Técnicas de propaganda

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Propaganda anticapitalista

Para generar propaganda se utilizan diversas técnicas de propaganda basadas en investigaciones de psicología social. Muchas de estas mismas técnicas pueden clasificarse como falacias lógicas, ya que los propagandistas utilizan argumentos que, aunque suelen ser convincentes, no son necesariamente válidos.

Definición

«El camarada Lenin limpia la tierra de suciedad» por Viktor Deni. Noviembre de 1920

En su libro Propaganda and Persuasion, los autores Garth S. Jowett y Victoria O'Donnell definen «propaganda» como el «intento deliberado y sistemático de moldear las percepciones, manipular mentes y el comportamiento directo para lograr una respuesta que promueva la intención deseada del propagandista».[1] La definición de Harold Lasswell apunta con mayor detalle al aspecto técnico:

La propaganda, en el sentido más amplio, es la técnica de influir en la acción humana mediante la manipulación de representaciones. Estas representaciones pueden tomar forma hablada, escrita, pictórica o musical.
Harold Lasswell[2]

La manipulación puede ser organizada o desorganizada, consciente o inconsciente, motivada política o socialmente. El concepto abarca desde la «propaganda estatal sistemática» para manipular la opinión pública (Edward Bernays) hasta la «propaganda sociológica» (propaganda de integración),[3] en la que el deseo inconsciente de ser manipulado y la automanipulación llevan al individuo a adaptarse a los pensamientos y comportamiento socialmente esperados (Jacques Ellul).[4]

La transición de la «no propaganda» a la «propaganda» es fluida. La manipulación efectiva presupone que el mensaje propagandístico está incrustado en otro acto de comunicación, por lo que la mención de esos contextos no es una refutación del carácter propagandístico de un acto de comunicación.[3]:73

Clasificación

La propaganda se entiende como una forma de manipulación de la opinión pública. La manipulación semiótica de signos es la característica esencial: «La propaganda es una forma importante de manipulación mediante símbolos».[5]

Por lo tanto, la propaganda es una forma especial de comunicación, que se estudia en las ciencias de la comunicación y especialmente en la investigación del impacto de los medios de comunicación, centrándose en la manipulación de los medios de comunicación.[6] La propaganda es un tipo particular de comunicación que se caracteriza por distorsionar la representación de la realidad.[4]

Algunas técnicas se clasifican como falacias lógicas, porque la propaganda utiliza argumentos que pueden tener efectos psicológicos pero que son lógicamente inválidos.[7][8][9][10][11]

En retórica y dialéctica se ven como sofismas, artimañas y estratagemas erísticas.

Henry T. Conserva, en su libro Propaganda Techniques (2003), clasifica las técnicas en siete grupos, a los que dedica un capítulo:[12]

  1. Falacias lógicas.
  2. Diversión y evasión.
  3. Apelar a las emociones.
  4. Uso de la mentira y el engaño.
  5. Uso de tendencias de comportamiento, capacidades mentales y procesos humanos.
  6. Estilo de habla y escritura (retórica).
  7. Razón y sentido común.

Manipulación y medios de comunicación

Propaganda para instar a los inmigrantes a instalarse en California, 1876

Los medios más comunes para transmitir mensajes de propaganda incluyen las noticias, los informes gubernamentales, la revisión histórica, la ciencia basura, los libros, los folletos, el cina, las redes sociales, la radio, la televisión y los carteles. Menos comunes hoy en día es el correo postal, ejemplos de la cual han sobrevivido desde la época de la Guerra de Secesión estadounidense. En el caso de la radio y la televisión, la propaganda puede existir en segmentos informativos, de actualidad o de programas de entrevistas, así como en anuncios publicitarios, anuncios públicos o como publirreportajes de larga duración. Las campañas de propaganda a menudo siguen un patrón de transmisión estratégico para endoctrinar al grupo que es su objetivo. Puede comenzar con una transmisión simple, como un folleto lanzado desde un avión o un anuncio. Generalmente, estos mensajes contendrán instrucciones sobre cómo obtener más información, a través de un sitio web, línea directa, programa de radio, etc. La estrategia tiene como objetivo convertir al individuo de receptor de información a buscador de información —a través del refuerzo—, y más tarde de buscador de información a líder de opinión a través del adoctrinamiento.[1]

Las estrategias de difusión de información solo se convierten en estrategias de propaganda cuando se combinan con mensajes propagandísticos. La identificación de estos mensajes es un requisito previo necesario para estudiar los métodos mediante los cuales se difunden esos mensajes.

Aspectos psicológicos

Algunas técnicas se categorizan, analizan e interpretan psicológicamente, dentro de la psicología política, especialmente la psicología de masas,[13] la psicología social y la psicología cognitiva, que incluye el estudio de las distorsiones cognitivas.

Con respecto a los conflictos políticos y militares, la propaganda se considera parte de la guerra psicológica y la guerra de información, que adquieren especial importancia en la era de la guerra híbrida y la guerra cibernética.[14]

Agrupaciones de técnicas

Estas técnicas a menudo son agrupadas en estrategias o políticas. La estrategia más famosa es la de Goebbels, ministro de propaganda de la Alemania nazi que definió once principios de la actividad propagandística:[15]

  1. Simplificación y del enemigo único: Adoptar una única idea, un único símbolo. Individualizar al adversario en un único enemigo.
  2. Método de contagio: Reunir diversos adversarios en una sola categoría o individuo. Los adversarios han de constituirse en suma individualizada.
  3. Transposición: Cargar sobre el adversario los propios errores o defectos, respondiendo al ataque con el ataque.
  4. Exageración y desfiguración: Convertir cualquier anécdota, por pequeña que sea, en amenaza grave.
  5. Vulgarización: Toda propaganda debe ser popular, adaptando su nivel al menos inteligente de los individuos a los que va dirigida. Cuanto más grande sea la masa por convencer, más pequeño ha de ser el esfuerzo mental que realizar. La capacidad receptiva de las masas es limitada y su comprensión, escasa; además, tienen gran facilidad para olvidar.
  6. Orquestación: La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y hay que repetirlas incansablemente, presentadas una y otra vez desde diferentes perspectivas, pero siempre convergiendo sobre el mismo concepto. Sin fisuras ni dudas.
  7. Renovación: Hay que emitir constantemente informaciones y argumentos nuevos a un ritmo tal que, cuando el adversario responda, el público esté ya interesado en otra cosa. Las respuestas del adversario nunca han de poder contrarrestar el nivel creciente de acusaciones.
  8. Verosimilitud: Construir argumentos a partir de fuentes diversas, a través de los llamados globos sondas o de informaciones fragmentadas.
  9. Silenciación: Acallar las cuestiones sobre las que no se tienen argumentos y disimular las noticias que favorecen al adversario, también contraprogramando con la ayuda de medios de comunicación afines.
  10. Transfusión: Por regla general, la propaganda opera siempre a partir de un sustrato preexistente, ya sea una mitología nacional o un complejo de odios y prejuicios tradicionales. #Se trata de difundir argumentos que puedan arraigar en sentimientos primitivos.
  11. Unanimidad: Llegar a convencer a muchos de que piensan «como todo el mundo», creando impresión de unanimidad.
op. cit. Pedro Baños[15]

Un segundo grupo de técnicas son las diez estrategias de la manipulación mediática de Sylvain Timsit, a menudo atribuidas de forma equivocada a Noam Chomsky.[15]

  1. Distraer de lo importante: La distracción se convierte en el elemento primordial del control social. Consiste en desviar la atención del público de los problemas importantes y de las decisiones de las élites políticas y económicas, empleando para ello el bombardeo constante de distracciones y de informaciones irrelevantes, al tiempo que se evita que la gente se interese por los conocimientos esenciales. En Occidente, por ejemplo, el deporte se ha convertido en la principal distracción para desviar el interés público de lo verdaderamente importante.
  2. Crear problemas y después ofrecer soluciones: Esta estrategia, conocida también como «problema-reacción-solución», consiste en crear un problema para causar cierta reacción en el público, a fin de que sea este quien exija las medidas que los dirigentes deseaban imponer. #Puede ir desde desencadenar violencia urbana, perpetrar atentados sangrientos o crear crisis económicas con el fin de que la gente demande mayores medidas de seguridad, incluso a costa de su libertad, o un retroceso en las prestaciones sociales. También se la podría denominar «estrategia del caos constructivo», consistente en generar caos, violencia y destrucción, o al menos aparentarlo de modo que la gente se lo crea, con la finalidad de generar luego otro modelo de sociedad al antojo y voluntad plena, sin ninguna oposición popular, pues será la propia gente la que reclame la vuelta a la normalidad.
  3. Gradualidad: Para conseguir la aceptación de una medida extrema, basta con aplicarla gradualmente, a cuentagotas, por años consecutivos. Así, lo que hubiera podido conducir a una revolución se va tolerando mansamente.
  4. Diferir en el tiempo: Presentar una decisión impopular como «dolorosa y necesaria», consiguiendo así la aceptación pública instantánea de algo que será aplicado en el futuro. Al dar más tiempo al público para que se acostumbre, terminará por aceptar el cambio con resignación.
  5. Dirigirse al público como criaturas de poca edad: Cuanto más se intenta engañar al espectador, más se tiende a adoptar un tono pueril, empleando lenguaje y mensajes básicos comprensibles hasta por los más torpes.
  6. Utilizar más la emoción que la reflexión: Emplear la emoción provoca un cortocircuito en el análisis racional, afectando al sentido crítico de los individuos. Al quedar así inermes, se les pueden implantar ideas, deseos, miedos, temores y compulsiones, o inducir comportamientos.
  7. Mantener al público en la ignorancia y la mediocridad: Hacer que el público sea incapaz de comprender las técnicas y métodos utilizados para su control y su esclavitud, comenzando por una educación deficiente de las clases más bajas para que queden sometidas a las élites.
  8. Estimular al público a ser complaciente con la mediocridad: Promover entre la gente que está de moda ser estúpido, vulgar e inculto, algo fácilmente reconocible en los reality shows.
  9. Reforzar la autoculpabilidad: Hacer creer al individuo que él es el único culpable de su propia desgracia por ser poco inteligente, tener pocas capacidades o no esforzarse lo suficiente. De este modo entra en un estado depresivo que inhibe su acción, y sin ella no puede haber revolución.
  10. Conocer a los individuos mejor de lo que ellos mismos se conocen: Actualmente, la tecnología posibilita un conocimiento de las personas que puede llegar a ser superior al que tienen de sí mismas, por lo que pueden ser controladas con mayor facilidad por quien lleva las riendas.
op. cit. Pedro Baños[15]

Técnicas específicas

Véase también

Referencias

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