Tomás Paleólogo
Déspota de Morea
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Tomás Paleólogo (en griego antiguo: Θωμᾶς Παλαιολόγος, romanizado: Thōmâs Palaiológos; en serbio: То̏ма Палео̀лог, romanizado: Tȍma Paleòlog; 1409 - 12 de mayo de 1465) fue déspota de Morea desde 1428 hasta 1460, aunque continuó reclamando ese título hasta su muerte cinco años después. Era hermano menor de Constantino XI, el último emperador bizantino. Fue nombrado déspota de la península en 1428 por su hermano mayor, el emperador Juan VIII, y allí se unió a sus otros hermanos —los también déspotas Teodoro II y Constantino— que ya gobernaban la región. Aunque Teodoro se mostraba reacio a cooperar, los otros dos trabajaron eficazmente para fortalecer el despotado y ampliar sus fronteras. En 1432 logró incorporar al dominio bizantino los últimos territorios del Principado de Acaya, fundado durante la cuarta cruzada más de dos siglos antes, gracias a su matrimonio con Catalina Zaccaria, heredera de ese principado.
Constantinopla, Imperio romano de Oriente)
| Tomás Paleólogo | ||
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Representación de Tomás Paleólogo en un fresco de Pinturicchio sobre la llegada de Pío II a la ciudad de Ancona, en la Catedral de Siena (1502-1507). | ||
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| Déspota de Morea | ||
| 1428-1460 | ||
| Predecesor | Teodoro II Paleólogo (como único déspota) | |
| Sucesor | Andrés Paleólogo (titular) | |
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| Información personal | ||
| Nombre en griego | Θωμᾶς Παλαιολόγος | |
| Nacimiento |
1409 Constantinopla, Imperio romano de Oriente) | |
| Fallecimiento |
12 de mayo de 1465jul. Roma (Estados Pontificios) | |
| Sepultura | Antigua basílica de San Pedro | |
| Familia | ||
| Familia | Dinastía Paleólogo | |
| Padres |
Manuel II Paleólogo Helena Dragaš | |
| Cónyuge | Catalina Zaccaria | |
| Hijos | ||
| Firma | ||
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En 1449 apoyó la subida al trono de su hermano Constantino pese a las intrigas de otro de sus hermanos, Demetrio, que también aspiraba al trono. Tras la coronación imperial, Demetrio recibió el encargo de gobernar Morea junto a él, pero la colaboración entre ambos estuvo marcada por disputas constantes. Después de la caída de Constantinopla y del fin del Imperio bizantino en 1453, el sultán Mehmed II permitió a ambos hermanos seguir cogobernando como vasallos del Imperio otomano. Sin embargo, el déspota aspiraba a convertir ese pequeño territorio en el punto de partida para una campaña destinada a restaurar el Imperio, por lo que confió en el apoyo del papado y de Europa occidental. Las continuas disputas con Demetrio —quien favorecía a los otomanos— llevaron finalmente al sultán a invadir y conquistar Morea en 1460.
Después de la conquista, el déspota y su familia —su esposa Catalina y sus tres hijos menores, Zoe, Andrés y Manuel— huyeron al exilio, primero a Modona, entonces en manos de la República de Venecia, y luego a Corfú, donde permaneció su familia. Con la esperanza de reunir apoyos para una cruzada que le permitiera recuperar su poder —o, incluso, restaurar el Imperio bizantino—, viajó a Roma, donde fue acogido y sostenido por el papa Pío II, si bien sus esperanzas de reconquista nunca se materializaron.
Murió en Roma el 12 de mayo de 1465. Luego de su fallecimiento, sus derechos y pretensiones pasaron a su hijo mayor, Andrés, quien también intentó obtener apoyo para una campaña destinada a restaurar el desaparecido despotado, así como el Imperio.
Biografía
Primeros años y nombramiento como déspota
Mientras el Imperio bizantino se desintegraba y fragmentaba a lo largo del siglo XIV, los emperadores de la dinastía Paleólogo llegaron a considerar que la forma más segura de preservar sus últimos territorios era concederlos a sus hijos como apanajes, junto con la designación del título de déspota[nota 1] para que los defendieran y gobernaran.[5] El emperador Manuel II Paleólogo tuvo seis hijos que sobrevivieron a la infancia; el mayor de ellos, Juan, fue elevado a la dignidad de coemperador y designado heredero del trono, el segundo hijo, Teodoro, recibió el título de déspota de Morea, mientras que el tercero, Andrónico, sería nombrado déspota de Tesalónica en 1408, cuando apenas tenía ocho años. Los hijos menores Constantino, Demetrio y Tomás, el más joven y nacido en 1409, permanecieron en Constantinopla debido a la falta de territorios suficientes que pudieran asignárseles.[6] Los vástagos de Manuel II, a excepción de su primogénito, suelen ser descritos con la distinción de porfirogénitas o «nacidos en la púrpura», es decir, nacidos en el palacio imperial durante el reinado de su padre.[7]
Las relaciones entre los hermanos de la familia Paleólogo no siempre fueron buenas dado que, aunque Juan y Constantino parecen haber mantenido una relación cordial, los vínculos entre este último y los menores, Demetrio y Tomás, resultaron más tensos, por lo que estas complejas relaciones se pusieron a prueba cuando Juan —ya como emperador— nombró a Constantino déspota de Morea en 1428.[7][8] Como su hermano Teodoro se negó a abandonar su cargo, el despotado pasó a ser gobernado simultáneamente por dos miembros de la familia imperial por primera vez desde su creación en 1349. Poco después, el joven Tomás, de diecinueve años en ese entonces, también fue nombrado déspota de la región, de modo que el territorio, nominalmente indivisible, quedó en la práctica fragmentado en tres pequeños principados.[9][10]
Teodoro no cedió su lugar en la capital del despotado, Mistrá, ni a Constantino ni a Tomás. En cambio, concedió al primero diversas tierras repartidas por Morea, entre ellas el puerto septentrional de Egio, varias fortalezas y ciudades de Laconia al sur, así como Kalamata y la región de Mesenia al oeste y, estableció su capital en Glarentza. Por su parte, Tomás recibió territorios en el norte y fijó su residencia en el castillo de Kalávrita.[9][11]
Gobierno como déspota en el Imperio bizantino
El fortalecimiento de Morea

Poco después de ser nombrados déspotas, Constantino y Tomás, junto con su hermano Teodoro, decidieron unir sus fuerzas para intentar apoderarse del próspero y estratégico puerto de Patras, situado al noroeste de Morea y entonces bajo la autoridad de su arzobispo católico, Pandolfo Malatesta.[12][13] La campaña fracasó —quizá por la falta de entusiasmo de Teodoro—, pero constituyó la primera experiencia militar de Tomás. Posteriormente, Constantino logró capturar Patras por su cuenta, con lo que puso fin a doscientos veinticinco años de dominio extranjero.[14]
Los primeros años de gobierno de Tomás como déspota no estuvieron exentos de logros territoriales. Desde hacía tiempo él y Constantino venían reduciendo los últimos restos del Principado de Acaya, un estado latino fundado después de la cuarta cruzada en 1204 y que en otro tiempo había controlado casi toda la península.[15] Finalmente fue Tomás quien puso fin a aquel principado al contraer matrimonio con Catalina, hija y heredera del último príncipe, Centurione II Zaccaria.[16][17] A la muerte de este en 1432, pudo reclamar todos los territorios que aún quedaban bajo su autoridad.[18][19] Durante la década de 1430, los dos hermanos lograron que casi todo el Peloponeso volviera a manos bizantinas por primera vez desde 1204, salvo algunos puertos controlados por la República de Venecia.[20][21][22]
El sultán Murad II, gobernante del Imperio otomano —que ya dominaba la mayor parte del antiguo territorio bizantino y había reducido al Imperio y al despotado a la condición de vasallos— observó con preocupación esta serie de éxitos en Morea.[23] En 1431, Turahan Bey, general turco que gobernaba Tesalia, envió sus tropas hacia el sur para destruir la principal línea defensiva de la península, el muro del Hexamilión, para recordarles así a los déspotas su condición de vasallos del sultán.[24][25]

En marzo de 1432, quizá deseoso de estar más cerca de Mistrá, Constantino concluyó un nuevo acuerdo territorial con su hermano Tomás, probablemente aprobado tanto por Teodoro como por el emperador Juan VIII Paleólogo. Tomás aceptó ceder su fortaleza de Kalávrita, que pasó a convertirse en la nueva capital de aquel, y recibió a cambio Élide, donde estableció la suya propia.[24][26] Aunque en 1432 las relaciones entre los tres déspotas parecían buenas, pronto se deterioraron. El emperador no tenía hijos que lo sucedieran y se suponía que su heredero sería uno de sus cuatro hermanos supervivientes,[27] pero prefería a Constantino como sucesor, decisión aceptada por Tomás —que mantenía buenas relaciones con él— pero mal recibida por Teodoro.[28] Cuando el primero fue convocado a Constantinopla en 1435, este último creyó que iba a ser nombrado coemperador y heredero designado; por ello acudió también a la capital para presentar sus objeciones. La disputa no se resolvió hasta finales de 1436, cuando el futuro patriarca Gregorio Mammas fue enviado para reconciliarlos y evitar una guerra civil. Más tarde, durante la ausencia del emperador en el Concilio de Florencia (1437-1440),[29] Constantino actuó como regente en Constantinopla, mientras sus hermanos permanecían gobernando en Morea. En noviembre de 1443, cedió la administración de Selimbria —que había recibido tras ayudar a sofocar la rebelión de su hermano menor Demetrio— a Teodoro, quien a su vez renunció al Despotado de Morea.[30] De este modo, Constantino y Tomás quedaron como los únicos déspotas de la región. Aunque este acuerdo acercaba a Teodoro a Constantinopla, también convertía al primero en señor de la capital del despotado y en uno de los hombres más poderosos del reducido Imperio.[31] Con sus otros hermanos apartados del poder en la península, ambos gobernantes esperaban reforzar Morea —convertida entonces en el principal centro cultural del mundo bizantino— y transformarla en un principado seguro y casi autosuficiente.[32] El filósofo Gemisto Pletón sostenía que, si Constantinopla era la Nueva Roma, Mistrá y Morea podían llegar a convertirse en una «Nueva Esparta», un reino helénico centralizado y poderoso.[33]
Ataques turcos y ascenso de Constantino XI al trono

Entre las medidas adoptadas para fortalecer el despotado se incluyó la reconstrucción del muro del Hexamilión, destruido por los turcos en 1431. Ambos déspotas restauraron completamente la fortificación, concluida en marzo de 1444.[34] Sin embargo, fue nuevamente destruida en 1446 después de que Constantino intentara extender su control hacia el norte y se negara a cumplir las exigencias del sultán de desmantelarla.[35] Decididos a defenderla, reunieron todas las fuerzas disponibles —quizá hasta veinte mil hombres— para proteger la línea defensiva.[36] A pesar de ello, la batalla librada allí en 1446 terminó en una aplastante victoria turca, y ambos hermanos apenas lograron escapar.[37] Tras la derrota, Turahan Bey fue enviado hacia el sur para tomar Mistrá y devastar las tierras de Constantino, mientras el sultán Murad II conducía sus fuerzas por el norte del Peloponeso.[35] Aunque Turahan no logró capturar la ciudad, aquello tenía poca importancia, pues Murad no pretendía conquistar Morea en ese momento, sino simplemente aterrorizar la región; poco después los turcos abandonaron la península, dejándola devastada y despoblada.[38] Los dos déspotas no tuvieron más remedio que reconocer a Murad como su señor, pagarle tributo y prometer que jamás reconstruirían el muro del Hexamilión.[39][40][41]
Su antiguo co-déspota Teodoro murió en junio de 1448 y, el 31 de octubre de ese mismo año, falleció también el emperador Juan VIII. Los posibles aspirantes al trono eran Constantino, Demetrio y Tomás. Aunque Juan no había designado oficialmente a un heredero, todos sabían que prefería a Constantino, elección respaldada además por la voluntad de su madre, Helena Dragas.[42] Tomás, que no tenía intención de reclamar el trono, y Demetrio, que sí lo deseaba ardientemente, se apresuraron a llegar a Constantinopla antes que Constantino.[43] Demetrio contaba con el apoyo de numerosos partidarios del antiunionismo, pero Helena reclamó su derecho a ejercer la regencia hasta la llegada de su hijo mayor, retrasando así el intento de apoderarse del trono. Tomás aceptó la proclamación de Constantino, y Demetrio, que finalmente se sumó también a la proclamación del nuevo emperador, fue apartado.[44] El historiador bizantino Jorge Esfrantzes informó entonces al sultán Murad II, quien aceptó igualmente la elevación de Constantino al trono como Constantino XI Paleólogo.[45] Para alejar a Demetrio de la capital, el nuevo emperador lo nombró déspota de Morea, encargado de gobernar el territorio junto a Tomás. Demetrio recibió Mistrá y administró principalmente el sur y el este del despotado, mientras que Tomás gobernó Corintia y el noroeste, utilizando alternativamente Patras o Leontari como capital.[46][47]
En 1451 murió el envejecido sultán Murad II, que había renunciado a conquistar Constantinopla, y fue sucedido por su joven y enérgico hijo Mehmed II,[48] decidido ante todo a apoderarse de la ciudad.[49] En 1452, mientras se preparaba el asedio otomano de Constantinopla, el emperador envió un mensaje urgente a Morea pidiendo que uno de sus hermanos acudiera con tropas en su ayuda. Para impedirlo, Mehmed envió nuevamente a Turahan Bey a devastar la península.[50] El ataque turco fue rechazado por un ejército dirigido por Mateo Paleólogo Asen, cuñado de Demetrio, pero aquella victoria llegó demasiado tarde para prestar auxilio a Constantinopla.[51]
Mantenimiento del poder en la Morea
Primeros años bajo dominio otomano

La caída de Constantinopla culminó el 29 de mayo de 1453. Durante la defensa de la ciudad murió Constantino XI, lo que puso fin al Imperio bizantino.[51][52] Tras la caída de la capital, una de las preocupaciones más urgentes para el nuevo régimen otomano era la posibilidad de que algún pariente superviviente del emperador reuniera partidarios e intentara restaurar el Imperio.[53] Sin embargo, para el sultán Mehmed II los dos déspotas de Morea apenas representaban una molestia, por lo que les permitió conservar sus títulos y territorios.[54] Cuando emisarios de Tomás y de Demetrio acudieron ante el sultán en Adrianópolis algunos meses después, este no exigió ninguna cesión territorial, sino únicamente el pago de un tributo anual de diez mil ducados.[55][56] Al permitirse la continuidad del despotado, numerosos refugiados bizantinos se dirigieron allí, convirtiendo a Morea en una especie de gobierno bizantino en el exilio.[57] Algunos de estos refugiados influyentes e integrantes de la corte incluso llegaron a plantear la idea de proclamar emperador de los romanos a Demetrio —el mayor de los dos hermanos— como sucesor legítimo de Constantino XI.[58] Es posible que ambos gobernantes pensaran también en transformar su pequeño estado en un punto de reunión para una campaña destinada a restaurar el Imperio.[54] El territorio era fértil y relativamente próspero, por lo que durante un tiempo pareció plausible que la tradición imperial sobreviviera en el Peloponeso.[58] Sin embargo, la falta de cooperación entre los dos hermanos frustró tales expectativas: gran parte de sus recursos se consumió en disputas mutuas en lugar de prepararse para luchar contra los turcos.[54] Además, se conocían poco, ya que uno había pasado casi toda su vida en Morea mientras el otro había residido principalmente en otros lugares.[49]
Poco después de la caída de Constantinopla estalló una revuelta contra los déspotas en Morea, provocada por el descontento de numerosos inmigrantes albaneses frente a las acciones de los terratenientes griegos locales.[50] Los albaneses habían respetado a los antiguos déspotas —como Constantino y Teodoro—, pero despreciaban a los gobernantes actuales.[59] Aprovechando la ausencia de una autoridad central procedente de Constantinopla, intentaron hacerse con el control del despotado. En el territorio gobernado por Tomás, los rebeldes proclamaron como jefe a Juan Asen Zaccaria, hijo del último príncipe de Acaya.[60][61] En la parte controlada por Demetrio, el dirigente de la revuelta fue Manuel Cantacuceno, nieto de Demetrio Cantacuceno y descendiente del emperador Juan VI Cantacuceno.[51] Incapaces de derrotar por sí solos a los albaneses, los déspotas recurrieron a la única potencia cercana capaz de ayudarlos: el Imperio otomano.[58] Mehmed II, que no deseaba ver el despotado caer en manos albanesas y escapar así a su control, envió un ejército en diciembre de 1453 para sofocar la revuelta.[62] Esta no fue completamente aplastada hasta octubre de 1454, cuando Turahan Bey llegó para ayudar a restablecer firmemente la autoridad de los déspotas.[50] A cambio, el sultán exigió un aumento del tributo, que pasó de diez mil a doce mil ducados anuales.[58]
La esperanza de apoyo de Occidente
Ninguno de los dos hermanos estaba en condiciones de reunir la suma exigida, y sus orientaciones políticas comenzaron a divergir.[63] Demetrio, probablemente más realista, había renunciado en gran medida a la esperanza de recibir ayuda cristiana de Occidente y consideraba preferible apaciguar a los turcos. Tomás, en cambio, seguía confiando en que el papado pudiera convocar una cruzada para restaurar el Imperio bizantino.[50] Estas esperanzas no eran del todo infundadas. La caída de Constantinopla había provocado en Europa occidental una conmoción comparable a la sentida en los últimos territorios bizantinos. En septiembre de 1453, el papa Nicolás V promulgó la bula de cruzada Etsi ecclesia Christi, llamando a los cristianos de Occidente a tomar la cruz para recuperar la ciudad.[64] La respuesta fue entusiasta: varios soberanos poderosos se comprometieron con el proyecto, entre ellos Felipe III de Borgoña en febrero de 1454 y Alfonso V de Aragón en noviembre de 1455. Este último prometió dirigir personalmente una fuerza de cincuenta mil hombres y cuatrocientos navíos contra los otomanos. En Fráncfort, el emperador Federico III reunió un consejo de príncipes alemanes y propuso enviar cuarenta mil soldados a Hungría, donde los otomanos habían sufrido una aplastante derrota en la sitio de Belgrado en 1456.[65] Si las fuerzas combinadas de Hungría, Aragón, Borgoña y el Sacro Imperio Romano Germánico hubieran sido movilizadas para aprovechar esa victoria, el dominio otomano en los Balcanes habría quedado seriamente comprometido.[66]
Aunque los otomanos habían consolidado la posición de los dos déspotas tras la reciente revuelta albanesa, la posibilidad de una ayuda occidental para restaurar los territorios bizantinos resultaba demasiado atractiva. En 1456, Tomás envió a Juan Argirópulo a Occidente para explorar la posibilidad de obtener apoyo para Morea. La elección fue deliberada: Argirópulo había sido un firme partidario del Concilio de Florencia, lo que le aseguró una buena acogida en Roma por parte del sucesor de Nicolás V, el papa Calixto III. Desde Roma viajó también a Milán, Inglaterra y Francia. Otros enviados fueron despachados a Aragón —dado el compromiso de Alfonso con los proyectos de cruzada— y a República de Venecia, pues Tomás esperaba poder refugiarse en territorio veneciano en caso de un ataque otomano contra Morea. La perspectiva de una cruzada parecía tan cercana que incluso Demetrio, pese a su marcada hostilidad hacia Occidente, moderó su postura antilatina y envió sus propios emisarios.[67] Probablemente Argirópulo llegó a Roma al mismo tiempo que el enviado de Demetrio, Franculio Servópulo. Ambos diplomáticos recorrieron Europa visitando las mismas cortes, aunque actuando de forma independiente. Incluso en el ámbito diplomático, los dos hermanos fueron incapaces de cooperar.[68]
Guerra civil de Morea y caída del despotado

Finalmente, ninguna cruzada llegó a ponerse en marcha contra los otomanos. Convencidos de que la ayuda occidental acabaría llegando —y además incapaces de pagar— los dos déspotas llevaban ya tres años sin entregar el tributo anual exigido por el sultán Mehmed II.[68] Sin dinero procedente de Morea y ante la creciente posibilidad de una intervención occidental, el soberano perdió la paciencia con los Paleólogos.[69] En mayo de 1458 el ejército otomano partió de Adrianópolis y penetró en la península. La única resistencia seria se produjo en Corinto, dentro del territorio gobernado por Demetrio.[50][70] Mientras su artillería bombardeaba y sitiaba la ciudad, el sultán marchó con el resto de sus fuerzas hacia el norte del despotado, bajo el dominio de Tomás, para devastarlo y ocuparlo. Corinto terminó capitulando en agosto, después de que varias ciudades del norte ya se hubieran rendido.[71][72] El castigo impuesto a Morea fue severo: el territorio controlado por los dos hermanos quedó drásticamente reducido. Corinto, Patras y gran parte del noroeste de la península fueron anexados al Imperio otomano y puestos bajo gobernadores turcos.[73] A los Paleólogos solo se les permitió conservar el sur, incluida la capital nominal del despotado, Mistrá, a condición de pagar regularmente el tributo al sultán.[74]
Apenas se retiraron los otomanos, los dos hermanos reanudaron sus disputas.[74][75] La victoria de Mehmed no hizo sino intensificar su antagonismo. Demetrio se volvió aún más favorable a los otomanos después de que el sultán le prometiera la mano de su hija Helena Hatun, mientras que Tomás —cuyos territorios anexados incluían casi toda su zona de dominio, así como su capital, Patras— depositó sus últimas esperanzas en Occidente. En enero de 1459, Tomás se rebeló contra su hermano y contra los otomanos, aliándose con varios señores albaneses.[76][77] Sus fuerzas capturaron la fortaleza de Kalávrita y numerosas tierras en la Morea central, además de sitiar Kalamata y Mantinea, plazas fuertes controladas por Demetrio.[78] Este respondió apoderándose de Leontari y solicitó ayuda a los gobernadores turcos del norte de la península. Se hicieron repetidos intentos de reconciliar a los dos hermanos —entre ellos cuando Mehmed ordenó al obispo de Lacedemonia obligarlos a jurar la paz—, pero ninguna tregua duró mucho tiempo.[79][80] Gran parte de la nobleza bizantina de Morea asistía con espanto a esta guerra civil.[79] El historiador Jorge Esfrantzes resumió la situación de este modo:
«Los dos hermanos combaten con todos sus recursos. El señor Demetrio pone su esperanza en la amistad y la ayuda del sultán, y en su pretensión de que sus súbditos y castillos han sido perjudicados; mientras que el señor Tomás se apoya en que su adversario ha cometido perjurio y en que libra la guerra contra el impío».[79]
Aunque Demetrio contaba con más soldados y recursos, Tomás y sus aliados albaneses lograron obtener ayuda de Occidente.[81] Tras una escaramuza victoriosa contra los otomanos, envió a Roma dieciséis soldados turcos capturados, escoltados por guardias armados, para convencer al papa de que estaba librando una guerra santa contra los musulmanes. La estrategia dio resultado: el pontífice envió trescientos soldados italianos al mando del condotiero milanés Gianone da Cremona.[82] Con estos refuerzos, Tomás obtuvo ventaja y Demetrio pareció estar a punto de ser derrotado. Este se retiró a Monemvasia y envió a Mateo Asen a Adrianópolis para implorar la ayuda del sultán.[79] Los llamamientos de Tomás a Occidente representaban una amenaza real para los otomanos, agravada por el apoyo entusiasta del cardenal Besarión, un refugiado bizantino que había abandonado el Imperio años antes.[83] El papa Pío II convocó en 1459 un concilio en Mantua y envió a Besarión y a otros prelados a predicar una cruzada contra los otomanos por toda Europa.[84][85][74][86]
Decidido a someter definitivamente Grecia, Mehmed llegó a la conclusión de que solo la destrucción total del despotado y su incorporación directa al Imperio podía resolver la situación. En abril de 1460 reunió de nuevo su ejército y lo condujo personalmente primero a Corinto y luego a Mistrá.[80] Aunque Demetrio se había alineado ostensiblemente con el sultán, Mehmed invadió primero sus territorios.[87] El déspota se rindió sin combatir, temiendo represalias y tras haber puesto a su familia a salvo en Monemvasia. Mistrá cayó en manos otomanas el 29 de mayo de 1460, exactamente siete años después de la caída de Constantinopla.[88] Las pocas plazas de Morea que se atrevieron a resistir fueron devastadas conforme al derecho de guerra islámico: los hombres fueron masacrados y las mujeres y los niños reducidos a cautiverio. Mientras numerosos refugiados griegos huían hacia territorios venecianos como Modona y Corone, la península fue sometida gradualmente. La última resistencia organizada la encabezó Constantino Graitzas Paleólogo, pariente de Tomás y Demetrio, en Salmenico en julio de 1461.[80][89][90]
Exilio y últimos años

Cuando Tomás tuvo noticia de la invasión dirigida por Mehmed II, se refugió primero en Mantinea para observar la evolución de la situación.[87] Cuando el avance otomano hacia Leontari se hizo evidente y resultó claro que pronto llegarían ante Mantinea, huyó junto con su séquito —entre ellos varios nobles griegos como Jorge Esfrantzes—, su esposa Catalina y sus hijos Andrés, Manuel y Zoe hacia Modona.[91] Desde allí, naves de la República de Venecia los condujeron a Corfú, donde llegaron el 22 de julio de 1460.[87][92] Aunque Catalina y los niños permanecieron en la isla, aquel lugar solo era para él un refugio provisional: las autoridades locales se negaron a alojarlo durante demasiado tiempo por temor a provocar a los otomanos.[91] Sin saber a dónde dirigirse, intentó trasladarse a Ragusa, pero su Senado rechazó categóricamente recibirlo. Al mismo tiempo, Mehmed II envió mensajeros invitándolo a concluir un «tratado de amistad» y prometiéndole tierras si aceptaba regresar a Grecia. Desconfiado y preocupado, el príncipe despachó emisarios tanto al sultán como a la Santa Sede para informar al papa de su situación. El enviado dirigido hacia Mehmed encontró al soberano en Veria y, pese a las palabras tranquilizadoras de este, fue inmediatamente arrestado junto con su escolta.[87]
Días después el embajador fue liberado y regresó a Corfú con un mensaje: Tomás debía presentarse personalmente ante el sultán o enviar a algunos de sus hijos. Ante esta exigencia, concluyó que no tenía otra opción que dirigirse a Occidente. El 16 de noviembre de 1460 dejó a su familia en Corfú y navegó hacia Italia, desembarcando en Ancona.[93] En marzo de 1461 llegó a Roma,[94][95] donde esperaba persuadir al papa Pío II de organizar una cruzada.[91] Como hermano del último emperador bizantino, era el dirigente en el exilio más prestigioso entre los numerosos cristianos que huían de los Balcanes ante las conquistas otomanas.[96][97]
A su llegada fue recibido por el pontífice, quien le concedió la Rosa de Oro, alojamiento en el Ospedale di Santo Spirito in Sassia y una pensión mensual de 300 ducados (3600 anuales).[98] Además, los cardenales le otorgaron otros 200 ducados mensuales y la República de Venecia 500 más, al tiempo que le suplicaba que no regresara a Corfú para no deteriorar aún más sus relaciones con los otomanos. Para los numerosos partidarios que lo acompañaban, aquella suma apenas bastaba para mantener al propio déspota y era claramente insuficiente para sostener a su séquito.[99] El papado lo reconoció oficialmente como legítimo déspota de Morea e incluso como heredero del Imperio bizantino, aunque él nunca reclamó el título imperial.[100]
Durante su estancia en Roma, debido a su «alta estatura y bella apariencia», sirvió como modelo para la estatua de san Pablo que aún se alza frente a la Basílica de San Pedro. El 12 de abril de 1462 entregó al papa la supuesta cabeza de San Andrés, una valiosa reliquia que durante siglos había permanecido en territorios bizantinos.[93][101] El gesto tuvo gran repercusión para Pío II: Andrés era hermano de san Pedro y era considerado fundador de la Iglesia de la «Nueva Roma» —Constantinopla— del mismo modo que Pedro lo era de la Iglesia de la «Antigua Roma». Aunque la mayoría de los fieles ortodoxos había rechazado la unión acordada en el Concilio de Florencia, la Iglesia latina seguía apoyándola. La llegada del príncipe bizantino —católico uniata— llevando la reliquia de Andrés y solicitando la protección del sucesor de Pedro llevó al papa a organizar una fastuosa ceremonia simbólica, típica del estilo de los pontífices del Renacimiento.[102] El acontecimiento, celebrado como el «retorno» del apóstol, quedó representado en la tumba de Pío II.[99]
En la década de 1460 resurgieron los proyectos de cruzada contra el Imperio otomano. El papa convirtió la reconquista de Constantinopla en uno de los objetivos principales de su pontificado, y el concilio convocado en Mantua en 1459 obtuvo la promesa de un ejército de ochenta mil hombres procedentes de varias potencias europeas. El apoyo naval quedó asegurado en 1463 cuando la República de Venecia declaró formalmente la guerra a los otomanos tras nuevas incursiones turcas en Grecia. En octubre de ese mismo año, Pío II proclamó oficialmente la guerra al Imperio otomano después de que Mehmed rechazara convertirse al cristianismo.[103] Mientras muchos exiliados balcánicos en Occidente se resignaban a vivir en el olvido,[96] Tomás seguía esperando recuperar territorios bizantinos y apoyaba firmemente los planes de cruzada.[103][100]
A comienzos de 1462 abandonó Roma para recorrer Italia en busca de más apoyos, provisto de cartas pontificias de indulgencia.[104][100] Pío II lo describía como «un príncipe nacido de la ilustre y antigua familia de los Paleólogo… un hombre hoy exiliado, despojado de todo excepto de su linaje».[100] Al igual que su padre Manuel II y su hermano Juan VIII, poseía gran porte y una apariencia distinguida, lo que hacía difícil ignorar sus peticiones. El embajador de Mantua lo retrató como «un hombre hermoso, de expresión noble y grave, con porte verdaderamente principesco», y los enviados milaneses que lo conocieron en Venecia afirmaron que «era tan digno como cualquier hombre sobre la tierra». Entre todas las cortes visitadas, solo Venecia se opuso firmemente a él: no solo exigió su partida inmediata, sino que envió embajadores a Roma para solicitar que no participara en la expedición, alegando que su presencia podría provocar «escándalos terribles e inconcebibles». Esta hostilidad podría explicarse por sus antiguas expansiones sobre territorios venecianos o por el papel que sus disputas con Demetrio habían tenido en la caída del despotado. A pesar de sus esfuerzos, ninguna expedición partió hacia Grecia. Cuando el ejército estaba listo para embarcar en 1464, Pío II viajó personalmente a Ancona para unirse a la cruzada, pero murió allí el 15 de agosto. Sin su impulso, la iniciativa se derrumbó de inmediato y los barcos se dispersaron uno tras otro.[104]
Tras la muerte de su esposa en agosto de 1462,[105] el príncipe hizo venir a sus hijos desde Corfú, pero estos no llegaron a Roma hasta después de su propio fallecimiento, ocurrido el 12 de mayo de 1465.[106] Aunque en los últimos meses había sido prácticamente olvidado por la élite romana tras la desaparición de Pío II en 1464, fue enterrado con honores en la antigua basílica de San Pedro.[100][99][106] Su tumba —que, a diferencia de las de los emperadores paleólogos de Constantinopla destruidas durante los primeros años de dominio otomano,[107] sobrevivió— aún no ha podido ser localizada pese a las investigaciones modernas.[99]
Carácter personal
Tomás Paleólogo es retratado en las fuentes como una figura de contrastes, marcada por una ambición implacable y, en ocasiones, despiadada. Stornaiolo destaca que, para consolidar su dominio sobre Acaya, obligó a Centurione II a cederle sus derechos dinásticos bajo una coacción extrema e incluso se mencionan relatos de mutilación antes de enviarlo a morir.[108] Esta determinación militar coexistía con una naturaleza profundamente conflictiva y poco colaborativa dado que tanto Nicol como Thomopoulos enfatizan la discordia e «inextinguible odio» entre Tomás y su hermano Demetrio, lo que les impidió unir recursos contra el avance otomano.[109][73] Mientras que Nicol lo califica como un líder «débil y contencioso» que albergaba la «esperanza ingenua» de una cruzada salvadora desde Occidente, sus últimos años en Roma revelaron una faceta de resiliencia y sentido del deber dinástico.[50] A pesar de vivir en una situación de «gran miseria» en el exilio, Tomás persistió en la búsqueda de apoyo para su familia y la legitimidad de su título imperial hasta su fallecimiento en 1465.[73]
Ancestros y descendencia

Generalmente se acepta que Tomás Paleólogo tuvo cuatro hijos con Catalina Zaccaria.[114][91][115] Estos cuatro hijos fueron los siguientes.[116][117]
- Helena (1431 – 7 de noviembre de 1473) fue la mayor de las dos hijas del matrimonio. Helena se casó con Lazar Branković, hijo de Đurađ Branković. En el momento de la caída de Morea, Helena llevaba mucho tiempo viviendo en Smederevo con su esposo, quien se convirtió en déspota de Serbia en 1456. Lazar murió en 1458 y Helena quedó sola para criar a sus tres hijas. En 1459, Mehmed II invadió Serbia y puso fin al despotado, aunque a Helena se le permitió abandonar el país. Después de una estancia en Ragusa, se dirigió a Corfú para vivir con su madre y sus hermanos. Más tarde se hizo religiosa y se retiró a la isla de Léucade, donde murió en noviembre de 1473. Helena tuvo numerosos descendientes a través de sus tres hijas Jelena, Milica y Jerina Branković, aunque ninguno llevó el apellido Paleólogo.[105][118]
- Zoe (c. 1449 – 7 de abril de 1503) fue la hija menor de Tomás y Catalina. En 1472 se casó con Iván III de Rusia por iniciativa del papa Sixto IV, quien esperaba convertir a los rusos al catolicismo. Sin embargo, los rusos no se convirtieron y el matrimonio se celebró según el rito ortodoxo. En Rusia, Zoe pasó a llamarse Sofía, y su matrimonio con Iván III reforzó la pretensión de Moscú de ser la «tercera Roma», heredera espiritual e ideológica del Imperio bizantino. La pareja tuvo varios hijos y una numerosa descendencia; aunque ninguno llevó el apellido Paleólogo, muchos adoptaron la iconografía del águila bicéfala bizantina. Iván IV el Terrible, el primer zar coronado de Rusia, fue nieto de Sofía.[105][118]
- Andrés (17 de enero de 1453 – junio de 1502) fue el mayor de los dos hijos varones del matrimonio y su tercer hijo. Pasó la mayor parte de su vida en Roma, viviendo de una pensión pontificia que fue disminuyendo gradualmente. Tras la muerte de su padre fue reconocido por el papado y por diversos círculos italianos como el heredero legítimo del despotado de Morea. Con el tiempo comenzó también a reclamar el título de Imperator Constantinopolitanus («emperador de Constantinopla»), con la esperanza de restaurar algún día el Imperio bizantino. Intentó organizar una expedición de reconquista en 1481, pero sus planes fracasaron. Posteriormente cedió sus derechos imperiales a Carlos VIII de Francia, a quien esperaba utilizar como campeón contra los turcos. Andrés murió pobre en Roma y la existencia de posibles hijos suyos sigue siendo incierta. En su testamento dispuso que sus títulos pasaran a los Reyes Católicos de España, Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón, quienes sin embargo nunca los utilizaron.[119][120]
- Manuel (2 de enero de 1455 – antes de 1512) fue el menor de los cuatro hijos. Vivió en Roma y dependió, como su hermano, del dinero del papa. A medida que la pensión disminuía y al no poseer títulos que pudiera utilizar políticamente como segundo en la línea de sucesión, recorrió Europa en busca de un servicio militar. Al no encontrar ninguna oferta satisfactoria, sorprendió a todos cuando en 1476 se dirigió a Constantinopla y se puso bajo la protección de Mehmed II, quien lo recibió generosamente. Se casó con una mujer cuyo nombre se desconoce y permaneció en Constantinopla hasta su muerte. Manuel tuvo dos hijos: uno murió joven y el otro se convirtió al islam; el destino final de este último permanece incierto.[105][117]
Es posible que Jorge Esfrantzes no conociera con exactitud la familia de Tomás. En efecto, atribuye a la esposa de Tomás una edad de setenta años en el momento de su muerte, lo que implicaría que habría dado a luz a Manuel a la poco creíble edad de sesenta y cinco años.[115] Además, se sabe que Tomás tuvo al menos un hijo que no es mencionado por Esfrantzes: una hija cuyo nombre se desconoce, que murió siendo niña y cuya existencia se conoce gracias a una oración fúnebre. Las fuentes posteriores a Esfrantzes también discrepan considerablemente respecto al número de hijos de Tomás. Algunos autores, como Charles du Fresne, repiten los cuatro hijos mencionados por Esfrantzes, mientras que otros, como Antonio Albizzi, mencionan solamente dos, los hijos Andrés y Manuel. Por su parte, León Alacio habla de tres hijos varones: Juan, Andrés y Manuel. Esto demuestra que, incluso poco tiempo después de la muerte de Tomás, el número exacto de sus hijos ya era incierto.[121]
El genealogista Peter Mallat concluyó en 1985 que esta incertidumbre, unida al hecho de que la hija mayor conocida, Helena, nació casi veinte años antes que la segunda, Zoé, sugiere que Tomás pudo haber tenido más de cuatro hijos.[122] Algunas genealogías italianas de los siglos XVII y posteriores atribuyen así a Tomás dos hijos adicionales: un bastardo llamado Rogerio y un cuarto hijo legítimo también llamado Tomás. Sin embargo, la investigación moderna rechaza ampliamente la existencia de Rogerio y de este «Tomás el Joven», considerándolos probablemente ficticios.[123] Aun así, existen algunos indicios de la posible existencia de otro Tomás Paleólogo en el siglo XV. Un «Tomás Paleólogo, déspota de Morea» es mencionado como esposo en 1444 de una hermana de la reina Isabel de Chiaromonte, algo que el propio Tomás no pudo haber hecho, ya que en esa fecha ya estaba casado y gobernaba en Morea.[122] En cuanto a Rogerio, su existencia se basa únicamente en un pequeño número de documentos no autenticados y en la tradición oral de sus supuestos descendientes, conocidos como los «Paleologo Mastrogiovanni». Cada documento considerado por separado parece insignificante, pero el conjunto resulta contradictorio y no permite afirmar con certeza que Tomás tuviera un hijo llamado Rogerio.[124] Cuando nació Andrés el 17 de enero de 1453, Esfrantzes escribió que el niño era «un continuador y heredero» de la línea de los Paleólogos, expresión difícil de explicar si Andrés no hubiese sido el primogénito de Tomás.[125]
A finales del siglo XVI, una familia que llevaba el apellido Paleólogo y estaba establecida en Pésaro afirmó descender de Tomás a través de un supuesto tercer hijo llamado Juan.[126] Esta familia, que más tarde residió principalmente en Cornualles, incluía entre sus miembros a Teodoro Paleólogo, soldado y asesino a sueldo, y a Fernando Paleólogo, quien se retiró en Barbados a finales del siglo XVII.[127] La existencia de un hijo de Tomás llamado Juan no puede demostrarse con certeza, ya que ningún documento contemporáneo menciona a tal niño.[128] Es posible que Juan fuera un personaje real, quizá un hijo ilegítimo de Tomás o un nieto suyo a través de uno de sus hijos conocidos, Andrés o Manuel. Su existencia podría verse reforzada por la mención de un hijo con ese nombre por parte de Alacio en 1648 —aunque esta fecha es demasiado tardía para constituir un testimonio independiente—[129] y por documentos contemporáneos de Pésaro que mencionan a un tal Leone Paleólogo que vivía en la ciudad.[130]
Notas
- Título introducido en el siglo xii.[1][2] En la jerarquía administrativa, el rango de déspota era el más alto solo después del emperador y el coemperador.[3] Desde el siglo xiv en adelante, era otorgado a los gobernadores bizantinos del Peloponeso.[4]