Asedio de Cap‑Français

From Wikipedia, the free encyclopedia

Fecha agosto de 1791 a noviembre de 1792
Lugar Cap‑Français, actual Haití
Resultado Victoria francesa
Asedio de Cap‑Français
Parte de la revolución haitiana
Fecha agosto de 1791 a noviembre de 1792
Lugar Cap‑Français, actual Haití
Resultado Victoria francesa
Partes enfrentadas
Colonia francesa de Saint-Domingue Esclavos rebeldes
Comandantes
Philibert de Blachelande
Étienne de Laveaux
Dutty Boukman  Ejecutado
Jeannot Bullet  Ejecutado
Georges Biassou
Jean-François Papillón
Página no enlazada a Wikidata y añade el enlace en español: Asedio de Cap‑Français.

El asedio de Cap‑Français fue un enfrentamiento militar librado entre 1791 y 1792 durante la revolución haitiana. En él se enfrentaron las fuerzas leales a la monarquía constitucional francesa (luego, la Primera República francesa) y los esclavos rebeldes de la colonia de Saint-Domingue. Estos últimos fueron incapaces de tomar la ciudad de Cap‑Français.

Rebelión

Entre los días 22 y 25 de agosto de 1791, los esclavos rebeldes quemaron las plantaciones de las parroquias de Petite-Anse, Quartier-Morin y Plaine du Nord, alrededor de la ciudad, y las de Limonade, al este de Acul.[1] Algunas estaban a diez millas de Cap‑Français (o Le Cap).[2]

De inmediato, el gobernador general y mariscal de campo Philibert de Blanchelande, quien hasta entonces estaba más ocupado lidiando con la Asamblea colonial,[3] ordenó reunir a todos los jefes militares[4] mientras le llegaban reportes de colonos supervivientes que huían a Cap‑Français. Al amanecer del 23, los blancos entendieron que el alzamiento había sido organizado, pues grupos de exploradores enviados desde la ciudad vieron que toda la región estaba en armas.[5] En la tarde, una unidad de voluntarios intentó socorrer a las plantaciones más cercanas a Cap‑Français, pero fue repelida.[2]

El 25 de agosto,[6] el teniente coronel Anne-Louis de Tousard del regimiento de Cap asumió el mando de las tropas y enfrentó al mayor grupo de esclavos sublevados, unos 4000 negros que acababan de destruir y ocupar la plantación de Henri Latour.[nota 1] La tropa consiguió aniquilar a gran parte de los rebeldes, pero fueron reemplazados por un número aún mayor, por lo que Tousard debió retirarse a la ciudad.[11]

Defensas

Dentro de la ciudad personas aterradas iban de casa en casa buscando información, los colonos empezaron a armarse y la Asamblea colonial otorgó al gobernador general el mando de la Guardia Nacional.[12] Se prohibió a los barcos zarpar para que dieran refugio a los no combatientes[2] y poder reclutar a los marineros, de hecho, muchos se unieron a las milicias en la defensa de la urbe. En ellos se embarcaron a las mujeres y niños blancos y a los negros domésticos más habilidosos bajo vigilancia.[12] Se empezaron a levantar fortificaciones en los alrededores, pues Cap‑Français sólo tenía defensas para ataques desde el mar.[2]

Todos los habitantes trabajaron en ellas y pronto la urbe fue rodeada por una empalizada vigilada por tropas de caballería. En el punto donde la carretera principal llegaba a un transportador para cruzar un río al este de la ciudad se levantó una batería con cañones sobre botes apoyada por dos pequeños campamentos en las cercanías. En la carretera que iba a Haut du Cap había un contingente importante de tropas apoyadas por artillería.[11] Contaban con milicias organizadas en compañías de 50 colonos por cada parroquia,[13] cada uno con las armas que disponían.[14] Habían compañías de dragones, tanto de blancos como de color, de infantería y de artillería que totalizaron 1600 hombres en 1788.[13]

Toda la provincia Norte estaba en caos y los poquísimos blancos estaban demasiado dispersos para hacer algo. El gobernador general les ordenó a todos reunirse en Cap‑Français.[15] Estaba a la defensiva y con sus recursos al límite. Según Rainsford, si los negros hubieran atacado la ciudad de inmediato, la habrían tomado con facilidad.[11] A la vez, la Asamblea colonial de Saint-Domingue pidió ayuda a las potencias vecinas para someter la ya incontrolable rebelión. Muchos de los blancos en los campos habían huido a las urbes y pronto aquellas serían asaltadas.[nota 2] De hecho, el gobernador general envió dos diputados a Estados Unidos a solicitar ayuda con urgencia.[18]

Situación de los affranchis

Al inicio del asedio se publicó un edicto para[2] proteger a los affranchis (mulatos y negros libres) en la ciudad. No habían participado de la rebelión, pero eran el objetivo de la ira de los blancos más pobres,[12] pues muchos eran incapaces de aceptar que los negros pudieran organizar una rebelión tan extensa y los acusaban de ser sus instigadores.[2] El 25 de agosto, un grupo de rebeldes prisioneros traídos a la ciudad fueron asesinados a machetazos en el Campo de Marte antes de ser entregados al tribunal creado para juzgarlos.[19] En la misma jornada, para evitar sufrir una suerte similar, los affranchis varones fueron en grupo a jurar proteger Cap‑Français y ofrecieron entregar a sus familias como rehenes. Después de un largo debate, los blancos aceptaron.[2]

Esta decisión permitió el reclutamiento de todos los hombres disponibles en las milicias y creó una atmósfera de cierta confianza mutua entre los distintos grupos.[12] También se liberó a varios affranchis arrestados desde inicios de año bajo la sospecha de haber ayudado[20] al rebelde Vincent Ogé.[nota 3] A principios de octubre, la Asamblea colonial ordenó crear unidades de milicianos mulatos y negros libres.[20] En consecuencia, la Asamblea colonial abandonó su oposición al decreto del 15 de mayo que le otorgaba iguales derechos a los affranchis.[22] Sin embargo, a inicios de noviembre llegó la noticia[20] que se había derogado dicho decreto el 24 de septiembre, por lo que todo quedó sin efecto.[19]

Esta colaboración fue dificultada cuando llegaron las noticias que los affranchis de Puerto Príncipe se habían rebelado a favor de los esclavos, obligando a los blancos de la provincia Oeste a firmar concordatos reconociendo la igualdad de derechos.[20] En efecto, el 31 de agosto una multitud de mulatos bien organizados se reunió y tomó Croix-des-Bouquets, cerca de la capital colonial.[23] En las siguientes semanas las ejecuciones masivas de prisioneros continuaron, aunque el miedo se disipó al comprenderse que Cap‑Français no caería inmediatamente.[24] Muchas de estas se realizaron previa tortura de las víctimas.[25] Rainsford menciona un caso ocurrido en la ciudad el 28 de septiembre. A dos negros les rompieron las extremidades y los dejaron agonizando, teniendo que ser unos marinos ingleses quienes los estrangularon por misericordia. Los franceses miraron con fría serenidad y las damas nobles se burlaron de la compasión de los marineros.[26]

Asedio

Ataques iniciales

Posiblemente los esclavos rebeldes siempre tuvieron entre sus planes atacar Cap‑Français y desde un comienzo en la ciudad se temió un ataque de los rebeldes y que los miles de esclavos dentro se rebelaran.[27] Por esto, el 27 de septiembre[28] el gobernador general ordenó que regresara a la ciudad el destacamento que envió a ayudar a los colonos de la parroquia de Acul el día 23. La paranoia colectiva era alimentada por los relatos de los colonos sobrevivientes que se refugiaban en la urbe. El comandante inicial de las fuerzas francesas fue el coronel del regimiento Chasseurs-Volontaires de Saint-Domingue, el marqués Laurent François Lenoir de Rouvray. El 24 de agosto, después de quemar varias plantaciones y matar una veintena de blancos[27] en la plantación de Chabaud en Limbé, un grupo de esclavos avanzó hacia la ciudad, sumando más esclavos en su camino hasta alcanzar los 1500 en la noche, aunque muchos no tenían armas.[nota 4] Siguieron la ruta de campamento de Haut du Cap, la única zona por donde se podía ingresar a la ciudad.[30] Los franceses instalaron en la posición 300 hombres apoyados con artillería y cuando los negros se acercaron a Cap‑Français el 25 y 26, los rechazaron, causándoles muchas bajas. Posteriormente, el 30 y 31 se descubrió una conspiración organizada por el negro libre Jean-Baptiste Cap para amotinar los esclavos dentro de la urbe el 25 mientras se producían múltiples asaltos desde afuera. Cap había sido elegido «rey de Limbé y Port-Margot» siguiendo la costumbre rebelde de nombrar un rey y una reina en cada parroquia que ocupaban. Sin embargo, el plan se atrasó por alta concentración de tropas y luego un capataz negro traicionó a Cap.[29]

El 30 y 31 de agosto, los esclavos de Dutty Boukman[15] intentaron tomar la parte alta de Cap‑Français.[29] Ya había arrasado las parroquias de Limbé, Anse, Limonade y Acul.[15] Según el historiador François Emmanuel Toulongeon, contaba con 15 000 rebeldes,[31] sin embargo, rumores y cartas de la época elevan la cifra a 40 000 a 50 000.[32] Garran de Coulon reduce el número a 12 000 ó 15 000[33] y menciona que después del asedio aun quedaban huestes de 4000 a 10 000 negros según cartas de la época, aunque las cifras son consideradas exageradas por el historiador.[nota 5] Una carta de un testigo presencial menciona «los 15 000 esclavos insurgentes habían tomado la ruta hacia Le Cap».[nota 6] Otra escribió «Se produce una revuelta de 15 000 esclavos en Saint-Domingue; se presentaron en la ciudad de Le Cap. Los hacendados se armaron y atacaron. Mataron a algunos y dispersaron a otros».[nota 7] Un tercio de ellos estaban armados.[36] Los esclavos rebeldes fueron llamados brigands, «bandidos», por todos los bandos excepto ellos mismos.[37]

Antes de atacar, los negros realizaron bailes rituales del culto vudú para protegerse de sus enemigos, logrando aterrorizar a los blancos que presenciaron su espectáculo. Boukman realizó discursos para animar a sus tropas y siempre acababa diciendo: «El costo de la libertad, habló desde el corazón de todos nosotros».[38] Los colonos lograron resistir,[39] por lo que los negros se dedicaron a arrasar la campiña circundante.[15]

Hambre y esclavos

El miedo a los esclavos que vivían en Cap‑Français llevó a que se establecieran puestos de guardia en todos los puntos de entrada. Los colonos sólo salían de sus casas armados y vigilaban de noche en las puertas para evitar que las quemaran, mientras que algunos amos encerraban a sus esclavos en la catedral o los embarcaban en el muelle cada noche. A otros negros los metieron en la cárcel o los llevaron al dique seco de Grammont, una pequeña isla a media legua de la costa. Los varones negros adultos no podían salir de las casas sin permisos.[19] Cuando el gobernador general planeó una expedición contra los rebeldes, la Asamblea colonial y la provincial declararon: «me expresaron el mayor temor por la ciudad, que contiene entre 8000 y 10 000 hombres negros».[nota 8] Los relatos de los colonos sobrevivientes del campo y las columnas de humo que se veían aumentaron el miedo.[40] El 26 de septiembre, estalló un incendio relativamente menor en Cap‑Français que fue contenido antes de causar mayores daños.[nota 9]

Los recursos empezaron a agotarse y se temió que la ciudad pasara hambre. Además, los blancos sobrevivientes de las plantaciones traían a sus cuadrillas de trabajo, por lo que la Asamblea colonial ordenó que esos esclavos regresaran a sus plantaciones.[19] No ayudaba que el comercio había desaparecido porque los almacenes estaban cerrados y nadie quería comprar o vender. Tampoco que en Cap‑Français convivieran tres autoridades rivales: el gobernador general, la Asamblea colonial y la asamblea provincial.[40] Como los rebeldes controlaban la campiña, sólo patrullas fuertemente armadas podían aventurarse por los caminos.[41] Sólo cuando se autorizó a los barcos entrar y salir del puerto, el tráfico marítimo permitió restablecer el contacto con otros puntos de la colonia y con el mundo exterior.[20] Al mejorar el control de los caminos, se empezaron a construir campamentos para vigilarlos y pareció que se empezaba a contener la rebelión.[42] Fue entonces que los negros asaltaron Grande-Rivière y Dondon con ayuda de los mulatos, cometiendo grandes matanzas de blancos, usualmente después de padecer largos tormentos. Los relatos de los sobrevivientes mencionan la violación de vírgenes y mujeres embarazadas en presencia de sus padres y/o esposos,[43] posiblemente una especie de venganza por los abusos que los amos cometían con las esclavas.[44] Sin embargo, muchos de los que se salvaron fue por la ayuda de sus esclavos, quienes les proveyeron de escondites, provisiones y rutas de escape.[45] Los colonos supervivientes de Dondon huyeron al territorio español.[43] Sin embargo, los hispanos no sólo se negaron a entregar suministros a las autoridades francesas, sino que también se rumoreó que entregaron a muchos exiliados para ser asesinados por los esclavos.[46]

Prolongación del asedio

El gobernador general decidió retomar la iniciativa militar y se organizó una expedición a cargo del marqués de Rouvray, que acampó en Roucooa, en el este de la llanura.[47] Entre tanto, una división de negros se atrincheró en las ruinas de las plantaciones de Galliffet, instalando varias piezas de artillería pesadas que habían capturado por distintos puertos de la costa[48] y las suministrados con municiones que negros de Cap‑Français sacaron del arsenal real. De todas formas, la posición fue tomada por asalto.[49]

En septiembre, Tousard enfrentó a los rebeldes en Port-Margot.[50] El 26 de septiembre,[51] llegaron a la urbe las fragatas inglesas Blonde y Daphne para entregar ayuda a los colonos y vigilar que la rebelión no se extendiera a Jamaica.[52] El 15 de octubre, Boukman fue capturado y decapitado.[53] Su cabeza fue exhibida clavada en una pica en Cap‑Français.[54] Otras fuentes dicen que fue decapitado el 7 de noviembre y su cabeza expuesta en Fond Bleu, cerca de l'Acul, para probar a los rebeldes que su cabecilla no era inmortal como se decía.[55] Según el historiador haitiano Beaubrun Ardouin, fue quemado vivo.[56] Le sucedieron Papillón, Biassou y Bullet, pero mientras que el primero intentó negociar un acuerdo, los otros dos se decidieron a continuar la guerra.[54]

A finales de octubre, los rebeldes ocuparon el noroeste de la provincia, zona que bordeaba con Capitanía General de Santo Domingo.[57] Al mes siguiente, Bullet fue capturado y ejecutado,[58] mientras que Tousard volvía a enfrentarse a los rebeldes, esta vez en Fuerte Delfín.[50] Sin embargo, los esclavos intercambiaron el botín del saqueo de las plantaciones por comida y municiones de españoles[58] o de marineros estadounidenses, especialmente azúcar y ron.[49] La principal fuente de ingresos de Papillón y Biassou fue la venta de otros negros como esclavos en la parte española de la isla. El primero era monárquico y se justificaba afirmando que eran malas personas, pero que al no desear matarlos les sacaban provecho para su causa. En realidad, simplemente repetía el comportamiento que daban los reyes africanos a sus cautivos.[59]

El 29 de noviembre, desembarcó en Cap-Français con tropas de refuerzo una primera comisión civil formada por los comisarios Ignace-Frédéric de Mirbeck, Edmond de Saint-Léger y Philippe-Rose Roume de Saint-Laurent, quienes negociaron una amnistía en que los líderes rebeldes obtendría su libertad, pero sus seguidores no.[60] Incluso Saint-Léger se entrevistó personalmente con Papillón en la plantación St. Michel, donde el comisionado pasó a través de una multitud de rebeldes para llegar ante el caudillo y saludarlo respetuosamente. El gesto impresionó tanto al jefe rebelde que se arrodilló ante él.[61] Sin embargo, al enterarse de las negociaciones, los colonos planearon matar a los jefes de los negros y a su vez, pero sus planes llegaron a oídos de los rebeldes, haciendo fracasar las negociaciones.[60] En respuesta, los negros de Papillón atacaron la zona oriental y saquearon Fort Dauphin y Ounaminthe en enero de 1792.[62] Poco después, rebelión se extendió a la península del noroeste de Saint-Domingue.[63] Sintiendo amenazada su vida por los contrarrevolucionarios blancos, Saint-Léger regresó a Francia mientras que Roume intentó continuar las negociaciones hasta ser expulsado por Louverture.[61]

Papillón asumió el mando supremo como grand-amiral de France y su segundo Biassou usaba el título de généralissime desde armées du roi,[64] aunque otras fuentes dicen que usaban los títulos de vicealmirante y gobernador general respectivamente. Papillón y Biassou no confiaban entre sí, pero deseaban evitar una guerra abierta, así que se dividieron el territorio: el primero se estableció al oriente de la provincia Norte, con sus cuarteles en Ouanaminthe; el segundo se estableció al sur de la planicie norte, en el valle de Grande-Rivière.[65] A partir de ese momento, pasaron un año organizando la administración de los territorios rebeldes, fortificando las antiguas plantaciones y entrenando un ejército. A su favor muchos negros tenían experiencia en combate cuerpo a cuerpo, uso de armas de fuego y caballería, algo que sus dueños probablemente desconocían al comprarlos.[58] Rara vez resistían una primera descarga de fuego en las escaramuzas, pero rápidamente empezaron a desarrollar maniobras militares complejas y siempre volvían al combate. Preferían hostigar a los blancos, estresándolos con constantes falsas alarmas.[49] Cuando los blancos tomaban una posición de los esclavos, se dispersaban por las montañas para reorganizarse, recibir refuerzos y atacar en otros puntos.[1]

En la noche del 22 y 23 de enero de 1792, Biassou lanzó un ataque sorpresa contra Cap‑Français para conseguir municiones y suministros.[66] El asedio de la ciudad se prolongó por casi un año y medio.[65] El 17 de septiembre, llegaron a ella el general de división Étienne de Laveaux, los comisionados civiles y tropas de refuerzo.[67] Con las fuerzas reunidas,[nota 10] en noviembre Laveaux inició su contraofensiva, reconquistando varios puntos fortificados y para febrero de 1793 obligó a los rebeldes refugiarse en territorio español.[58] El general francés aprovechó que Biassou y Papillón se habían debilitado disputándose el mando de los insurrectos.[70] El 19 de enero de 1793,[71][72] el palacete[70] de Biassou en La Tannerie es asaltado y quemado[73] por 1000 soldados y milicianos;[64] Papillón apenas logró escapar después de perder su caballo.[70]

En Grande-Rivière se sometieron 14 000 negros[74] varones, féminas e infantes hambrientos y enfermos que suplicaban ser admitidos bajo el control republicano. A Toussaint le quedaban unos cientos de fieles y a Biassou y Papillón más tropas, pero estaban más debilitados. Candy, un cimarrón mulato, prefirió rendirse, iniciando la actitud vacilante que mostraron el resto de jefes mulatos.[75] Laveaux y sus fuerzas numéricamente inferiores preparaban una última ofensiva que acabara con la rebelión,[76] sin embargo, la ejecución de Luis XVI de Francia dio comienzo a la guerra de la Primera Coalición. Los esclavos rebeldes empezaron a recibir apoyo español y después también británico para continuar luchando.[77]

Consecuencias

La rebelión se extendió rápidamente por toda la planicie central de la provincia Norte[78] y pronto contagió a la provincia Oeste.[58] Según Rainsford, en los dos primeros meses habían muerto más de 2000 blancos y 10 000 esclavos rebeldes, sin distinguir edad o sexo.[49] Testimonios de la época afirmaban que solamente en un ataque a Cap‑Français murieron 2000 negros y otros 1500 fueron capturados, de los cuales una décima parte fue decapitada.[nota 11] Para septiembre se estimaba que más de 3000 rebeldes ya habían caído en combate.[nota 12]

Más de 1200 familias de colonos lo había perdido todo y dependían de la caridad, se habían destruido 180 plantaciones de azúcar y 900 de café, algodón o índigo.[49] En la carta de un particular se menciona que hasta finales de septiembre se quemaron 220 plantaciones azucareras y 600 cafeteras.[nota 13] En un listado oficial se contabilizaba que en el primer mes o dos de rebelión, fueron destruidas 1391 plantaciones (172 de azúcar, 1185 de café y 34 de índigo).[83]

El 28 de septiembre de 1791, se publicó en una gaceta de Filadelfia que «los insurgentes negros ascienden a 70 000».[84] En cambio, Thomas Jefferson estimaba en un informe sin fecha que 30 000 a 50 000 esclavos se habían alzado en la provincia Norte.[85] En un escrito oficial del 13 de septiembre de 1791, la Asamblea Nacional de Francia eleva el número a 100 000.[86] Al año siguiente, el gobernador general Blanchelande informaba a los comisionados recién llegados de Francia que unos 60 000 negros vivían en territorios controlados por los rebeldes, cerca de un tercio de la población de la provincia Norte, pero en ninguna localización estaban acampados más de 3000. Su rudimentaria economía les impedía concentrar muchos hombres por demasiado tiempo en un lugar.[59]

El político británico Bryan Edwards escribió que unos 100 000 negros vivían en territorios dominados por los rebeldes y 40 000 estaban en armas.[87] Ya en su época se consideraron esos cálculos como exagerados, pues el mismo Edwards reconoce que hubo un gran número de muertos y los informes mencionan que no más de 3000 rebeldes mandaban jefes importantísimos como Papillon, Biassou, Toussaint, Macaya o Maréchal, entre otros.[88]

Notas

Referencias

Bibliografía

Related Articles

Wikiwand AI