Convento de San Francisco (Vitoria)
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| Convento de San Francisco | ||
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Fachada del convento de San Francisco (el edificio del centro). | ||
| Localización | ||
| País |
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| Comunidad Autónoma |
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| Provincia |
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| Localidad | Vitoria | |
| Coordenadas | 42°50′49″N 2°40′13″O / 42.8469763, -2.6701806 | |
| Información religiosa | ||
| Culto | Iglesia católica | |
| Orden | Orden Franciscana | |
| Fundación | 1214 | |
| Demolición | 1930 | |
| Datos arquitectónicos | ||
| Tipo | Convento | |
| Estilo | Gótico | |
El Convento de San Francisco de Vitoria fue un notable monumento gótico, muy ornamentado en los períodos del renacimiento y del barroco, que según la tradición forjada en época moderna, fue fundado en 1214 por el propio San Francisco de Asís,[1] pocos años después de la fundación de la ciudad de Vitoria en 1181,[2] aunque el dato podría ser matizado según las investigaciones realizadas (ver § 3.1).
Durante los siete siglos de su existencia jugó un papel muy importante en la vida religiosa y política de la ciudad, y fue también Cabeza de Custodia de un conjunto de conventos franciscanos en el norte de la península ibérica desde la década de 1260,[3] hasta 1490.[4] Llegó a ocupar unos 7 000 metros cuadrados tras las diversas ampliaciones a lo largo de los siglos.[5]
El convento fue secularizado en 1835,[2] se reconvirtió en cuartel militar durante el siglo XIX, hasta llegar al año 1930 en que fue derribado a pesar de las grandes críticas ciudadanas, políticas, artísticas y culturales,[6] cuando estaba en proceso de ser protegido mediante su inclusión en el Tesoro Artístico Nacional,[1] debido a intereses relacionados con la especulación inmobiliaria, para el desarrollo del ensanche de la ciudad.[2]
El desaparecido Convento de San Francisco de Vitoria, estaba situado entre la vieja y la nueva ciudad, y sus dilatadas huertas llegaban en 1850 hasta el cruce de las calles actuales de Fueros e Independencia, cercenadas en ese momento por la prolongación de la calle de Postas.[1]
El edificio suponía una mezcla de estilos de diferentes épocas, siendo el gótico el más representativo.
La iglesia era de una sola nave de estructura gótica, de 70 metros de largo por 25 metros de ancho. Tenía un grandioso ábside gótico poligonal en su fondo, diáfano y esbelto, y disponía de bóvedas estrelladas de crucería con terceletes y ligaduras. Era un lugar muy rico en enterramientos. El interior de la iglesia se transformó en el siglo XVII añadiendo adornos y bajorrelieves barrocos. [7]
Disponía de trece capillas laterales (la mayoría de los siglos XV y XVI) con magníficos retablos, entre las que destacaban la Capilla de la Magdalena, y la de la Anunciación (que ocupaba el espacio de tres grandes oratorios, erigida en 1569 por los mismos fundadores del Colegio de la Anunciación en 1614-1630, que fue hasta el siglo XIX un embrión de la también perdida Universidad vitoriana). Las capillas laterales se abrían a la nave mayor por arcos de medio punto con una exuberante decoración de yeserías barrocas y escudos de los fundadores de cada capilla.[1]

Otros elementos que se pueden destacar del complejo conventual son los siguientes:[1]
- Puerta gótica de acceso principal al templo.
- Un magnífico claustro gótico en el que estaban empotrados los contrafuertes de la nave de la iglesia.
- Un claustro barroco del siglo XVII, ligado al Colegio de la Anunciación.
- La doble escalera de piedra que conducía al piso superior en el Colegio de la Anunciación.
En el último capítulo se abordarán los elementos conservados del Convento tras su derribo en 1930, así como los estudios de arqueología realizados sobre los restos encontrados.
2.- Hecho históricos vinculados al Convento
La importancia del Convento de San Francisco reside no sólo en sus méritos religiosos o artísticos (ver el § 3), sino también en la historia del edificio y los acontecimientos que ocurrieron dentro de él. Es un edificio que estuvo ligado a la vida espiritual de la ciudad de Vitoria y en íntima relación con el Concejo de la ciudad, y aún de la provincia entera, y que tuvo en muchos casos a San Francisco como su casa social.[2] La historia entera de Álava ha vivido dentro de sus muros, y por ser la provincia fronteriza entre Navarra y Castilla, ha alcanzado importancia nacional. El convento surge en el siglo XIII y aumenta progresivamente su importancia política y religiosa, vinculándose a la vida social de la ciudad, y convirtiéndose en un espacio de reunión del Concejo, de firma de tratados o como lugar de enterramiento de personajes notables de la villa.[8]
2.1.- Siglos XIII al XV
Este período supone el de su consolidación en la organización franciscana, el del apoyo recibido de la nobleza y la realeza castellana, el de lugar de reunión del poder civil en Vitoria, y los primeros usos políticos del convento.
Alfonso X el Sabio tenía mucho aprecio por este Convento. En las Cantigas 123 y 209 hace mención de milagros que transcurrieron en San Francisco.[9] Importante también será el rol de Doña Berenguela López de Haro, verdadera impulsora del convento, gracias a sus gestiones con Alfonso X.
2.1.1.- Cabeza de la Custodia franciscana
La organización en provincias franciscanas se produce a partir de 1217, e inicialmente solo había una para España. En 1232 se dividió en tres provincias: Santiago, Aragón y Castilla. En el Capítulo General de Narbona de 1260, la orden se estructura en provincias, en custodias y en conventos. El Convento de San Francisco de Vitoria aparece entonces dentro de la provincia de Castilla y como cabeza de la Custodia Bictoriensis. Según el libro Liber conformitatum de Bartolomé Albizzi o de Pisa, de finales del siglo XVI, la custodia de Vitoria incluía los siguientes conventos: Vitoria, Santander, Medina de Pomar, Frías, Bermeo y Miranda de Ebro. Esto implica que Vitoria debía contar con una construcción amplia y bien dotada para esa fecha.[10]
2.1.2.- Tratados de Vitoria

La muerte de Enrique I de Navarra en 1274 planteó un problema sucesorio en este reino por el interés anexionista de los reinos de Aragón y Castilla. Heredó el reino su hija Juana, de dos años de edad, bajo la tutela de su madre, Blanca de Artois, que buscó protección en el reino francés. Estalló una guerra civil entre entre los partidarios de Sancho, hijo segundo de Alfonso X, apoyado por la nobleza navarra, y los partidarios de Juana, apoyada por la monarquía francesa.[11] En este clima bélico, el rey Felipe III de Francia envió a sus emisarios a Vitoria para discutirlo con Alfonso X y miembros de su consejo personal, en el convento de San Francisco. La firma de los Tratados de Vitoria tuvo lugar allí el 7 de noviembre de 1276. Es el primer caso conocido de uso político del convento.[12]
2.1.3.- Unión de Álava con Castilla
A partir del siglo XIV, el Convento tuvo relaciones estrechas con las oligarquías locales, que se enterraban en la iglesia o el claustro a cambio de donativos para obras o reformas. Además, este tipo de templos se convirtieron en lugares privilegiados para recibir a los monarcas en sus viajes, o como sedes de instituciones locales.[13]
En 1331 y 1332 el Convento fue clave en las conversaciones sobre la unión de Álava con Castilla. El Concejo de Vitoria realizaba sus reuniones en el Convento desde principios del siglo XIV. El 4 de octubre de 1331 tuvo lugar una reunión entre los cofrades de la Hermandad de Álava y el concejo de Vitoria en un atrio del convento de San Francisco,[13] y el 31 de octubre de 1331, los prohombres de Vitoria se reunieron en la Capilla de la Magdalena y dieron poder a Juan Martínez de Leiva (Merino Mayor de Alfonso XI de Castilla) para que mediara en el conflicto de Vitoria con la Cuadrilla de Arriaga. Tras esa mediación, el 8 de febrero de 1332 se agregaron a Vitoria cuarenta y una aldeas de la Llanada alavesa que pertenecían a la Cofradía de Arriaga, dando lugar a la firma del llamado Pacto de Voluntaria Entrega o Pacto de Arriaga el 2 de abril de 1332 en Vitoria.[14]
En 1335, partió del Convento de San Francisco en viaje apostólico al centro de Asia, Fray Pascual de Vitoria, quizás el primer misionero, escritor y mártir vasco de nombre conocido de la región.[15]
2.1.4.- Lugar de reuniones del Concejo
El lugar de reunión del poder civil en Vitoria fue en el siglo XIII la iglesia juradera de San Miguel, en los siglos XIV y XV fue el Convento de San Francisco, y a partir del siglo XVI la antigua casa de los Ayala, junto a la iglesia de San Vicente.[16] En 1428, 1480 y 1482 se celebraron reuniones del Concejo vitoriano en la hospedería de San Francisco o en la Capilla de la Magdalena del Convento, adoptando en estas últimas fechas curiosos acuerdos sobre la vida y costumbres de los judíos en la localidad respecto al culto católico del monasterio.[15] Se prohibió a los judíos entrar en el Convento o sus dependencias (pasear por las galerías porticadas) durante los Oficios de las Misas, salvo a la Capilla de la Magdalena.[17]
La Hermandad Provincial de Álava (precedente de las Juntas Generales de Álava que se crearan en 1463) fue creada por Juan II de Castilla en 1417, impulsada por Vitoria, Treviño y Salvatierra, como un instrumento para luchar contra los abusos de la nobleza y mantener el orden público. Se reunieron en diferentes puntos de la ciudad, entre ellos en el refectorio pequeño de San Francisco en 1458 y 1462.[18] En 1489, los representantes alaveses reunidos en este refectorio de San Francisco acuerdan admitir al Valle de Aramayona en el Cuerpo Universal de Álava.[15] Entre 1503 y 1540 se celebraron en San Francisco quince reuniones. Desde 1549, San Francisco fue sede de las Juntas de noviembre o Juntas anuales de Santa Catalina hasta el siglo XIX.[19]
2.2.- Siglos XVI al XIX
En este período destaca su conversión en sede papal durante el primer mes del Papa Adriano VI, la capitalidad de la provincia franciscana de Cantabria a partir del siglo XVI y su uso como precedente de la Diputación alavesa. El siglo XIX verá la exclaustración y utilización del Convento como cuartel del Ejército.
2.2.1.- El Convento y el Papa Adriano IV

A principios de febrero de 1522, el cardenal Adriano Florencio de Utrech, obispo de Tortosa, antiguo preceptor de Carlos I y regente de Castilla, que estaba alojado de paso en la vitoriana Casa del Cordón, recibe la noticia de haber sido nombrado Papa (Adriano VI) el día 22 de enero, recluyéndose entonces en una modesta celda del Convento de San Francisco, para celebrar días después, tras recibir el día 9 de febrero la certificación oficial, su primera Misa Pontifical en San Francisco.[15] Eligió este Convento como palacio papal mientras duraban los preparativos del largo viaje a Roma, tomando sus primeras decisiones y nombrando nuevos cargos.[20] Hubo muchas personalidades de toda España que pasaron por San Francisco esos días a rendirle pleitesía.
En 1524, Carlos I de España estableció su corte en Vitoria entre el 5 de enero y el 6 de marzo, y juró sus Fueros en el Convento de San Francisco.[21]
2.2.2.- Capital de la provincia franciscana de Cantabria
En el siglo XVI, tras la conversión del Convento al proceso de Observancia, el monasterio recupera su dignidad e influencia, de tal manera que, en 1534, el Capítulo Provincial de la Orden Franciscana tuvo lugar en el Convento de San Francisco de Vitoria.[22] En 1551, el convento vitoriano se ve elevado a la capitalidad de la Provincia Franciscana de Cantabria, motivo por el que se celebran en él los Capítulos trienales de la Orden, así como dos Congregaciones Generales (1596 y 1648) y hasta un Capítulo General de toda la dilatada Orden Seráfica en 1694.[15]
Según un cronista de 1585, se sabe que en el soportal y estancias de San Francisco se hicieron consistorios de audiencias y pleitos, así que se puede afirmar que en el Convento estuvo también una especie de Palacio de Justicia alavés.[15]
2.2.3.- Actos ligados a la vida de la provincia
Desde 1633, la comunidad cede a la ciudad una estancia del Convento para que sirviera de Archivo de la Provincia de Álava, y otra sala para armería, donde se custodiaron hasta el siglo XVIII los pendones y banderas de Álava que se sacaban en ocasiones especiales. De esta manera puede afirmarse que San Francisco estuvo en el germen de la Diputación alavesa.[23] [24]
En agosto de 1727 tuvieron lugar fiestas religiosas en el Convento y en la ciudad durante cinco días por la canonización y beatificación de cinco hermanos franciscanos (acumulación debida a la transición entre los Papas Inocencio XIII y Benedicto XIII), financiadas por la reina consorte Mariana de Neoburgo, viuda de Carlos II. Las fiestas están descritas detalladamente en el libro Quincuatro Seráfico-Festico del cronista fray Melchor Amigo, impreso en Vitoria, donde se describe cómo se engalanó el templo, así como la procesión general por la ciudad desde y hasta San Francisco.[25]
Por último, durante el siglo XIX, San Francisco fue Cuartel de Artillería (en la parte del Resbaladero), Cuartel de Caballería (en Postas) y Cuartel de Infantería (en Postas también), así como Hospital militar durante algunos años.
3.- Historia del Convento de San Francisco
La mejor descripción detallada del Convento que puede hacerse es explicar su evolución constructiva desde su fundación en el siglo XIII, hasta su ocaso en el siglo XIX, y su derribo en el siglo XX. Las fuentes utilizadas en la mayoría de los casos son los documentos (contratos, crónicas,…) de su construcción, así como las fotos disponibles del Convento de los siglos XIX y XX hasta su demolición.
3.1.- Fundación del Convento de San Francisco
Las órdenes mendicantes (dominicos y franciscanos) tuvieron un gran desarrollo en el siglo XIII en el norte de la península ibérica. Los franciscanos comenzaron en 1209, y para 1233 tenían su regla aprobada. En ese período se desarrollaron casas y conventos en suelo castellano, centrándose en las villas y ciudades que se estaban consolidando, como era el caso de Vitoria.[26]
No se conoce la fecha exacta de la fundación del Convento de San Francisco en Vitoria, pero la tradición dice que el propio San Francisco de Asís lo fundó en 1214 durante uno de sus viajes por la península ibérica,[6] con destino a Santiago de Compostela o a Marruecos. Muchos conventos franciscanos reclaman su fundación por San Francisco de Asís, por lo que debe ser contemplado desde la óptica de la leyenda.[27]
Pese a que este hecho pudiera ser puramente legendario, el momento de la fundación no debe estar demasiado lejos de ese año, dado que los primeros indicios documentales que nos hablan de un cenobio datan de 1234-1236.[6]
Los orígenes se debaten entre la historia y la leyenda construida posteriormente. Según Apraiz, existía un medallón barroco sobre la puerta de la iglesia en el que podía leerse:[28]
ESTE CONVENTO FUNDÓ
EL MISMO NUESTRO
PADRE SAN FRANCISCO
A Ñ O D E 1.214
No existen registros de su fundación, pero si alguna documentación a tomar en cuenta:
- La primera noticia documental data de 1234 o 1236, y corresponde a un acuerdo legal entre el concejo de Vitoria y el monasterio, para asegurar la protección de los bienes y personas del convento, y donde se citan varias casas y una iglesia, no solo una ermita u oratorio, por lo que para la década de los treinta ya debía existir un complejo terminado.[29]
- Texto de 1248 sobre una huerta del convento, separada por un muro de otros huertos de los vecinos, y situada cerca del mercado (desconocemos su ubicación exacta en el siglo XIII). Es la primera vez en que se habla del convento de San Francisco, y no del templo de María Magdalena.[30]
- El Capítulo General de la Orden Franciscana en Narbona en 1260 erige al monasterio alavés en cabeza de la Custodia de Victoria, constituida por otros siete conventos.[28]

- El franciscano Francisco Gonzaga, obispo de Mantua, fue el primero en vincular al santo de Asís con su construcción, en su obra publicada en Roma en 1587 De Origine Seraphicae Religionis Franciscanae. Es una crónica de la orden franciscana sobre la provincia de Cantabria, alejada en el tiempo, que comienza por el de Vitoria. Aunque indica que no se sabe en qué momento aconteció esto, describe que San Francisco:[31]
“…, se encargó de la construcción, dentro del recinto amurallado, con las diversas limosnas de los fieles, de un pequeño santuario consagrado a la Beatísima María Magdalena, y dejó allí mismo a uno o dos de sus compañeros para que estuvieran al cuidado del mismo…”
- En 1600, el dominico Juan de Victoria narra en Libros de la antigüedad de Hispania y naciones cantábricas y nobleza suia el origen del monasterio:[32]
“En el mismo tiempo fue fundado el monasterio de San Francisco por el mismo padre San Francisco en el sitio donde ahora es la capilla de la Magdalena, al lado de la capilla mayor, a la parte del evangelio”
- El historiador franciscano irlandés Lucas Wadding en su obra Annales Minorum (1652-54) fecha la construcción en 1214, durante la travesía de San Francisco por Hispania.[33]
- El franciscano alavés Juan de Luzuriaga en su libro Paraninfo Celeste de Aránzazu (impreso en México en 1686) consigna que el Seráfico Patriarca colocó por sí mismo la imagen de Nuestra Señora de la Salud en la Capilla de la Magdalena, en el momento de hacer la fundación.[28]
- El historiador alavés del siglo XVIII Joaquín José de Landázuri se hace eco de estos escritos franciscanos, aunque se muestra sorprendido de que no se aporte ningún documento, y del libro Paraíso Cántabro del padre fray Melchor Amigo (década de 1730) que disculpa dicha falta de documentación “porque la fundación … era tan clara como el Sol mismo”.[34]
Las excavaciones realizadas en 2019 sugieren la posibilidad de la existencia de un edificio más antiguo en el lugar de la Capilla de la Magdalena, de principios del siglo XIII (ver capítulo 5.3). Aunque la idea de la fundación del convento sobre una capilla previa dedicada a la Magdalena sea una invención de los frailes a partir del siglo XVI, y en los documentos no se hable de la capilla de la Magdalena hasta el siglo XV, las fechas apuntadas de 1234 y 1248 podrían avalar la hipótesis de la fundación de un asentamiento franciscano o de la Capilla de la Magdalena hacia 1214, origen del Convento de San Francisco posterior,[28] [35] aunque hay ciertos expertos que consideran esta hipótesis poco verosímil. Estos expertos consideran que el primer muro construido fue el del templo a finales del siglo XIII, y que tiempo después se decidió adosar la capilla de la Magdalena.[36]
Gonzaga habla de un pequeño santuario, y Juan de Victoria de un “sacelio, ermita u oratorio”, indicando en todo caso una construcción sencilla y el origen humilde del convento.[32] A destacar que los cronistas franciscanos estuvieron siempre dispuestos a transmitir la idea de una creación modesta que, más tarde, terminaría por florecer bajo el impulso de diversos patronatos privados.[37]
3.2.- Construcción, madurez y plenitud: s. XIII y XIV
En estos siglos se desarrolla un inicial asentamiento franciscano que se convertirá con el tiempo en una iglesia conventual, y crece el Convento por la acción de dos mecenas, el rey Alfonso X el Sabio y Doña Berenguela López de Haro, con el añadido de un claustro gótico y la Capilla mayor de las Mujeres.

La leyenda franciscana habla de que la Capilla de la Magdalena (parece que financiada por Pascual Sánchez y Doña Maribáñez) fue el punto en el que se fijó San Francisco al llegar a la ciudad. Landázuri indica que el Santo tomó el pequeño Templo de la Magdalena, y añade que el primitivo templo era regular, estrecho, austero y de dimensiones muy modestas, por lo que casi no podía acoger en su interior a la feligresía. No sería de extrañar que entre 1214 y 1236, los primeros frailes hubieran adoptado un templo preexistente y hubieran construido o reutilizado un modesto edificio colindante como morada provisional, y con la idea de erigir un nuevo templo sobre el lugar de la Magdalena y quizás edificar una residencia más acorde a sus necesidades. Según informaciones de Fray Juan de Vitoria, la fábrica de la Capilla de la Magdalena sería anterior a la de la iglesia conventual de 1296, y según Landázuri tendría un acceso independiente.[38] De esta inicial construcción no hay rastros materiales, ni en fotos ni en los escasos restos que quedan del convento, aunque debió ser importante ya que se la ve como cabeza de la Custodia de Vitoria en 1260.[39]
Hacia finales del siglo XIII el convento de San Francisco vivió una ampliación gracias al mecenazgo de dos personajes de primer orden dentro de la vida social y política de finales de la centuria: el monarca castellano Alfonso X el Sabio y Doña Berenguela López de Haro.[6] Esta construcción supuso la base del edificio que existió hasta el siglo XX. La nave, la cabecera y la portada deben ser de finales del siglo XIII o comienzos del XIV. En ese momento solo había tres capillas privadas (la Magdalena, la Virgen de los Remedios y Santa Cruz). En esta época medieval debió construirse también el claustro gótico.[40]
3.2.1.- El mecenazgo de Alfonso X

Las estancias del rey Alfonso X en la ciudad fueron múltiples y bien documentadas. En 1256 mandó construir tres nuevas calles, añadió otro tramo de la muralla y un foso con agua traída desde Olárizu y Mendiola. El monarca ejerció el patronazgo sobre ciertas iglesias alavesas, incluyendo a San Francisco.[41]
Indudablemente el convento de San Francisco entró en el plan de reformas de Vitoria que el monarca proyectó en 1256, y fue un lugar de especial relevancia para este devoto rey que nos relató un milagro acontecido en su interior. Alfonso X tuvo cuatro enfermedades graves en su vida, la peor estando en Vitoria, narrada en las Cantigas de Santa María (Cantiga 209) y cómo el poder milagroso del propio libro de las Cantigas contribuyó a su curación.[42] La historiadora del arte Lucía Lahoz sugiere una posible vinculación del rey con la Virgen de la Esclavitud que se encontraba entonces en el retablo del altar mayor de San Francisco (hoy en la Catedral de Santa María), lo que habría favorecido el patronazgo de Alfonso X por este convento.[43] Otra imagen milagrera habría sido la de Nuestra Señora de la Salud según Juan de Luzuriaga (siglo XVII), y que podría estar enlazada con otro milagro descrito por Alfonso X en la Cantiga 123, y que habría transcurrido dentro de los muros del convento vitoriano.[44]
En 1270 se firma por el alcalde del rey, Diego Pérez de Valladolid, un proyecto de ampliación del convento que les otorga todas las tierras que lindaban con el edificio ya construido, en la zona del mercado, cuya ubicación nos es hoy desconocida.[45] La primitiva estructura debió ser de planta rectangular pegante por el sur a la cabecera del nuevo templo de 1296, un proyecto distinto de otros edificios que rodean el claustro, próximo a la Capilla de la Magdalena, en la zona del “fondo de mercado” medieval, en el cruce del camino real de Pamplona con las nuevas calles Cuchillería, Pintorería y la antigua Judería.[46]
3.2.2.- El mecenazgo de Doña Berenguela López de Haro
Doña Berenguela López de Haro (1220 – 1296), Infanta de Castilla, era hija de Lope Díaz II de Haro, el sexto señor de Vizcaya, y de Urraca Alfonso de León, hija ilegítima del rey Alfonso IX de León con Inés Íñiguez de Mendoza, que era una de las familias más poderosas del momento. Fue mujer de Rodrigo González Girón, muerto en 1256. Además, era sobrina del rey Fernando III de Castilla, a la par que prima del rey Alfonso X el Sabio, y por lo tanto muy próxima a la realeza.[47]

La proximidad de Berenguela con el rey Alfonso X se puede trazar a través de documentos de 1258 y 1277, este último firmado en Vitoria, sobre intercambio de propiedades.[48]
En su testamento del 17 de agosto de 1296, se refleja su patronazgo sobre el convento de San Francisco al tomar el mando sobre las obras en curso de época de Alfonso X. Donó parte de su fortuna para edificar un nuevo y grandioso templo, y mandó ser enterrada en su altar mayor.[49] Además, maldecía a quienes no cumpliesen su orden póstuma:[50]
“Sea dado todo en la iglesia que yo me mando enterrare que nunca sea llevado dende a otra parte en ninguna guissa, e si alguno quisiera ir contra esto…sea maldito como Judas e Datan e Abiron…”
Tras su muerte en 1296, debieron ser los sucesivos apoderados de la Infanta (uno de ellos, su sobrino, el poblador de Bilbao, don Diego López V de Haro) los que se encargarán de concluir el templo, en cuya capilla mayor erigieron el sepulcro de Doña Berenguela, por cierto con una lápida en la que, erróneamente, figuraba como hija del Infante Don Juan.[28]
El templo constaba de una sola nave de gran longitud (50 m), con un ábside poligonal en la cabecera, y una anchura de 20 m, incluyendo las capillas laterales. La cabecera era ochavada con seis contrafuertes, y ventanas de tracería y vidrieras entre ellas. Las bóvedas pétreas no se construyeron en esta fase, pero sí el estilizado campanario en el acceso a la iglesia.[51] Las bóvedas de cabecera se encontraban a mayor altura que las cubiertas de la nave, y se formaron por prolongación de dos arcos del área poligonal, añadiendo otros dos de forma simétrica, y obteniendo dos bóvedas de crucería simple dentro de la misma bóveda.[52]
Según Fray Juan de Victoria, la contribución de Berenguela incluyó casa y fuente. Puede ser que renovase el primitivo edificio, abriendo un nuevo acceso occidental con una portada de tres vanos de tracería rematados con arcos ojivales y estilizadas columnas en las jambas. No conocemos donde estuvo la fuente, pero probablemente cerca de la casa de los monjes.[51]
3.2.3.- Capilla Mayor de las Mujeres
Inicialmente, San Francisco fue un convento-panteón costeado por un particular, que obtuvo el favor de construir su espacio funerario en la capilla mayor, el lugar más privilegiado de la iglesia.[53]

Cuatro tumbas de mujeres de los siglos XIV y XV presidían la capilla mayor del nuevo templo:
- Berenguela López de Haro (m. 1296). El pago de las obras implicaba que el sepulcro debía estar en el centro del coro, y debía haber dos monjes “siempre” cantando por su alma. Según Landázuri, se trataba de un magnífico panteón con bajorrelieves y una estatua en horizontal sobre él,[54] mientras Floranes (1775) indicaba que “se ornaba el friso con los leones y los lobos, seis escudos con las armas de los señores de Vizcaya”.[55]
- Isabel Téllez de Castilla (m. 1401), hija del Infante Tello de Castilla (Tello, hijo de Alfonso XI de Castilla y Leonor de Guzmán), mujer del señor de Oñate, Pedro Vélez de Guevara, influyente en la corte castellana, y cercano al rey navarro Carlos III. Tello fundó el convento franciscano de Bermeo en 1357 y se enterró en el de Palencia, por lo que puede que el claustro o algún otro elemento fuera sufragado por Tello o por Isabel.[56]
- Leonor de Toledo y Guzmán (m. 1448), esposa de Pedro López de Ayala, el Canciller Ayala, aunque su capilla privada de Santa María del Cabello está en el palacio de Quejana (en la Edad Media una persona podía poseer más de un sepulcro o monumento fúnebre). Sepulcro en el lado de la Epístola, donde Leonor estaba enterrada,[57] decorado con las armas de la familia y un epitafio de 1448 en el que se menciona a su nieta María de Mendoza.[58]
- María Hurtado de Mendoza (m. 1472), viuda de Diego Pérez de Sarmiento (m. 1433), y posteriormente de Juan de Mendoza (m. 1463). En su testamento del 19 de octubre de 1470 ordena ser enterrada en el Convento de San Francisco, en una sepultura de importancia artística. En su epitafio de 1471, menciona a su abuela Leonor de Guzmán.[59]
En el testamento de María de Mendoza también se cita la tumba de doña Leonor de Soto, pero su ubicación nos es desconocida.[60]
Años después, el comerciante Juan Sánchez de Bilbao (converso de origen judío), el más rico de Vitoria en esa época y vinculado a la orden franciscana (fachada de su Casa del Cordón plagada de iconografía franciscana), se hace enterrar junto al púlpito (testamento de 1491 y m. 1493), lo que demuestra la implicación de la burguesía con el templo de San Francisco. Su losa sepulcral se encontraba a ras de suelo, no sabemos si con efigie o relieve en la tapa. A cambio de este privilegio, mandó construir un nuevo púlpito al lado (realizado en 1492), un altar en honor a Santiago y una enfermería en el convento, de ubicación desconocida.[61]
Es llamativo y significativo que todas las tumbas de este panteón de la capilla mayor del convento de San Francisco, sean tumbas femeninas. Esto parece indicar que no sólo buscaban la reafirmación del linaje que compartían, sino también reflejar el importante papel de las féminas del linaje,[62] así como su vínculo con los alcaides del Castillo de San Vicente en Vitoria.[63]
3.2.4.- Claustro gótico
El claustro debió construirse en la segunda mitad del siglo XIV, en un estilo muy similar al del convento franciscano de Bermeo de 1357 (semejanza del atrio entre los dos), lo que podría indicar que se trata del mismo tracista y artífice. La galería septentrional del claustro aprovecha el muro sur del templo y el cierre occidental de la antigua residencia monástica para apoyar su estructura.[64]

El claustro es de un estilo sobrio con arcos apuntados con molduras baquetonadas y capiteles sin apenas decoración.[52] Su estructura estaba formada por arcadas medievales sin contrafuertes, y un claustro originalmente cubierto por una estructura sencilla de madera. Las ménsulas eran de gusto renacentista, de mediados del siglo XVI.[65]
Los claustros eran los ejes vertebradores de la vida monástica, que permitían el paseo y meditación de los monjes, así como organizar y comunicar las dependencias del monasterio, que podemos suponer que fueron construidas en esta época, a mediados del siglo XIV.[66]
Las arquerías de la galería porticada Este del claustro son de un estilo diferente y existen tres hipótesis para explicarlo: acceso a la “residencia monástica” promovida por Alfonso X; acceso a la sala noble del convento; o entrada a la Sala Capitular.[67]
A destacar que existe una petición de 1347 de Johan Pérez de Aramayo de ser enterrado en el claustro del convento, a cambio probablemente de alguna donación.[68]
3.3.- Progresos en la Edad Moderna: s. XV al XVIII
Este capítulo se ha organizado en torno a las diferentes obras de mejora del Convento durante los siglos de la Edad Moderna: las capillas privadas a partir del siglo XV, las obras del coro y del pórtico en los siglos XVI y XVII, y la ampliación y remodelación del convento del XVI al XVIII, sobre todo tras adoptar la “reforma observante” de la Orden de San Francisco.
Tras los siglos medievales, la llegada de la Edad Moderna trajo una serie de reformas y ampliaciones que transformarán la apariencia y los usos del templo. Las grandes familias vitorianas pugnaban entre sí por crear la capilla más grande o con las mejores obras artísticas, encargadas a los principales maestros y artistas del momento. La iglesia se llenará de capillas privadas, creando una imagen de desorden que los frailes intentarán corregir en la remodelación barroca de finales del siglo XVII. Entre estas capillas destacan las de la Magdalena, la de la Anunciación o el Colegio de la Anunciación. El poder y la riqueza del convento en este período le permitió adaptarse a los cambios estéticos y nuevas tendencias del momento (renacimiento y barroco) dando pie al fervor constructivo que vivió el convento sobre todo entre los siglos XVI y XVII.[6]
Otras dependencias a destacar del conjunto monástico fueron el claustro inferior de corte toscano del siglo XVII ligado al Colegio de la Anunciación, una gran sala como biblioteca del convento, y en el exterior dos enormes huertas y espacios de árboles frutales, con diversas fuentes, que llegaban hasta lo que es hoy la calle Postas.[7]
3.3.1.- Obras durante el siglo XV y principios del XVI
Los enterramientos de personalidades de la sociedad vitoriana o de nobles en el Convento (p.e las cuatro mujeres de la Capilla mayor de la iglesia), supusieron una inyección económica importante, que permitió financiar las obras del conjunto conventual. Los patronos más poderosos hacían las mejores donaciones y se enterraban en lugares preferenciales; poco a poco, el resto de tramos de la nave se fueron cubriendo con donaciones cada vez menores de benefactores de menor rango. Puede ser que los propietarios de las capillas laterales de la nave fueran quienes financiaran el proceso de cubrición pétrea del templo.[69]
Otra manera de financiar las reformas de los franciscanos estuvo ligada a las bendiciones pontificias. El papa Clemente VII concedió un Breve apostólico en 1524 al convento, lo que suponía gracias espirituales o indulgencias para los fieles a cambio de aportaciones económicas.[70]
Según fotos previas al derribo, se pueden constatar diferentes fases constructivas en los muros del templo, como, por ejemplo, ventanales góticos del XIII-XIV en la cabecera, modificados por rectangulares durante el barroco, en el siglo XVII.[71]
El arquitecto Emilio de Apraiz constató un desfase cronológico entre el perímetro de la iglesia y su cierre superior. El siglo XV supuso en Vitoria la sustitución de techos de madera en las iglesias, por bóvedas de piedra (p.e. en San Francisco, o en las iglesias de San Miguel, Santa María o San Ildefonso).[66] En San Francisco, las bóvedas pétreas de la nave de la iglesia estuvieron definidas por nervios cruceros con arcos terceletes, de principios del siglo XVI (las bóvedas de terceletes aparecieron en la península a finales del siglo XV).[72]
En 1490, San Francisco pierde la categoría de cabeza de Custodia de la Provincia de Cantabria, cuya capitalidad pasa a Burgos, debido quizás a resistirse a la “reforma observante” de la Orden (los monjes no podían detentar bienes propios o costumbres). Pero en 1500 los dieciocho monjes convertidos ya a la observancia, viven en un complejo remodelado (claustro, fuente, dormitorios, …) para fomentar el respeto a las nuevas normas.[4]

Respecto a las capillas privadas, estas comienzan a aparecer en el último cuarto del siglo XV, algunas manteniendo el espíritu gótico (p.e. la de San Gregorio), mientras otras incorporaron los nuevos postulados renacentistas:[73]
- Oficialmente, la primera capilla construida en el Convento fue la de los Remedios, fundada en 1476 por Juan López de Lazcano.[74]
- Se cree que la Capilla de la Magdalena se fundó entre 1476 y 1482, año en el que aparece como lugar de reunión del Concejo, lo que implica un doble uso, religioso y civil. En 1482 era el único espacio del convento donde podían pasear los judíos, siempre que no hubiese misas. Fue probablemente la continuadora de la original capilla de La Magdalena del siglo XIII (los contrafuertes de la cabecera de la iglesia estaban dentro de la capilla). La capilla estaba adosada a los muros de la cabecera del templo, en su ábside, e integrando parte de las vidrieras preexistentes de la iglesia. La capilla era de gran tamaño e independiente de la iglesia, con tres altares y un gran Cristo en el central de ellos.[75] Este lugar estuvo sometido a múltiples pleitos de propiedad en los siglos XVI y XVII entre los Hurtado de Mendoza, los Ruiz de Vergara y la propia comunidad del convento. Los últimos dueños de la capilla, los condes de Lacorzana, cegaron el arco de acceso a la iglesia, con lo que la Magdalena quedó como propiedad privada al margen del cuartel militar en el siglo XIX, llegando a ser utilizada como carbonera y vivienda particular, por lo que ha podido llegar hasta hoy en día.[6]
- La Capilla de San Antonio de Padua, financiada por Pedro Martínez de Álava el Mayor y su mujer Teresa González de Exquivel, y terminada en 1503.[69]
- La Capilla de la Concepción, junto al presbiterio, fue otorgada en 1509 a Pedro Pérez de Lequeitio, consejero del rey, y a su mujer Ana de Gauna. Tenía una portada renacentista que escapó a la reforma barroca. En el frontón de acceso había una Inmaculada Concepción rodeada de ángeles, así como una ornamentación típica renacentista.[76]
- La Capilla de San Cosme y San Damián. Los oratorios de este espacio existían, y fueron utilizados posteriormente para crear la nueva Capilla de la Anunciación.[77]
3.3.2.- Obras del coro y del pórtico (ca. 1564 - 1611)
Las obras del coro.
El coro era de proporción cuadrada, ocupando los dos últimos tramos de la nave.[78] Presentaba bóveda estrellada de sinuosas nervaduras que nacían de columnas salomónicas en los laterales, similar a la Capilla de los Reyes de San Pedro, y la de San Bartolomé en la Catedral de Santa María. El maestro cantero fue Íñigo de Zárraga, uno de los más destacados en el renacimiento alavés, y debió realizarse entre 1564 y 1567.[79]
En 1604 se contrató una nueva sillería para el coro alto con el ensamblador Francisco de la Plaza, a realizar en dos años. La sillería sería de 3,35 m de altura, en madera de nogal y roble.[80]
En 1608 se detectaron problemas estructurales en la bóveda sobre el coro y en algunas capillas, quizás relacionados con la construcción de la Capilla de la Anunciación. El arquitecto Martín de Gamboa mandó construir unas pilastras de arenisca de dos pies de ancho adosadas a cada lateral del arco de entrada de la capilla de San Pedro y un nuevo arco que se apoyase sobre ellas.[80]
Las obras del pórtico.
Existía un pórtico en la fachada oeste de la iglesia, que daba servicio a la portada principal y a la capilla de San Cosme y San Damián.[81]
En 1567 María de Echávarri encarga al maestro cantero Íñigo de Zárraga realizar un nuevo pórtico en un plazo de cinco años. El pórtico tenía dos bóvedas cuadradas de 35 pies de lado (9,76 m), una en la entrada desde Cuchillería y otra junto a la portería, resueltas mediante una serie de arcos y nervios combados. En el exterior arquitrabe, friso y cornisa sobre los arcos, y gárgolas para evacuación del agua. Se incorporó una escalera de siete peldaños entre el convento y Cuchillería.[82] Para los detalles escultóricos se utilizó “piedra blanca” (lumaquela de Ajarte).[83]
El plazo no se cumplió, quizás por el nuevo contrato de Íñigo de Zárraga para construir la Capilla de la Anunciación encargada por los Arana, que comenzó en 1570. Se produjo un conflicto de intereses en este caso entre María de Echávarri, que pedía una portada sin adorno alguno, y los Arana que querían incluir sus escudos en la portada. Los franciscanos dictaminaron que los Arana tenían derecho a reformar la portada, pero ratificaron el permiso de María de Echávarri para remodelar la fachada.[84]
En 1574, Íñigo de Zárraga planteó un pleito por impago a María de Echávarri. En 1579, el maestro cantero muere cuando el pórtico estaba casi acabado; las obras se paralizaron, y las dos bóvedas que faltaban por realizar se hicieron en 1611 por Sebastián de Zárraga, hijo de Íñigo. Los accesos del pórtico daban a las actuales calles de Mateo Moraza y Cuchillería.[85]
3.3.3.- Mantenimiento y ampliación del Convento (siglos XVI y XVII)
Durante los siglos XVI y XVII se realizaron una serie de reformas de mantenimiento y ampliación del Convento:
- Reparación de tejados. En 1569 los franciscanos pidieron ayuda al municipio que les concedió mil tejas para evitar las goteras. En 1581 obtuvieron otras mil tejas.[86]
- Renovación de la fuente. En 1579 se encargó una nueva fuente para el convento, probablemente el surtidor del centro del claustro que debió sustituir al del siglo XIII.[86]
- Reparación de tapias. Ante una reforma por el consistorio en 1582 en el camino desde el Portal del Rey al Portal de Barreras, que fragilizaba las paredes del huerto de los frailes, la ciudad costeó su reparación.[86]
- Problemas estructurales en el ángulo Noroeste de la fábrica. En 1602 se derrumbó parcialmente el coro, dañando el órgano, por un debilitamiento de los refuerzos laterales de la fábrica, debido quizás a la construcción de la Capilla de la Anunciación.[87] La reparación se hizo en 1608 en cuatro meses por los maestros Juan de Olate y Miguel de Garaizabal.[88]
- Ampliación del Convento (ca. 1604-1630). En este período se realizó una ampliación que duplicó la superficie construida, reestructurando el espacio claustral, creando el Colegio de la Anunciación y edificando otras dependencias.[88]
- Remodelación del Claustro viejo (ca. 1609 – 1612). El claustro gótico tenía tres brazos construidos, con solo una sencilla tapia hacia el Este. Como el Colegio de la Anunciación iba a afectar las dependencias conventuales, los monjes decidieron construir sobre la tapia un nuevo inmueble para compensar la pérdida de habitaciones. En 1609 se acordó construir un cuarto nuevo para reubicar la cocina y la hospedería del convento (con seis celdas para pobres y peregrinos), la enfermería (con ocho celdas) y la librería (tres celdas).[85]
- Ampliación de la sacristía (1632 – 1634). De 1632 a 1634 se realizaron obras de ampliación de la sacristía para unirla a la contigua capilla de San Andrés, lo que afectó al Archivo de Juntas que debió trasladarse a otra sala durante las obras.[89]
- En 1640 se acordó realizar una portada de piedra para acceder desde el claustro a la sala de juntas.[90]
3.3.4.- Las Capillas privadas (Siglos XVI y XVII)
En este período se completarán las 12 capillas privadas en los laterales de la nave central de la iglesia, destacando las Capillas de Santiago, de la Anunciación, de la Magdalena y del Sagrario, así como el Colegio de la Anunciación, que analizaremos más en detalle.
En los siglos XIII y XIV se habían producido enterramientos de nobles y personajes importantes de la ciudad en el presbiterio, en la nave o incluso en el claustro, tal como se ha indicado anteriormente. La iniciativa privada sufragaba obras en el interior del complejo, reflejado en sus testamentos, para ser enterrados cerca del altar, reducir sus días en el purgatorio y acceder cuanto antes al paraíso de los cristianos. A partir del siglo XVI surgen capillas privadas a ambos lados de la nave central, con obras ostentosas que daban notoriedad y lustre a una persona o a un linaje. Con el tiempo surgieron tensiones y pleitos por la titularidad de las capillas, así como por el pago de las obras, sobre todo cuando duraban mucho y los herederos tenían planes diferentes de los fundadores.[91]
Era una capilla muy grande, adosada a la Capilla de la Magdalena, y mandada construir por Diego Martínez de Álava en su testamento de 1533. Este había sido diputado general de las Hermandades Alavesas con carácter vitalicio, alcalde y juez ejecutor de Vitoria, y con una gran trayectoria militar, que decidió enterrarse en esta capilla de San Francisco y no en otras dos que poseía en San Pedro y en San Vicente. En la capilla estaba su sepulcro, una puerta de acceso al exterior y un escudo de armas borrado con el tiempo.[92]
En 1606 y en 1635 hubo dos pleitos por la titularidad de la Capilla entre dos ramas de la familia de Diego Martínez de Álava, una de ellas apoyada por los franciscanos. Una rama consiguió la posesión, y la otra mantuvo el lugar de honor (derecho de precedencia hereditario). Las mujeres de ambos litigantes podrían ser enterradas en la capilla, y se alternarían cada año en la preminencia de la misma. Esta capilla muestra las desavenencias en el tiempo entre los herederos y las injerencias de los frailes, dando lugar a pleitos que terminan ante los tribunales.[93]
- Capilla de la Anunciación (ca. 1570 – 1583).
Esta Capilla fue fundada por Juan de Arana (ya fallecido) y Mencía Manrique de Villela, y debía albergar sus enterramientos a cambio de fondos para fundar el Colegio de la Anunciación, que serviría para preparar a los futuros religiosos de la orden, y que será construida unas décadas después. La escritura se firmó en septiembre de 1569, y las obras debían realizarse en ocho años por el maestro cantero Íñigo de Zárraga. Las obras avanzaron lentamente por tener que compaginarlas con las del Pórtico. Al morir el maestro en 1579, le sustituyeron su sobrino Ortuño de Zárraga y Juan de Lespeitia.[94] Entre 1576 y 1578 se terminaron los tejados de la sacristía, y la obra de cantería se terminó en 1588. En 1590, el escultor vitoriano Esteban de Velasco ejecutó el retablo de la Capilla.[95]
La capilla estaba en el costado norte de la iglesia, en el lugar de la capilla de San Cosme y San Damián que había que deshacer; ocupaba el espacio de tres grandes oratorios, por lo que realmente era un mini-templo:[96]
- portada de acceso principal desde el Pórtico exterior, de 4,46 m de ancho y 6,7 m de alto, con un arco de medio punto con encadenados geométricos y el escudo familiar en el intradós,
- nave de tres tramos (9,21 m de ancho y 19,81 m de largo), con un coro alto en dos de ellos, y un arco en el tercero abierto a la nave, aunque con reja, y con tres escudos heráldicos; bóvedas nervadas en los tres tramos, denominadas “bóvedas por cruceros concéntricos”,
- una tribuna de los fundadores que comunicaba visualmente la capilla con la iglesia mayor, que sobresalía sobre la nave de la iglesia mediante un suelo de artesonado de madera,
- la capilla tenía un altar mayor sobreelevado con escaleras de acceso, y dos altares laterales al nivel de la iglesia,
- una sacristía cuadrada de 5 m de lado y menor altura que la capilla, detrás de su cabecera,
- un púlpito en el lado del Evangelio con la escalera dentro del grueso de la pared, y cerrado con una barandilla metálica sobre un suelo de madera,
- un pequeño arco para colocar un esquilón y su campana.
En 1584, el papa Gregorio XIII otorgó privilegio perpetuo al altar de la Capilla de la Anunciación, elevando su estatus a iglesia.[97]

A principios del siglo XVII, la Capilla estaba algo descuidada por sus patronos (inicialmente los Hurtado de Mendoza, señores de Lacorzana). Parece que Hurtado Díaz de Mendoza (s. XV) fue uno de los propietarios de la Capilla, pero no el único. Posteriormente le traspasó la dación a Íñigo Ortiz de Mendoza. Todo esto dará origen a un pleito en 1574-76 por la propiedad de la Capilla entre doña Gregoria Hurtado de Mendoza de una parte (descendiente del primero), que había hecho en 1541 limpieza y obras de mejora en la capilla entre 1547 y 1572, y doña Juana y doña Francisca de Mendoza por la otra (descendientes del segundo). La resolución en 1576 es favorable a Doña Gregoria, pero estalla un nuevo pleito en 1577 en el que los jueces del obispado declaran que la propiedad es del Convento.[98]
En 1604, los frailes entregan la Capilla en propiedad a doña María Ruiz de Vergara (viuda de Francisco Ruiz de Vergara) para poder reunir los enterramientos de su familia en un panteón familiar. Doña María pidió un escrito de que la capilla estaba libre de pleitos, lo cual fue aceptado por la congregación, pero sin poder evitar que Diego Hurtado de Mendoza (Diputado y Capitán General de la Provincia) reclamase sus derechos sobre el oratorio a partir de 1605.[99] En 1608 se reactiva el pleito, al tiempo que se concierta el matrimonio entre la hija de María Ruiz de Vergara y Diego Hurtado de Mendoza.[87]
A partir de 1605, doña María mandó reformar la Capilla al maestro cantero Juan Vélez de la Huerta, transformando el sistema de accesos (dos hacia el interior del templo, y uno hacia el exterior por el norte), y realizando un nuevo enlosado con piedra blanca. Esto supuso una ampliación de la capilla hacia el norte, ocupando parte de la huerta del convento y de terreno público. La entrada comunicaba con el camino de Portal del Rey, frente a la calle Pintorería.[100] En 1610 se realizó el retablo en madera de nogal (unos 7 m de altura y 4 m de anchura) por Pedro de Ayala, que incluía las figuras de Cristo crucificado y de la Magdalena al pie de la cruz, de 1,8 m de altura cada una. En 1613 se pintó el retablo por los pintores Pedro Ruiz Barrón y Diego Pérez y Cisneros.[101] En el año 1621, María Ruiz de Vergara liquidó la deuda total de los trabajos realizados.[102]
Tras la reforma protestante en el siglo XVI y XVII que atacaba el dogma de la eucaristía, empezaron a construirse capillas para venerar la Sagrada Forma. En julio de 1616, la congregación franciscana decidió erigir un oratorio para el Sagrario, que debía estar tras el altar, por el maestro cantero Gonzalo de Setién Agüero (que había aceptado erigir el Colegio de la Anunciación), y que debía terminarse en octubre. La estructura se hizo de mampostería, con un revocado de yeso, y consistía en un pasillo que rodeaba parcialmente la cabecera del templo, con un espacio detrás del altar de dos pisos de altura y abierto con un arco de medio punto al interior del edificio para que el sagrario estuviera en un lugar destacado.[103]
- El Colegio de la Anunciación (ca. 1614 – 1630)
La existencia de varios cenobios en la ciudad (Santa Clara, Santo Domingo y San Francisco) explica la necesidad de establecer un colegio para dar formación teológica y espiritual a los frailes.[104] Para construirlo y mantenerlo en el tiempo se necesitaban mecenas, y en este caso fueron Juan de Arana y Mencía Manrique de Villela.[105]
En septiembre de 1569 se escritura la construcción del colegio sobre un área donada por los frailes, donde deberían alojarse doce estudiantes y dos lectores, que impartiesen teología.[106]
Los profesores lectores debían ser capellanes y atender al culto en la capilla de la familia, y solo se unían a los demás frailes para comer. Se impartían lecciones sobre los filósofos y teólogos Juan Duns Scoto, San Buenaventura y Santo Tomás de Aquino, llegando a dominar las fuentes bíblicas y las corrientes filosóficas y teológicas de la escolástica y la patrística. El objetivo era crear una élite intelectual franciscana para toda la provincia y que los alumnos se convirtieran en eruditos en teología, capaces de razonar y argumentar frente a opiniones contrarias, además de decir las misas diarias en la Capilla y las misas de aniversario de los fundadores.[107]
Juan Manrique de Arana, heredero de Juan de Arana, que llegó a ser alcalde y Diputado General, dejó de pagar lo estipulado al terminar las obras de la Capilla, por lo que los frailes se pleitearon en 1607 para que se cumpliese el contrato de 1569. En 1609 se desbloquearon las obras del colegio, pero con una obra más ambiciosa para el claustro y el aula.[108]
Las dependencias del Colegio (aulas, enfermería, librería y numerosas celdas con estancias) se articulaban alrededor del nuevo claustro, con edificios en tres de los lados, y el brazo occidental como fachada hacia la plaza del mercado.[109] Las características del Colegio debían ser las siguientes:[110]
- Había que demoler la pared adosada al Hospital de Santiago, para construir un nuevo muro de 1 m de espesor.
- Los muros de la planta baja serían en mampostería y los pisos altos en ladrillo.
- Cubiertas con cerchas de madera y suelos de artesonado con piezas de roble y ladrillo por encima, como en la planta baja del colegio.
- Patio del claustro enlosado con piedra arenisca y un sumidero en el centro.
- En el claustro, crujías abiertas por arcos de medio punto sobre columnas de orden toscano, estilo clásico purista de la época.
- Galería con ventanas cerradas con celosías hacia la plaza y abiertas hacia el claustro.
- Celdas con dos ventanas, estanterías de ladrillo, alcoba y puertas de madera ensambladas.
- En el aula principal habría bancos corridos con atriles y suelo entablado de madera.
- En la “sala de conclusiones”, asientos alrededor de las paredes y un lugar elevado para el profesor.
- Bóveda baída para dar luz a las escaleras.[111]
Las obras comenzaron en 1614 por el maestro cantero Pedro Vélez de la Huerta con el compromiso de hacerlo en 20 años, pero al morir en 1615, fue sustituido por Gonzalo de Setién en 1616, que murió a su vez en 1626. No conocemos quién continuó la obra, pero para 1630 ya estaba casi acabada.[112]

Las fotos del derribo indican que la portería entre la iglesia y el claustro medieval estaba rematada con bóvedas de arista de ladrillo, y es en este espacio donde se ubicaba el conjunto escultórico de Nuestra Señora de la Concepción, de Pedro de Ayala de 1610. La portada de acceso al claustro del colegio era de gusto clasicista, con una puerta coronada por un frontón recto partido para alojar los escudos de los fundadores, apoyado sobre dos columnas de orden corintio.[113]
La escalera de acceso al piso superior se termina en 1649. Tenía pilastras con zócalos de piedra arenisca y seis arcos de entrada y salida, muros de mampostería, y bóveda baída con arcos perimetrales y ventanales para iluminar la escalera, una obra admirable según Landázuri.[114]
3.3.5.- Remodelación de la fábrica del Templo (1691 – 1780)
En 1691, para lograr una coherencia del conjunto arquitectónico, la congregación decidió transformar radicalmente el templo con una remodelación de su fábrica, con un recrecido de dos muros laterales de la nave, la reconstrucción del hastial occidental, sustituir el campanile por una espadaña y remodelar el interior del templo, por el maestro arquitecto Felipe del Castillo.[115]
Algunas de las obras realizadas en esta época fueron las siguientes:
- De 1691 a 1693 se realizó un cuarto nuevo o edificio nuevo a continuación del Colegio de la Anunciación, de tres alturas sobre la planta baja, y una galería en el tercero. La enfermería estaba en el primer piso, bajo la Galería.[116]
- En 1693-94, reconstrucción del pórtico para subsanar deficiencias de construcción o elevar su altura por el maestro cantero Felipe de Ezcurra.[117]
- En 1698 se encarga una nueva sillería del coro a Gregorio Larrar y Andrés de Maruri: conjunto de sesenta y tres sillas altas y bajas en nogal y roble, y una silla central policromada.[118]
- Ampliación de la Capilla del Sagrario en un camarín barroco ovalado con una linterna para mayor iluminación, y con decoración de yeserías, pinturas murales y de tabla.[119]
- Realización del escudo franciscano conservado en el Convento de San Antonio.[120]
- En la Capilla de la Anunciación, en 1699, el Marqués de Villa Alegre (descendiente de los fundadores) contrató a maestros doradores y estofadores para policromar el retablo de la capilla (con un pedestal y dos cuerpos como mínimo) de Esteban de Velasco de 1592.[121]
- Hay pagos en 1716 y 1737 por pequeñas reformas en la Capilla de la Magdalena por los Condes de Lacorzana, familia del fundador. Parece que la Capilla había dejado de estar en uso, aunque para 1780 ya no hay signos de abandono según Landázuri.[122]

Respecto al interior de la iglesia, en esa fecha el aspecto era muy heterogéneo (capillas abiertas a alturas dispares), con poca iluminación y capillas desiguales entre ellas. Bajo la supervisión de Felipe del Castillo, los canteros realizaron medidas y cálculos que confirmaron que se podía dar más luz a la iglesia sin perjudicar las capillas.[123] Se informó a los patronos de estas capillas del proyecto, y ante el rechazo de algunos de ellos, la Santa Inquisición zanjó el conflicto en contra de los que no querían la reforma.[74] Se amplió la abertura de las capillas más pequeñas, se redujo las dimensiones de las mayores, y se rasgaron nuevos vanos bajo los arcos torales de cada tramo de la nave. Luego se recubrieron los muros de la nave de yeso.[123]
El retablo mayor de la iglesia fue realizado en 1783 por el tallista vitoriano José Moraza,[124] y según la Guía del forastero en Vitoria de Lorenzo Prestamero de 1792, constaba de dos cuerpos, el primero de 24 pies de altura y 6 columnas con la imagen de La Concepción, y el segundo de 16 pies de altura y 4 columnas con las imágenes de San Francisco y San Miguel.[125]
Respecto a los edificios que se prolongaban desde la fábrica del refectorio grande hacia el sur, estos fueron independientes de la construcción del Colegio de la Anunciación, ya que tenían características diferentes: volumetría diferente, tipología de vanos y carpintería del s. XVIII, así como esquinales semejantes a otras construcciones vecinas como el Hospital de Santiago (1807) o las casas de los Arquillos (ca. 1782). El brazo suroeste fue construido en 1780, y el brazo sureste en 1812.[126]
3.4.- Ocaso: s. XIX
En el siglo XIX se inicia la decadencia del convento, tras ser objeto de diversas ocupaciones militares. La clara implicación política de algunos frailes en los levantamientos absolutistas durante el trienio liberal, hizo que al comenzar la Primera guerra carlista el Convento fuera considerado un foco de rebelión, lo que llevó a una exclaustración definitiva en 1834. En 1845 el convento pasó a ser propiedad del Estado y sus dependencias pasaron a usarse como cuarteles y cuadras.[6]
3.4.1.- Primeras ocupaciones militares y reinado de Fernando VII (1795 – 1833)
En este período se producen las primeras exclaustraciones temporales y la ocupación del Convento por tropas francesas, hasta la restitución ordenada por Fernando VII.
En 1795 se produce una primera exclaustración temporal de San Francisco por la ocupación del Convento por las tropas francesas durante la Guerra de la Convención, lo que supuso una fuerte degradación de los espacios conventuales.[127]
En 1801, durante la guerra de las Naranjas, las tropas auxiliares francesas, camino de Portugal, ocuparon al menos la Sala capitular de San Francisco.[128]
En octubre de 1807, llegan a Vitoria las tropas francesas que debían participar en la invasión franco-española de Portugal, lo que duplica su población (unas 6500 personas), y obliga a la ciudad a “mantenerles”, además de deber cederles muchos espacios (entre otros San Francisco) para alojarles.[128]
Durante la Guerra de Independencia, el Convento volvió a estar ocupado por las tropas francesas. El Archivo de la Provincia, que se encontraba en San Francisco, tuvo que ser trasladado a la casa del Tesorero General de 1809 a 1815. Un decreto del 18 de agosto de 1809 pidió suprimir las órdenes religiosas, ya que el objetivo de José I Bonaparte era reducir el número de conventos y religiosos a un tercio de lo existente. La comunidad de San Francisco fue expulsada el 11 de septiembre de 1809, disolviendo temporalmente la vida monástica.[129] Las autoridades alavesas denunciaron un vacío de sacerdotes que impedía celebrar los oficios religiosos demandados por la ciudadanía, y propusieron rehabilitar el Convento de San Francisco para el culto, y proteger su biblioteca, pero la petición fue desestimada.[130] El convento fue ocupado por los franceses, primero como cuartel y hospital, y luego para sus almacenes y estancias.
Tras la guerra, el rey Fernando VII ordenó en mayo de 1814 la restitución de los conventos y propiedades confiscadas a los regulares de ambos sexos. San Francisco recuperó su función, pero en un estado calamitoso (capillas y altares destruidos por los franceses).[131]
Durante el primer sexenio absolutista (1814 – 1820) hubo una persecución de liberales y afrancesados, con la participación activa de algunos franciscanos. Durante el Trienio Liberal (1820 – 1823) se produjeron intentonas de insurrección lideradas sobre todo por el clero. Tras el levantamiento del militar José Uranga en Salvatierra en 1821, se detuvo a la mayoría de los conspiradores, entre ellos siete del Convento de San Francisco.[132]
En 1822 se terminó la construcción del Teatro Principal (actual Museo del Terrorismo) durante el Trienio Liberal, que dejaba la entrada del convento escondida y con un pequeño callejón de paso en la parte trasera.[7]
A pesar del comienzo de la decadencia, hay elementos que muestran la vitalidad y el aprecio que disfrutaba el Convento. En 1805 se entierra en la iglesia al historiador Landázuri, y en 1818 al arquitecto Olaguibel. En 1823 hubo una gran función religiosa en presencia del Duque de Angulema, sobrino de Luis XIV, que estaba al mando de los Cien Mil Hijos de San Luis, en su paso por Vitoria.[133]
En 1831, los frailes litigaron para evitar la construcción de trece casas para venta de carne junto a la tapia de San Francisco, por reducir la iluminación del Convento y obstruir los desagües del mismo. El crecimiento de la ciudad sitiaba al convento.[134]
3.4.2.- Guerras carlistas y desamortización de Mendizábal (1833 – 1838)

El apoyo de muchos frailes a la causa tradicionalista de los carlistas en contra del gobierno de Isabel II, llevó a una exclaustración definitiva en 1834, lo que sumado al decreto de desamortización de Mendizábal en 1836, llevó a que los terrenos del convento pasasen a pertenecer al Estado.
El 29 de septiembre de 1833 muere Fernando VII, siendo sucedido por la niña Isabel II, a la que su tío Carlos María Isidro de Borbón no reconoce, con lo que comienza la Primera guerra carlista. En Álava, el jefe militar Valentín de Verástegui abrazó la rebelión el 7 de octubre, en contra de la Diputación que se mantuvo fiel al gobierno, pero tuvo que retirarse en noviembre de Vitoria.[135] Los conventos de San Francisco y Santo Domingo fueron evacuados para disponer de ellos las tropas del general cristino Pedro Sarsfield en noviembre.[136] A nivel nacional, hubo muchos episodios de insurrección alentados desde los púlpitos, con el gobierno intentando poner freno a la revuelta. En marzo de 1834 se emite un decreto por razones de seguridad, para suprimir el monasterio o convento de donde se fuguen individuos de la comunidad hacia los rebeldes o que les hayan ayudado.[137]
La exclaustración de San Francisco y Santo Domingo se produce por orden del 17 de abril de 1834 del general Quesada, jefe liberal del ejército del Norte. La razón era que los consideraba un foco de rebelión carlista, y necesitaba esos edificios para establecimientos militares. Se les dio tres días para la evacuación, lo que desmontaba ambas comunidades: 57 religiosos franciscanos y 35 dominicos,[138] aunque dos religiosos se quedaron, y el culto se mantuvo hasta 1843. Esta apresurada evacuación se tradujo en la pérdida de buena parte del patrimonio conservado en el convento.[139] A partir de este momento ya el convento fue, hasta su derribo, un edificio militar y cuartel (almacén y cuadra).
En el invierno de 1835, el Convento de San Francisco se convirtió en el lugar acuartelamiento de la llamada Legión Británica, voluntarios que habían venido para combatir a los carlistas, y que triplicaron la población de Vitoria. Ante un invierno muy crudo, y teniendo que dormir en el suelo por no disponer de camas, las fiebres y la disentería se extendieron provocando una alta mortandad durante los cinco meses que estuvieron en la ciudad, lo que le valió el sobrenombre de ciudad de la muerte. El Ayuntamiento se quejó de la conducta destructora de esta Legión Británica en el Convento.[140]
En 1836 tiene lugar la desamortización de Mendizábal, por la que los terrenos de los conventos pasaban a pertenecer al Estado, y específicamente al Ramo de la Guerra. Esto va a provocar una gran dispersión de las obras de arte y libros de San Francisco por su conversión en hospital y cuarteles. Se realiza un inventario en 1837 en el que se recomienda “demoler esta iglesia con lo que ganaría mucho la población”. Los objetos y enseres de las capillas son recogidos por diferentes personas o familias. Una Real Orden del 27 de mayo de 1837 pide preservar los objetos científicos y artísticos de los conventos suprimidos. Los cuadros de un cierto mérito son trasladados a las iglesias de Santa María y de la Santa Cruz, se prestan los libros a los párrocos de los pueblos, y se pide crear una Biblioteca y un Museo para conservar otros objetos.[141] En 1838, el Ayuntamiento propuso que el Convento de Santo Domingo pasase a ser Cuartel de Caballería, el de Santa Cruz una Universidad, y el de San Francisco un Cuartel de Artillería.[7]
3.4.3.- Uso del convento como cuarteles del ejército (1838 – 1900)
En este período continua la degradación progresiva del Convento, coincidiendo con el uso de sus instalaciones para albergar los efectivos, enseres y material del Ejército, y se empieza a discutir en la ciudad y en el Ayuntamiento sobre el futuro y el uso de San Francisco.
En 1844, la Comisión de Monumentos publica la lista de 927 libros a conservar de los más de 5000 que había en San Francisco, insuficientes para crear una Biblioteca, y se envían al Instituto de Segunda Enseñanza de la ciudad (actual Parlamento Vasco). Un nuevo listado más detallado de libros se publica en junio de 1846, con interesantes títulos teológicos del XVI al XVIII, obras de Aristóteles o de idiomas. Con el paso de los años, los libros volvieron a dispersarse.[142]
Respecto al Museo, había 86 cuadros identificados en 1843 que habían sido trasladados a la iglesia de San Vicente. En un salón de la Casa Palacio de la Provincia se expusieron 23 de esos cuadros. La Comisión de Álava no hizo un trabajo pormenorizado y llegaron a decir en mayo de 1844 que no había en Álava nada digno de conservarse, ante la extrañeza de la Real Academia de San Fernando. En octubre hubo un nuevo informe negativo de la Comisión, salvo los sepulcros notables de San Francisco, pero que no habían verificado. Desde Madrid en noviembre, les piden que examinen el estado de esos sepulcros y busquen obras de arte que se puedan trasladar al Museo provincial, pero en mayo de 1845 nada se había hecho. En 1867, un incendio acabó con todos los papeles y objetos de la Comisión.[143]
Desde 1843 se pierde el culto en la iglesia de San Francisco. En 1845, un informe de la Corporación Municipal del alcalde Jorge de Goya proponía preservar la iglesia, debido a las pocas que existían en la ciudad y a su mal estado, pero el Gobernador político de la provincia respondió que, según el informe de la Comisión de Monumentos, los conventos no tenían mérito artístico.[144]
Con los años, se realizan pequeñas obras y reformas, y se discute sobre la finalidad ideal del Convento: habilitar un cuartel hospital y un local para las oficinas de la Nación o usarlo para el Instituto de Segunda Enseñanza. Desde finales de 1845, el Ramo de la Guerra toma posesión plena de la gestión de San Francisco, frente a los intereses del Ayuntamiento.[145]
En 1851, la Dirección de Fincas del Estado concedió parte de la huerta de San Francisco a la ciudad para poder comunicar la carretera de Rioja con la de Navarra sin pasar por la Cuesta de San Francisco. Se derribaron las altas tapias del Convento en lo que hoy es la calle Postas, cercenando la huerta franciscana, para construir el Camino de Ronda del Mediodía y la Plazuela de la Independencia (actual Plaza de los Fueros).[7]
En 1853 el Ayuntamiento consigue de la Reina la cesión del triángulo de huerta restante de Plaza de los Fueros, con la condición de pagar un canon a la iglesia y no poder construir en ella, aunque desde 1897 se construirá ahí la Plaza de Abastos, que se inauguró en 1899.[7]

Desde 1864, la iglesia se utilizó para servir como almacenes de la guarnición con muros de separación, y después se añadió el depósito de cereal proveniente de Santo Domingo por el deterioro de este.[146] En San Francisco estaba el Hospital militar y ciertos cuarteles, pero estos estaban en malas condiciones, por lo que la soldadesca y los militares querían irse de la ciudad, mientras que las finanzas del Ayuntamiento dependían en gran parte de ellos. En 1865, el alcalde Ladislao de Velasco habilitó parte de Santo Domingo para llevar allí el Hospital militar, y el espacio liberado fue ocupado por dos batallones de Infantería. Además, construyó en el Resbaladero un Cuartel de Artillería completamente equipado.[7]
En el año 1865 se vende la Capilla de la Magdalena por los descendientes de los Condes de Lacorzana a Wenceslao Díaz de Egidua y López de Illarraza. La Capilla era una propiedad privada, autónoma del resto del Convento ocupado por los militares, y en ese momento se utilizaba como almacén de carbón. Fue reutilizada como vivienda.[147]
Un informe en agosto de 1870 sobre los edificios militares de Vitoria y sus posibles mejoras, indica que la ubicación de San Francisco en el centro de la ciudad no es práctica, que su estructura es buena (tiene mucho espacio, volumen de aire y ventilación para los cuarteles), pero que su distribución interior es inadecuada. Se construyeron pisos de oficinas en el atrio de la iglesia.[148]
En 1874, como consecuencia de la tercera guerra carlista, se realizaron obras defensivas en todos los cuarteles de Vitoria, incluyendo San Francisco, atrincherándolas como un reducto.[149]
En 1883 el gran cronista de la ciudad, Cola y Goiti, aboga en su libro La ciudad de Vitoria por la restauración de la iglesia, que él considera fácil y necesaria. En 1889 Ladislao de Velasco, en su libro Memorias del Vitoria de antaño, rememora todos los hechos históricos ocurridos en la iglesia y aboga por su restauración. A comienzos del siglo XX, varios frailes importantes franciscanos escriben sobre la conveniencia de mantener la iglesia por su importancia religiosa e histórica.[7]
4.- Crónica de un derribo anunciado (s. XX)
Esta es la crónica de un derribo anunciado tras la desamortización de Mendizábal. Fue una agonía larga y compleja que implicó a alcaldes, contratistas, frailes, escritores, arquitectos, periodistas e incluso a la gente de a pie. El final del Convento supuso que la concienciación sobre su valor histórico-artístico quedaba relegada frente a otros intereses mundanos.[150]
4.1.- Primeros posicionamientos sobre el derribo de San Francisco (1883 – 1925)
Desde 1883 hubo voces que abogaron por la conservación de San Francisco por su valor patrimonial, pero el convento siguió en manos del ejército por décadas acusando un deterioro cada vez mayor.[150]
En 1902, el Gobernador Militar propuso al Ayuntamiento cederle los viejos conventos desamortizados de San Francisco y Santo Domingo, que se encontraban en mal estado de conservación, a cambio de la construcción de dos nuevos cuarteles; la propuesta no cuajó, pero dio pie a discusiones sobre el destino final de San Francisco.[151]

En 1906, el Diputado General Eduardo Velasco propuso el derribo del Convento de San Francisco y del Teatro Principal, para edificar la proyectada Nueva Catedral, pero no se aceptó por los grandes problemas técnicos que eso suponía y por razones económicas, sin haber considerado las razones histórico-artísticas.[152]
En 1913 se pensó el poner el monumento a la batalla de Vitoria en la antigua Plaza de Bilbao (hoy Correos y Plaza de los Celedones de Oro), pero no prosperó. En este año, el regimiento de caballería Guipúzcoa se trasladó a Orduña, debido al mal estado del Convento. Todo esto reabrió el debate entre los conservacionistas y los "derribistas" en el Ayuntamiento.[7] Una memoria de la Comandancia de Ingenieros consideraba ya “imposible reparar lo irreparable”.[151] En diciembre de ese año, el arquitecto Teodoro de Anasagasti de Bermeo emitió su opinión contraria al derribo para evitar que desapareciese esa histórica construcción, que su arte monumental fuese profanado, y para evitar que Vitoria perdiese su carácter y su riqueza de cara al turismo. En 1914, el arqueólogo José Colá y Goiti se manifestó contrario a su derribo por un proyecto de prolongación de la calle de Mateo Benigno de Moraza.[153]
En 1918 se habla de convertir en caballerizas la iglesia. En 1920 se instalaron pesebres de fundición en las cuadras de los claustros. Para 1921, el refectorio estaba convertido en cuadras de caballería y había muchas zonas desocupadas en el convento por ruinosas.[154]
El 9 de septiembre de 1925 se entregó al ejército el nuevo cuartel de Caballería “Sancho el Sabio”, en la Avenida de Santiago, con lo que se desocupa San Francisco, y el consistorio comienza a preocuparse por el solar del convento y a debatir sobre su futuro.[155]
4.2.- La batalla por la declaración de San Francisco como Tesoro Artístico Nacional (1926 - 1929)
En noviembre de 1926, la Comisión de Monumentos de Álava, a través de su presidente Eulogio Serdán, con el apoyo de la Orden Franciscana y del Real Ateneo vitoriano, solicita al Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes, la inclusión del templo y el claustro de San Francisco en el Tesoro Artístico Nacional, según el Decreto Ley sobre riqueza artística del 9 de agosto de 1926.[152]
En junio de 1927 se celebra la subasta pública del Convento, en la que el Ayuntamiento como único postor, se erige en propietario de la finca franciscana. El alcalde propuso entonces el total derribo del convento a pesar de las campañas conservacionistas de los estudiosos vitorianos, y del expediente de protección del templo.[152]
En julio y agosto de 1927, se producen los primeros movimientos por parte del Ayuntamiento para lograr el derribo del Convento, y dar comienzo a las reformas urbanísticas previstas. El alcalde Enrique Iglesias Ejarque, en contra de la opinión de algunos concejales, pidió un informe a la Comisión de Monumentos para que dijesen si había algo artístico a proteger, que respondió pidiendo que se conservase al menos la iglesia y diciendo que habían pedido su declaración como Monumento Nacional.[156]
Entre 1927 y 1930, la prensa se posicionará claramente en uno u otro sentido en este debate. El periódico La Libertad se posiciona a favor del derribo, con columnas de opinión incendiarias, argumentando el nulo valor artístico de San Francisco, el interés inmobiliario de los terrenos y el coste de una hipotética restauración. Por el contrario, el Heraldo Alavés se posicionó claramente a favor de la conservación y una restauración sencilla.[157]
El 29 de agosto de 1927 se recibe una orden telegráfica del Director General de Bellas Artes, señor Joaquín Pérez del Pulgar Campos, conde de las Infantas, disponiendo la suspensión del posible derribo.[152] El alcalde Iglesias viaja a Madrid para promover el derribo, y pide a la Comisión de Monumentos conocer los detalles de la prohibición. Su presidente, Eulogio Serdán, le responde que la protección se limitaba solo a la iglesia. El alcalde informa entonces a Bellas Artes de su intención de lanzar el concurso de derribo del convento, salvo la iglesia. La respuesta de Bellas Artes del 9 de septiembre le pide respetar también el claustro hasta tener el informe de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.[158]
El 23 de septiembre, Miguel Primo de Rivera inaugura el ferrocarril de Vitoria a Estella, y el alcalde le lleva a ver el estado “ruinoso” de la iglesia con el fin de convencerle de su obligatorio derribo, sin informar a la Comisión de Monumentos. Además, un funcionario le dijo al Dictador que la iglesia impedía la prolongación de una calle que llevaría su nombre. El reportaje manipulado del 25 de La Libertad sobre la visita incidía en su apoyo al derribo, y fue contestado por Eulogio Serdán el 26 en el Heraldo Alavés.[159]

Entre noviembre de 1927 y febrero de 1928 hay un intercambio de cartas entre el Consistorio y la Junta del Patronato para la Defensa de la Riqueza Artística y Monumental de España sobre las condiciones de un posible derribo. Se pide al arquitecto municipal que armonice los intereses económicos con el deber cultural de proteger lo que merezca ser conservado, con lo que la iglesia queda en un limbo impreciso, aunque se autoriza la subasta de los terrenos del Convento.[160]
El 12 de febrero de 1928, Primo de Rivera envía una carta “privada” al alcalde (dudas sobre su existencia) en la que, traduciendo libremente un transaccional acuerdo de la Junta, autorizaba “a ese Municipio para que prosiga las obras de urbanización, sin que sea obstáculo para las mismas la iglesia de San Francisco …”, cosa que nunca pudo decir aquella Junta, como lo prueban los textos de sus acuerdos.[152] El concurso para la venta de los solares no terminó de resolverse.
La Caja de Ahorros Municipal compró los terrenos de la finca franciscana el 18 de mayo de 1928. El arquitecto municipal Miguel Mieg presentó un proyecto en agosto de 1929 de dos grupos de casas de viviendas, el primero de casas de lujo (las actuales de Olaguibel), y el segundo de casas económicas, al norte de la calle de Olaguibel, que exigían la total desaparición del monumento. Pero estas viviendas baratas solo se esgrimieron falsamente como señuelo demagógico para popularizar el derribo. Aunque se subastó y adjudicó la demolición total, nunca llegó a anunciarse otra contrata que la de las casas de lujo,[152] cuyo concurso fue adjudicado el 14 de diciembre.[161]
En 1929 fallece Eulogio Serdán, acérrimo defensor de la conservación del templo. Su sucesor en la Comisión de Monumentos, Herminio Madinaveitia, tras una reunión en agosto reiteró su oposición al derribo del templo.[162]
El 13 de noviembre de 1929 comienza el derribo de los claustros, cediendo 40 arcos del gótico al Santuario de Estíbaliz, y 8 del toscano a la iglesia de San Vicente, terminando el derribo en marzo de 1930. Se ha perdido el rastro de lo que pasó con el resto de los arcos.[163]
El 28 de enero de 1930 dimite Primo de Rivera por razones de salud, y su sucesor, el general Dámaso Berenguer, decretó el 15 de febrero que cesaran en sus cargos los ayuntamientos y diputaciones (excepción de Navarra),[164] pero el Ayuntamiento de Vitoria sigue pujando por derribar el convento.[161] Además, se aceptó la dimisión del Gobernador civil de Álava, D. Ladislao Amézola, y su reemplazo por D. Nicolás Lorduy.[165]
4.3.- Relato del derribo de San Francisco (marzo a junio de 1930)
El 27 de marzo, el Director General de Bellas Artes remite el expediente para la declaración de Monumento histórico a la Real Academia de la Historia, apoyado por la Sociedad de Estudios Históricos Vascos. El ponente fue el académico de la Historia Antonio Prieto y Vives, que presentará su informe el 6 de abril, y que será publicado en el Boletín de la Real Academia de la Historia el 11 de abril:[166]
“Poco hemos de decir del edificio mismo; sin ser ejemplar extraordinario, es muy estimable, conservándose, la parte más antigua, del siglo XIII, a la que se refieren las tradiciones más respetables; su estado es bastante bueno para que no ofrezca dificultad su arreglo y conservación, no pudiéndose fundar en ello ningún argumento contra su conservación.”“Como resumen de lo expuesto, el que suscribe opina que la iglesia del convento de San Francisco de Vitoria reúne sobrados motivos para ser declarado monumento histórico-artístico a los efectos del Real decreto ley de 9 de agosto de 1926, y así tiene la honra de proponerlo a la Academia que con mejor criterio resolverá, como siempre, lo más acertado.”
Madrid, 11 de abril de 1930.
A. PRIETO VIVES.[2]
El 2 de abril, el historiador Odón Apraiz escribió un artículo en el Heraldo Alavés con argumentos históricos en favor de conservar el viejo convento. El 7 de abril, La Libertad se lamenta del entorpecimiento en los trabajos de derribo “que puede acarrear grandes perjuicios económicos”.[167]
Reunión el 9 de abril de la Real Academia de Bellas Artes, con el arquitecto Teodoro de Anasagasti como ponente, que defendió con éxito la conservación del templo.[167]
El martes 8 de abril, telegrama del director general de Bellas Artes, Manuel Gómez-Moreno, dirigido al Gobernador Civil, Nicolás Lorduy, y al delegado de Bellas Artes en Álava, Herminio Madinaveitia, para detener todo intento de derribo. El Gobernador Civil se lo comunicó al alcalde provisional Pablo Guilarte el miércoles 9 de abril, que se lo comunicó a su vez al presidente de la Caja de Ahorros Municipal,[168] el cual convocó una Junta Extraordinaria para el viernes 11 de abril. Tras la reunión, la Caja Municipal detendrá el derribo el sábado 12 de abril, pero ya era demasiado tarde.[169]

El jueves 10 de abril, puesto que nadie había parado oficialmente las obras de derribo, los obreros se “dan prisa” (según los conservacionistas), y se abrió una importante brecha con maromas y tractores en el ábside, la parte más importante de la iglesia, lo que originó un enorme enfado en las instituciones madrileñas.[7] Ese mismo día, el Heraldo Alavés realizó una encuesta entre artistas, eruditos, eclesiásticos y profesores vitorianos, así como con los arquitectos Luque y Anasagasti, que se pronunciaron enérgica y razonadamente por la intangibilidad del templo franciscano.[170]
El 12 de abril, el Gobernador Civil le transmite al alcalde las palabras del Ministro Elías Tormo: “sorpresa por la rebeldía del Ayuntamiento y la precipitación destructora del monumento”. El 16 de abril llega a Vitoria el arquitecto conservador de la zona norte, Teodoro Ríos, para informar sobre la deriva de los acontecimientos, que muestra su enfado al constatar que el derribo se había realizado en conocimiento de los telegramas que lo impedían. La grieta realizada comprometía la estructura total.[171]
Un informe del 24 de abril del arquitecto municipal Miguel Mieg, alerta del estado ruinoso tras el derribo agravado por bóvedas al descubierto y expuestas a la acción de agentes atmosféricos.[172]
El 24 de abril el Ministro destituye al delegado de Bellas Artes de Vitoria por haber tolerado el derribo, y expresa su enfado el 25 y el 26 en sendos artículos en el periódico El Sol de Madrid.[173]
El 24 de abril reemplazo en la alcaldía de Guilarte (alcalde provisional) por Ricardo Buesa (que tampoco tenía sensibilidad patrimonial o artística), que decide enviar a Madrid una Comisión para tratar el tema. Irán el día 26 los dos alcaldes, el arquitecto Mieg, directivos de la Caja Municipal y el delegado de Bellas Artes, para demostrar que no había negligencia ni malicia. Allí serán recibidos con hostilidad y desprecio por parte de los diferentes directores y por el Ministro Tormo por lo sucedido.[174]

Del 27 al 30 de abril se lanza una campaña en la ciudad para meter el miedo a la gente y conseguir el derribo del Convento. El alcalde critica las decisiones de la “gente de fuera”, mete miedo a los vecinos de San Francisco sobre el posible hundimiento de las casas si no se derriba y se apuntala todo, y alerta de la posible pérdida de 50 puestos de trabajo.[7] El presidente de la Cámara de Comercio e Industria dice que “no se pueden cubrir los gastos de reparación o reedificación del edificio”.[172] Todo esto calará en una parte de la sociedad vitoriana que pedirá que se derribe o que dimita todo el Ayuntamiento.[7]
El 3 de mayo, el consistorio entero, con Buesa a la cabeza, envía su carta de dimisión al presidente del Consejo de Ministros hasta no recibir explicaciones por el trato recibido en Madrid en la reunión del 26 de abril. Mientras, el ambiente en la ciudad era irrespirable, alimentado por la prensa (La Libertad) que cargaba contra los conservacionistas y defendía que el derribo suponía defender el futuro de la ciudad. El 8 de mayo, el ministerio responde a través del Gobernador Civil de Álava, Lorduy, que no querían herir los sentimientos del pueblo de Vitoria, sino asegurarse que se cumplía la ley. En sesión del 9 de mayo, el Ayuntamiento se dio por enterado y satisfecho, retirando la dimisión. Lorduy se erige en interlocutor entre el Ayuntamiento y las instituciones madrileñas.[175]
El 13 de mayo, los arquitectos municipales y el alcalde firman una carta diciendo que la ruina del edificio es inminente y que hay que derribarlo.[176] Lorduy se presenta en Madrid el 15 de mayo, y convence al ministro de que ya no es posible la reconstrucción. El 17 de mayo, Lorduy vuelve a Vitoria con la Real orden de derribo bajo el brazo.[177]

El 18 de junio llegó la demolición final, recogido en la prensa nacional El Liberal de Madrid: “… vista la lentitud con que era preciso proceder para desmontar el convento utilizando cables tirados por camiones, se empleó hoy dinamita, con gran éxito.” Se comenzó rápidamente la construcción de varias casas de cinco pisos y la del edificio de la Caja de Ahorros.[178]
Sin embargo, el solar que ocupaba la iglesia y parte de los claustros permaneció intacto dieciocho años. En el solar vacío se situó en los primeros años de la década de 1940 un monumento en honor a los muertos del bando sublevado contra la legalidad republicana. Era una gran escultura de mármol, compuesta de una cruz y un muro decorado que estuvo hasta 1963.[179] Existió también un proyecto para instalar allí el Gobierno Militar, pero hasta 1948 no se construyeron allí los edificios de la Agencia Tributaria española y la Policía, de la Calle de Olaguíbel. Mientras tanto, el solar fue utilizado para circos y fiestas, y se convirtió en un símbolo de la especulación inmobiliaria.[7]
5.- Recuerdos y Arqueología del Monumento
5.1.- Elementos conservados del Convento de San Francisco
Tras el derribo, hay muchos elementos del Convento de San Francisco que se destruyeron o se perdieron (sepulcros, retablos, tallas, …), y unos pocos que se han conservado:[180]
- En el Museo de Bellas Artes de Álava:
- Un “San Antonio Abad” del círculo de Ribera.
- Un “Retrato del cardenal Francisco Ximénez de Cisneros” anónimo del s. XVI-XVII.
- Dos obras sobre “Oración en el huerto” de Cristo en el Monte de los Olivos, anónimos del s. XVII-XVIII.
- En la Catedral de Santa María de Vitoria:
- Una “Inmaculada Concepción” de Carreño de Miranda de 1666 que estaba en el oratorio de la enfermería del convento y que ahora está entre la sacristía y la tumba de los Íñiguez de Vasterra.
- Un “Nacimiento de Jesús” del escultor Esteban de Ágreda de hacia 1780.
- En el convento de San Antonio de Vitoria:
- La románica “Virgen de los Remedios” venerada en San Francisco.
- Escudo de piedra barroco de la fachada de San Francisco, con los atributos franciscanos.
- Varias obras de temática franciscana.
- En la Catedral Nueva de Vitoria:
- Un magnífico Cristo crucificado de los s. XVI-XVII.
- En la iglesia de San Vicente Mártir de Vitoria:
- Siete arcos de orden Toscano del claustro barroco que han sido reutilizados en su pórtico moderno.
- En la iglesia de Zalduendo:
- La sillería de coro puede que proviniese de San Francisco.
- En el Monasterio de Estíbaliz:
- Una arcada que une el monasterio a la basílica.
- En el edificio de la antigua Telefónica en la calle del General Álava:
- Pasamanos de hierro forjado de la escalera del Colegio de la Anunciación reconvertida en balconada.
Hubo también peticiones de entidades y personalidades para hacerse con algún elemento de San Francisco antes de que fuera demolido, que fueron aceptadas, pero de los que no se encuentra traza actualmente, como doce arcos de los claustros para Foronda, y cuarenta arcos para el monasterio de Estíbaliz.[181]
A pesar del derribo, algunos restos del convento aún siguen en pie, si bien se encuentran en un patio interior, en una especie de jardín muy descuidado, entre el edificio de Hacienda y las viviendas de San Francisco, inaccesible para el público en general. Dichos restos se corresponden fundamentalmente con una parte de la capilla mayor y con lo que eran las capillas de Santiago, de Santa Catalina y de la Magdalena. [7]
5.2.- Arqueología del monumento
Los primeros hallazgos arqueológicos en el área del antiguo convento se produjeron en 2005, durante la construcción de un aparcamiento subterráneo en la calle de Olaguibel:[182]
- En los paquetes de terreno retirados por medios mecánicos, se constató la presencia de huesos humanos dispersos y cerámicas susceptibles de pertenecer en origen al convento de San Francisco, pero descontextualizados entre masas de escombros del siglo XX.
- En las fotos justo después del derribo, se puede ver cómo se conservaba en el subsuelo las estructuras de cimentación del edificio, estructuras que fueron eliminadas con la nueva urbanización realizada a mediados del siglo XX.
- Durante la excavación arqueológica manual, se descubrieron los restos de dos esqueletos emplazados en fosas originales individuales, en posición decúbito supino en ambos casos, con orientación este-oeste, y mirando hacia oriente. Parece posible que estos individuos estuviesen inhumados en el patio del claustro.
En el año 2019 se acondiciona todo el entorno de la zona inmediata a la Cuesta de San Francisco, del antiguo Banco de España convertido en Memorial de Víctimas del Terrorismo, incluyendo las calles adyacentes a los edificios de Olaguibel, y las escaleras que ascienden a la Cuesta de San Francisco, delante del edificio de la Delegación del Gobierno.[183]
Las excavaciones arqueológicas realizadas en ese año indican un hábitat disperso y de no gran entidad en esta zona de Gasteiz y permiten adelantar su fecha de ocupación al siglo XII, antes de la construcción de la muralla oriental de la villa. Lo encontrado engloba una serie de estructuras negativas (canal de drenaje, agujeros circulares, rozas, etc.), además de una gran estructura excavada alargada, un foso defensivo. Estas estructuras fueron abandonadas en la segunda mitad del siglo XII o primera mitad de la centuria siguiente.[184]

Durante les excavaciones se encontraron también dos sótanos con muros de mampostería con una cara exterior regular y otra interior más irregular (debido a que no iba a quedar a la vista), que delimitaban un espacio diáfano central a modo de plaza que acabaría empleándose como necrópolis en el momento en que el convento hizo su aparición. Este primer grupo de sepulturas es anterior al proyecto constructivo de Berenguela López de Haro, confirmado por dataciones radiocarbónicas efectuadas a cuatro de los esqueletos recuperados. Los enterramientos se presentaban en fosas simples o antropomorfas, orientadas este-oeste y sin cubiertas ni estructuras pétreas de delimitación. Los esqueletos siempre estaban colocados en posición decúbito supino con las piernas estiradas y los brazos cruzados a la altura del tórax o la cadera. Alguna tumba albergaba más de un esqueleto, no había presencia de ajuares (salvo un caso), aunque si algunas monedas de época de Alfonso XI de Castilla y León.[185]
Durante las excavaciones se constató que la fachada occidental del proyecto de Berenguela López disponía de una estructura muraria muy potente, elaborada con mampostería trabada con una dura argamasa de color blanquecino en una zona, y con otro tipo de mortero en otra, lo que indicaría que participaron dos grupos de canteros distintos en la obra.[186]
El pórtico documentado en la excavación corresponde en su mayor parte al cierre occidental del convento, aunque también se han localizado vestigios en el cierre septentrional, y que se data poco después del primer tercio del siglo XIV, y que supuso una amortización parcial de la anterior necrópolis. El grosor de muros del tramo norte del pórtico era de 2 m, mientras que el del muro sur era de 1,20 m. En esta época se amortizaron también los sótanos evocados anteriormente.[187]
El material constructivo de este pórtico del siglo XIV fue reutilizado para la erección de un nuevo pórtico en el siglo XVI (1570), que a su vez fue modificado a finales del siglo XVII (hacia 1693) sustituyendo el recubrimiento que tenía en su exterior por otro nuevo de sillares de arenisca, más reforzado y con una mejora de su carácter ornamental. Se ha podido documentar también un interesante suelo elaborado con cantos rodados y ladrillos hincados que forman distintos motivos esquemáticos geométricos.[188]
En el siglo XIV, el interior del pórtico se utilizó como cementerio, utilizando la zanja de robo del muro para efectuar un notable número de enterramientos según el rito cristiano habitual. Se ha podido documentar que no todos fueron sepultados al mismo tiempo sino en sucesivos momentos.[189]
Se encontraron también los cimientos de la fachada occidental y la portada principal de la Capilla de la Anunciación de finales del siglo XVI. Del Colegio de la Anunciación, erigido en el primer tercio del siglo XVII, se encontraron, por el contrario, escasos restos materiales (apoyos de la planta cuadrangular del claustro barroco) por estar afectada por los arrasamientos modernos.[190]
Además, se encontraron restos de algunas de las reformas en el Convento cuando fue utilizado como cuartel durante el siglo XIX (cegado de vanos del pórtico, muros de mampostería añadidos para escaleras interiores de acceso a los pisos superiores, …).[191]
5.3.- Arqueología de la Capilla de la Magdalena
En un sondeo realizado en la Capilla de la Magdalena, se pudo confirmar que anterior a esta capilla existió algún otro edificio más antiguo. Se encontró también restos de un sepulcro de carácter monumental medieval. Por otra parte, se encontraron restos del reacondicionamiento y adaptación de este espacio a las funciones de taller-carpintería realizado algo antes de 1930.[192]
También se encontraron restos de un osario, tumba o conjunto de tumbas, cronológicamente anterior al zócalo del sepulcro monumental evocado anteriormente, así como un grueso muro de calidad, compuesto por un sólido aparejo de mampostería ordenado en hileras regulares, que debió pertenecer a una construcción en piedra monumental anterior a la propia capilla de la Magdalena.[193]
Entre los materiales recuperados durante la excavación hay restos de cerámica vidriada, esmaltada y también común, así como restos de pequeños cántaros, de escudillas esmaltadas en blanco de diversos tamaños y de varios platos, conjunto datado en el siglo XVII. También se rescataron fragmentos de vidrio muy fino perteneciente a un conjunto de frascos o pequeñas botellitas, así como un reducido conjunto de restos metálicos compuesto por seis clavos de hierro de diversos tamaños, quizás procedentes de la clavazón de uno o varios ataúdes.[194]
Entre los materiales constructivos recuperados destacan:[194]
- un gran bloque con bajorrelieves tallados en piedra lumaquela, el cual sin duda procede de la destrucción de un rico sepulcro y conserva aún buena parte de su policromía original,
- otro bloque de lumaquela que parece haber pertenecido a una antigua imposta, con un motivo vegetal en su frontal similar al existente en Estíbaliz o en Armentia, y que por el tipo de talla nos remite al románico del siglo XII.
Es decir, que los sondeos realizados en la Capilla de la Magdalena permiten ir desde principios del siglo XIII en que se funda el convento (o puede incluso que algo antes), hasta los tiempos más recientes de su derribo hacia el año 1930 y la conversión de la capilla de la Magdalena en taller de carpintería.[195]