Museo Nacional de Bellas Artes (Cuba)

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El Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA) es un museo público[3] situado en el centro histórico de La Habana (Cuba). Subordinado al Ministerio de Cultura,[4] ocupa dos edificios en las cercanías del Paseo del Prado: el Palacio de Bellas Artes, destinado al arte cubano y el Palacio del Centro Asturiano, que alberga las colecciones de arte universal.[5] Un tercer edificio, el antiguo Cuartel de Milicias, se destina a funciones administrativas.[6]

Datos rápidos Museo Nacional de Bellas Artes, Ubicación ...
Museo Nacional
de Bellas Artes
 Patrimonio de la Humanidad (incluido en el ámbito de «Ciudad vieja de La Habana y su sistema de fortificaciones») (1982)[1]

Entrada principal del Palacio de Bellas Artes sobre la calle Trocadero.
Ubicación
País Cuba Cuba
 Provincia La Habana
 Localidad La Habana Vieja
Coordenadas 23°08′25″N 82°21′26″O
Características
Tipo Museo de arte y Museo nacional
Creación 23 de febrero de 1913
Inauguración 28 de abril de 1913 (113 años)
Colecciones
  • N.º de obras: 45 000
  • Superficie: 33 000 [nota 1]
Administración y visita
Director Jorge Fernández Torres [2]
Horario 09-17h (miércoles a sábado)
09-14h (domingos)
Mapas y planos
Sitio web oficial
Cerrar

Inaugurado el 28 de abril de 1913 como Museo Nacional de la República, funcionó hasta mediados del siglo XX como un museo enciclopédico.[7][8] Tras la Revolución cubana de 1959 pasó a especializarse como institución dedicada a la historia del arte.[9] Inicialmente su sede estaba próxima al actual Hospital Hermanos Ameijeiras, en el municipio de Centro Habana, cerca del antiguo Frontón.[10]

Su patrimonio artístico, compuesto por más de 45 000 piezas,[11] es considerado uno de los más importantes de la región.[12][5] Conjuntamente con la mayor colección de arte cubano del mundo,[13][14] conserva piezas de las más importantes escuelas europeas. También mantiene importantes colecciones de arte antiguo procedentes de Grecia, Roma y Egipto.[5][15]

La institución cuenta con un teatro y un extenso programa cultural, que incluye exposiciones temporales, conciertos y tertulias. También alberga el Centro de Información Antonio Rodríguez Morey, referencia nacional para las artes visuales, además de una biblioteca con más de 120 000 volúmenes.[16][17]

Historia

Antecedentes

Después de la independencia de España en 1898 y la proclamación de la República en 1902, Cuba inició un proceso de formación de la conciencia nacional orientado a definir un modelo de nación y consolidar la identidad cultural. Este período estuvo marcado por transformaciones políticas, sociales y culturales, en un contexto influido por la presencia de los Estados Unidos en la isla tras la aprobación de la Enmienda Platt.[9][18]

Como resultado de este proceso, que cobró fuerza en los primeros años del siglo XX, se crearon instituciones como la Academia de Historia de Cuba y la Academia Nacional de Artes y Letras. Insipiradas en las instituciones culturales de las antiguas potencias coloniales europeas, estas procuraban impulsar nuevas perspectivas para el desarrollo de la joven nación. En este contexto, se se consideró indispensable la creación de un museo nacional de carácter enciclopédico, concebido siguiendo el modelo de museo público establecido tras la Revolución francesa, con el propósito de preservar la memoria histórica del país y contribuir a la formación cultural de la sociedad.[9][19]

Fundación y primeros años

Inauguración del Museo Nacional (1913).

El presidente José Miguel Gómez y Mario García Kohly, secretario de Instrucción Pública y Bellas Artes, fundaron la institución con el nombre de Museo Nacional de la República mediante un decreto presidencial del 23 de febrero de 1913.[7] Concebido como un museo enciclopédico, inspirado parcialmente en el concepto de «gabinete de curiosidades», que tenía como objetivo la difusión del conocimiento, el Museo Nacional se dedicó a conservar los objetos que correspondientes a diferentes disciplinas, con secciones como arqueología, antropología, piedras, bellas artes, historia natural, archivo, biblioteca y mueblería.[20] El arquitecto Emilio Heredia, primer director del museo, fue responsable de aprobar las donaciones, de establecer los criterios de organización y de exposición del acervo cultural.[8][9]

La sección de Bellas Artes (que también incluía numismática y joyería antigua) contó con un núcleo de pinturas y esculturas de Cuba, Latinoamérica y Europa, parte de la cual provenía de la galería de la Academia Nacional de Bellas Artes San Alejandro. Dicha galería había sido creada a mediados de siglo XIX, tras la adquisición de un lote en Europa por Pedro de Alcántara (marqués de Jabalquinto) en 1841 para servir como modelo a los estudiantes de la academia.[9]

Durante su primera década de existencia el museo recibió donaciones de particulares, iglesias, conventos e instituciones civiles. Artistas contemporáneos entre los que se encuentran: Antonio Rodríguez Morey, Leopoldo Romañach y Aurelio Merelo, cedieron muchas de sus pinturas. En 1917 el museo se vio obligado a trasladarse desde el Mercado de Colón hacia la Quinta de Toca (Avenida Carlos III), lo cual provocó enormes gastos y posteriormente el cierre del establecimiento hasta el 20 de mayo de 1919.[7] En 1919 la institución participó en una subasta de obras de arte en Europa, mediante la que adquirió un conjunto de sesenta copias de cuadros famosos del Museo del Prado, así como algunas piezas originales de artistas españoles.[9]

Especialización y consolidación

En 1918, el artista plástico y restaurador Antonio Rodríguez Morey se hizo cargo de la dirección del Museo Nacional.[20] Su larga administración (que duró hasta 1967, año de su muerte) desempeñó un papel fundamental para la especialización de la institución como un museo de bellas artes y en la obtención de reconocimiento internacional.[7] En 1921, Morey propuso la transferencia de la colección de historia natural a otro edificio, con el objetivo de hacer espacio para la exhibición de piezas históricas y artísticas.[21]

El Mercado de Colón en 1928.

En 1924, los propietarios vendieron el edificio que servía de sede principal al museo a los hermanos de La Salle y la institución se trasladó nuevamente, esta vez hacia la Casa Aguiar, donde permaneció durante tres décadas hasta la construcción de su sede permanente. Los arquitectos Evelio Govantes y Félix Cabarrocas diseñaron el primer proyecto para la nueva sede en 1925. El proyecto incluyó la adecuación y recuperación del antiguo Mercado de Colón (construido entre 1882 y 1884) y se inició más de dos décadas después. Sin embargo, en 1947 fue abandonado debido a la falta de recursos.[19][22]

Desde el punto de vista museológico, Morey buscó renovar los criterios para la adquisición de las obras de arte, privilegiando piezas originales en detrimento de copias o reproducciones, contribuyendo significativamente al aumento de la calidad de las colecciones.[9] En 1924 se adquirieron con fondos públicos, algunas pinturas de la colección del distribuidor italiano Salvador Buffard. Al año siguiente, también con subvención estatal, se compró una gran cantidad de pinturas cubanas y europeas.[22] El Salón Anual de Bellas Artes, a través del premio de adquisición, se convertiría en otro espacio importante en la configuración de la colección del museo y fue responsable de incorporar a la colección obras de vital importancia para la historia del arte cubano.[9]

Morey también amplió las adquisiciones de dibujos, grabados, esculturas y artefactos arqueológicos precolombinos. En 1927 la Academia de San Alejandro, concede a manera de empréstito, un segundo conjunto de pinturas que posteriormente pasarían a formar parte del fondo del museo. La colección de etnografía fue ampliada gracias a la transferencia de un grupo de objetos religiosos africanos procedentes de un tribunal en Marianao.[22] En 1936 fueron donadas al museo un grupo de piezas de elaboración indígena provenientes de antiguas aldeas taínas de Camagüey y Pinar del Río, ese mismo año varios profesores de la academia nacional donan algunas de sus piezas.[9]

En las décadas de 1930 y 1940, Morey obtuvo el apoyo de destacados intelectuales cubanos en su propósito de fortalecer el prestigio de la institución y sensibilizar a la sociedad y al gobierno sobre la necesidad de proporcionar condiciones adecuadas para el funcionamiento del museo. Los historiadores Emilio Roig de Leuchsenring y Luis de Soto y Sagarra y el arquitecto Luis Bay Sevilla publicaron una serie de artículos en la prensa en los que se denunciaba la situación de «abandono del Museo Nacional» y destacaron la importancia de su patrimonio. El traslado de las exposiciones y de las obras del museo a otras instituciones en La Habana, debido a la escasez de servicios, contribuyó a resaltar al público la necesidad de una nueva sede más amplia. Para coordinar el traslado se organizó en noviembre de 1946, el Patronato Pro-Museo Nacional, que reunió a representantes de diferentes instituciones culturales cubanas.[9]

El patronato desarrolló un intenso programa de actividades para promover el museo, incluyendo la movilización de la prensa y la radio, los intelectuales, académicos y artistas, y la organización de conferencias y exposiciones en las que se distribuyeron materiales informativos, instando al público a exigir mejores condiciones para la institución. La iniciativa adquirió proyección internacional, y la nueva sociedad trató de establecer acuerdos con instituciones similares de Estados Unidos, Francia y España. El museo fue incorporado al Consejo Internacional de Museos (ICOM). Debido a la escasez de técnicos de museología en el país, el patronato pagó varias becas en el extranjero.[9]

Nueva sede

Frente a la presión de la intelectualidad y sectores académicos, el gobierno finalmente aceptó la idea de construir una sede propia para el museo nacional. Se decidió construir una nueva sede denominada Palacio de Bellas Artes, en el sitio donde se ubicaba el antiguo Mercado de Colón, que había sido demolido bajo el gobierno de Carlos Prío.[22]

El Palacio de Bellas Artes en 1954, año de su inauguración.

El proyecto del edificio de estilo racionalista estuvo a cargo del ingeniero Alfonso Rodríguez Pichardo. El diseño contaba con amplios espacios libres, que serían susceptibles de modificaciones para acoger diferentes exposiciones. El diseño siguió los códigos internacionales de la arquitectura moderna, y mezcló elementos de la tradición colonial cubana, lo que se reflejó en un patio central y en el uso de piedra de Jaimanitas en la fachada.[19] Varios artistas fueron invitados a realizar trabajos específicos para la construcción, como Ernesto Navarro, Rita Longa y Mateo Torriente. La construcción comenzó en 1952 y finalizó casi dos años después. El Palacio de Bellas Artes fue inaugurado el 18 de junio de 1954, como sede de la II Bienal Hispanoamericana de Arte.[22]

El Patronato fue responsable de elaborar las directrices generales para la reapertura del museo.[9][23] Un decreto-ley emitido en febrero de 1954 concedió al Patronato (luego rebautizado como Patronato de Bellas Artes y Museos Nacionales) autoridad legal para las organizar instituciones museológicas cubanas, gestionar las colecciones históricas y artísticas, establecer los criterios para la aceptación de donaciones y la organización de las exposiciones y otros eventos culturales. Un consejo asesor ayudó a la Administración en la gestión de la institución.[9]

La reinauguración del museo motivó nuevas donaciones y depósitos durante toda la década de 1950. Donaron obras para la institución la arquidiócesis de La Habana, la Casa de Beneficencia y diversos coleccionistas particulares como María Ruiz de Olivares (marquesa de Pinar del Río), Julio Lobo, Oscar Cintas, José Gómez Mena y Tomás Felipe Camacho, entre otros. Una de las más importantes donaciones hechas al museo fue la de antigüedades egipcias, etruscas y greco-latinas realizada por Joaquín Gumá (conde de Lagunillas), que continúa siendo hoy uno de sus núcleos más valiosos.[9][24]

Vista actual del Palacio de Bellas Artes.

Los curadores del museo montaron las exposiciones permanentes de arte nacional e internacional con la colaboración de Allan MacNab, director del Fours Arts Gallery de Palm Beach, Florida, siguiendo criterios cronológicos y geográficos. El nuevo espacio posibilitó mostrar al público un número mayor de piezas que hasta entonces permanecían almacenadas, entre ellas destacan colecciones de artes decorativas y de la etnología africana de Cuba. La organización del espacio dedicado a piezas históricas estuvo a cargo de José Manuel Pérez Cabrera y Francisco Pérez de la Riva. El campo de la antropología se confió a Fernando Ortiz y Lydia Cabrera.[9]

Esta nueva sede además, en un primer momento, albergó al Instituto Nacional de Cultura, órgano del Ministerio de Educación, que se convertiría en responsable de conferir el dinamismo adecuado, organizando conferencias, recitales y exposiciones. El instituto también creó la Sala Permanente de Arqueología Antillana, donde estaban expuestos objetos de las culturas aborígenes y algunos relacionados con el cacique Guamá.[9]

La revolución y el museo

Con la Revolución cubana de enero de 1959, el museo sufrió profundas modificaciones, en consonancia con los cambios institucionales y culturales del país. Como depositario de las colecciones privadas incautadas por el nuevo gobierno, la institución experimentó un crecimiento significativo de sus colecciones, lo que dificultó albergar todas las piezas. Las autoridades culturales decidieron por tanto mantener en el museo únicamente las colecciones de las bellas artes, mientras que el resto se distribuyó en otras sedes conforme a sus especialidades. Varios museos fueron creados para conservar todas las piezas, tales como el Museo Napoleónico, el Museo de Artes Decorativas, el Museo de Arte Colonial, entre otros.[9]

La Dolce Dimora, residencia de Orestes Ferrara y ejemplo de arquitectura neorrenacentista florentina, fue nacionalizada tras la revolución y destinada a sede del Museo Napoleónico, creado para albergar colecciones vinculadas a la figura de Napoleón y el Primer Imperio francés.[25]

Valiosas colecciones de arte —compradas por coleccionistas privados en galerías comerciales de Europa y, especialmente, de Estados Unidos— de Julio Lobo, Oscar Cintas, José Gómez Mena, Tomás Felipe Camacho, María Dolores Machín, Evelio Govantes e Ignacio Ponce de León, entre muchos otros, pasaron en su totalidad o en parte al acervo de la institución, que pasaría a denominarse Museo Nacional de Bellas Artes. Todos los núcleos del museo se beneficiaron de esta coyuntura histórica, registrando un aumento significativo en las colecciones de arte europeo, americano y asiático. El núcleo del arte nacional, a su vez, fue capaz de ofrecer una amplia visión histórica del arte del país.[7]

A excepción del período 1968-1975, cuando una restructuración museológica cambió el criterio de exposición de las obras, la sección de arte universal seguiría expuesta en orden cronológico y subdividida geográficamente, centrándose mayormente en las escuelas europeas: España, Italia, Francia, Flandes, Países Bajos, Alemania e Inglaterra.[17] Los objetos arqueológicos fueron recogidos en las Salas de arte antiguo Conde de Lagunillas, cuyo montaje fue realizado por el escultor Eugenio Rodríguez el cual había diseñado las vitrinas y las bases para las piezas y realizó una réplica de una mastaba para servir como entrada a los locales. Las colecciones nacionales fueron agrupadas en las Galerías permanentes de arte cubano.[9]

Entre 1966 y 1967, el museo comenzó un proceso de catalogación e inventario de las colecciones. En las décadas posteriores, la renovación de los espacios de exposición tuvo como finalidad satisfacer la necesidad de ampliar la gama de obras expuestas.[19] En la década de 1970, entre los principales eventos con sede en el museo, nacionales e internacionales, destacaron el Salón 70, la Exposición Nacional de Jóvenes Artistas, la Bienal de La Habana, los Tesoros del Kremlin y el Retrato de México. En 1980, la falta de espacio se convirtió en un obstáculo para el aumento de las colecciones y los sistemas de seguridad y de aire acondicionado se vieron dañados.[22]

En la década de 1990, el museo buscó renovar los intercambios con otras instituciones similares, procurando adecuar al museo a los criterios internacionales de la práctica museológica. Para esto fueron realizados nuevos inventarios y se estudiaron nuevas formas de control y de capacitación de los trabajadores.[9][26]

Restauración capital y donaciones

La restructuración más importante realizada a la institución en su historia reciente ocurrió en 1996, cuando con el propósito de ampliar el espacio expositivo, la presidencia del Consejo de Estado, decidió conceder a la institución el uso de dos nuevos edificios. Quedó así el Palacio de Bellas Artes como sede exclusiva del arte nacional.[26] Las colecciones internacionales fueron transferidas al Palacio del Centro Asturiano, que se encuentra a pocos metros del otro edificio.[9][11] Un tercer edificio, el Cuartel de Milicias, se dedicó a las actividades administrativas y logísticas.[27]

Los museógrafos Jorge Candelaria y José Linares diseñaron e implementaron los cambios. Lo que permitió que el museo pudiera ampliar en un 50 % el número de obras expuestas de forma permanente, para mostrar por primera vez sus colecciones de arte americano y arte asiático.[10][23] Las obras de restauración duraron cinco años y tuvieron un costo de 14,5 millones de dólares.[5] La inauguración de los nuevos espacios del museo tuvo lugar el 18 de julio de 2001, con la presencia de Fidel Castro.[19][23]

En 2010 el filántropo estadounidense Gilbert Brownstone, de la Fundación Brownstone, donó al museo más de 120 obras de Picasso, Miró, Andy Warhol, Marcel Duchamp, André Masson, Camille Pissarro, Edouard Vuillard y Roy Lichtenstein, dándole a la institución relevancia mundial.[28][29]

Los edificios

Palacio de Bellas Artes

Patio interior del Palacio de Bellas Artes, influencia de la arquitectura colonial.
Patio interior del Palacio de Bellas Artes, influencia de la arquitectura colonial.

Diseñado por el arquitecto Alfonso Rodríguez Pichardo a principios de 1950 para albergar el Museo Nacional, el Palacio de Bellas Artes fue inaugurado el 18 de junio de 1954. Cuenta con 18 083 m² de área construida,[26] y 7538 m² dedicados a exposiciones permanentes y temporales.[30][31] El edificio sigue los principios de la arquitectura racionalista con plantas libres y paneles móviles, permitiendo la adecuación del espacio expositivo. Conserva, sin embargo, varios elementos de la tradición de la arquitectura colonial cubana, tales como la presencia de un patio central —donde están expuestas esculturas de la colección permanente—, altos puntales y el uso de piedras en la fachada.[26]

Sala de exposiciones con obras de arte cubano.

Además de proporcionar suficiente espacio expositivo y flexibilidad para las actividades museográficas, en el diseño del edificio se muestra preocupación por la integración entre la arquitectura y la escultura. Para la parte superior del patio central, el escultor Ernesto Navarro ejecutó relieves tallados en piedra. En interiores y exteriores, esculturas monumentales fueron colocadas, de artistas como Rita Longa (Forma, Espacio y Luz), Mateo Torriente, Juan José Sicre, Eugenio Rodríguez, y un gran mural de Enrique Caravia.[22][26]

En 2001, después de la amplia reforma de los espacios internos, coordinada por Jorge Candelaria y José Linares, el museo reabrió el Palacio de Bellas Artes al público. El edificio que alberga la colección de arte cubano en el Museo Nacional mantiene cerca de 1200 piezas en exposición permanente. Está equipado con un teatro-auditorio, cafetería y tienda. También alberga el Centro de Documentación Antonio Rodríguez Morey.[22]

Palacio del Centro Asturiano

El arquitecto español Manuel del Busto diseñó el Palacio del Centro Asturiano, que abrió sus puertas en 1927.[32] La edificación fue construida como sede de la asociación del Centro Asturiano de La Habana, cuya anterior sede había sido destruida por un incendio en 1918. La asociación, fundada en 1886, se dedicaba a proporcionar ayuda mutua y asistencia a los miembros de la comunidad asturiana en Cuba.[33] La propuesta fue seleccionada por medio de un concurso del cual Busto salió ganador y la construcción comenzó en 1924.[34]

Exteriores del Palacio del Centro Asturiano.

De estilo ecléctico, el palacio es uno de los edificios más representativos de la arquitectura republicana en Cuba.[33] Destacó en su tiempo, tanto por las técnicas de construcción empleadas —en particular la estructura de acero, cubierta de piedras, tejas y losas de concreto— como por los materiales utilizados en el acabado: mármoles de Italia, España y Estados Unidos, carpintería de caobas cubanas, vidrieras importadas de Madrid, y lámparas decorativas en bronce, con cristal de Bohemia. Mariano Miguel dirigió la realización del gran vitral que decora la bóveda.[34]

Después de la Revolución cubana, el gobierno incautó la propiedad y la convirtió en sede de la Asociación de Amistad Cubano-Española. Luego fue el Palacio de Pioneros (centro de educación) y el Tribunal Supremo. Finalmente, desde 2001, sirve de sede a las colecciones de arte universal del Museo Nacional. El palacio tiene 15 054 m² de superficie, con 4873 m² para el área de exposición.[22][34]

Cuartel de Milicias

En 1764, Pedro de Medina supervisó la construcción del Cuartel de Milicias, siguiendo el diseño del ingeniero Silvestre Abarca y por iniciativa de la Corona española. El propósito de su construcción fue el de mejorar las defensas de la ciudad de La Habana.[35] De estilo barroco, el edificio presenta una planta trapezoidal, adaptada al trazado de las calles, con un patio central rodeado de galerías porticadas en ambas plantas. La construcción es de cantería, con dos pisos y azotea plana.[36] Fue modificado sustancialmente en los siglos siguientes y sirvió de sede a numerosas dependencias militares en Cuba. Después de la Revolución, fue sede de la Policía Nacional Revolucionaria.[27][37]

A mediados de la década de 1990 fue restaurado por completo, conservando algunos de los cambios realizados en 1946, cuando estaba dotado de un segundo piso. Se prestó atención a la restauración de su portal de estilo barroco de gran interés artístico. Inaugurado en 2001, con los otros dos edificios del Museo Nacional, desde entonces alberga los sectores administrativos y de logística de la institución.[8]

Colecciones

José Nicolás de Escalera, La Santísima Trinidad, siglo XVIII.

Creado inicialmente como museo enciclopédico, a lo largo del siglo XX se especializó gradualmente como una institución dedicada a las artes visuales. Su colección, formada a través de donaciones, legados y adquisiciones, se amplió sustancialmente con las expropiaciones llevadas a cabo por el gobierno después de la Revolución cubana, dando lugar a la incorporación de importantes colecciones privadas.[5][9] En la actualidad, la colección se compone de aproximadamente 47 600 piezas. De estas, 45 000 son parte del patrimonio artístico y otras 2600 están en los depósitos de la institución.[38]

El museo es el único en el país especializado en la historia del arte universal.[39] La institución mantiene una amplia colección de obras de arte cubano, y núcleos de menor tamaño de piezas de Estados Unidos y América Latina. También posee una importante colección de pinturas y esculturas de Europa, que abarca las principales escuelas del continente a lo largo de seis siglos. También resulta importante la colección de artefactos arqueológicos del Antiguo Egipto, la Antigua Grecia y la Antigua Roma, además de la colección de arte asiático.[8]

Arte cubano

Armando Menocal, Embarque de Colón por Bobadilla (1893).

El museo cuenta con la colección de arte cubano más completa del mundo,[8][14] que abarca desde el siglo XVI hasta la actualidad. Conserva más de 4300 pinturas, 12 800 diseños y grabados y 285 esculturas,[14] además de fotografías y ejemplares de artes gráficas. La colección está dividida en cuatro secciones bien definidas, arte colonial, inicios del siglo XX, arte moderno y arte contemporáneo.[14][40]

Del período colonial, se conservan obras de artistas extranjeros que radicaban en la isla, como el francés Jean-Baptiste Vermay, y el estadounidense Eliab Metcalf entre otros. Además muestra la consolidación de una escuela de artes cubana, con obras como La Santísima Trinidad de José Nicolás de Escalera, Retrato de Justa Allo y Bermúdez de Vicente Escobar, Corte de caña de Víctor Patricio Landaluze y La siesta de Guillermo Collazo, entre otros.[41] El academicismo cubano, el costumbrismo y otras tendencias pictóricas de finales siglo XIX e inicios del XX, están representadas por autores como Armando Menocal (Salida de Colón por Bobadilla), Leopoldo Romañach (Marina) y Rafael Blanco Estera (El drama de Zacatecas). Dentro de este período, también conocido como "Cambio de Siglo", sobresalen pintores como Federico Beltrán Masses, luego establecido en España, Enrique Caravia Montenegro, Enrique García Cabrera, y pueden verse trabajos de juventud de los artistas cubanos que destacarian después como los pintores de la Vanguardia plástica nacional.[42][43]

Leopoldo Romañach, La niña de las cañas, siglo XX.

Se destaca el paisajismo romántico con las obras de los hermanos Chartrand Dubois (Esteban Chartrand, Felipe Chartrand y Augusto Chartrand), así como el pintor de origen belga Henry Cleenerwerk, y el paisaje realista con la obra del artista de origen canario Valentín Sanz Carta.[11][41][42]

Las vanguardias artísticas de la primera mitad del siglo XX y las series de los grandes maestros cubanos, como Fidelio Ponce, Amelia Peláez, Víctor Manuel, Jorge Arche, Carlos Enríquez, Mario Carreño Morales, Juan Roberto Diago Querol, Juan José Sicre y Wifredo Lam entre otros; están también representadas.[11][42][44]

El sector del arte contemporáneo engloba obras de artistas residentes en Cuba o en el exterior. En el contexto postrevolucionario, tienen una presencia destacada el hiperrealismo y el simbolismo. Están representados, entre otros, Hugo Consuegra, Guido Llinás, Servando Cabrera Moreno, José Ángel Acosta León, Manuel Rodulfo Tardo, Antonia Eiriz, Raúl Martínez, Adigio Benítez Gimeno, Manuel Mendive, Ever Fonseca, Aldo Menéndez, Roberto Fabelo, Tomás Sánchez, Nelson Domínguez, Zaida del Río, Belkis Ayón, Kcho y José Bedia.[11][42][45]

Arte de América y Europa

La colección de arte occidental del Museo Nacional de Bellas Artes es una de las más grandes del Caribe y América Latina.[23][46] Se compone de más de 1600 pinturas, 126 esculturas y 8000 dibujos y grabados,[16][47] que abarcan el período comprendido entre la Edad Media y el siglo XX. Las obras se muestran siguiendo criterios de orden cronológico y geográfico. Se presentan en orden de importancia cuantitativa, de las escuelas española, italiana, francesa, flamenca, neerlandesa, inglesa y alemana, junto con ejemplos aislados de otras escuelas de arte europeas. También mantiene colecciones menores del arte latinoamericano y de los Estados Unidos.[47]

América Latina

San José y el Niño, Escuela Novohispana, siglo XVIII.

La producción de la América colonial está representada por un grupo de pinturas anónimas del barroco americano, del boricua José Campeche y de otros artistas de América Central y del Sur.[48] Del siglo XX, incliuye obras de los modernistas mexicanos David Alfaro Siqueiros, Diego Rivera y José Clemente Orozco,[49] el argentino Benito Quinquela Martín, el chileno Roberto Matta y el dominicano Jaime Colson, entre otros.

Estados Unidos

El arte estadounidense es reconocible en trabajos de los siglos XVIII y XIX: Gilbert Stuart, Charles Willson Peale, John Singer Sargent, James McNeill Whistler, Childe Hassam, Edward Lamson Henry, etc.[50]

Además, hay un pequeño núcleo de obras modernas y contemporáneas: Man Ray, Alexander Archipenko, Robert Rauschenberg, Claes Oldenburg y Andy Warhol.[42][50]

España

La Virgen de la Manzana, de Francisco de Zurbarán.

La colección de arte español del museo, integrada por más de 700 piezas, constituye la sección más numerosa de las colecciones de arte internacional y ha sido objeto de exposiciones y estudios especializados.[11][23][51][46]

Reúne obras comprendidas entre los siglos XV y XX, con una destacada representación de la pintura del Siglo de Oro español. Entre los artistas presentes figuran Luis Tristán (Martirio de San Andrés), José de Ribera (San Sebastián, San Juan Bautista y Santa Catalina de Alejandría), Francisco de Zurbarán (La Virgen de la Manzana), Bartolomé Esteban Murillo (Sagrada Familia) y Juan de Valdés Leal (San Juan Capistrano). Del siglo XVIII sobresale La Puerta del Sol en Madrid, de Luis Paret, considerada una de las obras más relevantes de este período dentro de la colección.[52]

El romanticismo, el academicismo decimonónico y las corrientes del cambio de siglo están representados por obras de Eugenio Lucas Velázquez, José de Madrazo, Federico de Madrazo, Raimundo de Madrazo y Garreta, Mariano Fortuny, Antonio María Esquivel (Retrato de Gertrudis Gómez de Avellaneda), Vicente López Portaña, Santiago Rusiñol, Ignacio Zuloaga, Juan Rodríguez Jiménez, Ramón Casas Carbó y Enrique Martínez Cubells, además de un amplio conjunto de pinturas de Joaquín Sorolla.[42][53] El arte español del siglo XX está representado por artistas como Pablo Picasso, Joan Miró, Emilio Grau Sala y Eduardo Arroyo.[29]

Italia

En la colección de arte italiano, están documentados, el Renacimiento, con Luca della Robbia y Vittore Carpaccio, mientras que el Manierismo presenta a Bronzino, Jacopo Bassano y Tintoretto. El segmento más sólido de la colección de arte proveniente de la península itálica lo compone el barroco con Adán y Eva de Annibale Carracci, Virgen con el Niño de Guido Reni, Triunfo de David de Guercino, José delante del Faraón por Mattia Preti y Abraham y los ángeles de Luca Giordano. La estética rococó está representada por los trabajos de Alessandro Magnasco, Michele Marieschi, Giovanni Battista Piazzetta, Francesco Zuccarelli y por las vedutas de Giovanni Paolo Pannini, Canaletto, Gaspar van Wittel o Gaspare Vanvitelli, y Francesco Guardi. En el siglo XIX, se destacan Giovanni Boldini, Pio Joris y Egisto Ferroni y en el último siglo, Amedeo Modigliani, Giorgio de Chirico y Valerio Adami.[42][54] La colección cuenta en sus fondos también con una muestra de los trabajos del grabador Piranesi.

Francia

El Crepúsculo, de William-Adolphe Bouguereau.

El arte francés expuesto en el museo abarca mayoritariamente el período entre el siglo XVII y el XIX.[55] Monsù Desiderio, Philippe de Champaigne y Charles Le Brun evidencian el barroco, mientras que Jean-Baptiste Pater (Scène Galante) el rococó. Tanto en las salas como en los fondos de la colección de arte francés es posible admirar la obra de pintores del siglo XVIII como Jean Simeón Chardin, Jean Pillement, Hubert Robert, Claude Joseph Vernet o Louis Michel van Loo. El neoclasicismo está presente en las obras de François-Xavier Fabre, Jean Baptiste Greuze y Jean-Auguste Dominique Ingres, o la escultura de Jean-Antoine Houdon, al mismo tiempo que, de la Escuela de Barbizon, están Camille Corot, Narcisso Virgilio Díaz de la Peña, Jean-François Millet, Charles-François Daubigny, Jules Breton y Gustave Courbet.[42][56]

Se destacan además Adolphe Monticelli, François Biard, Jehan Georges Vibert, William-Adolphe Bouguereau,[57] y Eugène Carrière.

En el arte del siglo XX, sobresalen artistas fauvistas como Maurice de Vlaminck y Raoul Dufy.[56]

Flandes, Países Bajos y Alemania

Fauno y muchacha, de Rubens.

El arte de Europa Central comprende mayoritariamente el siglo XVII, con algunos ejemplares del Renacimiento y el Manierismo: Hans Memling, Lucas Cranach, Ludger tom Ring el Joven. La misma escuela alemana ofrece al visitante ejemplos de la pintura neoclásica en el quehacer de Johann Heinrich Tischbein y del arte Biedermeier del siglo XIX en las pinturas de Adolf Eberle y Robert Beyschlag. Dentro del barroco flamenco se destacan Rubens, Jan Brueghel el Viejo, Cornelis de Vos, Jacob Jordaens, Antoon van Dyck, Jan Cossiers, Theodor van Thulden, David Teniers, el Joven y Erasmus Quellinus II. Dentro de los neerlandeses, sobresalen Willem Claeszoon Heda, Thomas de Keyser, Johannes Cornelisz. Verspronck, Aert van der Neer, Nicolaes Berchem, Barent Fabritius, Jan Steen, Jan Wijnants, Isaac van Duynen, Karel Dujardin, Nicolaes Claes Franzs Hals, Gerard de Lairesse, Frederick de Moucheron, Gérard van Honthorts y Willem van Mieris.[42][58][59]

Reino Unido

En la colección de arte británico sobresale la retratística inglesa de los siglos XVII y XVIII.[60] Con obras de Godfrey Kneller (Retrato de una dama), Joshua Reynolds (Retrato de Miss Frances Kemble), Thomas Gainsborough (Retrato de Jorge IV como Príncipe de Gales), George Romney (Retrato de Mrs. John Chaworth), John Hoppner (Retrato de Miss Sarah Gale) y Thomas Lawrence (Retrato de Mrs. Edward Foster), de Escocia encontramos a Allan Ramsay y Henry Raeburn. William Turner con (Paisaje antiguo con "staffarge") y John Constable son exponentes del Romanticismo. También se destacan Lawrence Alma Tadema, el paisajista Thomas Creswick y sir John Watson Gordon.[61]

Arte asiático

La colección de arte asiático está compuesta por aproximadamente 450 piezas procedentes de China, Japón, India y Vietnam, principalmente grabados y pinturas sobre seda y papel de arroz. Las obras reflejan la diversidad cultural, religiosa e histórica de la región, perceptible en los distintos conjuntos que integran la colección.[62]

Arte chino

El conjunto de arte chino reúne cerca de 200 piezas datadas entre el siglo XVI y el siglo XX, adquiridas entre 1912 y 2019. Predominan las pinturas, aunque también incluye bordados, litografías, serigrafías y xilografías.[63]

Las obras representan temas como retratos, escenas palaciegas, festividades tradicionales, figuras femeninas, guerra, religión —especialmente representaciones de Buda—, así como paisajes, flores y animales. El conjunto incluye ejemplos de técnicas tradicionales de la pintura china (guóhuà), entre ellas gongbi, caracterizada por el detalle y el uso del color, y shui-mo, basada en el uso monocromático de tinta.

Arte japonés

Grabado japonés de Hasegawa Munehiro, ca.1860.

La colección de arte japonés está compuesta por aproximadamente un centenar de obras, en su mayoría estampas ukiyo-e, adquiridas entre 1959 y 1991 a través de diversas vías.[64][65] El ukiyo-e, un tipo de xilografía, comenzó a desarrollarse entre 1660 y 1670 y mantuvo su popularidad hasta finales del siglo XIX.[66]

Entre los autores representados se encuentran Katsukawa Shunshō, Utagawa Kunisada (Toyokuni III), Utagawa Sadahide, Tsukioka Yoshitoshi y Toyohara Kunichika. El conjunto incluye además un pequeño número de acuarelas sobre papel de arroz, pinturas sobre seda y abanicos, ampliando la diversidad de técnicas presentes en la colección.[66]

Conde de Lagunillas

La colección de arte antiguo del conde de Lagunillas, compuesta por cerca de 600 piezas, es considerada una de las más importantes de su tipo en América Latina.[67][68] La colección se muestra en orden cronológico y geográfico, fue donada por Joaquín Gumá (conde de Lagunillas) al morir.[24]

Próximo Oriente Antiguo

La muestra comienza con las piezas del Próximo Oriente Antiguo, reunidas en la Sala de Asia Anterior. En esta sala se encuentran las piezas más antiguas de la colección, obras mesopotámicas con una antigüedad de 3500 años a. e.c. Se incluyen también algunas piezas de Sumeria, entre las que hay tablillas con escritura cuneiforme, otras de la cultura babilónica y neobabilónica, más un núcleo de cinco piezas de arte fenicio. Casi todos los objetos de este núcleo, 45 piezas, son en barro o arcilla, solamente dos en bronce y exceptuando las dos grandes vasijas de cerámica de Tell el Obeid, ingresaron al museo en 1993 de la Academia de Ciencias, y quedan en depósito permanente. Algunas de estas piezas provienen de fondos del Colegio La Salle.[24][69]

Egipto

Fragmento de bajorrelieve con rito funerario (1540 - 1292 a. C.)

La siguiente colección es la de arte egipcio, la muestra está dividida en dos salones, uno representa la Vida y el otro la Muerte.[24][70]

Aunque la mayor parte de las obras pertenecian al conde, otras piezas llegaron por diferentes vías, como un sarcófago de madera policromada, escarabajos de corazón y un papiro original del Libro de los muertos. La pieza más valiosa de la colección es una singular Cabeza de Amón en basalto negro, con un trabajo minucioso, donde se puede diferenciar la doble textura, en la cara, lisa, acabada, de expresión suave, y en la corona, rugosa, para soportar el oro con que estaba cubierta. Llama igualmente la atención del visitante la cabeza escultórica del faraón Sesostris I, fragmento sin dudas de una obra mayor y el bajorrelieve de la "Purificación de la Momia".[24][70][71]

Grecia y Roma

Retrato de El Fayum. Egipto, segunda mitad del siglo II d. C.

Este es el centro fundamental de la colección,[72] debido a la cantidad y la calidad del arte de estas dos culturas, esto en parte se debe a la pasión del conde por el arte occidental.[24]

En la Sala de Cerámica pueden encontrarse vasijas de lujo, de todos los periodos, técnicas y formas de producción. Las esculturas están ubicadas de manera cronológica, y pueden disfrutarse cabezas de distintos periodos. Se incluyen ánforas, hidrias, lecitos, alabastrones, copas, pélices, cálpides, cráteras, píxides y cántaros. Las piezas más destacadas son una ánfora panatenaica de figuras negras, del siglo V a. C., una cabeza de Afrodita, del siglo IV a. C. y una cabeza escultórica del conquistador macedonio Alejandro Magno de la época helenística. Todos los periodos de la antigüedad griega aparecen representados: arcaico, clásico y helenístico.[24][68]

En cuanto a Roma, destacan dos retratos de El Fayum y algunos fragmentos de fuentes y esculturas de varias partes del imperio.[42][73][74] Entre las piezas dedicadas al arte de las provincias romanas destaca un retrato funerario de Palmira, probablemente el único ejemplar de su tipo conservado en colecciones públicas de Hispanoamérica.[75] Así como mosaicos que adornaban las residencias y villas.[24]

Galería

Véase también

Notas

  1. Superficie aproximada obtenida al sumar las áreas reportadas para las dos sedes principales del museo: el Palacio de Bellas Artes (≈18 083 m²) y el antiguo Centro Asturiano (≈15 000 m²). Las fuentes consultadas no proporcionan una superficie total consolidada del complejo.

Referencias

Bibliografía

Enlaces externos

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