Vestido Sabrina
Obra de Hubert de Givenchy y Edith Head (1953)
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El vestido Sabrina (en inglés: Sabrina dress) es un traje que la actriz Audrey Hepburn lució en la película Sabrina (1954).
| Vestido Sabrina | ||
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| Autor | Hubert de Givenchy y Edith Head | |
| Creación | 1953 | |
| Material | organza de seda, tafetán, tul y perlas | |
Historia
Contexto
Para marzo de 1953, Paramount Pictures había adquirido los derechos para llevar a cabo la adaptación cinematográfica de Sabrina Fair (1953), gran éxito de Samuel Taylor en Broadway, el cual se convertiría en la siguiente película de Audrey Hepburn[1]: 78 tras protagonizar Roman Holiday (1953), filme que la lanzó al estrellato y por el que ganaría su primer y único Óscar,[1]: 78 percibiendo además un sueldo de $12 500, muy superior a los $33,60 semanales que cobraba en la Associated British Picture Corporation.[2] El director de Sabrina, Billy Wilder, reunió a un elenco de primer nivel ya que además de Hepburn, cuyo salario aumentó a $15 000,[2] se encontraban Humphrey Bogart y William Holden, quienes interpretaron respectivamente a Linus y David Larrabee, los intereses románticos de la protagonista, la dulce e inocente Sabrina Fairchild, siendo Edith Head la encargada del vestuario; en palabras de la diseñadora: «Era la situación perfecta. Tres maravillosas estrellas y mi protagonista luciendo como una maniquí de París».[1]: 78 La irrupción de Hepburn en el panorama cinematográfico había dado lugar a un nuevo concepto de feminidad basado en un busto pequeño y en la ausencia de curvas, todo ello aunado a unas delicadas facciones y un carácter dulce y cálido, lo que alejaba a Audrey de la belleza fría y distante de Grace Kelly, Kim Novak o Ingrid Bergman; de la pícara y explosiva sensualidad de Marilyn Monroe, Jayne Mansfield o Diana Dors; y de la exuberante y descarada voluptuosidad de Sophia Loren, Silvana Mangano o Gina Lollobrigida.[3]: 51 Su figura larga y estilizada se complementaba con unos grandes ojos color avellana y una voz serena, todo ello configurado en un cuerpo cuyo porte era regio gracias a los años que Hepburn estuvo bailando ballet clásico a las órdenes de Marie Rambert, lo que la hacía idónea para los estándares de la alta costura de la década de 1950 y para el diseño de vestuario de Hollywood, ansioso por recuperar la audiencia perdida con la llegada de la televisión. A la hermosa figura de Hepburn se sumaba su sencillez, pues a diferencia de otras estrellas de cine, como Betty Grable o Jane Russell, quienes hacían uso de una limusina para trasladarse desde su camerino hasta el set de rodaje, Audrey se desplazaba en una bicicleta que el propio Wilder le regaló durante la fase de preproducción de Sabrina. El físico de la actriz despertó tal expectación en los medios debido a su peculiaridad, que Life describió a Hepburn como «de pecho plano, caderas delgadas y totalmente anti Marilyn Monroe», llegando la revista al extremo de publicar sus medidas: «Busto, 32", cintura, 201/2", caderas, 34"». La propia Head, quien había vestido a Hepburn en Roman Holiday, diría al respecto que «lo que me impresionó fue su cuerpo. Sabía que sería la perfecta maniquí para cualquier cosa que hiciese», detalle que llevaría a Audrey a lucir por un tiempo los diseños de Head en su vida privada tal y como reveló a la periodista Pauline Swanson para Photoplay: «He llegado a conocer a Edith Head y hemos trabajado en algunos pequeños atuendos».[1]: 78–79
Origen
Edith Head
Durante la preproducción de Sabrina, Head, quien ganaría un Óscar por su vestuario en Roman Hollyday,[4]: 103 viajó a San Francisco, donde Hepburn se encontraba realizando sus últimas representaciones de Gigi (1951), obra basada en la novela homónima de Colette; tal y como recordaría Head años después: «Llevé conmigo páginas y páginas de “pequeñas Audreys”. Trabajamos como un equipo en la ropa de Sabrina».[1]: 80 El proceso de creación del vestuario fue el siguiente según Earl Luick: «Grace Sprague, su bocetista, prepara docenas de semejanzas de la pequeña y atrevida actriz, que Edie llama “pequeñas Audreys”. Después de que Sprague las haya vestido a todas, buscará la aprobación de Edie y su diseñador asistente jefe, Pat Barto».[5]: 41–42 Wilder había dado instrucciones a Head de crear el vestuario de Audrey mejorando aún más el patrón que había seguido en Roman Hollyday;[4]: 103 sin embargo, Hepburn, quien tenía por costumbre leer revistas de moda europeas durante los descansos en los rodajes, sugirió a Wilder tras ver los bocetos de Head que Paramount podría «encargar a un auténtico modisto francés» el guardarropa que su personaje luce a su regreso de París con el fin de «hacer la metamorfosis más evidente», pues la protagonista del filme, en principio tímida e insignificante, se convierte en toda una dama tras acudir a una prestigiosa escuela de cocina parisina. A esta sugerencia de Audrey el director respondió afirmativamente con un «bien sûr» (en francés: «Por supuesto»), dirigiendo en consecuencia un memorando a los ejecutivos del estudio en el que solicitaba permiso para la adquisición de un «traje particularmente gabacho» para Hepburn y algunos «sombreros franceses excepcionales». Audrey se sintió emocionada al saber que, con el objetivo de reducir gastos, viajaría sola a París para escoger el vestuario, seleccionando ella misma al por aquel entonces poco conocido Hubert de Givenchy, cuyo taller se encontraba ubicado en la calle Alfred de Vigny;[1]: 80 en palabras de Hepburn a un periodista durante el rodaje: «La ropa es posiblemente una pasión para mí. La amo al punto de que es prácticamente un vicio».[2] Según las crónicas de la época, Head se sintió «furiosa» y estuvo a punto de presentar su renuncia al descubrir a través de Wilder que su tarea quedaría reducida al diseño del vestuario del resto del elenco y de tan solo un vestido harapiento y dos conjuntos deportivos para la protagonista; la decepción de Head fue tan grande que la diseñadora llegaría a declarar que «el director me rompió el corazón».[1]: 80
Hubert de Givenchy

En junio de 1953,[1]: 82 Givenchy, quien se encontraba preparando la presentación de su cuarta colección, recibió la llamada de una amiga, Gladys de Segonzac; casada con el jefe de Paramount en París, Segonzac era además la directora de la casa Schiaparelli, donde Givenchy había trabajado cuatro años antes de fundar su propia firma en 1952. En su llamada, Gladys informó al diseñador de que la «señorita Hepburn» acababa de llegar a la capital francesa y deseaba verle, petición a la que Givenchy accedió pese a lo ocupado que se encontraba debido a que creyó que Segonzac se refería a Katharine Hepburn, pues en aquel entonces Audrey era todavía una desconocida ya que Roman Hollyday aún no se había estrenado.[2] Una vez se conocieron, el diseñador pudo apreciar que la actriz, a quien confundió con una turista,[1]: 82 era «una persona muy delgada con unos ojos preciosos, pelo corto, gruesas pestañas, pantalones muy pequeños, bailarinas, y una pequeña camiseta. En su cabeza había un sombrero de gondolero de paja con una cinta roja alrededor que decía “Venezia”. Pensé, ¡esto es demasiado!». Dreda Mele, entonces directora de la firma, describió la apariencia de Audrey como «la llegada de una flor de verano. Era lumineuse, radiante, tanto en sentido físico como espiritual. Sentí inmediatamente lo adorable que era, por dentro y por fuera. Aunque llegó a Givenchy de repente, no cabe duda de que estaban hechos el uno para el otro. Audrey siempre fue muy clara en sus gustos y su estilo. Acudió a él porque le atraía la imagen que podía transmitirle. Y se integró plenamente en esa imagen. También se integró en su sueño. Repito, estaban hechos el uno para el otro».[2]
Givenchy acababa de regresar de Ravello, donde junto con la editora jefe de Harper's Bazaar Carmel Snow, visitó a John Huston en el set de rodaje de La burla del diablo (1953) y ayudó a ajustar los trajes de Gina Lollobrigida y Jennifer Jones;[1]: 82 Hepburn, quien ya había comprado poco antes una capa del diseñador,[6] habló con él acerca de la preproducción de Sabrina y le explicó el argumento del filme, según el cual una humilde e insignificante joven se transforma al estilo de la La Cenicienta, detalle que en cierto modo reflejaba la vida que hasta entonces había llevado la actriz, pues antes de conocer al diseñador nunca había vestido ropa de alta costura, componiéndose su vestuario prácticamente solo de prendas de confección casera. Pese al ferviente deseo que Hepburn tenía de colaborar con Givenchy, a quien consideraba el diseñador «más joven y novedoso», Segonzac había tratado en un principio de convencer a Audrey de ponerse en contacto con Cristóbal Balenciaga,[2] con quien al parecer ya la esposa de Wilder había intentado concertar una cita con la actriz, a la que no habría podido atender por estar ocupado,[7]: 198 circunstancia que la llevaría a recurrir a Givenchy, quien objetó ante Hepburn el hecho de hallarse muy ajetreado con la presentación de su próxima colección, respondiendo a Audrey lo siguiente: «Mademoiselle, me gustaría ayudarla, pero tengo muy pocas costureras, estoy en mitad de la elaboración de una colección, no puedo hacer sus trajes». No obstante, Hepburn insistió: «Por favor, por favor, debe haber algo que pueda probarme. Muéstreme lo que ya ha hecho para la colección». Ante la persistencia de Hepburn, el diseñador le propuso probarse algunos de los vestidos que todavía colgaban en su taller, todos pertenecientes a su colección primavera/verano de 1953.[2][7]: 200
La primera prenda que Audrey se probó consistía en un traje sastre confeccionado en otomán de lana gris Oxford, compuesto de una chaqueta cruzada de cuello redondo y cintura ajustada, y una falda ceñida con aberturas a la altura de las pantorrillas. Descrito como «llamativo» por la actriz,[2] el atuendo encajaba en el cuerpo de Audrey casi a la perfección a pesar de que el mismo había sido elaborado con unas medidas tan pequeñas que Givenchy creía que solo la modelo Colette Cerf podría vestirlo,[1]: 82 completando el conjunto la propia Hepburn con el mismo sombrero con el que el traje fue presentado en la pasarela; un diminuto turbante de gasa plisada en gris perla, obra de la sombrerera de Givenchy. Tras seleccionar esta prenda para la película, Audrey reparó en un vestido de color blanco con una larga cola desmontable; Mele, quien había tomado prestado el traje para lucirlo en un baile, relató el impacto que le produjo ver a la actriz con el atuendo, describiéndola como «¡algo irreal, un cuento de hadas!», afirmación con la que Givenchy estuvo de acuerdo: «Le daba un aspecto muy favorecedor, especialmente bonito cuando se giraba para moverse o bailar». Seleccionado por Audrey para la película, Hepburn escogió una tercera y última prenda, consistente en un vestido de cóctel de color negro elaborado en piqué de algodón y adornado con dos lazos en los hombros, obra de la casa Abraham que fue complementada por la propia Audrey con un sombrero de estilo medieval;[2] con el fin de ajustarse a los deseos de la actriz, Givenchy hizo algunos cambios en el diseño: «Más tarde traté de adaptar mis diseños a sus deseos. Ella quería un vestido de tarde con los hombros descubiertos modificado para esconder los huecos detrás de sus clavículas. Lo que inventé para ella eventualmente se convirtió en un estilo tan popular que lo llamé “décolleté Sabrina”».[7]: 200
La selección de estos tres atuendos dependía sin embargo de la aprobación de Wilder; el director dio su visto bueno al conjunto de lana y al vestido blanco, exponiendo sus reservas acerca del vestido de cóctel, valorado en $560 y el cual Head rechazó argumentando ante Wilder que era necesario evitar el «negro muerto».[1]: 82 Pese a la objeción inicial, Wilder terminaría aprobando los tres vestidos seleccionados por Hepburn, autorizando Givenchy a su vez el uso de los diseños en el filme, si bien el director desconfiaba en cierto modo de que las prendas se adaptasen a la forma del rostro de la actriz, cuyo escaso pecho quedaba enfatizado aún más en el vestido blanco,[2] si bien el propio Wilder ya había declarado tiempo atrás a Life que «esta chica podría hacer que los pechos sean cosa del pasado»,[4]: 103 mencionando posteriormente lo siguiente: «¡Aquí estaba esta hija de un chófer asistiendo a un baile y se veía más real que toda la gente de sociedad de Nueva York!». Audrey pudo permitirse pasar unos días más en París debido a que aún faltaba tiempo para el inicio del rodaje; Givenchy la invitó a cenar a un bistro existentialiste ubicado en la calle Grenelle, ocasión en la que ambos se conocieron mejor y comenzó a forjarse una amistad que duraría hasta la muerte de la actriz en 1993, quien siempre vio al diseñador como un hermano mayor, contando desde entonces con él tanto para su vestuario cinematográfico como para su guardarropa privado.[2] Tras regresar de París con bocetos de los tres vestidos realizados por Givenchy (aunque Head afirmó que estos bocetos fueron hechos por la propia actriz durante un desfile),[8] Audrey se reunió con la diseñadora, quien le presentó sus dibujos, los cuales Hepburn descartó para mostrarle los bocetos que traía consigo, exponiendo que esos eran los diseños que quería para la película.[4]: 104
Creación

Pese a que durante años se afirmó que el vestido blanco, el de lana gris y el de cóctel mostrados en la película eran los trajes originales de Givenchy y que Audrey los había llevado consigo a Los Ángeles a su regreso de París, en realidad los tres fueron elaborados en Paramount bajo la supervisión de Head tal y como la diseñadora indicó en una entrevista para Jean-Pierre Dorléac en 1974, si bien afirmó falsamente que los diseños de todos ellos eran suyos cuando los mismos pertenecían en verdad a Givenchy. En lo referente al vestido blanco, Head expuso que no recibió nada del diseñador, ni siquiera la tela para confeccionar el atuendo: «El dibujo que [Hepburn] me presentó era de un color sólido, supuestamente satén, y sin bordados. Nunca recibí nada de Givenchy. Mi bocetista hizo todos los dibujos finales y los patrones fueron confeccionados en Paramount. La lana de su traje, el tafetán de seda, la organza bordada y todas las demás telas utilizadas procedían de comerciantes locales».[8] El propio Givenchy afirmaría décadas después, en una entrevista con Dana Thomas, que el atuendo mostrado en la película difería del diseño original, si bien mencionó que él estuvo directamente involucrado en dicho cambio: «Solo cambiamos la parte superior del vestido de noche cuando baila con William Holden en la pista de tenis de un jersey negro a un corpiño de organza blanca, ya que era para un baile de verano».[9][nota 1] En cuanto al modelo original que Hepburn lució en el taller de Givenchy, el mismo muy probablemente se corresponde con un vestido floral presentado en un desfile en febrero de 1953, pues la fecha permite encuadrarlo en la colección primavera/verano que el diseñador presentó ese año, además de albergar numerosas similitudes con el atuendo mostrado en el filme, del que se diferencia ligeramente en lo relativo al escote, los bordados, la cola y el largo de la falda.[10][11]
Rodaje
En cuanto al rodaje, el mismo resultó caótico debido a múltiples factores, entre ellos un retraso de varios meses en la filmación, el alcoholismo de Holden, y la mala relación de Bogart con Hepburn y Wilder. Los guiones de algunas escenas sufrieron continuos cambios a medida que avanzaba el rodaje, llegando los actores en algunos casos a no disponer de sus diálogos para una escena determinada el mismo día en que debían rodarla. A esto se sumaba el dolor de espalda que padecía Wilder, detalle que agravó su carácter, y los problemas de alcoholismo de Holden, quien durante la filmación empezó a beber más de lo habitual, si bien el principal problema fue el carácter difícil de Bogart. El actor se sentía molesto por el hecho de haber sido la segunda opción para interpretar a Linus, pues el primer candidato, Cary Grant, no estaba disponible, un malestar que se incrementó con la buena relación laboral que mantenían Holden y Wilder, todo lo cual culminó con el profundo rechazo que sentía hacia Hepburn, a quien consideraba una novata que «no podía decir una línea en menos de doce tomas».[2] La grosería del actor, enfadado por no haber sido su esposa, Lauren Bacall, la elegida para interpretar a Sabrina,[12]: 34 llegaría a su punto álgido cuando empezó a burlarse de la vibrante voz de Audrey y del fuerte acento austriaco de Wilder, a quien incluso calificó de nazi, describiendo el filme como «un montón de mierda», lo que le llevaría a ser excluido de los cócteles diarios que se repartían entre todos los miembros del equipo al atardecer. La tensión del rodaje tendría sus efectos en la secuencia de baile entre Hepburn y Bogart, en la que la protagonista luce el vestido blanco, regalo según el argumento de la película de un barón al que conoció en sus clases de cocina; la actriz lucía tan resplandeciente que Wilder decidió filmarla de frente casi todo el tiempo con el objetivo de que la cámara se centrase únicamente en ella, aspecto que provocó una pequeña crítica por parte de Bogart a su agente Phil Gersh: «Mira, este tipo está filmando la parte trasera de mi cabeza, ni siquiera tengo que ponerme el peluquín; no estoy en esta película». Tal y como recordó el guionista Ernest Lehman: «Bogey se quejó de que Wilder solo estaba filmando su cabeza por detrás. Era cierto, pero no estaba planeado de esa forma. Se edita sobre la marcha. Lo que ocurrió con esta escena es que Billy Wilder se enamoró de la imagen en pantalla de Audrey».[2]
Publicidad
La película recibió una gran publicidad antes de su lanzamiento, especialmente en Francia, donde se estrenó el 4 de febrero de 1955. La Paramount deseaba sacar el máximo provecho en el país galo valiéndose de la moda francesa mostrada en el filme, motivo por el que dispuso que el estreno tuviese lugar justo un día después de que Givenchy presentase su colección primavera/verano. Entre otras medidas, el estudio acordó que un total de cincuenta tiendas de música en París instalasen el álbum de la banda sonora de la película en sus escaparates, participando también en esta campaña publicitaria los comercios de ropa así como la Compagnie Générale Transatlantique, cuyo buque de vapor Liberté aparece en el filme. A mayores, Paramount ofreció al público, a través de la boutique Prénatal, regalos a cada embarazada que diese a luz a una niña el día del estreno y la llamase Sabrina, siendo una de las tácticas de mercadotecnia más sobresalientes la celebración del certamen «¿Te ves como Sabrina?» a lo largo de Francia y el norte de África, concurso en el que se premiaba tanto con dinero como con productos a todas aquellas jóvenes que se pareciesen a Audrey. En lo que al vestuario se refiere, este también recibió una gran publicidad puesto que el traje blanco sería reutilizado junto con los otros dos atuendos por Hepburn en noviembre de 1954 durante su luna de miel con Mel Ferrer en Holanda para una serie de actividades de caridad destinadas a ayudar a veteranos de guerra neerlandeses, modelando con motivo del estreno de Sabrina varios diseños de Givenchy en una tienda departamental, mientras que para la première del filme en Ámsterdam, la actriz volvería a lucir el vestido blanco, con los otros dos conjuntos reciclados también por Hepburn para actos ajenos a la película: el traje de lana gris para una visita a su casa de la infancia en Arnhem, cubierto con un abrigo de piel a causa del frío; y el vestido de cóctel en un restaurante holandés donde Audrey figuraba acompañada de su esposo, instantánea publicada en la edición de noviembre de 1954 de la revista Elle. Pese a la gran campaña llevada a cabo por Paramount para promocionar la película resaltando la influencia parisina de su guardarropa, los críticos franceses describieron el filme como una «Cenicienta a la americana», con un crítico haciendo hincapié aparentemente en la delgadez de Hepburn con el vestido blanco al declarar que la actriz se había «transformado por cinco minutos en la propia señorita Hambruna»,[2] si bien la fama de este atuendo llevaría a que el mismo terminase siendo bautizado como «vestido Sabrina»,[13] título que otras fuentes asignan sin embargo al vestido de cóctel,[4]: 105 [7]: 201 cuyo escote acabaría siendo denominado por el propio Givenchy como «escote Sabrina».[7]: 200
Controversia

Hepburn invitó a Givenchy a la première de Sabrina en Los Ángeles, ocasión en la que el diseñador y Head se conocieron; Givenchy recordaría años después la desilusión que sintió nada más empezar la proyección: «Entonces mostraron la película, ¡y mi nombre no se mencionaba en ninguna parte!». En los créditos iniciales únicamente figuraba el nombre de Head como responsable del vestuario, lo que en su momento supuso un duro golpe para Givenchy, quien por entonces trataba de hacerse un nombre en el mundo de la alta costura: «Imagina si hubiese recibido crédito por Sabrina entonces, al inicio de mi carrera. Hubiera ayudado. Pero no importa, pasaron unos pocos años, y entonces todo el mundo lo supo. De todas formas, ¿qué podía hacer? Realmente no importaba. Yo estaba encantado de vestir a la señorita Hepburn». Este sentimiento de decepción se agudizaría en los Premios Óscar de 1955, cuando Head obtuvo el galardón por mejor vestuario en blanco y negro, el cual aceptó sin dar ningún discurso ni otorgar posteriormente el más mínimo crédito a Givenchy, a quien consideraba un modisto más de París; de acuerdo con Irene Heymann, agente de Wilder durante años: «Edith siempre pensó que ella diseñaba todo en la ciudad. Era conocida por no dar nunca crédito a un asistente, incluso si ella no había hecho nada». Head, profundamente molesta por haber sido relegada a un segundo plano en el diseño del vestuario de la película, no se conformó con negar cualquier crédito a Givenchy, sino que durante toda su vida se atribuyó falsamente el diseño del vestido de cóctel,[2] manufacturado masivamente por tiendas departamentales neoyorkinas;[14]: 76 en palabras de Head: «Originalmente era un diseño bastante bonito pero se vio aún más espectacular cuando eliminé ese horrible peplum de un solo lado y agregué los lazos».[8][nota 2] Al respecto, el diseñador declararía décadas después que tal vez Head se refería a la reproducción de su diseño creada por ella para el filme, prenda que la diseñadora incluyó en su colección privada, la cual se componía de atuendos diseñados por ella y exhibidos alrededor del mundo[2] (ya en su momento varios diseñadores de vestuario dudaron de que el diseño del vestido de cóctel fuese obra de Head debido a lo innovador que era y a la tendencia conservadora de la diseñadora en lo que a escotes se refería).[4]: 104 Head rememoró en su entrevista con Dorléac cómo vivió la preproducción de Sabrina, ocasión en la que se refirió a Hepburn en términos poco halagadores:
Durante la preproducción de Sabrina, [Audrey] estaba en San Francisco de gira con Gigi y no tenía tiempo para ir a Hollywood a una reunión. Así que, una vez más, fui a verla como lo hice para Roman Holiday, cuando actuaba en Nueva York. Era bastante agradable, pero muy tenaz en su gusto. Su actitud se mantuvo distante, aunque algo triste e infeliz. Sonreía solo cuando era necesario. Empezaba a creer los rumores que había oído sobre cómo algunos periodistas y otros actores la consideraban egocéntrica. Y me di cuenta de que cualquier confianza que hubiera tenido con ella antes, ahora tenía poco peso. Me entregó un croquis, un boceto similar a los esbozos que le había enseñado originalmente para Roman Holiday, y me dijo que lo había hecho mientras veía el desfile de Givenchy en París. Años después, me enteré de que había accedido a la exhibición bajo el nombre de «señorita Hepburn». Como apenas era conocida en aquel entonces, pues Roman Holiday aún no se había estrenado, Givenchy creyó que se trataba de Katharine Hepburn. El boceto de este vestido y varios otros que presentó eran los trajes que quería para Sabrina.[8]
En realidad, el vestido de cóctel mostrado en el filme, tal y como declaró Head a Dorléac, no fue creado en el taller de Givenchy sino que fue elaborado en Paramount, aunque Head nunca reconoció que el diseño no era suyo, confeccionándose a su vez numerosas réplicas por si el traje necesitaba ser reemplazado, una medida que causaría confusión a la hora de atribuir el diseño a Head o Givenchy, detalle que se agravaría con la creación en el departamento de vestuario de numerosos bocetos de todas las prendas de la película, dibujos que la propia Head se encargó de publicitar como si fuesen diseños suyos. Cabe destacar que ni Hepburn ni Givenchy habían solicitado expresamente que el diseñador figurase en los créditos, mientras que a diferencia de Head, Givenchy no tenía ningún vínculo contractual con Paramount, lo que eximía legalmente a los estudios de darle crédito por su labor, de la cual terminó apropiándose Head probablemente a modo de represalia, aspecto que a la postre la perjudicaría ya que muchos de sus detractores la acusarían en el futuro de recibir crédito por diseños que no le pertenecían a pesar de que en realidad eran obra suya. A mayores, Head dispondría años después del estreno de la película que varios artistas dibujasen bocetos del vestido de cóctel así como de otros diseños de Givenchy (entre ellos un boceto del vestido blanco, obra de Richard Hopper) para su publicación en libros y actos publicitarios haciéndolos pasar por suyos.[7]: 196, 200–201 Finalmente, tras la muerte de Head en 1981 varias personas que habían trabajado con ella confesaron que el vestido de cóctel era un diseño de Givenchy el cual fue elaborado en Paramount bajo la supervisión de Head, cuya falta de reconocimiento al diseñador supondría una mancha en su carrera. Por su parte, Givenchy, quien en 1983 declaró que el diseño del vestido de cóctel era obra suya, no sería debidamente acreditado como autor del vestuario de una película de Hepburn hasta su siguiente colaboración, el musical Funny Face (1957), si bien para ese entonces el diseñador ya gozaba de reputación en el mundo de la alta costura, gracias en parte a que Audrey confió en él para su guardarropa privado.[4]: 105 [7]: 201, 249
Paradero

A diferencia de otras prendas icónicas del cine, como el vestido de Glinda, el vestido Letty Lynton y el vestido Cheek to Cheek (presumiblemente perdidos), el vestido Sabrina ha logrado conservarse. El atuendo permaneció olvidado durante décadas en un baúl en las dependencias de Paramount supuestamente por deseo de la propia Head a modo de represalia por sus desavenencias con Givenchy,[6] siendo eventualmente adquirido dicho baúl por Debbie Reynolds, quien lo guardó junto con otros dos baúles en un almacén en Freedom Farms, un rancho de 44 acres de su propiedad ubicado en Creston. El hallazgo del traje se produjo casualmente durante la revisión de estos baúles, los cuales no fueron descubiertos entre las pertenencias de la actriz (fallecida en diciembre de 2016) hasta agosto de 2017; de acuerdo con Joe Maddalena, presidente de la casa de subastas Profiles in History: «Había tres baúles en la parte de atrás de un almacén. Nos habían dicho que eran artículos de vodevil, nada importante. Pero teníamos algunas horas que matar, así que abrimos los baúles y empezamos a vaciar el contenido. Además de algunas otras cosas, había unos pocos trajes de Mae West, y luego un vestido que era reconocible al instante. […] casi lo perdemos. Si no hubiésemos abierto esos baúles, probablemente hubiesen ido a la beneficencia».[13][nota 3]
Teniendo en cuenta la gran preocupación que Reynolds sintió hasta el final de su vida por la preservación de los artículos cinematográficos, resultó desconcertante que un vestido tan famoso hubiese sido almacenado en condiciones tan poco óptimas y con escasas medidas de seguridad, un hecho que Maddalena trató de explicar afirmando que la actriz no sabía que dicha prenda se hallaba en su poder: «No había forma de que Debbie supiera que tenía esto. Compró tantas cosas a lo largo de los años, que en algún momento probablemente se olvidó de ellas». Los baúles llegaron a poder de Maddalena ya que tenía previsto realizar una subasta con artículos pertenecientes a la colección de objetos del cine de Reynolds en octubre de 2017; esta subasta, especialmente compleja por reunir objetos tanto de Reynolds como de su hija Carrie Fisher, estaba destinada a ser la última relacionada con objetos de la actriz puesto que Profiles in History ya había organizado tres subastas de artículos coleccionados por Reynolds entre 2011 y 2014. El descubrimiento casual del atuendo no solo impidió su pérdida irreparable sino que permitió corroborar que el traje mostrado en la película no era el original de Givenchy sino una réplica elaborada en Paramount bajo la supervisión de Head; según Maddalena: «Un vestido de alta costura está completamente terminado por dentro. Los vestidos creados en un estudio están sin terminar por dentro, de modo que un vestuarista puede abrirlos y cerrarlos rápidamente si es necesario en el set. Este vestido está sin terminar por dentro, y ha sido sellado por el departamento de vestuario de Paramount». El atuendo fue subastado el 8 de octubre de 2017 por Profiles in History en la subasta The Personal Property Auction of Carrie Fisher and Debbie Reynolds; con un valor estimado en entre $80 000 y $120 000,[9][13] el traje sería vendido como el lote 554 por $217 000,[15][16]: 137 siendo parte del dinero recaudado destinado a diversas organizaciones benéficas vinculadas a la salud mental, como The Thalians y The Jed Fundation.[17] El vestido sería subastado nuevamente el 12 de marzo de 2024, esta vez por Propstore, celebrándose la venta en el Petersen Automotive Museum de Los Ángeles;[18] con un precio estimado en entre $100 000 y $200 000, la prenda se vendió como el lote 293 por $125 000,[15][19] permaneciendo desde entonces en paradero desconocido.
La maniobra de Head, en principio destinada supuestamente a relegar el atuendo al olvido, evitó sin embargo que el mismo corriese el riesgo de ser reciclado sucesivamente para otros filmes hasta el extremo de quedar desgastado por el uso, lo que podría haber llevado a que fuese tirado a la basura sin saberse siquiera en qué películas había aparecido,[20] aunque el deficiente almacenaje al que fue sometido deterioró la prenda, si bien el hecho de haber permanecido en un baúl evitó un mal mayor puesto que de haber sido colgada en una percha de madera, material conocido por su alto contenido en ácido, podría haber terminado desgarrándose.[21] Por otro lado, su permanencia en las dependencias de Paramount convirtió el vestido en una prenda susceptible de ser robada; durante muchos años los estudios no tuvieron ningún tipo de cuidado con los trajes, accesorios, guiones y demás elementos vinculados a las películas que producían, sin ser conscientes del alto valor que acabarían teniendo en el futuro (a menudo los empleados se llevaban estos objetos como recuerdo sin permiso, sabedores de que a los directivos no les importaba esta sustracción de material),[22] aunque el hecho de haber permanecido oculto evitó que el traje fuese modificado para su uso en otros filmes, circunstancia que se dio, por ejemplo, con al menos tres vestidos de Gilbert Adrian: el vestido de estrellas de Greta Garbo en Camille (1936), completamente modificado para Joan Fontaine en Rebecca (1940);[23] el vestido de Glinda, originalmente lucido por Jeanette MacDonald en San Francisco (1936) y severamente modificado para Billie Burke en El mago de Oz (1939);[24] y otro traje de MacDonald de la misma película, levemente alterado para Gracie Allen en Honolulu (1939).[25][nota 4]
Descripción
Diseño

El vestido, realizado en organza de seda y tafetán, se compone de un corpiño ceñido con cintura cónica y equipado con ballenas el cual luce un escote palabra de honor con relleno en el busto y una ligera abertura en V en la espalda, estando la falda, de tipo lápiz y tres cuartos, elaborada con los mismos tejidos. El traje cuenta con una cola desmontable realizada también en organza de seda y tafetán, aunque forrada con tul rígido en el interior con el fin de proporcionar volumen y estabilidad, destacando en el dobladillo unos voluminosos volantes. El atuendo, con cierre de cremallera en la parte posterior, era originalmente de color blanco y cuenta con bordados hechos a mano en color negro al igual que el tul; los mismos, presentes en el corpiño, la falda y la cola, consisten en motivos florales y plumas de pavo real elaborados en hilo blanco y negro y realzados con perlas, destacando en el interior tanto del vestido como de la cola un sello amarillo con el lema «PARAMOUNT PICTURES INC. LADIES WARDROBE».[19] En la película, Hepburn completaba el conjunto con un par de guantes blancos, tacones de gatito de color negro, y pendientes de diamantes con forma de flor de los que colgaba una perla,[26] facturados por Joseff of Hollywood y vendidos en una subasta de Julien's Auctions en 2025 por $19 200.[27] Deteriorado como consecuencia de unas pésimas condiciones de almacenaje y la manipulación excesiva, el atuendo presenta actualmente algunas costuras separadas, varias manchas y pequeños agujeros causados por ataques de polilla, destacando una pequeña pérdida de tela de 6,35 × 5 cm en la parte inferior de la espalda y una separación de 30 cm en el extremo izquierdo de la cola[16]: 137 (entre las diversas manchas que presenta la prenda podrían encontrarse restos de saliva de Bogart, quien solía escupir involuntariamente al hablar, motivo por el que la ayudante de vestuario de Hepburn tenía que limpiar la ropa de la actriz con una toalla al finalizar cada toma, mientras que Charles Lang, responsable de fotografía, tenía que esforzarse en evitar que la iluminación captase el menor rastro de saliva del actor).[28] El traje exhibe a mayores un tono amarillento producto del envejecimiento del tejido,[18][nota 5] si bien el color blanco que lucía originalmente debía de poseer algún deslucido en el tono con el fin de ajustarse a las limitaciones técnicas de entonces, pues el color blanco no lucía adecuadamente en cámara. Antes de que las películas se filmasen en su mayoría en color, los diseñadores debían tener en cuenta que las tonalidades de las prendas se veían de forma distinta en pantalla; uno de los casos más llamativos fue el vestido supuestamente rojo que Bette Davis lució en Jezabel (1938), el cual era en realidad de color marrón debido a que el color rojo no lucía adecuadamente en blanco y negro. Este inconveniente se daba también con el blanco tanto en blanco y negro como en color ya que el blanco tendía a provocar destellos en cámara, motivo por el que las telas solían teñirse en colores pastel (preferentemente azul o rosa), circunstancia que se trasladaba incluso a la ropa de cama, siendo un caso destacado el traje azul claro (blanco en pantalla) de Norma Shearer en María Antonieta (1938),[29] película filmada en blanco y negro aunque concebida para ser rodada en color.
Análisis
El vestido Sabrina se erige como el atuendo más importante del filme, pues el mismo ayuda al espectador a asimilar por completo la sorprendente transformación de la protagonista en una dama refinada. La prenda, de aspecto angelical y descrita por la propia Sabrina como un «traje de noche hermoso» con «yardas de falda y muy por debajo de los hombros», convierte a la otrora timorata muchacha del servicio en una princesa de cuento de hadas la cual emerge entre los invitados en el jardín de la mansión Larrabee, dejando tras de sí a todos los hombres hipnotizados y siendo la transformación del personaje tan sorprendente que incluso los criados quedan asombrados a la par que sienten que la joven ya no pertenece a su mundo. Como en todo cuento de hadas, el papel de villana lo asume la prometida de David, el amor hasta entonces imposible de Sabrina; ataviada con un recargado vestido negro fiel al New Look de Christian Dior, su imagen contrasta con la serena protagonista, cuya sobria y clara elegancia le permite brillar en medio de los demás asistentes a la velada, a lo que se suma el gran busto de la primera y el pecho casi plano de la segunda, lo que la hace verse como un ser frágil e inocente, aspecto resaltado por la ausencia de joyas en comparación con los ostentosos pendientes y la gruesa gargantilla de su rival, reminiscencia del recargado estilo de Barbara Bush.[2] El vestido adquiere mayor protagonismo cuando Sabrina, citada a escondidas con David en la pista de tenis cubierta de la mansión, empieza a bailar sola junto a la red y a hacer que la cola del traje revolotee como si estuviese en un gran salón de baile, brillando la clara tonalidad de la tela a la suave luz de la luna que penetra por los cristales de las ventanas para crear un hechizo cuya magia, al igual que en La Cenicienta, se romperá a media noche cuando Sabrina vea con desilusión que no es su príncipe azul el que acude a su encuentro sino su hermano Linus, quien no obstante despertará un gran interés en la joven hasta el punto de llegar a convertirse en su nuevo amor.
Legado

El vestido Sabrina está considerado actualmente como uno de los trajes más memorables de la historia del cine así como uno de los atuendos más famosos que Givenchy creó para Audrey junto con el vestido negro de Breakfast at Tiffany's (1961).[26] Del vestuario de Sabrina Lehman diría lo siguiente: «No puedo pensar en otra película anterior a Sabrina que utilizase la ropa de la misma forma. Fue un auténtico descubrimiento. La manera en que Audrey se veía en Sabrina tuvo un efecto en los papeles que interpretó después. Es justo decir que si nunca hubiese ido a París no hubiese conseguido ese papel en Breakfast at Tiffany’s. La ropa de Sabrina fijó su imagen para siempre».[2] El éxito del vestido Sabrina, descrito por Maddalena como «uno de los cuatro o cinco trajes más famosos de la historia del cine»,[13] fue tal que Givenchy, quien crearía un atuendo similar para Hepburn en Funny Face y una prenda parecida para su colección de primavera de 1954,[30] llegó a recibir solicitudes de réplicas del traje: «Una vez me pidieron que hiciese un vestido de novia del mismo estilo que el traje de baile de Sabrina».[2] En lo que atañe al impacto del atuendo en el mundo de la moda, el mismo ha estado vigente desde la década de 1950; la cola desmontable fue el detalle que más trascendencia tuvo al influenciar otras prendas icónicas, como el traje de novia de Grace Kelly (obra de Helen Rose) y el atuendo nupcial de Diana de Gales (creación de David y Elizabeth Emanuel), destacando en la actualidad importantes diseñadores y casas de moda que se han visto influidos por el atuendo en mayor o menor medida, como Molly Goddard con sus prendas de tul en múltiples colores, la firma Etro con sus voluminosas faldas de tafetán, la casa Chanel con sus blusas bordadas con plumas, y Christopher John Rogers con sus prendas decimonónicas y estampados vibrantes.[31] La fama del vestido, reproducido para Jennifer Love Hewitt en The Audrey Hepburn Story (2000)[32] y vendido en 2015 como prenda para una muñeca recortable obra de Guillem Medina,[33] ha llevado a que a día de hoy varias empresas vendan réplicas del mismo como traje de baile y como vestido de novia,[34][35] luciendo Sydney Sweeney una versión similar en los Premios Primetime Emmy de 2022[36] e Ivanka Trump una réplica exacta en el Freedom Inaugural Ball de 2025, elaborada por la firma Givenchy y que en un principio se pensó que era el traje original;[37] este acontecimiento, el cual levantó expectación a nivel mundial, generó el siguiente comentario por parte de Sean Ferrer, primogénito de Audrey: «No es de extrañar que, criada en una familia que conocía a nuestra madre como un nombre familiar, decidiera inspirarse en ella, buscando la máxima elegancia y distinción, para una ocasión como esta: la investidura y el 32.º aniversario de su fallecimiento y, sobre todo, el Día de Martin Luther King. ¡Menudo cóctel!».[38] El vestido, del que con el paso de los años se han exhibido varias copias (en el Hollywood Roosevelt Hotel con motivo del Turner Classic Movie Film Festival de 2012,[39] en el Museo de Arte de La Haya entre 2016 y 2017,[40] en el Musée Bolle de Morges en 2024, etc.),[41] se ha hecho a su vez un hueco en el mundo del coleccionismo con cinco réplicas en miniatura: una en 2003 para la colección Vestidos Inolvidables, publicada por Salvat;[3]: 49 tres en 2010 para las muñecas Pullip, Cissy y Gene Marshall;[42][43][44] y otra en 2013 para una muñeca Barbie diseñada por Robert Best y mostrada en la exposición Barbie retro chic, celebrada en 2014 en el Musée de la Poupée de París.[45][46] Respecto a la amistad forjada entre Audrey y Givenchy, Françoise Mohrt la describió como una perfecta simbiosis: «En Hepburn, el modisto encuentra a la intérprete ideal de su estilo; mientras que ella descubre a Pigmalión y a un amigo. Juntos crean el legendario “look Hepburn”».[47]: 202 Por su parte, la actriz declararía lo siguiente en 1991: «Muy pocas palabras pueden expresar cuarenta años de amistad, y su ropa para mí no solo me ha encantado, sino que me ha dado confianza».[9]
Notas
- En realidad, el baile de la protagonista en la pista de tenis no fue con Holden sino con Bogart.
- En su entrevista con Dorléac, Head declaró que la autoría de Givenchy con respecto al vestido de cóctel no era más que un rumor difundido «gracias a la señorita Hepburn». A mayores, la diseñadora expuso que la actriz habría hecho circular tal rumor para ganarse el favor de Givenchy y «conseguir ropa gratis».
- Curiosamente, en la película Sabrina informa a su padre por carta que el barón al que conoció en sus clases de cocina le compró el vestido expresamente para un baile benéfico.
- Un caso destacado es el vestido Fabergé de Marlene Dietrich, severamente dañado a causa de las numerosas modificaciones a las que fue sometido para su reciclaje.
- Esto mismo sucedió con otros atuendos de la época, como el vestido blanco de Marilyn Monroe en The Seven Year Itch (1955); el traje blanco de Elizabeth Taylor en A Place in the Sun (1951); y el vestido de «Amado Mío», lucido por Rita Hayworth en Gilda (1946).