Guerra vándala (439-442)

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Fecha 439 d. C.- 442 d. C.
Casus belli los vándalos conquistan Cartago y rompen el tratado de paz acordado en 435 con el Imperio romano occidental
Conflicto lucha del Imperio romano de Occidente para mantener el control de África proconsular y Bizacena
Guerra vándala
439-442
Parte de la caída del Imperio romano de Occidente

Ruinas de Cartago. Su conquista por el reino vándalo en 439 fue el origen de esta guerra con el Imperio occidental.
Fecha 439 d. C.- 442 d. C.
Lugar diócesis de África
diócesis de Italia Suburbicaria
Casus belli los vándalos conquistan Cartago y rompen el tratado de paz acordado en 435 con el Imperio romano occidental
Conflicto lucha del Imperio romano de Occidente para mantener el control de África proconsular y Bizacena
Resultado derrota del Imperio romano de Occidente
Consecuencias el Imperio occidental pierde el control de África Proconsular, incluyendo Cartago y de Bizacena
Beligerantes
Imperio romano de Occidente
Imperio romano de Oriente
Reino Vándalo
Figuras políticas
Valentiniano III
Aecio
Teodosio II
Genserico
Comandantes
Aecio
Sigisvulto
Areobindo
Genserico

La guerra vándala de los años 439 a 442 fue un conflicto bélico ocurrido en el Imperio romano occidental que enfrentó a este contra el reino vándalo por la posesión de las provincias de África proconsular y Bizacena.

Invasión de la diócesis de África por vándalos y alanos

En el año 429, los vándalos y alanos asentados en Hispania cruzaron el estrecho de Gibraltar y comenzaron una exitosa invasión de la diócesis de África durante la que vencieron a los ejércitos imperiales tanto de Occidente como de Oriente que lo único que pudieron hacer fue impedir que se hiciesen con las dos provincias más ricas: Bizacena y África proconsular donde se situaba la capital, Cartago. La amenaza de invasión huna en Oriente y la lucha por el poder en Occidente obligaron a las tropas romanas a volver y no se pudo más que formalizar un acuerdo con los invasores en 435 mediante el que se les reconocía la posesión de Numidia y sus alrededores con Hipona, a cambio de un tributo y de respetar el resto de provincias. Asentados desde 432 en esta ciudad portuaria pudieron, durante los siguientes años, formar una flota que sería la base para su dominio marítimo y con la que, parece, que ya en el año 436 ayudaron a los visigodos durante el asedio de Narbona.[3]

El Imperio occidental a finales de la década de 430

El periodo entre los años 434 y 439 ha sido denominado por Peter Heather como los «años de esperanza» dentro del proceso de caída del Imperio romano occidental.[4] Una década (425-434) de lucha de poder dentro del Imperio[nota 1] y parálisis política del gobierno central habían impedido atajar con firmeza el problema que suponían los diferentes grupos bárbaros asentados dentro del territorio romano.[5] Para el final de este periodo, la debilidad de su fuerza militar era evidente y Aecio solo pudo imponerse como personalidad dominante del gobierno en 433 tras recibir el respaldo de un ejército huno y negarse los visigodos a ayudar a Gala Placidia.[6]

Una vez con el control de todo el ejército occidental, Aecio pudo reorganizarlo y con la incorporación de grandes contingentes hunos enfrentarse con garantías a las amenazas que se cernían sobra la Galia donde, en los siguientes años hizo frente con éxito a los bagaudas, burgundios y visigodos.[nota 2][7] Al mismo tiempo, en Hispania, consiguió mantener a los suevos pacificados mediante la diplomacia y en África los vándalos respetaron el acuerdo con el Imperio y no intentaron atacar las ricas provincias de África Proconsular y Bizacena.[8] Esta trayectoria se vio truncada en 438 cuando Litorio fue derrotado por los visigodos y los suevos comenzaron su expansión en Hispania tras lo que se agravó sobremanera al romper los vándalos el acuerdo de paz en 439 y tomar Cartago.

Desarrollo

Toma de Cartago por el reino vándalo

Los siete años transcurridos desde que los vándalos conquistaron la ciudad portuaria de Hipona en 432, les habían dado el tiempo necesario para hacerse con una flota suficiente y verse capacitados para romper el acuerdo de 435 con el Imperio e intentar expandir su reino.[9] Su primer objetivo fue la capital de la diócesis: Cartago, la cual no habían sido capaces de tomar años atrás.[10] Esta vez no la sitiaron ni intentaron asaltarla sino que, mediante alguna estratagema, consiguieron abrir sus puertas y entrar sorpresivamente en ella el 19 de octubre de 439.[10] El obispo de la ciudad, Quodvultdeus, dejó una triste reseña de lo que ocurrió después:

Una muerte horrible ha manchado todas las calles... mujeres embarazadas masacradas... bebés arrebatados de los brazos de su nodriza y arrojados a morir en la calle... los gritos de aquellos que han perdido en este asalto a un marido o a un padre..[10]

Una vez dueños de la ciudad, los vándalos procedieron a su saqueo sistemático y tras controlar las provincias de África Proconsular y Bizacena, confiscaron las posesiones de la capa más acomodada de la población muchos de los cuales huyeron a Italia.[10] Para la Iglesia católica significó que tuvieron que entregar gran parte de sus templos a los arrianos y la cúpula de su clero fue obligada a abandonar la provincia en barcos muy deteriorados con la intención de que no llegasen vivos a Italia aunque, finalmente, consiguieron hacerlo.[10]

La toma de Cartago fue un acontecimiento devastador para el gobierno occidental ya que, además de ser su tercera ciudad más poblada (tras Milán y Roma), un invasor bárbaro quedaba situado en el núcleo del Imperio y no en un lugar periférico como había ocurrido hasta entonces.[11] Además, los vándalos consiguieron capturar la flota estacionada en el puerto, tanto mercante como militar, con lo que no solo incrementaron su poderío marítimo sino que debilitaron el poco que mantenía el Imperio.[12]

Se tomaron medidas inmediatas para prepararse frente a una posible invasión de Italia. Se le pidió a Aecio que pusiese fin lo antes posible a la guerra contra los visigodos y que volviese de la Galia, mientras que Sigisvulto fue encargado de reforzar las defensas costeras a la vez que los muros de Roma, Nápoles y Terracina fueron reparados y reforzados.[13] El propio emperador Valentiniano III se trasladó de Rávena a Roma para supervisar los trabajos y a inicios de 440 emitió leyes de emergencia: unas anulaban privilegios fiscales, otras imponían levas de reclutas a la vez que autorizaban a los civiles a portar armas, por primera vez desde 364.[13] El Imperio oriental fue consciente, también, del peligro que se avecinaba y las murallas de Constantinopla fueron reparadas de los daños sufridos por los terremotos mientras que se organizó una expedición militar para ayudar a las tropas occidentales.[13]

Lucha por Sicilia

Mapa de la guerra contra los vándalos de los años 439 a 442 con las zonas de control, movimientos y enfrentamientos armados.
color #d5ffd5ff Reino vándalo
color #80e5ffff Imperio occidental
color #f6d5ffff Imperio oriental

Durante el invierno de 439-440 los vándalos se prepararon para continuar la guerra, ahora con una flota reforzada con los barcos y marineros romanos a los que obligaron a ponerse a sus órdenes. Llegada la primavera, su primer objetivo fue la isla de Sicilia, a donde se dirigieron para atacar la ciudad de Lilibea (la actual Marsala) que saquearon sin piedad.[14] Desde allí parece que se dividieron en varios grupos: el principal navegó hacia Panormo (la actual Palermo) mientras grupos menores fueron por el interior en la misma dirección y aprovecharon para saquear las poblaciones que pudieron.[14] La ciudad de Panormo contaba con murallas y tuvo tiempo de prepararse para el ataque de tal manera que los vándalos no pudieron asaltarla y tuvieron que sitiarla al tiempo que parte de sus barcos continuaron hacia la costa de Lucania y Brucio donde intentaron atacar más ciudades.[14] Para entonces, sin embargo, las defensas de la costa estaban suficientemente preparadas y los romanos consiguieron rechazarlos.[14]

Avanzado ese año 440 quedó claro para los gobiernos imperiales de Occidente y Oriente que los vándalos habían alcanzado los límites de su capacidad de ataque y que, atascados con el asedio de Panormo no desembarcarían en el continente.[15] Esto tuvo como consecuencia que se retrasaron los preparativos de la expedición oriental de ayuda: si en junio de 440 Valentiniano III anunció que la flota se acercaba a Italia, no fue sino a inicios de 441 cuando esta partió desde Constantinopla comandada por Aerobindo.[16] Arribó en Sicilia al final de la primavera al tiempo que lo hacían las tropas occidentales pero, para entonces, los vándalos habían abandonado el asedio de Panormo ante las noticias de su llegada y regresado a sus bases en África.[14]

Retirada del Imperio oriental y tratado de paz

Los ejércitos combinados romanos no siguieron inmediatamente hacía África para recuperarla sino que se mantuvieron a la espera en Sicilia durante unos meses en los que las tropas orientales aprovecharon para saquear bienes de la población local.[17] El motivo de esta inactividad fueron las noticias que llegaban desde los Balcanes y que apuntaban a que los hunos estaban acometiendo una invasión de gran entidad que ponía en peligro a la propia Constantinopla algo que, finalmente, obligó al contingente oriental a abandonar la campaña y regresar a sus bases.[17] Sin su participación, la posibilidad de invadir África se desvaneció para el Imperio occidental ya que su flota y ejército eran, a todas luces, insuficientes para enfrentarse con garantías a los vándalos.[17]

Se iniciaron, entonces, negociaciones entre ambos contendientes y en algún momento del año 442 se llegó a un acuerdo con el reino vándalo por el que éste conseguía que se viese reconocida su posesión de las ricas provincias África Proconsular, Bizacena y parte de la de Numidia.[18] A cambio, devolvieron al Imperio occidental el empobrecido territorio que este les había asignado en 435.[18] Políticamente, fue un gran éxito para Genserico quien fue reconocido domo «Rex Socius et Amicus», además de acordarse el matrimonio de su hijo Hunerico con la hija de Valentiniano III, Licinia Eudoxia, algo que elevó su prestigio por encima de cualquier líder bárbaro.[18] Hunerico tuvo que marchar a Rávena como rehén aunque volvió a los pocos años y esperó en Cartago a que su futura esposa alcanzase la edad para casarse.[19]

Consecuencias y acontecimientos posteriores

Tras la paz, el Imperio de Occidente recuperó el control de la parte occidental de Numidia y de las provincias mauritanas donde pudo volver a desplegar a grupos de limitanei para detener los avances de la tribus mauras.[20] Los vándalos mantuvieron el suministro de cereales a Roma, sin duda por un precio mayor, y continuaron las relaciones comerciales que existían entre Cartago y el ámbito mediterráneo.[21] A pesar de esto, el resultado de la guerra fue un desastre para el gobierno occidental ya que la pérdida de los ingresos de estas ricas provincias se unió a la que se sufría por el control suevo de Lusitania, Bética y Cartaginense. Además, Sicilia quedó tan afectada que sus impuestos tuvieron que ser reducidos a una séptima parte de lo que pagaba antes de la guerra mientras que, en las provincias africanas que los vándalos entregaron al Imperio, esta reducción se tuvo que fijar a una octava parte.[22].

Tras el acuerdo de 442, Genserico tuvo que hacer frente a una rebelión entre sus notables por el reparto de las nuevas adquisiciones, revuelta que aplastó rápidamente.[21] Durante los años siguientes, los vándalos no atacaron ninguna provincia romana y se mantuvieron en paz con el Imperio durante un periodo en el que ni siquiera aprovecharon las crisis ocasionada por la invasión huna de 451/452 para ampliar su territorio.[21] No fue hasta el año 455, tras los asesinatos de Aecio y Valentiniano III, cuando rompieron las hostilidades y atacaron de nuevo, esta vez, a la propia Italia donde consiguieron saquear Roma.[23]

Véase también

Notas

Referencias

Bibliografía utilizada en el artículo

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