Geología de El Salvador

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Mapa geológico simplificado de El Salvador
Mapa geomorfológico simplificado de El Salvador

La geología de El Salvador describe la composición y la historia de la formación y desarrollo de las regiones geológicas que hoy comprenden El Salvador. El cual, geológicamente, es un país extremadamente joven; donde el 5% del territorio se encuentra conformado por rocas del período Cretácico de la era Mesozoica; mientras que el resto del país está cubierto de rocas de la era Cenozoica, estando tres cuartas partes del territorio nacional conformadas por rocas del período Neógeno (principalmente de la época del Plioceno), y una cuarta parte del territorio nacional por rocas del período Cuaternario (específicamente de la época del Pleistoceno).[1]

Rocas Volcánicas

La mayor parte del país se encuentra cubierta por rocas de origen volcánico de carácter riolítico hasta basáltico. En algunos casos se presentan en forma de extensiones considerables, en los que no ha sido posible determinar el punto de origen de la actividad volcánica que produjeron dichos lugares; como es el caso de: la Sierra de Tacuba, la Cordillera del Bálsamo, la Cordillera Jucuarán-Intipucá y la parte Norte de Santa Ana.[1]

Existen formaciones volcánicas producto del volcanismo individual (por lo que es fácil localizar el origen de la actividad); distinguiéndose dos zonas volcánicas: una al sur de las montañas norteñas con una serie de volcanes individuales que atraviesan todo el territorio, y a la que pertenecen volcanes como el volcán de Guazapa y el volcán Cacahuatique (que se caracterizan por su alto grado de erosión; y sus productos piroclásticos son efusivos con lavas, de carácter predominantemente basálticos, y tobas de diferente grado de consolidación); mientras que la otra zona se ubica más al sur y corre paralela a la anterior, a ella pertenecen más de 50 volcanes (como: Laguna Verde, Santa Ana, Izalco, San Salvador, San Vicente, Tecapa, San Miguel y Conchagua; así como calderas o depresiones volcano-tectónicas, como los Lagos de Ilopango y Coatepeque) algunos de los cuales todavía se encuentran activos, y que se caracterizan por lavas de carácter basáltico y que la mayoría de los productos piroclásticos son de carácter dacítico (aunque también se conocen productos piroclásticos de erupciones lineares (fisurales) como los que se encuentran cerca de Zaragoza y Comalapa); en ambas zonas el tipo de estructura volcánica predominante es la de estratovolcanes; por otro lado, el volcanismo de la zona sur es más variado que el de la zona Norte.[1]

Rocas sedimentarias e intrusivas

Rocas sedimentarias marinas se encuentran principalmente en Metapán, donde cubren un área aproximada de 200 km², y cuya conformación va desde calizas a otra serie de rocas clásticas. Fuera de ello, existen rocas sedimentarias lacustres (de lagos y lagunas) y fluviales (de ríos y riachuelos o quebradas), con extensiones muy limitadas, que consisten de productos redepositados de menor importancia y de algunos depósitos de diatomita y lignito de carácter calcáreo; y que también cuentan con intercalaciones de productos piroclásticos (por lo que serían contemporáneos a la actividad de los volcanes de la cadena volcánica joven). También se encuentran aluviones a lo largo de los ríos más grandes y en depresiones locales (principalmente en las planicies costeras del suroeste y sureste; cubriendo un área aproximada de 3500 kilómetros cuadrados).[1]

Se han encontrado rocas intrusivas de carácter granítico-diorítico, en las montañas norteñas, en el área de Metapán y Chalatenango. Las de carácter diorítico estarían en contacto con las series sedimentarias marinas, notándose un metamorfismo de contacto que puede ser observado en las capas calcáreas. Por otro lado, se encuentran afloramientos de carácter muy ácido desde San Miguel hasta San Isidro; que se caracterizan por correr en paralelo a las fajas volcánicas y está conectados a yacimientos metalíferos subvolcánicos (ubicadas bajo las cubiertas basalto-andesíticas).[1]

Geodinámica

Placas tectónicas que conforman América Central
Extensión del bloque chortis, el bloque cortical en el que se encuentra el país

Ubicación del país en el Bloque Chortis de la placa del Caribe

El país, así como la mayoría del norte de Centroamérica (Honduras, Nicaragua, el sur de Guatemala, y parte del alto nicaragüense), se ubican en la margen oeste de la corteza continental de la placa del Caribe, en un bloque cortical denominado bloque Chortis; específicamente sobre el terreno meridional o sur de dicho bloque, que carece de un basamento paleozoico y que se interpreta como un elemento oceánico acrecionado a los terrenos continentales.[2]

El bloque Chortis limita al norte con la placa Norteamericana en la falla transformante sinestral (con movimiento hacia la izquierda) de Motagua-Polochic, cuyo recorrido incluye también el centro de la actual Guatemala; en dicha falla la placa del Caribe se mueve hacia el este alrededor de 20 milímetros por año. Dicho movimiento influye en las características tectónicas del bloque Chortis.[2][3]

La falla dextral de Guayape, que corre al norte de la parte hondureña del golfo de Fonseca hacia el noreste, representa el límite entre los terrenos central y oriental del bloque Chortis y de segmentos del arco volcánico; y probablemente jugó un importante rol en la formación del golfo de Fonseca, ya que se observa su influencia en las fallas que corren en las islas del golfo (como es el caso de la isla Zacatillo).[2][4]

Subducción de la placa de Cocos, grabénes o fosas tectónicas, y arco volcánico

Detalle de una zona de subducción

La costa salvadoreña se encuentra en la zona donde bajo la placa del Caribe hace subducción la placa de Cocos (que se desplaza a una velocidad absoluta de 6.5 kilómetros por año; subduciéndose hacia el noreste, con muy bajo acoplamiento en la zona del país, entre 70 a 80 milímetros por año) en el área denominada como Fosa mesoamericana, la cual está ubicada mar adentro, extendiéndose paralelo a la costa desde el sur de México hasta Costa Rica (a una distancia de 150 km de la costa salvadoreña).[3][5][6]

La subducción provoca una intensa actividad sísmica, y la fusión de rocas de la corteza terrestre (que se encuentran sometidas a altas temperaturas y presiones). A finales del Mioceno, un desgarre en la placa de Cocos produjo su retroceso, lo que ocasionó una deformación extensional (de estiramiento de las rocas) que generó una zona debilidad (de bajo espesor de la corteza terrestre) en la que en algunas zonas la tierra se hundió, formando varios grabénes o fosas tectónicas (limitados por fallas normales o de desplazamiento vertical, por lo general inclinado hacia abajo). Destacándose el Graben Centroamericano (conocido localmente como Graben Central, que es un bajo estructural que en El Salvador tiene un ancho irregular que varía de unos 15 km a 30 km) que es un grabén extensional que corre de este a oeste y que tiene en su interior al Arco volcánico centroamericano, que se extiende por 1500 kilómetros desde la frontera de México y Guatemala hasta Panamá, y que incluye a la mayoría de volcanes del país.[5][6][7][2][3][8]

Otros grabénes, generados por el retroceso de la placa de Cocos, en los países vecinos y que también influyen en el territorio salvadoreño (principalmente en el volcanismo detrás del arco volcánico), son las fosas tectónicas que corren de norte a sur y que son conocidas como:[2][9][10][3]

  • El grabén de Ipala, cuya configuración se extiende desde el sureste de Guatemala al noroeste de El Salvador. Encontrándose limitado al norte por la falla sinestral de Jocotán y al sur por la dextral de Jalpatagua, y que influye en la formación de fallas en el país (sobre todo al occidente) y en el volcanismo joven (en volcanes como Chingo, en Chalchuapa por la frontera con Guatemala; San Diego, en Metapán; y San Lorenzo, en Ahuachapán.[2][9][11][12]
  • El grabén de Comayagua, que conecta el campo volcánico de Tegucigalpa con el área del Golfo de Fonseca. Este graben es una importante línea divisoria tectónica que separa dos segmentos del arco volcánico centroamericano; y en él se produce un desplazamiento lateral derecho significativo de los dos segmentos, así como un cambio importante en la profundidad de la cima de la placa debajo del volcán (teniendo 146 kilómetros debajo del volcán de Conchagua).[2][4]

Estos grabénes, a partir del Holoceno y debido al bajo acoplamiento en la zona de subducción en el país, llevaría que se viesen afectados por la deriva hacia el este del bloque Chortis, lo que haría que en los límites de los grabénes se formasen fallas de desgarre o de desplazamiento horizontal (como la falla de Jalpatagua) y que se generasen fallas dentro de los grabenes (como la falla San Diego) que impulsarían el volcanismo joven detrás del arco del país.[2][9][11][12]

Movimiento hacia el oeste del antearco

La falla Motagua-Polochic y la zona de cizalla (con fallas que se mueven horizontalmente) del arco volcánico se cierran como una cremallera o zíper por el movimiento hace el oeste de la placa Norteamericana; la cual, a su vez, arrastra hacia el oeste el antearco centroamericano (el terreno al sur del arco volcánico, incluyendo la costa del país), teniendo las fallas del arco entre 10 y 15 milímetros por año de traslación hacia el noroeste de la franja del antearco.[3]

Este arrastre del antearco se ve impulsado por la subducción de la placa de Cocos y el mayor acoplamiento de esta en Costa Rica; y a su vez, la acción conjunta de estos tres procesos limita la deformación interna a lo largo del antearco. Siendo todo esto consistente con la disminución hacia el oeste de la tasa de deslizamiento a lo largo de las fallas Motagua-Polochic y en las fallas de este a oeste a lo largo del arco volcánico en El Salvador y Guatemala.[3]

El movimiento forzado hacia el noroeste de la franja de antearco, combinado con la falta de acoplamiento en la zona de subducción, condiciona el régimen de deformaciones que controla la tectónica activa en El Salvador.[3]

Características tectónicas

En el interior del país, los únicos elementos tectónicos que se conocen son las fracturas o fallas (sin indicios de plegamiento). En El Salvador se han mapeado más de 1800 trazas de fallas individuales activas, que tienen orientaciones que pueden ser de N30-40°O, N30-40°E o N 90-100°E.[3]

La mayoría de fallas del país se encuentran distribuidas en dos sistemas o conjuntos principales de fallas, con dirección ONO-ESE (oesnoroeste- estesureste) y NNO-SSE respectivamente; y el resto en un conjunto menor, con dirección EO (este a oeste), que condicionan más intensamente la morfología regional y la ubicación de los principales volcanes activos. Sin embargo, las fallas activas de más de 5 kilómetros de longitud son predominantemente de dirección EO a ESE-OSO con otros dos conjuntos orientados NO-SE y NNE-SSO (este último, son menos evidentes y se presentan principalmente en el centro y este del país); la cinemática de estas fallas muestra un movimiento dominante de desgarre en el conjunto de fallas EO a ESE-OSO, las fallas NNE-SSO muestran un comportamiento normal puro, y las fallas NO-SE muestran un movimiento normal y de rumbo oblicuo.[3]

Las fallas con mayor evidencia de actividad en el bloque Chortis están asociadas a fosas norte-sur dispersas que consisten en una deformación coaxial (donde el eje de la deformación permanece fijo a las partículas materiales) extensional baja y dispersa. En el caso del país, la mayoría de la deformación activa se localiza a lo largo de las fallas de lo que se conoce como la Zona de falla de El Salvador.[3]

Zona de falla de El Salvador (ZFES)

La Zona de falla de El Salvador (ZFES) es una zona de cizalla o corte, ubicada dentro y alrededor del Graben Central, donde predominan las fallas de desgarre o de desplazamiento horizontal, con movimiento dextral (que se mueven hacia la derecha) de este a oeste; que está activa y que mide unos 20 km de anchura y 150 km de longitud.[2]

La ZFES surgiría por la extensión de la corteza terrestre producto del retroceso de la placa de Cocos a finales del Mioceno y por la expulsión de un gran volumen de ignimbritas (debido a dicho retroceso, tanto en esa época como en el Plioceno), y que en el Holoceno llegaría tener un régimen de deformación transtensivo (en la que se encuentran tanto fallas normales y fosas tectónicas, como fallas de desgarre) dextral a lo largo del Arco volcánico centroamericano, producto del desplazamiento hacia el este del bloque de Chortis (de todo ello se hablara detalladamente más adelante en la sección formaciones estratigráficas).[2][3][13][8]

Según Martínez-Díaz et al (2020), se identifican tres regímenes de deformación a lo largo de la zona de falla, que son: un bloque cortical en la franja de antearco (al sur de la ZFES, y que incluye las velocidades GPS más rápidas y homogéneas) que es dominado por una traslación rígida hacia el oeste; tres zonas con deformación coaxial extensional distribuida en dirección este-oeste (ubicadas en la zona occidental, del volcán San Miguel a la frontera, y por la parte del río Lempa que separa los departamentos de San Vicente y Usulután); y dos bandas con una deformación compatible con el régimen transtensional (en la zona central y del área antes del volcán San Miguel hacia el sureste).[3]

Los volcanes activos, así como las grandes fallas NS en el bloque Chortis (que generan fosas tectónicas como el grabén de Ipala), ubicados cerca de la ZFES podrían actuar como atractores de fallas promoviendo nuevas fallas secundarias y el ensanchamiento de la ZFES.[3]

En la ZFES hay unas 38 fallas que tienen clara evidencia de actividad reciente y tienen una longitud de más de 5 kilómetros; es probable que estas fallas produzcan grandes terremotos devastadores en tierra en el país con una magnitud de momento que va desde 5,98 hasta 7,94. Algunas de las ciudades más pobladas del país están muy cerca de algunas de las fallas de desgarre EO que dan los valores de magnitud de momento más altos; como es el caso de: San Salvador, a 10 kilómetros de la falla de Guayape; San Vicente, a 1,5 kilómetros de la falla de San Vicente; y San Miguel a 4 kilómetros de la falla de San Miguel.[14]

Estructura de la ZFES

Varios estudios han propuesto modelos de como es la estructura interna de la ZFES. Según Stoiber y Carr (1973) y Martínez-Díaz et al. (2004) la ZFES se dividiría en tres estructuras o sistemas de fallas nombrados con las direcciones (en inglés): WNW-ESE, NNW-SSE y NE-SW. Sin embargo, estudios posteriores más detallados mostraron que se trata de una zona de fallas más compleja.[2]Según Canora et al. (2012) habría cinco segmentos a lo largo de toda la zona, que de oeste a este son: el segmento oeste (hasta la caldera del lago de Ilopango), el segmento San Vicente, el segmento Lempa, el segmento Berlín (desde el este del río Lempa hasta por el volcán de San Miguel) y el segmento San Miguel. Más adelante, Martínez-Díaz et al. (2020), a partir del mapeo detallado de fallas activas junto con datos sísmicos y geodésicos, reduciría los segmentos antes mencionados a cuatro que son (según sus siglas): ASC, CSS, IB y BF:[2][3]

Segmento Ahuachapán-Santa Ana-Coatepeque (ASC)

Está conformado por la mitad del sector occidental propuesto por Canora (hasta la caldera del lago de Coatepeque), y se encuentra limitada al poniente por la falla de Jalpatagua (en Guatemala).[3]

Está dominada por fallas normales con dirección NNO-SSE y NNE-SSO que controlan el sistema volcánico Santa Ana-Izalco (estructurado por la zona de fallas de Ilamatepec y la falla El Zacamil) y el campo extensional occidental de Ahuachapán (ubicado al norte de la cordillera de Apaneca, donde un conjunto de fallas normales, con un componente menor de movimiento oblicuo, orientadas NNE-SSO acomoda la deformación activa de la región por inclinación de bloques).[15]

La mayor parte de la sismicidad, donde la magnitud de momento es mayor a 4.0, se localiza entre ambos campos volcánicos donde las velocidades GPS indican la máxima extensión EO. Habiendo velocidades que varían de 3.9 mm/año en la caldera occidental de Coatepeque a 10.4 mm/año al este del campo extensional de Ahuachapán.[16]

Este segmento está dominado por una extensión EO; en donde el movimiento de deslizamiento a lo largo del extremo oriental de la falla de Jalpatagua (que tiene una tasa de deslizamiento de 7,5 mm/año) se acomoda a los conjuntos de fallas extensionales NS y NE-SO de Ahuachapán, actuando como una cuenca de separación. Esta extensión EO es mayor al este del campo extensional de Ahuachapán y se concentra cerca del eje volcánico de Santa Ana (zona de la falla de Ilamatepec); a su vez, esta zona con mayor extensión EO se conecta al norte con la región extensional del Graben de Ipala.[17]

El gradiente actual de velocidad EO entre las fallas de Ahuachapán y Jalpatagua es pequeño, debido a la desaceleración en tiempos recientes de la falla de Jalpatagua y la posterior disminución de la extensión en el campo extensional de Ahuachapán; lo que sería consistente con que el desplazamiento hacia el este en la zona donde se encuentran las placas Norteamericana, Caribe y Cocos genera el cierre como de cremallera entre la falla de Motagua y las fallas del arco volcánico (lo que frena progresivamente el movimiento de deslizamiento a lo largo del límite norte de la franja de antearco). En esta zona, el movimiento actual del antearco resulta en tectónica extensional (orientada a la elongación EO) acomodada por fallas NS y NNE-SSO; sin embargo, pesar del predominio de fallas extensionales, la mayoría de los mecanismos focales disponibles en esta área son de desplazamiento horizontal.[18][19]

Segmento Coatepeque-San Salvador (CSS)

Está conformado por la otra mitad del sector occidental propuesto por Canora (hasta la zona del volcán San Salvador). Al occidente está definido por dos bloques tectónicos limitados por las fallas EO de Comecayo, Coatepeque-Zapotitan y Comasagua, que son el bloque del lago Coatepeque y otro bloque ubicado al sur; y al oriente, por el bloque San Salvador, limitado por la falla de Guaycume al norte y las fallas de Ayagualo y Panchimalco al sur.[20]

El bloque Coatepeque muestra evidencia clara de extensión EO, que es controlada principalmente por la zona de fallas Ilamatepec al oeste y la falla Arce al este; es limitado al oriente por la falla de Guaycume (con una dirección de N120°E, y una tasa de deslizamiento de 9 ± 3 milímetros por año), cuyo extremo occidental se divide en una serie de ramas cuyas orientaciones cambian hacia NO-SE y tienden a propagarse hacia la falla Comecayo, lo que es consistente con una transición de régimen extensional de rumbo a EO en este bloque (que es menor a la del segmento anterior).[21]

El bloque ubicado al sur, se encuentra entre la falla Coatepeque-Zapotitan y las fallas Apaneca y Comasagua no presenta evidencia de una extensión significativa en dirección este-oeste, y el gradiente de velocidad en este bloque no es muy grande y la mayor parte de la deformación estaría concentrada a lo largo de las fallas que lo delimitan.[20]

Dentro del bloque San Salvador se ubica el volcán de San Salvador y el área metropolitana de San Salvador. En él se observan fallas ONO-ESE y NS distribuidas en el bloque que son consistentes con los planos T, R y R′ (estructuras denominadas como sistema de Riedel, que son causadas por dos fallas de desplazamiento horizontal) dentro de una amplia zona de falla de desgarre dextral con un componente extensional. La variabilidad cinemática de los mecanismos focales dentro del bloque respalda la existencia de diferentes conjuntos de fallas con diferentes cinemáticas; asimismo, los mecanismos focales de los sismos pequeños localizados en el bloque San Salvador muestran una variabilidad cinemática significativa con varios mecanismos de falla inversa en el volcán de San Salvador y en el área entre San Salvador y el lago de Ilopango (está actividad volcánica puede influir en la estructura de las fallas de desgarre).[22]

Este segmento se caracteriza por una actividad tectónica transtensional que sobreimprime el graben central; esto explica tanto la existencia del graben central, como la cinemática de desgarre de las fallas EO que limitan el bloque San Salvador y los mecanismos focales de terremotos más grandes. La transición entre el dominio transtensional central y el dominio extensional occidental se observa en la tendencia de las puntas occidentales de las fallas de Guaycume y Apaneca a girar hacia un rumbo NO-SE y a aumentar el componente extensional.[23]

Un gran gradiente de velocidad GPS, a través del arco volcánico, que fue detectado en el sector del lago Ilopango, puede estar asociado con una estructura compleja y discontinua de la ZFES que causa una desaceleración del movimiento hacia el oeste de los bloques tectónicos locales; asimismo, las anomalías de Bouguer regionales respaldan la existencia de una estructura de basamento oblicua a la ZFES que probablemente influya en la geometría y cinemática de la zona de falla.[14]

Segmento Ilopango-Berlín (IB)

Conformado por los segmentos San Vicente y Lempa propuestos por Canora; se extiende desde la zona de la caldera del lago de Ilopango hacia el este hasta la caldera donde se ubica la localidad de Berlín. En ella predominan las fallas orientadas EO y ONO-ESE con movimiento de desgarre dextral; al norte, las fallas normales NS son más evidentes, especialmente en el área de Sensuntepeque donde las fallas Victoria y Sensuntepeque produjeron la expansión EO de un antiguo edificio volcánico del Mioceno-Plioceno (formación Balsámo).[24]

La cuenca pull-apart (depresión ubicada entre dos fallas paralelas) romboidal del Lempa, domina este segmento; y está limitado al norte por las fallas de San Vicente (que fue la fuente del terremoto del 13 de febrero de 2001, y que tiene una taza de deslizamiento de 7 ± 1 mm/año), Apastepeque (con una tasa de deslizamiento de 7 ± 2 o 3 ± 2,5 mm/año) y El Pulguero, y al sur por las fallas de Berlín, Lempa y El Triunfo (con una tasa de deslizamiento de 7,5 ± 3,5 o 9 ± 2). Los mecanismos focales a lo largo del sector pull-apart del Lempa son homogéneos, y tienen cinemáticas dominantes con planos de fallas de desgarre NS y EO consistentes con sus ubicaciones a lo largo de las fallas limitantes.[25]

Al oeste de la depresión del Lempa, una densidad muy alta de fallas extensionales activas orientadas NO-SE (por ejemplo, la falla La Joya) y NS indica un crecimiento activo hacia el oeste de la depresión pull-apart; igualmente, el pull-apart parece propagarse hacia el norte a través de las fallas transtensionales Tecomatal y Guachipilin (donde se ubica el campo volcánico del Holoceno de Apastepeque), coincidiendo con la prolongación sur de las fallas Victoria y Sensuntepeque.[25]

Segmento Berlín-Fonseca (BF)

Conformada por los segmentos Berlín y San Miguel propuestos por Canora; se extiende desde la caldera de Berlín hasta hasta el golfo de Fonseca, con una longitud de 74 km; y presenta características estructurales y sismotectónicas muy diferentes a las de los sectores central y occidental.[2][26]

La distribución de las fallas activas muestra la existencia de un bloque cortical limitado al norte por la falla de San Miguel (con una tasa de deslizamiento de 3 ± 2 mm/año) y al sur por las fallas de Río Grande, Jucuarán e Intipuca; en cuyo interior hay una deformación altamente distribuida a través de una red generalizada de fallas de dirección NO-SE a NNE-SSO, que acomoda la mayor parte del movimiento hacia el oeste transferido por las fallas de rumbo EO del segmento anterior, y que es descrito como un amplio paso extensional del arco volcánico incluyendo el Golfo de Fonseca, con una importante elongación EO que afecta a toda la región. La geometría de las fallas mapeadas en el bloque extendido a lo largo de la cordillera Jucuarán-Intipuca muestra conjuntos de fallas conjugadas con relaciones transversales complejas.[26]

La falla El Triunfo tiene destacada expresión morfológica, y pierde la mayor parte de su escarpa cerca de Jucuapa. Al sur, las fallas Río Grande-Jucuarán-Intipuca constituyen un corredor tectónico ONO-ESE con componente de deslizamiento dextral-oblicuo y extensional, que probablemente conecta con el campo volcánico Usulután-Berlín y con las fallas del sur de Lempa; otro corredor de fallas conectaría las fallas Chirilagüa, Olomega, Quesadilla y El Progreso con los volcanes holocenos San Miguel y Chinameca, intersecándose con el extremo oriental de la falla El Triunfo; ambos corredores de fallas serían la vía de transferencia de parte del desplazamiento de rumbo del segmento IB hacia las fallas ONE-ESE cercanas a la costa.[27]

La sismicidad histórica es escasa en este segmento, ya que es una región donde predomina la deformación distribuida y por lo tanto la carga de esfuerzos a lo largo de planos discretos es mucho más lenta; sin embargo, no deben ignorarse algunas fallas en la región de Jucuarán-Intipuca, ya que son lo suficientemente largas y tienen un gran deslizamiento de falla acumulado para ser consideradas como fuentes sísmicas importantes.[17]

Los mecanismos focales disponibles para este segmento muestran que, en lugar de la evidente deformación extensional activa que afecta a esta región, la mayoría de la deformación son de tipo transgresor; lo que indicaría que las fallas normales NS generalizadas tienen poco acoplamiento mecánico y se comportan en un régimen asísmico, o que la microsismicidad es predominante en esta zona, también puede haber una partición de deformaciones dentro de un régimen transtensivo.[17]

En este segmento existirían dos subdominios: un subdominio oriental, caracterizado por fracturamiento extensional NS penetrante que induce extensión EO de la corteza superior; y un subdominio occidental, bajo un régimen de deformación transtensional que está controlada por dos corredores de fallas que bordean el subdominio y transfieren parte del movimiento de desgarre de las fallas EO de la ZFES central a las fallas activas ONO-ESE a lo largo de la costa. La prolongación de los corredores de fallas coincide con los volcanes activos del Holoceno: San Miguel y Chinameca al este y el campo geotérmico Usulután, Tecapa y Berlín al oeste.[28]

La geometría en forma de rombo de las fallas a lo largo de las cordilleras Jucuarán-Intipuca y las fallas extensionales NS, generalizadas entre estas cordilleras y la falla San Miguel, muestran similitudes significativas con los modelos que consideran un conjunto de fracturas NS generalizadas preexistentes e intersecadas luego por fallas transversales NO-SE. Lo que apoya que la tectónica actual de esta área está dominada por una incipiente estructura de gran tamaño, de pull-apart, relacionada con la transferencia de movimiento de desplazamiento horizontal o desgarre EO desde las fallas de El Triunfo a fallas activas a lo largo de la costa sureste del país. El crecimiento progresivo de las fallas transversales de cuenca NO-SE (en este caso los corredores Jucuarán-Río Grande y Quesadilla-Olomega-El Progreso con un evidente componente de movimiento de desgarre) induce la individualización de bloques bajo el régimen transtensional.[14]

En el golfo de Fonseca, la mayoría de los mecanismos focales son de desgarre puro pero las deformaciones recientes en la superficie indican claramente una extensión EW; y se encontraría en un bloque tectónico limitada al norte por la falla de San Miguel (que continuaría hacia Hobduras) y al sur por la falla de Maribios (al noreste de Nicaragua, y que continuaría hacia el golfo y la falla de Intibucá).[14][19]

Formaciones estratigráficas e historia geológica

Véase también

Referencias

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