Evento de extinción del Cuaternario
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El evento de extinción del Cuaternario tardío, Extinción de Megafauna del Cuaternario —también citado en la literatura científica como LQE (Late Quaternary Extinctions)[1] o QME (Quaternary Megafauna Extinction)[2] por sus siglas en inglés— abarca el conjunto de extinciones masivas de megafauna que viene sufriendo el planeta durante el Cuaternario tardío, en un lapso de tiempo geológico extremadamente corto, que se extiende desde hace unos 50.000 años hasta la actualidad (se estima que la vida apareció en la Tierra hace al menos 3.700 millones de años).[3][4][5]
En este evento de extinción masiva se perdieron 2/3 de todos los géneros de grandes mamíferos del planeta y la mitad de su megafauna (considerada como animales con un peso mayor de 44 kilos).[6][7] Entre las posibles causas que desarrollaron como hipótesis los paleontólogos y los ecólogos durante el siglo XX están la caza excesiva por el Homo sapiens y los cambios climáticos naturales. La hipótesis del cambio climático fue la predominante durante el siglo XX, mientras que la de la caza excesiva va ganando partidarios desde que se enuncia por primera vez en los 60,[8] y a partir del siglo XXI comienza a ser defendida ya de forma categórica en numerosos artículos científicos, a medida que se va estudiando el evento de forma global, y los análisis comparativos mediante modelos estadísticos ponen de manifiesto que la relación de causa y efecto más probable con las últimas dataciones de alta precisión, se encuentra entre la expansión del ser humano y las extinciones en masa de megafauna.[1][2][6][7][8][9][10][11][12][13][14][15][16][17][18][19][20][21][22][23][24][25][26][27][28][29][30][31][32][33][34][35][36][37][38][39][40][41]
La ola de extinciones comenzó primero en Asia tropical y Oceanía, hace entre 50.000 y 45.000 años, coincidiendo con la llegada estimada de los primeros hombres modernos, y continuó en la Eurasia holártica con extinciones masivas más dispersas en el tiempo, presentando aparentemente dos pulsos, uno más al sur que tuvo lugar entre 45.000 y 20.000 años atrás, y otra en latitudes septentrionales donde las extinciones en masa llegaron más tarde, de 14.000 a 9.000 años atrás. Este segundo pulso del Paleártico septentrional coincide en el tiempo con la extinción masiva de megafauna de Norteamérica, y ambas son coincidentes a su vez con los primeros registros fósiles de Homo sapiens en Siberia y América del Norte,[6] entonces unidas por el puente de Beringia. Unos 5 siglos después de iniciada la extinción masiva norteamericana, comenzó la extinción en masa de Sudamérica. Desde hace 9 milenios hasta el siglo XX la extinción masiva de megafauna ha continuado en las islas y archipiélagos de todos los mares, habiéndose comprobado en la mayoría de los casos que la extinción de la megafauna fue muy cercana en el tiempo a la datación de los primeros restos conocidos del hombre moderno en las islas, es el caso por ejemplo de Japón, las Antillas, la Isla de Wrangel, la Isla de San Pablo, las islas del Mediterráneo, Madagascar o Nueva Zelanda entre otras.[6][7][42]
Hipótesis del cambio climático
Uno de los primeros científicos en llamar la atención sobre la extinción masiva de megafauna del Cuaternario fue Alfred Rusell Wallace, quien en 1876 escribió:
Vivimos en un mundo biológicamente empobrecido, un mundo en el que las formas de vida más grandes, fieras y extrañas han desaparecido. Es desde luego un hecho extraordinario y no lo suficientemente discutido, el de la muerte de tantos grandes mamíferos, no en un solo lugar, sino en más de la mitad de la superficie terrestre.[43]
Hoy se sabe que esa idea de un mundo ecológicamente incompleto apuntada por Wallace en el SXIX —en un momento en que la paleontología era aún una ciencia joven— estaba justificada.[2][7] En los últimos 50.000 años —un instante en la escala del tiempo geológico— el planeta ha perdido una enorme variedad de grandes animales, incluyendo mamutes, mastodontes, rinocerontes lanudos, elefantes europeos, hipopótamos europeos, tigres dientes de sable, perezosos gigantes, gliptodontos, moas, uros, tarpanes, aves elefante y leones marsupiales entre muchos otros. Estas criaturas recientemente perdidas representaban unos 2/3 de los megamamíferos (con un peso de más de 44 kilos): 97 de los 150 géneros de grandes mamíferos han desaparecido entre hace 50.000 y 500 años.[44]

Dada la magnitud de esta extinción masiva de megafauna y sus enormes consecuencias para los ecosistemas terrestres, algunos autores han calificado la extinción de megafauna del Cuaternario de "revolución prehistórica".[29] Estas extinciones no fueron un evento simultáneo, sino un proceso que duró miles de años: la megafauna desapareció en periodos distintos en diferentes partes del planeta.
Desde que Wallace llamó la atención sobre la reciente pérdida masiva de grandes animales, ha habido mucha controversia sobre qué fue lo que causó las extinciones cuaternarias, todas ellas con cuatro elementos comunes: fueron extinciones profundamente selectivas para la megafauna, no hubo reemplazo de las especies extintas —ambas cosas sin precedentes en la historia de la vida—, ocurrieron en presencia de nuestra especie y son inmediatas al momento actual en escala geológica y evolutiva. Se han enunciado diversas hipótesis durante el SXX, de las cuales solo dos fueron asumidas por un número significativo de investigadores como posibles.
La hipótesis de que la desaparición de la megafauna había sido causada por cambios climáticos fue la predominante durante casi un siglo después de que Wallace llamara la atención sobre el vacío ecológico dejado por la megafauna en la mayor parte del planeta.[43] La hipótesis sigue siendo popular y ha sido propuesta en muchos estudios regionales para explicar la desaparición de la megafauna del Pleistoceno.[45] Sin embargo, cuando se analizan las extinciones desde una perspectiva global, la hipótesis climática es incapaz de explicar los principales patrones del evento de extinción masiva de megafauna del Cuaternario. Así, numerosos estudios están poniendo de relieve en la última década los puntos débiles e incoherencias de esta teoría, destacando los siguientes:

• La hipótesis climática no explica la gran asincronía regional de las extinciones. Los eventos climáticos relacionados con los últimos ciclos glaciales fueron acontecimientos planetarios que afectaron a todo el globo al mismo tiempo: los picos fríos por ejemplo han estado vinculados a períodos secos en regiones tropicales. Sin embargo, las extinciones de megafauna ocurrieron en periodos completamente distintos en lugares muy diferentes del mundo.[6]
• Hubo más de 30 ciclos glaciales a lo largo del Pleistoceno al menos tan intensos como el último, pero sin extinciones masivas asociadas en el registro fósil.[14][46]
• Las extinciones en Oceanía y las islas del planeta no coincidieron con los picos glaciales ni con los cambios de ciclo glacial, sino con periodos estables climáticamente.[47]
• La hipótesis climática implicaría extinciones de numerosas especies de plantas, ya que se ven más afectadas por los cambios climáticos que los animales, pero esta predicción falla ostensiblemente: no ha habido ninguna ola de extinciones florísticas en el Cuaternario tardío.[6]
• Las extinciones presentan una selectividad de tamaño sin precedentes en el registro fósil, ya que afectan casi exclusivamente a especies de megafauna. Sin embargo, los estudios de la última década están revelando que son las especies más pequeñas las más vulnerables y las que se han extinguido en mayor proporción bajo perturbaciones medioambientales provocadas por el clima.[13]

• Los fósiles muestran en el periodo inmediatamente anterior a la extinción una reducción drástica en la edad de madurez sexual. Este fenómeno no se corresponde con lo registrado en extinciones debidas a factores climáticos, pero en cambio sí se ha registrado en poblaciones de grandes mamíferos sujetos a una elevada presión cinegética.[6]
• Por último los cambios climáticos no pueden explicar por qué las extinciones han sido sistemáticamente más recientes en las islas, independientemente de su latitud y longitud, que en los continentes, cuando ante un cambio climático lo esperado es justo lo contrario: las poblaciones insulares, sin posibilidades de emigrar como las continentales, y con un número de ejemplares y un pool genético mucho menores, debieron extinguirse en primer lugar. Además, las extinciones en las islas ocurrieron ya muy avanzado el Holoceno, varios miles de años después del último cambio climático.[8] Así hay numerosos casos, como el del mamut lanudo de Wrangel y Saint Paul, el mamut pigmeo de Santa rosa, los elefantes e hipopótamos de las islas mediterráneas, los perezosos terrestres de las Antillas y la vaca marina de Steller en que las extinciones entre continente e islas estuvieron separadas por varios miles de años de diferencia, y prácticamente en todos los casos parece que coincidieron con la llegada del ser humano.[49][50][51][52][53][28][6]
Aparte de estas incoherencias internas de la hipótesis, hoy se apunta a que procesos de profunda transformación en los ecosistemas que fueron atribuidos originalmente al cambio climático como desencadenantes de la extinción de megafauna —como la expansión de los bosques y los grandes incendios—, probablemente fueron consecuencia y no causa de esa extinción.[11][30][54] Tras la desaparición de los grandes herbívoros, el acúmulo de materia vegetal no consumida y la proliferación de los bosques ante la ausencia de herbívoros habrían llevado primero a un cambio radical de los ecosistemas y después a una recurrencia de grandes incendios, tras los cuales la vegetación mejor adaptada al fuego se habría visto favorecida. Se ha comprobado que esto fue así al menos en el caso de Australia[54][55] Norteamérica[56] Madagascar[57] y varias islas oceánicas. Varios estudios apuntan a que ocurrió algo similar en Sudamérica[58] y otras masas terrestres y biomas afectados por la extinción del Cuaternario, como la estepa del mamut en el Holártico, que era el mayor bioma terrestre hasta su desaparición.[59][31] Algunos autores están señalando que las extinciones de megafauna tuvieron tal impacto en los ecosistemas y el ciclo del carbono que pudieron provocar cambios climáticos.[10]
Sí se apunta a que en la región de Sudamérica, los cambios climáticos podrían haber contribuido a acelerar el proceso de extinción iniciado por la caza insostenible en el caso de algunas especies.[60] En este caso el clima no habría tenido un efecto sinérgico, sino secundario y meramente contributivo.[1][6][61]
Hipótesis de la caza excesiva

A la luz de los estudios estadísticos publicados a partir de 2012, se obtiene una probabilidad de causa-efecto cada vez más sólida entre la llegada de los humanos y las extinciones masivas de la megafauna en cada masa terrestre.[6][11][14][32][1] En la presente década los ecólogos han comenzado a aplicar análisis comparativos basados en modelos matemáticos para dejar atrás el debate de ideas que han protagonizado los partidarios de ambas hipótesis durante el SXX respecto a las causas de la extinción. Estos análisis comparan mediante modelos matemáticos la probabilidad de que una extinción de megafauna a nivel de género o a nivel regional se deba a causas antrópicas, a causas climáticas o a ambas a la vez. Igualmente los análisis de esporas del hongo del estiércol Sporormiella y las catas de polen fósil, n-alcanos y carbón están comenzando a mostrar la secuencia de acontecimientos que siguió a la extinción de megafauna en varios puntos del planeta.[54][55][56]
La crítica de la asociación
La principal crítica a la hipótesis de la caza excesiva que se ha venido esgrimiendo por los partidarios de la hipótesis del cambio climático, es una supuesta baja densidad de yacimientos arqueológicos con evidencias de aprovechamiento de la megafauna, descrita como crítica de la asociación por Meltzer en 1986.[62] Desde entonces esta observación ha sido utilizada por el propio Meltzer y otros autores para concluir que no había habido caza excesiva.[62][41]

Actualmente la alegada ausencia de evidencias de despiece de megafauna se viene corrigiendo a medida que avanzan las excavaciones y los análisis de las colecciones de fósiles. En el caso de Madagascar, una de las extinciones más recientes y sin cambio climático conocido desde la ocupación humana de la isla, los defensores de la hipótesis del cambio climático incidieron durante las últimas décadas del SXX en el hecho de que solo había evidencias firmes de descuartizamiento de aves elefante, aye-ayes extintos e hipopótamos pigmeos, pero no de lémures gigantes. Hoy existen ya varios estudios sobre restos de lémures gigantes que fueron objeto de descuartizamiento, en algunos casos en el periodo inmediatamente posterior a la llegada del hombre.[63][64] Las características de las alteraciones óseas de los huesos de estos lémures gigantes fueron provocadas por herramientas humanas (filos cortantes y marcas de corte cerca de las articulaciones, cortes oblicuos a lo largo de los ejes, fracturas espirales y estriaciones de percusión) e indican que hubo despellejamiento, desarticulación y fileteado de la carne.[63]
Otras regiones en las que la crítica de la asociación alegaba falta de evidencias, están incorporando pruebas muy recientes de cacería humana de megafauna, como en el caso de Australia (noviembre de 2016)[65] y Sudamérica (enero de 2017).[66]

El ecólogo Santos Fernández explicaba en 2016 el caso de los mamutes norteamericanos en relación con la crítica de la asociación: el periodo de convivencia de mamutes y seres humanos, hasta que los mamutes se extinguieron, constituye una parte muy pequeña del amplio rango geológico en que han aparecido restos de mamutes norteamericanos. Cazadores y proboscídeos habrían convivido alrededor de veinte siglos en América del Norte, una mínima fracción del registro geológico con restos de mamutes y restos arqueológicos, y en una localidad concreta la convivencia fue mucho más corta aún.[6] Por lo tanto, es muy complicado encontrar restos arqueológicos que sean precisamente de las pocas décadas o siglos en que los mamutes y los seres humanos coexistieron en una localidad en concreto. En cualquier otro caso, solo se encontrarán mamutes sin seres humanos (antes de la coexistencia) o humanos sin mamutes (después de la coexistencia). El patrón esperado es que una fracción minoritaria de yacimientos fosilíferos de megafauna tendría restos arqueológicos con evidencias de cacería, y eso es lo que se encuentra.[6]
Un artículo de 2002 de Meltzer y otro investigador concluía que el registro arqueológico no apoyaba la hipótesis de la caza excesiva, porque de 76 yacimientos clovis examinados, solo 14 (doce con restos de mamut colombino y dos con restos de mastodonte) presentaban evidencias sólidas de cacería de proboscídeos.[67] A su juicio está proporción era muy pequeña y descartaba totalmente la caza excesiva como motivo de la extinción de proboscídeos en Norteamérica. El artículo fue duramente criticado por emitir juicios de opinión en vez de presentar nuevos análisis comparativos independientes, y por omitir numerosos datos científicos que contradecían las afirmaciones de los autores.[41] Refutando estas conclusiones del artículo de Meltzer, un análisis estadístico comparativo de 2008[68] sobre esos mismos restos clovis, aplicó modelos matemáticos para cuantificar qué suponía realmente ese 18% de restos con evidencias de caza activa de proboscídeos en comparación con otros hallazgos de caza de proboscídeos en yacimientos arqueológicos de todo el planeta. El análisis descubrió que el registro de los clovis mostraba que estos cazadores tenían en realidad, junto con los cazadores de la península ibérica, la frecuencia más alta registrada hasta la fecha de explotación prehistórica de proboscídeos como fuente de alimento de todo el mundo.[68]
Utilizando modelos cuantitativos y probabilísticos, basados en la profundidad temporal de los eventos de extinción, la demografía humana y el sesgo tafonómico, un estudio de 2012 de los antropólogos norteamericanos Surovell y Grund evaluaba cuántas asociaciones con fauna extinta deberían haber sido encontradas en la actualidad en Australia, Norteamérica y Nueva Zelanda. Concluían que debido al deterioro de los yacimientos a lo largo del tiempo, tal evidencia debía ser muy rara en Australia, de abundancia intermedia en Norteamérica y común en Nueva Zelanda, una conclusión que coincide de hecho con el estado actual del registro arqueológico.[62] Llegaron a una conclusión similar utilizando un análisis de la frecuencia relativa de las fechas de radiocarbono de cada región datadas en la época de coexistencia de los seres humanos y la fauna extinta. Argumentaban así que la escasez de evidencias de explotación de la fauna extinta no solo concordaba con la hipótesis de la caza excesiva, sino también con las demás hipótesis de extinción que se han propuesto, por lo que concluían que la crítica de la asociación es en realidad irrelevante para discriminar entre cualquiera de las distintas hipótesis.[62]
Primeros análisis estadísticos globales de las causas de la extinción (2012-2015)
Hasta la segunda década del SXXI, los estudios relativos a las extinciones cuaternarias se venían centrando en determinados continentes o habían utilizado dataciones de baja fiabilidad. La datación fósil permite el establecimiento de una sincronía entre los eventos de extinción y sus potenciales causas.[1] En los últimos años, se ha publicado y revisado un número creciente de dataciones en todo el mundo.[1] Se han desarrollado también modelos climáticos mejorados para los últimos 122.500 años.[69] Estos avances han hecho posible por primera vez el análisis cronológico global de los cambios climáticos, la llegada humana a cada región y la extinción de taxones megafaunísticos abriendo un camino prometedor para resolver el debate sobre la extinción del Cuaternario.[1][23][33][27]
El problema de las dataciones erróneas
Las dataciones paleontológicas y arqueológicas son muy sensibles a los errores metodológicos.[70] La contaminación de la muestra, la escasez de los materiales, las interpretaciones erróneas de la estratigrafía, los métodos inadecuados de datación y otros problemas, pueden poner seriamente en peligro la exactitud de una fecha.[1] Para identificar datos fiables, muchos autores han utilizado diferentes escalas cuantitativas basadas principalmente en el material de muestra, asociaciones estratigráficas y el tipo de equipo y logística utilizado en cada estudio dado.[71][72][60][73] Las fechas provenientes de estos estudios han sido incorporadas a otros estudios posteriores sin que se hayan hecho nuevas valoraciones sobre su fiabilidad. En la mayoría de los casos, sin embargo, estas fechas carecen de cualquier tipo de ponderación sobre su exactitud, haciendo del filtrado de datos una necesidad ineludible para obtener conclusiones fiables.[1]
Primeros análisis globales con dataciones de alta fiabilidad (2013 y 2015)
Así en 2013 se publica el primer análisis global realizado exclusivamente con dataciones de alta fiabilidad por Bernardo Araujo.[6][33] Este trabajo estadístico aplicaba a nivel global —considerando las diferentes regiones donde hubo extinciones masivas de megafauna asociadas— modelos matemáticos para comparar la probabilidad de influencia de las dos variables (llegada humana y cambio climático), y lo hacía por primera vez exclusivamente a partir de dataciones de alta fiabilidad.[1] Para las fechas basadas en radiocarbono, los datos fueron filtrados utilizando la escala Mead-Meltzer[71] modificada en 2010 por Barnosky y Lindsey,[60] y aplicando criterios muy estrictos: para aceptar fechas paleontológicas y arqueológicas, tenían que alcanzar respectivamente un rango de 11 (de un rango máximo de 12), y de 13 (de un rango máximo de 17).[1] Por otra parte, dada su antigüedad, la mayoría de las dataciones realizadas en Oceanía durante su período de extinción masiva de la megafauna, se basan en métodos diferentes, principalmente U / Th (datación Uranio-Torio), OSL (datación luminescente ópticamente estimulada) y ESR (barrido de resonancia electrónica). Puesto que no existen sistemas de puntuación capaces de evaluar la exactitud de las fechas obtenidas por estos métodos, se diseñaron escalas clasificadas a lo largo de la escala Mead-Meltzer para evaluar la fiabilidad de las fechas U / Th y OSL. La datación ESR implica un sistema más complejo de técnicas, que hace que sus fechas sean más difíciles de adaptar a un sistema de puntuación simple. Por lo tanto, solo se incluyeron las dataciones en las que se había utilizado el CSUS-ESR (Sistema cerrado de series-U ESR), una variante más exacta del método ESR.[74][75]

Las regiones incluidas en el análisis fueron Australia, Tasmania, Europa meridional, Europa septentrional, Rusia central, Japón, Siberia occidental, Beringia, Norteamérica occidental, Norteamérica central, Norteamérica oriental, la región andina (Andes y costa occidental de América del Sur), el norte de América del Sur, el centro de América del Sur, la Patagonia, el Caribe, la isla de Wrangel, Madagascar y Nueva Zelanda. Solo se utilizaron fechas calibradas, consideradas fiables de acuerdo con la escala modificada de Mead-Melzer.[60] La base de datos utilizada en el estudio incluía más de 2000 fechas megafaunísticas (para 67 géneros) y más de 700 fechas arqueológicas para el Homo sapiens.
El estudio ofreció como resultado que los fenómenos de extinción estaban más cerca de lo esperado por efecto del azar al momento de la llegada del ser humano en 76 casos (cada caso es la extinción de un género en una de las 19 regiones del planeta estudiadas). El momento de la extinción fue más cercano al esperado por efecto del azar a los periodos de intenso cambio climático en solo 2 casos (un valor cercano al esperado para una ordenación aleatoria de las extinciones a lo largo del tiempo geológico). Finalmente las extinciones estaban más cerca de lo esperado por efecto del azar tanto a la llegada del hombre como a épocas de intensa variación climática en 8 casos; y a ninguna de estas variables en 40 casos, de un total de 126 casos.
Un segundo estudio[1] publicado en 2015 por Araujo y un equipo formado por otros cuatro especialistas en ecología y paleobiología profundizaba aún más en la exigencia de alta fiabilidad de los datos analizados, siendo el más riguroso publicado hasta la fecha, utilizando solo restos fósiles de datación de alta resolución y los datos climáticos más precisos, obtenidos a partir de catas de hielo en Groenlandia y la Antártida. Después del filtrado de datos, se realizó una calibración de las dataciones. Como última precaución, se hicieron correcciones de arranque en las fechas paleontológicas de América del Sur (utilizando la Cueva del Milodón, en Chile, como referencia) para evitar posibles sesgos causados por el efecto Signor-Lipps, siguiendo la metodología establecida por Barnosky Y Lindsey.[60] El uso de datos corregidos no afectó significativamente a los resultados, por lo que los autores optaron por utilizar datos no corregidos para realizar todos los análisis descritos en la siguiente sección, teniendo en cuenta que esto podría hacer que sus análisis fueran más conservadores a la hora de encontrar una asociación entre la llegada humana y la extinción megafaunística.
La llegada del hombre como causa necesaria de la extinción
El equipo de Araujo examinó un total de 2088 fechas para 67 géneros de megafauna extinta (58 mamíferos, 8 aves y 1 reptil), totalizando 126 unidades de muestreo independientes en las 19 regiones citadas. De forma similar, 762 fechas humanas cumplieron con los requisitos de fiabilidad del estudio. Los modelos mostraron que la gran mayoría de las extinciones (85 de 126, o el 67.4%) ocurrieron alrededor del tiempo de llegada de los humanos a cada región, lo que encajaba con la estrecha brecha temporal entre las dataciones de alta resolución de aparición de megafauna y las dataciones de alta resolución de la primera aparición de los humanos en todo el mundo. Este patrón surgió incluso a pesar del uso de fechas no corregidas, que de hecho subestimaban el tiempo de coexistencia entre humanos y megafauna. No se produjo una correlación similar de fechas de extinción con tiempos de intenso cambio climático: solo el 17,5% (22 de 126) de las fechas de alta resolución de la última aparición de megafauna ocurrieron en períodos de intensa fluctuación de 18O o 2H. Entre estos, solo el 1,6% (2 de 126) de los géneros desaparecieron en períodos ligados supuestamente solo a una gran variación climática y no a la llegada humana. Por otra parte, 65 (51,6%) estaban más cerca de lo esperado por el azar a la llegada humana. Veinte casos (15,9%) se asociaron a ambos eventos. En los 39 casos restantes con los datos de alta fiabilidad disponibles en 2015, no apareció ninguna asociación estadísticamente significativa.[1]
Se generaron igualmente 41 modelos GLMM (modelo mixto lineal generalizado), que abarcaban una gama de intervalos de tiempo de entre 1000 y 5000 años. Cuando se utilizó cualquiera de los dos proxis de temperatura para representar la variación climática para todo el planeta, el proxy antártico de 2H detectó un efecto climático más intenso que el groenlandés de 18O, pero aun así la llegada humana tuvo un efecto aún más potente en ambos casos. Utilizando cada proxy para representar la variación climática en su propio hemisferio, el momento de mayor variación climática se relacionó significativamente con la extinción de la megafauna en solo 1 de los 41 intervalos. En marcado contraste, la fecha de llegada humana fue con diferencia el mejor predictor de la extinción de la megafauna, con un efecto significativo en 40 de los 41 intervalos, casi un 100%. En los modelos que consideraban la interacción entre ambos factores, el término de interacción fue significativo en solo 4 de los 41 contenedores. Por lo tanto, el GLMM proporcionó una evidencia significativamente sólida de los efectos antropogénicos frente a los climáticos, como causa de la extinción de megafauna del Cuaternario, y muy escasa evidencia de una acción sinérgica de estos dos factores.[1]
El estudio ofreció así una perspectiva cuantitativa ampliada sobre los papeles relativos de la variación del clima y los impactos humanos en el evento de extinción del Cuaternario tardío, con los impactos humanos como una determinante mucho más sólida en el número de géneros extintos que la variación climática. La extinción de cientos de especies en todo el planeta es un proceso tan complejo que los autores concluían que difícilmente podría esperarse que un solo factor explicara completamente cada aspecto de la misma. Era muy probable que factores causales como los impactos humanos y los cambios climáticos actuaran de diferentes maneras en diferentes lugares, para producir el resultado final actual, como ponían de manifiesto los resultados del equipo de Araujo. También concluían que dado que los análisis recientes eran por primera vez realmente fiables, se podía afirmar que ambos factores no habían tenido en absoluto igual importancia en el evento de extinción.[1]
Muchas extinciones megafaunísticos del Cuaternario Tardío ocurrieron por tanto en ausencia de cambios climáticos relevantes, pero rara vez, si es que hubo alguna, ocurrieron independientemente de la llegada del Homo sapiens. El estudio concluía así que las variaciones climáticas pudieron ser una causa contribuyente, que a veces podría haber ayudado a determinar dónde y qué especies se extinguieron, mientras que los impactos antropogénicos fueron la causa necesaria, sin la cual el evento de extinción del Cuaternario tardío nunca habría tenido lugar.[1]
La dispersión del ser humano por el planeta
Los humanos modernos se originaron en el África oriental y la mayor parte de su existencia como especie ha estado restringida a una parte relativamente pequeña del mundo.
África y Asia tropical

Las fechas más antiguas para el Homo sapiens son por lo menos de 160.000 años y las más antiguas fuera de África - en Oriente Medio - son de 40.000 años después, alrededor de 120.000 años atrás. Desde esta zona, los humanos modernos se dispersaron por el Asia Tropical, y permanecieron restringidos a estas tres regiones durante 70.000 años más, hasta hace aproximadamente 50.000 años.[76]
Oceanía
La primera nueva gran masa terrestre en ser colonizada fue el Sahul, en Oceanía. El Sahul comprendía Nueva Guinea, varias masas de tierra que hoy son islas pequeñas, Australia y Tasmania, unidas todas entre sí en aquella época por puentes de tierra. El Sahul fue alcanzado por los seres humanos hace aproximadamente 50.000 años. Puesto que los colonizadores venían de Asia, su desplazamiento sigue un patrón de norte a sur y de las costas hacia el centro, reflejado en el registro fósil: primero ocuparon la actual Nueva Guinea y tierras adyacentes, luego Australia y por último Tasmania hace 41.000 años. Por su parte Nueva Zelanda, aislada por grandes extensiones de océano, permanecería deshabitada hasta la llegada de los maoríes hace aproximadamente 7 siglos.[2][34][54][77]
El Paleártico
La expansión de los seres humanos modernos hacia las zonas templadas de Eurasia comenzó hace más de 40.000 años, pero fue un proceso mucho más lento y largo que la conquista del Asia tropical y Oceanía, ya que los seres humanos parecen haber llegado a las zonas frías del gran continente eurasiático, como el norte de Siberia, hace menos de 20.000 años. Era la primera vez que los humanos modernos tenían que colonizar un continente contra un gradiente de temperatura -de un clima muy cálido a uno extremadamente frío - y posiblemente este factor esté detrás de que el proceso de expansión fuera tan largo.[33]
Las Américas

Una vez que los seres humanos modernos desarrollaron un acervo cultural y tecnológico que les permitía sobrevivir a los inviernos extremadamente fríos del Paleártico, alcanzaron el extremo este de Eurasia, desde donde tenían acceso libre a las Américas a través del puente de Beringia. América del Norte se alcanzó al menos 15.000 años atrás. En ese momento, la mitad septentrional de América del Norte todavía estaba cubierta por una gruesa capa de hielo, ya que la deglaciación no había terminado aún. En consonancia el avance a través de esta parte del continente parece haber sido lenta, pero la primera evidencia de que los seres humanos habían alcanzado las llanuras centrales de Norteamérica es de hace aproximadamente 13.500 años. En las Américas, y especialmente en América del Sur, la frontera de colonización parece haberse expandido a velocidades muy diferentes en diferentes direcciones. Las fechas arqueológicas más antiguas en Sudamérica son de Monte Verde, cerca de Puerto Montt, en el sur de Chile, de hace más de 14.000 años. Esta fecha parece coherente con la hipótesis de que la ruta de colonización más rápida fue a lo largo de la costa del Pacífico, que no presentaba obstáculos geográficos. Al este de la barrera biológica de los Andes, con una geografía más compleja y densos bosques, la expansión humana parece haber sido mucho más lenta que en la costa oeste.
Las islas
Los últimos lugares a los que llegaron los seres humanos fueron las islas de todo el mundo, ya que alcanzarlas solo se hizo posible tras el desarrollo de la navegación y la invención de embarcaciones eficientes, capaces de atravesar los mares. Las excepciones fueron actuales islas como Tasmania o el archipiélago de Japón, que eran penínsulas conectadas a los continentes en el Pleistoceno tardío y que fueron colonizadas a pie poco después de que los humanos llegaran a la masa continental principal. Las primeras verdaderas islas oceánicas que fueron alcanzadas por los seres humanos fueron las Antillas del Caribe en las Américas, hace tan solo unos 6.000 años. Las principales islas del Mediterráneo parecen haberse alcanzado poco después, y Wrangel, el hogar de los últimos mamuts, fue ocupada hace unos 3.700 años, coincidiendo con la extinción de la última población mundial estos animales.[49][79] Madagascar, a pesar de ser una de las islas más grandes del mundo, solo fue colonizada por los seres humanos hace 2.300 años. Finalmente, Nueva Zelanda fue la última gran masa terrestre del mundo en ser colonizada por los humanos, hace apenas 700 años.[1][77]
Correlación entre la llegada de los humanos y las extinciones masivas
La notable correlación entre estas fechas de llegada humana y las fechas de las extinciones en las diferentes masas terrestres en todo el mundo ha sido señalada por numerosos autores, siendo el primero en hacerlo el geólogo Paul S. Martin en 1967, cuando expuso su hipótesis basándose en que había una coincidencia temporal cada vez más evidente entre la expansión del Homo sapiens por el planeta y los eventos de extinción masiva que afectaban de forma casi exclusiva a la megafauna,[35][8][29] una extinción

de megafauna que además no había ocurrido nunca con anterioridad al evento de extinción del Cuaternario, ya que todas las extinciones masivas anteriores habían afectado también a infinidad de otros grupos de seres vivos y la estructura general de las comunidades de mamíferos había persistido durante más de medio millón de años antes de la llegada del ser humano moderno.[13]
Desde entonces esta correlación ha sido señalada por numerosos científicos como evidencia de que el hombre moderno fue el principal causante de la extinción.[1][2][6][7][9][10][11][12][13][14][15][16][17][18][19][20][21][22][36][80] Es a partir de 2013 cuando el trabajo estadístico de Araujo[33] inicia una nueva etapa en la que se desarrollan metodologías de análisis comparativos que permiten calcular la probabilidad de cada causa de extinción mediante modelos matemáticos y dataciones de alta precisión. El estudio de Araujo y otros posteriores de la misma naturaleza están estableciendo una metodología[13][81][82] que viene poniendo de manifiesto en los últimos años cómo la llegada del hombre es la causa más probable de extinción de la megafauna a nivel global y/o regional, con estudios específicos que así lo indican para Oceanía[25] Asia[12] Madagascar[40] y América del Norte[13] entre otras regiones, y en ocasiones con un posible efecto no sinérgico sino contributivo y secundario[1] de cambios climáticos/florísticos y erupciones volcánicas que pudieron acelerar el proceso desencadenado por nuestra especie, como en el caso de Sudamérica.[61][60] Si bien el cambio climático fue una causa contribuyente que ayudaría a explicar el proceso de extinción de ciertas especies, los impactos antropogénicos serían la causa necesaria que lo impulsó.[1]
Desarrollo y alcance de las extinciones de megafauna del Cuaternario tardío
En este evento de extinción masiva se han perdido 2/3 de todos los géneros de mamíferos y la mitad de la megafauna terrestre (con un peso mayor de 44 kilos) de la Tierra.[6][7]
- En América del Norte alrededor de 45 de los 61 géneros de grandes mamíferos acabaron extintos.
- En América Del sur 59 de 71.[58]
- En Australia 23 de los 24 géneros.[83]
- En Europa 21 de 37, todos los géneros de más de una tonelada.
- En Asia 24 de 46.
- En el África Subsahariana solo 8 de 50.
Asia tropical
Aunque tradicionalmente se ha incluido el Asia tropical como la segunda región junto al África subsahariana donde no ha habido extinciones masivas de megafauna, lo cierto es que esta zona ha sufrido pérdidas megafaunísticos muy notables que se han pasado por alto en muchos estudios porque no muestran un pico claro en el Cuaternario Tardío y porque algunas especies emblemáticas como el elefante asiático, el tigre o el rinoceronte indio han sobrevivido hasta nuestros días.[84][37]
Sin embargo el registro fósil muestra que toda la región, incluidas todas las islas grandes desde Indonesia a Nueva Guinea, y muchas más
islas pequeñas, albergaron más especies grandes de vertebrados y mucha más biomasa de megavertebrados en el Pleistoceno de las que albergan en la actualidad[86][87] con muchas especies viendo su rango de distribución original reducido a una mínima fracción a lo largo de los últimos 50.000 años —al 10% de su rango máximo de distribución en el Holoceno y aún más desde el Pleistoceno.[84] Además varias especies de megafauna se han extinguido durante el evento de extinción del Cuaternario tardío, varias de ellas como el elefante chino o el tapir gigante, ya en el Holoceno:
- Elefantes:
- Elefante de Naumann (Palaeoloxodon naumanni)[39][88][89]
- Elefante chino (Stegodon orientalis)[90][91]
- Elefante de Indonesia (Stegodon trigonocephalus)[90]
- Rinocerontes:
- Rinoceronte filipino (Rhinoceros philippinensis)[84]
- Rinoceronte chino (Rhinoceros sinensis)[90][91]
- Pangolín gigante asiático (Manis palaeojavanica)[84]
- Uro asiático (Bos primigenius primigenius)
- Equus sp.[90]
- Jabalí (Sus lydekkeri)[90]
- Orangután (Pongo sp.)[90]
- Tapir gigante (Megatapirus augustus)[90]
- Hiena manchada asiática (Crocuta crocuta ultima)[90][92]
- Hiena gigante (Pachycrocuta brevirostris)[90][93]
- Tortuga gigante de Timor (Megalochelys sp.)[38]
El Asia tropical soporta un episodio de extinción masiva en curso de megafauna que amenaza a las especies supervivientes.[94]
Japón
Durante los períodos glaciales, las actuales islas de Sajalín y Hokkaido estaban conectadas al continente asiático formando una península. Sin embargo, el estrecho de Tsugaru que separa Hokkaido y Honshu tiene unos 130 m de profundidad, similar a la profundidad del estrecho de Tsushima que separa la península coreana y el sur de la entonces península japonesa. Así, solo durante los máximos glaciales existiría una conexión terrestre entre las actuales islas de Hokkaido y Honshu. La mayor parte de la megafauna que desapareció durante el Pleistoceno Tardío y casi todas las pruebas actuales de dispersiones tempranas de homínidos en Japón se limitan a esa región meridional.[39] Japón fue colonizado por los humanos desde fechas tan tempranas como unos 50.000 años atrás,[39] aunque la fecha de 35.000 años es generalmente la más aceptada.[95] La megafauna que aparece con mayor frecuencia en los yacimientos estudiados son los mamutes, el elefante de Naumann y los ciervos gigantes asiáticos del género Sinomegaceros. A partir de las evidencias de caza directa y/o descuartizamiento encontrados en los fósiles de estos tres taxones, un estudio de 2009 dedujo que el proceso de extinción pasó por tres etapas en Japón:
• El proceso de extinción de Palaeoloxodon, Sinomegaceros y Mammuthus en Japón se inició ya tras la primera colonización humana del archipiélago japonés, hace menos de 50.000 años, como evidencian las interacciones humano-megafaunísticos halladas en yacimientos como Tategahana. Sin embargo, las dispersiones humanas iniciales en el archipiélago fueron probablemente de pequeña escala, como indican la baja densidad de yacimientos arqueológicos y la baja densidad de evidencias de interacción en cada uno de los yacimientos supuestamente fechados entre 50.000 y 30.000 años atrás.[39]
• Después del límite de 30.000 años, más de 5.400 yacimientos arqueológicos paleolíticos aparecen en Japón. Esto refleja directamente el aumento significativo de la densidad de población humana y la proporción de las islas utilizadas, lo que habría influido directa o indirectamente en los rangos de distribución locales de la megafauna. En estos yacimientos aparecen huesos de proboscídeos con marcas de corte y restos de puntas de cuarzo incrustados en ellos.[39]
• Muchas de las extinciones probablemente ocurrieron después de los 30.000 años y durante la transición MIS 3-2 (entre 30.000 y 20.000 años atrás), en lugar de durante la transición MIS 2-1 (entre 15.000 y 10.000 años atrás) y antes del advenimiento del período Jomon. De hecho, actualmente no hay yacimientos conocidos de Jomon que hayan dado evidencia de restos óseos de Palaeoloxodon, Mammuthus o Sinomegaceros.[39]
Sahul (Australia y Nueva Guinea)
Todos los mamíferos terrestres, reptiles y aves australianos que pesaban más de 100 kilogramos, y seis de los siete géneros con una masa corporal de 45 a 100 kilogramos, desaparecieron.[83] En total 23 de 24 géneros de megafauna devinieron extintos.[83] La determinación, tanto del momento de extinción de la megafauna como de la primera llegada humana a Sahul, ha sido polémica debido a la falta de datos fiables y sesgos introducidos por el efecto Signor-Lipps. Teniendo en cuenta estas deficiencias, los resultados de un estudio llevado a cabo en 2015 por 18 autores de diversas universidades con dataciones de alta fiabilidad[25] respaldaban las conclusiones generales de estudios previos[83][96] Los resultados fueron mucho más precisos gracias al uso de conjuntos de datos más diversos y ampliados que fueron rigurosamente analizados utilizando las herramientas analíticas más eficientes hasta la fecha.[25]
Se acepta generalmente que los seres humanos estaban presentes en la actual Australia hace unos 48.000 años.[97][98] La estimación de edad modificada de 55.600 años que obtenía el estudio de 2015 reflejaba la temprana colonización humana del norte de Australia,[96][99] pero los vacíos geográficos en datos de alta calidad impiden una interpretación fiable del patrón de dispersión humana a través de Sahul. Está claro, sin embargo, que los seres humanos estaban presentes en Tasmania hace unos 39.000 años[97] y en el centro árido de Australia unos 35.000 años atrás.[100]
La ventana de 13.500 años de coexistencia entre humanos y megafauna estimada es suficientemente amplia para que grupos de cazadores-recolectores se dispersaran y se establecieran a través de Sahul[101] extinguiendo muchas especies de megafauna sin una ola de extinción rápida y continental. Estos resultados no descartaron la posibilidad de una extinción masiva rápida por los humanos a escalas más locales o regionales.[102]
Se ha estimado que la caza de baja intensidad de especies con una tasa de reproducción baja (como la caza de un solo juvenil por persona por década) pudo resultar en que una especie se extinguiera después de unos pocos cientos de años de aprovechamiento.[34] Esta caza selectiva y de baja intensidad sería virtualmente imperceptible en el registro arqueológico, lo que junto a la pérdida tafonómica a lo largo del tiempo explica la ausencia de yacimientos de despiece. A pesar de ello en noviembre de 2016, se publica el primer hallazgo con pruebas de cacería humana de megafauna en Australia.[65] En el registro fósil de cabo Pasley, el colapso de la población megafaunística comenzó 2.000 años después de la fecha establecida para la dispersión humana en Australia en unos 47.000 años.[102]



Los modelos cuantitativos demostraban que incluso grupos pequeños de cazadores-recolectores que viven en un vasto continente y que utilizan tecnologías basadas en la piedra podían exterminar exitosamente especies con bajas tasas de reproducción, como los mamíferos de gran tamaño. Esta conclusión no podría ser apoyada por resultados basados solo en una lectura directa del registro fósil, ya que sería sesgada por el efecto Signor-Lipps no corregido.[103] Al incluir solo restos de megafauna y registros arqueológicos fiablemente datados en los modelos del estudio —y corrigiendo explícitamente el efecto Signor-Lipps— la duración de la coexistencia entre la megafauna humana y el ser humano pudo estimarse con un intervalo de confianza estadística mucho mayor que en estudios anteriores. El enfoque del estudio permitió así discriminar entre los diversos mecanismos de extinción propuestos para la última megafauna cuaternaria de Sahul y reveló que el cambio climático no fue un causante de la extinción continental de estos géneros.[25][104]
Un segundo estudio con dataciones de alta precisión venía a reforzar sus resultados en 2017.[102]
Entre la megafauna perdida en el evento de extinción están los siguientes taxones:
- Todos los miembros de la familia Diprotodontidae:
- Diprotodon optatum (ocupaban un nicho ecológico similar al de los proboscídeos en el resto del planeta, parientes gigantes de los wombats)[104]
- Diprotodon minor[105]
- Hulitherium tomasetti (un gran marsupial herbívoro)[84]
- Maokopia ronaldi (diprotodonto)[83]
- Rinoceronte marsupial (Zygomaturus trilobus)[83]
- Varios canguros gigantes de la familia Macropodidae:
- Ualabí gigante (Wallabia kitcheneri)
- Canguros gigantes de patas largas Macropus:
- Canguros gigantes de hocico corto del género Procoptodon:
- Procoptodon goliath[83]
- Procoptodon sp. indet.[83]


- Canguro omnívoro (Propleopus oscillans)[83]
- Ualabís gigantes del género Protemnodon:[104]
- Canguros gigantes del género Simosthenurus:[104]
- Canguros gigantes del género Sthenurus:
- Uombat gigante (Phascolonus gigas)[83]
- Phascolomys major[105]
- Phascolomys medius[105]
- Uombat (Vombatus hacketti)[83]
- Tapir marsupial (Palorchestes azcal)[83]
- Koala gigante (Phascolarctos stirtoni)[105]
- Rata canguro gigante (Borungaboodie hatcheri)[83]

- Equidna gigante (Megalibgwilia ramsayi)[83]
- Equidna gigante (Zaglossus hacketti)
- León marsupial Thylacoleo carnifex (un carnívoro del tamaño de los mayores felinos actuales)[104]
- Tigre de Tasmania (Thylacinus cynocephalus, extinto primero en Nueva Guinea, luego en Australia, y finalmente en Tasmania en el SXX)[83]
- Diablos de Tasmania gigantes:
- Ave gigante galliforme (Genyornis newtoni)[104]
- Ave gigante (Progura naracoortensis)[83]
- Varano gigante (Varanus priscus o Megalania prisca)[104]
- Todas las tortugas terrestres gigantes del género Meiolania sp.[83]
- Tortuga terrestre gigante (Ninjemys oweni)[83]
- Todos los cocodrilos del género Paludirex sp.[83]
- Cocodrilos terrestres del género Quinkana sp.[83]
- Serpiente constrictora (Wonambi naracoortensis)[83]
Europa y el Asia Paleártica

A lo largo del Pleistoceno medio y superior la fauna europea experimentó repetidas expansiones y contracciones alternas en sus rangos de distribución, con las fases frías favoreciendo un conjunto de especies y las templadas el otro. En cada etapa fría los animales interglaciales retrocedieron al sur de Europa, y recolonizaron Europa central y septentrional en las etapas cálidas.[106] Por el contrario, especies extendidas en las fases frías, se retiraron hacia el norte y/o hacia la estepa, o a altitudes más altas durante los interglaciales. Este ciclo se interrumpió repentinamente en los últimos 50.000 años aproximadamente, coincidiendo con un incremento sin precedentes de las extinciones megafaunísticas.[106]
En consonancia con el lento avance del Homo sapiens en el Paleártico, las extinciones paleárticas de megafauna aparecen más dispersas en el tiempo, presentando tres pulsos principales, uno en la Eurasia holártica meridional, el segundo en la Eurasia holártica septentrional, y el tercero y último en las islas mediterráneas y siberianas.[107] En la mitad sur, la zona más próxima a la cuenca mediterránea, varias especies de megafauna como el elefante europeo o el hipopótamo común desaparecieron de tierras continentales hace entre 45.000 y 20.000 años, sobreviviendo remanentes de elefantes, hipopótamos y otras especies de megafauna en las islas mediterráneas, que no serían alcanzadas por el hombre hasta mucho después, con el desarrollo de la navegación.[53][6] Las extinciones en masa en latitudes septentrionales constituyeron el segundo pulso y llegaron miles de años después, de 14.000 a 9.000 años atrás, de nuevo con poblaciones remanentes de mamut lanudo en la Isla de Wrangel que sobrevivieron hasta hace 3.800 años, coincidiendo con los primeros restos humanos.[49]
La colonización de Eurasia fue el único momento en la dispersión del Homo sapiens en el que los humanos paleolíticos, hasta entonces una especie completamente tropical, se vieron obligados a avanzar frente a ambientes cada vez más fríos a medida que expandían sus poblaciones hacia latitudes más altas. Las fechas de primera aparición del ser humano en Rusia Central y Europa tienen más de 45 mil años de antigüedad, unos 30.000 años más antiguas que las de Bering y casi 20.000 años más que las primeras fechas humanas en el Ártico.[108] En consecuencia, Surovell en 2009,[26] después de corregir el sesgo tafonómico, encontró evidencias de que los mamuts sufrieron un largo proceso de progresivo enrarecimiento hasta la extinción, correlacionado con el aumento de las densidades humanas.[26] Así, el largo proceso de poblamiento de Eurasia septentrional contra el gradiente de frío puede haber permitido una mayor brecha temporal entre las primeras fechas de aparición de los humanos modernos y las últimas fechas de aparición de la megafauna. Otro factor que probablemente influyó en que las extinciones fueran más lentas en Eurasia es la coexistencia de la megafauna con especies de Homo anteriores durante varios miles de años antes de la llegada de los humanos modernos.[1][109] Homo heidelbergensis y Homo neanderthalensis habían estado presentes allí durante cientos de miles de años antes de la diáspora de los humanos modernos a Eurasia y ya cazaban megafauna.[110] Así, similar a lo ocurrido en África, la coevolución posiblemente concedió a los animales grandes una cierta resistencia a la caza por humanos, aunque insuficiente para evitar la extinción de 21 de sus 37 géneros de megafauna tras la llegada del Homo sapiens,:

- Mamut lanudo (Mammuthus primigenius)
- Elefante europeo (Palaeoloxodon antiquus)
- Rinoceronte lanudo (Coelodonta antiquitatis)
- Rinoceronte de Merk (Stephanorhinus kirchbergensis).
- Rinoceronte de hocico estrecho (Stephanorhinus hemiotoechus)
- Rinoceronte elasmoterio (Elasmotherium sibiricum)
- Hipopótamo africano (Hippopotamus amphibius).[111]
- Hipopótamo europeo (Hippopotamus antiquus)
- Ciervo gigante (Megaloceros giganteus)
- Ciervo gigante (Eucladoceros)
Cráneo fósil del ciervo gigante Eucladoceros, género de ciervos gigantes europeos extintos en el evento de extinción del Cuaternario. - Alce de frente ancha (Cervalces latifrons)
- Bisonte de estepa (Bison priscus)[112]
- Bisonte europeo (Bison bonasus, extinto en estado salvaje en el SXX)[113]
- Toro etrusco Leptobos sp.
- Uro (Bos primigenius primigenius)[114]
- Buey almizclero (Ovibos moschatus, extinto en Eurasia)
- Tarpán (Equus ferus ferus)
- Asno europeo (E. hydruntinus)

Elasmotherium, rinoceronte de un solo cuerno extinto en Eurasia en el evento de extinción del Cuaternario. - Antílope de cuernos de tornillo Spirocerus kiakhtensis[115]
- Gacela persa Gacela subgutturosa
- Camello europeo, (Camelus knoblochi)[116]
- Nutria robusta europea (Cyrnaonyx)
- Nutria mediterránea (Algarolutra)
- Leopardo europeo (Panthera pardus spelaea)
- Cuón alpino europeo (Cuon alpinus europaeus)
- Gato cimitarra (Homotherium sp.)

Homotherium desapareció de Eurasia y Norteamérica a finales del Pleistoceno, en el evento de extinción del Cuaternario. - Lynx issiodorensis
- Lince mediterráneo (Lynx spelaeus)[117]
- León de las cavernas (Panthera leo spelaea)
- Hiena de las cavernas (Crocuta crocuta spelaea)
- Osos Ursus:
- Oso de Gamssulzen (Ursus ingressus)[118]
- Oso de las cavernas menor (Ursus rossicus)
- Oso de las cavernas (Ursus spelaeus)
- Oso polar gigante (Ursus maritimus tyrannus)
- Avestruz asiático (Struthio asiaticus)[119]
América del Norte

En América del Norte, el proceso de extinción fue comparativamente "rápido", las poblaciones megafaunísticas se derrumbaron a lo largo de casi 1000 años, de 14.800 a 13.700 años atrás, durante el período cálido de BøllingAllerød.[56] La mayoría de las extinciones finales tuvieron lugar entre 13.000 y 11.500 años atrás,.[120] De nuevo, algunos géneros sobrevivieron hasta tiempos más recientes, como los mastodontes, cuyos últimos registros, en la región de los Grandes Lagos, datan de hace 9.900 años.[121]
La megafauna norteamericana antes de la extinción era extremadamente rica y bastante similar a la fauna actual de África.[122] Entre otros, había mamuts lanudos, mamut colombinos, mastodontes, perezosos gigantes, camellos americanos, caballos y bisontes, incluyendo el enorme bisonte de cuernos largos. Además, América del Norte fue el hogar de una fauna carnívora excepcionalmente rica, incluyendo el oso gigante, el tigre dientes de sable, el gato cimitarra, dos leones (Panthera atrox y Panthera spealea), lobos gigantes y guepardos americanos. Las extinciones en las Américas supusieron la eliminación de todas las especies de mamíferos por encima de los 1000 kg, incluyendo los que habían emigrado desde América del Sur en el Gran Intercambio americano. En América del Norte, la aparición del pulso de extinción principal y la primera aparición de los paleoamericanos Clovis son virtualmente indistinguibles en el tiempo.[6][11][13][20]
Los anteriores pulsos de extinción ocurridos en Norteamérica no fueron comparables al de la extinción cuaternaria, porque no afectaron de forma casi exclusiva a la megafauna, e implicaron principalmente reemplazos de especies dentro de nichos ecológicos, mientras que el último resultó en que muchos nichos ecológicos quedaran por primera vez vacíos. Los animales que aparecen con mayor frecuencia en los puntos de descuartizamiento de los Clovis son los proboscídeos, de donde se deduce que mamutes y mastodontes fueron su principal presa.[17] Un estudio de 2008 sobre los restos Clovis aplicó modelos matemáticos para elaborar un análisis comparativo y poder así cuantificar qué suponía que el 18% de los restos conocidos de esta cultura presentaran evidencias de caza activa en comparación con otros hallazgos en yacimientos de todo el planeta. El análisis descubrió que el registro de los Clovis mostraba de hecho que estos cazadores tenían la frecuencia más alta registrada hasta la fecha de explotación prehistórica de proboscídeos como fuente de alimento de todo el mundo, junto con los cazadores de la península ibérica.[17]
Las extinciones de América del Norte incluyeron:








- Todos los elefantes de la familia Gomphotheriidae:
- Todos los mamuts:
- Mamut lanudo (Mammuthus primigenius)
- Mamut colombino (Mammuthus columbi)
- Mamut pigmeo (Mammuthus exilis)
- Mastodonte americano (Mammut americanum)
- Todos los équidos:
- Equus alaskae
- Caballo mexicano (Equus conversidens)
- Equus francisci
- Tarpán (Equus ferus ferus)
- Equus fraternus
- Equus giganteus
- Asno salvaje del Yukón (Equus lambei)
- Caballo occidental (Equus occidentalis)
- Equus semiplicatus
- Caballo de Hagerman (Equus simplicidens)
- Caballo de Scott (Equus scotti)
- Tapir de California (Tapirus californicus)
- Tapir de Merriam (Tapirus merriami)
- Tapirus veroensis
- Camello occidental (Camelops hesternus)
- Llama norteamericana (Hemiauchenia)
- Llama de patas gruesas (Paleolama)
- Antílope Capromeryx
- Antílope Stockoceros
- Antílope Tetrameryx
- Ciervo de montaña americano (Odocoileus lucasi)
- Ciervo-alce (Cervalces scotti)
- Buey de los arbustos (Euceratherium collinum)
- Búfalo americano (Bootherium bombifrons)
- Cabra de montaña de Harrington (Oreamnos harringtoni)
- Bisonte gigante (Bison latifrons)
- Bisonte occidental (Bison occidentalis)
- Castores gigantes (Castoroides ohioensis y Castoroides leiseyorum)
- Saiga (Saiga tatarica, extinto en Norteamérica)
- Tortugas gigantes (Hesperotestudo sp. y Gopherus donlaloi)
- Todos los buitres gigantes teratornítidos (Teratornithidae):
- Gymnogyps amplus
- Buitres del Nuevo Mundo del género Breagyps sp.
- Buitres del Nuevo Mundo del género Neogyps sp.
- Vaca marina de Steller (Hydrodamalis gigas)
- Neochoerus (como el capibara de Pickney, N. pinckneyi)
- Hutias gigantes (Heptaxodontidae)
- Pika gigante (Ochotona whartoni)
- Todos los perezosos gigantes:
- Todos los armadillos gigantes:
- Glyptotherium
- Doedicurus
- Armadillo bello (Dasypus bellus)
- Pampathéridos (como el género Holmesina)
- Mofeta de hocico corto (Brachyprotoma obtusata)
- Osos de cara corta (Arctodus simus y Arctodus pristinus, unos de los mayores mamíferos carnívoros terrestres de todos los tiempos)
- Oso de las cavernas de Florida (Tremarctos floridanus)
- Gato cimatarra (Homotherium serum)
- Tigre de dientes de sable (Smilodon fatalis)
- Guepardo americano (Miracinonyx)
- León americano (Panthera atrox)
- León de las cavernas (Panthera leo spelea)
- Tigre siberiano (Panthera tigris altaica)
- Jaguar norteamericano del Pleistoceno (Panthera onca augusta distribución semirecolonizada por otra subespecie)
- Margay (Leopardus weidii, extinto localmente)
- Ocelote (Leopardus pardalis, extinto localmente, área de distribución recolonizada marginalmente)
- Cuón (Cuon alpinus)
- Lobo gigante (Canis dirus)
- Coyote del Pleistoceno (Canis latrans orcutti)
- Pecarí de cabeza plana (Platygonus)
- Pecarí de nariz larga (Mylohyus)
- Pecarí de collar (Pecari tajacu, extinto localmente, área reconolizada parcialmente)
América del Sur







Tomando las fechas de radio-carbono en su valor nominal y asumiendo que el desfase entre la última desaparición datada y la desaparición final real es similar a través de taxones y continentes, el pulso de extinción comenzó en América del Sur unos 1000 años después de que los humanos llegaran por primera vez al continente.[6] En América del Sur, las extinciones se extendieron a lo largo de un período de tiempo más largo que en América del Norte, desde aproximadamente 13.000 años atrás hasta hace 7.800 años.[60] Esto supone que, aunque hay un considerable solapamiento de tiempos entre los continentes, muchas de las extinciones sudamericanas tuvieron lugar después de que el proceso se hubiera completado en su mayoría en Norteamérica.[6]
La megafauna sudamericana incluía al menos dos especies de elefantes de los géneros Haplomastodon y Cuvieronius, tigres dientes de sable, y una rica diversidad de perezosos de las familias Megatheridae, Megalonychidae, Milodontidae y Nothotheridae. Los perezosos más grandes de los géneros Megatherium y Eremotherium eran animales gigantescos y lentos que podían pesar más de cinco toneladas. El tamaño medio de la megafauna sudamericana era más grande que el de la megafauna africana.[58] Había grandes herbívoros nativos similares a los hipopótamos llamados toxodontes (Toxodon platensis), muchos gliptodontos gigantescos parecidos a los armadillos, y una rica diversidad de herbívoros con pezuñas, incluyendo caballos y animales tan peculiares como Macrauchenia. Aunque hoy en día América del Sur es relativamente pobre en megafauna —los tapires, los camélidos, los jaguares y los ciervos de pantanal son los pocos mamíferos grandes que quedan— esto no era así ante de la extinción, cuando contaba con una de las megafaunas más variadas y grandes del planeta.[60]
Los taxones extintos en el Cuaternario tardío fueron:
- Todos los elefantes sudamericanos:
- Elefantes del género Cuvieronius
- Elefantes del género Stegomastodon (=Haplomastodon)[125]
- Dientes de sable Smilodon fatalis
- Dientes de sable Smilodon populator
- Jaguar sudamericano del Pleistoceno Panthera onca mesembrina
- Jaguar Panthera onca augusta
- Osos sudamericanos Arctotherium
- Vampiro gigante Desmodus draculae
- Lobo gigante Canis dirus
- Cánido argentino Theriodictis platensis
- Cánidos Protocyon
- Zorros sudamericanos Dusicyon avus y Dusicyon cultridens
- Zorro vinagre del Pleistoceno Speothos pacivorus
- Armadillo Pachyarmatherium
- Armadillo Dasypus bellus
- Ciervo Antifer
- Agalmaceros[126][127]
- Camelidae
- Perezosos gigantes:
- Mylodontidae
- Megatheriidae
- Nothrotheriidae
- Megalonychidae
- Proplatyarthrus
- Valgipes gervais et Valgipes bucklandi[128]
- Armadillos gigantes Glyptodontidae
- Doedicurus
- Eleutherocercus
- Glyptodon
- Heteroglyptodon[129]
- Hoplophorus
- Lomaphorus
- Neosclerocalyptus
- Neuryurus[130]
- Panochthus
- Parapanochthus[131]
- Plaxhaplous
- Sclerocalyptus
- Armadillos gigantes Pampatheres (e.g. Holmesina, Pampetherium et Tonnicinctus)[132]
- Armadillos gigantes Eutatus
- Propaopus[133]
- Neochoerus
- Equidae
- Toxodón Toxodon
- Mixotoxodon
- Liptopterna
- Mesotheriidae
- Caiman venezuelensis
Las Antillas

Las Antillas tenían antes de su extinción masiva, una megafauna muy diversa y similar a la continental en las Américas, y constituyen —junto a las islas mediterráneas, la Isla de Wrangel, la de Saint Paul, y Madagascar—, uno de los ejemplos más evidentes de cómo las extinciones masivas de megafauna ocurrieron miles de años más tarde en las islas que en los continentes, aun cuando a menudo albergaban las mismas especies, géneros o familias que se habían extinguido en tierra firme.
En el caso de las Antillas, el grupo más estudiado hasta la fecha es el de los perezosos gigantes, que se extinguieron miles de años después que los perezosos continentales. Cuando se examinan los depósitos más jóvenes de estiércol fósil de perezoso gigante, los de América del Sur son solo dos siglos más antiguos que los más recientes de América del Norte.[28] Los restos de perezosos gigantes están ausentes de los abundantes depósitos de fósiles del Holoceno en ambos continentes. En Cuba y Haití, por el contrario, 8 de las 13 fechas de C14 son del Holoceno en lugar del Pleistoceno, con dos de ellos de hace solo 5.000 años.[28]
Los yacimientos arqueológicos más tempranos de estas islas no han sido estudiados todavía intensivamente, pero varios emplazamientos han producido artefactos líticos (especialmente grandes hojas de chert) asociados con dataciones de C14 tan antiguas como 5.500 años.[28]
Las islas mejor estudiadas hasta la fecha son La Española y Cuba, donde se han descrito varias especies de megafauna destacando sus perezosos gigantes y varias rapaces gigantes.
Entre los taxones extintos se encuentran los siguientes:
- Todos los perezosos gigantes:
- Búho gigante cubano (Ornimegalonyx)
- Cóndor cubano (Gymnogyps varonai)
- Caracara sp.
Islas mediterráneas
La cuenca mediterránea incluye unas 370 islas (exceptuando islotes menores de 0,1 km²). Cerca de 300 de ellas son pequeñas islas (entre 0,1 y 100 km²). Junto con las 36 islas medianas (100 a 1000 km²), estas islas de tamaño discreto están situadas en su mayor parte cerca del continente o de las grandes costas insulares, a cuyas masas terrestres estaban unidas hasta el final de la última transgresión marina. Por otra parte, pocas de ellas han dado suficientes datos paleontológicos para una reconstrucción fiable de la historia de las relaciones hombre-animal.[53] Por estas razones, la mayoría de los estudios respecto a la megafauna y su extinción se han centrado en las grandes islas (más de 1000 km²), y especialmente en las que han permanecido completamente separadas del continente al menos desde el comienzo del Pleistoceno Superior. Durante los últimos 130.000 años, estas islas verdaderas no pudieron ser alcanzadas por especies de vertebrados no voladores o acuáticos. Solo hay seis islas que cumplan con estas características, repartidas entre las áreas oriental y occidental de la cuenca: Chipre, Rodas, Creta, Cerdeña, Córcega y Mallorca, aunque los datos de Rodas y Creta son aún demasiado escasos para extraer conclusiones respecto a las causas de su extinción.[53] Habiendo estado aisladas durante mucho tiempo en el Pleistoceno, todas estas islas fueron habitadas durante el último periodo glaciar por una megafauna muy diversa y extremadamente endémica, generalmente compuesta por ciervos, hipopótamos y elefantes,[53][134] y algunos roedores y búhos gigantes.[53][135]

Con los conocimientos actuales, se considera que Homo sapiens no colonizó las grandes islas mediterráneas verdaderas antes del noveno milenio.[53] Se sabe que los elefantes habitaban hasta el Holoceno en numerosoas islas del Mediterráneo gracias a su capacidad para nadar grandes distancias utilizando la trompa a modo de esnórquel. Antes de que los humanos desarrollaran la navegación y alcanzaran las islas mediterráneas en el Holoceno, había varias especies de elefantes, mamutes e hipopótamos repartidos por la mayoría de las islas mediterráneas: Sicilia,[136] Malta,[137] Chipre,[138] Creta,[139] Tilos,[140] Cos,[141] Imbros,[142] Serifos,[143] Citnos,[144] Delos,[145] Naxos,[145] Citera,[144] y Rodas.[146] El último elefante enano, Elephas tiliensis o Palaeoxodon tiliensis, podría haber sobrevivido hasta tiempos históricos en Tilos, hasta hace 4000 años según las dataciones e incluso hasta unos 3500 años atrás según han apuntado algunos autores a partir de una pintura en la tumba del visir de Tutmosis III y Amenhotep II (del periodo de 1470 a 1445 AC).[52][147]
• Cerdeña

El Holoceno de Cerdeña está entre los peor documentados de las islas mediterráneas, debido a la escasa cantidad de restos faunísticos en las excavaciones arqueológicas, aunque a veces estos yacimientos sean numerosos, especialmente para la Edad de Bronce nurágica y la Antigüedad Clásica. El periodo glacial tardío, el Holoceno temprano y el Neolítico temprano son respectivamente conocidos únicamente por un yacimiento. Sin embargo la cueva de Corbeddu ha dado la secuencia estratigráfica y las asociaciones óseas más importantes para el periodo glacial tardío y el Holoceno temprano en las islas del Mediterráneo.[148][149][150] Una verdadera colonización del Pleistoceno superior seguramente habría producido una rápida extinción del ciervo gigante sardo Megaloceros cazioti, pero este todavía es abundante en el estrato correspondiente al noveno milenio de la cueva de Corbeddu.[53] Para Jean-Dennis Vigne, la cueva de Corbeddu debe ser considerada como un indicador fiable de la ausencia de seres humanos en Cerdeña durante el Paleolítico Tardío, de su aparición durante los milenios 9º-8º ya en el Holoceno, y probablemente de la persistencia de la megafauna endémica hasta ese momento, considerándose la causa probable de su extinción la llegada del hombre.[53] Cynotherium sardous y Megaloceros cazioti todavía están presentes en los niveles del 9º-8º milenio en la Cueva de Corbeddu, y por lo tanto asociados con los primeros huesos humanos de Cerdeña.[148][149][150] Sin embargo, ya están completamente ausentes del refugio mesolítico de Porto Leccio, del octavo milenio.[53] El gamo Dama dama ha sido sugerido como elemento megafaunístico para la Edad del Bronce.[151] La especie está atestiguada con seguridad durante la Baja Edad Media[152] y se extinguió en 1968.[151]
• Córcega
Con cerca de 100 conjuntos faunísticos y cerca de 200.000 huesos de mamíferos identificados, Córcega es probablemente la isla mediterránea mejor documentada para el Holoceno. Megaloceros cazioti y Cynotherium sardus son los únicos dos grandes mamíferos conocidos del Pleistoceno Superior de Córcega.[53] Los datos estratigráficos de la cueva de Grltulu han demostrado que este ciervo y cánido endémicos del archipiélago sardo-corso, sobrevivieron en Córcega hasta el final del glacial tardío, posiblemente hasta el comienzo del Holoceno, pero ya están completamente ausentes de las capas culturales del octavo milenio.[53] Numerosos datos paleontológicos, biológicos y arqueozoológicos indican que el muflón corso actual desciende de la feralización de las ovejas del Neolítico introducidas en Córcega por el hombre. De nuevo, los taxones endémicos del Pleistoceno se extinguieron durante el Holoceno.[53] Todas las especies corsas modernas se originaron en el continente europeo cercano.[53]
• Chipre
Para Chipre los datos más tempranos provienen del refugio del Holoceno temprano de Akrotiri Aetokremnos, que está considerado por los excavadores como un yacimiento de descuartizamiento de megafauna endémica.[138][153] Akrotiri Aetokremnos proporciona evidencias de la presencia de seres humanos en Chipre hace 9.000 años, y también indicios de la extinción de toda la megafauna endémica y nativa alrededor de ese periodo. Además hay datos del yacimiento pre-cerámico temprano de Shilourokambos descubierto en los 90,[154] fechado entre el final del noveno milenio y la primera mitad del octavo.[53] Para los períodos del Calcolítico y la Edad de Bronce, numerosos análisis fiables han proporcionado datos recientes que atestiguan que la fauna del Neolítico antiguo seguía presente en la isla, junto con algunas nuevas especies (ganado doméstico y équidos, pequeños mamíferos ...).[53] El elefante Palaeoloxodon cypriotes y el hipopótamo Hippopotamus minor, ambas especies endémicas de Chipre,[155] han sido mencionadas en los yacimientos de Akrotiri Aetokremnos, posiblemente asociadas con la ocupación humana más temprana en Chipre, durante el noveno milenio.[53]
• Mallorca
La historia de la relación entre el hombre y los mamíferos en Mallorca muestra el mismo tipo de desarrollo que en las otras grandes islas: las 3 especies endémicas nativas se extinguieron durante el Holoceno tras los primeros asentamientos humanos.[53] Myotragus balearicus es el único megamamífero nativo de una isla mediterránea que sobrevivió a la primera colonización humana. Está bien atestiguado en las capas de Son Matge a lo largo del período de asentamiento temprano, y está claramente ausente de las capas pretalayóticas del mismo yacimiento y de depósitos posteriores.[53]

Entre las especies extintas en las islas mediterráneas están:
- Ciervo enano de Creta (Candiacervus)
- Ciervo gigante de Corcega y Cerdeña Megaloceros cazioti
- Praemegaceros
- Cabra balear de las cavernas (Myotragus balearicus)
- Lirón gigante balear (Hypnomys sp.)
- Lirón gigante de Malta y Sicilia (Leithia sp.)[156]
- Nutria gigante de Cerdeña (Megalenhydris barbaricus)
- Nutria enana de Cerdeña (Sardolutra)
- Perro silvestre de Cerdeña (Cynotherium sardous)
- Mochuelo gigante cretense (Athene cretensis)
- Todos los hipopótamos enanos:
- Hipopótamo enano de Chipre (Hippopotamus minor)
- Hipopótamo enano de Sicilia (Hippopotamus petlandi)
- Hipopótamo enano de Malta (Hippopotamus melitensis)
- Todos los elefantes enanos:
Islas de Wrangel y Saint Paul
Wrangel es una isla rusa situada en el océano Ártico que estuvo unida a Beringia hasta hace 12.000 años, y actualmente tiene una superficie de 7680 km².[31] La isla de Saint Paul es la más grande de las islas Pribilof, un grupo de cuatro islas volcánicas de Alaska ubicadas en el Mar de Bering, entre los Estados Unidos y Rusia, tiene unos 100 km². Las islas de Wrangel y Saint Paul son conocidas por ser las últimas masas de tierra que albergaron poblaciones conocidas de mamut lanudo, hace 3.800 y 5000 años respectivamente. Estas fechas contrastan con las dataciones más recientes de mamut lanudo en tierras continentales, fechadas en unos 9.000 años atrás, con lo que hay más de 5 milenios de diferencia entre las fechas de la extinción en el continente y la isla rusa.[31] En el caso de la Isla de Wrangel los primeros yacimientos arqueológicos de Homo sapiens coinciden con los últimos restos de mamut lanudo.[49][79]
Madagascar
La flora y la fauna de Madagascar han seguido una trayectoria evolutiva aislada durante al menos 88 millones de años[157] para producir algunas de las plantas y animales más inusuales en el mundo con niveles extremadamente altos de endemismo.[158] Esta isla continental fue también una de las últimas grandes masas de tierra en ser colonizadas por los seres humanos,hace 2300 años.[159] Al final de un periodo que va de 1400 a 500 años atrás, toda la megafauna endémica de Madagascar había desaparecido. Estos grandes "subfósiles" no eran antepasados de las especies existentes sino que formaban parte de la fauna contemporánea.[160]
Hasta los años 80 del pasado siglo, varios autores defendían que la megafauna de Madagascar había desaparecido por cambios climáticos, alegando que no había evidencias de descuartizamiento en los restos encontrados. A día de hoy ya se han encontrado evidencias confirmadas de que hubo aprovechamiento por parte de los humanos de casi todos los grupos de megafauna —en ocasiones en restos datados inmediatamente después de la llegada del Homo sapiens— como es el caso de los lémures gigantes, los hipopótamos pigmeos o las aves elefante.[63][64] A esta extinción masiva le siguió la conversión del mosaico de bosques y sabanas arboladas en bosques de dosel cerrados y praderas depauperadas de especies.[57] Como consecuencia de la extinción de la megafauna, Madagascar ha perdido comunidades ecológicas enteras,[161] y al menos 34 especies de grandes vertebrados malgaches, entre ellas:
- 3 hipopótamos pigmeos (Hippopotamus)
- Los 17 lémures gigantes conocidos hasta la fecha, pertenecientes a 9 géneros:
- Palaeopropithecus
- Archaeoindris
- Babakotia
- Mesopropithecus
- Megaladapis, el último lémur gigante, Megaladapis edwardsi, fue visto todavía vivo por el gobernador francés, Etienne de Flacourt (Flacourt, 1658)
- Hadropithecus
- Archaeolemur
- Pachylemur
- Daubentonia
- Cerdo hormiguero malgache (Plesiorycteropus)
- Fosa gigante (Cryptoprocta)
- 8 especies de aves elefante pertenecientes a dos géneros:
- Cocodrilo gigante (Voay)
- 2 tortugas gigantes (Aldabrachelys):
Nueva Zelanda

Como en el caso de Madagascar, Nueva Zelanda se separó de Gondwana hace más de 80 millones de años, llevando consigo una fauna y flora únicas y muy arcaicas.[77] La extinción de los moas y resto de megafauna de Nueva Zelanda siguió a la llegada de los seres humanos a finales del siglo XIII y fue una de las últimas extinciones masivas de megafauna del Cuaternario Tardío,[162] siendo el archipiélago de Nueva Zelanda la última gran masa de tierra colonizada por los humanos. Nueva Zelanda albergó un conjunto diverso de megafauna aviar.[77][163][164] La consecuencia de la llegada de los humanos fue la pérdida del 41% de las especies de aves endémicas de las islas.[77] Alrededor de 49 especies de aves (el 51%) de la Isla Norte han desaparecido, junto con 53 especies (47%) de la Isla Sur, y otras 30 están en peligro, de las cuales muchas sobreviven actualmente únicamente porque reciben un manejo activo y costoso.[77] La fauna de Nueva Zelanda que sobrevivió a la extinción masiva lo hizo en buena parte porque las pequeñas islas de la costa proporcionaron el último refugio para muchas especies.[77] Entre las especies extintas se encontraban nueve especies de moa:[165] pájaros gigantes sin alas que variaban en tamaño desde los 12 kg de Euryapteryx curtus a las hembras de unos 250 kg de las dos especies de Dinornis.[77]
Los moas habitaron una variedad de hábitats en todo el archipiélago de Nueva Zelanda hasta su extinción poco después de la llegada de los colonos polinesios, estimada aproximadamente a finales del siglo XIII.[163][77][162] La abundancia de yacimientos arqueológicos bien conservados que contienen pruebas de la explotación a gran escala de moa[166] desecha la controversia del papel de los seres humanos en el evento de extinción, a pesar de lo cual algunos autores aún atribuyen su causa a cambios climáticos, a pesar de que en los últimos 700 años el clima de Nueva Zelanda no ha cambiado.[162] Por otra parte, sí hubo cambios climáticos anteriores sustanciales, que no causaron extinciones.[77] La evidencia de que las aves fueron sacrificadas como alimento es tan abundante que los huesos de algunos yacimientos arqueológicos fueron transportados en tren para ser usados como fertilizantes.[77] La evidencia más sólida de que tras la llegada de los humanos hubo un rápido declive de estas especies es que solo los primeros asentamientos humanos contienen huesos de moa, mientras que ya son raros o inexistentes en los yacimientos de un siglo después al primer asentamiento.[77]
Entre las especies extintas en el evento de extinción del Cuaternario en Nueva Zelanda están las siguientes:


- Águila gigante de Eyles (Circus eylesi)
- Águila gigante de Haast (Harpagornis moorei)
- Todos los moas:
- Moa de los arbustos (Anomalopteryx didiformis)
- Moa de pico ancho de la Isla Norte (Euryapteryx curtus)
- Moa de pico ancho de la Isla Sur (Euryapteryx geranoides)
- Moa crestado (Pachyornis australis)
- Moa elefante (Pachyornis elephantopus)
- Moa de Mappin (Pachyornis mappini)
- Moa oriental (Emeus crassus)
- Moas gigantes del género Dinornis sp.
- Moa gigante de la Isla Sur (Dinornis robustus)
- Moa gigante de la Isla Norte (Dinornis novaezealandiae)
- Moa de pies pesados (Pachyornis elephantopus)
- Moa de las tierras altas (Megalapteryx didinus)
- Ganso gigante de la Isla Norte (Cnemiornis gracilis)
- Ganso gigante de la Isla Sur (Cnemiornis calcitrans)
- Adzebill de la Isla Norte (Aptornis otidiformis)
- Adzebill de la Isla Sur (Aptornis defossor)
- Pato de Finsch (Chenonetta finschi)
- Pato almizclero neozelandés (Biziura delautouri)
- Gallineta de Hodgen (Gallinula hodgenorum)
- Cuervo de Nueva Zelanda (Corvus antipodum)
- Egotelo gigante de Nueva Zelanda (Aegotheles novaezelandiae)
- Takahe de la Isla Norte (Porphyrio mantelli)
- Huia (Heteralocha acutirostris)
- Rascón gigante de Hawkins (Diaphorapteryx hawkinsi)
Otras islas




A medida que las técnicas de navegación se hicieron más eficientes y permitieron alcanzar todas las islas del planeta, numerosas extinciones de megafauna tuvieron lugar en los archipiélagos más remotos. Los registros históricos de los siglos XVII al XIX indican que numerosas especies de tortugas gigantes se extinguieron en muchas islas del Océano Índico occidental y el Pacífico oriental durante este período por causa de la caza excesiva.[170] Igualmente, otras especies de reptiles gigantes y muchas aves no voladoras que habían evolucionado sin depredadores terrestres, fueron víctimas de la caza insostenible y los cambios en los ecosistemas causados por la llegada del hombre a otras islas del Pacífico, primero de los colonizadores polinesios y luego de los europeos. Entre las especies extintas están las siguientes:
- Todas las tortugas gigantes cornudas del género Meiolania (extintas en varias islas del Pacífico entre 3000 y 2000 años atrás, tras la llegada del hombre):[167][168]
- Todas las tortugas gigantes del género Cylindraspis:
- Tortuga gigante de Rodrigues con caparazón de silla de montar Cylindraspis vosmaeri (extinta hacia 1795 por caza excesiva en la isla Rodrigues)[57]
- Tortuga gigante de Rodrigues Cylindraspis peltastes (extinta hacia 1795 por caza excesiva en la isla Rodrigues)[57]
- Tortuga gigante de Mauricio con caparazón de silla de montar Cylindraspis triserrata (extinta por caza excesiva en Mauricio hacia 1725 y en islas adyacentes alrededor de 1845)[171]
- Tortuga gigante de Mauricio Cylindraspis inepta (extinta por caza excesiva en Mauricio hacia 1725 y en islas adyacentes alrededor de 1845)[171]
- Tortuga gigante de Reunión Cylindraspis indica (extinta por caza excesiva en Reunión hacia 1840)[172]
- Tres tortugas gigantes de las Galápagos:
- Tortuga gigante de Pinta Chelonoidis abingdonii (extinta por caza excesiva en la isla de Pinta, su último ejemplar conocido fue Solitario George, muerto en 2012, aunque se está estudiando la existencia de individuos híbridos)[173][174]
- Tortuga gigante de Floreana (Chelonoidis elephantopus extinta 15 años después de la vista de Darwin en 1835)[175]
- Tortuga gigante de Fernandina (Chelonoidis phantastica, extinta en 1906 por un ritmo de caza insostenible)[176][177][175]
- Iguana gigante de Fiyi Lapitiguana impensa (extinta hace 3000 años tras la llegada del hombre)[178]
- Iguana gigante de Tonga Brachylophus gibbonsi (extinta un siglo después de la colonización humana del archipiélago hace 2800 años)[179]
- Todos los cocodrilos terrestres del género Mekosuchus:
- Cocodrilo terrestre de Nueva Caledonia Mekosuchus inexpectatus (extinto hace 4000 años tras la llegada del hombre)[180]
- Cocodrilo terrestre de Vanuatu Mekosuchus kalpokasi (extinto hace 3000 años tras la llegada del hombre)[181]
- Galliforme gigante de Nueva Caledonia Sylviornis neocaledoniae, el mayor galliforme conocido (extinto hace unos 1800 años tras la llegada de los Lapita a Nueva Caledonia)[182]
- Azor gigante de Nueva Caledonia Accipiter efficax (extinto hace unos 1800 años tras la llegada del hombre a Nueva Caledonia)[182]
- Lechuza de Nueva Caledonia Tyto letocarti (extinta hace unos 1800 años tras la llegada del hombre a Nueva Caledonia)[182]
- Rascón gigante de Nueva Caledonia Porphyrio kukwiedei (extinto hace unos 1800 años tras la llegada de los Lapita a Nueva Caledonia)[182]
- Falso talégalo gigante de las islas Fiyi Megavitiornis altirostris (extinto después de la colonización de las islas Fiyi por los seres humanos)[183]
- Todos los talégalos gigantes:
- Tálegalo constructor gigante Megapodius molistructor (extinto hace unos 1800 años tras la llegada de los Lapita a Nueva Caledonia)[182]
- Talégalo consumido Megapodius alimentum (extinto después de la colonización de las islas Fiyi y Tonga por los seres humanos)[183]
- Talégalo perdido Megapodius amissus (extinto después de la colonización de las islas Fiyi por los seres humanos)[183]
- Paloma terrestre de Nueva Caledonia Gallicolumba longitarsus (extinta hace unos 1800 años tras la llegada de los Lapita a Nueva Caledonia)[182]
- Cagú de las tierras bajas Rhynochetos orarius (extinta hace unos 1800 años tras la llegada de los Lapita a Nueva Caledonia)[182]
- Agachadiza gigante de Nueva Caledonia Coenocorypha neocaledonica (extinta hace unos 800 años en Nueva Caledonia)[182]
- Agachadiza de Viti Levu Coenocorypha miratropica (extinto después de la colonización de las islas Fiyi por los seres humanos)[183]
- Paloma gigante de Viti Levu Natunaornis gigoura (extinta después de la colonización de las islas Fiyi por los seres humanos)[184]
- Paloma imperial gigante de la isla Henderson Ducula harrisoni (extinta después de la colonización de la isla Henderson por los seres humanos)[185]
- Tórtola-cuco gigante de las islas Marquesas Macropygia heana (extinta después de la colonización de las islas Marquesas por los seres humanos)[186]
- Paloma apuñalada de la isla Henderson Gallicolumba leonpascoi (extinta después de la colonización de la isla Henderson por los seres humanos)[187]
La supervivencia de la megafauna subsahariana: coevolución e ingenuidad insular
Todas las extinciones masivas de megafauna del Cuaternario tardío parecen haber coincidido en el tiempo con la expansión del ser humano moderno a nuevos continentes e islas, excepto en el caso del África subsahariana. Esta región es el lugar de origen de nuestra especie y de los homínidos, y ha sido con diferencia la menos afectada por el proceso de extinción de grandes animales hasta el SXIX, en que comienzan a extinguirse poblaciones enteras y varias especies de megafauna subsahariana con la llegada de las armas de fuego.[188] Hoy se apunta a que el África subsahariana mantuvo su megafauna gracias a que las especies africanas soportaron al menos desde la aparición del género Australopithecus hace unos 4 millones de años, una larga presencia de homínidos cazadores. Así estas especies de megafauna tuvieron que coevolucionar con especies del género Homo y otros géneros anteriores, y desarrollaron una fuerte respuesta defensiva que les lleva a evitar instintivamente el contacto con los homínidos o a iniciar un ataque ante su presencia.[1]
La megafauna del resto del mundo o bien había estado expuesta a una presión cinegética por parte de humanos primitivos menor que la africana aunque importante[189] —es el caso particular de la megafauna eurosiática/paleártica, cuya extinción masiva fue la más lenta de todas tras la llegada del Homo sapiens—[1] o bien no había cohabitado jamás con homínidos de ningún tipo, por lo que no habría desarrollado ningún mecanismo instintivo para identificarnos como depredadores; es el caso de las Américas, Oceanía, la Antártida y las islas oceánicas de todo el planeta.[6] Este ausencia de respuesta defensiva se conoce como ingenuidad insular o ingenuidad ecológica (island tameless o island naivety en inglés) y se ha registrado como factor principal de extinción en numerosas ocasiones.[190] La ingenuidad insular se observa actualmente en aquellas especies endémicas de islas y continentes de reciente descubrimiento como las Galápagos o el continente de la Antártida.[14][6] Este comportamiento está considerado por los ecólogos como un factor clave de vulnerabilidad de las especies autóctonas frente a la aparición de especies alóctonas.[191] Así por ejemplo, los pingüinos del continente antártico muestran un profundo instinto de evasión frente a especies depredadoras con las que han coevolucionado, como la foca leopardo, pero no frente al ser humano, al que no temen.[192]

La enorme diferencia entre la escasa cantidad de puntos de descuartizamiento de elefantes africanos y los abundantes puntos para descuartizar proboscídeos cazados encontrados en otros puntos del globo parece apoyar esta hipótesis. Así en Estados Unidos hay más emplazamientos de descuartizamiento de proboscídeos que los que hay de elefantes en toda África, una masa de tierra que es mucho mayor que Estados Unidos. No solo es destacable la diferencia de tamaño entre África y EE. UU., sino que la presencia de homínidos en África se remonta al menos 100 veces más atrás en el tiempo que el corto lapso cronoestratigráfico de presencia humana en América del Norte. Sin embargo, en África hay menos de una docena de yacimientos de descuartizamiento probables, a pesar de que abarcan un rango de tiempo de coexistencia muchísimo más amplio, desde el Plio-Pleistoceno hasta la actualidad. En contraste en EE. UU. hay al menos 14 yacimientos para un periodo al menos 100 veces más corto de coexistencia.[17][20][21] En Eurasia los restos que demuestran un uso intensivo del mamut lanudo como fuente de alimento son aún más abundantes y dan una idea de hasta qué punto este animal fue cazado a gran escala por el ser humano moderno. Hay más de 70 yacimientos a lo largo y ancho de la llanura rusa, donde se han encontrado poblados enteros que se construyeron esencialmente con huesos de mamuts, donde esos huesos fueron también usados como combustible —y para ello tenían que ser relativamente frescos—, y donde los humanos excavaron grandes trampas en el permafrost, que han conservado restos de carne y huesos de mamut. Esta abundancia de yacimientos contrasta significativamente con los doce yacimientos encontrados en África.[193]





















