Cristo yacente (Padriñán)

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Cristo yacente
Autor Maximino Magariños
Creación 1924
Ubicación Iglesia de San Ginés de Padriñán, Sangenjo, Pontevedra (Galicia, España)
Estilo neoclásico
Material madera policromada

Cristo yacente es una obra realizada por Maximino Magariños en 1924. Está ubicada en la Iglesia de San Ginés de Padriñán, en Sangenjo, Pontevedra (Galicia, España).

La imagen llegó a la Iglesia de San Ginés de Padriñán fruto de una donación efectuada por Ramón Orge Pérez, quien fuera alcalde de Sangenjo entre finales del siglo xix y comienzos del xx además de fiscal del distrito, secretario del juzgado y notario eclesiástico de la comarca del Salnés; Orge Pérez estuvo estrechamente ligado a la parroquia puesto que, entre otros, fue presidente vitalicio de la Cofradía del Sagrado Corazón, cuya imagen pudo haber sido donada por él del mismo modo que el Cristo yacente, talla que fue encargada al taller de Maximino Magariños, ubicado en Santiago de Compostela,[1] ya entonces considerada la cuna de la imaginería gallega, pues en dicha ciudad se encontraban, además de Magariños, otros escultores de gran fama, como Amador Parcero, José Rivas, Urbano Anido, José Morón, Manuel Miranda, Roberto González, José Liste, José Carballido, Luis Sande, Cástor Lata, Cayo Mayo, Jesús Landeira y Santiago Mata, todos ellos activos a lo largo del siglo xx.[2] La talla fue elaborada en 1924 (aunque en su momento se fechó incorrectamente en 1919)[3] y en su factura Magariños, descendiente de una familia vinculada a la escultura, pudo haberse visto influenciado por la estética compostelana imperante en la segunda mitad del siglo xvii, concretamente en el Cristo yacente de la Cofradía de Nuestra Señora del Rosario de Compostela, con sede en el Convento de Santo Domingo de Bonaval; el autor de esta pieza, posiblemente Pedro Taboada, recibió a su vez el influjo de Gregorio Fernández ya que hizo uso de la fórmula iconográfica concebida por el imaginero, quien alcanzaría gran fama con sus creaciones para Valladolid. Del mismo modo, Magariños también se vio influenciado en su quehacer por quienes fueron sus maestros en la Escuela de Dibujo y Modelado de la Real Sociedad Económica de Amigos del País, ubicada en Compostela, entre quienes sobresale Juan Sanmartín y Senra, aunque fueron numerosos los artistas que dejaron huella en el escultor, como Agapito Vallmitjana Barbany, autor en 1872 del Cristo yacente conservado en el Museo del Prado, entidad frecuentada por Magariños, siendo altamente probable que esta pieza sirviese de inspiración para la talla sangenjina.[1]

Es posible que la talla de Magariños sea la primera imagen yacente del templo puesto que en los registros guardados en el archivo parroquial no consta la existencia con anterioridad de ninguna imagen de este estilo, aunque la presencia en el mural de la Capilla de la Soledad de una franja horizontal sin pintar induce a considerar la posibilidad de que en su momento se venerase allí una figura yacente, pues al estar esta capilla presidida por una talla de la Virgen de los Dolores, la existencia de un yacente mostraría una composición semejante a la presente en el coro del Convento de Santa Clara de Compostela; esta hipótesis queda reforzada por el hecho de celebrarse antaño en Sangenjo, supuestamente, la ceremonia del Desenclavo con una imagen articulada de Cristo, rito presente en otras zonas de la geografía gallega, como Puerto del Son,[4]:4 aparte de que se conoce que en 1782 el escultor José Bernardo Malbares facturó diversas tallas para el templo, percibiendo en 1783 un cobro por «tres efixies de Santo Cristo», entre las que se podría encontrar una imagen articulada para la realización del Desenclavo o bien una imagen yacente.[5]:47[nota 1]

Virgen de los Dolores (anónimo, siglo xviii). Iglesia de San Ginés de Padriñán.

Resulta llamativo que en el inventario llevado a cabo en 1936 por el cura ecónomo Manuel Pérez Rajoán, con destino al boletín del obispado, la imagen de Cristo yacente no figure pese a llevar supuestamente en la iglesia en aquel entonces doce años, no figurando tampoco su festividad, el Viernes Santo, en el registro de funciones religiosas y fiestas:[nota 2]

Funciones religiosas y fiestas: Domingo de Pascua, Santísimo Sacramento, San Ginés, Sagrado Corazón, Santa Rosalía, Carmen, Rosario y San Antonio. Con los gastos de San Ginés corre el Párroco, con los de Santa Rosalía, Carmen y San Antonio, sus respectivos mayordomos voluntarios, y las restantes las asociaciones respectivas.[5]:69

El que la imagen no conste en este registro podría deberse a que quizá se guardaba en la vivienda de algún feligrés, hipótesis plausible ya que al parecer otra de las imágenes, la Virgen de los Dolores, tampoco se hallaba en la iglesia de acuerdo con un inventario redactado en 1871, en el que no figura registrada, mientras que en un inventario del ajuar se menciona que su guardarropa se conservaba en la casa de uno de los camareros.[6] Así mismo, la presunta custodia de la imagen de Cristo yacente en un lugar fuera de la iglesia para 1936 podría explicarse por el clima de tensión e incertidumbre desatado en el marco de la guerra civil y también por el episodio conocido como «quema de conventos», un suceso ocurrido tan solo cinco años antes el cual supuso la destrucción de una buena parte del patrimonio religioso español. Hay constancia de que numerosos templos fueron desprovistos de sus imágenes como medida de protección poco antes o inmediatamente después del inicio del conflicto, destacando particularmente la Iglesia de San Gil de Sevilla, de la que fueron retiradas las tallas de Jesús de la Sentencia, Nuestra Señora del Rosario y Nuestra Señora de la Esperanza Macarena, esta última escondida en la casa de uno de los miembros de la Hermandad de la Macarena.[7] Sin embargo, la hipótesis de la retirada de la figura de Cristo yacente por temor a su destrucción pierde fuerza por el hecho de que casi la totalidad de las imágenes de la iglesia, la mayoría de interés histórico y artístico muy superior, fueron dejadas en su sitio,[5]:68 por lo que dicha ausencia, en caso de haber tenido lugar, podría haber obedecido a otras causas, tal vez problemas de espacio dadas las reducidas dimensiones del templo.[nota 3] Sumado a esto, un dibujo realizado entre finales de la década de 1930 y comienzos de los años 1940 por Nicolás Gaite, monje del Monasterio de San Juan de Poyo, muestra la imagen de Cristo yacente bajo el altar del retablo mayor, aunque es preciso tener en cuenta que la talla pudo haber sido retirada después de la visita de Gaite o bien recolocada poco antes de que el monje realizase el dibujo, que en caso de fecharse a principios de la década de 1940 evidenciaría una posible restitución de la pieza al culto ya terminada la guerra y desaparecido, por tanto, el riesgo a una posible destrucción, dato que no puede corroborarse al desconocerse la fecha exacta en que Gaite realizó el dibujo.[5]:70–71

La primera salida procesional de la imagen se produjo el mismo año de su llegada, concretamente el Viernes Santo, el cual se celebró el 18 abril, tan solo cinco días después del fin de la misión de los Padres redentoristas de Vigo, que finalizó el Domingo de Ramos y fue costeada por Orge Pérez, quedando como recuerdo de dicha misión una cruz en el coro del templo;[1] la procesión en la que la talla de Cristo yacente tomó parte era la procesión del Santo Entierro,[8] llevada a cabo junto con la talla de la Virgen de los Dolores, rito que sin embargo no consta en el registro de funciones religiosas, destacando el hecho de que en la década de 1970 la imagen de Cristo yacente corrió el riesgo de sufrir desperfectos o incluso de resultar destruida puesto que en 1973 se produjo el derrumbe de parte de la cubierta del templo, seriamente afectada ya un siglo antes, en 1870, debido a un fuerte temporal acaecido el 13 de diciembre, aunque reparada con éxito en 1872.[5]:60,75–76 Ubicada inicialmente bajo el altar del retablo mayor, cuando la reforma promulgada por el Concilio Vaticano II llevó a que los altares se despegasen de los muros para convertirlos en piezas exentas con el fin de poderse celebrar misa de cara al pueblo, la imagen pasó a estar dispuesta al igual que el altar en el centro de la capilla mayor, si bien en 2024 fue reubicada en su emplazamiento original al ser el altar recolocado bajo el retablo, lo que dificulta en gran medida la contemplación de la imagen al hallarse detrás del nuevo altar sobre el que se realiza la liturgia.

Descripción

Magariños procedió a elaborar la imagen con gran cuidado, pues la anatomía de Cristo resulta muy detallada y virtuosa, haciendo gala de un movimiento helicoidal que dota a la figura de gran naturalidad y maestría. El rostro, muy similar al de la talla de San Francisco de Asís venerada en la Iglesia de Santa María de la Junquera de Cee, primera obra de Magariños,[9][10] se caracteriza por un rictus de sufrimiento y exhibe facciones marcadas y angulosas, acentuadas por la abertura de la boca, la forma afilada de la nariz y la hendidura de las cuencas de los ojos, todo ello parte del estilo del artista.[1] En lo tocante al cuerpo, el vientre luce hundido con la caja torácica muy marcada del mismo modo que las clavículas y los pectorales, mientras que las piernas, despellejadas a la altura de las rodillas al igual que los brazos a la altura de los codos, están plagadas de tintes violáceos que atestiguan la fase inicial de la necrosis en un intento del escultor por dotar a la talla del máximo realismo, remarcado a su vez por la tonalidad verdosa de la piel, detalle que permite un fuerte contraste con las leves manchas sanguinolentas presentes en las perforaciones de ambas manos y pies así como en la herida del costado izquierdo, esta última bastante llamativa puesto que la iconografía tradicional la sitúa en el costado derecho. En lo que respecta al vestuario que luce la imagen, este queda reducido a un paño de pureza plagado de filigranas en tonos rojo y hueso, muy ceñido y repleto de pliegues; este paño, influenciado por el quehacer de José Ferreiro, evoca con su cromatismo texturas similares al mármol y al marfil, extendiéndose por debajo del cuerpo hasta llegar a los pies, fórmula ya empleada por Barbany.[4]:4 Cristo aparece tumbado en un lecho de policromía verde negruzca con la cabeza apoyada en un cojín, todo ello dispuesto sobre una tabla granate decorada con motivos almenados; en términos generales, es de hechura sencilla y cromatismo oscuro, lo que permite que la imagen cristífera destaque en la composición.    

Legado

Notas

Referencias

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