Vestido de Angela Vickers

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Creación 1949
Ubicación Museo de la Academia de Artes, Los Ángeles (California, Estados Unidos)
Material tul, terciopelo y tafetán
Vestido de Angela Vickers
Autor Edith Head
Creación 1949
Ubicación Museo de la Academia de Artes, Los Ángeles (California, Estados Unidos)
Material tul, terciopelo y tafetán

El vestido de Angela Vickers (en inglés: Angela Vickers's dress) es un traje que la actriz Elizabeth Taylor lució en la película A Place in the Sun (1951).

Contexto

Edith Head, una de las diseñadoras de vestuario más famosas de la historia, fue quien vistió a Elizabeth Taylor en A Place in the Sun; en 1949, año en que diseñó el vestuario del filme, Head se hallaba sobrecargada de trabajo, pues tenía que diseñar el guardarropa de Hedy Lamarr en Sansón y Dalila (1949), el de Olivia de Havilland en La heredera (1949), el de Bette Davis en All About Eve (1950), y el de Gloria Swanson en Sunset Boulevard (1950).[nota 1] Por otro lado, Taylor tenía apenas 17 años cuando realizó la primera prueba de vestuario con Head; para ese entonces la actriz ya gozaba de cierto reconocimiento gracias a su participación en Fuego de juventud (1944), A Date with Judy (1948) y Mujercitas (1949), películas que la catapultaron hasta convertirla en una de las nuevas promesas de Hollywood, en parte gracias a sus peculiares ojos color violeta, su voz suave y su rostro perfectamente ovalado, todo lo cual causó sensación entre el público, a lo que se sumaba la idoneidad de su figura para protagonizar portadas de revistas, lo que aunado a su talento la llevó a ser una de las actrices más taquilleras antes de haber cumplido los 20 años. Para A Place in the Sun, el director, George Stevens, asignó a Taylor el papel de Angela Vickers, una rica heredera de gran belleza a la par que caprichosa y malcriada que ama todo lo que la vida le ofrece, logrando casi sin ningún esfuerzo que George Eastman (Montgomery Clift), un joven ambicioso de origen humilde, abandone a su novia Alice Tripp (Shelley Winters) sin importarle que esta esté embarazada.[1]:82,94 No obstante, los ejecutivos de Paramount Pictures tenían serias dudas acerca de Taylor debido a su juventud y su recién iniciada transición de roles infantiles a papeles adultos, si bien el deseo de Stevens se impuso y la actriz terminó actuando en el filme junto a Clift y Winters, quienes gozaban de una excelente reputación por haber estudiado bajo las directrices de Lee Strasberg, defensor de la actuación del método, lo que desató las inseguridades de Taylor acerca de sus cualidades interpretativas.[2]

Creación

En sus pruebas de vestuario, Taylor siempre acudía acompañada; en ocasiones se presentaba en los estudios con una mascota, una institutriz debido a que era menor de edad y parte de su jornada debía dedicarla a los estudios, su propia madre o cualquier otra persona de su confianza, quien se sentaba con ella entre cada toma. Tal y como recordaría Head:

Era una chica amigable y desinhibida, sin los trucos ni los rasgos de la típica actriz infantil que se sabe importante y encuentra la manera de hacértelo saber. Elizabeth no tenía nada de actriz, y aun así se paseaba por el set con su maestra. La maestra también la acompañaba a las pruebas de vestuario. Sugerí que un par de pruebas podrían contar como horas de clase, si hablábamos en francés y español; pero a la maestra no le pareció del todo legal. A mitad de la película, Elizabeth se graduó, y tuvimos una fiesta en el economato sin la maestra y con todo lo que se nos ocurrió para engordar. Monty Clift estaba en la fiesta (él y Elizabeth se habían hecho muy amigos), y el editor, Tommy McAdoo, y la doble de Elizabeth y su madre. Todos muy alegres.[3]:121

En lo concerniente a los arreglos de los trajes, Taylor solía permanecer totalmente inmóvil y atenta a todo lo que Head dijese, si bien la actriz ya había trabajado con otros diseñadores insignes, como Irene Sharaff, Walter Plunkett y Helen Rose, por entonces jefa de vestuario de la Metro-Goldwyn-Mayer. Head declaró lo siguiente sobre Taylor:

Me enamoré de Elizabeth inmediatamente. La razón es totalmente ajena a las películas: amo a los animales al igual que ella. Elizabeth siempre traía mascotas con ella, incluso a las pruebas, lo que a veces era un poco decepcionante para la modista. Traía perros, gatos, pericos, ardillas—cualquiera que fuese su último capricho. ¡Qué imagen! Aquí está esta hermosa, exótica, y muy sexy chica escuchando a una profesora hablarle sobre las siete maravillas del mundo o lo que fuese, con todos los animales alrededor y la modista siendo muy precavida porque uno de los perros estaba retozando. Era como un circo de tres pistas; era adorable.[1]:95
Gloria Swanson en Sunset Boulevard (1950).

La relación entre actriz y diseñadora llegó a ser tan estrecha que Taylor solía ir a comer con Head y su equipo (entre quienes se encontraba su secretaria, Jean Tanner Full, reemplazada poco después) al economato de Paramount, donde la actriz preguntaba a Head acerca de las estrellas de cine que había vestido en el pasado (Carole Lombard, Claudette Colbert, Mae West, Clara Bow, etc.), hablando en una ocasión Taylor, Head y Tanner durante la hora del almuerzo de la inminente boda de la actriz con el millonario hotelero Conrad Hilton Jr. En cuanto al vestuario del filme, todas las prendas fueron elaboradas a comienzos de 1949, año en que se rodó la película, si bien el estreno fue postergado a 1951, lo que provocó cierto nivel de incertidumbre ya que la moda tenía un peso importante en la trama además de ser uno de los aspectos más destacables de la película, y se temía que para cuando tuviese lugar la première los trajes hubiesen quedado anticuados.[1]:95–96 El estreno fue aplazado debido a que Paramount tenía previsto lanzar en 1950 Sunset Boulevard, lo que habría desatado la competencia entre ambas películas tanto en taquilla como en los Premios Óscar, de modo que se optó por retrasar el lanzamiento de A Place in the Sun al año siguiente, circunstancia que satisfizo enormemente a Stevens ya que le otorgó un amplio margen de tiempo para editar el filme.[2] Respecto al vestido mostrado por Taylor en la escena de su debut en sociedad, el cual fue bocetado por Richard Hopper,[4]:168 Head declaró lo siguiente:

La ropa de Elizabeth era sensacional y estaba muy de moda. Pero yo no estaba pronosticando la moda cuando la creé. De hecho, fue cuestión de tomar los estilos que estaban de actualidad a principios de 1949 y traspasarlos a algo atemporal. Ella era una fascinante debutante que iba a asistir a su fiesta de presentación. El vestido tenía que ser blanco e importante. El New Look de Dior empleaba cinturas muy esbeltas y faldas largas; yo sabía eso cuando estuve trabajando en los trajes. También sabía que la única vez en que algo está pasado de moda inmediatamente es si el público deja de comprarlo.

Para cuando estaba planeando el guardarropa de Angela Vickers, el público ya había mostrado su aceptación del New Look, así que estaba convencida de que el estilo de Dior duraría lo suficiente para que yo pudiese vestir con seguridad a Elizabeth con faldas largas. Lo que no pude predecir fue cómo los cuellos, mangas, joyería, y otros detalles cambiarían, porque estas son las cosas sutiles que hacen que los vestidos parezcan anticuados. Los vestidos de la película tenían muy pocos detalles. Yo hice de la silueta el aspecto más importante de cada atuendo.

Para el traje del debut, confié en las flores, pequeñas violetas, para acentuar el corpiño, y las esparcí por la falda. Es difícil verse anticuada con flores. El vestido se volvió especialmente dramático debido a que hice la falda excesivamente larga, con yardas y yardas de tul sobre una enagua pastel, y las flores hicieron que el busto se viese más lleno. La combinación de busto lleno y falda ancha acentuó la cintura, haciéndola parecer aún más pequeña de lo que era. Elizabeth se sentía orgullosa de su diminuta cintura y siempre estaba deseosa de llevar sus vestidos muy ajustados para conseguir una cintura de avispa. Aún puedo oírla decirme, «más apretado, señora Head, más apretado».[1]:96

Head dejó plasmada a su vez la importancia que Taylor tuvo en su carrera a raíz de la creación del vestuario de A Place in the Sun:

Donde Liz Taylor fue de suma importancia para mí fue en esa primera película, cuando me presentó el punto de vista adolescente. Había recibido cartas de fans adolescentes, pero eran adolescentes con problemas. Gracias a Liz aprendí sobre la adolescencia normal; y su punto de vista es una ley en sí misma. No necesariamente sigue los dictados de la moda; sigue sus propios dictados—y creo que debería. Esta es una época de gran creatividad: intentan desarrollar un vocabulario de moda propio, y es un vocabulario colectivo al que una chica debería adherirse. Es muy imprudente aislar a una chica y hacerla «diferente». ¡Pregúntale a cualquier adolescente! El objetivo del look adolescente es ser muy informal cuando se va informal, y muy elegante cuando se va elegante—sin término medio. La ropa de día se minimiza (intencionadamente, por supuesto); la ropa de noche es mucho más sofisticada y para mayores de lo que debería usar una adolescente. La ropa de día la podría usar una niña de cinco años, la de noche, una de veinticinco.

Elizabeth, a los diecisiete años, fue mi guía en el punto de vista adolescente. Me convenció por completo. Pensé que si todos los adolescentes tuvieran esa joie de vivre, podrían ignorar la alta costura.[3]:122

De acuerdo con las crónicas del momento, Taylor adoraba el vestido de debutante, sacando los estudios provecho del amplio periodo entre el rodaje y el estreno para promocionar el filme y lanzar comercialmente al trío protagonista, para lo que contaron con la ayuda de la columnista Elsa Maxwell, quien, bajo el título «La chica más emocionante de Hollywood», escribió lo siguiente en la revista Photoplay: «[Taylor] vivirá en la tradición de las grandes bellezas que vivieron vidas más coloridas, románticas y emocionantes que cualquier papel ensayado en pantalla o en el escenario».[2] Sumado a esta buena propaganda, Grace Sprague realizó un boceto del vestido con fines publicitarios tras el fin de la producción[4]:165 y Paramount organizó un concurso cuyo premio era asistir con Taylor a un baile de graduación, estando el certamen destinado a los estudiantes de la UCLA, de entre quienes el ganador sería nombrado «gran amante» en referencia a la película de Bob Hope The Great Lover (1949), filme que patrocinaba el certamen;[2][5] el premio fue otorgado al estudiante de segundo año Bob Precht, quien, elegido por 15 000 estudiantes como «el hombre más romántico del campus»,[6] acompañó a Taylor a un baile celebrado el 10 de diciembre de 1949 en una de las pistas de sonido de los estudios cinematográficos, evento con más de 3000 asistentes en el que Hope fungió como maestro de ceremonias y para el que Taylor lució el todavía desconocido traje de la película.[2][7][nota 2]

Repercusión

Elizabeth Taylor y Bob Precht en el baile de Paramount en 1949.

La aparición del atuendo de Taylor coincidió con una época en la que la sociedad empezaba tímidamente a centrarse de nuevo en la moda tras años de escasez y racionamiento a causa de la Segunda Guerra Mundial, un hecho al que los estudios cinematográficos no fueron ajenos, pues en los departamentos de vestuario se tendía a ahorrar en la medida de lo posible mediante el reciclaje de prendas por muy anticuadas que fuesen. Tras el fin de la contienda, el público comenzó a sentir nuevamente las ansias de disfrutar de la vida y de dedicar parte de su tiempo al ocio; en el caso de la moda se tradujo en el regreso de los tejidos delicados y de la ostentación en el vestir, lo que a su vez llevó a una considerable ampliación del guardarropa femenino. Poco a poco el público empezó a dar importancia a la vida social asistiendo a comidas, cenas y fiestas, siendo los bailes de graduación un gran atractivo para las jóvenes, quienes de inmediato quedaron prendadas del vestido de Taylor.[8] En palabras de Head:

El vestido fue todo un éxito; se veía precioso en cámara. Y Elizabeth estaba radiante. Algunos comerciantes de ropa lo copiaron—«imitaron», como dicen en su oficio—y el vestido fue producido en masa para colgar en cualquier tienda departamental del país. Y pese a que lo había diseñado dos años antes, se veía muy actual.[1]:97

La elegante vestimenta lucida por Taylor en el filme la convirtió en un ídolo adolescente que rápidamente las jóvenes de principios de la década de 1950 quisieron imitar, un deseo que la masiva manufactura de réplicas del vestido hizo posible al ofrecer a la mujer promedio americana la opción de verse como el personaje de Taylor. En varias entrevistas para diversos periódicos, Head dejó constancia de que en todas partes había en fiestas de siete a treinta y siete jóvenes vestidas igual que Angela Vickers,[1]:97–98 declarando en una ocasión que «mi vestido para Elizabeth Taylor en A Place in the Sun fue copiado por un fabricante de vestidos de fiesta de debutantes»[8] (una de las amigas de la diseñadora asistió a una fiesta poco después del estreno de la película en la que había diecisiete jóvenes vestidas con réplicas del traje de debutante).[3]:120–121 El vestido terminaría por convertirse en la prenda de moda en los bailes de graduación de 1951, una popularidad de la que Head no obtuvo ningún rédito ya que ni fue debidamente reconocida por su labor más allá de los créditos de la película ni obtuvo compensaciones económicas adicionales, aunque ganaría el Óscar al mejor vestuario en blanco y negro por su trabajo en A Place in the Sun, todo un logro teniendo en cuenta que competía con Plunkett y Gile Steele por Kind Lady (1951), Charles LeMaire y Renié Conley por The model and the marriage broker (1951), Edward Stevenson y Margaret Furse por The Mudlark (1950), y Lucinda Ballard por Un tranvía llamado Deseo (1951).[1]:98 La revista Variety resaltó la importancia no solo de este vestido sino del guardarropa en general describiéndolo como un «punto fuerte» de la película, declarando que «lo más loable son los atuendos diseñados por Edith Head y lucidos tan atractivamente por la señorita Taylor». Sumado a este reconocimiento, Life nombró al filme como «película de la semana», mientras que Seventeen le otorgó el galardón de «mejor película del mes», estando los anuncios de ambas revistas ilustrados con fotografías del guardarropa del filme, todo lo cual contribuyó a que el estilo mostrado por Taylor se extrapolase a la audiencia, cuya demanda fue satisfecha por la masiva manufactura de copias del vestido de debutante a un precio asequible para la clase media, gozando de gran popularidad no solo en los bailes de graduación sino también en las fiestas de hermandad.[9]:222

La adaptación del New Look de Dior al público americano por parte de Head tuvo tanto éxito que el mismo no solo se vio reducido al mundo de la moda sino que llegó a erigirse como un símbolo del estrellato en Hollywood al asociar dos características deseadas en el ambiente del espectáculo: éxito y juventud.[10]:169 Pese a ser el público adolescente el principal nicho de mercado al que se destinaron las copias del vestido de Taylor, detalles como el escote corazón y la cintura ajustada fueron adaptados para la mujer adulta mediante la transformación de la característica silueta de reloj de arena del New Look para adaptarse al uso doméstico, lo cual sentó las bases para el cambio experimentado en la década de 1950, época en que las mujeres fueron dejando de lado poco a poco el estilo impuesto durante la Segunda Guerra Mundial para adoptar un nuevo concepto de feminidad que ayudaría a popularizar, entre otras, la primera dama Mamie Eisenhower con el icónico Mamie's New Look, siendo Mollie Parnis una de las diseñadoras que más apostó por la estética de Dior.[10]:169–170 El atuendo causó sensación en el público femenino y se convirtió en tendencia, siendo la prenda más popular de 1951 y gozando todavía de gran fama en 1952;[2] en palabras de un escritor de moda recogidas por David Chierichetti: «Vaya a una fiesta este verano y verá al menos diez de ellos».[11]:69 El retraso en el estreno del filme ayudó no solo al éxito de la propia película (obtuvo un total de nueve nominaciones a los Óscar, de los cuales ganó seis) sino también del atuendo, pues al no competir con los grandes éxitos de 1950 (Sunset Boulevard, All About Eve, etc.) tuvo ocasión de mostrarse en todo su esplendor y de captar la atención de los espectadores, cautivados tanto por la trama como por el guardarropa de Taylor,[2] siendo el traje en cuestión descrito por Los Angeles Times como «el prototipo del perfecto vestido de debutante… el vestido más copiado de su época».[12]

Paradero

Museo de la Academia de Artes (Los Ángeles, California).

A diferencia de otras prendas icónicas del cine, como el vestido de Glinda y el vestido Cheek to Cheek (presumiblemente perdidos), el vestido de Taylor ha logrado conservarse. Head lo compró junto con otro atuendo de color negro lucido por Audrey Hepburn en Sabrina (1954) para incluir ambos en una pequeña colección iniciada por la diseñadora a comienzos de la década de 1940 la cual contaba con diseños creados por ella; cuando esta colección empezó a adquirir dimensiones considerables, Head optó por organizar desfiles alrededor del mundo en los que mostraba estos atuendos.[1]:105 De no haber pasado a integrar la colección de Head, el traje podría haber sido reciclado sucesivamente para otros filmes hasta el extremo de quedar desgastado por el uso, lo que podría haber llevado a que el atuendo fuese tirado a la basura sin saberse siquiera en qué películas había aparecido,[13] aunque cabe destacar que el vestido fue reutilizado numerosas veces para los desfiles de Head y en una ocasión para la televisión, pues en junio de 1980, durante una emisión del programa Omnibus, la actriz Victoria Principal modeló el atuendo con motivo de la presentación de la colección de Head.[4]:384 Por otro lado, de no ser por la diseñadora el vestido podría haberse deteriorado a causa de un deficiente almacenaje, pues las perchas de madera, conocidas por su alto contenido en ácido, solían provocar que los vestidos se desgarrasen,[14] mientras que otro riesgo que Head pudo haber evitado fue el robo; durante muchos años los estudios no tuvieron ningún tipo de cuidado con los trajes, accesorios, guiones y demás elementos vinculados a las películas que producían, sin ser conscientes del alto valor que acabarían teniendo en el futuro (a menudo los empleados se llevaban estos objetos como recuerdo sin permiso, sabedores de que a los directivos no les importaba esta sustracción de material).[15] La adquisición del atuendo por parte de Head evitó también que la prenda corriese el riesgo de ser modificada para su uso en otros filmes; esta circunstancia se dio, por ejemplo, con al menos tres vestidos de Gilbert Adrian: el vestido de estrellas de Greta Garbo en Camille (1936), completamente modificado para Joan Fontaine en Rebecca (1940);[16] el vestido de Glinda, originalmente lucido por Jeanette MacDonald en San Francisco (1936) y severamente modificado para Billie Burke en El mago de Oz (1939);[17] y otro traje de MacDonald de la misma película, levemente alterado para Gracie Allen en Honolulu (1939).[18][nota 3]

Integrado en la colección de Head durante décadas, el traje de Taylor fue vendido por Bonhams como el lote 2169 en la subasta Rock 'n' Roll and Film Memorabilia el 20 de noviembre de 2005 por $25 000, siendo el valor inicialmente estimado en entre $25 000 y $35 000, aunque en dicha subasta se indicó falsamente la posibilidad de que el vestido nunca hubiese llegado a aparecer en la película puesto que en el catálogo se informó de que los objetos comprendidos entre los lotes 2046 y 2169 consistían en artículos cinematográficos que podrían no haber aparecido en el corte final.[19][nota 4] Propiedad de John LeBold, quien durante años trabajó como asistente de Head, el vestido pasó a formar parte de su colección Hollywood Legends Collection, siendo expuesto del 17 de abril al 5 de septiembre de 2010 en el James A. Michener Art Museum de Pensilvania dentro de la exhibición Icons of Costume: Hollywood's Golden Era and Beyond,[20] y en 2011 en el Grauman's Chinese Theatre, acontecimiento cubierto por Reelz Channel en el programa Hollywood Dailies,[21][22] tras lo cual volvería a ser vendido, en este caso junto con una copia de la película, por Julien's Auctions como el lote 819 en la subasta Icons & Idols 2012: Hollywood el 10 de noviembre de 2012 por $28 125, con el precio inicialmente estimado en entre $20 000 y $30 000.[23] El traje sería subastado por tercera y última vez el 29 de septiembre de 2015 por Profiles in History como el lote 2211 en la subasta Hollywood Auction 74; con un valor estimado en entre $30 000 y $50 000,[24][25]:422 el atuendo fue vendido finalmente por $48 000,[26] hallándose desde 2021 en la colección del Museo de la Academia de Artes de Los Ángeles.[2] Cabe destacar que en su momento se informó falsamente de que existían dos versiones del vestido puesto que en la industria del cine era común antiguamente crear duplicados para evitar retrasos en el rodaje como consecuencia del deterioro de una prenda,[2] sobresaliendo en este apartado el vestido de Dorothy, lucido por Judy Garland en El mago de Oz y del que existen al menos siete unidades; y el vestido Shantytown, lucido por Vivien Leigh en Lo que el viento se llevó (1939), del que se conservan tres ejemplares.

El hecho de que el vestido fuese propiedad de LeBold arrojó en su momento dudas acerca de su autenticidad debido a una denuncia interpuesta en septiembre de 2012 contra él y también contra Americana Dance Theatre, Inc. (organismo del que era responsable Joyce Aimée, dueña del 20% de la colección de LeBold) por parte del doctor Richard Abrahamson, propietario de Toon Art, Inc. Poco antes la colección de LeBold había sido puesta a la venta (la cual terminó el 1 de febrero de 2012) en un solo lote por un total de $10 000 000, y, al parecer, fue Aimée la encargada tanto de las exposiciones como de gestionar la venta ya que en ese entonces LeBold se encontraba en Cabo Cod (Massachusetts) aquejado de una enfermedad.[21] Abrahamson, quien en septiembre de 1999 había adquirido por $100 000 algunos de los vestidos de la colección, concretamente un traje de Taylor en Cleopatra (1963), una chaqueta y una capa de Bette Davis en The Private Lives of Elizabeth and Essex (1939), unos pantalones de Frank Sinatra en Levando anclas (1945), un vestido de Susan Hayward en Untamed (1955), una chaqueta de Errol Flynn en El burlador de Castilla (1948), una camisa y unos pantalones de un frac de Fred Astaire en Royal Wedding (1951), y una capa de Greta Garbo en Queen Christina (1933),[27]:2 acusó a LeBold y a Americana Dance Theatre, Inc. de haberle vendido trajes falsos, algo que descubrió al tratar de revender estas prendas en 2011, para lo cual se puso en contacto con Profiles in History; una vez publicados estos atuendos en un catálogo para su venta, el propietario del vestido original de Taylor en Cleopatra contactó con la casa de subastas para advertir del fraude. Esta denuncia, en la cual se hizo constar que algunos de los objetos de la colección eran «auténticos y algunos de ellos según la información y la creencia, falsos»,[21] se sumaba a las ya interpuestas contra LeBold por parte de la actriz Debbie Reynolds y los estudios Warner Bros., quienes en su momento alegaron que LeBold les había robado cerca de 250 trajes,[28] si bien el vestido de Taylor en A Place in the Sun formaba parte del lote de objetos auténticos.

Descripción

Diseño

Elizabeth Taylor en A Place in the Sun (1951).

Descrito por Head como un vestido de noche con «incontables yardas de tul blanco tachonado de incontables violetas de terciopelo blancas»,[3]:120 el vestido se compone de un corpiño ajustado sin tirantes y armado con ballenas, con un escote corazón decorado con pequeñas violetas de terciopelo en ambas copas, mientras que la falda se halla conformada por tres capas de tul en color crema sobre una enagua de tafetán en un tono a medio camino entre amarillo pálido y verde menta, salpicada la segunda capa de tul con diminutas violetas de terciopelo idénticas a las presentes en el escote (la capa superior de tul se añadió después del rodaje para ayudar a la conservación del atuendo). El vestido, cuya ornamentación se centra en la parte delantera para no focalizar la atención en la espalda con el fin de disimular la escoliosis que Taylor padecía desde su nacimiento, cuenta con una etiqueta en la que figura escrito con tinta negra «Elizabeth Taylor» y cosido inmediatamente debajo en letras azules «Paramount», constando en otra etiqueta un sello de color amarillo parcialmente borrado con el lema «PARAMOUNT PICTURES INC. LADIES WARDROBE».[23][29] Cabe destacar que el color blanco del tul fue variando hasta el tono crema que se aprecia en la actualidad a causa del envejecimiento del tejido, mismo caso que el de otros atuendos de la época, como el vestido blanco de Marilyn Monroe en The Seven Year Itch (1955); el vestido de «Amado Mío», lucido por Rita Hayworth en Gilda (1946); y el vestido Sabrina, lucido por Hepburn en la película homónima de 1954.[30][31] No obstante, la enagua de tafetán poseía ya en principio el tono amarillo verdoso que ostenta hoy día con el fin de ajustarse a las limitaciones técnicas de entonces, pues el color blanco no lucía adecuadamente en cámara. Antes de que las películas se filmasen en su mayoría en color, los diseñadores debían tener en cuenta que las tonalidades de las prendas se veían de forma distinta en pantalla; uno de los casos más llamativos fue el vestido supuestamente rojo que Bette Davis lució en Jezabel (1938), el cual era en realidad de color marrón debido a que el color rojo no lucía adecuadamente en blanco y negro. Este inconveniente se daba también con el blanco tanto en blanco y negro como en color ya que el blanco tendía a provocar destellos en cámara, motivo por el que las telas solían teñirse en colores pastel (preferentemente azul o rosa), circunstancia que se trasladaba incluso a la ropa de cama, siendo un caso destacado el traje azul claro (blanco en pantalla) de Norma Shearer en María Antonieta (1938),[32] película filmada en blanco y negro aunque concebida para ser rodada en color.

Análisis

El vestido de debutante posee cierta carga simbólica ya que pese a no ser el primer atuendo que luce Taylor en la película, el mismo sirve para presentar al personaje de Angela Vickers, una joven socialité acostumbrada a vivir entre lujos la cual lleva una existencia despreocupada y ajena a la pobreza que viven otras jóvenes de su edad, como Alice Tripp, obrera de la fábrica de bañadores en la que trabaja George Eastman, un joven de escasos recursos cuya ambición le llevará a traicionar a Alice tan pronto esta le comunica que le va a dar un hijo, pues el descubrimiento de su relación supondría tener que renunciar a sus sueños de riqueza junto a Angela, quien posee todo cuanto George puede desear. El blanco inmaculado del vestido en pantalla permite subrayar el carácter puro e inocente de la joven, pues pese a ser una niña mimada de la alta sociedad, no posee los aires de grandeza de los que hacen gala casi todos los jóvenes de su amplio círculo de amistades, quienes observan con cierto desaire a George por no gozar de la misma posición social que ellos, mientras que el delicado tul parece ser un último intento de mostrar a la muchacha como un ser todavía infantil. Angela, totalmente indiferente a la división de clases sociales, muestra con este atuendo la pureza de sus sentimientos a la par que deja patente su virginidad, pues como toda joven de la alta sociedad reserva dicha virtud para el hombre que se convertirá en su esposo. A medida que la trama avance, la claridad del guardarropa de Angela se irá tornando cada vez más oscura y opaca hasta culminar en el atuendo de su última escena, completamente negro a excepción de las solapas, como si con dicha prenda se quisiese adelantar al luto que la aguarda, pues el gran amor de su vida está a punto de purgar sus errores en la silla eléctrica, reflejando este atuendo la madurez definitiva del personaje y su irremediable transición de niña a mujer. De acuerdo con Charlotte Cornelia Herzog y Jane Marie Gaines:

Los cuatro vestidos, tres blancos y uno negro, no significan simplemente la riqueza de Angela Vickers; más bien, la apariencia es casi mágica, etérea. Las flores bordadas o el encaje esbozan y adornan los pechos de Taylor, representando tanto su sensualidad como su inocencia. La tela del vestido y las líneas del cuerpo parecen responderse la una a la otra tan rítmicamente que el contexto social casi parece desaparecer. Y este encanto seductor de los trajes destruye la simpatía por la no romántica, la «desaliñada obrera» tal y como es llamada por Life. […] en el caso de A Place in the Sun, [los vestidos] exceden esta función [la de auxiliares de la narrativa] y ayudan a erradicar cualquier crítica potencial a la superficialidad y privilegio de Angela Vickers. Estos vestidos recuerdan al vestido de El padre de la novia e incluso a los trajes de Helen Rose para Taylor en A Date With Judy (1947), vinculando por ende a Angela Vickers con los novios más inocentes y deseables.[9]:221–222[nota 5]

Legado

Notas

Referencias

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