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Tratado de Dárdano

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El Tratado de Dárdano (85 a. C.) fue pactado entre la República romana y el reino del Ponto y firmado por el procónsul Lucio Cornelio Sila y el rey Mitrídates VI del Ponto. Con su firma concluyó la primera guerra mitridática.

Antecedentes

Situación de Mitrídates VI

Después de las derrotas de Mitrídates VI del Ponto a manos del procónsul Lucio Cornelio Sila en las batallas terrestres de Queronea y Orcómeno, Grecia volvió a quedar bajo el control de Roma y muchas ciudades de Anatolia empezaron a rebelarse contra el rey póntico.[1] Había perdido 160 000[2][3][4] a 200 000 soldados en la guerra, muertos en combate, y otro tanto fue capturado y esclavizado.[5] Por entonces, el general póntico Arquelao, vencido en Queronea y Orcómeno y refugiado en Beocia, se rindió ante Sila y le suplicó buscar la paz con su rey.[6] Mitrídates VI, enterado de la derrota en Orcómeno y sabedor de la grandes pérdidas de soldados sufrida, había solicitado a su general negociar con Sila.[7] Así, el procónsul envió embajadores con sus términos de paz.[6]

Entre tanto, el procónsul tampoco estaba en una posición muy fuerte como para seguir el conflicto, más preocupado por la guerra civil en la que estaba inmersa Roma.[8] Las noticias de sus victorias habían llegado a su ciudad y muchos de sus partidarios habían buscado refugio con él.[9] Sus rivales, Cayo Mario y Lucio Cornelio Cinna, lo declararon enemigo de Roma, destruyeron sus propiedades, mataron a sus amigos y enviaron una expedición formada por dos legiones en su contra. Sin embargo, él seguía contando un ejército poderoso leal a su persona.[10]

Llegada de Flaco

Después de zarpar, probablemente a finales del invierno del 87-86 a. C.,[11] el cónsul Lucio Valerio Flaco desembarcó en Epiro[12] y llegó a Tesalia para supuestamente enfrentarse a Mitrídates VI, pero en realidad buscaba confrontar a Sila, quien era de la facción rival.[13] Pero fue asesinado por el legado Cayo Flavio Fimbria, comandante de su caballería[14] y amigo invitado.[15] La expedición siempre tuvo mala suerte. Una tormenta cerca de Brindisi hundió a muchos de sus barcos y los que iban en vanguardia fueron incendiados por una escuadra póntica. Flaco se ganó el odio de sus soldados por la dureza de sus severos castigos y su avaricia, así que cuando llegaron a Tesalia empezaron unirse a Sila, sólo la carismática intervención de Fimbria detuvo las deserciones, quien se ganó el afecto de las tropas.[10] En el invierno del 86-85 a. C., la vanguardia mandada por Fimbria avanzó por Tracia saqueando las tierras de sus aliados sin piedad.[16] En cambio, Flaco se hizo famoso porque se apropiaba del botín y del dinero que estaba destinado para alimentar a los soldados.[17]

En Bizancio,[18][19] Fimbria tuvo una disputa con un cuestor sobre un alojamiento y Flaco se pronunció a favor del segundo.[20][21] Luego, el cónsul zarpó a Calcedonia y dejó a cargo al pretor Quinto Minucio Termo, lo que fue aprovechado por Fimbria para organizar un motín. Flaco regresó molesto para castigar a Fimbria, pero fue obligado a huir a Calcedonia y luego a Nicomedia, donde fue encontrado en un pozo y ejecutado.[15] Se le cortó la cabeza, que fue arrojada al mar, y su cuerpo fue abandonado mientras que Fimbria se autoproclamó comandante de la expedición.[20]

En cuanto las tropas cruzaron a Asia, su nuevo comandante les animó a ser extremadamente violentos, exigiendo grandes sumas a toda ciudad por la que pasaban bajo la amenaza de saquearla sin piedad.[22] Nicomedia fue saqueada.[23] En Cízico entró como un amigo, pero de inmediato hizo reunir a los hombres más ricos y ejecutó públicamente a dos para exigir al resto dinero. Dion Casio escribió que devastó Frigia como una tormenta.[24]

No está clara cuál fue la intención de enviar la expedición: «¿Cuáles eran las órdenes de Flaco respecto a Sila? ¿Debía atacarlo? De ser así, Flaco habría estado en clara desventaja numérica. ¿Debía cooperar con él? Sila seguía siendo un enemigo público. ¿Debía asumir el mando de Sila pacíficamente? Es improbable que Sila hubiera accedido».[25] Probablemente fue enviada a Asia para que llegara antes de Sila y le robara al procónsul la gloria y el botín antes que Sila quedara liberado de los asuntos griegos.[26]

Tratado

Negociaciones

Sila marchó con su ejército por Tesalia y Macedonia hasta el Helesponto acompañado de Arquelao.[27] Sin embargo, en ese punto llegó la respuesta de Mitrídates VI, quien aceptaba sus demandas excepto renunciar Paflagonia y entregar sus barcos.[28] Además, los embajadores insinuaron que el rey podía intentar negociar con Fimbria para conseguir mejores términos.[29] Sila, quien odiaba al rey póntico por su masacre de romanos, respondió que entraría en Asia Menor para hacerlo cambiar de opinión, pues sabía que el monarca estaba en Pérgamo.[30]

Sila marchó hasta Cipsela.[29] Aterrado, Arquelao pidió permiso para ir personalmente a convencer a su rey y que en caso de fracasar se suicidaría.[30] Sila aceptó y se retiró a Macedonia a esperar el retorno de Arquelao,[31] dedicándose a devastar las tierras de los enetos, dárdanos y sintos, tribus que continuamente atacaban el norte de la provincia, consiguiendo botín para sus soldados.[32] Finalmente, Sila y Arquelao se reunieron en Filipos. El general póntico le dijo que Mitrídates VI aceptaba, pero quería reunirse personalmente con él.[31] Al parecer, cambió de opinión después que Fimbria venciera en Asia a varios de sus generales y prefería aliarse con Sila.[33] La guerra estaba perdida y lo mejor era acabarla al menor coste posible.[34]

Fimbria había cercado por tierra al monarca, obligándolo a abandonar Pérgamo y buscar huir por mar.[35] El rey se refugió en Pítane, donde Fimbria le siguió y empezó a construir una zanja para asediarlo.[20] Fimbria no tenía barcos de guerra y escribió al legado Lucio Licinio Lúculo, comandante de la flota de Sila, pidiéndole ayuda y que no dejara escapar a Mitrídates VI, afirmando que si Lúculo capturaba al rey:[36] «Expulsado de la tierra por mí y excluido del mar por ti, nos coronará a ambos con el éxito, y las tan aclamadas hazañas de Sila en Orcómeno y Queronea dejarán de interesar a los romanos». El cronista Plutarco reconoce que si Lúculo hubiera aceptado Mitrídates VI no habría podido escapar, la guerra habría acabado y no sucederían otras en su nombre.[37] Pero por lealtad a Sila o desprecio a Fimbria por hacer asesinar a su oficial superior, Lúculo no actuó, dejando escapar a Mitrídates VI[38] a Mitilene[20] y después derrotando a la flota póntica en la batalla naval de la isla de Ténedos.[39]

Fimbria recorrió Asia saqueando las ciudades que no le abrieron las puertas hasta llegar a Troya, cuyos habitantes solicitaron ayuda a Sila y le advirtieron de esto a Fimbria, quien les recordó que Roma y Troya tenían vínculos muy antiguos para convencerles de abrir las puertas. En cuanto los locales accedieron, los legionarios saquearon la ciudad[40] y mataron a todas las personas que encontraron.[41]

Reunión final

El punto de reunión fue la ciudad de Dárdano, donde Mitrídates VI llegó acompañado de 200 barcos, 20 000 infantes, 6000 jinetes y una multitud de carros falcados. En cambio, el procónsul apenas tenía cuatro cohortes y 200 jinetes. Cuando ambos comandantes se acercaron, Sila preguntó si aceptaba sus términos. El monarca se quedó en silencio y el romano le respondió: «Pero ciertamente corresponde a los suplicantes hablar primero, mientras que los vencedores solo necesitan callar».[42] El rey justificó sus acciones y culpó de la guerra a los dioses y los romanos hasta que Sila le interrumpió[43] para preguntarle nuevamente si aceptaba sus términos, lo que fue respondido afirmativamente. Entonces se abrazaron y besaron y se trajo a los reyes Nicomedes IV y Ariobarzanes I de Capadocia para que se reconciliaran con Mitrídates VI. Finalmente, el monarca vencido le entregó al procónsul la cantidad exigida de barcos de guerra y 500 arqueros y zarpó al Ponto.[44] Debió ser a finales del verano del año 85 a. C..[45]

Las cláusulas obligaron a Mitrídates VI a renunciar a Asia y Paflagonia, devolver Bitinia a Nicomedes IV y Capadocia a Ariobarzanes I, entregar 70 trirremes con espolones de bronce y su equipamiento y pagar 2000[6] a 3000 talentos de su tesoro personal.[46] También debía liberar a todos los prisioneros romanos llevados a Ponto y permitir que la gente de Quíos volviera a sus hogares.[2] A cambio, Mitrídates conservaría el reino que tenía previo a la guerra y sería reconocido como aliado de Roma.[6] Sila también obligó a las ciudades asiáticas que se habían rendido a Mitrídates a pagar un impuesto adicional de 20 000 talentos (equivalente a sus ingresos por exportaciones de dos décadas).[47][48] Por entonces Sila necesitaba dinero, su campaña llevaba un lustro y el sueldo de sus cinco legiones pudo costar unos 64 millones de sestercios (2666 talentos).[49] Por eso el castigo económico a las ciudades asiáticas fue tan oneroso y previamente saqueó[50] los tesoros sagrados de Delfos, Olimpia y Epidauro.[2] El dinero también sería usado para financiar el retorno a la península itálica y hacer la guerra a sus rivales internos.[51]

La reacción de los legionarios al Tratado fue negativa, pues no les gustaba que un rey que hizo matar a tantos de sus compatriotas y saqueó territorio de la República no recibiera castigo, pero Sila defendió su decisión afirmando que de no firmar el pacto, Mitrídates VI podía aliarse con Fimbria y juntos serían invencibles.[52]

Consecuencias

Fin de Fimbria

De inmediato, Sila marchó contra Fimbria, quien estaba acampado en Tiatira, pero mientras construir su propio campamento fortificado, los soldados de Fimbria abandonaron el propio sin armas para felicitarlo y ayudar a sus compatriotas en las obras. Fimbria, testigo del evento, se encerró en su campamento.[53] Les ordenó luchar contra las legiones de Sila, pero sus hombres se negaron a combatir contra sus compatriotas. Después les suplicó, intentó sobornarlos y les amenazó, pero nadie le escuchó. Finalmente, contrató a un esclavo al que le pagó y le prometió su libertad, le ordenó fingir ser un desertor y presentarse ante Sila para asesinarlo. Sin embargo, en el momento decisivo el esclavo se asustó y fue descubierto, confesando de inmediato. Para entonces los soldados de Sila habían rodeado su campamento con un muro de circunvalación.[54] El asedio duró unos diez días.[45]

Desesperado, Fimbria fue al muro de su rival para negociar personalmente, pero el procónsul envió a Publio Rutilio Rufo en su lugar. Según Apiano, Rufo le permitió marcharse a Pérgamo y en el templo de Esculapio se clavó su propia espada, como no moría rápidamente, le pidió a un esclavo que le ayudara a clavársela mejor y morir.[55] Según Plutarco, fue entregado por sus propios soldados.[56] Floro escribió que Fimbria fue asesinado en su altar doméstico.[57] Tito Livio relata que le pidió a un esclavo que le cortara el cuello.[58]

Sila escribió un informe al Senado a pesar de haber sido proscrito y permitió que a su rival se le diera un funeral digno.[55] Al año siguiente, negoció con unos enviados del Senado, ofreciendo someterse si eran rehabilitados los ciudadanos que habían buscado refugio con él,[59] pero sus enemigos se negaron.[60]

Aplicación

El Tratado significó el retorno al status quo anterior a la guerra. Grecia pertenecía a Roma y las ciudades rebeldes como Atenas se vieron obligadas a pagar enormes indemnizaciones, que conllevaban la pérdida de las pocas libertades que alguna vez habían conservado.[61] Los rehenes romanos, Quinto Oppio y Lucio Casio,[45] y los habitantes de Troya, Quíos, Licia, Rodas, Magnesia y otras localidades fueron liberados.[62] Todas las reformas de Mitrídates VI en Asia Menor en el año 86 a. C. fueron revertidas y las ciudades de Asia se sometieron, excepto Mitilene, que se negó a dejar entrar a los romanos. El alojamiento de los legionarios debió ser costeado por los locales.[63]

Con el ejército romano distribuido por Asia, se ordenó a los esclavos liberados por el rey regresar con sus amos, pero no obedecieron y muchas urbes se rebelaron. En respuesta, Sila derrumbó los muros de muchas ciudades y a otras las saqueó, vendiendo a sus habitantes como esclavos, y cometió nuevas masacres. Los partidarios de Mitrídates VI en Asia fueron perseguidos, en especial en Éfeso.[62] Cayo Escribonio Curión fue enviado a restaurar a los reyes de Bitinia y Capadocia,[55] mientras que Paflagonia se dividió entre los reyezuelos locales de Pilomenes y Átalo.[63]

En el 84 a. C., Sila mandó hombres al recaudar el dinero del castigo y muchas urbes, empobrecidas por la guerra, hipotecaron sus teatros, sus gimnasios, sus murallas, sus puertos y cualquier otro pedazo de propiedad pública o pidieron préstamos con altas tasas de interés.[64] Todo empeoró porque los corsarios de Mitrídates VI, sin rey al que servir, empezaron a atacar barcos, puertos, ciudades y fuertes hasta capturar Yaso, Samos, Clazómenas y Samotracia con grandes escuadras. Sila no hizo nada ante ese problema y se preparó para irse a Grecia y luego a Italia.[64] En la primavera del 83 a. C., zarpó para Roma dejando a Lúculo a cargo[63] y Asia quedó guarnecida por las dos legiones traídas por Flaco.[65]

La recolección del castigo en Asia fue realizada por dicho legado, quien fue visto por los locales como un alivio por su honestidad y benevolencia al realizar la tarea.[47] Sabedor que muchos de sus habitantes habían sido reducidos a la esclavitud por los prestamistas y publicanos,[66] incluso a la tortura,[67] Lúculo suavizó las condiciones de los intereses y su cobranza para evitar los abusos.[68] La cobranza había llevado a casos como el de Cime, donde los habitantes fueron obligados a no usar sus pórticos pues los habían empeñado por el castigo y no pudieron pagar a tiempo.[69] Cnido poseía una famosa estatua de Afrodita desnuda hecha por Praxíteles y el rey Nicomedes IV les ofreció ayudarlos con la deuda si se la entregaban,[70] pero los locales se negaron y prefirieron sufrir la pobreza.[71]

Así, en cuatro años la deuda originada en el castigo público de 20 000 talentos fue pagada junto a otros 40 000 en pago de intereses, sin embargo, debido a la usura la deuda total en que habían caído las ciudades asiáticas era de 120 000 talentos.[72] Los prestamistas se enfurecieron porque Lúculo les estaba quitando el poder conseguido, llevaron sus quejas al Senado y sobornaron a los tribunos para que actuaran en su contra, pero aquel seguía siendo muy amado por el populacho.[73] Además, Sila abolió el sistema de recaudación anterior a su llegada, pues mucho de los publicanos eran équites partidarios de sus rivales.[63]

Reacción de Mitrídates VI

Mitrídates VI se dedicó a someter las regiones de su reino que se habían rebelado en su contra durante la guerra,[74] como Cólquida y el Bósforo Cimerio.[65][75] Los colquios le pidieron alguien para gobernarlos como rey y el monarca eligió a su hijo Mitrídates, consiguiendo pacificar la región.[76] Pero el padre empezó a desconfiar del hijo, lo hizo llamar y le arrestó y luego lo ejecutó. Para el Bósforo preparó una gran flota y un gran ejército, pero eventos le obligaron a distraerse hasta culminar en la segunda guerra mitridática.[77] Sólo después pudo someter la región y dejar a su hijo Macares como rey vasallo.[78]

Referencias

Bibliografía

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