila envió una carta a la Santa Sede solicitando que tal disposición quedase sin efecto para que el obispo Plá y Deniel pudiese continuar en Ávila.[10]

Obispo de Salamanca

Habiendo sido preconizado obispo de Salamanca por el Papa Pío XI el 28 de enero de 1935, tomó posesión de la sede salamantina el 26 de mayo de ese año.

Al estallar la Guerra civil española, Pla y Deniel cedió el Palacio Episcopal a Francisco Franco como residencia para este último, donde el Generalísimo se haría construir en el jardín un búnker por ingenieros alemanes; él, por su parte, se trasladó al vecino Seminario Diocesano de San Carlos. Además, dejó al militar rebelde y su familia a su secretario, el padre Bulart, como capellán particular, cargo en el que continuaría durante muchos años.[11] Se identificó desde el principio con la causa de los sublevados y participó de forma habitual en las ceremonias oficiales de Falange, utilizando incluso el saludo fascista.[12]

El 30 de septiembre de 1936 publicó su famosa carta pastoral Las dos ciudades, donde justificaba la sublevación, aplicando —según él mismo confesó— a las circunstancias del momento, la doctrina de Santo Tomás de Aquino, de San Roberto Belarmino y de Francisco Suárez.[13] El texto constituyó la fundamentación teológica de lo que denominó Cruzada —aunque no fue el primero que utilizó el término—.[14] En ella aludía a San Agustín de Hipona en su distinción entre la ciudad terrestre, donde el egoísmo prevalece, y la ciudad celestial, donde el amor de Dios reemplaza todo sentido de protección, y describe a España como tales ciudades. - "el comunismo y el anarquismo identificados con la ideología que dirige al desdén, la aversión hacia Dios Nuestro señor; y en contra la heroicidad y el martirio han florecido -. Pla concluyó que las condiciones de Santo Tomás de Aquino para una guerra justa se daban en la guerra civil. A pesar de que, a los ojos del mundo, el conflicto podría tener el aspecto externo de una guerra civil, en realidad era una cruzada. Cuando Francisco Franco fue proclamado jefe de Estado, el obispo inmediatamente le envió un telegrama de felicitación que anticipaba la "resurrección magnífica de la España cristiana".[15][16]

En 1937, cuando el cardenal Isidro Gomá, arzobispo de Toledo, ya había terminado la redacción de la Carta colectiva de los obispos españoles con motivo de la guerra en España, fue visitado por Leopoldo Eijo y Garay, obispo de Madrid-Alcalá —ya por entonces académico de número de la Real Academia de la Lengua—, que estuvo afinando el estilo de lo redactado durante varias horas. Pla y Deniel también hizo algunas aportaciones al escrito, pero no de carácter estilístico, sino doctrinal. La carta, firmada por 43 obispos y cinco vicarios capitulares, fue publicada en agosto de 1937.

En 1940, poco después de terminar la guerra civil, consiguió del papa Pío XII y del ministro de Educación Nacional, José Ibáñez Martín, la restauración de la Universidad Pontificia de Salamanca, con sus Facultades de Teología y de Derecho canónico, a las que más tarde se añadirían la de Filosofía, la de Humanidades clásicas y otras. Redactó personalmente los estatutos de la recién restaurada universidad pontificia.

Durante el tiempo que vivió el Salamanca conoció y trató al escritor Miguel de Unamuno, entonces rector de la Universidad de Salamanca. Unamuno escribió varios artículos elogiosos de su labor pastoral y de alguna de sus cartas pastorales. Con todo, Pla y Deniel condenó su obra titulada Del sentimiento trágico de la vida.

Arzobispo de Toledo

Entrada solemne de Pla y Deniel en la catedral de Toledo como nuevo arzobispo, acompañado del ministro de Justicia Esteban Bilbao, 26 de marzo de 1942.

El Papa Pío XII lo nombró arzobispo de Toledo, y por tanto primado de España, el 3 de octubre de 1941. Tomó posesión de la sede primada el 25 de marzo de 1942. En sus primeros años en la archidiócesis toledana tuvo que afrontar un complicado proceso de reconstrucción espiritual, humana y material para remediar las secuelas del conflicto civil. Casi la mitad del clero toledano había sido asesinado,[17] la mayor parte de los templos habían sido destruidos o incendiados y sus bienes expoliados. Trazó el plan de recuperación en su pastoral La Restauración cristiana de la Archidiócesis de Toledo del 15 de julio de 1943.

Con ocasión del fin de la Segunda Guerra Mundial publicó una carta pastoral, fechada el 28 de agosto de 1945, en la que vindicaba el papel de la Iglesia en la guerra civil de 1936 y en la que señalaba la orientación cristiana de la libertad en la constitución del Estado español —opuesta al totalitarismo estatal—, que se asentaba en instituciones conformes a la tradición histórica española, en la línea de los juristas y teólogos dominicos Francisco de Vitoria y Domingo de Soto. Terminaba la carta exhortando al perdón, a la unión y a la convivencia de todos los españoles.

En calidad de primado de España, presidió las Conferencias de Metropolitanos —antecedentes, como reunión colectiva, de la Conferencia Episcopal Española—. En este sentido, fue voz de las principales preocupaciones del episcopado. Por ejemplo, impulsó la Acción Católica para potenciar la colaboración de los seglares con la Jerarquía. En este sentido, también defendió la autonomía del apostolado de los laicos frente al autoritarismo estatal y mantuvo polémicas, más allá de su lealtad a Franco, con ministros como José Solís y Fernando María Castiella.[18][9]

Fue procurador en Cortes entre 1943 y 1946, cargo al que renunció al ser designado cardenal. Fue también miembro del Consejo de Estado y del Consejo de Regencia. A pesar de ser afín a Franco, Pla y Deniel rechazó expulsar a uno de sus sacerdotes tras criticar al régimen en un diario de Acción Católica.[19] Su brújula a la hora de orientar las relaciones entre la Iglesia y el Estado era la encíclica Libertas del papa León XIII, por lo que nunca consintió las interferencias del poder civil en materias religiosas o en las actividades apostólicas de la Acción Católica, especialmente con los obreros. Fiel a estos principios y a la doctrina social de la Iglesia, nunca admitió que el ejercicio de la caridad pudiese sustituir el deber de la justicia social:[20]

La caridad será siempre necesaria en el mundo, pero la Iglesia ha dicho siempre que la justicia es antes que la caridad y que nadie puede usar la caridad como un velo para cubrir la injusticia social.

Colaboró en la formación de las Leyes Fundamentales del Reino, especialmente del artículo VI del Fuero de los Españoles, que dice así:[21]

La profesión y práctica de la Religión Católica, que es la del Estado Español, gozará de la protección oficial. Nadie será molestado por sus creencias religiosas ni el ejercicio privado de su culto. No se permitirán otras ceremonias ni manifestaciones externas que las de la Religión Católica.

Cardenalato

El papa Pío XII le concedió el capelo cardenalicio en el consistorio del 18 de febrero de 1946, siendo creado cardenal presbítero de San Pietro en Montorio. Fue miembro de tres congregaciones de la Curia romana: la Sagrada Congregación de Religiosos, la Sagrada Congregación para las Iglesias Orientales y la Sagrada Congregación de Ritos.

En 1951 celebró un Concilio Provincial, al que asistieron todos los obispos de la provincia eclesiástica de Toledo. Durante todo su pontificado trató de potenciar la Acción Católica.

Fue uno de los cardenales electores en el cónclave de 1958, en el que se eligió a Juan XXIII, así como en el cónclave de 1963, en el que fue elegido Pablo VI. El día después de su elección, el papa lo visitó ya que este se encontraba enfermo.[22] Participó, de 1962 a 1965, como padre conciliar, en el Concilio Vaticano II. Fue, además, miembro del Consejo de Presidencia del concilio.

Fue considerado uno de los cardenales españoles más conservadores de la época.[23] En consonancia con la línea moral sostenida entonces por la Iglesia, desde su posición como arzobispo de Toledo consideró inmoral que la vestimenta femenina no cubriese las rodillas, codos o cuello.[24] Asimismo afirmó que no llevar medias atentaba «contra la modestia», por lo que las niñas de más de doce años debían llevarlas y los niños no debían mostrar los muslos.[25]

El 5 de junio de 1968 fue elegido académico de número de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas (medalla nº 14), aunque murió antes de tomar posesión.

Fallecimiento

Falleció en Toledo, el 5 de julio de 1968, a la edad de 91 años. Durante su vida se había apropiado del dicho de San Antonio María Claret, que decía que quería morir sin tres cosas: "sin un pecado, sin una deuda y sin un céntimo". Está enterrado en la Catedral de Toledo.

Reconocimientos

Doctorados honoris causa

Premios

Distinciones

Academias

Obras

Libros

Discursos y conferencias editados en forma de libro:

  • De genesi et divisione scientiarum juxta Herbertum Spencer et juxta philosophiam scholasticam: Oratio, quam in solemni studiorum instauratione pro curriculo MCMIV-MCMV, apud Tridentinum Seminarium Barcinonense (1904).
  • La obra de Balmes en la historia de la filosofía y en la filosofía de la historia (1907).
  • Balmes y el sacerdocio (1910).

Artículos

  • "Crítica de la Escuela Histórica según los principios de Santo Tomas sobre la mutabilidad de las leyes", en: Revista Jurídica de Cataluña (1900).

Cartas pastorales

  • El legítimo obrerismo y la herejía socialista (1924).
  • La Acción Católica (1926).
  • La Madre de los Espirituales, devoción de los Nuevos Santos Españoles a Santa Teresa de Jesús (1934).
  • Las dos ciudades (1936).
  • Los delitos del pensamiento y los falsos ídolos intelectuales (1938).
  • El triunfo de la ciudad de Dios y la resurrección de España (1939).
  • La Restauración cristiana de la Archidiócesis de Toledo (1943).

Referencias

Enlaces externos

Sucesión

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