Capilla mayor de la Iglesia de San Ginés (Padriñán)

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Autor atribuida a Juan Afonso
Creación c. 1514-1519
Capilla mayor de la Iglesia de San Ginés
Autor atribuida a Juan Afonso
Creación c. 1514-1519
Ubicación Iglesia de San Ginés de Padriñán, Sangenjo, Pontevedra (Galicia, España)
Estilo renacentista
Material granito

La capilla mayor de la Iglesia de San Ginés es una obra atribuida a Juan Afonso y realizada aproximadamente entre 1514 y 1519. Está ubicada en la Iglesia de San Ginés de Padriñán, en Sangenjo, Pontevedra (Galicia, España).

De la feligresía de San Ginés de Padriñán existen datos desde al menos el siglo x,[1] si bien el templo actual se corresponde con una reconstrucción acometida a principios del siglo xvi; de acuerdo con la información aportada por Francisco Varela Sarmiento, cura de Sangenjo para 1702, el inicio de dicha reforma tuvo lugar en 1514, año en que el abad Gonzalo de Saavedra costeó la capilla mayor, finalizando las obras al parecer en 1519 de acuerdo con un documento fechado en dicho año:

En el puerto de Sangenjo de Padriñán a cinco días del mes de octubre del año de nuestro Salvador y Señor Jesucristo de mil e quinientos diecinueve años en presencia de mí, notario, y otros que estaban el reverendo señor D. frey Gonzalo de Saavedra abad del monasterio de Santa María de Armenteira; y de la otra parte Lorenzo Dalemparte clérigo de Santiago de Nantes, ante él juntos y presentes estaban e dixeron que por cuanto ellos traían a cierto pleito o debate y se oyó y yo vi una sentencia que fue dada por Antonio Suárez, juez de Caldebergazo en Cotobade.[2]:8

Al final de dicho documento figura el nombre de Juan Afonso, identificado como «pedrero» y quien consta como testigo además de firmar el escrito, lo que de acuerdo con el historiador José Manuel Abel Expósito indica la conclusión de una obra de gran envergadura, que al tratarse entonces de una zona tan pequeña y remota solo podría relacionarse con el fin de las obras de reconstrucción iniciadas en la capilla mayor de la iglesia en 1514:

Embargado se hizo a fabor del dicho señor abad que por cuanto se quisieren quitar de pleito en concordia del dicho Lorenzo de Alemparte, clérigo, dixo que él consentía y consintió como el dicho presbítero del dicho beneficio de Santiago de Nantes, por sí y en nombre de los dichos sus causantes en el que él se apartaba, se apartó del dicho pleito al tenor y forma de la dicha sentencia de una vez para siempre jamás. Y luego el dicho señor abad dixo que por servicio de Dios por ruego del señor Miguel Afonso, clérigo de San Martiño de Berducido que él le quitaba e quitó las avistas en que lo había condenado en esto, que le pagasen los labradores la renta de pan del décimo que le debían de los años pasados hasta el día de la sentencia, de dar por pagar, por para mayor firmeza lo cumplir, por tener por guardar y otorgación un contrato y en forma de razón en que pasaron su contrato ahora mismo para si todo tiempo so pena de diez mil maravedís, que pague de pena, que al cualquier de las partes que contra ello por la mitad para la parte obediente por la otra mitad para la justicia que los gastó y esto fue que pasó ansí, año, día y mes sobredicho, estando ya ellos presentes por testigos el señor Miguel Afonso, clérigo de San Martiño de Berducido que firmó en el registro de mí, notario, de su nombre firmó Juan Afonso pedrero, con Juan de Pambrés, habitantes en Sangenjo, con Juan do Canto y Alonso do Canto mareantes, vecinos de dicho puerto de Sangenjo e para mayor firmeza el dicho señor abad y del dicho Lorenzo de Alemparte, clérigo firmarán ambos todos en el registro de mi notaría y yo notario hago fe que conozco al dicho señor abad y al dicho Lorenzo de Alemparte clérigo y otorgante y yo Pedro de Saavedra notario de la villa de Pontevedra.[2]:8–9

Hay constancia de que a lo largo del siglo xvi, posiblemente nada más concluir la reforma, se pintó un gran mural en el trasaltar de la capilla mayor el cual mostraba una escena de la Asunción; dicho mural sería quemado por los ingleses en 1585 con motivo de la incursión del pirata Francis Drake, si bien los ataques más virulentos se produjeron en otros puntos de la geografía pontevedresa, como la isla de Tambo, cuya iglesia, a diferencia de la de Padriñán, quedó completamente arrasada durante la segunda incursión de Drake, en 1589:

De tales referencias documentales a los ermitaños de Santa María de Gracia de la isla de Tambo el padre Sarmiento deduce la existencia de una fundación monacal con iglesia o ermita atendida por los religiosos o monjes sacerdotes, al menos desde antes de los primeros años del siglo xv hasta que la isla fue invadida por los piratas ingleses mandados por Drake. La isla fue arrasada, destruyeron el monasterio, prendieron fuego a la iglesia y arrojaron al mar las imágenes. La imagen titular de Nuestra Señora de Gracia la recogieron los pescadores de Combarro y la colocaron en la capilla de Nuestra Señora de Renda en donde la vio el padre Sarmiento, quien al estar allí preguntó a la ermitaña, una devota mujer que hacía vida eremítica en aquel lugar, la cual le dijo que era la imagen de Nuestra Señora de Gracia, procedente del monasterio de la isla de Tambo. La imagen que menciona el padre Sarmiento era de madera pintada, de una vara de alto, representando a la Virgen María dando el pecho al Niño, con corona en la cabeza, con indicios de no ser muy antigua.[3]:98[nota 1]
Capilla de la Sagrada Familia (anónimo, 1670). Iglesia de San Ginés de Padriñán.

La Casa de Saavedra, a la que pertenecía el notario que dio fe al documento donde figura el nombre del posible autor de la reforma de la capilla mayor (cuya arquitectura primitiva resulta desconocida), gozó de gran relevancia en Sangenjo tal y como atestigua el hecho de que esta familia tenía prebendas dentro de dicha capilla, espacio en el que sus descendientes ostentaron derechos de enterramiento a lo largo de los siglos: «El 10 de octubre de 1802. En esta parroquial Iglesia de San Ginés de Padriñán, se dio sepultura en una de las de la Capilla Mayor, perteneciente según costumbre a la casa y vínculo de los Saavedras al cadáver de D. Juan A. Patiño marido de D.a Manuela de Acebedo». Pocos años antes se había apelado a este derecho cuando se produjo el deceso del juez de A Lanzada Alonso de Torres Bermúdez de Lobera, quien recibió sepultura «en la capilla mayor de esta iglesia», en el mismo túmulo donde están enterrados sus abuelos Fernán Domínguez Escudero y Mariana de Saavedra y Figueroa, «tataranieta de los fundadores de esta iglesia».[2]:16

A menudo se afirma que el templo fue erigido en Aldariz y trasladado piedra a piedra en 1590 a su emplazamiento actual, lo que hubiese implicado el desmantelamiento de la capilla mayor para su reconstrucción, si bien un escrito permite corroborar que la iglesia fue levantada en su ubicación actual y, por ende, nunca fue objeto de traslado alguno:[nota 2]

Pedro de Laxe, tiene una Casa Bodega que está junto a la iglesia de la dicha villa que compró a Rodrigo García en 1590 dote que le había sido dada por el suegro de Rodrigo llamado Fernando Mínguez […] la casa parte con otra del monasterio de Poio situada delante de la de Alonso de la Maza junto al mar […].[2]:18

De la capilla mayor no habrá más noticias hasta el siglo xvii, cuando en 1616 se informa de la colocación del sagrario en un altar en el lado del evangelio (posible referencia a la Capilla del Rosario) en vez de en la capilla mayor, como era lo habitual entonces y ahora: «Por cuanto la custodia del Stsmo Sacramento debiendo estar en el altar mayor está en otro altar pequeño del evangelio». Por su parte, pocos años después, en 1623, consta un detallado registro contable en el que figura un pago de 44 reales por la factura de dos bancos para la capilla mayor: «[…] 44 reales más por dos bancos de la capilla mayor […]». Destaca a su vez un escrito de 1624 en el que se ordena el cambio de ubicación de varias de las imágenes del templo, con toda probabilidad emplazadas entonces en la capilla mayor: «[…] mando asmmo que se quiten lastres ymagines de san Po y sanpablo y la del sepoñ nro G. Y las dos de arriba porestar yndecenntemente enlacustodia. que son dos cajas y por estar todos sin la decencia que pide tangran Santuario= ya demastedos mando seizieseuna caja para el sMo enfrente del cristo y dealsisequiten lasimagenes sino fueren la de san Gines y lade la virgen y las otras las pongan en los altares coletorales loqual cumplan […]». En 1632 se produjo la visita de Gonzalo Yáñez de Rojas, quien constató la existencia de una sepultura decorada con un escudo de armas junto a la puerta de la sacristía, ubicada en el lado del evangelio, de la cual dijo lo siguiente: «Alonso de la Maza escribano, padre de Antonio de la Maza también escribano. Sepultura dotada con un ferrado de trigo; sepultura situada en la capilla mayor al lado del evangelio dotada sobre una finca de viña que se dice de Poleiros en Santa María Digna […]».[2]:21–25[nota 3] En lo que a enterramientos se refiere, destaca un registro contenido en el Libro 1º de visitas y fábrica:

Ytem: digo, que en la yglesia del dcho. Puerto de Sanxenxo, en la Capilla Mayor desta dcha yglesia hay un entierro y sepultura con sus armas al lado del Evangelio en la cual están sepultadas Sancha Vermudez y Mayor de Bua mi primera y segunda muger. Y sabiendo que el visitador deste arzobispado visita la Yglesia mandó que por el dicho entierro y sepultura se diese para la fabrica de la dicha yglesia lo que sehasentado en el libro dela dcha visita≡ dende luego ponga la mas remedio que mejor ayalugar del dicho libro, del dicho enterramiento y sepultura en diez ferrados de centeno por la medida de Avila que me paga de renta en cada unamano los herederos de Pedro Malvido, vecinos de la villa de Portonovo, los cuales dijo que la carga dió y situados sobre una viña y una guerta que de mi mano traen en fuero según del compresa y asimesmo se paguen de renta e de cada una mano a la fabrica de la Yglesia para indeperpetum: con que el dicho entierro y sepultura queden por mio y de mis erederos y subcesores.[4]

Del mismo modo, en otro escrito del libro de visitas de 1610 aparece el licenciado Lucas Bermúdez de la Maza «sobre la sepultura dotada en la capilla mayor de la iglesia de Sanxenxo pan de renta que se pagan en la aldea de Buezas, feligresía de Nantes», si bien uno de los enterramientos más ilustres es el de Clemente Bermúdez de la Maza, fundador de la Capilla de la Soledad, quien según una visita pastoral en 1715, «tiene otra sepultura en el coro y capilla mayor de dicha iglesia es la primera al salir de la sacristía», mientras que en los libros sacramentales consta que «se enterró el 23 de diciembre de 1716, en la sepultura de la capilla mayor habiendo testado ante Benito de Oreiro». Así mismo, al menos dos de sus nueve hijos fueron sepultados en la capilla mayor: Alonso de la Maza, quien el 8 de agosto de 1717 «se enterró en la 2ª hilera bajando de la capilla mayor delante del colateral de Na Sra del Rosario», y Brígida, fallecida el 3 de septiembre de 1721.[4] Sumado a los enterramientos de la familia de la Maza, los Posse de Faxín, quienes durante siglos ostentaron los patronatos de la Capilla de la Sagrada Familia y la Capilla de la Purificación, también tienen una presencia relevante en la capilla mayor, pues María Posse de Faxín eligió una de las sepulturas de este espacio del templo como morada final, teniendo lugar su deceso el 28 de octubre de 1698.[5]

Capilla de la Purificación (anónimo, siglo xvi). Iglesia de San Ginés de Padriñán.

En 1634 la capilla vuelve a ser mencionada con motivo de unas obras acometidas en el templo: «[…] a Pedro Dadín, por ocho pontones se le pagaron 4 reales y a Domingo de Gándara 40 reales por cinco días de comida, a él y a su compañero, juntamente con los clavos y la madera para los bancos de la capilla mayor […]». En 1640 se menciona nuevamente la capilla en un escrito que permite ratificar la ubicación de la iglesia en la villa de Sangenjo: «Ítem digo enla Yglesia de dicho puerto de Sangenjo en la capilla mayor […]». La siguiente noticia que hay sobre la capilla se encuentra en una anotación efectuada con motivo de la visita a la parroquia de Yáñez de Rojas el 18 de junio de 1642, donde consta que «la sacristía está sin puertas, esta obra es a cargo del capitán D. Nicolás de Pazos. Las sepulturas de los sacerdotes en la capilla mayor, que se reserve espacio para ellos por estar todo el espacio ocupado por dotaciones» (menos de un mes después, el 10 de julio, se produjo el fallecimiento de Juan Conde, quien recibió sepultura en la capilla mayor, concretamente en el espacio reservado a los señores abades). Uno de los acontecimientos más importantes que experimentó la capilla se produjo ese mismo año y fue la contratación con el entallador Domingo de Meri de «una caxa para el Santísimo Sacramento para el altar mayor o custodia», obra concertada en 700 reales, además de encargarse al mismo artista dos imágenes que posiblemente eran Santiago y San Amaro, mandadas pintar en 1650. La hechura de este retablo, fabricado en Padrón, donde Meri tenía entonces su taller, debió de prolongarse cinco años, pues el pago se produjo en 1647: «Recibí toda la cuantía del retablo 700 reales con carta de pago a 8 días del mes de agosto de 1647 de mano de Juan de Faxín […] más pagué 18 reales al arriero que trajo el retablo desde Padrón».[2]:26–28[nota 4]

En 1648 las cuentas reflejan un pago de 470 reales «que dio para el retablo y cobró de Juan González, mas por descargo de 53 reales de jornales a los carpinteros y un castaño que se dio para el cume de la iglesia […]», mientras que en 1652, con motivo de la visita de dicho año, se dejó constancia de lo siguiente: «Visitose en 29 de febrero de 1652. Estaba decente, tiene retablo con viril de plata y relicario [copón], cruz, relicario pectoral [portaviático] y dos cálices, hay bastantes ornamentos y corporales y por renta 20 ferrados de pan […] Tres cálices y tres patenas. Los dos de plata y el otro de metal sobredorado fuera la copa que es de plata cuyo pie sirve al viril donde se expone el Santísimo Sacramento patente […]». El viril mencionado en este escrito figura ya en una anotación de 1619, donde se pone de manifiesto que entre los bienes de la parroquia se halla «una custodia dorada con su viril del Santísimo Sacramento y una cousela de plata blanca donde está el Santísimo Sacramento». También en 1652 figura una manda en virtud de la cual se dispone que «se pinte la custodia del Santísimo por adentro que el altar mayor y el colateral del evangelio se cubran de madera dejando campo descubierto para colocar los corporales. Un frontal de tela para el colateral de la Epístola y píntense las imágenes de San Amaro y Santiago, encájense en madera el ara que está en la capilla y se compre otra para el colateral de la epístola, así como un frontal de seda para la capilla mayor». Casi diez años después, en 1661, se contrató por 440 reales la policromía y el dorado tanto del retablo como de la custodia «por dentro y al olio», si bien el pago no se realizaría hasta 1669 tal y como plasma un asiento del libro de cuentas.[2]:22,30–31

En 1642 se produjo la llegada del licenciado Juan Posse de Faxín, quien de 1651 a 1669 realizó una serie de foros perpetuos gracias a los cuales pudo dotar a la capilla mayor y a la Capilla de la Sagrada Familia (fundada por él en 1672) de rentas de 3000 y 2000 reales respectivamente. En el testamento de Posse de Faxín, firmado el 26 de noviembre de 1679, se hace mención a las dos capellanías fundadas por el licenciado en la iglesia así como a los capellanes de ambas: «D. Juan Posse de Faxín, por beneficia la misa cantada y sacar a su Divina Magestad con su procesión alrededor de la yglesia todos los domingos del mes, el tercero la “Minerva” de párroco (minerva mayor), y los otros tres domingos mandó dicho Juan Posse se dividieren, en los dos capellanes que fueren de las dos capellanías que fundó en la dicha iglesia (minervas menores con exposición en el altar privilegiado del Rosario). Esta carga recaía en los sucesores de Antonio de Ledo y Alberta do Pazo de Portonovo por razón de un censo [...]».[2]:32–35 De la capilla mayor no volverá a haber más noticias hasta el siglo xviii con motivo de la visita pastoral de Juan Antonio Trelles en 1715:

[…] halló por cura á Don Francisco Varela y Sarmiento y por mayordomo a Alejandro de Reyes vecino de Fontoira. Halló que D. Carlos Sarmiento usa de sepulturas que se hallan en la capilla de Na Sra de la Purificación por las que no paga. Halló que en la capilla Mayor tiene D. Benito Barreiro dos sepulturas, y el licenciado D. Benito da Carballa tiene otras dos sepulturas en dicha capilla Mayor. Que D. Clemente Bermudez de la Maza tiene otra sepultura en el coro y capilla Mayor de dicha Iglesia que es la primera al salir de la sacristía por la que no paga, que D. Bernardo Gómez Cuervo usa de dos sepulturas más abajo del arco toral, delante de la Capilla Mayor y de Ntra Sra. del Rosario, que Da Josefa Bermúdez de la Maza tiene otra sepultura mas abajo […].[2]:40

Pocos años después, en 1719, la capilla corrió el riesgo de resultar destruida durante un ataque inglés:[2]:40

Tras el ataque francés por los Pirineos, los británicos mandaron una expedición de castigo a la costa de Galicia. En el mes de septiembre de 1719 una escuadra británica desembarcó en Ribadeo una fuerza de 5000 soldados. Allí permanecieron tan solo cuatro días organizando las columnas de castigo, que se dirigieron a Vigo, Pontevedra y Marín. Destruyeron los astilleros de Vigo y Marín, saquearon las zonas donde estuvieron y permanecieron cuatro semanas en Vigo.[2]:41

Pese a que la capilla no llegó a ser destruida, los ingleses causaron un importante daño en ella al quemar el retablo y las imágenes que lo adornaban en un ataque motivado por el afán de causar destrozos y tal vez en el marco de la furia iconoclasta, muy presente en la Inglaterra protestante de los siglos xvi y xvii.[2]:94 Los ataques no solo se produjeron en la capilla mayor, pues la Capilla de la Purificación también fue víctima del vandalismo al ser quemada la imagen de madera de la Virgen de Quitapesares, la cual constituía una copia de un relieve pétreo empotrado en el muro frontal de la capilla que fue picado pocos años antes del ataque y que a su vez replicaba la talla presente en la torre de las campanas de la Basílica de Santa María la Mayor de Pontevedra. En lo que atañe al saqueo producido, los anglosajones solo pudieron llevarse las campanas del templo,[nota 5] pues unas misteriosas luces en el horizonte advirtieron a los habitantes de la llegada de los ingleses, lo que les permitió huir ladera arriba hacia el interior de la parroquia llevando consigo casi todos los objetos de valor.[6]

Retablo mayor (anónimo, c. 1749). Iglesia de San Ginés de Padriñán.

La pérdida del retablo mayor, entonces el único existente en el templo, sería subsanada alrededor de treinta años después; hay constancia de que para 1748 la capilla se hallaba todavía sin retablo, por lo que se ordenó «cubrir el frontispicio de piedra que al presente se halla al descubierto». Uno de los mayores benefactores para la hechura de la pieza fue Domingo de Ledo, alguacil y alcalde mayor de las Reales Cajas de Cuzco (Perú), quien ayudó «con 500 reales para el altar mayor» así como con una imagen de «Cristo Crucificado en una cruz de madera de Chonta del referido reino del Perú, con sus cantones o remates de plata […] de ciento cincuenta reales de vellón». A mayores, Ledo donó «un biril de plata sobredorado con sus cristales […] de 7260 reales» más «un ara de 22 reales; catorce mecheros de bronce; una aureola y cuchillo, pluma de plata para San Ginés, todo importa 8070 reales o 732 ducados y 8 reales». Esta generosa donación, efectuada el 22 de octubre de 1749, le valdría a Ledo la concesión de «la sepultura que se halla abajo y caer la cepa y arco de la capilla mayor, a la parte de la epístola que junta con la de los herederos del licenciado D. Faustino Gómez (de Valladares) abogado que fue de la R. A. de este tribunal. Y con las dos y esta que se le adjudica a dicho D. Domingo Antonio que llegan por debajo de dicha cepa al altar de Na Sra de la O en lo otro banco y sepultura […]».[2]:126[nota 6] Tal y como consta en los archivos parroquiales:

Domingo A. Ledo Domínguez, tiene un banco de respaldo colocado frente al púlpito y puerta traviesa y arrimado al arco de la capilla de la Purificación, así al tirar a la puerta principal. Levantado el dicho banco le hice poner en la tarima que tiene plantada por él mismo en la sepultura que se halla abajo y caer la cepa y arco de la capilla mayor, a la parte de la epístola y junta con la de los herederos de Faustino Gómez de Valladares Abogado de la R. A.[2]:127

La siguiente noticia que hay de la capilla mayor en los archivos parroquiales figura en una anotación de 1765, donde consta un registro de gastos asumidos por la Cofradía del Rosario:

A Ysidro de Moraña, 58 reales y 25 maravedíes por dar cal al paredón del fuerte del atrio. Y 8 reales a los carretadores que traen la piedra desde el Vinquiño […] 588 reales por la composición del arco de la tribuna […] 186 reales a Joseph de Outón, maestro carpintero por la tribuna, 96 reales a Joaquín de Esperón y a sus oficiales por serrar la madera… Por la fábrica del fuerte del atrio a la parte de oriente y capilla mayor en esta iglesia 480 reales.[2]:45

En 1770 figura el siguiente escrito: «El 20 de Abril de 1770 se recibió en la Yglesia de San Ginés, un copón grande de plata sobredorado que ofreció para ella la piadosa mano de D. Ignacio Prego de Montaos que sirve para las sagradas reliquias de la custodia del altar mayor. Su valor 1010 reales de vellón y entregó el referido a Manuel Ourán, fabriquero. Y lo firmo con el dicho cura D. Ygnacio Crestar. D. Ygnacio Prego de Montaos […]». Por estas fechas Alberto Jacinto de los Reyes costeó el retablo de la Virgen del Carmen y envió dos tallas desde Manila (Filipinas), adonde había emigrado en su juventud en busca de riqueza; una de las imágenes que envió, réplica fiel del Santo Niño de Cebú, fue dispuesta en el retablo mayor, estructura para cuya policromía y dorado contribuyó en 1768 con la generosa suma de 1500 reales,[nota 7] si bien ya en 1764 Francisco Pérez de Mato, oriundo de Padrón, había pintado el camarín, la custodia y el frontal por 1800 reales.[2]:45–46,93,128 La capilla sería nuevamente mencionada en 1782 con motivo de la visita el 4 de octubre de Andrés Sobrino Taboada, canónigo cardenal de Compostela, momento en que Ambrosio da Silva fungía como cura ecónomo; pese a que para ese entonces el retablo ya llevaba varios años presidiendo la capilla, el mismo no fue registrado al igual que las imágenes:

Se visitaron las dos capillas, esto es la mayor y menor de S. Josè que fundó D. Juan Posse de Faxín, rector que fué de esta, con su capellán D. Rodrigo Peón y D. Juan Francisco Peón con obligación cada uno de dos misas semanales en los dias lunes y viernes, Item: hay una fundación de dos misas diarias que se dicen en el colateral del Carmen, una la celebra D. Nicolás Malvido, vecino de Potonovo y la otra D. Juan Francisco Peón, fue fundador el mismo D. Alberto de los Reis y por cada misa se pagan 4 reales […].[2]:47

En 1803 Francisco Pecoul facturó una lámpara votiva para la capilla mayor: «Francisco Pecoul Crespo, hijo del también platero de origen francés Claudio Pecoul y de Juana Crespo. Bautizado en la ciudad de Santiago en 1768. En 1803 realizó una lámpara de plata para la iglesia de San Ginés de Padriñán (igual que la del Colegio de las Huérfanas de la ciudad de Compostela), de 166 onzas de plata».[2]:94 Tanto la capilla como el retablo y sus imágenes corrieron el riesgo de resultar destruidos o de ser víctimas del expolio durante la invasión francesa de 1808 tal y como relató en 1819 un monje del Monasterio de Santa María de Armenteira:

Habiendo entrado los franceses en España el año de 1808 con título de paz, se apoderaron de las plazas fronterizas, de Madrid, de los reyes y personas reales. Vista tan atroz perfidia por los madrileños, se arrojaron sobre ellos el 2 de mayo, e hicieron con ellos gran matanza. Se declaró desde aquel día una guerra desoladora. Avanzaron el año 9 e inundaron casi toda la España. En esta prova todo lo corrieron; solo a este monasterio, a la jurisdicción de Cambados y a la Lanzada no llegaron, pero se extendieron por otras provas hasta que el año de 13 los echaron de toda la península.[2]:48–49

Nuevamente tanto la capilla como el retablo corrieron peligro debido a un fuerte temporal acaecido el 13 de diciembre de 1870 el cual dejó gravemente afectada la cubierta de la iglesia, si bien las obras de reparación no serían acometidas hasta 1872, previo apercibimiento por parte de los vecinos a las autoridades gubernamentales. El estado del templo era tan lamentable que el gobernador civil llegó al extremo de prohibir la entrada al mismo: «Oída la comisión provincial y de perfecto acuerdo con su dictamen, he acordado ordenar al alcalde de Sangenjo que prohíba la entrada a sus domiciliados en la capital del distrito la entrada en el templo parroquial, imponiendo el maximagnum de la multa que establece el artículo 77 de la ley municipal a cada una de las personas que infrinjan tal prohibición, excepción hecha del cura párroco y el sacristán, quienes por la necesidad de sus funciones podrán entrar en el templo si lo creen conveniente». Tras varios desencuentros entre el cuerpo civil y el cuerpo eclesiástico, se llegó a un acuerdo en virtud del cual se seguiría celebrando misa en el interior de la iglesia, aunque por seguridad la liturgia no se llevaba a cabo en la capilla mayor sino cerca de la entrada principal, con los feligreses dispuestos en el atrio.[2]:61[nota 8] En 1871 se realizó un exhaustivo inventario gracias al cual se puede conocer cómo era la distribución del templo:

Siete altares, dos habilitados para el culto. El mayor con crucifijo, en el centro San Ginés, encima del sagrario Niño Jesús de marfil, derecha San Juan Bautista e izquierda San Antonio de Pádua. Retablo de la Santísima Virgen del Rosario. Que trae la imagen de esta, arriba Santa Rosalía de Palermo, y a la derecha San Roque. Altar de San José (recientemente pintado) Niño Jesús, izquierda San José, derecha Purísima Concepción. Retablo de la Virgen del Carmen: Arriba San José, derecha San Blas e izquierda Santa Lucía. Altar de San Benito, frente al altar de San José: en el centro la imagen de San Benito Abad, derecha santo Domingo de Guzmán e Izquierda Virgen de la Candelaria.[2]:59
Retablo de la Virgen del Carmen (anónimo, c. 1770). Iglesia de San Ginés de Padriñán.

Un nuevo inventario en 1891 permite apreciar que en los veinte años transcurridos no se produjeron cambios en la distribución ni de los altares ni de las imágenes:

Siete altares, dos de ellos habilitados para el culto. Mayor crucifijo, San Ginés, encima del sagrario Niño Jesús de marfil; derecha San Juan Bautista; izquierda San Antonio de Pádua. Altar de la Santísima Virgen del Rosario: que tiene la imagen de ésta (de Vestir) arriba Santa Rosalía de Palermo; a la derecha San Roque. Altar de San José: recientemente pintado Niño Jesús, izquierda San José, derecha Purísima Concepción. Altar de Na Sra del Carmen. Virgen del Carmen, de vestir y de marfil, con coronas de oro, es una imagen preciosísima; superior San José; derecha San Blas; izquierda Santa Lucía (de vestir). Altar de San Benito frente al de San José: en el centro imagen de San Benito Abad; derecha Santo Domingo de Guzmán, e izquierda la Virgen de la Candelaria (antigua titular). Dos coronas de oro de la Virgen del Carmen y del Niño Jesús, y un rosario de oro de la Virgen del Carmen. Portaviático de plata sobredorada.[2]:63

En 1924 el entonces alcalde Ramón Orge Pérez regaló a la iglesia una talla de Cristo yacente facturada por Maximino Magariños, pieza que sería colocada en el retablo mayor, directamente bajo la mesa del altar. Por su parte, en 1936 el cura ecónomo Manuel Pérez Rajoán redacta un inventario con destino al boletín del obispado en el que se citan los mismos altares aunque se mencionan nuevas imágenes y cambios de distribución con respecto a los inventarios de 1871 y 1891:[nota 9]

Altar mayor: de madera, en parte dorado y de estilo barroco, su maestro de obras no consta. El Calvario, San Ginés, San Juan Bautista y San Antonio. Rosario: Estilo barroco, dorado. Na Sra del Rosario de vestir, Santa Lucía y San Roque. Na Sra del Carmen: Estilo barroco, imagen de vestir de Na Sra del Carmen Santa Teresita y Santa Rita. San José: retablo de madera dorado y barroco, patrono D. Juan López Pérez. Tallas de San José, la Virgen y el Niño Dios. San Benito: Retablo de madera dorado y barroco, imágenes de San Benito, Santo Domingo y la Virgen de las Candelas. Y una Virgen del Rosario pequeñita.[2]:68

En 1938 se llevaron a cabo importantes labores en el templo consistentes en «descubrir la cantería de la Iglesia, cubierta por una gruesa capa de cal, abrir una ventana en la nave, descubrir el arco de la puerta lateral, limpieza de la bóveda de madera y arcos, arreglo de la tarima de San Benito, reparación completa de la capilla de San José, abrir una ventana y lavado y barnizado del retablo, además del lavado y barnizado del altar mayor y colaterales. Importando toda la obra la cantidad de 1078 pts, con 5 céntimos».[2]:69–70 Poco después, en 1941, se realizaron más obras gracias a que el 19 de junio el cura Jesús Lois cursó al obispado una petición para que se ejecutasen los siguientes arreglos, ninguno de los cuales afectó al parecer a la capilla mayor:

1° Arreglo del tejado; 2° Pisar de madera la nave de la iglesia con un pasillo de baldosa en el centro, para lo cual el Duque de Terranova ofreció el pino viejo de su finca; hacer desaparecer un pequeño piso que hay en la sacristía; hacer desaparecer las dos alas que se extienden de la tribuna y construir otro cuerpo al campanario, se cierra el baptisterio con una pared de ladrillo, y se coloca un pavimento de madera y baldosa [...]. Para fabricar el arreglo del piso, ha dado el Exmo. Sr. Duque de Terranova, un secular y hermoso pino mouro. El mejor adorno de su finca según dice él en la calor. Serrarlo cortarlo más los carpinteros por preparar la madera y echar el piso a la iglesia impórtase 1500 Pts.[2]:71–72

Entre finales de la década de 1930 y comienzos de los años 1940, Nicolás Gaite, monje del Monasterio de San Juan de Poio, visitó Sangenjo y realizó una serie de dibujos de la iglesia gracias a los cuales se puede conocer cómo era el interior del templo; uno de estos dibujos permite apreciar que el primitivo sagrario tenía una cubierta semicircular con dos volutas que flanqueaban la puerta, decorada con un bajo relieve del Agnus Dei, si bien alrededor de dos décadas después la capilla mayor experimentaría un notorio cambio con la reforma promulgada en la década de 1960 por el Concilio Vaticano II, la cual ordenó que los altares fuesen despegados de los muros con el fin de poderse celebrar misa de cara al pueblo, por lo que el altar del retablo mayor fue retirado del trasaltar y emplazado en el centro de la capilla junto con la imagen de Cristo yacente. Al igual que en 1870, en 1973 el retablo corrió riesgo de sufrir desperfectos a raíz del desplome de una parte del tejado producto de un fuerte temporal, llevándose a cabo décadas después, en 2004, extensas reformas en el templo, tales como sustitución del pavimento y del tejado así como saneamiento de los muros y de los retablos por parte de la empresa Atlas, todo ello con un coste total de 149 586,16 euros.[2]:69–77,96–97 En 2016 todos los retablos fueron nuevamente restaurados, en este caso mediante un baño químico por la parte posterior debido a la presencia de carcoma, proceso que supuso un coste de 484 euros y que permitió descubrir los vestigios del mural que una vez decoró el trasaltar.[7][8] En 2024, con el fin de que la capilla mostrase la misma distribución que presentaba a comienzos del siglo xx, tanto el altar como la talla de Cristo yacente fueron reubicados en su emplazamiento original, disponiéndose de nuevo en 2025, en donde anteriormente se hallaba el sagrario, la imagen del Santo Niño de Cebú, guardada durante décadas en las dependencias de la cercana Parroquia de San Ginés.

Descripción

Arquitectura

Bóveda de la capilla mayor (c. 1514-1519), atribuida a Juan Afonso. Iglesia de San Ginés de Padriñán.
Óculo de la capilla mayor (c. 1514-1519), atribuido a Juan Afonso. Iglesia de San Ginés de Padriñán.

La capilla está realizada en mampostería de piedra de sillería, siendo los muros frontal y derecho los únicos que dan al exterior puesto que el izquierdo es compartido con la sacristía. De planta rectangular y con cubierta a tres aguas, se caracteriza por poseer en la entrada un arco triunfal ojival el cual cuenta con dos molduras y un total de diecinueve dovelas, careciendo de impostas o cualquier otro motivo arquitectónico u ornamental salvo la lámpara votiva que cuelga de su clave. La bóveda es de crucería estrellada y se compone de cuatro arcos formeros, cuatro arcos tercerones, cuatro arcos de ligadura, cuatro arcos diagonales, cuatro lunetas, cuatro florones o rosetones y una clave, solución arquitectónica empleada con algunas variantes en otros templos de la provincia, como la antigua Capilla de la Inmaculada Concepción de la Iglesia de Santa María de Adigna, la Capilla de San Miguel de la Basílica de Santa María de Pontevedra, y el Real Monasterio de Santa María de Oia: el florón norte presenta decoración a base de pétalos curvos (una cuarta parte del mismo se ha perdido), mientras que el rosetón sur muestra una flor de once pétalos redondos (seis encima y cinco debajo) y el occidental una de siete pétalos en forma de lágrima con otros siete pétalos más pequeños rodeando la composición (uno de ellos desaparecido), exhibiendo el florón oriental, parcialmente cubierto por el retablo, una cruz con una corona de espinas entrelazada y la clave una estrella de cuatro puntas presidida en el centro por una circunferencia y decorada con relieves en forma de ondas. Los muros carecen de cualquier tipo de decoración salvo el frontal, donde aún se conservan algunos restos descalcificados del mural quemado por las tropas de Drake (ángeles y ambos pies, una mano y partes del manto de la Virgen, todo ello oculto por el retablo), albergando el derecho una ventana abocinada en arco lobulado y el de la izquierda la puerta de acceso a la sacristía, cuyo dintel es en arco escarzano y presenta doble moldura. Por su parte, en el exterior destacan, en los extremos del muro frontal, unos notables contrafuertes de base cuadrada y en el centro un óculo ciego y con derrame interno de elaborada celosía, muy similar al que decora la fachada principal del templo.

Retablo

El retablo que decora el trasaltar de la capilla es de un cuerpo con predela, tres calles y ático. La predela, seccionada en la calle central, posee en las calles laterales motivos de rocalla y una ménsula rematada en concha de vieira en el centro, destacando a los lados unos prominentes netos ornamentados con ménsulas similares a la central. Respecto al cuerpo, este contiene un nicho en arco de medio punto en cada calle, siendo el central de mayor tamaño que los de los extremos; este nicho, ornamentado en los bordes con relieves de hojarasca y en la clave con una concha de vieira, posee jambas e intradós casetonados y cobija un manifestador de dos cuerpos con forma de templete: el inferior presenta arco rebajado con molduras y relieves de flores en las enjutas, hallándose a los lados dos estípites coronados con capiteles dóricos y a distinto nivel horizontal, mientras que el cuerpo superior exhibe un arco de medio punto con rica ornamentación de hojarasca, destacando a los lados motivos de rocalla y volutas. Los nichos de las calles laterales apenas poseen profundidad y se decoran al igual que el central con relieves de hojarasca, destacando en el cuerpo un total de cuatro estípites similares a los presentes en el manifestador. En lo que atañe al ático, este es ojival para adaptarse a la bóveda de la capilla y presenta motivos de hojarasca en los laterales, mientras que en el centro muestra un nicho de medio punto sostenido por pilastras equipadas con notables impostas, hallándose a los lados otras dos pilastras de mayor tamaño las cuales enmarcan el nicho, cuya cúspide se corona con un motivo semejante a una cornucopia. El retablo, policromado en tonos granates y verdes marmoleados realzados por el dorado de los relieves, se acompaña a los pies de un altar exento de sencilla labra en el que únicamente destacan las pilastras acanaladas que decoran los extremos del frontal.

Imaginería

San Ginés (anónimo, c. 1749). Iglesia de San Ginés de Padriñán.
Santo Niño de Cebú (anónimo, c. 1770). Iglesia de San Ginés de Padriñán.

El retablo posee un total de cuatro imágenes en la sección correspondiente al cuerpo; el nicho de la izquierda alberga una talla de San Juan Bautista, quien figura ataviado con una túnica celeste y portando una cruz, figurando de fondo el tronco de un árbol en una de cuyas ramas se halla un libro en alusión al Antiguo Testamento (carece sin embargo de su icono más reconocible, un cordero en representación del Agnus Dei), mientras que en el nicho de la derecha se ubica una imagen de San Roque, vestido con túnica y bordón, quien porta un bastón del que cuelga una calabaza y se descubre la pierna izquierda para mostrar una úlcera, hallándose a su lado un perro, el cual según la tradición le lamió las heridas y le llevó pan para que el santo pudiese alimentarse. En cuanto al nicho central, este alberga dos imágenes en el manifestador: en la sección superior destaca una talla de San Ginés, emplazada en el centro de la composición por ser el patrón de la parroquia, mientras que en la sección inferior, donde antes se ubicaba el sagrario, se halla actualmente la réplica del Santo Niño de Cebú. San Ginés se muestra como un joven imberbe ataviado con prendas dieciochescas consistentes en un sayo azul con estampación dorada y cenefa también dorada, capa con envés granate y revés rosado, y un par de borceguíes marrones, destacando por encima de todo la pose, pues el santo exhibe el brazo derecho alzado al tiempo que el izquierdo, doblado frente al cuerpo, porta la palma del martirio, reduciéndose la iconografía a una aureola, un puñal en el cuello (donde se aprecia una herida sangrante), y un tintero y una pluma a sus pies. Por su parte, el Santo Niño de Cebú, tallado en marfil, es de vestir y se adorna con una sencilla túnica ceñida con cíngulo, mostrando el brazo derecho alzado con los dedos de la mano en posición de bendecir, y el brazo izquierdo flexionado sujetando un orbe, todo ello coronado con tres potencias.

En lo tocante al ático, sobre los capiteles de los estípites de la calle central se ubican desde 2024 dos imágenes de pequeño tamaño y escaso valor artístico: la de la izquierda es una imagen de San Blas del siglo xvii y factura popular, antaño ubicada en la Capilla del Carmen y posteriormente en la Capilla de la Purificación, mientras que la de la derecha es una talla de San Benito. En la sección central del ático se exhibe la imagen de mayor tamaño de todo el retablo, consistente en una talla de Cristo crucificado, la cual se corresponde con la pieza realizada en madera de chonta y procedente de Perú que donara Domingo de Ledo. La imagen hace gala de una soberbia anatomía y muestra a Cristo ya muerto y perforado por la lanza de Longinos, con ambos pies sujetos por un mismo clavo y el letrero con el monograma INRI presidiendo la composición, completada con las imágenes exentas de cuatro ángeles portando los instrumentos de la Pasión: el del ángulo superior izquierdo porta la escalera con la que Nicodemo y José de Arimatea descendieron el cuerpo de Jesús; el del ángulo superior derecho sujeta una cruz, símbolo por antonomasia del cristianismo; el del ángulo inferior izquierdo alza un cáliz, representación de la sangre de Cristo; y el del ángulo inferior derecho sostiene la lanza de Longinos. En lo que atañe a la imagen de Cristo yacente, la misma se caracteriza por exhibir un rictus de sufrimiento y facciones marcadas y angulosas, acentuadas por la abertura de la boca, la forma afilada de la nariz y la hendidura de las cuencas de los ojos, todo ello parte del estilo de Magariños, mientras que el cuerpo luce un vientre hundido con la caja torácica muy marcada del mismo modo que las clavículas y los pectorales, hallándose las piernas despellejadas a la altura de las rodillas al igual que los brazos a la altura de los codos, con toda la anatomía plagada de tintes violáceos que atestiguan la fase inicial de la necrosis en un intento del escultor por dotar a la imagen del máximo realismo. Sin contar esta última talla y las dispuestas sobre los capiteles, toda la imaginería es del siglo xviii a excepción de la talla de San Roque, de factura moderna la cual sustituye a otra imagen dieciochesca, retirada del culto debido a su pésimo estado de conservación. Respecto a la imagen de San Antonio que antaño ocupó el nicho derecho del retablo, esta es de vestir y se encuentra hoy día a la izquierda de la puerta de entrada, frente a las escaleras que conducen a la tribuna y cerca de una talla de Jesús Nazareno facturada en 2013 por Víctor Vecino Sánchez.[2]:77,94

Legado

Notas

Referencias

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