Golpe de Estado en República Dominicana de julio de 1844
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| Golpe de Estado en República Dominicana de julio de 1844 | ||
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Catedral de Santo Domingo frente al actual Parque Colón. | ||
| Contexto del acontecimiento | ||
| Fecha | 13 de julio de 1844 | |
| Sitio |
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| Impulsores |
Pedro Santana Antonio Abad Alfau Antonio Duvergé Merced Marcano | |
| Motivos | Detener el desorden político creado por los filorios y deshacer el golpe de Estado del 9 de junio de 1844 y el pronunciamiento de Duarte | |
| Influencias ideológicas de los impulsores | Caudillismo, personalismo y legitimidad | |
| Gobierno previo | ||
| Gobernante | Francisco del Rosario Sánchez | |
| Forma de gobierno | Dictadura de Gobierno provisional colegiado | |
| Gobierno resultante | ||
| Gobernante |
Ver lista Francisco del Rosario Sánchez de iure (13-16 de julio de 1844)
Pedro Santana de facto (desde el 13 de julio de 1844) | |
| Forma de gobierno | Dictadura de Gobierno provisional colegiado | |
El golpe de Estado en República Dominicana de julio de 1844 fue un golpe de Estado blando cívico-militar de carácter no violento[cita requerida], ejecutado exitosamente el 13 de julio de 1844 por la Armada Expedicionaria de la frontera Sur —también denominada Ejército del Sur[cita requerida]—, con el asentimiento de amplias partes de la población de Santo Domingo. Su propósito explícito fue terminar con el estado de cosas inaugurado por el golpe de Estado del 9 de junio del mismo año. El Ejército del Sur, apoyado por el pueblo capitaleño, proclamó como Jefe Supremo —cargo equivalente a dictador— al general Pedro Santana, comandante en jefe de esa fuerza, quien se presentó como garante del restablecimiento el orden y dar al Estado un gobierno estable y duradero.[1][2]
No se sabe con certeza cuándo comenzó a planearse esta maniobra. Tras el golpe de junio, el consulado francés en la ciudad de Santo Domingo se convirtió en centro de coordinación[cita requerida], en espera del general Pedro Santana regreso del desde la frontera sur. El deceso de Ramón, el 15 de junio de 1844, el hermano de Pedro Santana, motivó la solicitud de baja de éste como jefe del Ejército del Sur ante la Junta Central Gubernativa —órgano colegiado presidido por el filorio —o duartista— Francisco del Rosario Sánchez— para trasladarse a la capital, donde se había producido el fallecimiento.
El 3 de julio de 1844, en Azua, el general Santana intentó entregar el mando a un sustituto, la tropa se negó a separarse de su comandante; ante esa insubordinación práctica se suspendió el relevo y se decidió dar cuenta de la situación a la Junta Gubernativa con sede en Santo Domingo. En la capital se pensaba impedir violentamente su entrada, pero el cónsul francés Eustache Juchereau de Saint-Denys[cita requerida] intervino en favor de la paz y, tras entrevistarse con Francisco Sánchez, este último viajó a San Cristóbal para coordinar la entrada pacífica del general Santana en la ciudad. Santana entró en la ciudad el 12 de julio, entre vítores, y la mañana del día siguiente, en la Plaza de Armas frente a la Catedral Primada, pronunció un discurso que encendió el entusiasmo colectivo. La multitud lo aclamó y lo proclamó Jefe Supremo; Santana aceptó la proclamación. Desde ese instante, la Junta Central quedó despojada de autoridad efectiva, y el intento de establecer un gobierno paralelo, surgido del pronunciamiento de Duarte —quien había sido proclamado presidente el 4 de julio por el Ejército del Norte— quedó neutralizado.
Asesorado por Saint-Denys, Santana optó por mantener la apariencia colegiada del poder, reorganizando la Junta de Gobierno mediante la incorporación exgolpistas y a sectores moderados del duartismo, y sometió a los duartistas más intransigentes. Sánchez fue reducido de presidente a simple vocal de la Junta de Santo Domingo y, tras el 17 de julio, pasó a estar detenido.
Paralelamente, la influencia del general Juan Pablo Duarte en la región del Cibao se desplomó cuando el general Mella abandonó la ciudad de Santiago de los Caballeros para negociar en Santo Domingo y acabó preso. Varios jefes militares del Cibao, entre ellos el general Salcedo, vinculado en un inicio a los filorios, pasaron al bando de Santana, poniendo bajo control de la Junta Gubernamental las plazas de Moca y Santiago de los Caballeros, con el auxilio del general Pedro Ramón de Mena en esta última. Otros oficiales actuaron en igual sentido, asegurando San Francisco de Macorís, Cotuí, La Vega —bajo el coronel Bartolo Mejía— y Puerto Plata —bajo el general Antonio López Villanueva. En esta última plaza se hallaba Juan Pablo Duarte, ya desprovisto de poder efectivo, hasta su captura en Cabarete el 2 de septiembre de 1844[cita requerida].
Este contragolpe militar —segundo golpe de Estado en la historia de la República Dominicana— coronó al general Pedro Santana como la columna suprema del orden y puso fin a la crisis política iniciada en junio. También inauguró un prolongado periodo de hegemonía caudillista durante el resto de la Primera República (1844-1861), bajo la fuerte impronta de la figura y las decisiones de Pedro Santana.

La Primera República, con apenas tres meses de independencia del dominio haitiano, fue sacudida por el golpe de Estado del 9 de junio de 1844 —conocido también como 18 brumario dominicano—, aparentemente contrario al proyecto de protectorado francés. Esa acción militar, dirigida por el general Juan Pablo Duarte —caudillo de los filorios o duartistas y vocal de la Junta Central Gubernativa— y el coronel José Joaquín Puello Castro —comandante de armas de la ciudad de Santo Domingo—, contó con el apoyo de un grupo reducido de oficiales del Ejército Libertador y del batallón Africano. Como resultado, fueron depuestos el presidente de la Junta Gubernativa, José María Caminero, y los vocales Tomás Bobadilla y Carlos Moreno de Hoyos.
Tras el golpe, se ordenaron arrestos inmediatos, entre ellos los de Caminero y Bobadilla. Sin embargo, ambos lograron huir gracias a un aviso oportuno del duartista general Francisco del Rosario Sánchez, también vocal de la Junta Central. Mientras tanto, los opositores al movimiento de Juan Pablo Duarte —como Buenaventura Báez, Francisco Javier Abreu, Manuel Joaquín del Monte y Francisco Ruiz— se metieron en el consulado francés, que se convirtió en centro de operaciones de los contrarios a la causa duartista. Desde allí se articuló un contramovimiento, esperando que llegara de prisa el general de división Pedro Santana, jefe del Ejército del Sur —también llamado Armada Expedicionaria de la Frontera Sur, parte del Ejército Libertador—, convocado tras las noticias del triunfo golpista.
Aunque el golpe se presentó públicamente como una acción contraria al protectorado francés, la nueva Junta de Gobierno mantuvo conversaciones con el cónsul francés Eustache Juchereau de Saint-Denys. Incluso, Francisco del Rosario Sánchez, ahora presidente de la Junta Gubernamental, ratificó en nombre del Gobierno la disposición de cumplir los acuerdos previos relacionados con el protectorado, dejando en evidencia que la postura de los duartistas no era del todo opuesta al proyecto. La tensión en el país creció cuando José Joaquín Puello Castro envió emisarios al interior del país para incitar a la población negra a resistir una supuesta invasión francesa destinada a esclavizarlos. Ante el revuelo, Saint-Denys aclaró que el protectorado no había sido aprobado por Francia.
Desde su origen, la Junta de Santo Domingo surgida del golpe cargó con la sombra de la ilegitimidad. El país, aún en guerra con Haití, empezó a caer en anarquía, con brotes separatistas como el del movimiento que aspiraba a la independencia del Cibao[cita requerida]. En el sur, lejos del escenario político central y bajo la amenaza constante de Haití, operaba el Ejército del Sur. Esta fuerza había derrotado a los haitianos en batallas como la del 19 de marzo en Azua, en El Memiso y el Tortuguero.
Tras el golpe de Estado en Haití del 3 de mayo de 1844, que depuso al presidente haitiano Charles Rivière-Hérard, el ejército haitiano se retiró de la ciudad de Compostela de Azua y la villa de San Juan, aunque antes incendió Compostela de Azua y parte de San Juan. Esto permitió al general Pedro Santana ocupar varios pueblos que hasta entonces estaban bajo control haitiano, aunque no logró tomar San Miguel de la Atalaya, San Rafael de la Angostura, San Gabriel de las Caobas ni Hincha.
Para el 15 de junio de 1844, Pedro Santana se hallaba en Las Matas de Farfán y luego en San Juan. Ese mismo día falleció en Santo Domingo su hermano, el general Ramón Santana, quien llevaba varios días enfermo. Ante ello, Pedro Santana solicitó a la Junta su baja como general en jefe del Ejército del Sur, con el fin de viajar a la capital, reponerse y atender los asuntos de su difunto hermano.
El 3 de julio de 1844, en la Plaza de Armas de Azua, Santana se dispuso a entregar el mando del Ejército del Sur al coronel José Esteban Roca, designado de manera provisional hasta que llegara el nuevo comandante en jefe, Francisco Sánchez, nombrado por la Junta dominicana el 23 de junio. Sin embargo, el traspaso no se efectuó. Las tropas se negaron rotundamente a separarse de Santana, como lo expresó el coronel Manuel Mora, quien dijo: «¡No queremos al coronel Roca ni permitiremos que nos quiten a Santana!».
Al final, Santana y Roca acordaron suspender y dar cuentas a la Junta. Seguidamente, el Ejército acompañó a Santana y lo proclamó Jefe Supremo de la República, aunque él rechazó el título.
Al otro día, en Santiago de los Caballeros, se produjo el pronunciamiento de Duarte. El general Ramón Matías Mella y el Ejército del Norte nombraron a Duarte como presidente de la República, dejando claro que ya no obedecían a la Junta. La cosa era curiosa, porque Ramón Matías Mella y los de la Junta eran de la facción duartista.
Cuando se supo que Santana había zarpado y pronto llegaría a la capital, empezaron a correr chismes por todos lados. Los amigos de Santana decían que él venía a darles una buena lección. Eso hizo que la Junta, influenciada por Joaquín Puello Castro, dijera que a Santana lo dejaban entrar si venía solo, pero si traía su tropa, lo iban a parar con las armas. Se fueron haciendo arreglos secreto por varios días, por si había que pelear. La alarma se propagó rápido, y los seguidores de Santana se apresuraron en obtener armas, lo que hacía más probable que se armara conflicto inminente.
El cónsul francés Saint-Denys, viendo el ambiente caldeado y preocupado por su gente en el país, advirtió que sacaría a todos los franceses si la Junta usaba la fuerza contra Santana. Eso enfrió un poco los ánimos, y la Junta, junto con Puello, se calmó. Sánchez habló con el cónsul sobre la entrada de Santana y luego se fue a la villa de San Cristóbal a coordinar cómo sería la llegada.
En el libelo Vida política de Pedro Santana, actual Presidente de la República Dominicana (1856) —publicado por Félix María del Monte bajo anonimato— se cuenta que el encuentro entre los generales Santana y Sánchez fue en la Iglesia de San Cristóbal. Allí, Santana se quejó de que no tenía recursos para mantener a sus soldados. Sánchez le detalló, punto por punto, los envíos realizados recientemente. Entonces Santana cambió el tono de voz y juró por Dios que no tenía intenciones siniestras contra el Gobierno, sino únicamente despedir al Ejército en los muros de la capital, agradecerles y retirarse a la vida privada.
El 12 de julio de 1844, Santana entró a la capital[cita requerida] bajo lluvia, pero eso no detuvo los vítores de la gente a su llegada. Poco después se presentó en el Palacio de Borgellá, sede de la Junta, acompañado de su numeroso Estado Mayor: Lucas Díaz, Fernando Tavera, Juan Francisco Guerrero, Pedro Linares, Antonio Duvergé, Antonio Abad Alfau, Merced Marcano. Allí firmó un documento donde la Junta pedía que Francia reconociera la independencia dominicana y diera su protección.
La primera visita de Santana, después de ver a la Junta, fue al cónsul francés, que lo recibió a las cinco de la tarde junto a su Estado Mayor. En la reunión no se pudo hablar a fondo sobre los problemas del país. Antes de irse, Santana prometió regresar al día siguiente para cenar con el cónsul y conversar con calma, sin prisas, sobre asuntos importantes.[1]
