Rafael Balanzá y Navarro

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Rafael Balanzá y Navarro


Obispo de Lugo
2 de marzo de 1928-20 de enero de 1960
Predecesor Plácido Ángel Rey de Lemos, O.F.M.
Sucesor Antonio Ona de Echave


Obispo auxiliar de Toledo
13 de agosto de 1923-2 de marzo de 1928

Otros títulos Administrador apostólico de Mondoñedo (1931-1935)
Información religiosa
Ordenación sacerdotal 27 de febrero de 1904
por Francisco García López
Ordenación episcopal 20 de enero de 1924
por Enrique Reig Casanova
Información personal
Nombre Rafael Balanzá y Navarro
Nacimiento 19 de enero de 1880
Valencia
Fallecimiento 29 de septiembre de 1960
Lugo
Estudios Doctor en Sagrada Teología
Doctor en Derecho canónico
Alma mater Universidad Pontificia de Valencia

Rafael Balanzá y Navarro (Valencia, 19 de enero de 1880 - Lugo, 20 de enero de 1960) fue un canonista y obispo católico español. Ocupó los cargos de obispo auxiliar de Toledo (1923-1928) y obispo de Lugo (1928-1960).[1] Además, entre 1931 y 1935 fue administrador apostólico de la diócesis de Mondoñedo.

Nacimiento y familia

Nació en Valencia en 1880, siendo el menor de seis hermanos. Su hermano Vicente (1874-1931), también sacerdote, fue doctor en Sagrada Teología y ocupó, sucesivamente, los cargos de profesor de Lengua hebrea y de Oratoria Sagrada en la Universidad Pontificia de Valencia; secretario de cámara de Rigoberto Doménech Valls, entonces obispo de Mallorca; y, finalmente, canónigo de la Catedral de Zaragoza.

Estudios y formación

Rafael Balanzá y Navarro cursó sus estudios eclesiásticos de latín, humanidades, filosofía, teología y derecho canónico en la Universidad Pontificia de Valencia, donde obtuvo el doctorado en Sagrada Teología en 1904 y el doctorado en Derecho canónico en 1911.[2] Había sido ordenado sacerdote el 27 de febrero de 1904.

Sacerdocio y vida docente

Fue ordenado sacerdote el 27 de febrero de 1904 por Francisco García López, obispo titular de Loryma y obispo auxiliar de Valencia. En 1910 fue nombrado capellán de las Hermanas de la Caridad de Santa Ana y de la Comunidad de Damas Catequistas de Valencia.

Fue profesor de derecho canónico en la Universidad Pontificia de Valencia desde 1911 hasta 1924. Fue designado examinador prosinodal (1917) y viceprovisor (1918) por el arzobispo José María Salvador y Barrera.

El 25 de junio de 1921 fue nombrado canónigo de la Catedral de Valencia por el arzobispo Enrique Reig Casanova, quien dos días más tarde le nombró también provisor, pro-vicario general y juez metropolitano.

Episcopado

Obispo auxiliar de Toledo

Cuando el arzobispo Reig Casanova fue creado cardenal y nombrado arzobispo primado de Toledo (1922) hizo todo lo posible para llevárselo consigo. Balanzá fue preconizado obispo auxiliar de Toledo el 13 de agosto de 1923 por el papa Pío XI. Fue consagrado obispo en la catedral valenciana el 20 de enero de 1924.[3] Inmediatamente fue nombrado vicario general, provisor y juez metropolitano de la archidiócesis primada.

Cuando falleció el cardenal Reig (1927) fue elegido vicario capitular. Cuando el cardenal Pedro Segura tomó posesión de la sede toledana confirmó a Balanzá en todos sus cargos.

Obispo de Lugo

El 2 de marzo de 1928, unos meses después de la renuncia del obispo Plácido Ángel Rey de Lemos, el papa Pío XI le nombró obispo de Lugo, cargo que ejerció hasta su muerte en 1960. Tomó posesión de la diócesis el 24 de junio de 1928. Poco después, en 1929, fundó el Seminario Menor diocesano, adquiriendo para ese fin un edificio que tenían los maristas, en cuyo solar hizo levantar años más tarde nuevas edificaciones. También remodeló el edificio del Seminario Mayor para dar cabida a un número creciente de seminaristas.

En marzo de 1930 publicó una carta pastoral en la que comentaba la encíclica Divini illius Magistri de Pío XI, sobre la educación cristiana de la juventud. En febrero de 1931 publicó otra carta pastoral comentando la encíclica Casti connubii, también del papa Pío XI, sobre el matrimonio. Poco después publicó una circular en el Boletín Oficial del obispado en la que recordaba las disposiciones canónicas sobre las obligaciones de los clérigos con cura de almas (deberes de los párrocos, gracias y privilegios, delegación de facultades, custodia de la Eucaristía, preces o prácticas piadosas mandadas y colectas), incluyendo instrucciones sobre cómo debían proceder en sus relaciones con las oficias eclesiásticas; culminó dicha circular con la siguiente recomendación: "Leyendo con cuidado el Código de Derecho Canónico, el Derecho concordado español, las Sinodales del Obispado y el Boletín Oficial del mismo, se ahorrarán los Rvdos. sacerdotes muchas preguntas, gestiones y molestias inútiles".[4]

En abril de 1931, con ocasión de la proclamación de la II República, publicó una circular en la que aseguró que la Providencia divina no permitía nada que no fuese para bien de los hombres, e invitaba a sus fieles a rezar sin interrupción. Ordenaba a sus súbditos guardar "los debidos respetos a las Autoridades seculares" y colaborar con ellas "por los medios que les son propios, para la consecución de sus nobles fines de orden, paz y prosperidad de la Patria". Y a sus sacerdotes les ordenó cumplir celosamente "las obligaciones de su cargo", absteniéndose "en absoluto de mezclarse en las luchas políticas, a tenor de lo que prescriben los sagrados Cánones".[5] Entre 1931 y 1935, tras la muerte de Juan José Solís y Fernández, obispo de Mondoñedo, desempeñó el cargo de administrador apostólico de la diócesis de Mondoñedo, hasta que fue designado obispo de esa sede (1935) el lucense Benjamín de Arriba y Castro.

Con el inicio de la Guerra civil española se adhirió inmediatamente al bando sublevado, firmando en 1937 la Carta colectiva de los obispos españoles con motivo de la guerra en España,[6] que había sido redactada por Isidro Gomá, arzobispo de Toledo, con la colaboración de Leopoldo Eijo y Garay, obispo de Madrid-Alcalá, y de Enrique Pla y Deniel, entonces obispo de Salamanca. Un año después ordenó que el Boletín Oficial del obispado lucense publicase en su número del 16 de abril de 1938 la encíclica Mit brennender Sorge del Papa Pío XI, en la que el Pontífice condenaba el nazismo. Terminada la guerra civil, dispuso que no se diesen certificaciones de buena conducta religiosa a los que habían pertenecido a sociedades marxistas u otras organizaciones anticristianas.[7]

Durante su largo episcopado sólo realizó una visita ad limina (1932), pues durante el transcurso de la Guerra civil española (1936-1939) y de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) la Santa Sede dispensó a los obispos de realizarla. Y en los años posteriores fueron sus condiciones físicas las que le impidieron realizar el viaje a Roma. Por esa misma incapacidad física no pudo cumplir personalmente la obligación de las visitas pastorales, pero nunca las descuidó o abandonó, sino que se sirvió de terceras personas (José Souto Vizoso y varios obispos de tierras de misión ya jubilados) para efectuarlas.

En enero de 1949 anunció la convocatoria de un concurso y concursillo de oposiciones para la provisión de curatos, que se celebraría a finales del mes de noviembre de ese año. En ese momento había en la diócesis de Lugo 468 curatos sin párroco —aunque servidos por ecónomos o encargos, nombrados, no por oposición, sino por designación directa del obispo, por lo que podían perder su cargo si otro sacerdote concursaba a su parroquia y obtenía el cargo de párroco de la misma; o bien podían asegurarse su permanencia en ellas si ellos mismos aprobaban dicha oposición—, pero sólo salieron a concurso 198 de ellos. Al concurso de oposiciones se presentaron 269 sacerdotes de Lugo y tres sacerdotes extradiocesanos, 272 en total, de los cuales 224 merecieron la aprobación del tribunal examinador, pero sólo 131 se ellos obtuvieron el cargo de párrocos.

Potenció la vida religiosa en la diócesis, autorizando la instalación de diez institutos religiosos en el territorio diocesano: las Terciarias Franciscanas del Rebaño de María en el Sanatorio Antituberculoso (1940), la Alianza en Jesús por María (1945), las Hermanas Mercedarias de la Caridad en Chantada (1946), las Misioneras del Divino Maestro en Lugo (1949), la Orden de la Compañía de María Nuestra Señora en Lugo (1950), la Congregación de Nuestra Señora de la Caridad del Buen Pastor de Angers en Lugo (1951), la Pía Unión de Obreras de Jesús en Monterroso (1953) y en Lugo (1956), la Congregación de Hijas de María Inmaculada para el Servicio Doméstico en Lugo (1954), la Congregación de Religiosas Terciarias Franciscanas Misioneras de la Divina Pastora en la Residencia Sanitaria (1956) y en el Colegio del barrio de la Milagrosa (1959), y la Pía Unión de Hijas de la Parroquia Auxiliares del Buen Pastor en Lugo (1958).

El 28 de enero de 1953 expidió el decreto de erección del Secretariado Diocesano de Caridad, precursor de Cáritas Diocesana. Durante su pontificado en la diócesis de Lugo fue extraordinariamente cuidadoso en la gestión de la economía diocesana, no consintiendo despilfarros de ningún género, como atestiguó años más tarde al canónigo Amador López Valcárcel:[8]

No hay que perder de vista varios detalles en que era muy cuidadoso. A nivel diocesano no malgastaba ni una peseta. Todavía recuerdo cómo me recriminó un descuido por el que hubo de repetir la impresión de 16 páginas de la Guía diocesana de 1953 echándome en cara que tal reimpresión costaba dinero.

Tampoco toleró despilfarro o gastos superfluos en el interior de su residencia, donde se vivía muy sobriamente, hasta el punto que hubo quien afirmó que lo único presentable en el magno edificio era la capilla. Su sucesor en el cargo tuvo que restaurar todo el interior del palacio, semirruinoso en algunos sectores.

A lo largo de la década de los 50 su salud se fue quebrantando paulatinamente, por lo que el 27 de marzo de 1956, el papa Pío XII, nombró a Antonio Ona de Echave, entonces vicario general de la diócesis de Pamplona, obispo titular de Dysti y obispo auxiliar de Lugo, con el fin de que auxiliase al obispo Balanzá en sus tareas pastorales. Balanzá y Navarro le nombró vicario general, ad universitatem causarum, de la diócesis de Lugo el 26 de octubre de ese año.

En la primavera de 1960 su salud se deterioró notablemente, por lo que la Santa Sede nombró, el 23 de julio de ese año, a Ona de Echave —entonces obispo auxiliar de Lugo y que acabó siendo su sucesor— administrador apostólico sede plena de la diócesis de Lugo.

Muerte

Murió en Lugo el 29 de septiembre de 1960. En su testamento dejó estipulado que todos sus bienes debían pasar al Seminario Menor de Lugo, por él fundado.[3] Está enterrado en la cripta arzobispal de la Catedral de Santa María de Lugo.

Obras

Publicó, entre otros, los siguientes escritos en la Guía Eclesiástica y Boletín Eclesiástico de Valencia:

  • "Libros parroquiales, formularios de partidas e instrucciones según el Código".
  • "La Bula de Cruzada española según la concesión de Benedicto XV en 12 de agosto de 1915".
  • "Exposición de Jubileo con motivo del XVI Centenario de la paz de la Iglesia".
  • "La acción del clero en el fomento de las Vocaciones Eclesiásticas".

Referencias

Bibliografía

Enlaces externos

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