Sebastián Malvar y Pinto
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Sebastián Malvar y Pinto (Salcedo, Pontevedra, 1730 - Santiago de Compostela, 1795) fue fraile franciscano, teólogo, catedrático de universidad y arzobispo católico español. Ocupó los cargos de obispo de Buenos Aires (1777-1783) y arzobispo de Santiago de Compostela (1783-1795).
Felipe Antonio Fernández Vallejo
| Sebastián Malvar y Pinto | ||
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| Arzobispo de Santiago de Compostela | ||
| 15 de diciembre de 1783-25 de septiembre de 1795 | ||
| Predecesor | Francisco Alejandro de Bocanegra y Xibaja | |
| Sucesor |
Sede vacante (1795-1797) Felipe Antonio Fernández Vallejo | |
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| Obispo de Buenos Aires | ||
| 15 de diciembre de 1777-15 de diciembre de 1783 | ||
| Predecesor | Manuel Antonio de la Torre | |
| Sucesor | Manuel Azamor y Ramírez | |
| Información religiosa | ||
| Congregación | Orden Franciscana | |
| Ordenación sacerdotal | 1754 | |
| Ordenación episcopal |
19 de abril de 1778 por Felipe Beltrán Serrano | |
| Información personal | ||
| Nombre | Sebastián Malvar y Pinto | |
| Nacimiento | noviembre de 1730, San Martín de Salcedo, Pontevedra, España | |
| Fallecimiento | 25 de septiembre de 1795, Santiago de Compostela | |
| Estudios | Doctor en Sagrada Teología | |
| Alma mater | Universidad de Salamanca | |
Biografía
Familia y primeros años
Sebastián Malvar y Pinto nació en Salcedo en noviembre de 1730, hijo de Santiago Malvar y de Inés María de Pinto.
Estudios y formación
Destacó desde niño por su inteligencia, por lo que el párroco de Salcedo se fijó en él y le introdujo en el estudio de la gramática latina y de las humanidades en general. Más tarde, le facilitó el acceso al convento franciscano de Pontevedra, en cuya escuela humanística estudió latín y humanidades durante varios años. Después pasó a estudiar Artes —carrera menor sobre materias científicas y filosóficas, precisa para acceder a las facultades universitarias— en el colegio del convento franciscano de Rivadavia.[1]
Ingresó en la Orden Franciscana el 5 de marzo de 1747, en el convento de San Francisco de Salamanca, donde hizo el noviciado (1747-1748). Terminado el noviciado, fue enviado a estudiar otro curso de Artes en el convento franciscano de Avilés (1748-1749). Entonces, fue llamado de nuevo a Salamanca para cursar los estudios de teología en la Universidad de Salamanca (1749-1754). Hizo los votos solemnes en 1751 y, al terminar los estudios eclesiásticos ordinarios en 1754, fue ordenado sacerdote. Entonces obtuvo, por oposición, una beca para proseguir sus estudios en el colegio de pasantes de Alba de Tormes (1754-1757).
En 1758 obtuvo, por oposición, el cargo de lector (profesor) de Artes (filosofía) en el convento francisco de Astorga, oficio docente que ejerció durante tres cursos (1758-1761). En 1761 retornó a la Universidad de Salamanca para obtener los grados académicos. Después de otros dos años estudio (1761-1763) obtuvo primero la licenciatura y, el 20 de diciembre de 1763, el doctorado en Sagrada Teología.[2]
Vida religiosa
Una vez obtenido el doctorado en 1763, empezó a preparar las oposiciones para obtener alguna cátedra en la universidad salamantina. De este modo, en 1772 obtuvo, por oposición, el cargo de catedrático vísperas de teología en la Universidad de Salamanca, oficio docente que desempeñó durante tres cursos (1772-1775). En 1775 permutó dicha cátedra por la más prestigiosa cátedra de prima de teología en la misma universidad, que regentó durante dos cursos (1775-1777), hasta que fue nombrado obispo.[3]
Episcopado
Obispo de Buenos Aires
En julio de 1777, tras oír a la Cámara de Indias, el rey Carlos III propuso a Malvar y Pinto como obispo de la diócesis de la Santísima Trinidad de Buenos Aires. Fue preconizado obispo de Buenos Aires por el papa Pío VI el 15 de diciembre de 1777. Como no podía hacerse cargo de la diócesis inmediatamente, les dio poder (6 de abril de 1778) al deán Andujar y al arcediano Miguel de Riglos para que, en su nombre, gobernaran la diócesis hasta que se efectuase su llegada. Recibió la consagración episcopal en la iglesia franciscana de San Gil de Madrid el 19 de abril de 1778, de manos de Felipe Beltrán Serrano, obispo de Salamanca e inquisidor general, que fue asistido por Juan Díaz de la Guerra, obispo de Sigüenza, y por Francisco M. Aguiriano Gómez, obispo titular de Tagaste y obispo auxiliar de Toledo.
Partió para América, desde el puerto de La Coruña el 20 de octubre, acompañado de su sobrino Pedro Acuña y Malvar, sacerdote, y de su confesor personal Fray Pedro Guitián Arias. Desembarcó en Montevideo el 28 de diciembre de 1778, proveniente de La Coruña a bordo de la Fragata Correo "La Princesa", junto con las primeras familias que serían establecidas en los nuevos establecimientos de la Patagonia, y tras pasar por Colonia del Sacramento y la reducción de indios de Santo Domingo de Soriano pasó a Entre Ríos visitando Gualeguaychú. En marzo de 1779 dio aviso al Virrey que proseguiría su visita dirigiéndose a los pueblos de Misiones, Corrientes y Santa Fe, utilizando sólo la escolta provista por el gobernador de Montevideo. Tras ese periplo regresó a la ciudad de Santa Fe y de allí a San Nicolás de los Arroyos donde enfermó, por lo que recién arribó a su sede en la ciudad de Buenos Aires en el mes de octubre de 1779.
Una vez en Buenos Aires, para el 25 de enero de 1780 había ya visitado las reducciones de los indios pampas. Malvar observó las necesidades de las iglesias locales y corroborando el penoso estado espiritual en que se hallaba su feligresía motivado en buena medida por las enormes distancias entre los poblados, ordenó erigir nuevas parroquias, entre ellas las de Pergamino, Baradero y San Pedro (antes parte del curato de Arrecifes). Sus primeras iniciativas al frente de su diócesis fueron encaminadas a mejorar las costumbres e incrementar la evangelización, preocupándose también por finalizar las obras de reconstrucción de la catedral porteña.
En los seis años que permaneció en la diócesis el obispo Malvar tuvo varios enfrentamientos con el virrey Vértiz –un criollo con tendencias renovadoras- así como con el cabildo catedralicio, por cuestiones de preferencia y privilegios. Por su mentalidad conservadora, el obispo Malvar promovió los ejercicios espirituales y prohibió las corridas de toros y combatió el juego.
Apoyó la predicación de los ejercicios espirituales de San Ignacio de Loyola, que promovía Santa María Antonia del San José (en el mundo María Antonia de Paz y Figueroa), quien había venido desde Santiago del Estero a esos efectos. Malvar costeó los alquileres de dos de las casas de ejercicios que tuvo; una en el barrio del Hospital de San Martín y otra en el barrio de Monserrat. Hasta que construyó, por medio de limosnas y donativos la Santa Casa de Ejercicios espirituales en la intersección de las actuales avenida Independencia y Salta (todavía en funcionamiento). También invitó a la Beata a la Ciudad de Colonia del Sacramento, (República Oriental del Uruguay) a que predicara tandas de Ejercicios Espirituales. A la partida de este a su nuevo destino, dejó destinados al mantenimiento de la Casa de Ejercicios de Buenos Aires, una importante suma de dinero. Asimismo, el Obispo Malvar y Pinto no ordenaba a ningún sacerdote, sin que la Madre Antonia, diera su aprobación luego de una tanda de ejercicios espirituales.
Arzobispo de Santiago de Compostela
Su permanencia en el Río de la Plata no fue muy dilatada, ya que en 1783 fue nombrado arzobispo de Santiago de Compostela, gracias, entre otros méritos, a su implicación en la sofocación de la rebelión encabezada por el inca José Gabriel Cordoncanqui Túpac Amaru II.
Fue presentado para la sede compostelana por el rey Carlos III el 23 de septiembre de 1783. Fue preconizado arzobispo de Santiago de Compostela por el papa Pío VI el 15 de diciembre de 1783.
Antes de partir tuvo un último altercado con el cabildo eclesiástico, quien conocida la noticia de su traslado proclamó la sede vacante y se negó a seguir reconociendo la autoridad de Malvar, también en ese mismo año envió una carta a sus superiores y autoridades señalando las proezas de María Antonia de Paz y Figueroa.
Se alejó de Buenos Aires el 6 de febrero de 1784 rumbo a Montevideo y un mes después se embarcó a Cádiz. En el viaje de regreso, al desembarcar en Cádiz, protagonizó junto con su sobrino un curioso suceso: los funcionarios de aduanas los acusaron de traer, fraudulentamente, en el equipaje que portaban, una considerable cantidad de barras de oro sin registrar. Para resolver el incidente Malvar donó la mercancía a la Corona, con lo que quedaba exenta de registro. Sin embargo, al parecer, el rey se la devolvió para que la invirtiera en obras en Compostela.
El arzobispo Malvar falleció en Santiago de Compostela en 1795, a los once años de tomar posesión.
Reconocimientos
Tiene una calle dedicada en su honor en Pontevedra capital.