Toma de Fort-Dauphin
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| Toma de Fort-Dauphin | ||||
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| Parte de las Guerras Revolucionarias Francesas | ||||
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| Fecha | 28–29 de enero de 1794 | |||
| Lugar | Fort-Dauphin, Santo Domingo | |||
| Coordenadas | 19°40′04″N 71°50′23″O / 19.66777778, -71.83972222 | |||
| Resultado | Victoria española | |||
| Consecuencias |
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La captura de Fort-Dauphin (en español: Fuerte Delfín) o toma de Bayajá fue un encuentro incruento de las Guerras Revolucionarias Francesas en el que una expedición española bajo el general Gabriel de Aristizábal se apoderó de Fort-Liberté, entonces llamado Fort-Dauphin, perteneciente a la Francia Revolucionaria. La guarnición colonial francesa, compuestas por más de mil hombres,[1] se rindió sin disparar un solo tiro.[2]
La revolución en Europa
En 1789 estalló la revolución francesa, dando paso a un régimen revolucionario descristianizante en Francia. En un principio se instituyó una monarquía constitucional, pero el poder efectivo pasó a manos de los revolucionarios y dejó de residir en las instituciones del Antiguo Régimen y en el rey Luis XVI —primo de Carlos IV de España—. La Asamblea Nacional Legislativa, al considerar al rey un traidor tras la fuga de Varennes, abolió la monarquía y proclamó la república. La Asamblea se transformó en la Convención Nacional y se constituyó en la única y auténtica soberana absoluta de Francia en septiembre de 1792.
Tras la ejecución de Luis XVI el 21 de enero de 1793, República francesa declaró el 7 de marzo la guerra al Reino de España, hasta entonces su aliado por los Pactos de Familia. La monarquía de Carlos IV respondió oficialmente el 23 de marzo con su propia declaración de guerra contra la República. Tal resolución desató la guerra de la Convención y, poco después, España se incorporó formalmente a la Primera Coalición antirevolucionaria —alianza iniciada por el Sacro Imperio Romano Germánico y Prusia en abril de 1792 con el objetivo frenar la revolución y defender el Antiguo Régimen— mediante la firma del Tratado de Aranjuez con Gran Bretaña.
Situación en la isla Española
En el gabinete español coexistían dos enfoques sobre el foco de la guerra. Manuel Godoy, secretario de Estado del reino, consideraba los Pirineos como el teatro principal, donde el conflicto terrestre era inevitable; Antonio Valdés y Fernández Bazán, ministro de Marina, apostaba por una oportunidad estratégica en el Caribe, y en particular en la isla Española, donde estimaba que se podían obtener victorias contra la revolución.
La isla Española presentaba una situación singular. La isla estaba dividida entre la parte oriental, bajo soberanía del rey de España, y la occidental, controlada por la Convención. En la parte española, mediante un bando del gobernador y capitán general Joaquín García y Moreno, se hizo pública la declaración de guerra contra la revolución el 30 de mayo de 1793.
Previamente, por Real orden del 22 de febrero de 1793, se había dispuesto atraer al lado español a los jefes de la insurrección de Saint‑Domingue —levantamiento iniciado en Bois Caïman en 1791—, ofreciéndoles la libertad, la condición de súbditos del rey y diversos privilegios. Así, miles de combatientes dirigidos por Jean-François Papillón, Georges Biassou y Toussaint de Bréda —conocido después como Toussaint Louverture— pasaron a luchar bajo pabellón español en las Tropas Negras Auxiliares de Carlos IV. Consecuentemente, el capitán general de Santo Domingo emprendió operaciones para asegurar la frontera norte del territorio español.
A comienzos de julio de 1793 se tomó la plaza de Juana Méndez y se realizaron acciones en Dondón y Mermelada. Los franceses intentaron sorprender a las fuerzas españolas, pero fueron rechazados. Particularmente en Mermelada, las tropas auxiliares comandadas por Toussaint, actuando por iniciativa propia ante una oportunidad favorable, obligaron a la guarnición francesa a replegarse y dejaron en manos españolas parte del material de guerra.
Escuadra de Aristizábal

Con previa evaluación del ministro de Marina del rey, la Corona decidió enviar una escuadra para operar en el Caribe. Carlos IV designó al teniente general Gabriel de Aristizábal y Espinosa con la misión el 19 de febrero de 1793, y la gran escuadra zarpó el 11 de junio. La travesía fue penosa, pues una epidemia obligó a dejar numerosos enfermos y muertos y a desembarcar a unos 500 hombres. El 26 de julio Gabriel de Aristizábal llegó a la La Guaira (Venezuela) con seis navíos y dos fragatas —siendo el San Eugenio su buque insignia—; allí el capitán general de Venezuela le proporcionó tropas, pero la escuadra continuó mermada por la enfermedad, la falta de marineros y de pertrechos.
Tras zarpar de La Guaira el 2 de agosto de 1793 y arribó a Puerto Cabello la mañana del 11 de agosto. Temiendo la temporada de huracanes y con provisiones cortas, Aristizábal decidió quedarse temporalmente en Venezuela, solicitando un refuerzo de 400 hombres para asegurar el éxito. Además, concentró sus esfuerzos en una incursión en la isla Española, donde el capitán general García y Moreno clamaba por auxilio ante la alarmante superioridad numérica de las fuerzas coloniales francesas.

La escuadra fue rumbo a tierras dominicanas el 17 de diciembre de 1793. El 30 de diciembre, mientras estaba en Monte Cristi, el general Aristizábal recibió una carta de García y Moreno instándole a ocupar el Puerto Real de Bayajá (por los franceses llamado Fort-Dauphin, «Fuerte Delfín») y el Guárico (por los franceses Cap-Français, «Cabo Francés») debido a la debilidad de sus guarniciones.
El 5 de enero de 1794 se celebró a bordo del San Eugenio un consejo de guerra en el que se resolvió no ejecutar un ataque por falta de tropas y medios. La situación cambió la noche del 27 de enero cuando, tras reducirse la escuadra a tres navíos, dos oficiales franceses se presentaron ofreciendo la rendición de la ciudad de Bayajá y advirtiendo sobre el precario estado de la plaza. Sin perder un instante, a las cuatro de la madrugada del 28 de enero de 1794, Aristizábal ordenó el inicio del asedio,[3] coordinando por tierra —con fuerzas bajo el mando del dominicano Leonardo del Monte y las tropas auxiliares negras— y por mar mediante el bloqueo de la bahía impuesto por la escuadra.
Captura

El general Gabriel de Aristizábal y Espinosa ordenó que el bergantín Nuestra Señora del Rosario, la fragata Santa Águeda y el navío San Ramón penetrasen a la bahía y desembarcasen 700 hombres para ocupar los fuertes de la entrada y sitiar la plaza. A las nueve de la mañana del día 28 envió a su ayudante, el teniente de fragata Juan Meneses, en un bote a pedir la rendición del Puerto Real de Bayajá; al mediodía llegó a las líneas españolas un destacamento de caballería —negros auxiliares de Jean-François Papillón— con la noticia de que el coronel Joaquín de Saso, desde Dajabón y al frente de 400 hombres, estaba por arribar.
Los franceses, bloqueados por tierra y mar,[4] se vieron obligados a capitular. La guarnición republicana —bajo el mando del oficial mulato Candy— se rindió sin disparar, imponiendo únicamente la condición de que no entrasen en la ciudad las tropas negras dirigidas por el exjefe de Candy, Papillón.
A las once de la mañana del 29 de enero dos oficiales franceses presentaron los términos de la rendición, que contemplaban la entrega de la ciudad de Bayajá a Gabriel de Aristizábal y Espinosa en nombre del rey de España. El artículo IV de esta capitulación especificaba: «Será rigurosamente prohibido toda entrada a la plaza a los negros sublevados, y por ningún pretexto se tratará con ellos sin el conocimiento de los franceses».[5]
Hacia la una de la tarde los navíos San Eugenio y San Isidro se colocaron frente al fuerte de la plaza; dos horas después Gabriel de Aristizábal desembarcó al frente de 700 hombres. La fuerza española estaba formada por los batallones de Marina, al mando del comandante Manuel Estrada; destacamentos del Real Cuerpo de Artillería de Marina; el batallón de Cuba bajo Leonardo del Monte; y las compañías de Caracas y Maracaibo. Al tocar tierra, Aristizábal recibió las llaves de la ciudad y la bandera tricolor revolucionaria. Antes del desembarco, los oficiales republicanos habían arrancado el árbol de la libertad.
Tras izar la bandera española bajo una salva de 21 cañonazos y descargas de fusilería, se nombró gobernador de la plaza a Joaquín de Saso. Acto seguido, dispúsose una procesión. Al frente iba una cruz procesional y un estandarte; detrás marchaba el general Aristizábal bajo palio hacia a la iglesia de Bayajá, acompañado por el párroco —a quien besó la mano postrado en tierra— y seguido por los jefes militares de la plaza, la compañía de granaderos de Cuba y la plana mayor de la escuadra. En el templo se entonó un Te Deum en acción de gracias. La ceremonia eclesiástica concluyó a las cinco de la tarde.
Después, las tropas republicanas coloniales desfilaron ante las fuerzas españolas, entregaron armas y banderas y fueron conducidas a los buques como prisioneros de guerra. Cayeron en manos españolas 1 031 franceses y se tomaron 41 cañones de artillería. El jefe de escuadra regresó entonces al San Eugenio. La rapidez de la operación hizo que un refuerzo francés de 1 800 hombres y dos piezas de artillería, que marchaba desde Guárico, se retirara al conocer la caída de la plaza.
En cuanto a bajas, los franceses tuvieron un herido grave y dos leves. Por la parte española solo resultó accidentado un teniente de fragata, que sufrió una caída desde el puente levadizo hasta el foso del fuerte. A pesar del daño, se negó a abandonar el servicio.[6]