Salvador Jiménez de Enciso

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Salvador Jiménez de Enciso

Retrato del ilustre obispo Salvador Ximénez de Enciso y Cobo Padilla


22.° Obispo de Popayán
8 de marzo de 1816-13 de febrero de 1841
(24 años y 342 días)
Predecesor Ángel Velarde y Bustamante
Sucesor Fernando Cuero y Caicedo, O.F.M
Información religiosa
Ordenación sacerdotal 1793, en Montevideo
por Manuel Azamor y Ramírez, obispo de Buenos Aires
Ordenación episcopal 21 de julio de 1816, en el Convento de las Salesas Reales
por Andrés Esteban Gómez, obispo de Ceuta
Iglesia Católica
Información personal
Nombre Salvador Ximénez (o Jímenez) de Enciso y Cobos Padilla
Nacimiento 26 de noviembre de 1765
Málaga, Andalucia, Imperio español
Fallecimiento 13 de febrero de 1841
(75 años)
Popayán, Provincia de Popayán, República de la Nueva Granada
Estudios Teología, Filosofía, Derecho civil y Derecho canónico
Profesión Abogado, general y sacerdote católico
Alma mater Universidad Mayor Real y Pontificia San Francisco Xavier de Chuquisaca

Salvador Ximénez de Enciso y Cobos Padilla (Málaga, 26 de noviembre de 1765-Popayán, 13 de febrero de 1841) conocido como El prelado republicano,[1] fue un sacerdote, abogado, general y teólogo católico que llegó a ser el último español en gobernar la diócesis de Popayán durante el fin de la época virreinal.[2]

Origen

Salvador Ximénez (o Jiménez) de Enciso y Cobos Padilla nació el 26 de noviembre de 1765 en la ciudad de Málaga,[1] costa mediterránea de Andalucía. Poco se sabe de su familia o sus primeros años, no obstante, se tiene constancia que en su juventud, hacia sus 20 años, viajó a Montevideo, parte del Virreinato del Río de la Plata, para ocupar un cargo en la burocracia colonial; sin embargo, renunció a sus funciones en 1790 e ingresó becado por el arzobispo de La Plata, al Real Convictorio de San Juan Bautista en Buenos Aires y se ordenó sacerdote en 1793. Tras lo cual fue pasante de gramática y filosofía en el Colegio de San Carlos.[3]

Después emprendió viaje a la provincia de Charcas, Reino del Perú,[4] en compañía de fray José Antonio de San Alberto, arzobispo de La Plata, donde estudió en la Universidad Mayor Real y Pontificia San Francisco Xavier de Chuquisaca, recibiendo en 1794 los grados de bachiller y maestro en filosofía, además de bachiller, licenciado y doctor en Sagrada Teología en 1796, abogado en derecho civil y canónico.[5] Seguidamente se matriculó en la Real Academia de Practicantes de Juristas o Academia Carolina de La Plata (Sucre).[3]

Luego pasó a ejercer su labor pastoral a la Villa Imperial de Potosí, donde fue nombrado cura párroco de una de sus parroquias, en aquella ciudad edificó una casa de ejercicios espirituales y un asilo de mujeres recogidas.[5] Fue también canónigo doctoral de la catedral de Sucre y ocupó algunos curatos.[3]

Posteriormente en 1805, tras pasar 20 años viviendo en América regresó a su población natal, siendo designado como canónigo de la catedral de Málaga, durante su estancia en España pasó a incorporarse en el Colegio de Abogados de los Reales Consejos; donde hizo oposición a varias canonjías en San Isidro, Madrid.[5]

Ejerció como capellán de las guerrillas que combatieron al ejército invasor francés de Napoleón,[6] que había ocupado España en 1808 y llegó a ostentar el título de coronel del Regimiento de la Purísima Concepción.[3] Tras finalizar la guerra de independencia española y la restitución de Fernando VII en el trono, este le confirió importantes cargos eclesiásticos y finalmente fue presentado como candidato para el obispado de Popayán en Madrid el 14 de febrero de 1815.[5]

Episcopado

El 6 de diciembre de 1815 se le comunicó su nombramiento al venerable capítulo en Málaga, siendo formalmente designado como obispo de Popayán el 8 de marzo de 1816,[3] el día 13 del mismo mes fue preconizado en Roma por su santidad, papa Pío VII,[7][5] en virtud de una real cédula especial recibió su consagración episcopal en el monasterio de las Salesas de Madrid el 21 de julio de 1816 de manos de Andrés Esteban Gómez, obispo de Ceuta.[8]

Se embarcó en Cádiz hacia América el 17 de agosto de 1817 y a su llegada al continente en 1818,[1] Nueva Granada se encontraba sumida en una profunda crisis por la breve independencia de las Provincias Unidas y su reciente disolución tras la victoria realista en la Batalla de la Cuchilla de El Tambo a manos del virrey Juan de Sámano y el pacificador Pablo Morillo.[9] Ante esta situación, la diócesis de Popayán vivía un periodo de sede vacante desde 1809 a la muerte de don Ángel Velarde y Bustamante.[4]

Tomó posesión de su obispado el 7 de mayo de 1818, por medio de su procurador el doctor don Manuel Mariano Urrutia y Quijano, canónigo magistral y tesorero de la santa iglesia catedral de Popayán,[10] convirtiéndose en uno de los prelados más ilustrados que ha tenido esta diócesis.[5] Poco después de la caída de Popayán ante el coronal español Sebastián de la Calzada,[11] el 2 de agosto de 1818 entró a Popayán y al recién llegar, emitió su primera excomunión contra: ''...toda suerte de papeles y libros heréticos y revolucionarios proscritos ya por el tribunal de la Santa Inquisición, por estar llenos de proposiciones impías, blasfemas, aversivas del culto del verdadero Dios y de toda jerarquía''.[3]

En septiembre de 1818 comenzó a reedificar el Real Colegio de San Francisco de Asís, levantando todo lo que las guerras de independencia habían destruido, cuando sirvió como cuartel a las tropas patriotas,[10] abrió el Seminario el 18 de octubre del mismo año con cuatro superiores: rector, vicerrector, ministro y director espiritual, con treinta colegiales. Este acto fue muy espléndido, porque después de diez años que a causa de la guerra y la transformación política no había habido enseñanza alguna, se pusieron en ejercicio una cátedra de latinidad, una de filosofía y otra de teología moral.[10]

Simultáneamente bendijo los planos de la tercera y actual catedral de Popayán, cuya construcción se había paralizado desde 1809,[2] reanudándose los trabajos el 30 de mayo de 1819 al enterrar solemnemente la primera piedra en una capilla que se construyó en el diseño de la iglesia proyectada con un tesoro y la placa de latón correspondiente, que rezaba lo siguiente:[12]

En tiempo de Su Santidad el Papa Clemente VIII del Rey Felipe II y don Domingo de Ulloa, Obispo de Popayán y Diego Noguera y Valenzuela, Gobernador, se empezó a edificar bajo la tutela de la Asunción de la Bienaventurada Virgen María, el 17 de diciembre de 1594.

Por ese entonces se adelantaron dos cimientos de las dos columnas delanteras del cuatro que debían sostener el cimborio o media naranja del nuevo templo.[3] Esta efímera obra solo duró 3 meses antes de ser suspendida indefinidamente.

Independencia de Colombia

Sin embargo, para el año de 1819 se habían reavivado los conflictos en la Nueva Granada por la llegada del ejército libertador de Simón Bolívar desde Venezuela, lo que conllevó a la caída final del virreinato tras la Batalla de Boyacá el 7 de agosto de 1819,[13] tras esta catástrofe, los remanentes realistas escaparon hacía la provincia de Popayán, siendo visitados por el obispo, además los apertrechó y lanzó excomunión a los favorecedores y simpatizantes de la revolución americana, ordenando a los sacerdotes que no absolvieran a ningún insurgente.[3] Mientras que se gestaban las campañas libertadoras del sur y el establecimiento de la Gran Colombia en diciembre del mismo año.[14]

El 9 de septiembre de 1819, por medio de una misiva se dirigió a los curas y párrocos del Valle del Rio Cauca, conocedor del triunfo de los republicanos, les declaró y aconsejó, entre otras cosas: “no puedo quedar indiferente, para hacerme responsable de una tolerancia criminal; por lo tanto en uso de las facultades que el mismo Dios me ha dado, por medio de su Vicario en la tierra; por eso excomulgo con excomunión mayor ipso facto incurrida, a todos aquellos, que cooperen de cualquier modo que sea, o presten auxilios a los traidores para que lleven adelante la revolución: declaro entredicho a todos los pueblos que no se sometan a las legitimas autoridades del Rey nuestro Señor y a todos los eclesiásticos, seculares o regulares que estuviesen con ellos les suspendo el uso de sus licencias, les prohíbo el que digan misa y les mando que no den sepultura eclesiástica, ni hagan oficios divinos por todos aquellos que muriesen con las armas en la mano peleando contra las tropas reales cuyas censuras deben extenderse a todos los pueblos, y personas que en esta Diócesis diesen motivo para incurrir en ellas, o en publico, o privadamente…”[15]

Tras la victoria realista en Boyacá, el obispo Padilla en compañía de su secretario don Félix Liñán y Haro, su provisor, doctor José María Grueso, todos los superiores del Seminario y parte del clero payanés emigraron retirados a San Juan de Pasto.[16]

Antes de su huida, dejó constancia de que:[17]

...publicó y fijó en las iglesias censuras y excomuniones contra todos aquellos que directa o indirectamente tomaran parte en el sistema de insurrección contra el rey, o que auxiliaran de cualquier modo a los que sostenían dicho sistema.

Durante su estancia de más de cuatro años en San Juan de Paso, el obispo se dedicó a motivar al pueblo y al clero a permanecer fieles al rey de España por medio de cartas pastorales, no obstante, a pesar de que era un hombre de ilustración y con reconocidas virtudes, era ignorante en política y su mentalidad estaba condensada con doctrinas retrogradas que no le permitieron comprender los avances que la Revolución Francesa incorporó a la humanidad tras 1789.[3]

Trataba de infame y traidor a Simón Bolívar en sus cartas y en sus predicas, condenando abiertamente su pensamiento patriota y actuación bélica en cada oportunidad, hasta que llegó la noticia de la victoria irremediable de las tropas republicanas a cargo de Antonio José de Sucre en Pichincha el 24 de mayo de 1822,[18] la cual fue la estocada final para el poder español en la región con la supresión definitiva del virreinato. Ante este panorama, el obispo Padilla da un vuelco total a su ideología monárquica,[15] traicionando sus principios y consumando su conversión, le escribió al Libertador, expresando: ''Me apresuro a rendir a Vuestra Excelencia mis respetos, sumisión y obediencia''. Bolívar le contestó que: ''el mundo es uno, la religión es otra'' y le solicitó además que continuara en sus funciones.[19]

Al pactarse la denominada Capitulación de Berruecos el 6 de junio de 1822, tras la derrota de Bolívar en la Batalla de Bomboná y su repliegue a El Trapiche (actual Bolívar (Cauca)), el Obispo Jiménez de Enciso comisionó con el provisor José María Grueso y a su secretario personal Félix Liñán para que salgan a recibir al libertador,[20] además de hacer entrega de una carta donde manifiesta:[15]

Mi Provisor y Secretario van encargados de conferencias con Vuestra Excelencia acerca del ceremonial con que, por parte de los eclesiásticos, debe ser recibido, para que en un todo sea complacido y obsequiado cual es debido a su alta representación…

Al reflexionar que la ciudad de Pasto no perdonaría esta traición, recurrió al uso de símbolos religiosos para apelar a los pastusos y a su vez protegerse él mismo y a Bolívar; al salir a recibirlo el 8 de junio a las 5 de la tarde, lo hizo con sus mejores galas, entonando el Te Deum, con custodia en mano y bajo palio, desfila junto con Bolívar,[21] en tanto es observado con desprecio pero aún es respetando por su investidura, dado que es un pueblo muy creyente.[22] En la noche del 8 de junio, el obispo sufrió un atentado a tiros por su participación en la capitulación. [15]

Seguidamente Salvador Jiménez de Enciso, logra escapar de Pasto amparado por Bolívar y nunca más volvió. Se había ganado la animadversión, el repudio, el desprecio de la gente de Pasto que ven en él a un traicionero y un embaucador que los enseñó a odiar a Bolívar y ahora al tener garantizada su seguridad, se rinde ante el infame traidor como solía referirse del Libertador.[15]

Por decreto del 2 de septiembre de 1822, el general Santander revocó la declaración de vacancia de la diócesis de Popayán y ratificó a Jiménez de Enciso en la silla diocesana, siempre y cuando cumpliera con el requisito de prestar juramento a la república.[23] Al regresar a la ciudad blanca fue recibido generosamente con muestra de efusión y cariño,[19] el 22 de septiembre de 1822, el Obispo español Salvador Jiménez de Enciso, jura lealtad a la república de la Gran Colombia y a las autoridades en Popayán.[15] Celebrando desde entonces cada triunfo de Bolívar, en especial los alcanzados en Junín y Ayacucho.[24]

Al conocer la derrota y captura del insurgente Agustín Agualongo en junio de 1824 por José María Obando,[25] el obispo fue en persona a visitarlo en la cárcel de Popayán, por medio de su oratoria pretendió convencer al caudillo pastuso para que renuncie a sus principios y desertar a los ejércitos republicanos, sin conseguirlo con éxito; Agualongo a su vez le increpó por su deslealtad, su traición, su doble moral para con las gentes de Pasto y el rey de España;[15] finalmente el oficial apegado a sus principios sería fusilado el 13 de julio de 1824.[26]

Legado

Para 1822, Salvador Jiménez de Enciso se había convertido en el único obispo que había en el país cuando nació la República y gracias a su gestión y a la de Rafael Lasso de la Vega y de la Rosa, obispo de Cuenca se pudo reconstruir la jerarquía eclesiástica en la Gran Colombia y conciliar la relación con Roma,[23] accediendo Pio VII a nombrar los obispos que faltaban, para aquella función el ilustrísimo Señor Padilla consagró:[10]

También consagró y dedicó solemnemente el 18 de noviembre de 1818 la iglesia de San Francisco de Popayán,[27] en 1820 la Iglesia de San Agustín de Pasto y en 1828, la Iglesia de San Francisco de Cali.[5]

Se destaca su labor en pro del restablecimiento de la educación tras la guerra, especial énfasis tuvo en la reapertura del Seminario de Popayán que había sido convertido en cuartel de tanto patriotas como realistas.[28] A fines de 1822, la Institución abrió nuevamente sus puertas gracias a la gestión adelantada por el vicepresidente Santander y el intendente José Concha. Como rector interino se designó a José María Grueso, quien contaba con el apoyo del obispo.[29] El 3 de diciembre de 1823,se registra que el don Salvador Jiménez donó cerca 1.200 pesos al rector Grueso, con el fin de garantizar un pago y ayuda mensual a los catedráticos y a los estudiantes, además de solventar otros gastos como la compra de las velas de los faroles de iluminación.[30]

Durante la última parte de su mandato y a pesar de la reducción en las rentas de la diócesis, habitó la conocida Hacienda Yambitará como su residencia de descanso, en aquella residencia se alojó también el libertador Simón Bolívar en una de sus múltiples visitas a Popayán, sobre todo tras consumarse la independencia.[31] Cerca de aquella casona colonial el obispo planificó y costeó la construcción de un templo que se dedicó a Cristo como Salvador del Mundo, que a la postre sería más conocida como Iglesia de La Jimena (o Ximena) en recuerdo de su fundador; fue elevada a curato y a parroquia por Jiménez de Enciso, siendo su primer cura párroco el presbítero Manuel Inocente Delgado y Fernández.[10]

Se conserva aún la variada correspondencia que entabló con otros prelados, como por ejemplo con Fernando Caicedo y Flórez, discutiendo sobre asuntos de administración eclesiásticos en 1825.[32] [33][34]

En 1839 aprobó la conducta del Congreso de Nueva Granada suprimiendo los conventos de Pasto y destinando sus bienes a la institución pública y a las prisiones.[19]

Fallecimiento

Salvador Ximénez de Enciso terminaría enfermando y falleciendo en Popayán (República de la Nueva Granada) a sus 75 años el 13 de febrero de 1841,[8][35] fue sepultado en las bóvedas de la Iglesia de San José, en el mismo sitio donde reposaron sus antecesores Jerónimo de Obregón y Mena y Ángel Velarde y Bustamante, sitio donde permaneció hasta el 9 de agosto de 1851, cuando se exhumó su cadáver para depositar en aquella tumba el cuerpo de su predecesor el obispo fray Fernando Cuero y Caicedo.[5]

Posteriormente el presbítero Manuel Antonio Bueno y Quijano depositó los restos del obispo Jiménez en un arca de madera al lado de los que le antecedieron en el obispado.[10]

Sucesión

Véase también

Referencias

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