José María Bueno Monreal

cardenal español From Wikipedia, the free encyclopedia

José María Bueno y Monreal (Zaragoza, 11 de septiembre de 1904 - Pamplona, 20 de agosto de 1987) fue un canonista, arzobispo y cardenal católico español. Ocupó los cargos de obispo de Jaca (1945-1950), obispo de Vitoria (1950-1954), arzobispo coadjutor de Sevilla (1954-1957) y arzobispo de Sevilla (1957-1982). Fue también vicepresidente de la Conferencia Episcopal Española desde 1972 hasta 1978.

Datos rápidos Predecesor, Sucesor ...
José María Bueno Monreal


Cardenal presbítero de Santos Vito, Modesto y Crescencia
15 de diciembre de 1958-20 de agosto de 1987


Arzobispo de Sevilla
8 de abril de 1957-22 de mayo de 1982
Predecesor Pedro Segura y Sáenz
Sucesor Carlos Amigo Vallejo, O.F.M.


Arzobispo coadjutor de Sevilla
Arzobispo titular de Antioquía de Pisidia
27 de octubre de 1954-8 de abril de 1957


Obispo de Vitoria
13 de mayo de 1950-27 de octubre de 1954
Predecesor Carmelo Ballester Nieto, C.M.
Sucesor Francisco Peralta y Ballabriga


Obispo de Jaca
25 de noviembre de 1945-13 de mayo de 1950
Predecesor Juan Villar y Sanz
Sede vacante (1943-1945)
Sucesor Ángel Hidalgo Ibáñez


Vicepresidente de la Conferencia Episcopal Española
1972-1978
Predecesor Vicente Enrique y Tarancón
Sucesor José María Cirarda

Otros títulos Administrador apostólico de Vitoria (1954-1955)
Información religiosa
Ordenación sacerdotal 19 de marzo de 1927 por Rafael Merry del Val
Ordenación episcopal 19 de marzo de 1946 por Leopoldo Eijo y Garay
Proclamación cardenalicia 15 de diciembre de 1958 por Juan XXIII
Información personal
Nombre José María Bueno Monreal
Nacimiento 11 de septiembre de 1904 en Zaragoza, España España
Fallecimiento 20 de agosto de 1987 (82 años) en Pamplona, EspañaBandera de España España
Estudios Doctor en Sagrada Teología
Doctor en Derecho canónico
Doctor en Filosofía
Licenciado en Derecho
Alma mater Pontificia Universidad Gregoriana
Pontificia Academia de Santo Tomás de Aquino
Universidad de Madrid
Universidad de Zaragoza
Seminario Conciliar de Madrid

Escudo de José María Bueno Monreal
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Biografía

Familia y primeros años

Nació en Zaragoza en 1904, en el seno de una familia acomodada. Su padre dirigía una Academia de Dibujo y Pintura, y su madre era una mujer profundamente religiosa. José María fue el mayor de cuatro hermanos. Su hermana Isabel murió joven, a los 19 años; su hermano Abel estudió ingeniería y su hermano Manuel estudió derecho. Un tío suyo, Santiago Monreal Oliver (1879-1963), también sacerdote, fue licenciado en Sagrada Teología y licenciado y doctor en Derecho canónico, y ocupó, sucesivamente, los cargos de rector del Seminario Conciliar de Madrid (1913-1915), provisor y vicario general de la diócesis de Madrid-Alcalá (1915-1920), auditor —juez— del Tribunal de la Rota Española (1920-1931) y decano del mismo Tribunal de la Rota Española (1948-1950).

Estudios y formación

Hizo sus primeros estudios en el Colegio del Niño Jesús de Zaragoza y en la escuela laica regentada por el profesor Juan Llopis Marín, a la vez que frecuentaba la Academia de Dibujo y Pintura de su padre. En junio de 1914, a los 10 años, aprobó el examen de ingreso al bachillerato, trasladándose a Madrid en septiembre de ese año para iniciar sus estudios eclesiásticos en el Seminario Conciliar de Madrid y para cursar simultáneamente el bachillerato en el Instituto de San Isidro.

En el Instituto de San Isidro cursó las asignaturas previstas en el plan de estudios entonces vigente —el de 1903—, que se extendía a lo largo de siete años. José María hizo estos estudios entre 1914 y 1921, obteniendo la calificación de sobresaliente en la mayoría de ellas: Lengua castellana, Geografía general de Europa, Nociones de aritmética y geometría I, Religión I, Latín I, Latín II, Historia de España, Historia universal, Elementos de historia general de la literatura, Historia de la literatura, Nociones de aritmética y geometría II, Aritmética, Religión II, Álgebra y trigonometría, Francés, I, Francés II, Fisiología e higiene, Dibujo II, y Agricultura y técnica agrícola. También obtuvo la calificación de notable en algunas asignaturas: Geografía elemental de España, Geometría, Religión III, Dibujo I, Química general, Física, Historia natural, y Gimnasia II. Por último, obtuvo la calificación de aprobado en cuatro asignaturas: Caligrafía, Psicología y lógica, Ética y rudimentos de derecho, y Gimnasia I.[1]

Simultáneamente hizo sus estudios eclesiásticos en el Seminario Conciliar de Madrid, cursando cuatro años de latín y humanidades (1914-1918), tres años de filosofía (1918-1921) y uno de teología (1918-1919). En los cuatro cursos de latín y humanidades le convalidaron algunas de las asignaturas de bachillerato que hizo en el Instituto de San Isidro, por lo que sólo tuvo que hacer Latín I, Geografía de España, Historia sagrada, Latín II, Catecismo, Latín III, Preceptiva literaria, y Geografía Histórica, obteniendo en todas ellas la calificación de Meritissimus, que era la más alta calificación, equivalente a sobresaliente. En los tres años de filosofía obtuvo también la calificación de Meritissimus en todas las asignaturas: Lógica, Matemáticas, Historia de la literatura, Francés, Metafísica, Griego clásico I, Física y Química, Fisiología e higiene, Ética, Derecho natural, Teodicea, Historia de la filosofía, Griego clásico II, Historia natural, y Agricultura. En el curso 1918-1919, además del primer año de filosofía y el quinto de bachillerato, cursó el primer año de teología, obteniendo la calificación de Meritissimus en dos asignaturas: Teología moral e Introducción a las Sagradas Escrituras; la calificación de Benemeritus —la segunda más alta, equivalente a notable— también en dos asignaturas: Dogma (Deo Uno et Trino) y Estudios sociales; y la calificación de Meritus —equivalente a aprobado— en la asignatura de Liturgia.[2]

En 1921 fue enviado a continuar sus estudios en Roma, como colegial del Pontificio Colegio Español, donde permaneció seis años (1921-1927). Continuó sus estudios de teología en la Pontificia Universidad Gregoriana (1921-1925), obteniendo la calificación de summa cum laude en las asignaturas de Teología dogmática I, Teología dogmática III, Griego bíblico, y Teología dogmática IV; la calificación de cum laude en las asignaturas de Historia eclesiástica y Teología moral I; y la calificación de bene probatur en las asignaturas de Lengua hebrea, Teología dogmática II y Teología moral II. También continuó sus estudios de filosofía en la Pontificia Academia de Santo Tomás de Aquino (1923-1925). Además, cursó sus estudios de derecho canónico también en la Pontificia Universidad Gregoriana (1922-1927), obteniendo la calificación de cum laude en las asignaturas de Instituciones canónicas y Textos canónicos II; y la calificación de summa cum laude en la asignatura de Textos canónicos I.[3]

Durante estos años, además de cursar sus estudios en la Gregoriana y en la Pontificia Academia de Santo Tomás, desarrolló otra serie de actividades en el Pontificio Colegio Español, donde residía. Pronunció diversas conferencias en el colegio: El Oficio de Pascua (1923), San Isidoro (1924), El Templo según la liturgia y el arte (1925) e Introducción a los milagros de Cristo (1926); además, en 1925 publicó en la revista del colegio, Mater Clementísima, un artículo titulado La Iglesia de San Aniceto, de nueve páginas de extensión, con ocasión de la consagración de la capilla del palacio Altemps, sede del mismo; y ejerció el cargo de bibliotecario del colegio durante el curso 1925-1926 y el cargo de prefecto de canonistas durante el curso 1926-1927.

El 12 de junio de 1925 obtuvo el doctorado en Filosofía en la Pontificia Academia de Santo Tomás de Aquino con la calificación de Aprobatus bene. El 11 de julio de 1925 obtuvo el doctorado en Sagrada Teología en la Pontificia Universidad Gregoriana con la calificación de summa cum laude. El 9 de julio de 1927 obtuvo el doctorado en Derecho canónico en la Pontificia Universidad Gregoriana con la calificación de cum laude.[3] Fue ordenado sacerdote el 19 de marzo de 1927, en Roma por el cardenal Rafael Merry del Val, secretario de la Sagrada Congregación del Santo Oficio.[4]

Una vez de regreso en España con sus tres doctorados, compaginó sus oficios docentes y pastorales con estudios de derecho en la Universidad de Madrid y en la Universidad de Zaragoza (1927-1930). En 1927 se matriculó en la carrera de derecho en la Universidad Central de Madrid, donde sólo permaneció un curso (1927-1928), trasladando entonces su expediente a la Universidad de Zaragoza (1928-19230) En el curso académico que hizo en la Universidad Central obtuvo la calificación de sobresaliente con matrícula de honor en las asignaturas de Derecho romano y Derecho canónico; la calificación de sobresaliente en las asignaturas de Lógica, Historia, Derecho natural, Economía e Historia del derecho; y la calificación de aprobado en la asignatura de Lengua. Los dos cursos siguientes los hizo en la Universidad de Zaragoza, obteniendo la calificación de sobresaliente en las asignaturas de Derecho político, Derecho penal, Derecho civil II, y Derecho procesal; la calificación de notable en las asignaturas de Derecho civil I, Derecho internacional público, Derecho mercantil y Derecho internacional privado; y la calificación de aprobado en las asignaturas de Hacienda pública, Derecho administrativo y Práctica forense. En el último curso (1929-1930), además de las asignaturas cursadas en la universidad zaragozana, se matriculó de nuevo en la Universidad Central de Madrid para hacer en ella cuatro asignaturas: Historia del derecho internacional, Política social, Filosofía del derecho e Historia de la literatura jurídica; en las tres primeras obtuvo la calificación de sobresaliente con matrícula de honor y en la última obtuvo la calificación de sobresaliente. En 1930, en el sorprendente plazo de tres años —entonces las licenciaturas duraban cinco años—, obtuvo la licenciatura en Derecho en la Universidad de Madrid.[5]

Sacerdocio y docencia

A la vez que cursaba la carrera de derecho, ejerció como profesor de Teología dogmática (1927-1934), de Derecho Canónico (1928-1936; 1939-1946) y de Teología Moral (1931-1936; 1939-1946) en el Seminario Conciliar de Madrid. También fue profesor de Ética periodística en la Escuela de Periodismo de El Debate. En 1929 fue nombrado teniente fiscal del obispado de Madrid-Alcalá y, un año más tarde, capellán del Asilo de San José.

En 1930, después de obtener la licenciatura en Derecho, y teniendo ya los doctorados en Filosofía, Sagrada Teología y Derecho canónico, se planteó la posibilidad de preparar las oposiciones para ser abogado del Estado, pero su obispo, Leopoldo Eijo y Garay, le contestó: "¿Y para qué, si tú ya has elegido el camino de la Iglesia?".[6] En 1931 publicó su primer libro, titulado Las relaciones entre la Iglesia y el Estado en los modernos Concordatos, en el que hace un estudio comparado de los concordatos y acuerdos establecidos entre la Santa Sede y los distintos países surgidos de la Primera Guerra Mundial; además, marca las líneas maestras de lo que debieran ser las relaciones entre los Estados y la Iglesia católica.

En 1935 fue designado fiscal general del obispado de Madrid-Alcalá. Poco después de estallar la Guerra civil española (1936) pudo huir de Madrid con dirección a Bélgica. Se afincó en Bruselas, aunque aprovechó esa época para visitar diversas universidades en Francia y en Alemania. En 1938 regresó a España por Portugal y Extremadura, asentándose en su Zaragoza natal. Entre noviembre de 1938 y abril de 1939 ejerció como regente de la parroquia de Munébrega, perteneciente a la diócesis de Tarazona. En mayo de 1939, terminada la guerra, regresó a Madrid, reincorporándose a las labores que realizaba antes del conflicto: profesor en el seminario conciliar diocesano y fiscal general del tribunal diocesano de Madrid-Alcalá.

Amigo de Josemaria Escrivá desde 1928,[7] Bueno Monreal fue profesor de Teología Moral de Álvaro del Portillo, José María Hernández Garnica y José Luis Múzquiz[8] —los tres primeros miembros del Opus Dei— que se ordenaron el 24 de junio de 1944.[9]

En 1943 fue nombrado catedrático de Derecho público eclesiástico en el Instituto Central de Cultura Religioso Superior —institución entonces dirigida por Zacarías de Vizcarra, futuro obispo titular de Ereso y obispo auxiliar de Toledo—, cargo docente que desempeñó durante tres años (1943-1946). En esta época publicó su segundo libro, titulado Principios Fundamentales de Derecho Público de la Iglesia Católica (1945), pensado como manual para el estudio de la asignatura que impartía. En abril de 1945 fue nombrado canónigo doctoral de la Catedral de Madrid por el obispo Leopoldo Eijo y Garay.[10]

Episcopado

Obispo de Jaca

Fue preconizado obispo de Jaca por el Papa Pío XII, mediante una bula firmada el 25 de noviembre de 1945. El 1 de diciembre de ese año, el Boletín Oficial del Estado publicó el nombramiento de José María Bueno Monreal como obispo de Jaca. Recibió la consagración episcopal el 19 de marzo de 1946 en la Catedral de Madrid de manos de Leopoldo Eijo y Garay, obispo de Madrid-Alcalá, que fue asistido por Casimiro Morcillo, entonces obispo auxiliar de Madrid-Alcalá, y por Luis Alonso Muñoyerro, entonces obispo de Sigüenza. Tomó posesión de la sede jaquesa por poder el 13 de abril de ese año, haciendo su entrada solemne en la diócesis al día siguiente.

En mayo de 1946 publicó su primera carta pastoral, dedicada a las vocaciones sacerdotales y al seminario. Inició las obras de reforma del edificio del Seminario Diocesano de Jaca, culminándolas en 1949. Durante sus casi cinco años de pontificado en Jaca el número de seminaristas diocesanos se dobló, alcanzando el número de 135 seminaristas en enero de 1949. En diciembre de 1946 publicó otra carta pastoral, esta vez dedicada a la situación social de la diócesis de Jaca:[11]

El espíritu de lucro se ha enseñoreado hoy de muchos corazones, en forma tal que los enloquece y metaliza, y ciegos atropellan toda consideración y norma moral de justicia, de caridad, de religión y aún de pura y simple humanidad. Por ganar más y más, sin freno ni medida, muchos explotan inicuamente la miseria de sus hermanos y la necesidad común, defraudan salarios, violan los días festivos, acrecientan y agravan las naturales calamidades de la posguerra (...), idean toda clase de artimañas, ocultaciones, acaparamientos, sobornos, mentiras, coacciones, adulteraciones, etc. (...). En esta cruel lucha se ven condenados a perecer todos aquellos que no tienen más medio de vida que su trabajo, dependientes de un sueldo o salario fijo cuyo valor adquisitivo se ve continuamente disminuido por las malas artes de aquellos negociantes sin conciencia. De aquí que muchos, exasperados por el hambre, mientras contemplan a los otros aumentar fabulosamente sus riquezas sin mérito ni dignidad, abren sus pechos al odio, y de esta forma se va cargando la mina que puede un día dar al traste con violenta explosión todo el orden social. Buscad con el honrado trabajo vuestros medios de vida, (...), dentro de un orden y convivencia social basado en la justicia, en la caridad, y en la moderación.

En diciembre de 1947 publicó otra pastoral con la misma temática: la justicia social. En 1948 instituyó el Secretariado Diocesano de Caridad para socorrer las necesidades de los más pobres. En 1949 viajó por América Latina, asistiendo a los Congresos Eucarísticos Nacionales de Perú (Cuzco) y Ecuador (Quito), en representación del Episcopado Español. También pronunció conferencias en Argentina, Chile, Bolivia y Panamá. Durante sus casi cinco años como obispo de Jaca realizó la visita pastoral a todas las parroquias de su diócesis y en la primavera de 1950 organizó un Congreso Catequístico Diocesano.

Obispo de Vitoria

Fue preconizado obispo de Vitoria por el Papa Pío XII, mediante una bula firmada el 13 de mayo de 1950. El 17 de mayo de ese año, el Boletín Oficial del Estado publicó el nombramiento. Tomó posesión de la diócesis por poder, haciendo su entrada solemne el 10 de septiembre de 1950.

Tres días después de su entrada solemne en al diócesis de Vitoria, recibió en una ceremonia desarrollada en el Palacio Episcopal de Vitoria, las insignias de Gran Oficial de la Orden del Sol del Perú, de manos del entonces embajador de Perú en España, mariscal Ureta, en reconocimiento a la visita que Bueno Monreal había realizado al país andino el año anterior. Inmediatamente inició visitas a diversas parroquias e instituciones de su nueva diócesis. Cuando visitaba parroquias rurales, leía sus homilías en vasco -las escribía en castellano y pedía que se las tradujesen al vasco para poder leerlas en ese idioma-, lo que le granjeó las simpatías de la población local.

Una de sus grandes preocupaciones fue el seminario diocesano y la formación del clero. A principios de 1952 fundó la revista Lumen, que debía ser un suplemento cultural de la revista sacerdotal Surge, que ya tenía once años de vida. Respaldó a la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz, concediendo la primera venia (marzo de 1953) a uno de los sacerdotes de la diócesis que había pedido su admisión en dicha Sociedad Sacerdotal.[12] En enero de 1953 fue nombrado consejero de Educación Nacional y, en abril de ese mismo año, le fue impuesta la Gran Cruz de la Orden de San Raimundo de Peñafort. Algo más de un año después, en octubre de 1954, consiguió que fuese erigida, en el Seminario Diocesano de Vitoria, la Escuela Superior de Estudios Teológicos. El 10 de noviembre de 1954 fue nombrado hijo adoptivo de Vitoria.

Accidentado nombramiento como arzobispo coadjutor de Sevilla

El 17 de octubre de 1954, el entonces nuncio apostólico en España, Ildebrando Antoniutti, le comunicó en una conversación informal que iba a ser nombrado arzobispo coadjutor de Sevilla, con objeto de limitar el ratio de acción del cardenal Pedro Segura, entonces arzobispo de Sevilla. Segura mantenía una situación de continua tensión con el jefe del Estado, el general Francisco Franco, por lo que el Vaticano, ante las presiones de Franco, decidió rebajar los poderes al cardenal Segura nombrando como arzobispo coadjutor de la ciudad a Bueno Monreal.[13][14] Para evitar una reacción airada del prelado sevillano, se buscó una ocasión en la que Segura estuviese ausente de Sevilla. La ocasión propicia se dio en noviembre de 1954, pues el cardenal Segura se encontraba de peregrinación en Roma. Aprovechando la ausencia, Bueno Monreal se dirigió a Sevilla, donde entró el 2 de noviembre, presentándose ante el cabildo catedralicio sevillano con un documento firmado por el nuncio Antoniutti en el que se le designaba, en nombre del Papa Pío XII, arzobispo titular de Antioquía de Pisidia y arzobispo coadjutor de Sevilla. Con todo, el documento adolecía de un defecto capital: no eran Letras apostólicas. Según el Código de Derecho Canónico entonces vigente —el de 1917—, nadie podía tomar posesión de una sede episcopal residencial sin Letras Apostólicas.[15] Las prisas habían jugado una mala pasada a la Santa Sede, al nuncio Antoniutti y a Bueno Monreal.

El desliz pasó inadvertido para muchos, pero no para el cardenal Segura, que era un fino canonista. Cuando regresó a Sevilla (9 de noviembre) convocó a Bueno Monreal al Palacio Arzobispal para las once de la mañana del día siguiente (10 de noviembre). En dicha audiencia, Segura hizo valer sus derechos y prerrogativas. La conversación, según testimonio del canónigo sevillano Francisco Gil Delgado, se desarrolló de la siguiente manera:[16]

Cardenal Segura: Señor Arzobispo, ha tomado usted posesión de esta diócesis como Arzobispo Coadjutor mío con derecho a sucesión, ¿quiere enseñarme las Letras Pontificias?

Bueno Monreal: Señor cardenal, no me han dado Letras Pontificias; sólo tengo este documento que me entregó el Nuncio Apostólico en España, monseñor Hildebrando Antoniutti (se lo muestra).

Cardenal Segura: Pero usted es canonista, igual que yo, y ambos sabemos que, según el canon 334, nadie puede tomar posesión de una sede residencial sin traer y mostrar Letras Apostólicas (era tanto como situar a Bueno Monreal en la nada cómoda postura de "intruso").

Bueno Monreal: Señor cardenal, pediré aclaraciones a la Nunciatura.

Cardenal Segura: Mientras nada cambie legítimamente, por fidelidad a las Letras Apostólicas que me constituyeron como arzobispo de esta sede de Sevilla, no puedo resignar en usted ningún poder jurisdiccional, que yo solo conservo. Buenos días, señor arzobispo, puede usted retirarse.

Bueno Monreal: Buenos días, señor cardenal, tendré informado a Vuestra Eminencia.

Unos años más tarde, Bueno Monreal confesaría que fue la media hora "más amarga de mi vida".[17] Finalmente, las Letras Apostólicas llegaron el 13 de diciembre de 1954 y las mostró al cabildo hispalense al día siguiente.

Arzobispo coadjutor de Sevilla

Al llegar las Letras Apostólicas el 13 de diciembre de 1954 y al hacerlas públicas al día siguiente, José María Bueno Monreal, arzobispo titular de Antioquía de Pisidia, pasó a ser también, legítimamente, arzobispo coadjutor de Sevilla con poderes de arzobispo residencial, por lo que de facto, hasta el fallecimiento de Segura en 1957, coexistieron dos obispos en la ciudad.[13][14] Además, Bueno Monreal ejerció también el cargo de administrador apostólico de Vitoria desde el 3 de noviembre de 1954 hasta el 31 de marzo de 1955.

Con objeto de conocer a los sacerdotes y a los fieles de su archidiócesis, el 12 de enero de 1955 inició un amplio programa de visitas pastorales a diferentes parroquias de la archidiócesis. El 23 de abril de ese mismo año, erigió, mediante decreto, Cáritas Diocesana de Sevilla, que pasó a sustituir al Secretariado Diocesano de Caridad instituido años atrás por el cardenal Segura. En marzo de 1957 realizó la visita ad limina para visitar Roma y departir con el Papa Pío XII. El 8 de abril siguiente murió el cardenal Segura, por lo que Bueno Monreal pasó a ser automáticamente arzobispo de Sevilla.

Como obispo coadjutor, Bueno Monreal cambió de opinión hacia el Opus Dei y su actividad con el clero diocesano, dentro de una gran cordialidad y aprecio para la Obra, sus gentes e iniciativas. En febrero de 1955, aceptó la solicitud del primer presbítero de la diócesis, José Antonio Infantes Florido, como miembro de la Sociedad sacerdotal de la Santa Cruz. Al firmar la venia (abril de 1955), señaló «que esperaba que pronto habría muchos más». Pero, en torno a 1957 cambió de opinión, ya que le parecía que los sacerdotes no tenían libertad en la dirección espiritual y que era excesivo pedirles todo su dinero. Del tema, habló con Josemaría Escrivá en Roma (febrero de 1957). Esos vaivenes persistieron en los años sesenta. Como ejemplo, en el Boletín Oficial de la Diócesis sevillana se anunciaron —entre 1964 y 1969— los ejercicios para sacerdotes organizados en la casa de retiros de Pozoalbero (Jerez de la Frontera); mientras que en 1965 cesó a Lucas F. Mateo Seco como formador del seminario de Sevilla, donde había permanecido cinco años, recibiendo críticas constantes por ser de la Sociedad sacerdotal. El arzobispo le comunicó su cese por ser manzana de discordia y dividir a los seminaristas en grupos enfrentados. Para algunos, también existía otro motivo mas teológico, ya que algunas críticas señalaban "que pedir la admisión en una asociación sacerdotal supradiocesana va contra la ‘caridad pastoral’, pues la pobreza impide la generosidad para con la diócesis.[12]

Monumento al cardenal Bueno Monreal en Jerez de la Frontera

Arzobispo de Sevilla y cardenal

El 8 de abril de 1957, tras la muerte del cardenal Segura, pasó a ser automáticamente arzobispo de Sevilla. Poco más de un año después, el 15 de diciembre de 1958, fue creado cardenal en el primer consistorio público del Papa Juan XXIII, con el título de cardenal presbítero de Santos Vito, Modesto y Crescencia. En 1959 fue nombrado hijo adoptivo del municipio de Villanueva de Gallego (10 de mayo), que era el pueblo natal de su padre, y de la ciudad de Jaca. También se le concedió la medalla de oro de la ciudad de Zaragoza (11 de mayo) y el ayuntamiento de Vitoria le puso su nombre a una calle de la ciudad. El 1 de octubre de 1959 le fue concedida la Gran Cruz de la Orden de Isabel la Católica.

Una de las primeras medidas que tomó como arzobispo titular fue enviar a los mejores estudiantes de su seminario diocesano a proseguir sus estudios en universidades extranjeras —especialmente las universidades romanas— y españolas de prestigio: la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, la Universidad Pontificia de Salamanca, la Universidad Pontificia de Comillas, la Universidad de Múnich, etc. También fue el impulsor del Seminario Menor de Pilas, inaugurado y bendecido el 3 de mayo de 1961.

Carmen González, una de las hermanas compasionistas que le atendieron durante años en el Palacio Arzobispal de Sevilla, testificó lo siguiente sobre la personalidad de Bueno Monreal en su etapa como arzobispo de Sevilla:[18]

Las audiencias podían durar hasta muy tarde, algunos días eran más de las cuatro y todavía no había comido. Decía que tenía que atender a todo el que venía: "no puedo cerrar a tal hora y marcharme, tengo que atender a todos". Era muy austero en las comidas, nunca pedía nada, se tomaba lo que le pusiesen. No era ostentoso, a la sotana a veces le quitaba los botones rojos. Una vez le dije: esta sotana tiene brillo, está muy mal, hay que comprar una nueva. Me contestaba: "cuesta mucho dinero, hay mucha gente que no tiene que comer, parroquias en Sevilla que necesitan". Le hice una propuesta: deme permiso para gastarme en los cupones todos los días a ver si nos toca. "Bueno, hazlo, es cosa de brujas, no va a tocar", dijo. A los tres meses nos tocaron setenta y cinco mil pesetas (en el 017). Cuando se lo dije no se lo creía. Exclamó: ¡esto sí que es de brujas! Sumamos lo que nos habíamos gastado, le dio una propina al de los cupones, nos dio algo a nosotras, y le compré la sotana, unos zapatos (que los tenía rotos) y una brocha de afeitar, porque la que tenía estaba muy estropeada. Era muy austero para vestir, para comer, para todo. Decía que había muchas necesidades en el mundo. En el Palacio no consintió realizar ninguna obra ni modificación. Un día estaba una ventana abierta y le pregunté que porque no la cerraba. Me contestó: "que estaba rota y que como hacía el mismo frío dentro que fuera que la dejaba así". Pasábamos mucho frío en Palacio, no había calefacción, solo alguna estufita. Decía: "Yo no puedo tener lujos ni gastar". Hemos pasado frío todos, él y nosotras (la Doña y otra monja).

Bueno Monreal tomó parte en el Concilio Vaticano II (1962-1965), participando como padre conciliar en todas sus sesiones. Además, fue uno de los dos vicepresidentes de la Comisión de Obispos y del Gobierno de las Diócesis del concilio.[19] Fue el prelado español de mayor jerarquía entre los que regresaron a sus diócesis, animosamente comprometido con el acontecimiento conciliar.[20] Con el firme deseo de llevar el espíritu del Concilio Vaticano II a las cofradías de Sevilla contribuyó decisivamente a la fundación de la Hermandad del Santísimo Cristo de la Sed en 1969. Participó en los cónclaves en los que salieron elegidos Pablo VI (junio de 1963), Juan Pablo I (agosto de 1978) y Juan Pablo II (octubre de 1978).

Fue vicepresidente de la Conferencia Episcopal Española desde marzo de 1972 hasta 1978. En la misma sesión (marzo de 1972) en la que fue elegido vicepresidente de la conferencia, fue elegido presidente de la misma el cardenal Vicente Enrique y Tarancón, hasta entonces vicepresidente, que pasaba a sustituir al arzobispo Casimiro Morcillo, recientemente fallecido. También fue elegido secretario general el obispo Yanes, en sustitución de José Guerra Campos, entonces obispo auxiliar de Madrid-Alcalá. En este contexto se produjo un cambio de rumbo en la dirección de la conferencia hacia posiciones más abiertas y contrarias a la política del gobierno del general Franco. En esa época el Ministerio de Información y Turismo franquista elaboró un documento que calificaba a los miembros de la comisión permanente de la conferencia por su grado de adhesión al régimen. Consideraba afectos sin reserva a Laureano Castán Lacoma, obispo de Sigüenza-Guadalajara; a Marcelo González Martín, arzobispo de Toledo; y a Pedro Cantero Cuadrado, arzobispo de Zaragoza. Consideraba afectos con reserva a José López Ortiz, arzobispo-vicario general castrense; al propio cardenal José María Bueno Monreal, arzobispo de Sevilla; a Maximino Romero de Lema, entonces obispo de Ávila; y a José María García Lahiguera, arzobispo de Valencia. Consideraba miembros de la oposición moderada al cardenal Tarancón, arzobispo de Madrid-Alcalá; a Antonio Dorado, entonces obispo de Guadix; a Gabino Díaz Merchán, arzobispo de Oviedo; y a Josep Pont i Gol, arzobispo de Tarragona. Consideraba oposición fuerte a Elías Yanes, entonces obispo auxiliar de Oviedo; a Narciso Jubany, arzobispo de Barcelona; a José María Cirarda, entonces obispo de Córdoba; a Emilio Benavent Escuín, arzobispo coadjutor de Granada; a Antonio Añoveros Ataún, obispo de Bilbao; y a Rafael González Moralejo, obispo de Huelva.[21]

En 1981, seis años después de la muerte de Francisco Franco (1975) y ya en plena transición (1975-1982), afirmó:[22]

El General Franco era un hombre que entregó su vida al servicio de España. De sincera rectitud y honestidad. Yo siempre tuve para con él respeto, afecto y gratitud.

Inquirido un año después sobre cuál era su ideología, contestó:[23]

Mi primera ideología es el Evangelio y a la luz de él juzgo todo lo demás. Todo lo de este mundo sólo me interesa en el sentido de la filosofía cristiana, que es la búsqueda del bien común sin partidismo alguno. No veo ni derecha ni izquierda. La ideología del marxismo es incompatible con mi fe cristiana. Tampoco mi ideología es conservadora ni burguesa ni capitalista; busco la justicia social, la verdad y el amor fraterno. No tengo otra ideología.

Renuncia a la sede hispalense

Renunció al arzobispado de Sevilla el 22 de mayo de 1982 tras sufrir un infarto.

Muerte

Falleció en Pamplona el 20 de agosto de 1987. Sus funerales se celebraron el 24 de agosto en la Catedral de Sevilla, donde fue enterrado.[24]

Pensamiento canónico-eclesiástico

El pensamiento canónico-eclesiástico de Bueno Monreal estaba en consonancia con la línea tradicional que caracterizaba la eclesiología española hasta la promulgación del Concilio Vaticano II. Su eclesiología se centraba en las dimensiones jurídicas de la Iglesia, y con frecuencia, reducía las relaciones Iglesia-mundo a las relaciones Iglesia-Estado. Con todo, fue el prelado de mayor jerarquía entre los que regresaron a sus diócesis, animosamente comprometido con el acontecimiento conciliar.[20]

Distinciones

Órdenes

Reconocimientos

Doctorados honoris causa

Premios

El ayuntamiento de Vitoria le puso su nombre a una calle de la ciudad en el año 1959.

Obras

Libros

  • Las relaciones entre la Iglesia y el Estado en los modernos Concordatos (Madrid, 1931).
  • Principios Fundamentales de Derecho Público de la Iglesia Católica (Madrid, 1945).

Sucesión


Predecesor:
Juan Villar y Sanz

Obispo de Jaca

1945 - 1950
Sucesor:
Angel Hidalgo Ibáñez
Predecesor:
Carmelo Ballester Nieto

Obispo de Vitoria

1950 - 1954
Sucesor:
Francisco Peralta Ballabriga
Predecesor:
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Arzobispo coadjutor de Sevilla
1954 - 1957
Sucesor:
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Predecesor:
Pedro Segura

Arzobispo de Sevilla

1957 - 1982
Sucesor:
Carlos Amigo Vallejo
Predecesor:
Vicente Enrique y Tarancón

Vicepresidente de la Conferencia Episcopal Española

1972 - 1978
Sucesor:
José María Cirarda Lachiondo

Referencias

Bibliografía

Enlaces externos

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