Mausoleo de Carlos III de Navarra y Leonor de Trastámara
tumba real en la catedral de Pamplona
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El mausoleo de Carlos III de Navarra y Leonor de Trastámara, ubicado en la Catedral de Pamplona es un monumento funerario, «una de las obras más representativas de la escultura gótica navarra y del arte funerario del siglo XV». Diversas fuentes y autores concuerdan en afirmar que «es la mejor estudiada y documentada de todas las que integran el conjunto de la escultura gótica catedralicia».[2][3]
| Mausoleo de Carlos III de Navarra y Leonor de Trástamara | ||
|---|---|---|
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| Autor | Janin Lomme de Tournai | |
| Creación | 1413-1419 | |
| Ubicación | Catedral de Pamplona (España) | |
| Estilo | escultura gótica | |
| Material | alabastro, piedra | |
| Dimensiones |
7,74 m de largo, 2,12 m de ancho y 1,08 m. de alto[1] | |
| Coordenadas | 42°49′11″N 1°38′27″O | |
En rigor, es un panteón real construido en estilo gótico entre finales de 1413 y mediados de 1419 donde reposan los restos de varios monarcas más y sus familiares que estaba provista de una cripta de enterramiento. De todas las que realizaron en Navarra, es la «obra cumbre» de Jehan de Lome de Tournai y su taller, un equipo de artesanos procedentes de Francia, Borgoña y los Países Bajos borgoñones.[4][5][6]
Este conjunto sirvió, además, de empuje inicial a una moda de escultura funeraria con la posterior construcción de varios mausoleos levantados en diferentes puntos de Navarra. Sin embargo, esta sepultura exenta no fue imitada en este aspecto siendo los monumentos posteriores del tipo arcosolio como los construidos en el propio claustro catedralicio pamplonés para Sancho Sánchez de Oteiza, Leonel de Garro, como en la catedral de Tudela donde, además del mencionado Sancho Sánchez de Oteiza de nuevo, se encuentra el excepcional conjunto de Francés de Villaespesa e Isabel de Ujué.[6]
En 1908 un historiador del arte francés que la visitó, Émile Bertaux, afirmaba:
Aujourd'hui encore le tombeau de Charles III peut passer pour inconnu. Il est a peine croyable que jamais ce tombeau n'ait jamais été signalé comme l'un des monuments du moyen âge espagnol qui intéressent le plus hautement l'histoire de l'art européen.Incluso hoy, la tumba de Carlos III puede parecer desconocida. Resulta difícil creer que nunca se haya mencionado como uno de los monumentos de la Edad Media española de mayor interés para la historia del arte europeo.Émile Bertaux, Gazette des beaux-arts, julio de 1908[7]

Contexto histórico: Santa María, los reyes y Pamplona
Señorío territorial de Pamplona
Desde el nacimiento del reino de Pamplona, la ciudad contaba con una «célebre iglesia» que fue completamente destruida en el 924 por Abd al-Rahmán III. Tras su reconstrucción fue recibiendo los favores reales, algunos de gran trascendencia, como la donación a Santa María del rey Sancho Garcés II de Pamplona, o Sancho Abarca (970-990), de la ciudad de Pamplona y el castillo de San Esteban de Monjardín. Sancho Garcés III de Pamplona, o Sancho el Mayor, «la restauró, le devolvió sus bienes, especialmente la villa de Pamplona, y reconstruyó el primer templo diocesano, dedicado a la Asunción».[8]
Posteriormente otros monarcas, como Sancho V de Pamplona, o Sancho Ramírez, fueron confirmando a la iglesia de Santa María de la Asunción de Pamplona «la posesión de la ciudad de Pamplona, libre e ingenua, con todos sus términos». Por entonces la festividad de la Asunción se celebró el 28 de octubre de 1092. Alfonso I de Pamplona, al tiempo que concedía el fuero de Jaca al nuevo Burgo de San Cernin, donaba también esta población a la iglesia de Santa María (1129). Además, por estas fechas, sobre el terreno que pertenecía al arcediano de la tabla, afloraba la Población de San Nicolás que, por ello, también era posesión de esta iglesia.[9]
La gran devoción de García IV Ramírez de Pamplona, fue solemnemente celebrada en 1135 en una ceremonia desarrollada en la sala capitular con la asistencia de la reina y figuras notables del reino. Su hijo y sucesor, Sancho VI de Pamplona y luego de Navarra, en 1189 apremia al obispo de Pamplona, Pedro de París, a repoblar la ciudad de la Navarrería, cada vez más deshabitada: «Porque, como es sabido —dice el rey—, toda la ciudad de Pamplona con su territorio pertenece en propiedad a la iglesia de Santa María», reafirmando así otro monarca el señorío territorial de Santa María de Pamplona sobre las poblaciones conocidas como Pamplona o Iruña.[a] Según el obispo y los canónigos la razón de este despoblamiento era «que la clavería estaba destruyendo la Navarrería, ya que los bailes y merinos regios cometían muchas exacciones con sus habitantes» ante lo cual Sancho el Sabio «quitó para siempre la clavería de dicha ciudad y de su territorio concediendo el fuero de San Cernin a sus pobladores. Además con ocasión de la festividad de la Asunción, cada vecino debía pagar a Santa María de Pamplona dos sueldos anuales por cada doce codos de tierra[b] que tuviera la fachada de su casa.[9]
Durante los reinados de Sancho VII de Navarra, Teobaldo I de Navarra y Enrique I la confrontación entre la institución regia hacia el obispado a causa del señorío territorial sobre Pamplona de los eclesiásticos culminará con la desolación de la Navarrería, en 1276, a la cual no fue ajena la catedral que fue saqueda duramente por las tropas francesas. Estos hechos también dejaron la primera referencia a la imagen de plata de la actual Santa María la Real.[c][10]
Finalmente, tras casi medio siglo de impasse, tras las renuncia del obispado de Pamplona a todo dominio territorial, se registra en 1319 la reconciliación entre la monarquía y la iglesia recibiendo Santa María de Pamplona una generosa compensación real.[10]
Unción y coronación de los reyes
Esta ceremonia, que desde el siglo XI (tiempos de García el de Nájera y Sancho el de Peñalén) se tiene registro, probablemente llevará ya incluido el alzamiento sobre el escudo, aunque sin unción. Sin embargo, con Sancho el Sabio, Sancho el Fuerte, y los dos Teobaldos, la jura de los fueros y alzamiento sobre el escudo se verificaba en la catedral. En el caso de Teobaldo II incluso, la unción. En 1259 el papa Alejandro IV autoriza a los reyes navarros a recibir la unción de manos de cualquier obispo si estuviera vacante la sede de Pamplona o el obispo de Pamplona no quisiera ungir al monarca.[11]
Acorde a lo establecido en el Fuero General de Navarra, «todo rey de Navarra se debe levantar en Sancta María de Pamplona en manera como ha feyto muytas vezes». Así ocurre con Enrique I (1271), con Luis I de Navarra (1307) y con Juana II de Navarra y su esposo Felipe III o Felipe de Evreux (1329). Parte de este ceremonial era, además de la misa, ofrendas y comunión, el mencionado alzamiento seguido del grito: REAL, REAL, REAL mientras el alzado arrojaba monedas sobre los presentes y se ceñía la espada él mismo. Con Carlos II el ceremonial se completa con la unción y coronación (1350) y, finalmente, Carlos III, 40 años después (1390) rodea el acto de mayor fastuosidad.[11]

Contexto artístico
En la historiografía del arte reciente, en lo que respecta al ámbito del reino de Navarra, se han venido delineando un serie de etapas de evolución de este estilo gótico adaptado a las vicisitudes propias del referido ámbito geográfico y político donde se desarrollan.[12][13][14] En líneas generales, en base al conocimiento de las obras estudiadas, se trazan cuatro etapas dentro de este ámbito para este estilo. A saber:[d]
- Gótico Pleno (1200-1276).
- Gótico Radiante (1276-1387).
- Gótico Internacional y de influencia bogoñona (1387-1441), el arte de los príncipes.[e] Es esta etapa donde se sitúa «la que se puede considerar la obra clave del período: el sepulcro de Carlos III.»[f]
- Tardogótico (1441-1512).

Descripción
Situado en el centro de la nave mayor bajo la bóveda del segundo tramo, antes del crucero[2] y frente al prebiterio. Es una sepultura que sigue la tipología de cama sepulcral exenta, de forma prismática regular (un paralelepípedo) sobre la que reposan los cuerpos yacentes del matrimonio real cubiertos por sendos doseles «de fina tracería calada» y los pies apoyados en animales de simbología precisa. Sus dimensiones son de 2,73 metros de largura, 2,12 de anchura y 1,08 de altura.[1] Es una estructura independiente, construida de arenisca y alabastro. Originalmente se utilizó un tono oscuro para que el lecho de arenisca aunque en la actualidad es una pintura verde y blanca imitando al mármol. Hay algunos toques de pintura de color y dorado, pero las piedras preciosas que alguna vez existieron se han perdido.[6]
La figura de Carlos III
El rey yacente, con las manos en actitud orante, muestra una indumentaria de tres piezas:[15][16]
- Una túnica talar visible en los puños y en la parte inferior;
- Una sobrepelliz o sobretúnica abierta por los laterales, algo más corta de mangas que se muestran mucho más amplias, y cuyas bocamangas y borduras inferiores se presentan unas cenefas adornadas con grecas azules salpicadas de flores de lis.
- Por encima, por último, viste su manto abierto, tipo socq o soccus,[g] por su lado derecho y fijado sobre su hombro derecho por un broche.
Es un atuendo ceremonial que hasta fechas recientes se consideraba que era el utilizado en su ceremonia de coronación, sin embargo, ya se sabe que era diferente,[h] e incluso ajeno a la moda del momento inspirado en los yacentes de los reyes franceses de la dinastía de Valois, linaje al que pertenecía por línea materna. En especial a la usada por su tío Carlos V de Francia.
El rostro de Carlos III se considera un retrato fidedigno del monarca que ha servido de inspiración a representaciones artísticas realizadas posteriormente. Se sabe que fue labrada aún en vida del rey, a diferencia de Leonor, que había fallecido unos años antes.[17]
Los pies de la figura real descansan sobre un león, símbolo de fuerza y de majestad. Se cree que su rostro es un retrato.[6]

La figura de Leonor de Trastámara
La reina viste ropas elegantes, una indumentaria que «responde a los modos ceremoniales de la corte francesa de la época». Las prendas que luce son una túnica y un pellote[18] formando «un amplio escote semicircular desde los hombros mientras las mangas se ciñen perfectamente a las muñecas» de unas manos unidas en actitud orante. La decoración del corpiño del pellote muestra una cadena de broches muy elaborada semejante a la mostrada en la faja dorada.[19][20]
Sus pies descansan sobre dos perros que se pelean por un hueso, «una alusión a la vida humana roída por el tiempo». En el arte funerario de estilo gótico la iconografía de los perros se asocia con la representación de la fidelidad. Su rostro está idealizado y no parece ser un retrato.[6][19]
En los grandes doseletes sobre los monarcas, es donde observamos el máximo preciosismo con el que fue tallada la obra, en su enredado conjunto de tracerías, pináculos y arbotantes. Representa una cobertura de un templo gótico que constara de tres cuerpos octogonales, más dos pequeños trapezoidales, con sus bóvedas nervadas rematadas con claves florales. El segundo piso está totalmente vaciado, dejando ver así el detalle de los ventanales con sus maineles y complicadas y diferentes tracerías, todas ellas adornadas al exterior con los arbotantes rematados por pináculos.

Plorantes
El lecho funerario presenta en sus cuatro frentes 28 figuras (seis en la cara oriental y en la occidental, y ocho en la septentrional y meridional) enmarcadas por arquitecturas culminadas por doseletes que confiere a cada figura un espacio propio.[3] Las estatuillas miden entre 0,48 y 0,55 metros y se alzan sobre ménsulas, adornadas con flora, monstruos, escenas de caza y atlantes.[21][1] Son de desigual factura por lo que se cree que salieron de la mano de más de un artista. Entre ellas se incluyen cardenales, obispos, canónigos, monjes y laicos en parejas complementarias. Van vestidos a la moda de su época y sus ropajes trabajados con un gran realismo. El material empleado es alabastro procedente de las canteras de Sástago.[22]
Identificación de los personajes
En ocasiones se ha considerado que representan a personajes contemporáneos, pero autores como Clara Fernández-Ladreda Aguadé lo considera improbable[6] mientras que para otros autores, como José María Jimeno Jurío, algunas de las figuras son claramente identificables como la del cardenal Martín de Zalba y su sobrino el cardenal Miguel de Zalba y posiblemente, por sus rasgos físicos, otra sea el obispo Sancho Sánchez de Oteiza.[23][15]

Panteón real
A la cabecera del conjunto funerario, sobre el suelo de la nave central de la catedral, se presenta una amplia losa donde se relacionan los nombre de varios monarcas y sus consortes así como algunos hijos de ellos o sus esposas. Por noticias registradas, además de infantes, infantas y princesas, la relación de reyes de Navarra enterrados a los pies de Santa María la Real de Pamplona desde el siglo XII. Las figuras reales aquí enterradas son en orden de fallecimiento:[24]
- García IV Ramírez, el Restaurador († 21 de noviembre de 1150).[25]
- Sancho VI de Navarra, el Sabio († 27 de junio de 1194).[26]
- Teobaldo I de Navarra, el Trovador († 9 de julio de 1253).[26]
- Enrique I de Navarra, el Gordo († 22 de julio de 1274).[27]
- Felipe III de Navarra, o Evreux († 26 de septiembre de 1343). Rey consorte, esposo de Juana II de Navarra, reina privativa.[27]
- Carlos II de Navarra, el Malo († 1 de enero de 1387). Solo su cuerpo, su corazón en Ujué y sus vísceras en Roncesvalles.[28]
- Leonor de Castilla, o Trastámara († 27 de febrero de 1415). Reina consorte, esposa de Carlos III de Navarra, rey privativo.[25]
- Carlos III de Navarra, el Noble († 8 de septiembre de 1425).[27]
La princesa consorte de Viana, Inés de Cleves, esposa del príncipe Carlos de Viana y fallecida el 6 de abril de 1448, también reposa aquí.[25] O como, por ejemplo, Lancelot de Navarra.[25]
El mausoleo de Carlos III es el único enterramiento regio conservado. Durante la Guerra de la Navarrería (1276) fueron destruidos los sarcófagos de los cuatro primeros de esta lista, mientras que los dos siguientes, Felipe III y Carlos II, desaparecieron con el hundimiento parcial de la catedral románica en 1390 que afectó a la parte del coro donde reposaban.[24]
También la losa refleja algunos errores en los numerales regios al figurar García Ramírez con el VII, no con el IV, Sancho el Sabio con el VII y no con el VI; bien puede llevar a más de un observador a considerar que allí también está Sancho VII de Navarra cuando es bien conocido su reposo en la Real Colegiata de Santa María de Roncesvalles.

Epitafios
La tumba presenta dos epitafios en romance navarro tallados y dorados en escritura gótica sobre sendos doseletes. Textualmente dice:
Aqui iaze sepellido el de buena memoria Don Karlos IIII Rey de Nauarra et Duc de Nemoux descendient en recta lignea del emperador Sant Karlos Magno et de Sant Loys Rey de Francia. Et recobro en su tempo vna grant part de villas et castillos, de su regno que seyan en mano del rey de Castilla, et sus tierras de Francia que seyan empachadas por los reyes de Francia et de Anglaterra. Este en su tiempo, ennoblescio et exalco en dignidades et honnores a muchos ricos hombres, cauailleros et fijos dalgo naturales suyos. Et fezo muchos notables hedificios en su regno. Et fue muy piadoso et misericordioso. Et Regno Rey XXXVIII aynnos. Et fino lo VIII dia de septebre del aynno de mil cccc et XXVI.
El mensaje de Carlos III desborda su doselete y se extiende por toda la bordura superior de la losa sepulcral.[29] Menciona su descendencia directa de Carlomagno y San Luis. Por esta razón se titula como Karlos IIII al añadir en primer lugar al emperador franco. La evidencia de que no se trata de un error lo corrobora el epitafio de la reina donde, de nuevo, figura como Karlos IIII.
Al tiempo que ensalza la recuperación de «gran parte de los burgos y castillos de su reino que estaban en manos del rey de Castilla», la recuperación de su patrimonio en Francia, que había sido confiscado, sus proyectos de construcción y cómo «ennobleció y exaltó a [muchos] que eran sus súbditos».[30]
El epitafio de la reina es mucho más breve. Dice literlamente así:
Aquí iaze sepellida la reyna Dona Leonor infanta de Castilla muger del rey Don Karlos IIII qui Dios, perdone la qual fue muy buena reyna sabia et deuota et fino V° dia de março del ayno de mil cccc et XVI et rogat dios por su alma
En este caso se la describe como «una reina muy buena, sabia y devota».[31]
En ambos casos las fechas de fallecimiento inscritas para el rey y la reina actualmente se las considera erróneas ya que la documentación conservada despeja dudas sobre sendas datas: en el caso del rey el error tan solo se refiere al año al indicar 1426 en la piedra cuando fue en 1425; en el caso de la reina es más notoria ya que está documentalmente demostrado que falleció el 27 de febrero de 1415 y no el 5 de marzo de 1416. Ambos errores han dado pie a considerar que se tratan de añadidos posteriores a la tumba.[32]
Construcción y autoría
El diseño de la tumba se inspiró en la tumba de Carlos V de Francia y Juana de Borbón, diseñada por André Beauneveu y Jean de Liège, y en la tumba de Felipe II de Borgoña, el Temerario, duque de Borgoña, diseñada por Claus Sluter.
- Obras de referencia
- Tumba del rey Carlos V de Francia y su esposa Juana de Borbón en la Basílica de Saint-Denis (París).
- Tumba de Felipe II de Borgoña en el Palacio de los duques de Borgoña (Dijon). Este monumento sufrió una remodelación posterior escasamente fiel a la original.

Entre las peculiaridades que rodean la construcción de este mausoleo están las noticias de que el alabastro empleado procedía de las canteras de Sástago[22] o de que el monarca, antes de la realización de las obras, envío a maestros artesanos cercanos a diferentes puntos geográficos a fin de estudiar ejemplos que sirvieran de fuente de inspiración.[33] También puede resultar sorprendente que inicialmente la obra se ejecutara en Olite, en los talleres montados en el palacio real, y trasladada posteriormente a Pamplona.[34] Este traslado se verificó en varias etapas desde enero de 1419 hasta julio ya que a partir de agosto desaparecen «los mazoneros franceses en los roldes de personal que trabaja en las obras reales de la villa.»[35] A la hora de asignar un nombre de autor con el conjunto automáticamente surge el de Jehan de Lome de Tournai y su taller. Es la vinculación habitual desde que en 1908 Émile Bertaux realizara una primera valoración del monumento[36] ante la sorpresa de que —decía— «no hubiera atraído la atención ni siquiera de los viajeros más eruditos, que sólo lo mencionan de pasada, como un recuerdo histórico casi indiferente a los ojos de un arqueólogo o un artista». Por el arqueólogo hablaba de Jean-Auguste Brutails, que había visitado y vivido en la ciudad durante un tiempo, y por el artista se refería a Marcel Dieulafoy que también lo visitó, al parecer.[37] Este trabajo utilizó toda la documentación conocida hasta entonces asentando unas conclusiones que perduraron hasta la aparición de nueva documentación.

Jehan de Lome firma diferentes documentos y registros de cobro de sus emolumentos con diferentes coletillas: mazonero, tallador de imágenes o imaginero e, incluso, en una ocasión se le titula «maestro de la sepultura del Rey», atribución única que no se registra con ninguno de sus colaboradores.[38]
Se conocen los nombres de siete personas que trabajaron en la tumba bajo la dirección de Jehan de Lome. Muchos de ellos aparecen descritos en documentos como "franceses". Dos de ellos, Michel y Collin, eran de Reims. Michel de Reims, pintor, llegó a Navarra con Lomé en 1411. Él y Anequín de Sora fueron sus colaboradores más importantes. Los otros fueron Viçent Hugart, Johan de Lille de Flandes, Johan de La Garnie de Picardía y Juan de Borgoña.[2][39]
Ubicación y conservación
La actual ubicación del monumento es reciente. El mismo autor francés, Émile Bertaux, nos informaba sobre una de ellas:
En 1902, la tumba real se trasladó a una sala contigua al encantador claustro del siglo XIV, que comunica con el antiguo refectorio de los canónigos. Esta sala, cuyo tejado de piedra se alza como una pirámide hueca y está rematada exteriormente por una chimenea, no es otra cosa que una cocina monumental. Ha proporcionado a la tumba un asilo digno, donde yace expuesta en medio del pavimento y sin rejas, bajo la luz del mediodía que entra por una ventana alta. Pero muy pocos turistas tienen acceso a esta habitación oculta.Émile Bertaux, 1908[7]
El archivero de la catedral, José Goñi Gaztambide, nos aportaba en 1969 otro dato de una ubicación anterior a la de 1902:
El 4 de agosto de 1755 se abrió por vez primera el sepulcro de Carlos III. Entonces se encontraba en el centro del coro de la catedral de Pamplona, aproximadamente en medio de la nave mayor. A pesar de que estaba protegido por una verja de hierro, los infantes habían causado en él serios desperfectos. Unas piezas de alabastro estaban rotas, otras fuera de su sitio y algunas faltaban. Además todas se habían oscurecido con la pátina del tiempo.José Goñi Gaztambide, Pregón, 1969[40]
Esta es, por tanto, la ubicación original cuando se instaló el mausoleo. En esas tareas de reparación y limpieza acometidas en 1755 se «descubrió la parte interna del monumento, se practicó una exploración bajo el sepulcro que permitió localizar la cripta de enterramiento, abovedada, cuya entrada original estaba obstruida por la escalera del coro. Se dibujaron los planos de la misma y se cerró.»[41]
Por ello es importante tener presente que la disposición actual de los plorantes en la base del monumento es diferente a la original, debido a los traslados a los diferentes emplazamientos que ha tenido el sepulcro, aunque por una cita antigua en la que describe su posición, advertimos que las figuras van emparejadas y que ambas, se muestran de forma contrapuesta en cuanto a su postura, lo que abundaría en esa idea de parejas, cerrando en sí mismas la composición. Por ejemplo, los dos cardenales ahora dispuestos separadamente en la esquina noroccidental, «estuvieron primitivamente juntas, seguidas de los dos obispos y dos canónigos». En una observación más detenida en el caso de las figuras cardenalicias se nota la curvatura simétrica que trazan sendos cuerpos de modo contrapuesto.[42]
Iconografía funeraria: el monumento exento bajomedieval

Esta tipología funeraria adquiere preeminencia durante la segunda mitad del siglo XIII aunque cuenta con un claro precedente en los sarcófagos paleocristianos que mostraban una rica profusión de relieves. Pero, a diferencia de estos antecedentes que eran tallados en los frontales, en los anversos al estar adosados a un muro por la contraria, los monumentos funerarios bajomedievales ganan espacio arquitectónico e, incluso, centralizan su localización al mismo tiempo que «en el gótico la disposición del relieve se prolonga por la totalidad de la pieza, dado que están concebidos para ser rodeados, en el centro de un espacio».[43]
Otra característica que adquiere relevancia es la disposición de estos monumentos exentos en zonas preferenciales de los templos (capillas, iglesias o catedrales) donde se instalan orientándose hacia el presbiterio o hacia el altar según los casos alineándose también de esta manera a la tradición paleocristiana de orientar la cabecera hacia el punto de nacimiento del sol identificando así la idea de Cristo con el amanecer de una nueva luz.[44]
Véase también
Notas
- Las primeras referencias documentales al uso de este término, Iruña, se registran precisamente en esta época, en el entorno episcopal, en utiliza tal denominación quizá para distinguirse de la institución regia, reino de Pamplona, y de la propia localidad, Pamplona, en rigor tres poblaciones independientes administrativamente, aunque recibieran en conjunto el mismo nombre. Véase en Larrambebere Zabala, Miguel (1994). «"Pamplona" e "Iruña" (siglos XI y XII)». Actas del III Congreso General de Historia de Navarra. Consultado el 11 de octubre de 2025. Y también en Larrambebere Zabala, Miguel (2019). «Variantes del topónimo Iruña (siglos XI y XII)». Fontes linguae vasconum (Institución Príncipe de Viana) (127): 217-228. ISSN 0046-435X. Consultado el 11 de octubre de 2025.
- Según la Tabla de Pamplona, el codo de tierra era unos 50,8 cm. Por lo que el monarca estaba hablando de pagar 2 sueldo por cada 6 m de fachada. Véase en Galbete Guerendiáin, Vicente (1953). «Algunas medidas empleadas en el antiguo Reino de Navarra». Príncipe de Viana 14 (52): 395-400. ISSN 0032-8472. Consultado el 10 de octubre de 2025.
- Hasta su coronación canónica en 1946 no asume este título de Real. Hasta entonces lo propio es simplemente Santa María. Véase en Goñi Gaztambide et al., 1994, p. 31
- Se adopta la estructuración realizada en la obra de conjunto El arte gótico en Navarra antes mencionada, editada por el Gobierno de Navarra en 2015 a través de la Institución Príncipe de Viana en la serie ARTE nº 44
- Aunque la prof. Fernández-Ladreda quizá más prudentemente se limita de enmarcarlo en los reinados de Carlos III (1387-1425) y Blanca (1425-1441), el prof. Martínez de Aguirre más decididamente apunta al «triunfo del arte "de los príncipes" en las décadas próximas al 1400» por el decidido y singular impulso personal de Carlos III el Noble que prosiguió su hija Blanca. Véase en la bibliografía antes citada y especialmente en Martínez de Aguirre et al., 1987, p. 31 su oportuna y necesaria afirmación hecha en 1987 sobre este aspecto: «Resulta difícil precisar en un concepto la relación que existe entre los monarcas y las obras de arte por ellos encargadas en la Navarra bajomedieval. La terminología artística en castellano no ofrece un término adecuado a las circunstancias concretas del momento.»
- Véase en Fernández-Ladreda, El gótico navarro en el contexto hispánico y europeo, 2008, pág. 107
- El manto tipo socq o soccus era un prenda derivada de la clámide que se mostraba hendida por el frente y los costados, abrochado sobre el hombro. Se empleaba en ceremonias y consagraciones reales especialmente en Francia. Véase en Boucher, Francois (2009). Historia del traje en occidente : desde los orígenes hasta la actualidad. Barcelona: Gustavo Gili. p. 159. ISBN 978-84-2522-337-2.
- Según Merche Osés, el ritual de la coronación recoje la indumentaria real empleada durante la misma: «una hopalanda de escarlata rosada de Bruselas y un manto de escarlata bermeja forrado de armiño, por dentro y por fuera.» Véase en Osés Urricelqui, Merche (octubre de 2025). «Coronación del rey Calos III de Navarra en 1390». Pregón Siglo XXI (77): 70-74. ISSN 1696-1161.