Cautiverio de Babilonia
periodo en la historia del pueblo judío que fue desplazado a Babilonia
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Se conoce con el nombre de Cautiverio de Babilonia o Cautividad en Babilonia al período en el que parte considerable de los habitantes del reino de Judá estuvieron exiliados en Babilonia por el Imperio neobabilónico.[1] Comenzó la deportación y el exilio de los judíos en varias oleadas: tras el asedio de Jerusalén en el año 597 a. C., alrededor de 7000 personas fueron exiliadas a Mesopotamia. [1] Otra oleada fue inmediatamente después de la toma de Jerusalén y la destrucción del templo por Nabucodonosor II, y finalizó con el edicto del rey persa Ciro de 538 a. C., que permitió el regreso de los judíos a sus tierras de origen al año siguiente.[2][3][4]

El Imperio babilónico llevó a los judíos al cautiverio en el año 586 a. C. o 597 a. C. (primera deportación), lo cual implicaría una duración de cincuenta años o sesenta años de exilio. Dado que Jeremías indica una duración de setenta años, algunos autores fijan su comienzo en 608 a. C. y otros ven su fin en el año 516 a. C., con la reconstrucción del primer templo de Jerusalén.[5]
Aunque las fechas, el número de expulsiones y el número de exiliados varían en los distintos relatos bíblicos,[6][7] a continuación se ofrece un resumen general de lo que ocurrió. Tras la Batalla de Karkemish en el 605 a. C., el rey babilonio Nabucodonosor II sitió Jerusalén, lo que provocó que el rey judío Joaquim pagara un tributo. [8] En c. 601 a. C., Joacim se negó a pagar más tributos, lo que condujo en 598/597 a. C. a otro asedio de la ciudad por parte de Nabucodonosor II y culminó con la muerte de Joacim y el exilio a Babilonia de su sucesor Jeconías, la corte de Jeconías y muchos otros. En 587 a. C., Nabucodonosor II destruyó Jerusalén y exilió al sucesor de Jeconías, Sedequías, y a otros. En 582 a. C., Nabucodonosor II exilió a otro grupo.
La Biblia relata cómo, tras la caída del Imperio neobabilónico ante el Imperio aqueménida en la Batalla de Opis en el año 539 a. C., los judíos exiliados fueron autorizados por los persas a regresar a Judá.[9][10] Según el Libro de Esdras bíblico, la construcción del Segundo Templo en Jerusalén comenzó c. 537 a. C. en la nueva provincia persa de Yehud Medinata. Todos estos acontecimientos se consideran significativos para el desarrollo de la historia y la cultura del pueblo judío y, en última instancia, tuvieron un impacto de gran alcance en el desarrollo del judaísmo.[1]
Los estudios arqueológicos han revelado que, aunque la ciudad de Jerusalén quedó completamente destruida, otras partes de Judá continuaron estando habitadas durante el período del exilio. Los registros históricos de Mesopotamia y fuentes judías indican que una parte significativa de la población judía decidió permanecer en Mesopotamia. Esta decisión condujo al establecimiento de una comunidad judía considerable en Mesopotamia conocida como la «golah» (dispersión), que persistió hasta los tiempos modernos. [1] Se cree que las comunidades judía iraquí, judía persa, judía georgiana, judía de Bujará y Judíos de las montañas derivan en gran parte su ascendencia de estos exiliados; estas comunidades han emigrado en su mayoría a Israel. [11][12]
Cautiverios hebreos en Mesopotamia

Gran parte de los hebreos que habitaban tanto en el reino de Israel como en el reino de Judá conocieron el exilio seguido de un cautiverio en Mesopotamia.
Cautiverio israelita en Asiria. Los habitantes del reino de Israel lo conocieron a partir de 722 a. C.,[16] cuando el reino de Israel hubo caído en manos asirias; fueron deportados a Nínive, y se perdió luego el rastro de las diez tribus norteñas.
Cautiverio judío en Babilonia. Los habitantes del reino de Judá lo conocieron a partir de 586 a. C.,[17][5] luego de la toma de Jerusalén.[17]
Según la interpretación providencialista, los miembros de las diez tribus del reino de Israel merecieron peor suerte que aquella conocida por las dos tribus del reino de Judá. Significativamente, ambas comunidades habían sido advertidas oportunamente por los grandes profetas de la época, a saber, Elías e Isaías, respectivamente.
Exilio y cautiverio en la Biblia
Las principales fuentes acerca de lo sucedido son el Segundo Libro de Crónicas y el Segundo Libro de Reyes. Ambos finalizan con el Exilio. Esdras comienza con el Exilio y narra lo sucedido luego de este, con Nehemías, y los profetas Jeremías y Ezequiel quienes lo experimentan el uno en Jerusalén y el otro en Babilonia, y las Lamentaciones que dan testimonio de la catástrofe acontecida, en tanto que Ageo y Zacarías viven el regreso, del que los Salmos hacen explícitamente referencia. El Exilio es por consiguiente de gran importancia en el texto bíblico.

Acerca del Cautiverio en Babilonia, expresa el texto bíblico:
En aquel tiempo los servidores de Nabucodonosor, rey de Babilonia, subieron contra Jerusalén; y la ciudad fue sitiada.... Y llevó en cautiverio a toda Jerusalén: a todos los magistrados, a todos los guerreros valientes (un total de diez mil cautivos), y a todos los herreros y artesanos. No quedó nadie, excepto la gente más pobre del pueblo de la tierra.... El rey de Babilonia proclamó rey en lugar de Joaquín a su tío Matanías, y cambió su nombre por el de Sedequías.2 Reyes 24:10-17 (Versión Reina Valera)
La deportación sucedió en dos fases, una ya en torno a 597 a. C., que afectó a las clases altas, y otra, más general, en 586 a. C., a raíz de la destrucción de Jerusalén.[18]
Esto sucedió a causa de la cólera de Yahveh contra Jerusalén y Judá, hasta que los arrojó de su presencia. Sedecías se rebeló contra el rey de Babilonia.2 Reyes: 24:20 (Versión Biblia de Jerusalén)
La liberación por Ciro significó la vuelta de muchos judíos a Israel, pero la mayoría engrosó la diáspora o dispersión de las comunidades judías fuera de la Tierra Santa, que ya entonces era numerosa en lugares tales como Egipto.

A finales del siglo VII a. C., el Reino de Judá era un estado cliente del imperio asirio. En las últimas décadas del siglo, Asiria fue derrocada por Babilonia, una provincia asiria. Egipto, temiendo el repentino auge del Imperio neobabilónico, tomó el control del territorio asirio hasta el río Éufrates en Siria, pero Babilonia contraatacó. En el proceso, Josías, rey de Judá, murió en una batalla contra los egipcios en la batalla de Megido (609 a. C.).
Tras la derrota del ejército del faraón Necao a manos de los babilonios en Carquemis en el 605 a. C., Joacim comenzó a pagar tributo a Nabucodonosor II de Babilonia. Algunos de los jóvenes nobles de Judá fueron llevados a Babilonia.
En los años siguientes, la corte de Jerusalén se dividió en dos bandos, uno que apoyaba a Egipto y otro a Babilonia. Después de que Nabucodonosor fuera derrotado en batalla en 601 a. C. por Egipto, Judá se rebeló contra Babilonia, lo que culminó en un asedio de tres meses a Jerusalén que comenzó a finales de 598 a. C. [19] Joacim, rey de Judá, murió durante el asedio[20] y fue sucedido por su hijo Joacim (también llamado Jeconías) a la edad de dieciocho años. [21] La ciudad cayó el 2 de Adar (16 de marzo) del 597 a. C.,[22] y Nabucodonosor saqueó Jerusalén y su Templo y se llevó a Jeconías, su corte y otros ciudadanos prominentes (incluido el profeta Ezekiel) de vuelta a Babilonia.[23] El tío de Joacim, Sedequías, fue nombrado rey en su lugar, pero los exiliados en Babilonia continuaron considerando a Jeconías como su Exilarca, o gobernante legítimo.
A pesar de las advertencias de Jeremías y otros miembros del partido pro-babilónico, Sedequías se rebeló contra Babilonia y se alió con el faraón Hofra. Nabucodonosor regresó, derrotó a los egipcios y volvió a asediar Jerusalén, lo que provocó la destrucción de la ciudad en el 587 a. C. Nabucodonosor destruyó la muralla de la ciudad y el Templo, junto con las casas de los ciudadanos más importantes. Sedequías y sus hijos fueron capturados y los hijos fueron ejecutados delante de Sedequías, a quien luego cegaron y llevaron a Babilonia junto con muchos otros (Jer 52:10-11). Judá se convirtió en una provincia babilónica, llamada Yehud, poniendo fin al reino independiente de Judá. Debido a los años perdidos en el calendario judío, las fuentes rabínicas sitúan la fecha de la destrucción del Primer Templo en el año 3338 AM (423 a. C.)[24] o 3358 AM (403 a. C.).[25]

El primer gobernador nombrado por Babilonia fue Godolías, un judío nativo; animó a los muchos judíos que habían huido a países vecinos como Moab, Ammon y Edom a regresar, y tomó medidas para devolver la prosperidad al país. Algún tiempo después, un miembro superviviente de la familia real asesinó a Gedalías y a sus consejeros babilonios, lo que llevó a muchos refugiados a buscar refugio en Egipto. A finales de la segunda década del siglo VI a. C., además de los que permanecieron en Judá, había importantes comunidades judías en Babilonia y Egipto; este fue el comienzo de las numerosas comunidades judías que más tarde vivirían permanentemente fuera de Judá en la diáspora judía.
Según el Libro de Esdras, el persa Ciro el Grande puso fin al exilio en el 538 a. C.,[26] al año siguiente de conquistar Babilonia.[27] El exilio terminó con el regreso bajo el mando del príncipe Zorobabel (llamado así porque era descendiente de la línea real de David) y el sacerdote Josué (descendiente de la línea de los antiguos sumos sacerdotes del Templo) y la construcción del Segundo Templo en el periodo comprendido entre el 521 y el 516 a. C. [26]
Cautiverio judío en Babilonia (586 a 537 a. C.)


En 931 a. C., luego de la división de lo que otrora había sido reino unido de Israel, los hebreos se encontraron en una posición política débil, prisioneros del juego político de las potencias extranjeras de la Antigüedad, en especial del creciente poderío de los asirios. En 721 a. C., el reino del norte fue aniquilado por las fuerzas asirias.
El reino de Judá obtuvo una considerable prórroga, gracias a la guerra que se libró entre Asiria y Babilonia. Mas en 587 a. C., Nabucodonosor II conquistó Jerusalén, destruyó su templo y puso fin a la independencia de los hebreos.
A pesar de que se suele considerar al Cautiverio de Babilonia como un destierro total del pueblo hebreo, el traslado de la población sólo afectó a las clases altas hebreas. Los conquistadores de Israel tenían interés en impedir que resurgiera allí un poder político fuerte, y para eso, "importaron" por la fuerza a la clase dirigente capaz de liderar una posible revuelta. El bajo pueblo, por su parte, no fue mayormente afectado por estos traslados forzosos.
La pérdida de su independencia nacional fue un enorme trauma para los hebreos, quienes como defensa psicológica dieron el paso del antiguo Yahvismo nacionalista a la religión moderna del judaísmo. Asimismo incubaron las primeras esperanzas mesiánicas, y creyeron que Yahveh los estaba poniendo a prueba para oportunamente producir un milagroso cambio en las circunstancias, que traería consigo el final de los tiempos y el restablecimiento de la independencia judía.[30]
A pesar de todo ello, el grupo de hebreos exiliados prosperó. La suerte de los hebreos en Babilonia es narrada por textos bíblicos tales como los libros de Daniel y Ester. Ambos sugieren que los hebreos alcanzaron altas posiciones entre los mesopotámicos. También habrían tomado contacto con las prácticas idolátricas de los babilonios que son descritas con detalle en el libro de Baruc (secretario o escriba del profeta Jeremías). Se trata de una carta (capítulo 6) que Jeremías dictó a Baruc para comunicársela a los judíos antes de ser deportados con el fin de prevenirles de dichas prácticas que Yahvé consideraba contrarias al monoteísmo y por tanto pecaminosas. Consistían en figuras de oro, de plata y de madera hechas por artesanos y orfebres a grandes precios, llevadas a hombros, con lámparas, con coronas en la cabeza, con lujosos vestidos de púrpura, revestidas de oro, tomadas por dioses y seguidas por delante y detrás por multitudes que los adoraban, esperando que les dieran prosperidad y protección.
El año 538 a. C., el rey persa Ciro el Grande conquistó Babilonia y destruyó su imperio, autorizando en 537 a. C. a los hebreos a regresar a la tierra de Israel. Le dio a Jerusalén un estatuto semiautónomo, posiblemente para tener un "estado tapón" que le sirviera de parapeto contra el por entonces creciente poder de Egipto.
Pero, si bien Ciro el Grande autorizó a los judíos a regresar a su tierra nativa, una importante comunidad judía permaneció en Babilonia desde entonces.[31]
En Jerusalén, el templo fue reconstruido por Zorobabel. Los israelitas consiguieron mantener un estatuto semiindependiente hasta el fin del Imperio Persa, en 332 a .C.[32]
Los relevantes hechos históricos post-exílicos, como la reconstrucción del templo y las murallas de Jerusalén son relatados en el Tanaj hebreo, en el libro Esdras-Nehemías. En la Biblia cristiana, este libro fue dividido en 2: el libro de Esdras relata la reconstrucción del templo, y el libro de Nehemias relata la reconstrucción de los muros de la ciudad.[33]
Otros usos
En el judaísmo y el cristianismo primitivo, el relato bíblico del cautiverio, así como las invectivas de los profetas contra la ciudad, hicieron de Babilonia un símbolo del imperio opresor en ese período: Roma. Así aparece en el Apocalipsis de Baruc y en el Apocalipsis de san Juan. El judaísmo, cuando el Imperio romano adoptó el cristianismo, hizo de Edom el símbolo de la opresión. La Iglesia, por el contrario, se identificó con el antiguo Israel como pueblo elegido, y Babilonia se convirtió en cualquier enemigo, interno o externo, que amenazara sus creencias.
La expresión Cautividad de Babilonia fue aplicada de manera polémica al periodo del siglo XIV entre los años 1305 y 1377, durante el cual la Santa Sede cambió su residencia de Roma por la ciudad provenzal de Aviñón, conocido por la historiografía como Papado de Aviñón. El uso de esta frase implicaba que el traslado de los papas era una imposicíon de un monarca extranjero, el rey de Francia, y que los papas eran sus prisioneros. Se usó durante el Cisma de Occidente para criticar a los papas que residían en Aviñón.
Durante la Reforma, Lutero acusó a la jerarquía eclesiástica y al papa de mantener a la iglesia cristiana en cautiverio, equiparando a la Roma católica con la Babilonia pagana que exilió a los judíos de su tierra natal. En su libro de 1520 titulado La cautividad de Babilonia de la Iglesia, Lutero sostiene que el Papa mantiene prisionera a la iglesia por medio de los siete sacramentos y la teología. Esta idea fue usada ampliamente en la discusión religiosa entre católicos y protestantes hasta el siglo XX.[34]
En las creencias rastafaris, Babilonia es un símbolo del Imperio Británico, su sucesor, los Estados Unidos y el capitalismo materialista, que esclavizaron a los pueblos africanos y los deportaron de su tierra natal, manteniéndolos oprimidos hasta la actualidad.[35][36]
Evidencia arqueológica y otra evidencia extra bíblica
Primera campaña (597 a. C.)
El asedio de Jerusalén por Nabucodonosor, la captura de su rey, el nombramiento de otro en su lugar y el saqueo de la ciudad en 597 a. C. se corroboran en un pasaje de las Crónicas mesopotámicas:[37]: 293
En el séptimo año, en el mes de Kislev, el rey de Akkad reunió a sus tropas, marchó hacia la tierra de Hatti y acampó frente a la ciudad de Judá, y el noveno día del mes de Adar tomó la ciudad y capturó al rey. Nombró allí a un rey de su elección y, tras cobrar un pesado tributo, lo llevó de vuelta a Babilonia.
Las tablillas de racionamiento de Joaquín, que describen las órdenes de racionamiento para un rey cautivo de Judá, identificado con el rey Jeconías, han sido descubiertas durante las excavaciones en Babilonia, en los archivos reales de Nabucodonosor.[38][39] Una de las tablillas hace referencia a las raciones de comida para «Ya’u-kīnu, rey de la tierra de Yahudu» y cinco príncipes reales, sus hijos. [40]
Segunda campaña (589-587 a. C.)
Nabucodonosor y las fuerzas babilónicas regresaron en 589 a. C. y arrasaron Judá, dejando claras pruebas arqueológicas de la destrucción en muchas ciudades y asentamientos de la zona. [37]: 294 Durante las excavaciones se descubrieron ostracas de arcilla de este periodo, conocidas como las cartas de Laquis. Una de ellas, probablemente escrita al comandante de Laquis desde una base periférica, describe cómo estaban desapareciendo las señales de fuego de las ciudades cercanas: «Y que (mi señor) sepa que estamos esperando las señales de fuego de Laquis según todas las indicaciones que mi señor ha dado, porque no podemos ver Azeqa». [41] Los hallazgos arqueológicos de Jerusalén atestiguan que prácticamente toda la ciudad dentro de las murallas quedó reducida a escombros en el año 587 a. C. y fue completamente destruida.[37]: 295
Consecuencias en Judá
Las excavaciones y estudios arqueológicos han permitido estimar que la población de Judá antes de la destrucción babilónica era de aproximadamente 75 000 habitantes. Si tomamos la cifra más alta de exiliados que aparece en la Biblia, 20 000, esto significaría que quizás el 25 % de la población fue deportada a Babilonia, mientras que la mayoría restante permaneció en Judá.[37]: 306 Aunque Jerusalén fue destruida y gran parte de la ciudad permaneció en ruinas durante 150 años, muchos otros asentamientos de Judá continuaron estando habitados, sin que los estudios arqueológicos hayan encontrado signos visibles de perturbación.[37]: 307
El arqueólogo Avraham Faust sugiere que, entre las deportaciones y ejecuciones causadas por los babilonios, más las hambrunas y epidemias que se produjeron durante la guerra, la población de Judá pudo haberse reducido a tan solo el 10 % de lo que era antes de las deportaciones.[42]
Condiciones en el exilio
En Mesopotamia, los judíos exiliados fueron reubicados en asentamientos agrícolas, siendo uno de los más notables Tel-Abib, cerca de la ciudad de Nippur. El erudito bíblico Niels Peter Lemche sugiere que los judíos exiliados disfrutaban de un estilo de vida apenas menos próspero que el que estaban acostumbrados a llevar en su tierra natal.[1]
Sin embargo, hay pruebas de que sufrieron penurias. Por ejemplo, los líderes judíos exiliados eran sospechosos de deslealtad nacional y fueron reducidos a la condición de campesinos, donde trabajaban en la agricultura y en proyectos de construcción y realizaban tareas sencillas como la agricultura, el pastoreo y la pesca. Esto terminó cuando los persas conquistaron Babilonia. Los plebeyos judíos exiliados sentían nostalgia por Judá y, debido a las circunstancias, se vieron obligados a abandonar el culto en el templo. En su mayoría adoraban en casas particulares y mantenían algunas tradiciones religiosas como la circuncisión, la observancia del sabbat, la lectura de los Salmos y la Ley. [5]
Restauración persa
El Cilindro de Ciro, una antigua tablilla en la que está escrita una declaración en nombre de Ciro que hace referencia a la restauración de templos y la repatriación de pueblos exiliados, se ha tomado a menudo como corroboración de la autenticidad de los decretos bíblicos atribuidos a Ciro.[43] pero otros estudiosos señalan que el texto del cilindro es específico de Babilonia y Mesopotamia y no hace mención alguna a Judá o Jerusalén.[43] El profesor Lester L. Grabbe afirmó que el «supuesto decreto de Ciro» relativo a Judá «no puede considerarse auténtico», pero que existía una «política general de permitir a los deportados regresar y restablecer los lugares de culto». También afirmó que la arqueología sugiere que el regreso fue un «goteo» que se produjo a lo largo de décadas, en lugar de un acontecimiento único.[44]
Como parte del Imperio persa, el antiguo Reino de Judá se convirtió en la provincia de Judá (Yehud Medinata[45]) con fronteras diferentes, que abarcaba un territorio más pequeño.[44] La población de la provincia se redujo considerablemente con respecto a la del reino; los estudios arqueológicos sugieren una población de alrededor de 30 000 personas en los siglos V y IV a. C.[37]: 308
Una exposición celebrada en Jerusalén en 2017 mostró más de 100 tablillas cuneiformes que detallaban el comercio de frutas y otros productos básicos, los impuestos, las deudas y los créditos acumulados entre los judíos obligados o persuadidos a abandonar Jerusalén por el rey Nabucodonosor alrededor del año 600 a. C. Las tablillas incluían detalles sobre una familia judía exiliada a lo largo de cuatro generaciones, todas con nombres hebreos.[46][47]
La mayoría de los judíos que regresaron eran judíos pobres y consideraban el exilio como una «regeneración espiritual» o un «castigo divino por los pecados». Una de las razones por las que los judíos ricos se quedaron en Mesopotamia fueron las oportunidades económicas, que eran relativamente poco comunes en Judá.[5]
Literatura del exilio
El período del exilio fue una rica fuente para la literatura hebrea. Las descripciones bíblicas del exilio incluyen el Libro de Jeremías 39-43 (que veía el exilio como una oportunidad perdida); la sección final de 2 Reyes, que lo retrata como el fin temporal de la historia; 2 Crónicas, en el que el exilio es el «sábado de la tierra»; y los primeros capítulos de Esdras, que narran su fin. Otras obras del exilio o sobre él incluyen las historias del Daniel 1-6, Susana, Bel y el dragón, la «Historia de los tres jóvenes» (1 Esdras 3:1-5:6) y los libros de Tobías y Judit.[48] El Libro de las Lamentaciones surgió del cautiverio babilónico. La redacción final del Pentateuco tuvo lugar en el periodo persa posterior al exilio,[37]: 310 y la fuente sacerdotal, una de sus principales fuentes, es principalmente un producto del periodo postexílico, cuando el antiguo reino de Judá se había convertido en la provincia persa de Yehud.[49]
Importancia para la cultura judía

En la Biblia hebrea, el cautiverio en Babilonia se presenta como un castigo por la idolatría y la desobediencia a Yahvé. [51][52] El cautiverio babilónico tuvo una serie de graves efectos sobre el judaísmo y la cultura judía. Por ejemplo, durante este periodo se adoptó el alfabeto arameo imperial, que con el tiempo evolucionó hasta convertirse en el alfabeto hebreo. Con el tiempo, el alfabeto hebreo basado en el arameo sustituyó al alfabeto paleohebreo.[53]
Este periodo vio el último punto álgido de la profecía bíblica en la persona de Ezequiel, seguido por la aparición del papel central de la Torá en la vida judía. Según muchos estudiosos histórico-críticos, la Torá fue redactada durante esta época y comenzó a ser considerada como el texto autoritario para los judíos. Este periodo fue testigo de su transformación en un grupo etnorreligioso capaz de sobrevivir sin un templo central.[54] El filósofo y erudito bíblico israelí Yehezkel Kaufmann dijo: «El exilio es el punto de inflexión. Con el exilio, la religión de Israel llega a su fin y comienza el judaísmo». [55]
Cabe destacar que durante este periodo también se produjo la transición teológica de la antigua religión israelita entre los cautivos, que pasó de ser un sistema de creencias monolátrico a uno monoteísta.[56][57][58]
Este proceso coincidió con la aparición de escribas y sabios como líderes judíos (véase Esdras). Antes del exilio, el pueblo de Israel se había organizado según tribus. Después, se organizó en grupos familiares más pequeños. Solo la tribu de Leví continuó desempeñando su función en el templo tras el regreso. A partir de ese momento, siempre hubo un número considerable de judíos viviendo fuera de la Tierra de Israel; por lo tanto, también marca el comienzo de la «diáspora judía», a menos que se considere que esta comenzó con el cautiverio asirio.
En la literatura rabínica, Babilonia era una de las muchas metáforas para referirse a la diáspora judía. Con mayor frecuencia, el término «Babilonia» se refería a la diáspora anterior a la destrucción del Segundo Templo. El término utilizado después de la destrucción para referirse a la diáspora judía era «Roma» o «Edom».
Cronología
La siguiente tabla se basa en el trabajo de Rainer Albertz sobre «Israel en el exilio», que a su vez se basa principalmente en textos bíblicos. [59] (Es posible que haya otras fechas alternativas).
| Año | Acontecimiento |
|---|---|
| 609 a. C. | Muerte de Josías. Joacaz reina durante tres meses. Joacaz es depuesto y llevado cautivo a Egipto por el faraón egipcio Necao II. Joacim es nombrado rey de Judá por Necao y reina durante 11 años. |
| 605 a. C. | Los babilonios derrotan a los egipcios y sitian Jerusalén. Joacim se rinde y comienza a pagar tributo a Nabucodonosor II de Babilonia en el 605 a. C. Primera deportación, en la que supuestamente se incluyen Daniel, Ananías, Misael y Azarías. |
| 601 a. C. | Los babilonios fracasan en su intento de invadir Egipto. Joacim vuelve a jurar lealtad a los egipcios. |
| 598/7 a. C. | Nabucodonosor invade Judea y vuelve a sitiar Jerusalén. Fin del reinado de Joacim. Joacim reina durante tres meses. |
| 597 a. C. | Primera caída de Jerusalén. Segunda deportación, 16 de marzo de 597, incluyendo a Joaquín y Ezekiel. Sedequías es nombrado rey de Judá por Nabucodonosor y reina durante 11 años. |
| 594 a. C. | Conspiración antibabilónica. Sedequías organiza una reunión de los reyes de Ammón, Edom, Moab, Sidón y Tiro en Jerusalén para tratar la posibilidad de liberarse del control babilónico. |
| 587 a. C. | Segunda caída de Jerusalén. Destrucción del Templo de Salomón. Tercera deportación en julio/agosto de 587. Sedequías es llevado cautivo a Babilonia y sus hijos son asesinados. |
| 583 a. C. | Gedalías, gobernador de la provincia de Yehud nombrado por Babilonia, es asesinado. Muchos judíos huyen a Egipto y se produce una posible cuarta deportación a Babilonia. |
| 562 a. C. | Liberación de Joaquín tras 37 años en una prisión babilónica tras la ascensión de Amel-Marduk. Joaquín permanece en Babilonia. |
| 539 a. C. | Los persas conquistan Babilonia (octubre). |
| 538 a. C. | El decreto de Ciro permite a los judíos regresar a Jerusalén. Sesbazar lidera una oleada de judíos de vuelta a Yehud. |
| 520-515 a. C. | Regreso de muchos judíos a Yehud bajo el mando de Zorobabel y Josué, el sumo sacerdote. Se colocan los cimientos del Segundo Templo. |
| 457 a. C. | Tercera migración de retorno bajo Esdras, quien reintroduce la Torá en Jerusalén. |
| 444 a. C. | Cuarta migración de retorno bajo Nehemías, quien reconstruye Jerusalén y sus murallas. |
Véase también
- Reino de Judá
- Historia del Antiguo Israel
- Historia de los judíos
- Diáspora judía
- Cautiverio de Asiria
- Papado de Aviñón, a veces llamado «Cautiverio babilónico del papado»
- Tablillas de Al-Yahudu, 200 tablas cuneiformes de los siglos VI y V a. C. sobre la comunidad judía exiliada cerca de Nippur
- Egipto bíblico
- Regreso a Sión, relato bíblico del regreso a Judá de algunos de los judíos exiliados
- Salmo 137, que expresa el lamento de los exiliados en Babilonia por la pérdida de Jerusalén