Provincias Unidas del Río de la Plata

país de América del Sur (1810-1831) From Wikipedia, the free encyclopedia

Las Provincias Unidas del Río de la Plata, también como Provincias Unidas en Sud-América,[3] o simplemente Provincias Unidas, fue la denominación del Estado en formación[4] conformado por el conjunto de entidades administrativas antes pertenecientes al virreinato del Río de la Plata que, tras la Revolución de Mayo, reconocieron a los gobiernos revolucionarios que lo sucedieron y no fueron reconquistadas por el Imperio español.

Datos rápidos Coordenadas, Capital ...
Provincias Unidas del Río de la Plata
Provincias Unidas en Sud-América
Estado desaparecido
1810-1831[a]




Lema: «En Unión y Libertad»
(no oficial)
Himno: Marcha Patriótica
noicon

Territorios ocupados y reclamados en algún momento por las Provincias Unidas color #336733 Territorio bajo dominio efectivo color #6ec36e Gran Chaco, parte de la Pampa argentina y la totalidad de la Patagonia argentina, habitados por indígenas y la Real Audiencia de Charcas, aún con resistencia de los realistas
Coordenadas 34°40′00″S 58°24′00″O
Capital Buenos Aires
Entidad Estado desaparecido
Idioma oficial Castellano
 • Otros idiomas Lenguas indígenas
Población hist.  
 • 1810 est. 530,000[2] hab.
Religión Catolicismo
Moneda Real (1809)
Sol (1809-1826)
Peso fuerte y Peso moneda corriente (1826-1831)
Período histórico 1.º mitad del siglo XIX
 • 25 de mayo
de 1810
Revolución de Mayo y creación de la Primera Junta
 • 22 de septiembre-9 de marzo
de 1811
Expedición de Belgrano al Paraguay
 • 23 de agosto
de 1812
Éxodo Jujeño
 • 31 de enero
de 1813
Asamblea del Año XIII
 • 9 de julio
de 1816
Declaración de independencia de la Argentina
 • 17 de enero
de 1817
Cruce de los Andes
 • 25 de octubre de 1825-28 de agosto de 1828 Guerra del Brasil
 • 6 de agosto
de 1824
Congreso General Constituyente
 • 4 de enero
de 1831
Firma del Pacto Federal
Forma de gobierno
1810-1811:
Junta de gobierno
1811-1814: Triunvirato
1814-1820:
República directorial
1820-1826:
Confederación (de facto)
1826-1827: República unitaria presidencialista
1827-1831:
Confederación (de facto)
Jefe de Estado[c]
• 25 de mayo de 1810-18 de diciembre de 1810
• 18 de diciembre de 1810-23 de septiembre de 1811
• 23 de septiembre de 1811-8 de octubre de 1812
• 8 de octubre de 1812-31 de enero de 1814
• 31 de enero de 1814-11 de febrero de 1820
• 11 de febrero de 1820-8 de febrero de 1826
• 8 de febrero de 1826-6 de julio de 1827
• 6 de julio de 1827-4 de enero de 1831

Cornelio Saavedra
(Presidente de la Primera Junta)
Domingo Matheu
(Presidente de la Junta Grande)
Primer Triunvirato


Segundo Triunvirato


Directorio Supremo


Acefalía
(a nivel nacional)


Bernardino Rivadavia
(Presidente de la República)

Acefalía
(a nivel nacional)
Precedido por
Sucedido por
Virreinato del Río de la Plata
(1825) Estado del Alto Perú
(1828) Estado Oriental del Uruguay
(1831) Confederación Argentina
Cerrar

Más información Escucha este artículo (info) ...
Escucha este artículo
(info)
Esta narración de audio fue creada a partir de una versión específica de este artículo y no refleja las posibles ediciones subsiguientes.

Cerrar

El 25 de mayo de 1810, en el marco de las guerras napoleónicas en Europa y la invasión napoleónica de España, se desató la Revolución de Mayo, que tras una asamblea del Cabildo de Buenos Aires decidió la destitución del virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros y lo remplazó por la Primera Junta. Los revolucionarios sostenían que, estando Fernando VII despojado de su trono, la cadena burocrática del Imperio español había dejado de ser legítima, volviendo al pueblo la «soberanía popular». Las nuevas autoridades afirmaron gobernar en nombre de Fernando VII hasta 1816, con la declaración de independencia «del rey Fernando VII, sus sucesores y metrópoli».

El nuevo gobierno establecido buscó consolidar su autoridad sobre el antiguo territorio virreinal. En ese contexto, el poder de Buenos Aires se puso de manifiesto en el inmediato envío de expediciones militares y políticas hacia distintas regiones del interior,[5] lo que terminó en un rotundo fracaso en la mayoría de los casos. No consiguió someter a la intendencia del Paraguay, pese a la expedición militar emprendida en su contra por el brigadier Manuel Belgrano, por lo que este territorio se mantuvo independiente de facto desde 1811.[6] Asimismo, durante la guerra de la Independencia hubo una victoria inicial en el Alto Perú con Suipacha (1810), pero después de unos años las derrotas en Huaqui (1811) y Viluma (1815) causaron la perdida del dominio de las intendencias altoperuanas,[6] declarando su independencia en febrero de 1825 y dando origen al Estado del Alto Perú y posterior República de Bolivia. Por último, los conflictos con los lusobrasileños y con José Gervasio Artigas derivaron en la pérdida de la Provincia Oriental, cuyo proceso de separación, entre 1825 y 1828, culminó con la creación del Estado Oriental del Uruguay.

En 1814 se inició una crisis política que se profundizó hacia la década de 1820, desembocando en lo que se conoce como la Anarquía del Año XX, marcada por la disolución efectiva de las autoridades centrales que se habían intentado organizar desde Buenos Aires.[7] Este proceso estuvo estrechamente vinculado al creciente enfrentamiento entre las tendencias centralistas del gobierno porteño y los sectores federales del interior, encabezados por José Gervasio Artigas, quien promovía la autonomía provincial y lideró la Liga de los Pueblos Libres, una confederación opuesta al control político y económico de Buenos Aires. Estas tensiones debilitaron progresivamente al poder central, especialmente tras el rechazo a la Constitución de 1819 por su carácter centralista.[8] La crisis culminó con la caída del Directorio luego de la batalla de Cepeda (1820), tras la cual no existió una autoridad nacional capaz de imponer un orden político unificado.[9] Esta fragmentación dio inicio al período de las autonomías provinciales, durante el cual las provincias consolidaron sus gobiernos y comenzaron a actuar de forma completamente independiente,[10][11] tendencia que continuaría durante más de tres décadas hasta el inicio del período de la «Organización Nacional».[12]

El 4 de enero de 1831, las provincias de Buenos Aires, Santa Fe y Entre Ríos suscribieron al Pacto Federal. Este acuerdo representó un paso clave en la organización política del territorio, ya que estableció una alianza interprovincial con el objetivo de fortalecer la cooperación mutua, garantizar la defensa común y sentar las bases de un sistema confederal,[13] transformando la denominación del país a la de Confederación Argentina. Con el tiempo, otras provincias se fueron incorporando a este pacto, ampliando su alcance e influencia en la configuración de la futura organización nacional.

Toponimia

En 1810, la Primera Junta utilizó en algunos documentos la expresión «Provincias del Río de la Plata»,[14] mientras que la Junta Grande empleó por primera vez la expresión «Provincias Unidas» en su reglamento de división de poderes del 24 de octubre de 1811,[15] que no fue aceptado por el Primer Triunvirato, que sancionó el estatuto provisional de 1811; es en este documento que se puede leer por primera vez presentó completo el nombre «Provincias Unidas del Río de la Plata».

El Congreso de Tucumán, al sancionar la declaración de independencia en 1816, utilizó el nombre «Provincias Unidas en Sudamérica»,[16] probablemente se eligió por ser un nombre más inclusivo, y las fronteras del nuevo Estado aún no estaban definidas.[17]

«Argentina» se convirtió en el nombre más común durante la década de 1820. Proviene de argentum, que significa plata en latín, por lo que el nombre está relacionado con Río de la Plata. Dado que argentum significa plata, Argentina significa literalmente "relacionado con la plata".[18]

El Congreso General de 1824 usó «Provincias Unidas del Río de la Plata en Sudamérica». Sin embargo, la designación «Provincias Unidas del Río de la Plata» mantuvo su preferencia hasta que paulatinamente desapareció, luego de la firma del Pacto Federal en 1831.[18]

La designación «República Argentina», actualmente la oficial, fue adoptada originalmente por la Constitución de 1826. Sin embargo, en 1827, dicha constitución dejó de aplicarse. Tras el Pacto Federal se popularizó «Confederación Argentina» como designación del país, aunque ya se usaba con anterioridad.[18]

En 1860, la reforma constitucional celebrada en la Argentina recuperó todos los nombres históricos como nombres cooficiales del país, aunque se mantienen en desuso hasta hoy.[19]

Los gentilicios «rioplatense» y «argentino», que durante la época hispánica fueron utilizados para denominar a los habitantes criollos que vivían en torno a los grandes ríos de la cuenca del Plata, se generalizaron luego para referirse a los habitantes de las provincias al sur del río Pilaya; mientras que los gentilicios «peruano» y «altoperuano»[20] mantuvieron su vigor en las al norte del río Pilaya, que permanecieron mayormente dominadas por los españoles.

Antecedentes

Invasión napoleónica de España

En 1808 el Primer Imperio francés, gobernada por el emperador Napoleón Bonaparte, invadió España para asistir el motín de Aranjuez, una revuelta popular que obligó a renunciar al trono a Carlos IV a favor de su hijo Fernando VII. Napoleón luego intervino para que le cediera la corona a su hermano, José Bonaparte, y apresó a Fernando VII, lo cual fue recibido con gran oposición por parte del pueblo español, desencadenando la guerra de la Independencia española.[21]

A falta de un rey, se formaron varias juntas de gobierno para autogobernar las provincias españolas. El 25 de septiembre de 1808 la mayoría de las juntas provinciales se unieron para formar Junta Suprema Central, que dirigió la resistencia española contra Francia.[22] En América las nuevas autoridades fueron ampliamente reconocidas, siendo en el virreinato del Río de la Plata nombrado Baltasar Hidalgo de Cisneros como virrey del Río de la Plata.[23] Debido a las debacles militares ante el ejército napoleónico, que provocaron la pérdida de casi toda España, fue forzosamente disuelta el 31 de enero de 1810, obligando a sus miembros a refugiarse en Cádiz y ceder el poder al Consejo de Regencia de España e Indias.[24]

Carlotismo

En 1807, el Imperio francés, confabulado con la monarquía española en el Tratado de Fontainebleau, había atravesado España para invadir el Reino de Portugal (importante y longevo aliado del Reino Unido), campaña que fue exitosa y permitió la conquista posterior de su propio aliado español. La corte portuguesa debió trasladarse a Río de Janeiro para escapar de la invasión francesa. El virreinato del Brasil fue elevado en estatus a reino debido a la situación sin precedentes, conformándose entonces el Reino Unido de Portugal, Brasil y los Algarbes. Desde allí, la reina consorte Carlota Joaquina de Borbón, y tras la invasión napoleónica de España un año después, vio la oportunidad política de resolver el vacío de poder que había surgido en los territorios españoles en América, especialmente el vecino virreinato del Río de la Plata.[25]

Su pertenencia a la casa de Borbón y el hecho de no estar cautiva —a diferencia de su hermano— sirvieron para implantar la discusión sobre su legitimidad entre la élite criolla, que pensaba que podría asumir una especie de regencia sobre el Imperio español. Manuel Belgrano, muy influenciado por el liberalismo y reformismo europeos, fue uno de los principales simpatizantes iniciales del proyecto. Consideraba que la autoridad de Carlota Joaquina podía proporcionar «legitimidad dinástica» a un gobierno autónomo en el virreinato, evitando tanto la obediencia a José Bonaparte como una ruptura inmediata con la monarquía borbónica.[26] Juan José Castelli participó también de los círculos políticos porteños donde se discutió el proyecto carlotista entre 1808 y 1809. Aunque posteriormente evolucionó hacia posiciones revolucionarias más radicales, en los primeros momentos de la crisis monárquica lo consideró viable.[27]

Finalmente el proyecto fracasó hacia 1810, principalmente por la desconfianza criolla hacia los intereses portugueses y el alejamiento de sus principales referentes. Belgrano y Castelli, fueron enviados por el secretario de la recién formada Primera Junta, Mariano Moreno, que no era carlotista, a expediciones militares a Paraguay y al Alto Perú. Con la ausencia de ambos, los negocios con la Corona portuguesa quedaron a cargo de Moreno, quien se opuso a continuar las discusiones. En diciembre de 1810 este último fue desplazado y, con la ausencia de sus impulsores, el carlotismo queda definitivamente sepultado.[28]

Historia

La Revolución de Mayo y la Primera Junta

Conformación

Retrato del virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros, quien fue destituido por el cabildo abierto del 25 de mayo de 1810.
Litografía de la Primera Junta. Se observan a sus integrantes alrededor del presidente, Cornelio Saavedra, ubicado en el centro.

Al conocerse en Buenos Aires —capital del virreinato del Río de la Plata— lo sucedido en España con la Junta Suprema Central, el 25 de mayo de 1810 el pueblo de la ciudad le desconoció autoridad para gobernar, destituyó al virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros, declaró rotos todos los vínculos de gobierno con las nuevas autoridades de España y mediante un cabildo abierto designó una junta de gobierno, conocida históricamente como la Primera Junta, cuyo nombre completo fue «Junta Provisional Gubernativa de las Provincias del Río de la Plata a nombre del Señor Don Fernando VII». Esta junta, presidida por el patricio Cornelio Saavedra y con Juan José Castelli, Manuel Alberti, Miguel de Azcuénaga, Juan Larrea y Domingo Matheu como vocales votantes, y Mariano Moreno y Juan José Paso como secretarios, asumió toda la autoridad sobre el territorio del virreinato a nombre del rey cautivo Fernando VII.[29][30][31] Sin embargo, los historiadores consideran que las proclamaciones de lealtad a Fernando VII fueron un engaño conocido como la Máscara de Fernando VII, que ocultaba las auténticas motivaciones independentistas de sus impulsores con el fin de facilitar su cometido.[32]

El 6 de junio de 1810, llegan al Río de la Plata las noticias oficiales sobre la creación del Consejo de Regencia de España e Indias. La Real Audiencia de Buenos Aires solicita que la junta le preste juramento y reconozca su autoridad. Al día siguiente el vocal Moreno comunica el rechazo de la junta a los deseos españoles.[33]

Impacto y legitimación

Esta junta fue el origen del primer gobierno propio exitoso emancipado del Imperio español en América,[34] después de que fracasaran tres anteriores intentos inmediatos: la Revolución de Chuquisaca, el 25 de mayo de 1809, la Junta Tuitiva, el 16 de julio de 1809 —ambas producidas en el virreinato del Río de la Plata— y la Revolución del 19 de abril de 1810 en la capitanía general de Venezuela, que fueron aplastados por los ejércitos realistas.[30]

Litografía de Mariano Moreno.

Concluida la jornada revolucionaria, surgieron dos posiciones políticas principales en las provincias y gobernaciones-intendencias rioplatenses. La primera estaba integrada por quienes deseaban preservar el Antiguo Régimen, como la élite eclesiástica, los burócratas vinculados a la administración virreinal y los ricos comerciantes que se beneficiaban del monopolio comercial español; estos últimos estaban afianzados en la Real Audiencia y el Cabildo de Buenos Aires. Por otro lado, los revolucionarios abarcaban una pequeña burguesía y una nueva burguesía mercantil. La primera estaba integrada por abogados (Mariano Moreno, Juan José Castelli, Manuel Belgrano y Juan José Paso), sacerdotes populares (Manuel Alberti, José Ignacio Grela y Juan Manuel Aparicio), obreros (Domingo French, Antonio Luis Beruti, Agustín José Donado, Buenaventura de Arzac, Francisco Mariano de Orma, etc.) y médicos (Cosme Mariano Argerich); influenciados principalmente por las ideas de la Ilustración y la «soberanía popular». El segundo grupo (la burguesía mercantil) estaba relacionado con el comercio libre sancionado en 1809, pero también con el contrabando. Había familias criollas (Riglos, Aguirre, Sarratea, Escalada, García, Rivadavia, etc.) y británicas (Miller, Parish, Bellinghurst, O'Gorman, Wilde, Craig, Dillon, Twaites, Gowland, Lynch, Robertson, Mackinnon, Brittain, Armstrong, Ramsay, etc.).[35]

Uno de los temas debatidos en Buenos Aires fue la falta de representación de las demás provincias, por lo que una de las primeras medidas de la junta fue enviar una circular a cada ciudad del virreinato anunciando su creación y solicitándoles que enviaran diputados.[36]Al difundirse la noticia, la Primera Junta comenzó a funcionar de inmediato como nuevo gobierno. Si bien Saavedra era el presidente, las medidas políticas de la junta fueron elegidas por Moreno y sus amigos, como Belgrano y Castelli (conocidos en conjunto como el morenismo), quienes tenían mayor influencia y eran considerados extremistas, ya que se inspiraban en la Revolución francesa. Por otro lado, Saavedra y sus seguidores (saavedrismo) tenían ideas más moderadas. Existe un documento llamado Plan de operaciones, atribuido a Moreno, que contiene una lista de políticas para que el gobierno provisional ganara la guerra contra el absolutismo. Algunos autores, como Diego Bause, afirman que el Plan es apócrifo y una copia de una obra de teatro francesa llamada El cementerio de Magdalena, mientras que otros, como Norberto Galasso, sostienen que es un documento auténtico que se correlaciona con las medidas de la Junta bajo la influencia de Moreno.[37]

Reacciones interiores a la junta

El virreinato del Río de la Plata hacia 1800, con sus subdivisiones administrativas.
El virreinato del Río de la Plata hacia 1800, con sus subdivisiones administrativas.

Cuando las ciudades de las demás provincias, intendencias y gobiernos político-militares recibieron la noticia de la destitución de Cisneros, algunos reconocieron la autoridad del nuevo gobierno, mientras que otros se negaron a hacerlo. En Córdoba estalló una contrarrevolución liderada por el exvirrey del Río de la Plata, Santiago de Liniers.[38] Dicha amenaza aceleró el proceso de conformación de un nuevo ejército propio, el Ejército del Norte, creado el 14 de junio de 1810 y que fue el responsable de sofocar la contrarrevolución y ejecutar a Liniers.[5]

Por otro lado, el virreinato del Perú, que había reconocido la autoridad del Consejo de Regencia, consideró ilegítimo al nuevo gobierno de Buenos Aires y anexó las intendencias y gobiernos del Alto Perú.[37] Tras enterarse de la anexión, la junta hizo partir de Buenos Aires al nuevo ejército. El 15 de noviembre de 1810 el general Francisco Ortiz de Ocampo, que hasta entonces comandaba el ejército, traspasó el mando a Antonio González Balcarce.[39] Castelli también tuvo gran importancia política y militar, siendo representante de la junta ante el ejército.[40] La expedición atravesó las provincias del norte y obtuvo apoyo en varias ciudades. A medida que avanzaba, algunos sectores se unieron a la causa revolucionaria. El principal éxito militar de la campaña ocurrió el 7 de noviembre de 1810 en la batalla de Suipacha, considerada la primera victoria importante de los ejércitos patriotas durante las guerras de independencia. Las tropas revolucionarias derrotaron a las fuerzas realistas comandadas por José de Córdoba y Rojas, lo que permitió la ocupación de Potosí, Chuquisaca y La Paz.[41]

Siguiendo el ejemplo del Perú las autoridades del gobierno de Montevideo, encabezadas por el gobernador y comandante naval José María Salazar, y desconocieron la autoridad de la Primera Junta y mantuvieron su fidelidad a Fernando VII. El 2 de junio de 1810 el Cabildo de Montevideo reconoció a Francisco Javier de Elío como el nuevo virrey, quien posteriormente estableció allí la sede del gobierno virreinal.[42]

Las relaciones con la intendencia del Paraguay —que no había declarado todavía su adhesión a la causa revolucionaria o al Consejo de Regencia— eran ambiguas, por lo que el 22 de septiembre se decidió el envío de una expedición militar comandada por el vocal Manuel Belgrano, con el fin de imponerle la autoridad de la junta en este lejano y ciertamente importante territorio.[5]

Junta Grande

El 18 de diciembre de 1810 se amplió la junta con los diputados provenientes de las provincias, manteniéndose los mismos miembros de la junta anterior. El morenismo perdió su mayoría y se convirtió en una fuerza política minoritaria, mientras que el saavedismo cobró prominencia con una agenda política más moderada.[43] Las expediciones militares fallidas de la Primera Junta, comandadas por los morenistas Castelli y Belgrano respectivamente, fueron derrotadas, y la campaña de la Banda Oriental sufrió importantes reveses, como el combate de San Nicolás (2 de marzo de 1811).[44] Esto empeoró la situación del morenismo, quien falleció el 4 de marzo de 1811 en alta mar, a bordo de la fragata inglesa Fame, mientras se dirigía a Europa en misión diplomática,[45] y del gobierno.

Los días 5 y 6 de abril de 1811, los saavedistas se congregaron en la Plaza de la Victoria (actual Plaza de Mayo), frente al Fuerte de Buenos Aires (donde hoy se ubica la Casa Rosada), para exigir la destitución de los últimos miembros morenistas de la junta. Juan Larrea, Miguel de Azcuénaga, Hipólito Vieytes y Nicolás Rodríguez Peña fueron expulsados del gobierno, consolidando así el control saavedista sobre la política de la junta. Muchos morenistas fueron exiliados: Azcuénaga y Gervasio Antonio de Posadas a Mendoza, Larrea a San Juan, Rodríguez Peña a San Luis, y French, Beruti y Vieytes a la Patagonia. Los historiadores debaten si esta revolución fue o no un movimiento popular.[46]

La campaña de la Banda Oriental se intensificó con un asedio e incluso un ataque portugués convocado por el virrey Francisco Javier de Elío de Montevideo. Dado que el conflicto giraba en torno al Río de la Plata, afectó los intereses comerciales de aquellos cuya riqueza dependía de los puertos de Buenos Aires y Montevideo. La Junta Grande no llegó a un acuerdo con el gobierno de Montevideo para la firma de un tratado, por lo que fue acusada de ineptitud por el Cabildo (compuesto principalmente por comerciantes británicos y criollos). Se convocó una asamblea —aprovechando que Saavedra había sido enviado a reorganizar el Ejército del Norte y estaba siendo reemplazado como presidente por Matheu— y se estableció un nuevo gobierno el 23 de septiembre de 1811.[46]

Primer Triunvirato

Conformación

La conformación inicial del Primer Triunvirato: Feliciano Chiclana, Juan José Paso y Manuel de Sarratea.

En reemplazo de la Junta Grande se creó la «Junta Conservadora», que mantuvo el poder legislativo pero que duró tan solo unos pocos meses y careció del poder ejecutivo de su antecesor, prerrogativa que fue transferida al recién establecido Primer Triunvirato, un órgano colegiado compuesto por tres personas.[46] Esta fue la primera autoridad que, al redactar el Reglamento Orgánico del 22 de octubre de 1811, nombró en su artículo 1.º «Los diputados de las Provincias Unidas...».[47]

Retrato imaginario de José Gervasio Artigas (1884), por Juan Manuel Blanes.

La nueva junta se mostró algo reacia a continuar las guerras que había emprendido la Primera Junta, probablemente debido a la forma en que complicaba el comercio, ya que había sido establecida principalmente por comerciantes. La campaña en el Paraguay resultó infructuosa, pues Belgrano fue derrotado en las batallas de Paraguarí (19 de enero) y Tacuarí (9 de marzo) y la junta tuvo que aceptar su independencia, expresada en el tratado confederal entre ambos gobiernos firmado el 12 de octubre, que estableció que Paraguay únicamente se uniría a las Provincias Unidas cuando un congreso general —que reuniera a todos los territorios del virreinato— se celebrase.[5][48] Paraguay entonces permaneció gobernándose autónomamente y ajena al conflicto independentista hispanoaméricano.[49][50][51] Con Montevideo se firmó un tratado el 20 de octubre, que reconocía la autoridad del nuevo virrey designado por el Consejo de Regencia, Francisco Javier de Elío, sobre Banda Oriental y Montevideo, pero no sobre el resto del antiguo virreinato; lógicamente, esto implicaba el cese de las hostilidades entre los dos gobiernos, por lo que José Gervasio Artigas, el principal líder de la lucha por la independencia de la Banda Oriental, quedó en paz.[46]

Litografía de José de San Martín (1828).

El 9 de marzo de 1812 a bordo de la fragata británica George Canning, proveniente de Londres, regresaba José de San Martín a Buenos Aires. Junto a él llegaron otros oficiales como Carlos María de Alvear y José Matías Zapiola.[52] San Martín había abandonado el Río de la Plata en 1784,[53] viviendo su juventud en España. En 1811 había decidido retirarse del ejército español y emprender el retorno, inspirado por el clima revolucionario de América y dispuesto a participar de la lucha emancipatoria.[52] A pesar de una recepción cautelosa, el Triunvirato reconoció rápidamente su experiencia previa, nombrándolo teniente coronel.[54] El 16 de marzo, a pedido del Triunvirato, San Martín creó el Regimiento de Granaderos a Caballo con el objetivo de formar una unidad de élite de caballería que pudiera realizar misiones especiales y ser una fuerza de choque en el campo de batalla. Este regimiento se destacó por su entrenamiento riguroso y disciplina, y sus miembros eran seleccionados entre los soldados más destacados y leales.[55][56]

Adopción de la escarapela y creación de la bandera argentina

«Las banderas de nuestros enemigos son las que hasta ahora hemos usado; pero ya que V. E. ha determinado la Escarapela Nacional con que nos distinguiremos de ellos y de todas las naciones, me atrevo a decir a V. E. que también se distinguieran aquellas y que en estas baterías no se viese tremolar sino las que V. E. designe. Abajo, Excmo. Sr., esas señales exteriores que para nada nos han servido, y con que parece aun no hemos roto las cadenas de la esclavitud»
Carta de Manuel Belgrano al Primer Triunvirato, 13 de febrero de 1812.[57]
Bendición de la bandera argentina en Jujuy

El 18 de febrero de 1812, el Primer Triunvirato aprobó el uso de la escarapela argentina a petición de Belgrano, con el diseño azul claro y blanco.[58] No obstante, tras esta medida, el abogado decidió confeccionar una bandera con los colores de la escarapela e izarla mientras se encontraba en Rosario supervisando el río Paraná, además de tomar juramento a la nueva bandera ante sus soldados. Al enterarse el Triunvirato, ordenó a Belgrano que escondiera la bandera y le envió una española roja y amarilla, pero este ya había partido hacia el norte con la misión de reorganizar el Ejército para una segunda campaña en el Alto Perú, por lo que no recibió el mensaje.[59] Belgrano celebró otra ceremonia al llegar a San Salvador de Jujuy, en la que un sacerdote bendijo la bandera.[60] El Triunvirato lo sancionó, y Belgrano declaró que escondería la bandera hasta lograr una victoria significativa. Unas semanas después, el gobierno colegiado ordenó a Belgrano retirarse del norte y regresar a Córdoba.[61]

Segunda expedición auxiliadora al Alto Perú y el Éxodo Jujeño

«Pueblos de la Provincia: Desde que puse el pie en vuestro suelo para hacerme cargo de vuestra defensa, en que se halla interesado el Excelentísimo Gobierno de las Provincias Unidas de la República del Río de la Plata, os he hablado con verdad. Siguiendo con ella os manifiesto que las armas de Abascal al mando de Goyeneche se acercan a Suipacha; y lo peor es que son llamados por los desnaturalizados que viven entre vosotros y que no pierden arbitrios para que nuestros sagrados derechos de libertad, propiedad y seguridad sean ultrajados y volváis a la esclavitud. Llegó pues la época en que manifestéis vuestro heroísmo y de que vengáis a reunirnos al Ejército de mi mando, si como aseguráis queréis ser libres, trayéndonos las armas de chispa, blanca y municiones que tengáis o podáis adquirir, y dando parte a la Justicia de los que las tuvieron y permanecieren indiferentes a vista del riesgo que os amenaza de perder no sólo vuestros derechos, sino las propiedades que tenéis.»
Manuel Belgrano al pueblo de Jujuy, 29 de julio de 1812.[62]

El 26 de mayo de 1812, el Triunvirato nombró comandante del Ejército del Norte al general Belgrano, quien se acuarteló en San Salvador de Jujuy.[63] Allí, recibió los restos de las fuerzas que regresaban de Huaqui: 800 hombres, sin armas ni recursos, afectados por la malaria y la desmoralización. El Triunvirato decidió enviar un nuevo ejército hacia el Alto Perú, en vista del fracaso de la primera expedición dirigida por Castelli. El objetivo era recuperar el control de la región, derrotar a las fuerzas realistas y asegurar la continuidad del orden revolucionario.[63]

En julio se recibieron noticias de que una importante fuerza realista, comandada por el virrey del Perú Pío Tristán, avanzaba desde el Alto Perú en dirección a Humahuaca. Ante esta situación, Belgrano recibió órdenes del Triunvirato de replegarse hasta Córdoba, donde el Ejército del Norte debía reunirse con otras fuerzas rioplatenses. Las instrucciones establecían además que destruyera todos aquellos recursos que pudieran resultar útiles al enemigo, una estrategia de «tierra quemada», con el propósito de obstaculizar su avance y abastecimiento. A partir del 23 de agosto Belgrano se abocó entonces a la reorganización y rearme del ejército, procurando restablecer la disciplina y elevar el ánimo de la población y de las tropas. Con ese objetivo, adoptó una conducción severa e inflexible hacia sus subordinados, reorganizó las fuerzas mediante la creación de nuevas compañías, logró recuperar la moral del ejército, que alcanzó los 1500 soldados.[64] La población civil, junto con el Ejército del Norte, se retiró hacia la intendencia de Tucumán. Aunque implicó grandes sacrificios para los habitantes jujeños, el éxodo permitió reorganizar las fuerzas patriotas y precedió a la victoria de Belgrano en la batalla de Tucumán.[63][65]

Disolución

La noticia de la victoria de Belgrano en Tucumán, tras desobedecer las órdenes del gobierno, llegó a Buenos Aires a principios de octubre y dañó la reputación del Triunvirato. San Martín, junto con los demás miembros de la Logia Lautaro, deseaba participar en el gobierno para adoptar medidas más radicales que las que el Triunvirato estaba dispuesto a implementar, y esperó hasta la elección de los nuevos triunviros. Sin embargo, su candidato, Bernardo de Monteagudo, fue rechazado, y en su lugar se eligió a un simpatizante de Rivadavia y sus políticas. Por lo tanto, el 8 de octubre de 1812, San Martín y la Logia Lautaro desplegaron a los granaderos y otros soldados en la Plaza de la Victoria para protestar, mientras que la Sociedad Patriótica convocó a más personas para hacer lo mismo. El Primer Triunvirato renunció y el Cabildo creó un nuevo triunvirato.[46][66][67]

Segundo Triunvirato

Conformación

El 8 de octubre de 1812 se instaura el Segundo Triunvirato, con el morenista Saturnino Rodríguez Peña, el liberal peninsular Antonio Álvarez Jonte y Paso y el militar Nicolás Rodríguez Peña como triunviros.[68] Aquel nuevo gobierno marcó el retorno de las ideas morenistas y radicales al gobierno revolucionario. Lógicamente, contó con el apoyo de la Logia Lautaro y la Sociedad Patriótica —ya que estas organizaciones promovieron su creación—, pero la relación con San Martín se fue deteriorando gradualmente debido a desacuerdos políticos con Alvear en la Logia. Álvarez Jonte (amigo de San Martín) fue reemplazado por Antonio de Posadas (tío de Alvear), que regresó del exilio.

Por otro lado, Belgrano y el Ejército del Norte salieron victoriosos en la batalla de Salta, asegurando las provincias del norte. Sin embargo, al intentar recuperar el Alto Perú, fue derrotado en Vilcapugio y Ayohuma. Esto marcó el fracaso de la segunda expedición en el Alto Perú, aunque en conjunto significó la expulsión definitiva de los realistas del virreinato del Perú del actual norte argentino. Belgrano entregó el mando del Ejército del Norte a San Martín en el relevo de Yatasto,[69] un acontecimiento importante en la historia argentina que reunió a las dos figuras más reconocidas de la independencia argentina. No obstante, San Martín no permaneció mucho tiempo en el cargo, ya que su plan era cruzar los Andes para derrotar a la capitanía general de Chile y, por lo tanto, atacar al virreinato del Perú por mar, en lugar de seguir intentando derrotar a sus fuerzas desde el norte de las Provincias Unidas.

Asamblea del Año XIII

La apertura de las sesiones de la «Soberana Asamblea General Constituyente del Año XIII».

El 31 de enero de 1813 fue convocada la Asamblea del Año XIII, cuyo nombre oficial fue «Soberana Asamblea General Constituyente del Año XIII», primer congreso o asamblea que manifestó: «Que reside en ella la representación, y ejercicio de la soberanía de las Provincias Unidas del Río de la Plata...» y si bien no logró su fin de redactar una constitución, estableció atributos de la soberanía del nuevo Estado, al adoptar el escudo nacional para remplazar a las armas del rey, la escarapela y la Marcha Patriótica,[70] que derivó en el Himno Nacional Argentino y utilizó los nombres «argentino» y «Provincias Unidas del Sud».[71] El 12 de marzo dictó la derogación de la mita, la encomienda, el yanaconazgo y el servicio personal indígena, bajo todo concepto y sin exceptuar el que prestaban a las iglesias o a sus párrocos, reafirmando otro decreto del 1 de septiembre de 1811, que establecía que los indígenas eran libres e iguales en derechos a los criollos y peninsulares.[72] Respecto al tema de la esclavitud decretó la «libertad de vientres», la cual estipulaba que los hijos de esclavas nacidos a partir de ese año eran considerados libres, esta medida no abolía la esclavitud por completo, pues no prohibía específicamente el comercio o trata de esclavos y, por tanto, los esclavos siguieron estando presentes dentro de la sociedad porteña.[73]

Aunque finalmente fue rechazada, la idea de declarar la independencia de España había cobrado fuerza y fue propuesta por numerosos diputados; se adoptaron diversas políticas en ese sentido. Algunos historiadores relacionan esto con el declive de los movimientos liberales y democráticos en la España peninsular y el auge de las posturas conservadoras. Sin embargo, algunos representantes fueron enviados con la instrucción específica de no consentir la independencia, como los diputados de Tucumán. También se debatió la aprobación de una constitución, pero no llegó a aprobarse.[74]

A José Gervasio Artigas se le ofreció enviar diputados en nombre de la Provincia Oriental. Aceptó y los envió con la misión de exigir la declaración de independencia, el establecimiento de un sistema confederal, libertades civiles y religiosas, etc. Estas ideas, consideradas radicales por el gobierno de Buenos Aires, provocaron el rechazo de sus representantes en la Asamblea. En respuesta a esta y otras decisiones, Artigas abandonó el asedio de Montevideo, que mantenía junto con Rondeau.[74]

Respecto a Paraguay, que había condicionado su adhesión a las Provincias Unidas desde 1811, reunió un congreso que el 12 de octubre de 1813 adoptó el consulado como forma de gobierno, el nombre «República del Paraguay» y símbolos nacionales.[75] Luego se aisló del resto del mundo y se comportó como un Estado independiente, pero no habiendo realizado una proclamación formal de independencia, y negándosela otros países, no sería hasta el 25 de noviembre de 1842 que un congreso reunido al efecto la proclamó solemnemente, ratificando que su independencia era un hecho incontestable desde hacía más de treinta años.[76]

Disolución

La Asamblea, en vista de la situación política interna y externa, decidió que era necesaria la conformación de un poder ejecutivo unipersonal, por lo que el 31 de enero de 1814 fue creado un nuevo cargo, el director supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata, denominado en conjunto como «Directorio Supremo» o simplemente «Directorio».[73]

Directorio

Directorio de Posadas

Retrato del director supremo Gervasio Antonio de Posadas.

Fue designado como primer director supremo Gervasio Antonio de Posadas,[77] quien a su vez nombró a su sobrino, Carlos María de Alvear, general en jefe del Ejército del Norte en reemplazo de José Rondeau.[78] Los oficiales, descontentos con la decisión, se sublevaron y le comunicaron a Rondeau que solo iban a acatar sus órdenes mas no las de Alvear y lo instaron a iniciar una tercera campaña al Alto Perú, Rondeau en rebeldía ordenó el comienzo de la operación que comenzó en enero de 1815. Durante los siguientes diez meses hubo enfrentamientos con tropas realistas, pero nunca de la magnitud de la campaña anterior.[79]

Hacia marzo de 1814, se creó una pequeña flota con la misión de poner fin al control de Montevideo sobre los ríos. El 1 de marzo de 1814, Guillermo Brown fue nombrado teniente coronel y comandante del Escuadrón de Buenos Aires. El 15 de marzo de 1814, derrotó al capitán Jacinto de Romarate en el combate de Martín García y ocupó la isla. El 20 de abril de 1814, Brown estableció un bloqueo naval contra Montevideo y derrotó nuevamente a su flota en el combate naval del Buceo, poniendo fin a la superioridad naval de la ciudad oriental. Finalmente, el 17 de mayo de 1814, el capitán general Gaspar de Vigodet negoció la rendición, y la ciudad fue ocupada por Alvear el 23 de mayo de 1814, quien había sido nombrado jefe en reemplazo de Rondeau por Posadas.[80]

Este reemplazo de última hora de Rondeau por Alvear en el ejército sitiador llevó a algunos a pensar que se pretendía concederle a Alvear la gloria de entrar en Montevideo. Dentro de ese marco, Posadas nombró a Rondeau general en jefe del Ejército del Norte en lugar de San Martín, quien tenía licencia para recuperarse de una úlcera estomacal;[81] Rondeau dedicó el resto del año a reorganizar y preparar al ejército para una tercera campaña en el Alto Perú. Mientras tanto, Posadas nombró a San Martín gobernador de Cuyo a petición suya. Cuyo era una antigua provincia argentina que comprendía los territorios actuales de Mendoza, San Juan y San Luis, y limitaba con Chile. San Martín pasó dos años allí formando un ejército para el cruce de los Andes con ayuda local.[82]

Por otro lado, en febrero de 1814 la provincia de Entre Ríos se rebeló contra la autoridad de Buenos Aires, siguiendo a Artigas, y logró la autonomía después de la batalla de El Espinillo.[83] Posadas declaró a Artigas traidor a la nación, pero esto no detuvo su movimiento. La provincia de Corrientes se rebeló contra su Cabildo, declaró su autonomía y se adhirió al sistema confederal, con Artigas como «protector de los Pueblos Libres». Las Misiones también adoptó el federalismo, con Andresito Artigas (hijo adoptivo de Artigas) como gobernador. Estas provincias rebeldes, lideradas por Artigas, marcaron el inicio de la «Unión de los Pueblos Libres», conocida también como la Liga Federal, que se convirtió en una alternativa al gobierno de Buenos Aires para las provincias del Río de la Plata.[84]

Esta guerra civil entre las Provincias Unidas y la Liga Federal llegó hasta Banda Oriental. Al principio, el gobierno de Buenos Aires llevaba la ventaja: Alvear venció a Fernando Otorgués y Manuel Dorrego derrotó a Artigas en la batalla de Marmarajá. Sin embargo, la situación se revirtió con la victoria federal en la batalla de Guayabos el 10 de enero de 1815, tras la cual toda la Provincia Oriental (Banda Oriental, incluyendo Montevideo) se unió a la Liga Federal. Este creciente conflicto, junto con el regreso de Fernando VII al trono español, complicó la gestión de Posadas. Su último recurso fue intentar reemplazar a Rondeau por Alvear, nuevamente, esta vez como general en jefe del Ejército del Norte. Sin embargo, los soldados no reconocieron el nombramiento. Alvear se retiró a Buenos Aires antes de llegar al norte y Posadas renunció el 9 de enero.[85]

Directorio de Alvear

Pintura al oleo del director supremo Carlos María de Alvear.
«La paciencia es una virtud moral que en el individuo aislado puede ser efecto de la religión y de la filosofía; pero que en una masa numerosa sólo puede proceder de las reglas que la gobiernan y de los ejemplos que tiene a la vista y del influjo de los que la mandan.»
Frase atribuida a Alvear.[86]

La renuncia de Posadas el 9 de enero de 1815 significó su reemplazo inmediato por Alvear.[78] Su gobierno se caracterizó por una intensa represión contra la oposición política y sus adversarios. Durante su mandato organizó una red de espionaje, ordenó ejecuciones sin procesos judiciales previos y estableció la pena de muerte para quienes manifestaran críticas hacia el gobierno. Alvear recibió principalmente el respaldo de los integrantes de la Logia Lautaro, con excepción de José de San Martín, quien ya mantenía diferencias políticas con él y rechazaba su administración.[87] Diversos historiadores interpretan este período como la consolidación del giro elitista y del alejamiento ideológico de los antiguos morenistas. Sin embargo, no existe acuerdo pleno acerca de si su gobierno puede considerarse una dictadura, debido a la brevedad de su duración, que fue de apenas 95 días.[88] Entre sus opositores federales, Alvear era considerado el principal representante del centralismo porteño.

El 18 de abril de 1815 las presiones de las provincias y el motín de Fontezuelas obligaron a Alvear a renunciar, por lo que la Asamblea del Año XIII creó la Junta de Observación, cuya función principal fue supervisar al director supremo, limitar sus facultades y redactar el estatuto provisional de 1815, que actuó como una constitución provisoria.[89] El 20 de abril este órgano designó a José Rondeau como nuevo director supremo, pero este se encontraba frente al Ejército del Norte.[90]

Directorio interino de Álvarez Thomas

Retrato de Ignacio Álvarez Thomas (1825), por José Gil de Castro.

La imposibilidad de Rondeau para ejercer el cargo ocasionaron que al día siguiente (21 de abril) el Cabildo designara a Ignacio Álvarez Thomas como sustituto. Nunca fue electo en calidad de permanente pero actuó como tal.[91]

El 29 de junio de 1815 las provincias de la Liga Federal se reunieron e inauguraron el Congreso de Oriente. Pese a su relevancia, se desconoce que deliberaciones tomaron exactamente pues no existen registros de sus deliberaciones. El historiador revisionista Pacho O'Donnell sostiene que allí se proclamó la independencia de España.[92] En contraposición la uruguaya Ana Frega considera que la documentación disponible no permite afirmar de manera concluyente que se haya producido una declaración formal de independencia durante el Congreso.[93]

Retrato imaginario de Martín Miguel de Güemes.

Cuatro días antes del nombramiento de Rondeau, empezaba la tercera expedición auxiliadora al Alto Perú, que él había estado organizando. Antonio Álvarez de Arenales, con 500 hombres y la ayuda de Martín Miguel de Güemes, derrotó a Francisco Fernández de la Cruz y su ejército. Posteriormente, Rondeau avanzó hacia Yavi, donde se encontraba el realista Pedro Antonio Olañeta antes de retirarse. Joaquín de la Pezuela ordenó la retirada a Oruro y la mayor parte del Alto Perú fue anexada por las Provincias Unidas en julio.[94] No obstante, el ejército de Pezuela recibió refuerzos mientras estaba acampado en Oruro y contraatacó el 29 de noviembre en la batalla de Viluma (o Sipe Sipe). Rondeau fue derrotado en esa batalla y la campaña se consideró un fracaso, lo que significó la pérdida de la mayor parte del Alto Perú una vez más.[95]

Güemes y sus tropas se habían separado del ejército de Rondeau debido a diferencias con él, y estaban acantonados en el norte de la provincia de Salta y la Puna de Atacama. Güemes se llevó consigo las armas que el Ejército del Norte había dejado durante su marcha.[96] Llegó a Salta, que atravesaba una situación difícil debido a la ausencia del gobernador y a las exigencias de Buenos Aires a la provincia para que aportara recursos al Ejército del Norte. Güemes, que contaba con un fuerte apoyo popular, fue nombrado gobernador de Salta, marcando la primera vez que el pueblo de esa provincia elegía a su propio gobernador;[97] Salta logró la independencia política sin renunciar a su pertenencia a las Provincias Unidas como país.

Cuando Rondeau perdió en Viluma, se retiró a Salta con su ejército, ocupó la capital provincial y declaró a Güemes traidor.[98] Güemes permitió deliberadamente que Rondeau y sus hombres lo persiguieran, desgastándolos gradualmente y obligándolo el 22 de marzo de 1816 finalmente a firmar el Pacto de los Cerrillos, que lo reconocía como gobernador salteño.[99]

Mientras tanto, Artigas envió representantes para firmar un tratado de paz con Buenos Aires, pero Álvarez Thomas ordenó su arresto. Luego, para terminar la labor que se había negado a continuar durante el motín de Fontezuelas, lanzó un ejército al mando de Juan José Viamonte, que recuperó la provincia de Santa Fe de manos de Artigas. Sin embargo, el 2 de marzo de 1816, los caudillos Mariano Vera y Estanislao López se rebelaron y sitiaron la ciudad de Santa Fe.[100] El 21 de marzo, Viamonte se rindió y se proclamó la soberanía provincial, así como la entrada formal a la Liga Federal.[101] En respuesta, Álvarez Thomas lanzó otro ejército, pero el general Díaz Vélez llegó a un acuerdo con los federales el 8 de julio de 1816,[102] y Álvarez Thomas terminó renunciando el 16 de abril, en circunstancias similares a las del motín que había propiciado su nombramiento interino.[103]

Directorio de Pueyrredón

Retrato del director supremo Juan Martín de Pueyrredón.

En reemplazo de Álvarez Thomas (y técnicamente Rondeau), la Asamblea dispuso el nombramiento de Juan Martín de Pueyrredón, diputado por San Luis, como director supremo el 3 de mayo de 1816.[104] Sin embargo, antes de asumir efectivamente el cargo y con la intención de reorganizar la defensa del norte —donde se planeaba instalar un nuevo congreso—, emprendió viaje a la localidad de Trancas, Tucumán, y se entrevistó con el general Rondeau y poco después con Güemes, en el fuerte de Cobos, Salta.[105] Posteriormente continuó su viaje hacia Buenos Aires y, antes de llegar, mantuvo una entrevista con José de San Martín, en la que probablemente analizaron los preparativos de la campaña libertadora a Chile —luego materializado en 1817 en el Cruce de los Andes— que este último proyectaba. A partir de entonces, Juan Martín de Pueyrredón brindó un decidido apoyo a dicho plan, al considerar que la independencia de Chile y del Perú era fundamental para asegurar y consolidar la independencia de las Provincias Unidas. Durante los dos años siguientes, el proyecto sanmartiniano ocupó un lugar central en la gestión política y militar de Pueyrredón.[106]

Para suplir la ausencia del director electo Pueyrredón se designó primero a Antonio González Balcarce entre el 17 de abril y el 11 de julio de 1816,[107] y luego a Antonio José de Escalada hasta el 29 de julio, cuando Pueyrredón llegó a Buenos Aires y asumió el gobierno.[108] Designó como ministros a Vicente López y Planes en la cartera de Gobierno y Relaciones Exteriores, a Domingo Trillo en Hacienda y a Florencio Terrada en Guerra y Marina.

Durante su administración enfrentó numerosos conflictos políticos y militares internos. Aunque su gobierno no obtuvo resultados igualmente exitosos en el ámbito interno, brindó un importante respaldo político, económico y militar al proyecto continental impulsado por José de San Martín para asegurar la independencia de Chile y Perú. Su gobierno tuvo orientación centralista, en consonancia con sectores políticos vinculados a la Logia Lautaro. En ese contexto, persiguió a dirigentes federales como Manuel Dorrego, Vicente Pazos Kanki, Feliciano Chiclana, Manuel Moreno y Manuel Pagola, varios de los cuales fueron desterrados.[109]

El Congreso de Tucumán y la declaración de independencia
Impresiones originales del «Acta de Independencia declarada por el Congreso de las Provincias Unidas en Sud-América», en el Archivo General de la Nación. El texto se encuentra tanto en español como en quechua y aymara.

El 24 de marzo de 1816 fue inaugurado un congreso general en San Miguel de Tucumán, con Pedro Medrano como presidente provisional. Los 29 diputados presentes juraron defender la religión católica y la integridad territorial de las Provincias Unidas. Entretanto, el gobierno no podía resolver los problemas planteados: la propuesta alternativa de Artigas, los planes de San Martín para reconquistar Chile, los conflictos con Güemes y la invasión portuguesa a la Banda Oriental, entre otros.[110]

Durante la celebración del Congreso se produjo la declaración de independencia, el 9 de julio de 1816,[111] y se adoptó el nombre de «Provincias Unidas en Sud-América», alternado con Provincias Unidas del Río de la Plata.[112] Los congresales dictaron la declaración de la independencia de toda la América del Sur dominada por el Imperio español, «sus sucesores y metrópoli» y de toda otra dominación extranjera.[113] A esta declaración no asistieron —exceptuando Córdoba—[114] en su momento las provincias de la Liga Federal (Entre Ríos, Corrientes, Misiones, Provincia Oriental y Santa Fe), esperando por un congreso general que incluyera a las provincias confederadas.[115]

En cuanto a la provincia de Tarija —separada de Salta el 13 de mayo de ese año—, la contraofensiva realista española desde el Alto Perú igualmente dificultó su representación en el Congreso de Tucumán, aunque sí lo hicieron los diputados por Chichas (los cuales también representaban a Tarija).

Invasión a la Banda Oriental y neutralidad de Pueyrredón

La Mesopotamia argentina en 1819, se observa la frontera original entre las Provincias Unidas y Brasil.

En el contexto de la expansión portuguesa en América, el Reino Unido de Portugal, Brasil y los Algarbes —que había sido constituido hacía un año por la unión de los territorios del Imperio portugués en una sola entidad— empezó a interesarse por la Banda Oriental. Sin embargo existía la inconveniente posibilidad de que el gobierno rioplatense interviniera en defensa de lo que formalmente era un territorio que le había pertenecido desde el principio; de hecho, no era conveniente iniciar una guerra cuyo resultado pudiera ser incierto. Según los historiadores uruguayos Washington Reyes Abadie, Oscar H. Bruschera y Tabaré Melogno,[116] y el argentino Raúl Scalabrini Ortiz,[117] la seguridad de la neutralidad fue garantizada principalmente por Manuel José García, enviado de las Provincias Unidas ante la corte real portuguesa en Río de Janeiro, para evitar el posible apoyo de esta última al Imperio español, que en aquel entonces estaba inmerso en una campaña para recuperar las colonias americanas independientes. En su correspondencia, García expresó su esperanza de que el gobierno brasileño lograra erradicar el «contagio federalista» y argumentó que la invasión redundaría en beneficio de ambas potencias regionales.[118]

En agosto de 1816 las tropas lusobrasileñas, comandadas por el mariscal Carlos Federico Lecor, cruzaron la frontera desde el Brasil hacia la Banda Oriental. Para el 4 de enero de 1817, Lecor había capturado la ciudad de Maldonado, estableciendo contacto con la flota portuguesa al mando del conde José de Menezes y coordinando las acciones posteriores contra Montevideo. Tras el fracaso de la contraofensiva oriental en el norte, el camino hacia el principal puerto de la región no presentó obstáculos para los lusobrasileños. Las milicias orientales abandonaron la ciudad y se unieron a Tomás García de Zúñiga —colaborador estrecho de Lecor junto a Fructuoso Rivera y otros políticos orientales y rioplatenses—, quien se había concentrado en el río Santa Lucía.[119] Artigas perdió el control efectivo de la Provincia Oriental.

Renuncia de Pueyrredón y desintegración progresiva del Directorio

Portada de la «Constitución de las Provincias Unidas» de 1819

La oposición política al gobierno de Juan Martín de Pueyrredón aumentó progresivamente durante los últimos años de su administración debido a los conflictos entre el gobierno central y las provincias federales, las acusaciones de centralismo dirigidas contra el Directorio y la creciente crisis política y económica de las Provincias Unidas. A ello se sumaron los proyectos monárquicos impulsados por algunos sectores dirigentes, que proponían establecer una monarquía constitucional en el Río de la Plata mediante la designación de un príncipe europeo, iniciativas que despertaron desconfianza tanto entre dirigentes federales como entre parte de la élite porteña.[120]

El Congreso —trasladado posteriormente a Buenos Aires— sancionó en 1819 la conocida como «Constitución unitaria de 1819». El texto constitucional establecía un régimen de carácter centralista y concentraba amplias atribuciones en el Supremo Poder Ejecutivo. Además, limitaba considerablemente la autonomía provincial y fortalecía la autoridad del director supremo y del poder legislativo.[121] Fue ampliamente rechazada por gran parte de las provincias del interior, especialmente las afines a Artigas y la Liga Federal, pues los federales consideraban que el texto constitucional consolidaba la hegemonía política porteña y desconocía el principio de autonomía provincial. Todo ello llevó a que, en medio de la crisis política y militar, Pueyrredón presentara su renuncia al cargo el 11 de junio de 1819.[122]

Retrato de José Rondeau, aparecido en el periódico uruguayo El Indiscreto.

Rondeau, que se había desempeñado como gobernador intendente de Buenos Aires entre junio y julio de 1818, asumió como directo supremo el 9 de junio.[90] Priorizó la lucha contra los caudillos federales del Litoral y se negó a reconocer la autonomía reclamada por las provincias. Ordenó a José de San Martín y a Manuel Belgrano que utilizaran sus ejércitos en la guerra civil, aunque San Martín desobedeció y continuó la campaña libertadora en Chile y Perú.[123] También solicitó apoyo a Carlos Federico Lecor, gobernador portugués de la Banda Oriental, para intervenir contra las provincias federales.[124] Mientras tanto, los caudillos federales Francisco Ramírez y Estanislao López avanzaron sobre la provincia de Buenos Aires.

La situación del gobierno central se agravó tras el motín de Arequito, en el que el Ejército del Norte, dirigido por Juan Bautista Bustos, se negó a continuar participando en la guerra civil. Finalmente, el 1 de febrero de 1820, las fuerzas federales derrotaron a Rondeau en la batalla de Cepeda. Tras la derrota, Rondeau renunció al cargo de director supremo el 11 de febrero y se trasladó a Montevideo. Su caída provocó la disolución del Directorio y del Congreso, iniciándose la Anarquía del Año XX, un período de desorden generalizado en las Provincias Unidas.[125]

Anarquía del Año XX

Situación de las provincias argentinas durante la Anarquía del Año XX.

En la intendencia de Cuyo la «anarquía» había comenzado un mes antes que en Buenos Aires, el gobernador intendente Toribio de Luzuriaga enfrentaba la sublevación del Batallón N.º 1 de Cazadores de los Andes —creado por San Martín y participe de la campaña libertadora de Chile—. Su incapacidad para aplacar a los rebeldes lo motivó a presentar su renuncia y el 1 de marzo Cuyo fue disuelta y pasó a dividirse en tres provincias: Mendoza, San Juan y San Luis.[126]

El 23 de febrero de 1820 se firmó el Tratado del Pilar entre los caudillos federales y el nuevo gobernador bonaerense Manuel de Sarratea.[127] Esto marcó una ruptura política entre Artigas y los caudillos litoraleños, a los que Artigas entendió como traidores.[128] A partir de entonces, Ramírez y López dejaron de reconocer la autoridad de Artigas como «protector de los Pueblos Libres». Al mismo tiempo, Artigas se encontraba debilitado por la invasión portuguesa de 1816. Las derrotas militares sufridas por las fuerzas artiguistas, especialmente en la batalla de Tacuarembó, redujeron considerablemente el poder militar de Artigas. Finalmente, tras una breve guerra fue derrotado por Ramírez, Artigas se exilió en Paraguay en septiembre de 1820.[129]

Sarratea ordenó el arresto de Pueyrredón por exigencia de los caudillos federales, para enjuiciarlo por traición a la patria por sus invasiones a las provincias y por el apoyo a la invasión portuguesa. Pero, horas después, el mismo Sarratea lo ayudó a escapar, terminando exiliado en Montevideo, bajo protección portuguesa.[130]

El 29 de septiembre de 1820 Ramírez se proclamó «jefe supremo» de la República de Entre Ríos, creando un Estado autónomo —pero no independiente— que comprendió los territorios de las actuales provincias de Entre Ríos, Corrientes y el sur de Misiones. Su capital fue establecida en Concepción del Uruguay. El jefe supremo llamó a López para emprender una invasión al Paraguay, aspirando a aumentar su prestigio político y militar mediante una expansión regional que consolidara su autoridad sobre los territorios ocupados por Paraguay de Misiones.[131]

En Buenos Aires, en medio del vacío de poder y el caos institucional, se vivió un punto crítico cuando el 20 de junio tres figuras diferentes (Ildefonso Ramos Mexía, Miguel Estanislao Soler y el Cabildo) se disputaron simultáneamente el gobierno de la provincia.[132] Ese mismo día falleció el general Manuel Belgrano en la más absoluta pobreza, atacado por una agobiante enfermedad.[133]

Pienso en la eternidad, adonde voy, y en la tierra querida que dejo…
Últimas palabras de Belgrano

En la Banda Oriental, los ocupantes lusobrasileños impulsaron la formalización política de la anexión del territorio. Con ese objetivo, el 18 de julio de 1821 se reunió el denominado Congreso Cisplatino, una asamblea integrada por sectores políticos y militares orientales favorables al gobierno ocupante, entre ellos Fructuoso Rivera. El Congreso resolvió entonces la incorporación bajo la denominación de Provincia Cisplatina, que Buenos Aires se negó a reconocer como parte del Brasil.[134]

Ese año también estalló la guerra entre Santa Fe y Entre Ríos, por la ambición expansionista de esta última. López logró derrotar a las fuerzas entrerrianas en julio del mismo año, matando a Ramírez mientras intentaba escapar hacia su provincia. Su muerte provocó el rápido colapso del Estado que había fundado. Entre Ríos, Corrientes y Misiones retomaron gobiernos provinciales separados.[135] En enero de 1822 estas mismas provincias, junto a Buenos Aires y Santa Fe, firmaron el Tratado del Cuadrilátero para asegurar la defensa ante agresiones extranjeras —principalmente ante la posibilidad de una nueva invasión lusobrasileña— y dejar sellada la convocatoria a un futuro congreso, que se reuniría en la capital.[136]

Hacía 1823 los pactos interprovinciales delegaron la representación del país en el gobernador porteño, permitiendo que temporalmente los conflictos internos fueran aplacados y comenzara un período de reformas políticas e institucionales en Buenos Aires, durante el gobierno de Martín Rodríguez y su ministro Bernardino Rivadavia, así como la consolidación de las provincias como Estados autónomos.[137] Concluido el mandato de Rodríguez el 9 de mayo de 1824, Rivadavia había deseado para sí la gobernación porteña, pero fue el prestigioso general Juan Gregorio de Las Heras quien resultó elegido para la envidia del primero.[138][139]

Congreso General de 1824

En azul, Provincias Unidas del Río de la Plata en 1823. La Provincia Oriental invadida por Brasil, así como el Alto Perú invadido desde el virreinato del Perú, las Misiones en gran parte ocupadas por Brasil y en parte por Paraguay.

Respetando el Tratado del Cuadrilátero, el 16 de diciembre de 1824 fue convocado el «Congreso General Constituyente», siendo sus diputados electos por las provincias según criterios de representación proporcional.[140] Debido a su mayor población, la provincia de Buenos Aires contó con la delegación más numerosa, circunstancia que influiría significativamente en las deliberaciones y decisiones.

Durante los 3 años de duración del Congreso, se puso de de manifiesto la existencia de dos corrientes políticas principales, cuyos antecedentes se remontaban a los conflictos entre los directores supremos y los caudillos artiguistas: una favorable a la centralización del poder en la capital porteña (unitarios) y otra de preservar las autonomías provinciales (federales).[141] Además surgió un grupo político, desarrollado autónomamente a su homónimo en el interior, de porteños adeptos al federalismo.[142]

Uno de los primeros actos del Congreso fue la sanción de la Ley Fundamental (23 de enero de 1825). Esta norma estableció que las provincias conservarían sus instituciones y gobiernos propios hasta la aprobación definitiva de una constitución nacional. Asimismo, dispuso que la futura constitución debería ser sometida a la consideración de las provincias antes de entrar en vigencia. La ley también delegó provisionalmente determinadas atribuciones en el Congreso para atender los asuntos generales de la nación.[143]

El 9 de mayo de 1825 se dictó otra ley por la cual se dejó en libertad para decidir por sí mismas su futuro a las cuatro intendencias del Alto Perú, que se encontraban bajo la administración provisoria del Ejército Unido Libertador del Perú al mando del mariscal Antonio José de Sucre.[144] Finalmente el 6 de agosto de ese mismo año se consumó la Declaración de Independencia de Bolivia.[145]

A comienzos de la década de 1820, el Reino Unido, principal potencia comercial de la época, impulsó el establecimiento de relaciones diplomáticas y comerciales con los nuevos Estados hispanoamericanos. Las Provincias Unidas, por su parte, buscaban obtener el reconocimiento internacional de su independencia y ampliar sus mercados externos tras la disolución del monopolio comercial español. En este marco, el 2 de febrero de 1825 el ministro Manuel José García y el cónsul británico Woodbine Parish firmaron en Buenos Aires el Tratado de Amistad, Comercio y Navegación que, luego del canje de ratificaciones correspondiente, entró en vigor el 12 de mayo de 1825.[146] Entre las disposiciones del tratado se garantizaba una «amistad perpetua» entre ambos países y garantizaba la libertad recíproca de comercio y navegación. Los ciudadanos de cada Estado podían comerciar, residir, alquilar propiedades y desarrollar actividades económicas en el territorio de la otra parte bajo protección legal. También se autorizaba el establecimiento de consulados para atender los intereses de sus respectivos súbditos.

El Juramento de los Treinta y Tres Orientales (1875), Juan Manuel Blanes.

Con el apoyo del Congreso, fue organizada una pequeña expedición a la Banda Oriental, con objetivo de su reintegración a las Provincias Unidas, al mando de Juan Antonio Lavalleja y secundado por Manuel Oribe. Los expedicionarios fueron llamados «Treinta y Tres Orientales» y partieron de la localidad bonaerense de San Isidro, desembarcando en las costas orientales del río Uruguay, más exactamente en el lugar conocido como La Agraciada, el 19 de abril de 1825. Allí convocaron al Congreso de la Florida, que el 25 de agosto proclamó la Declaratoria de la Independencia.[147]

En diciembre de 1825, enterada la corte imperial portuguesa de la liberación oriental, estalló la guerra entre el Imperio del Brasil y las Provincias Unidas del Río de la Plata. En los días siguientes los brasileños procedieron al bloqueo del Puerto de Buenos Aires, principal fuente económica del país.[148] La guerra exigía un comando unificado para recaudar impuestos y sostener los esfuerzos militares, lo que motivó al Congreso —casi en su totalidad de tendencia unitaria— a impulsar la creación del Supremo Poder Ejecutivo, concretado el 6 de febrero de 1826 mediante la aprobación de la Ley de Presidencia.[149][150] La ley únicamente disponía el nombramiento de un jefe de Estado mediante el voto mayoritario de los diputados, pero no sus atribuciones o límite alguno de su poder.[151] Al día siguiente, se realizó la votación mencionada y fue electo Bernardino Rivadavia, convertido en el primer «presidente de las Provincias Unidas del Río de la Plata».[152]

Primera Presidencia

El gabinete de ministros

Retrato del presidente Bernardino Rivadavia (1820).

Iniciada su presidencia el 8 de febrero, Rivadavia formó el primer gabinete nacional compuesto por las figuras destacadas del unitarismo:[153]

Política económica

Los hermanos Baring, fundadores de la banca Baring Brothers y responsables de la primera deuda externa argentina.

El 15 de febrero, Rivadavia logró una ley que nacionalizaba el empréstito Baring —tomado por la provincia de Buenos Aires con la banca británica Baring Brothers—, y garantizaba el cumplimiento del pago con todas las tierras nacionales, incluyendo las provincias del interior, que en nada se habían visto beneficiadas por el empréstito. También quedaba garantizada por «los demás bienes inmuebles» de las provincias, eufemismo que se refería especialmente a las riquezas del subsuelo.[154] El presidente había esencialmente hipotecado todas las tierras y demás bienes inmuebles de propiedad pública, prohibiendo su enajenación en toda la provincia de Buenos Aires.[155] Esto fue ratificado el 16 de marzo mediante un decreto que prohibió vender, donar o entregar de cualquier otra forma las tierras fiscales. En la práctica esta la ley solo se aplicó en territorio porteño y en la provincia de Corrientes, que lanzaría un plan de enfiteusis en 1830.[156]

Billete de 500 pesos moneda corriente, emitido en 1827.

En 1826 transformó el Banco de Descuentos en el Banco Nacional,[157] cuyo capital debía formarse mediante aportes del Estado y la suscripción de acciones en todo el territorio. La institución estaba facultada para recibir depósitos, otorgar créditos, captar fondos a interés y emitir una nueva moneda y billetes convertibles: el peso moneda corriente. No obstante, la insuficiente integración de capital limitó el respaldo efectivo de la emisión monetaria,[158] de modo que los comerciantes —predominantemente británicos— retiraron del Banco Nacional todo el oro disponible y lo exportaron.[159] A ello se sumaron la salida de metálico y las crecientes exigencias financieras derivadas de la guerra del Brasil, circunstancias que deterioraron la situación del banco y contribuyeron a su crisis.[158]

Ley de Capitalización

La Plaza de la Victoria (actual Plaza de Mayo), Buenos Aires hacia el año 1829.

En su afán por limitar la autonomía de las provincias, incluida la de Buenos Aires, propuso un proyecto de ley por el cual la ciudad porteña pasaba a ser un distrito federal, o sea una jurisdicción bajo control directo del gobierno central. El Congreso aprobó la Ley de Capitalización en marzo de 1826 La Junta de Representantes de Buenos Aires fue disuelta, se nacionalizó la milicia provincial, las tierras públicas, todas las propiedades provinciales[160] y la aduana[161]

El gobernador Juan Gregorio de Las Heras renunció en protesta de la federalización[162] y los federales mostraron su rechazo, considerando que el gobierno nacional se apoderaba de la principal fuente de ingresos del país para sí mismo.

El primer ejército nacional

La cuestión de un ejército nacional había emergido ya en marzo de 1825, durante las primeras sesiones del Congreso General. La incursión de los Treinta y Tres Orientales y el posterior conflicto con Brasil habían evidenciado el problema de carecer de una fuerza militar nacional permanente y unificada. La mayor parte de las tropas dependían de los gobiernos provinciales o de ejércitos organizados para campañas específicas, lo que dificultaba la conducción de una política militar común. El proyecto de ley tuvo acaloradas discusiones, entre las que se discutió la falta de presupuesto para financiarlo —a razón de la pobreza del interior— y el temor de que Buenos Aires usara las fuerzas nacionales para intervenir en los asuntos del interior a placer. Los diputados porteños objetaron que esto no sería posible, pues las tropas serían aportadas en su totalidad por las provincias.[163]

Como era ya habitual Rivadavia fue un gran defensor del proyecto, lo que fue clave para que fuera finalmente sancionado y, mediante una serie de decretos, se estableciera este contingente financiado por la nación y bautizado como «Ejército Republicano».[163]

El proyecto constitucional de 1826

La paz con el Brasil y la renuncia de Rivadavia

La dura situación que afrontaban las Provincias Unidas con el bloqueo a la capital motivó a Rivadavia a enviar a su ministro de Relaciones Exteriores, Manuel José García, quien se trasladó a Río de Janeiro para discutir las condiciones de un acuerdo con el gobierno imperial brasileño. La opinión pública reaccionó indignada, se publicaron en los periódicos artículos muy violentos contra el gobierno, y la ciudad se cubrió de panfletos ofensivos contra García, Rivadavia y el plenipotenciario británico John Ponsonby. Presionado de este modo Rivadavia, se presentó ante el Congreso con un virulento discurso exigiendo el rechazo del tratado.[164] Rivadavia intentó distanciarse del acuerdo y sostuvo que García había excedido las instrucciones recibidas. Sin embargo, esta explicación no logró convencer a sus adversarios ni a sus partidarios. La Convención fue rechazada, pero el impacto en el gobierno de Rivadavia lo llevó a renunciar el 27 de junio de 1827.[165] El 5 de julio el Congreso eligió sucesor al diputado Vicente López y Planes,[150] quien firmó la inevitable disolución del Congreso General Constituyente y llamó a elecciones en la provincia de Buenos Aires.

La representación nacional fue resumida por la provincia de Buenos Aires, ahora encabezada por el federal Manuel Dorrego, quien fue electo el 13 de agosto de 1827. Desde el principio, este declaró que estaba dispuesto a continuar la guerra, por lo que la conflagración prosiguió.

Por presión económica y diplomática británica, el 20 de febrero de 1828 se abren nuevamente las tratativas de paz, con la mediación de Ponsonby, quien propuso como solución la independencia total de parte de la Provincia Oriental —sin incluir las Misiones Orientales, que quedaban en manos brasileñas—.

Pacto Federal

La firma del Pacto Federal entre las provincias de Buenos Aires, Entre Ríos y Santa Fe, el 4 de enero de 1831, al que adhirieron las otras diez provincias entre 1831 y 1832, fue el punto de arranque del período de transición, finalizado con el regreso de Juan Manuel de Rosas al gobierno de Buenos Aires en 1835, entre los períodos históricos de las Provincias Unidas del Río de la Plata y la Confederación Argentina.

Sociedad

"Tertulia porteña", de Charles Henri Pellegrini (c. 1820). La tertulia era el espacio de sociabilidad por excelencia de la élite de Buenos Aires durante los siglos XVIII y XIX. Estas reuniones servían para discutir ideas, bailar, cantar y establecer vínculos sociales o políticos.

Aunque la Revolución de Mayo no modificó de manera inmediata la estructura social rioplatense —debido a que los numerosos cambios ya se habían gestado gradualmente durante el prolongado período colonial—, si produjo un cambio en las creencias colectivas. Una de las concepciones fundamentales de la normativa jurídica hispana en América era la del «bien común», que significa que las medidas que se tomen por parte del Estado (la Corona, el virrey, el gobernador) tienen que ser dirigidas al bien de todos, no hacia el de un sector determinado. Esta concepción permitía que alguna ordenanza o real cédula, aunque llegase de la península refrendada por el rey, se acataba pero dejaba a consideración del virrey su aplicación.[166] En contraste, los fundamentos doctrinarios de la junta se complementaron con la «teoría de la retroversión de la soberanía de los pueblos», expuesta por el vocal Juan José Castelli,[167] por la cual al sustituir a la autoridad virreinal se asumían todas sus funciones y dignidades, por lo que la junta exigía ser reconocida por las demás autoridades del virreinato, y solicitaba la elección de diputados en las ciudades y villas cabeceras de partido con el fin de sumarlos a ella.[168]

A partir de la década de 1830 comenzaron a manifestarse importantes transformaciones políticas, culturales y económicas. Hacia entonces había concluido el primer período de expansión demográfica, las provincias ya se encontraban consolidadas y el predominio comercial británico disminuyó parcialmente. Asimismo, la caída de los precios internacionales del cuero, los lentos pero sostenidos cambios en las relaciones laborales urbanas y la recuperación de la actividad ganadera en el Litoral contribuyeron a redefinir la dinámica económica y social de la región. Paralelamente, al igual que en el resto de Iberoamérica, se produjo la transición cultural entre la Ilustración y el Romanticismo, en un contexto marcado por la influencia sucesiva o simultánea del proteccionismo, el librecambismo y los efectos de la Revolución Industrial.[169]

Economía

Moneda de ocho escudos de oro emitida en 1828 en las Provincias Unidas del Río de la Plata.[170]

Ya desde 1776 los derechos aduaneros habían comenzado a tener una apreciable significación dentro del cuadro de recursos fiscales. Sin embargo, aunque el Puerto de Buenos Aires se había constituido en el mecanismo clave de las finanzas virreinales, eran los gravámenes sobre la explotación minera en el Alto Perú, los vinculados al acuñamiento de la plata, el tributo pagado por los indígenas y los impuestos sobre el comercio los que hacia fines del siglo XVIII todavía proporcionaban el grueso de los ingresos del tesoro.[171]

Tras la apertura comercial posterior a la Revolución de Mayo, los recursos de la minería, que habían perdido en parte su importancia con la fuerte disminución de la producción de Potosí en la década anterior, se extinguieron prontamente ante el aislamiento del Alto Perú y su posterior desmembramiento de la organización política surgida luego del movimiento revolucionario. Los comerciantes británicos desplazaron progresivamente a los comerciantes españoles y porteños, gracias a su mayor disponibilidad de capitales, flotas mercantes y vínculos comerciales con Europa. Ante las dificultades para competir con los productos y redes comerciales británicas, numerosos sectores de la élite de Buenos Aires orientaron sus inversiones hacia la ganadería y la explotación rural, causando que la provincia experimentara un importante crecimiento económico durante las décadas posteriores a la independencia. Mientras otras regiones litoraleñas, como Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes y la Provincia Oriental, sufrían las consecuencias de las guerras de independencia, conflictos internos e invasiones extranjeras, Buenos Aires consolidó la expansión de la actividad ganadera y aumentó la exportación de cueros y otros productos pecuarios.[172]

Las tierras destinadas a pasturas crecieron en detrimento de la agricultura, lo que incrementó la dependencia de las importaciones de cereales. Paralelamente, el comercio entre Buenos Aires y las provincias del interior se redujo considerablemente. La competencia de las manufacturas británicas afectó a las industrias artesanales y rurales del interior, mientras que las guerras y la pérdida de mercados tradicionales, como Alto Perú y Chile, agravaron la crisis económica regional. Como consecuencia de estos cambios, sectores de la élite porteña comenzaron a diversificar sus actividades económicas mediante la adquisición de estancias y la consolidación de una economía rural basada en la explotación ganadera de las pampas. La abundancia de tierras fértiles y de recursos naturales favoreció este proceso, aunque la expansión territorial encontró resistencia en las poblaciones indígenas de la frontera sur de Buenos Aires, que se convirtió en una zona de conflicto entre estancieros y grupos indígenas pampas asentados al sur y al oeste del río Salado. La expansión de las estancias sobre territorios utilizados tradicionalmente por las comunidades indígenas para la caza y el pastoreo provocó un aumento de los enfrentamientos y malones contra poblados rurales y establecimientos ganaderos. En ese contexto también participaron grupos de gauchos, desertores y sectores desplazados por las guerras civiles argentinas.[172]

Territorio

Evolución territorial

Mapas de 1820 del territorio rioplatense. Nótese que no se distingue entre territorios efectivamente controlados y reclamados.

Las Provincias Unidas del Río de la Plata se organizaron sobre la mayor parte del territorio que había integrado el antiguo virreinato del Río de la Plata, creado por la corona española en 1776. Sin embargo, el grado de control efectivo ejercido por las autoridades revolucionarias y posteriormente por los gobiernos nacionales varió considerablemente a lo largo de su existencia debido a las guerras de independencia, los conflictos civiles y las disputas fronterizas.[173]

En sus primeros años, las Provincias Unidas reclamaron la soberanía sobre las jurisdicciones heredadas del virreinato, incluyendo las intendencias de Buenos Aires, Córdoba del Tucumán, Salta del Tucumán, Paraguay, Cochabamba, Potosí, Chuquisaca y La Paz, así como los gobiernos de las Misiones Guaraníes, Moxos y Montevideo. No obstante, algunas de estas regiones se separaron tempranamente del proceso político rioplatense. Paraguay consolidó su autonomía tras la infructuosa campaña de Manuel Belgrano en 1811, mientras que el Alto Perú permaneció en disputa entre las fuerzas independentistas y realistas hasta su constitución como la República de Bolivia en 1825.[173]

La Provincia Oriental, integrante de la Liga Federal desde 1815, fue ocupada por el Reino Unido de Portugal, Brasil y Algarbes entre 1816 y 1820, siendo posteriormente incorporada al Reino del Brasil con el nombre de Provincia Cisplatina. Tras la Guerra del Brasil (1825-1828), la Convención Preliminar de Paz de 1828 estableció la creación de un Estado independiente bajo la denominación de Estado Oriental del Uruguay.[173]

Hacia el sur y el oeste, amplias extensiones de las regiones pampeana, chaqueña y patagónica permanecieron fuera del control efectivo de las autoridades provinciales y nacionales. Estos territorios estaban habitados por diversos pueblos indígenas, entre ellos grupos mapuches, tehuelches, ranqueles, pampas, wichíes, qom, mocovíes y otros. El avance de la frontera de colonización fue gradual y dependió de la capacidad militar y administrativa de cada provincia.[173]

La provincia de Buenos Aires ejercía un control relativamente consolidado sobre el territorio comprendido en torno a la ciudad y su campaña inmediata, mientras que las zonas situadas más allá de la línea de fortines permanecían bajo influencia o dominio indígena. Situaciones similares se observaban en las fronteras de Córdoba, Santa Fe, Mendoza, San Luis y Salta, donde la ocupación efectiva del territorio variaba según las circunstancias políticas y militares de cada período.

Las Islas Malvinas, que habían sido evacuadas por las autoridades españolas durante las guerras de independencia, fueron nuevamente ocupadas por las Provincias Unidas en 1820 mediante el establecimiento de una comandancia político-militar dependiente del gobierno de Buenos Aires. La soberanía sobre el archipiélago fue ejercida hasta la ocupación británica de 1833.

El desenlace de las guerras de independencia y de los conflictos territoriales posteriores dio lugar a la configuración de nuevos Estados y fronteras en el antiguo espacio de las Provincias Unidas:

Más información Mapa, Territorio ...
Cerrar

Véase también

Notas

  1. En 1810 se dio la Revolución de Mayo, instalando un autogobierno «provisional» a nombre de Fernando VII; esto puede ser considerado una independencia de facto, hasta 1816 donde declararía su independencia formalmente
  2. El 25 de julio de 1816, el Congreso de Tucumán estableció la bandera oficial de las Provincias Unidas del Río de la Plata —tres franjas horizontales, la central blanca y las exteriores celestes—, aunque con carácter explícitamente provisional: sería una «bandera menor» hasta que, una vez definida la forma de gobierno del naciente país, se estableciera la «bandera mayor». En 1818 se incorporó el Sol de Mayo para crear la bandera de guerra, pero la versión sin sol continuó siendo formalmente la bandera nacional.[1]
  3. Entre 1820 y 1826, las Provincias Unidas funcionaron como una alianza informal de provincias autónomas constituidas mediante pactos y tratados (véanse el Tratado de Pilar, el Tratado de Benegas y el Tratado del Cuadrilátero), pero carecieron de un gobierno central efectivo hasta el Congreso General de 1824
  4. Parte de su territorio se hallaba ocupado por Portugal.
  5. La Rioja dependía entonces de su jurisdicción.
  6. Las Misiones Orientales permanecían ocupadas por Portugal.

Referencias

Bibliografía

Enlaces externos

Related Articles

Wikiwand AI