Lyceum Club Femenino
Asociación española de mujeres
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El Lyceum Club Femenino fue una asociación de mujeres española promotora del desarrollo social y cultural de la mujer que funcionó en Madrid entre los años 1926 y 1939.[1] Entre el importante número de socias puede destacarse a su impulsora y presidenta, María de Maeztu.[2] Tuvo su primera sede en la madrileña Casa de las Siete Chimeneas.[3]
| Lyceum Club Femenino | ||
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| Tipo | asociación voluntaria | |
| Forma legal | asociación de mujeres | |
| Fundación | 1926 | |
| Fundadora | María de Maeztu | |
| Disolución | 1939 (13 años) | |
| Sede central | Madrid | |
| Área | España | |
| Presidente | María de Maeztu | |
| Personas clave |
Zenobia Camprubí Victoria Kent Victorina Durán Clara Campoamor Elena Fortún Matilde Huici | |
Antecedentes internacionales
El primer Lyceum fue creado en 1904 en Londres por la escritora británica Constance Smedley-Armfield siguiendo el ejemplo de los clubs masculinos privados. Su objetivo era la defensa de los intereses de la mujer, facilitarles un lugar de encuentro, promover su desarrollo educativo, cultural y profesional y facilitar la organización de obras de carácter social. Pronto surgieron clubes similares en Berlín, París, Bruselas, Nueva York, Roma, La Haya y otras ciudades del mundo. En 1908 se organizó una federación internacional de estas entidades (International Association of Lyceum Clubs).[4][5]
Estos clubes eran aconfesionales y apolíticos, y la admisión estaba restringida a aquellas mujeres que hubieran realizado trabajos literarios, artísticos o científicos, participado en causas sociales o poseyeran títulos académicos.[6]
Constitución en España
El primer lyceum español fue fundado en Madrid en 1926, en plena dictadura de Primo de Rivera, por un centenar de mujeres de ámbitos culturales ilustrados, siguiendo el ejemplo del primer lyceum londinense. Aunque en un principio algunas cofundadoras abogaban por un club mixto, finalmente fue un espacio exclusivo para mujeres y la participación de los hombres se restringió a impartir o asistir a conferencias y estar en el salón de té.[7] Se basaba en los Estatutos del de Londres, que fueron aprobados por la asociadas.[8]
En sus estatutos se definieron como aconfesionales y no adscritas a ninguna afiliación política. En el Lyceum había mujeres de izquierdas y de derechas, monárquicas y republicanas y de muy distintas creencias religiosas o sin ellas.[9]
En un primer momento se instalaron en la calle de las Infantas para trasladarse en enero de 1931 a la de San Marcos. Esta «habitación propia» permitió profundizar en las amistades anteriores a la creación del club y crear nuevos lazos que produjeron grandes cambios en favor de la comunidad. Las redes femeninas aumentaron a partir de la existencia del club, y se posibilitó la apertura de los espacios políticos y sociales a las mujeres.[10]
El club español estaba formado por mujeres de la élite sociocultural del país que por su ambiente familiar tenían un elevado nivel de educación, interés por la cultura y tiempo para desarrollar actividades. Contaba en el momento de su fundación con 115 asociadas. Fue también llamado 'el club de las maridas', porque en ella confluyeron varias esposas de personajes de la época, especialmente de las élites intelectuales.[11]
Tenía secciones de Literatura, Música, Artes Plásticas e industriales, Internacional, Hispanoamérica, Ciencias y Social. Los objetivos generales del club se concretaron en defender los intereses morales y materiales de la mujer, desarrollando las iniciativas económicas, científicas y artísticas; fomentar el espíritu colectivo, facilitando el intercambio de ideas y la compenetración de sentimientos; organizar obras de carácter social, celebrar conferencias, etc.[12]
En 1931 se creó el Lyceum Club de Barcelona que se convirtió en un espacio de confluencia para destacadas escritoras catalanas como Aurora Bertrana o Carmen Montoriol.[13][14]
Organización
Junta
La primera presidencia la ostentó María de Maeztu. Las vicepresidentas eran Victoria Kent e Isabel Oyarzábal. La secretaría recayó en Zenobia Camprubí.[8] Amalia Galárraga era la tesorera, Helen Phillips la vicesecretaria y María Martos de Baeza la bibliotecaria.[1]
También participaron Margarita Nelken, María Lejárraga, Carmen Baroja, Ernestina de Champourcín, Concha Méndez, María Teresa León, Elena Fortún, Mabel Rick... La presidencia honorífica la ostentaban la reina Victoria Eugenia y María del Rosario de Silva y Gurtubay, duquesa de Alba.[1]
Socias
En 1927, un año después de su fundación, el número de socias se había quintuplicado.[15] El acceso a la condición de miembro del club no venía restringido por motivos ideológicos. Las mujeres podían ser socias si habían cursado estudios superiores o si se habían destacado como escritoras, artistas, o intelectuales. También podían pertenecer aquellas que habían participado en obras sociales. Como el acceso a los estudios estaba limitado de hecho a las personas de clase media y alta, este grupo predominaba en el club. Entre las socias no había tampoco restricción por estado civil u orientación sexual, incluyéndose algunas mujeres abiertamente lesbianas, como era el caso de Victorina Durán. En 1930, de cerca de 500 socias, 475 estaban casadas.[1]
Antes de la edad legal de admisión en el club, los 21 años, las chicas podían asistir a las actividades mediante el Comité de la Juventud, que les permitía preparar su ingreso.[16]
Fueron asociadas al Lyceum Club, entre otras, Carmen Baroja, Matilde Calvo Rodero, Clara Campoamor, Zenobia Camprubí, Ernestina de Champourcín, María de Maeztu, Victorina Durán, Elena Fortún, Amalia Galárraga, Eulalia Vicenti, Matilde Huici, Victoria Kent, María Lejárraga, María Teresa León, Concha Méndez, María Luisa Navarro Margati, Margarita Nelken, Isabel Oyarzábal, Helen Phillips, Mabel Rick, Rosario Lacy, Pura Maortua, Carmen Gallardo Martín-Gamero, María Martos Arregui O'Neil, María del Mar Terrones Villanueva, Carmen Monné, María Francisca Clar Margarit, Julia Iruretagoiena, Rosa Spottorno, Matilde Muñoz Barbieri y la pediatra Nieves González Barrio.[17]
Entre estas mujeres estaban algunas de las integrantes de la generación del 27, como Ernestina de Champourcín, Teresa León y Concha Méndez, también conocidas con el nombre colectivo de Las Sinsombrero.[18] [19]

Actividades
Se organizaban cursillos, conferencias de interés cultural y jurídico, conciertos y exposiciones, a cargo de intelectuales, personas científicas, artistas nacionales y del extranjero. En 1932 García Lorca leyó su libro inédito Poeta en Nueva York y dio en sus salones la conferencia Imaginación, inspiración y evasión en poesía;[20] también Unamuno leyó su drama Raquel encadenada. Rafael Alberti fue más polémico con su performance "Palomita y galápago (¡No más artríticos!)", sorprendiendo, escandalizando o divirtiendo a partes iguales. Jacinto Benavente, el día que le invitaron a dar una conferencia en el Lyceum, dijo: "A mí no me gusta hablar a tontas y a locas".[21][22]
Por su parte, Carmen Monné, esposa de Ricardo Baroja, para recaudar fondos, organizó funciones y rifas de cuadros en su teatro de cámara «El mirlo blanco».[23]
Algunas actividades más significativas fueron los cursillos y seminarios de Derecho impartidos por Victoria Kent, Matilde Huici y Clara Campoamor, que sirvieron para analizar la situación de las mujeres en el Código Civil y Penal, y presentar después propuestas de reformas al gobierno.[15]
Otra iniciativa interesante fue la Casa de los niños,[24] institución educativa gratuita para criaturas de mujeres trabajadoras que comenzó en 1927. Se trataba de un edificio pequeño en el canal de Lozoya, al que iban las niñas y niños de las mujeres obreras del barrio de Tetuán y Cuatro Caminos. El alumnado recibía una educación integral, aprendían a leer y a escribir, jugaban y se les ofrecía una alimentación adecuada y un control médico e higiénico. Desde el primer momento, la Iglesia Católica no vio con buenos ojos esta injerencia en el monopolio educativo que mantenía desde hacía siglos. Mujeres como Elena Fortún, interesada por la biblioteconomía, leía cuentos en el comedor y creó bibliotecas ambulantes para la infancia.[16]
Otra actividad destacada fue la creación del Comité del Libro para el Ciego, una biblioteca de obras en braille elaboradas por las propias socias, muchas de las cuales aprendieron el sistema y copiaban libros en sus casas para que las personas ciegas pudieran acceder a la literatura o a manuales técnicos. El proyecto llegó ia contar con el apoyo de la Biblioteca Nacional, que cedió una sala para albergar aquellos libros.[25]
El conservadurismo frente al Lyceum
Aparte del que tuvo lugar con ocasión de la creación de la Casa de los niños, la asociación tuvo otros enfrentamientos con la Iglesia española, como cuando El Lyceum debatió la ley del divorcio, que finalmente se aprobó en 1932, o cuando batallaron en contra del uxoricidio por honor (matar a la esposa) para el que la ley aplicaba atenuantes cuando la mujer había sido infiel.[25] Las mujeres católicas recibieron incluso instrucciones por parte del cardenal primado Pedro Segura para que no formaran parte del Lyceum. El punto álgido de la discusión llegó con la circular de la Unión de Damas Españolas de agosto de 1927, documento de condena y presión moral emitido por esta organización católica específicamente contra el Lyceum de Madrid.[9][26]
También fue intensa la campaña de difamación en la prensa, que equiparaba a las socias del Lyceum con los rotarios o los masones. También se decía que jugaban al bridge, bebían ron, fumaban cigarros egipcios o incluso opio.[16]Desde la revista La Esfera se atacó la imagen de la mujer redicha y petulante que leía a Kant o Hegel mientras su marido empuja el carrito del bebé o limpia los cacharros de la cocina. A este ataque por transgredir los roles de género se sumó el motivado por ser un espacio únicamente para mujeres.[9]
El Lyceum también fue señalado por su carácter elitista, ya que muchas de sus integrantes pertenecían a familias acomodadas o aristocráticas. La escritora y poeta Concha Méndez fue la primera que se refirió a las socias irónicamente como las maridas.[25]
La Guerra civil
Cuando comenzó la Guerra civil española cesaron las actividades del club, pero las socias no dejaron de estar en contacto y ayudarse. Aún como club, iniciaron una recogida de donativos para comprar víveres y distribuirlos en el frente. Muchas de las socias se quedaron en un principio para apoyar al régimen democrático y fueron después víctimas del exilio exterior o la represión interior.[10]
Desaparición
Con la derrota y exilio de la República en 1939, se dispersaron las socias y se desmanteló el Lyceum, que pasó a ser el "Club Medina", regido por la Sección Femenina.[3]Esta agrupación, encargada por Serrano Suñer, entró en los locales de la calle San Marcos, 44 y desvalijó completamente el local, comenzando por su importante biblioteca. Pero la organización de las mujeres profesionales y las redes femeninas creadas, durarían más allá del fin de la guerra. Muchas de las socias mantuvieron relación tras el conflicto ayudándose y manteniendo el espíritu de sororidad del club. María Martos, conocida como María Baeza, se convirtió en el alma que alimentaría ese espíritu de perduración.[10]
Reconocimientos
En 2017 se realizó un homenaje del Ayuntamiento de Madrid y el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte con una placa conmemorativa en la Casa de las Siete Chimeneas, con motivo del 90 aniversario de la constitución del Lyceum.[27] Fue un homenaje propuesto en 2014 por las asociaciones Clásicas y Modernas, Mujeres en las Artes Visuales (MAV); Asociación de Mujeres Cineastas y de Medios Audiovisuales (CIMA); Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas (AMIT); y la asociación de arquitectas La Mujer Construye.[28]
En 2018 se representó la obra de teatro en tres actos denominada “El club de las maridas”, interpretada por Mujeres Vecinales.[11]
En 2026, en el centenario de la constitución del Lyceum, el Ministerio de Cultura y otras instituciones han puesto en marcha un programa de actividades conmemorativas.[29][30][31][32]
Bibliografía
- León, María Teresa (1970) Memoria de la melancolía, Buenos Aires, Editorial Losada.
- Rodrigo, Antonina (1979) Mujeres de España. Las silenciadas, Barcelona, Plaza & Janés, S. A.
- Baroja y Nessi, Carmen (1998), Recuerdos de una mujer de la generación del 98, edición de Amparo Hurtado, Barcelona, Tusquets Editores.
- Hurtado, Amparo (1999), «El Lyceum Club Femenino (Madrid, 1926-1939)», Boletín de la Institución Libre de Enseñanza, n.º 36, II época, pp. 23-40.
- Fagoaga, Concha (2002) «El Lyceum Club de Madrid, élite latente», Bussy-Genevois, Danièle (dr.), Les espagnoles dans l’histoire. Une sociabilité démocratique (XIXe-XXe siècles), Saint-Denis, Presses Universitaires de Vincennes, pp. 145-167.
- Mangini, Shirley (2006) Las modernas de Madrid: las grandes intelectuales españolas de la Vanguardia, Barcelona, Península. «El Lyceum Club de Madrid. Un refugio feminista en una capital hostil», Asparkia, 17, pp. 125-140.
- Marina, José Antonio, y Rodríguez de Castro, María Teresa (2009) La conspiración de las lectoras, Barcelona, Editorial Anagrama.
- Aguilera Sastre, Juan (2011) «Las fundadoras del Lyceum Club Femenino Español», BROCAR, 35, pp. 65-90.
- González Naranjo, Rocío (2015) «Ilustres tontas y locas: el Lyceum Club de Madrid, todo un ejemplo de solidaridad femenina», Martín Clavijo M., González de Sande M., Cerrato D. y Moreno Lago Eva María (Ed.), Locas. Escritoras y personajes femeninos cuestionando las normas, Sevilla, Arcibel Editores, pp. 721-734.
- González Naranjo, Rocío (2015) «Création et association : le Lyceum Club », Il, Elle : Entre Je(u), Limoges, PULIM, pp. 243-259.ç
- Cosculluela, Eva. (2026) El club de las modernas. Barcelona, Seix Barral. ISBN: 978-84-322-4982-2