Guerra franca (445-448)

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Fecha 445 d. C.- 448 d. C.
Lugar provincias de Germania secunda y Belgica secunda
Casus belli los francos salios intentan expandir su territorio hacia la provincia de Belgica secunda
Conflicto lucha del Imperio romano de Occidente para mantener a los francos salios bajo control
Guerra franca
445-448
Parte de la caída del Imperio romano de Occidente
Fecha 445 d. C.- 448 d. C.
Lugar provincias de Germania secunda y Belgica secunda
Casus belli los francos salios intentan expandir su territorio hacia la provincia de Belgica secunda
Conflicto lucha del Imperio romano de Occidente para mantener a los francos salios bajo control
Resultado victoria del Imperio occidental
Consecuencias el Imperio occidental vence a los francos salios pero permite que amplíen su territorio de asentamiento hasta cerca del río Somme
Beligerantes
Imperio romano de Occidente Francos salios
Figuras políticas
Valentiniano III
Aecio
Clodión
Comandantes
Aecio
Mayoriano
Clodión


La guerra franca de los años 445 a 448[nota 1] fue un conflicto bélico ocurrido en el Imperio romano occidental que enfrentó a este contra los francos salios por el control de parte de la provincia de Belgica secunda.

Los francos salios asentados en el Imperio

Una rama del pueblo franco, que la historiografía ha denominado tradicionalmente como francos salios, obtuvo en 358 el permiso del emperador Juliano para asentarse en el lado romano de la desembocadura del Rin, dentro de la provincia de Germania secunda, en un área conocida como Toxandria que equivaldría aproximadamente a las actuales provincias de Limburgo y Brabante del norte en Bélgica y Países Bajos, respectivamente.[1] Bajo la autoridad romana, se ocuparon en las décadas siguientes de la defensa del tramo de frontera entre el mar del Norte y los destacamentos al mando del dux Germaniae secundae situados río arriba. No se vuelven a tener noticias de ellos durante ese periodo en el que parecen haber vivido en paz con el Imperio sin protagonizar ninguna rebelión ni intento de expansión tal y como hicieron los francos ripuarios, los burgundios o los visigodos.[2] Esta circunstancia ha llevado a deducir que su fuerza militar a mediados del siglo V sería mayor que la de estos otros pueblos, quienes habían sufrido un gran desgaste en su lucha contra el Imperio, lo que se vería reflejado décadas más tarde en el protagonismo que esta rama de los francos tuvo durante la segunda mitad de esa centuria.[2]

El Imperio occidental a mediados de la década de 440

Durante la década de 440, la personalidad dominante del Imperio occidental era Aecio quien, en 433, había conseguido imponerse a sus rivales y a Gala Placidia.[nota 2] Aecio pudo reconstruir el ejército occidental con ayuda de contingentes hunos y afirmar el control imperial en las Galias.[3][nota 3] Sin embargo, su enfoque en esta parte del Imperio y el retorno de las tropas hunas a su territorio permitió a los suevos controlar gran parte de Hispania y a los vándalos la parte más rica de África.[3][nota 4]

La pérdida de estas provincias redujo, por un lado, la capacidad financiera del gobierno imperial y por otro la base de reclutamiento para el ejército de tal manera que el propio del emperador Valentiniano III anunció en 444 que esta falta de medios impedía la recuperación de las zonas perdidas.[4] En esa situación, durante los primeros años de la década de 440 el Imperio recurrió a eliminar cualquier beneficio fiscal y a crear un nuevo impuesto sobre las ventas: el siliquaticum, mientras que endureció las condiciones para evitar el reclutamiento y agravó las penas tanto a los desertores como a quienes les ayudasen. Además de estas medidas, y para suplir la pérdida del apoyo huno, asentó a grupos de alanos, en 442, en Orleans y Valence a la vez que, en 443, volvió a admitir a los burgundios (que habían sido expulsados de la Galia en 436) a quienes instaló en Sapaudia, un área alrededor del lago Lemán. De esta manera, para 445, el Imperio pudo organizar un ejército para dirigirse a Hispania e intentar recuperar el territorio perdido pero tuvo que ver como se extendía la desafección en zonas de esa diócesis y de la Galia que desembocaron en rebeliones abiertas y abrieron nuevos frentes militares.

Desarrollo

Ataque de los francos

La debilidad de la Administración romana en el norte de la Galia, la atención del gobierno Imperial en la misión de recuperar Hispania y la supresión de una rebelión en Armórica, tuvieron que animar a los francos salios para cesar su relación pacífica con el Imperio e intentar expandir su territorio tal y como habían hecho otros pueblos en las décadas anteriores. En algún momento después de ca. 445 y bajo el mando de Clodión, se dirigieron hacia el oeste y se adentraron en la provincia de Belgica secunda donde tomaron Turnacum (Tournai) situada junto al río Escalda.[5] Desde allí, continuaron por el «país de los atrebates» donde se hicieron con Nemetacum (Arrás).[5] La defensa de las ciudades estaba encomendada a las milicias urbanas sin que, en esos años, hubiese ningún ejército romano cerca que pudiese parar a los francos. Sin encontrar oposición importante, Clodión continuó con la campaña y envió espías a la ciudad de Camaracum (Cambrai) con el fin de comprobar su capacidad defensiva tras lo que, de manera sorpresiva, consiguió ocuparla para después seguir tomando poblaciones hasta el río Somme.

Respuesta de los romanos

La expansión de los francos hacia Bélgica excedió la autonomía que Aecio estaba dispuesto a permitirles por lo que, en 448, organizó una respuesta militar para ponerlos bajo control.[5] Partió hacia el norte al frente de sus tropas y se unió con Mayoriano quien, entonces, se encontraba junto a Turonum (Tours) para defenderla de los bagaudas.[5] Primero, envió espías para observar la actividad de los francos y determinar el mejor momento para atacarles lo que sería durante las celebraciones de una boda que tendrían lugar en un lugar denominado como Vicus Helena que ha sido habitual identificarlo con la actual Hélesmes.[6][5] Los movimientos de las fuerzas romanas pudieron pasar desapercibidos y tras conseguir Aecio ocultarse con sus tropas por donde era previsible que huyesen los francos, ordenó a Mayoriano que les atacase frontalmente. Estos fueron completamente sorprendidos por el ejército imperial pero pudieron organizar una primera defensa en la que, parece, murió el propio Clodión.[6] Desbordados, al poco, optaron por retirarse pero se encontraron con Aecio quien los derrotó completamente.[6]

Acuerdo de paz

Una vez vencidos los francos, Aecio tuvo que acordar una paz con ellos. Por un lado, no podía expulsarlos del territorio imperial sin debilitar la frontera del bajo Rin ya que carecía de las tropas necesarias para sustituirlos; por otro, debía atender sus expectativas de ganar territorio y mantener, así, su lealtad. Optó, entonces, por que abandonasen las ciudades de Cambrai y Arrás y que, a cambio, mantuviesen Tournai.[5]

Consecuencias y acontecimientos posteriores

El liderazgo de los francos salios pasó de Clodión a Meroveo, quién daría origen a la dinastía de los merovingios. Su relación con el Imperio se recompuso durante los años siguientes de tal manera que el gobierno les confió la administración de la provincia de Belgica secunda y lucharon junto a al ejército romano durante la batalla de los Campos Cataláunicos contra los hunos en 451, poco tiempo después del acuerdo de paz. Durante el caos que siguió al asesinato de Aecio en 454 ayudaron tanto a Egidio (quien llegó a ser, incluso, nombrado como su rey durante algunos años) como al conde Paulo en sus luchas contra los visigodos. Una vez desaparecido el Imperio en Occidente, comenzaron un proceso de expansión que les llevaría a dominar casi toda las Galias.

Véase también

Notas

Referencias

Bibliografía utilizada en el artículo

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