Dogmas y doctrinas marianas de la Iglesia católica

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Los dogmas y doctrinas marianas de la Iglesia católica, también conocida como Mariología católica tienen su fundación en la visión central de que la Virgen María es la Madre de Dios. Debido a eso, la Iglesia católica siempre consideró a María como la figura más importante del cristianismo y de la salvación después de Jesús de Nazaret y de la Santísima Trinidad, y ha elaborado diversas enseñanzas y doctrinas en relación con su vida y papel.

El arcángel San Gabriel anuncia a María la encarnación en su seno del Hijo de Dios. Pintura de Fray Angelico (Hacia 1442)

La Iglesia católica posee una disciplina teológica específica, la Mariología, para el estudio de la persona, el papel y el significado de la Virgen María y su veneración. Esta disciplina se ha desarrollado a lo largo de siglos, y fue estudiada y codificada por los Concilios, como también por los principales teólogos de las órdenes religiosas y universidades marianas, Escuelas Pontificias, como el Marianum (que está específicamente dedicada a este campo de estudio).[1][2][3] Sin embargo, las revelaciones marianas por individuos no siempre son aceptados por la Iglesia.[4][5]

La mariología católica es el estudio sistemático de la persona de María, madre de Jesús, y de su lugar en la economía de la salvación[6][7][8] en la teología católica. Según la doctrina de la Inmaculada Concepción enseñada por la Iglesia católica, María fue concebida y nació sin la mancha del pecado original de Adán y Eva, lo que significa que fue salvada por Dios en el momento de su concepción, y también se la conoce como la «Nueva Eva», por lo que se la considera con una dignidad singular por encima de los santos, recibiendo un nivel de veneración más alto que todos los espíritus angelicales y las almas benditas del cielo. La mariología católica estudia, por tanto, no solo su vida, sino también la veneración de la misma en la vida cotidiana, la oración, los himnos, el arte, la música y la arquitectura en el cristianismo moderno e antiguo a lo largo de los siglos.[9][10][11][12] Nuestra Señora (Madonna) también se define como Mater Populi Fidelis en la «Nota doctrinal sobre algunos títulos marianos relativos a la cooperación de María en la obra de la salvación» del papaLeón XIV[13]

En paralelo a las opiniones tradicionales, desde finales del siglo XIX, a medida que la devoción mariana se hizo más pronunciada en la Iglesia católica, se han presentado otras perspectivas que suponen un desafío para la mariología católica. Otras opiniones cristianas consideran que la mariología católica no es bíblica y niega la singularidad de Cristo como redentor y mediador,[14] y algunas interpretaciones psicológicas modernas ven a María como similar a las diosas politeístas, desde Diana hasta Guan Yin.[15][16][17] No obstante, los cristianos de la Iglesia católica, las Iglesias católicas antiguas, la Iglesia ortodoxa, la Iglesias ortodoxas orientales, la Iglesia asiria de Oriente, la Antigua Iglesia del Oriente, el Movimiento sacramental independiente, anglo-catolicismo y otros protestantes de la iglesia alta siguen venerando a María como la mayor santa.

Estudio de María y su lugar en la Iglesia católica

Contexto y componentes

El estudio de María y su lugar en la Iglesia católica se ha abordado desde diversas perspectivas y en distintos contextos, y en su discurso ante el congreso mariológico de 2012, el papa Benedicto XVI afirmó que este estudio debe «entenderse y examinarse en profundidad desde puntos de vista diferentes y complementarios».[18] Benedicto también hizo hincapié en que el estudio de María no puede realizarse de forma aislada de otras disciplinas y que la mariología está intrínsecamente relacionada con el estudio de Cristo y de la Iglesia, y expresa la coherencia interna de estas disciplinas.[19]

El papa Benedicto XVI ha afirmado que los estudios marianos tienen tres características distintas: en primer lugar, personalizar la Iglesia para que no se vea solo como una estructura, sino como una persona; en segundo lugar, el aspecto encarnacional y la relación con Dios; y, en tercer lugar, la piedad mariana, que involucra el corazón y el componente emocional. [20]

La posición de María en la Iglesia puede compararse con el aspecto del oficio petrino en un doble sentido.[21] Esta perspectiva sobre la dualidad de los roles de María y Pedro destaca la santidad subjetiva del corazón y la santidad de la estructura de la Iglesia. En esta dualidad, el oficio petrino examina lógicamente los carismas en cuanto a su solidez teológica, mientras que la dualidad mariana proporciona un equilibrio en el sentido espiritual y emocional a través del servicio de amor que el oficio nunca puede abarcar. La mariología y la doctrina del oficio no son, por lo tanto, «capillas laterales» en las enseñanzas católicas, sino elementos centrales e integradores de las mismas.[22] Como se menciona en la encíclica Mystici Corporis Christi del papaPío XII de 1943, su fiat dio su consentimiento para un matrimonio espiritual entre el Hijo de Dios y la naturaleza humana, dando así a la humanidad los medios para la salvación. Los derechos de María (bodas de Caná) y el amor de María (fiat) son esenciales para la salvación.

Maximalismo y minimalismo

La mariología es un campo en el que las creencias piadosas profundamente arraigadas de los fieles y la hagiografía pueden entrar en conflicto con las revisiones teológicas y críticas históricas de las creencias y prácticas.[23] Este conflicto fue reconocido ya en el año 1300 por William de Ware, quien describió la tendencia de algunos creyentes a atribuir casi todo a María.[24] Buenaventura advirtió contra el maximalismo mariano: «Hay que tener cuidado de no minimizar el honor de nuestro Señor Jesucristo».[25] Tanto los minimalistas como los maximalistas siempre han visto en María un símbolo de la Iglesia católica y la han considerado un modelo para todos los católicos.[26]

En el siglo XX, el papa Pío XII, «el papa más mariano de la historia de la Iglesia»,[27] advirtió contra las exageraciones exuberantes y el minimalismo tímido en la presentación de María.[28][29] Durante el Concilio Vaticano II la constitución dogmática Lumen gentium fue escrita específicamente en 1964 para evitar tanto el maximalismo como el minimalismo marianos. [30][31] El papa Juan Pablo II también tuvo cuidado de evitar tanto el maximalismo como el minimalismo en su mariología y evitó tomar posiciones personales sobre cuestiones que eran objeto de debate teológico.[32]

Los teólogos católicos también han explorado la conexión necesaria entre la mariología y la cristología.[33] Según John Henry Newman: «La mariología es siempre cristocéntrica». [34][35] El papa Benedicto XVI caracterizó la relación afirmando que «la cristología y la mariología están inseparablemente entrelazadas» desde sus inicios.[36] En su opinión, la mariología subraya el nexo entre los misterios de la cristología y la eclesiología, y refleja que están intrínsecamente entrelazados.[37]

Los primeros cristianos y numerosos santos se centraron en esta conexión[38] y los papas destacaron el vínculo interno entre las doctrinas marianas y una comprensión más completa de los temas cristológicos.[39] Dada la perspectiva católica de que la Iglesia vive en su relación con Cristo, siendo el Cuerpo de Cristo, también tiene una relación con su madre, cuyo estudio es objeto de la mariología católica.[40] Papa Pío X en Ad diem illum afirmó: «No hay camino más directo que María para unir a toda la humanidad en Cristo».[41] En la teología católica, el estudio de María, aunque contribuye al estudio de Cristo, es también una disciplina independiente por derecho propio, ya que la comprensión de la figura de María contribuye a una comprensión más completa de quién es Cristo y qué hizo. [42] La Congregación para la Educación Católica ha caracterizado la situación de la siguiente manera: «La historia de la teología muestra que la comprensión del misterio de la Virgen contribuye a una comprensión más profunda del misterio de Cristo, de la Iglesia y de la vocación del hombre».[43] Refiriéndose a esto, el cardenal Raymond Leo Burke afirmó que la promoción de un conocimiento más completo de la Virgen María es la «labor constante de la Iglesia».[44]

Historia y desarrollo

Santa Maria Antiqua, en el Foro Romano, siglo V, sede del papa Juan VII
María como Reina de los Cielos en la Divina Comedia de Dante. Ilustración de Gustave Doré.

Los primeros cristianos centraron su piedad inicialmente más en los mártires, pero después vieron en María un puente entre lo antiguo y lo nuevo.[45] La primera oración a María de la que se tiene constancia, la Sub tuum praesidium, data aproximadamente del año 250. [46] En Egipto, la veneración de María había comenzado en el siglo III y el término Theotokos fue utilizado por Orígenes, uno de los Padres de la Iglesia.[47]

El periodo del Renacimiento fue testigo de un crecimiento espectacular del arte mariano. [48] Las obras maestras de Botticelli, Leonardo da Vinci y Rafael se produjeron en este periodo. En el siglo XVI, el Concilio de Trento confirmó la tradición católica de las pinturas y obras de arte en las iglesias, lo que dio lugar a un gran desarrollo del arte mariano y la mariología durante el barroco.[12] Durante la Reforma, la Iglesia católica defendió su mariología frente a las opiniones protestantes. La victoria en la batalla de Lepanto, atribuida a María, «supuso el comienzo de un fuerte resurgimiento de la devoción mariana».[49] La literatura barroca sobre María experimentó un crecimiento imprevisto. Solo durante el siglo XVII se publicaron más de 500 páginas de escritos mariológicos.[50]

Los papas han fomentado la veneración de la Santísima Virgen mediante la promoción de devociones marianas, fiestas religiosas, oraciones, iniciativas, la aceptación y el apoyo a las congregaciones marianas y el reconocimiento formal de apariciones marianas, como las de Lourdes y Fátima. Los papas Alejandro VII y Clemente X promulgaron la veneración del Sagrado Corazón de Jesús y del Inmaculado Corazón de María, un concepto que fue adoptado por el papa Juan Pablo II en el siglo XX como la Alianza de los Corazones de Jesús y María.[51][52][53][54]

Los dos dogmas marianos de la Inmaculada Concepción y la Asunción fueron establecidos por los papas en los siglos XIX y XX. El papa Pío XII promulgó el dogma de la Asunción de María y el Concilio Vaticano II declaró a María «Madre de la Iglesia».[55] En su Carta apostólica de 2002 Rosarium Virginis Mariæ, el papa Juan Pablo II destacó el enfoque de Luis de Montfort de considerar el estudio de María como un camino para comprender mejor el misterio de Cristo.[56] Esto concuerda con el énfasis de los obispos en el Concilio Vaticano II en no tener un decreto separado sobre María, sino más bien describir su lugar en la historia de la salvación en Lumen gentium, la Constitución sobre la Iglesia.[57]

Enseñanzas dogmáticas

Los dogmas católicos marianos presentan las enseñanzas católicas sobre María y su relación con Jesucristo, consideradas infalibles por la Iglesia, y reflejan el papel de María en la economía de la salvación.[58][59]

Las doctrinas De Fide Definita o De Fide Credenda tienen el más alto grado de certeza dogmática. Estas doctrinas se presentan en varias formas, a saber: las Sagradas Escrituras y la tradición apostólica[60] y las enseñanzas que han sido definidas específicamente como reveladas por una definición extraordinaria de un papa o un concilio ecuménico (magisterio universal extraordinario), o aquellas enseñanzas infaliblemente enseñadas como reveladas por el magisterio universal ordinario. Como en el caso de la Inmaculada Concepción o la Asunción, estas doctrinas eran sostenidas por la Iglesia antes de la fecha de su definición oficial, pero estaban abiertas a debate. A partir de la fecha de definición, deben ser aceptadas por todos los miembros de la Iglesia católica como contenidas específicamente en el Depósito de la Fe y merecedoras de fe sobrenatural en sí mismas (de fide credenda).[58][59]

Hay cuatro dogmas marianos definidos específicamente por el Magisterio entre un gran número de otros dogmas y doctrinas sobre la Virgen María; por ejemplo, la Anunciación de María es dogma porque está en las Escrituras, pero no ha sido definida formalmente por el Magisterio. Estos cuatro dogmas marianos incluyen:

Más información Nombre, Primera definición magisterial ...
Nombre Primera definición magisterial Sustancia del dogma
Madre de DiosConcilio de Éfeso (431)Madre de Dios, no en el sentido de que la naturaleza del Verbo o su divinidad recibieran el inicio de su existencia de la santa Virgen, sino en el sentido de que, dado que el cuerpo santo, animado por un alma racional, que el Verbo de Dios unió a sí mismo según la hipóstasis, nació de ella, se dice que el Verbo nació según la carne.
Virginidad perpetuaSegundo Concilio de Constantinopla (553) y Sínodo de Letrán (649)«Virgen perpetua de María» significa que María era virgen antes, durante y después de dar a luz.
Inmaculada ConcepciónPapa Pío IX (1854)María, en su concepción, fue preservada inmaculada del pecado original.
Asunción al cieloPapa Pío XII (1950)María, tras completar el curso de su vida terrenal, fue asumida en cuerpo y alma a la gloria celestial.
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Mariología y cristología

Cristo y María, mosaico, Iglesia de Chora, siglos XII-XIV

La mariología está relacionada con la cristología, el estudio de Cristo, y en los escritos teológicos y papales católicos, se ha considerado entrelazada con el misterio de Cristo.[33] El papa Juan Pablo II discutió el «lugar preciso de María» en el plan de salvación en la encíclica Redemptoris Mater y afirmó: «Siguiendo la línea del Concilio Vaticano II, deseo destacar la presencia especial de la Madre de Dios en el misterio de Cristo y de su Iglesia. Porque esta es una dimensión fundamental que emerge de la mariología del Concilio».[61]

Enseñanzas dogmáticas de la Iglesia católica

Virginidad perpetua de María

La Virginidad perpetua de María es el segundo dogma mariano de la Iglesia católica y de la Iglesia oriental ortodoxa según el cual María fue virgen antes, durante y después del parto y no tuvo otros hijos,[62] Afirma la "real y perpetua virginidad incluso en el acto de dar a luz el Hijo de Dios hecho hombre."[63] El Segundo concilio de Constantinopla (año 553) le otorgó a María el título de "siempre virgen" (aeiparthenos)[62] mientras que finalmente el Concilio de Letrán (649) definió solemnemente el estado virginal: "aún después del parto, en su virginidad indisoluble".[64]

En el año 107, Ignacio de Antioquía ya defendía la virginidad de María. Esta doctrina ya era un dogma desde el cristianismo primitivo, habiendo sido declarada por notables escritores como San Justino Mártir y Orígenes. Santo Tomás de Aquino también enseñó esta doctrina (Summa theologiae III.28.2) afirmando que María dio el nacimiento milagroso sin abertura del útero, y sin perjuicio para el himen. El papa Paulo IV reconfirmó el dogma en el Cum quorundam el 7 de agosto de 1555, en el Concilio de Trento.

  • Virgen antes del parto

Esto significa que María concibió por obra del Espíritu Santo sin la participación de ningún hombre (de fide). El término griego Aeiparthenos (es decir, «siempre virgen») se atestigua desde principios del siglo IV.[65] El Catecismo de la Iglesia Católica (punto 499) incluye el término Aeiparthenos y, en referencia a la constitución dogmática Lumen gentium (punto 57) afirma: «El nacimiento de Cristo no disminuyó la integridad virginal de su madre, sino que la santificó».[66][67][68]

  • Virginidad durante el parto

Esto significa que «María dio a luz sin perder su virginidad corporal» (de fide) y que su integridad corporal no se vio afectada por el parto.[67] La Iglesia católica no enseña cómo ocurrió esto físicamente, pero insiste en que la virginidad durante el parto es diferente de la virginidad de la concepción.[67]

  • Virginidad después del parto

Esto significa que «María permaneció virgen después de dar a luz» (de fide).[67] Esta creencia de la Iglesia fue cuestionada en sus primeros años.[69] Las Escrituras dicen poco al respecto, mencionando a los hermanos de Jesús, pero nunca a los «hijos de María», lo que sugiere a los escritores patrísticos una relación familiar más amplia.[67][69][70]

Maternidad divina de María

Nuestra Señora del Perpetuo Socorro y Niño Jesús, pintado alrededor del siglo XV.

La maternidad divina de María (Deipara en latín) es un dogma de la Iglesia católica.[71] El término «Madre de Dios» aparece en la oración más antigua conocida dedicada a María, la Sub tuum praesidium, que data aproximadamente del año 250 d. C.: «Bajo tu protección buscamos refugio, Santa Madre de Dios». Esta fue la primera doctrina mariana específica definida formalmente por la Iglesia, ratificada oficialmente en el Tercer Concilio Ecuménico celebrado en Éfeso en el año 431. Esto refutó la objeción planteada por el Patriarca Nestorio de Constantinopla. [72] El Concilio de Éfeso proclamó a María la madre de Dios encarnado en Jesucristo. La definición como Mater Dei (en latín) o Theotokos (en griego), conocida también como el Dogma de la Maternidad Divina, fue el primer dogma mariano de la Iglesia y, a su vez, creído y enseñado antes de ser proclamado dogmáticamente en Éfeso, por diversos Padres de la Iglesia en los tres primeros siglos, como Ignacio (107), Orígenes (254), Atanasio (330) y Juan Crisóstomo (400). El Tercer Concilio Ecuménico, realizado en Éfeso decretó esta doctrina dogmáticamente en 431. La visión contraria, defendida por el patriarca de Constantinopla Nestorio era que María debía ser llamada de Christotokos, que significa "Madre de Cristo", para restringir su papel como madre solo de la naturaleza humana de Cristo y no de la naturaleza divina.

La base bíblica de este dogma se encuentra en Juan 1:14, que dice: «Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros», y en Gálatas 4:4, que dice: «Dios envió a su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la ley».[73] [74] Lucas 1:35 afirma además la maternidad divina al decir: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti... Por eso, el niño que va a nacer será llamado santo, Hijo de Dios».[75]

Los adversarios de Nestorio, liderados por Cirilo de Alejandría, consideraban esto inaceptable, pues en su opinión Nestorio estaba destruyendo la unión perfecta e inseparable de la naturaleza divina y humana en Jesucristo, una vez que en Cristo El Verbo se hizo carne,[a] o sea el Verbo (que es Dios)[b] es la carne; y la carne es el Verbo, María fue la madre de la carne de Cristo y consecuentemente del Verbo. Cirilo escribió que Me sorprende que hay algunos que dudan que la Virgen santa debe ser llamada o no Theotokos. Pues, si nuestro Señor Jesucristo es Dios, y la Virgen santa lo dio a luz, ¿ella no se volvió la [Theotokos]?[76]

La doctrina de Nestorio fue considerada una falsificación de la Encarnación de Cristo, y por consecuencia, de la salvación de la humanidad. El Concilio aceptó la argumentación de Cirilo, afirmó como dogma el título de Theotókos de María, y anatemizó a Nestorio, considerando su doctrina (Nestorianismo) como una herejía. La constitución dogmática Lumen gentium del Concilio Vaticano II afirmó que María es la Madre de Dios. «La Virgen María, que al mensaje del ángel recibió la Palabra de Dios en su corazón y en su cuerpo y dio Vida al mundo, es reconocida y honrada como verdadera Madre de Dios y Madre del Redentor».[77]

Este dogma está intrínsecamente relacionado con el dogma cristológico de la unión hipostática, que relaciona las naturalezas divina y humana de Jesucristo.[71] El Catecismo de la Iglesia Católica enseña que «María es verdaderamente «Madre de Dios», ya que es la madre del Hijo eterno de Dios hecho hombre, que es Dios mismo».[78] Según la doctrina católica, basada en Juan 1:1-14, María no creó la persona divina de Jesús, que existía con el Padre desde toda la eternidad.[72]

Inmaculada Concepción de María

La fiesta de la Inmaculada Concepción de María es celebrada el 8 de diciembre, y fue definida inicialmente en 1476 por el Papa Sixto IV. La Inmaculada Concepción fue solemnemente definida como un dogma por el Papa Pío IX en su constitución Ineffabilis Deus, el 8 de diciembre de 1854 como una verdad infalible revelada por la orientación del Espíritu Santo. El dogma se define que para ser la madre del Hijo de Dios, María es preservada de toda mancha de pecado, desde el primer instante de su vida, es decir desde su concepción por sus padres los santos Joaquín y Ana, siendo la Llena de Gracia y la toda santa.

Muchos escritos de los Padres de la Iglesia ya defendían también la Inmaculada Concepción de María pues, una vez que Jesús se volvió encarnado por medio de la Virgen María, era adecuado que ella estuviese completamente libre del pecado para expresar su Hijo. (Ott, Fund., BK 3, pt. 3, Ch. 2, § 3.1.e).

Asunción de María a los cielos

Asunción de María. Tiziano Vecellio, del siglo XVI

De acuerdo a la tradición apostólica, la Virgen María al final de su vida terrena, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial. Este dogma fue proclamado ex cathedra por el Papa Pío XII el 1 de noviembre de 1950 por medio de la Constitución Munificentissimus Deus:

"Después de levantar una oración a Dios en muchas y reiteradas ocasiones e invocar la luz del Espíritu de la Verdad, para gloria de Dios Omnipotente, que otorgó a la Virgen María su peculiar benevolencia, para honra de su Hijo, Rey inmortal de los siglos y vencedor del pecado y la muerte, para aumentar la gloria de la misma augusta Madre y para gozo y alegría de toda la Iglesia, con la autoridad de nuestro Señor Jesucristo, los Santos Apóstoles Pedro y Pablo y con la nuestra, pronunciamos, declaramos y definimos que sea dogma divinamente revelado que la Inmaculada Madre de Dios y siempre Virgen María, cumplido el curso de su vida terrenal, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial". Pío XII.

El Papa Pío XII dejó deliberadamente en abierto si María fue llevada al cielo después de su muerte o todavía en vida. Hay una tradición oriental que propone que la Santísima Virgen no murió sino que quedó dormida y posteriormente fue asunta. La cuestión de que este hecho no está aprobado es la razón de su no explicitación en la formulación dogmática del Romano Pontífice.

Otras doctrinas marianas

La Iglesia católica tiene muchas enseñanzas sobre la Virgen María, muchas de las cuales son tan importantes como las enseñanzas arriba definidas. Otras son enseñanzas antiguas, cultos y celebraciones, que sobre la orientación infalible del Espíritu Santo, son una parte integral del depósito de la fe transmitida por la Iglesia.

La devoción a la Virgen María continúa siendo resaltada en las enseñanzas de la Iglesia católica, por ejemplo, en su encíclica Rosarium Virginis Mariae, el Papa Juan Pablo II afirmó que fue inspirado en los escritos de San Luis María Grignion de Montfort sobre la Total consagración a la Santísima Virgen María.[79]

Maternidad espiritual de todos los creyentes

Madonna del Popolo (Madre del pueblo) de Federico Barocci (1579).

Todos llegan a ser hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús, quien es Hijo de María.[c] En el Nuevo Testamento después de recordar la presencia de María y de las demás mujeres al pie de la cruz del Señor, san Juan refiere: "Jesús, al ver a la Madre y junto a ella al discípulo que más quería, dijo a la Madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo.» Luego dijo al discípulo: «Ahí tienes a tu madre».[d] Con esta expresión, revela a María la cumbre de su maternidad: en cuanto madre del Salvador, también es la madre de los redimidos, de todos los miembros del Cuerpo místico de su Hijo. Por tanto los creyentes comparten con Cristo la paternidad de Dios y la maternidad de María. San Ambrosio de Milán (338-397), uno de los Doctores de la Iglesia, cita este título. El Catecismo de la Iglesia católica afirma: "La Virgen María ... es reconocida y honrada como verdadera Madre de Dios y del Redentor, .... Ella es «claramente la madre de los miembros de Cristo ... María, Madre de Cristo, Madre de la Iglesia.»[80]

Intercesión de María

Pietro Lorenzetti, 1310

Jesucristo es el único mediador entre Dios y el Hombre.[e] Solo Él concilió al hombre con Dios a través de su muerte en la cruz. Pero esto no excluye un papel secundario de María como intercesora, dependiente de Cristo. La enseñanza de que María intercede por todos los creyentes, y especialmente, aquellos que piden su intercesión a través de la oración, se refiere a los primeros siglos del cristianismo, por ejemplo la oración Sub tuum praesidium, escrita en griego aproximadamente en el 250. Otra oración de Efrén de Siria (306-373) afirma: Después del mediador, la mediadora de todo el mundo.[81]

María ha sido considerada cada vez más como la principal dispensadora de las gracias de Dios y abogada del pueblo de Dios, y así se la menciona en varios documentos oficiales de la Iglesia. El papa Pío IX utilizó este título en «Ineffabilis Deus». En la primera de sus llamadas «encíclicas del rosario», «Supremi apostolatus officio» (1883), el papa León XIII llama a Nuestra Señora «guardiana de nuestra paz y dispensadora de las gracias celestiales». Al año siguiente, en 1884, su encíclica Superiore anno habla de las oraciones presentadas a Dios «a través de aquella a quien Él ha elegido para ser la dispensadora de todas las gracias celestiales». El papa Pío X empleó este título en Ad diem illum en 1904, y el papa Benedicto XV lo introdujo en la liturgia mariana cuando creó la fiesta mariana de María, Mediadora de todas las gracias en 1921. En su encíclica de 1954 Ad caeli reginam de 1954, el papa Pío XII llama a María Mediadora de la paz.[82]

Un movimiento laico llamado «Vox Populi Mariae Mediatrici» promueve la doctrina de María como Corredentora, Mediadora y Abogada. [83][84] Corredentora se refiere a la participación de María en el proceso de salvación. Ireneo, padre de la Iglesia (fallecido en el año 200), se refirió a María como «causa salutis» [causa de nuestra salvación] dado su «fiat».[85] Es una forma de expresarse que se ha considerado desde el siglo XV,[86] pero «el papa Francisco pareció rechazar rotundamente las propuestas de algunos círculos teológicos de añadir «corredentora» a la lista de títulos de la Virgen María, diciendo que la madre de Jesús nunca tomó nada que perteneciera a su hijo y calificando de «tontería» la invención de nuevos títulos y dogmas».[87]

El decreto «Lumen gentium» del Concilio Vaticano II advirtió sobre el uso del título de «Mediadora», diciendo que: «esto, sin embargo, debe entenderse de tal manera que no quite ni añada nada a la dignidad y eficacia de Cristo, único Mediador».[88] Un congreso mariológico celebrado en Czestochowa (Polonia) en agosto de 1996 determinó que no era oportuno utilizar este título de María, ya que, como se señaló en el Concilio Vaticano II, tiene sus límites y puede ser malinterpretado. [89]

Participación en la redención

Corredentora (español) o Co-Redemptrix (latín) se refiere a la participación indirecta de María en el proceso de salvación. Incluso antes del año 200 Ireneo se refiere a María "causa salutis" (causa de nuestra salvación) debido a su hijo.[90] La enseñanza se convirtió en universal desde el siglo XV,[86] pero nunca fue declarado un dogma, a pesar de las peticiones para declararlo (junto con Mediadora) dogmáticamente, se han presentado al Papa por varios cardenales y obispos, para convertirse así en el quinto dogma mariano aprobado por la Santa Sede.[91]

El concepto de co-redención se refiere a una participación indirecta, pero importante de la Virgen María en la redención, porque María dio a luz al Redentor (Jesucristo), que es el responsable de toda la redención y la salvación por lo que fue mediadora de la redención. Los católicos creen que Cristo es el único Redentor de la humanidad,[f] y la propia María tuvo que ser rescatada y redimida por Jesucristo.[92]

El 4 de noviembre de 2025, el Dicasterio para la Doctrina de la Fe publicó Mater populi fidelis, una nota doctrinal sobre los títulos marianos y el papel de María en la salvación. Firmada por el cardenal Víctor Manuel Fernández y por monseñor Armando Matteo, aclara que "es siempre inoportuno el uso del título de Corredentora para definir la cooperación de María. Este título corre el riesgo de oscurecer la única mediación salvífica de Cristo y, por tanto, puede generar confusión". El documento fue aprobado por el papa León XIV el 7 de octubre de 2025.[93][94]

Coronación como Reina del Cielo

Coronación de la Virgen María, de Rubens, siglo XVII.

La doctrina de que la Virgen María fue coronada Reina del Cielo se remonta a la Iglesia primitiva, a escritores como Gregorio Nacianceno, que afirma que María es "la Madre del Rey del universo", y "la Virgen Madre, de quién surgió el reino de todo el mundo",[95] Efren de Siria ya la consideraba Reina del Cielo: "Que el Cielo me sostenga en su abrazo, porque soy honrado por encima de él. Porque el cielo no fue tu madre, sino que Tú lo has hecho tu trono. ¡Cuánto más honorable y venerable que el trono de un rey es su madre![96] La Iglesia católica generalmente ve a María como reina del cielo, luciendo una corona de doce estrellas en el Apocalipsis.[g]

Muchos papas homenajeron a María con este título: María es la Reina del Cielo y de la Tierra (Pío IX), Reina del Universo (León XIII) y Reina del Mundo (Pío XII)[97] El fundamento teológico y lógico de esos títulos se basa en el dogma de María como la Virgen Madre de Dios, que reina a lo largo de todo el mundo, siendo celestialmente bien aventurada con la gloria de una reina.[98]

Ciertamente, en sentido pleno y estricto del término, solo Jesucristo, el Dios-Hombre, es Rey, pero María, también, como Madre del divino Cristo, [...] tiene una participación, aunque limitada y de modo análogo, en su dignidad real. [...] La unión radiante que ella alcanzó con Cristo trasciende la de cualquier otra criatura, de su unión con Cristo ella recibe el derecho real de disponer de los tesoros del Divino Redentor del Reino, de su unión con Cristo se deriva finalmente la inagotable eficacia de su maternal intercesión del Hijo y de su padre.[99]

Esta enseñanza sigue el precedente bíblico de la antigua Israel, cuya monarquía, según el cristianismo, pasó a Jesús, quien el ángel dice en la anunciación que «será grande y será llamado Hijo del Altísimo y el Señor Dios le dará el trono de su padre David».[h] En el Antiguo Testamento los reyes de Israel y de Judá, como David o Salomón tuvieron muchas mujeres. Por lo tanto, el título de Reina, no era concedido a cualquier mujer del rey, solo a la madre del rey.[i] La reina madre era conocida en hebreo como gebirah. Puesto que Jesús es el rey celestial, del linaje de David y Salomón, María se volvió la reina madre.

María como Madre de la Iglesia

El título «Madre de la Iglesia» (en latín «Mater Ecclesiae») fue otorgado oficialmente a la Virgen María durante el Concilio Vaticano II por el Papa Pablo VI.[100] Este título se remonta a Ambrosio de Milán en el siglo IV, pero su uso no se conoció hasta su redescubrimiento en 1944 por Hugo Rahner.[100][101] La mariología de Rahner, siguiendo a Ambrosio, veía a María en su papel dentro de la Iglesia, basando su interpretación únicamente en Ambrosio y los primeros Padres.[101]

El Catecismo de la Iglesia Católica afirma que la Virgen María es madre de la Iglesia y de todos sus miembros, es decir, de todos los cristianos:[102]

La Virgen María... es reconocida y honrada como verdadera Madre de Dios y del Redentor... ya que con su caridad ha contribuido al nacimiento de los creyentes en la Iglesia, que son miembros de su cabeza... María, Madre de Cristo, Madre de la Iglesia.

El «Credo del Pueblo de Dios» del papa Pablo VI afirma:[103][104]

La Madre de la Iglesia continúa en el cielo su papel maternal con respecto a los miembros de Cristo, cooperando en el nacimiento y desarrollo de la vida divina en las almas de los redimidos.

En «Redemptoris Mater», el papa Juan Pablo II se refirió al «Credo del Pueblo de Dios» de Pablo VI como una reafirmación de la afirmación de que María es la «madre de todo el pueblo cristiano, tanto de los fieles como de los pastores», y escribió que el Credo «reafirmaba esta verdad de una manera aún más contundente»:[103]

El papa Benedicto XVI también se refirió al «Credo» de Pablo VI y afirmó que resume todos los textos bíblicos relacionados con el tema.[104]

En su homilía del día de Año Nuevo de 2015, el papa Francisco dijo que Jesús y su madre María son «inseparables», al igual que Jesús y la Iglesia. María es «la Madre de la Iglesia y, a través de la Iglesia, la madre de todos los hombres y mujeres, y de todos los pueblos». [105]

Advocaciones marianas

A la Virgen María se le venera en diferentes advocaciones, que pueden referirse a sus virtudes o lugares en que apareció, como por ejemplo: Nuestra Señora de la Concepción Aparecida (Aparecida, Brasil), Nuestra Señora de la Concepción, Nuestra Señora del Rosario, Nuestra Señora de Guadalupe, Nuestra Señora de Lourdes, Nuestra Señora de la Candelaria, Nuestra Señora del Monte Carmelo, Nuestra Señora del Rosario de Fátima, Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, Nuestra Señora de Las Lajas, Nuestra Señora de los Remedios, Nuestra Señora de Coromoto, Nuestra Señora de la Esperanza Macarena (Sevilla, España), Nuestra Señora de los Reyes, Nuestra Señora de la Soledad, Nuestra Señora del Divino Amor, Nuestra Señora de Nazaret, Nuestra Señora de la Paz (El Salvador) y Nuestra Señora de la Paz (Hawái), Nuestra Señora de Luján (Buenos Aires, Argentina), Virgen del Milagro (Salta, Argentina), entre otras.

Reparaciones de la Virgen María

Hay enseñanzas y tradiciones específicas, tales como Actos de reparación, o sea, oraciones a la Virgen María por los insultos que ella sufre. El misal católico Raccolta (aprobado por un decreto de 1854 y publicado por Santa Sede de 1898) incluye varias oraciones.[106][107][108]

Estas devociones y oraciones no tienen que ver con una petición para sí o una persona fallecida, pero se destina a reparar los pecados de los otros contra la Virgen María.

Devociones marianas de la tradición sagrada

Nuestra Señora de Peñafrancia en ciudad de Naga, Filipinas
Procesión nocturna del Rosario en Málaga, España

Las devociones marianas ocupan un lugar muy destacado en la tradición católica y los católicos practican una gran variedad de devociones que van desde la Consagración y entrega a María, pasando por el uso de escapularios, hasta la Devoción de los primeros sábados, y oraciones de varios días como el Rosario, el Ángelus y las Novenas. [109][110][111][112]

La difusión de las devociones marianas, como el Rosario, a través de organizaciones laicas, también ha influido en el interés popular por la mariología.[113] Las devociones marianas suelen comenzar en el ámbito de la piedad popular, a menudo en relación con las experiencias religiosas y las visiones de personas sencillas y modestas (en algunos casos, niños), y el relato de sus experiencias con el paso del tiempo despierta fuertes emociones entre numerosos católicos. [114][115]

Los teólogos han citado en ocasiones, en apoyo de su mariología, el constante sensus fidelium, por ejemplo, Alfonso María de Ligorio valoraba los textos y tradiciones de los Padres de la Iglesia como expresiones del sensus fidelium del pasado y atribuía gran |importancia al argumento de que «la mayor parte de los fieles siempre han recurrido a la intercesión de la madre divina para obtener todas las gracias que desean».[116] Hablando del testimonio de los Padres de la Iglesia al atribuir ciertos títulos a María, en «Fulgens Corona», el Papa Pío XII escribió:

Si se presta la debida atención a las alabanzas populares a la Santísima Virgen María, ¿quién se atreverá a dudar de que ella, que era más pura que los ángeles y pura en todo momento, estuvo en algún momento, aunque fuera por un instante, libre de toda mancha de pecado?[117]

Los dogmas marianos de la Inmaculada Concepción y la Asunción de María se definieron en parte sobre la base del sensus fidei, «la apreciación sobrenatural de la fe por parte de todo el pueblo, cuando, desde los obispos hasta el último de los fieles, manifiestan un consentimiento universal en materia de fe y moral».[118] En el caso de los dogmas de la Inmaculada Concepción y la Asunción, los dos papas consultaron a los obispos católicos de todo el mundo sobre la fe de la comunidad antes de proceder a definir el dogma. [119]

Véase también

Citas bíblicas

Referencias

Bibliografía

Enlaces externos

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