Rebelión bagauda (449-454)

From Wikipedia, the free encyclopedia

Fecha 449-454 d. C.
Lugar provincia de Tarraconense
Casus belli resistencia de población local contra las medidas fiscales y de reclutamiento establecidas por el gobierno imperial en la década de 440
Conflicto lucha del gobierno imperial para imponer su control en la región.
Rebelión bagauda
449-454
Parte de la caída del Imperio romano de Occidente
Fecha 449-454 d. C.
Lugar provincia de Tarraconense
Casus belli resistencia de población local contra las medidas fiscales y de reclutamiento establecidas por el gobierno imperial en la década de 440
Conflicto lucha del gobierno imperial para imponer su control en la región.
Resultado victoria gubernamental
Consecuencias el oeste de la provincia Tarraconense queda fuera del control imperial hasta su recuperación en 454
Beligerantes
Imperio romano de Occidente
Visigodos
Bagaudas de Tarraconense
reino suevo
Figuras políticas
Aecio
Teodorico II
Basilio
Requiario
Comandantes
Frederico Basilio
Requiario

La rebelión bagauda entre los años 449 y 454 fue un conflicto armado ocurrido en el Imperio romano de Occidente que enfrentó a grupos rebeldes de la provincia Tarraconense ayudados por los suevos contra el gobierno imperial. Fue una de las tres rebeliones bagaudas ocurridas durante la década de 440,[nota 1] probablemente, a raíz de las medidas draconianas dictadas por el gobierno de Valentiniano III para aumentar la recaudación y el reclutamiento en las provincias que controlaba como respuesta a la grave crisis financiera y militar que supusieron la pérdida de gran parte de África e Hispania además del abandono de los contingentes hunos que habían reforzado su ejército en la segunda mitad de la década de 430.[nota 2]

El Imperio occidental durante la década de 440

Durante la segunda mitad de la década de 430, el ejército occidental dirigido por Aecio y con ayuda de tropas hunas consiguió frenar los intentos de expansión en las Galias de burgundios y visigodos además de reprimir una rebelión bagauda en el noroeste.[nota 3] Sin embargo, a final de la década, los suevos y los vándalos consiguieron arrebatar al Imperio el control de buena parte de Hispania y las provincias más ricas de África, respectivamente.[6][nota 4] La falta de los ingresos que el gobierno obtenía en las provincias perdidas además del retorno de los contingentes hunos a su territorio ocasionó, entonces, al Imperio una grave crisis financiera y militar. Para intentar recuperarse, aumentó la recaudación en las provincias que todavía controlaba mediante la eliminación de beneficios fiscales y la creación del nuevo impuesto del siliquaticum de tal manera que el porcentaje total de impuestos que había que pagar en el Imperio occidental en la década de 440 era el doble del que se pagaba en el Imperio oriental un siglo antes.[7] En el plano militar, por su parte, buscó reconstruir el ejército con la reinstauración de los reclutamientos forzosos que habían sido abandonados durante las décadas anteriores en favor del uso de tropas mercenarias.[8]

El efecto indeseado de las anteriores medidas fue, sin embargo, que la población de algunas provincias considerase a los invasores bárbaros como un remedio para evitar impuestos, cargas administrativas y reclutamiento lo que les llevó a colaborar con ellos mientras que en otras condujo al estallido de rebeliones: en Tarraconense desde 441 hasta su supresión en 443 y en la parte noroccidental de la Galia entre 442 y 448, conflicto este, que tuvo que resolverse mediante un acuerdo con los armoricanos en el que se les reconocía cierta independencia.[9][10]

La diócesis de Hispania durante la década de 440

Durante los primeros años de 440, Hispania estuvo marcada por la expansión del dominio suevo que les llevó a controlar toda la península excepto la provincia Tarraconense.[11] En este proceso, los suevos contaron la colaboración de buena parte de la población que veía como el ejército imperial no les defendía mientras que su administración les aumentaba la recaudación fiscal y el reclutamiento.[12] Aunque la citada provincia de Tarraconense quedó fuera del control suevo, las medidas gubernamentales llevaron allí al estallido de la citada rebelión bagauda que obligó a tres años de campaña militar, entre 441 y 443, para suprimirla.[13]

En 446, el gobierno imperial lanzó, finalmente, una expedición militar para expulsar a los suevos y un importante ejército ayudado por los visigodos fue enviado a Hispania bajo el mando de Vito.[14] Su objetivo, además, fue el castigo a los provincianos de Cartaginense y Bética que habían colaborado con los invasores y permitido, con ello, su control de las provincias.[14] Aunque el contingente visigodo fue derrotado y el romano tuvo que huir, los suevos renunciaron al control de esas dos provincias ante la falta de colaboración de su población y al poco tiempo volvieron a la órbita imperial mientras que los suevos mantuvieron Lusitania y Gallaecia.[14]

Desarrollo

Ofensiva bagauda (449)

La rebelión estalló en Tarraconense a inicios de 449 cuando un grupo de bagaudas dirigidos por un tal Basilio dieron muerte a un grupo de federados que se habían refugiado en la iglesia de Turiaso (Tarazona) y a León, el obispo de la ciudad que les había dado cobijo.[15] La naturaleza de estos «federados» no se conoce pero por el contexto, debieron ser un grupo de visigodos que habían permanecido en Tarraconense tras la retirada de Vito y se habían puesto al servicio del Imperio. Tampoco se ha determinado con claridad el motivo que les llevaron a refugiarse en la iglesia donde serían asesinados aunque, por lo anterior, se puede considerar que estos visigodos se ocupaban de obtener la recaudación y los reclutas para ejército imperial y sus excesos llevaron a la población a atacarles para recuperar su dinero y liberar a los reclutas.

Al poco del ataque a Tarazona, el rey suevo Requiario contactó con ellos y les ofreció su ayuda militar a cambio de botín lo que permitió a los bagaudas alcanzar una fuerza militar considerable con la que se dirigieron a Caesaraugusta (Zaragoza).[15] La ciudad no se unió a ellos y les cerró las puertas. Como no pueieron tomarla, los bagaudas y los suevos se dedicaron a saquear sus alrededores tras lo que continuaron hacia Ilerda (Lérida).[15] Ante su incapacidad para asaltar una ciudad amurallada, los bagaudas (no se sabe si, todavía, ayudados por los suevos)[16] utilizaron aquí una estratagema que les permitió apoderarse de ella.[15] Hidacio no indica que la saqueasen sino que, una vez bajo su control, hicieron numerosos prisioneros quienes, posiblemente, serían funcionarios del gobierno y a los que tendrían bajo su poder como rehenes ante un contraataque imperial. No consta que continuasen con su campaña hacia la costa ni amenazasen la capital provincial, Tarragona, por lo que, probablemente, volverían al occidente de la provincia donde se sentirían más seguros y donde no fueron atacados durante los siguientes cinco años, periodo en que esa parte de la provincia permanecería fuera del control imperial.

Contraataque imperial (454)

A partir de 450, el imperio tuvo que emplear toda su capacidad para hacer frente al imperio huno y no emprendió ninguna acción contra los bagaudas. De hecho, ese año 450 promulgó una amnistía fiscal por la que perdonaba todas las deudas atrasadas hasta agosto de 447[17] y desactivó, así, uno de los motivos de las rebeliones que había sufrido durante esa década. Cuando en 453 murió Atila y el Imperio huno se desintegró un año después en la batalla de Nedao, el gobierno imperial puso su atención en los bagaudas de Tarraconense.[16] No estuvo dispuesto a que la mitad occidental de la provincia quedase como Armórica, en una situación de semi-independencia y consiguió acordar con los visigodos que un contingente de sus tropas se dirigiese a la provincia y restaurase el control imperial.

El mando de la expedición militar correspondió a Frederico, hermano del rey Teodorico II, quién cruzó los Pirineos en 453 o 454 al frente de un ejército y consiguió derrotar todos los focos de resistencia bagauda con los que se encontró de tal manera que, para finales de 454, la provincia Tarraconense al completo había vuelto a la obediencia al gobierno de Rávena.[16]

Consecuencias y acontecimientos posteriores

Tras la campaña de Frederico no se volvieron a tener más noticias de rebeliones en Tarraconense durante los más de 20 años en que el Imperio occidental siguió existiendo.[16] La intervención visigoda se había producido bajo su propio mando, algo que no había ocurrido desde el año 416 cuando recuperaron Hispania para el Imperio, sin que ningún oficial romano la dirigiese como, en cambio, había sucedido con Castino en 422 y con Vito en 446.[16] Esto fue la antesala de lo que ocurriría durante los años siguientes en los que el control Imperial de Hispania dependió de la actuación visigoda.[16] Una vez que estos dejasen de obedecer las instrucciones imperiales y actuasen por su propia cuenta y estrategia, Hispania estaría perdida para el Imperio.[16]

Véase también

Notas

Enlaces externos

Referencias

Bibliografía utilizada en el artículo

Related Articles

Wikiwand AI