Batalla de Vilcaconga
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| Batalla de Vilcaconga | ||||
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| Parte de la conquista del Imperio inca | ||||
| Fecha | 8 de noviembre - 9 de noviembre de 1533 | |||
| Lugar | Paso de Vilcaconga, Perú | |||
| Resultado | Victoria española | |||
| Beligerantes | ||||
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| Comandantes | ||||
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| Fuerzas en combate | ||||
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La batalla de Vilcaconga fue un enfrentamiento militar entre un destacamento español al mando de Hernando de Soto y parte del ejército incaico comandado por Quizquiz. Pese a que el combate inicial representó un revés para los conquistadores, en última instancia conseguirían un triunfo estratégico,[1] manteniendo así el control de la ruta hacia la capital del Imperio incaico.
Tras la captura de Atahualpa en Cajamarca, los conquistadores españoles iniciaron su marcha en dirección al Cuzco. Mientras Francisco Pizarro andaba con el grueso de las tropas, Hernando de Soto y Diego de Almagro solían comandar contingentes menores.[2]
El ejército incaico, al mando del general Quizquiz, tras identificar las limitaciones de la caballería española y adquirir experiencia sobre sus tácticas en batallas anteriores optó por preparar una emboscada en la sierra de Vilcaconga, antes de llegar al Cuzco. Eligieron este paso porque era un terreno empinado y de ascenso prolongado, inadecuado para los jinetes.
Antes de iniciar el combate los quiteños excavaron hoyos y clavaron estacas con puntas agudas a lo largo del camino, además de reunir provisiones y atraer aliados de la región, principalmente tarmas al mando de Yurac Huallpa.[3] Por la sierra se difundió la noticia de que avanzaba únicamente una vanguardia de entre 40 y 70 españoles, lo que fue considerado una oportunidad excepcional para destruirla antes de que pudiera reunirse con el grueso del ejército.
Desarrollo
El contingente de Hernando de Soto desobedeciendo las órdenes de Francisco Pizarro decidió continuar por el camino real, pasando por los ríos Rampas, Andahuaylas y Abancay, teniendo como propósito impedir la reunión del ejército que se retiraba de Jauja con las tropas de Quizquiz. El 8 de noviembre, inició el ascenso final por la cuesta de Vilcaconga. Debido a la fatiga acumulada por las largas jornadas, muchos caballos tuvieron que ser conducidos a pie, y tanto soldados como animales avanzaban bajo el fuerte calor del mediodía.[4]
Desde las alturas los soldados incaicos miraban repetidamente a los jinetes alegrándose de su escaso número. Cuando el destacamento llegó a un tramo llano intermedio, aparecieron sobre la cresta del cerro entre 3 000 y 4 000 de guerreros indígenas, que se arrojaron sobre las tropas españolas.[4] Hernando de Soto trató de formar una línea pero el embate fue tan repentino que no pudo efectuar órdenes concretas. La caballería tenía dificultades para maniobrar y algunos jinetes ni si quiera podían completar la subida por la cantidad de cadáveres que obstruían el paso. En el combate murieron 5-6 españoles junto con 2 caballos, mientras que 11 conquistadores y 14 corceles resultaron heridos,[5] lo que redujo de forma crítica la capacidad de carga. Otras fuentes aumentan el número de heridos de los hispanos a 17.[6]
Ante la gravedad de la situación, Soto ordenó una retirada controlada cuesta abajo con la intención de atraer a los atacantes hacia terreno llano. Un pequeño contingente indígena intentó perseguirlos, pero fue rechazado, sufriendo alrededor de 20 bajas.[7]
Durante la noche, los españoles acamparon en condiciones precarias, mientras los indígenas rodeaban sus posiciones y los hostigaban con gritos, confiados en destruirlos al amanecer.[7] Sin embargo, Diego de Almagro había cruzado el Apurímac y, al ser informado del combate por mensajeros, decidió adelantar la marcha con un grupo de 30 jinetes, reuniéndose con las exhaustas fuerzas de Soto durante la noche.
La llegada del destacamento de Almagro cambió drásticamente la situación. Aunque un contingente adicional de aproximadamente mil soldados incas alcanzó el escenario de combate, las condiciones habían cambiado y Yurac Huallpa ordenó la retirada.[1] Los españoles ejecutaron entonces una carga cuesta arriba, causando numerosas bajas. La súbita aparición de una espesa niebla permitió a los incaicos replegarse en orden,[8] habiendo múltiples bajas. [nota 1]
Consecuencias
Desde una mirada militar, Vilcaconga evidenció la vulnerabilidad de la caballería española en terrenos escarpados y la capacidad de las fuerzas indígenas para organizar emboscadas eficaces, cosa que se repetiría en ocasiones futuras. No obstante, a pesar de las bajas sufridas, los conquistadores obtuvieron una victoria estratégica, al despejar la ruta hacia el Cuzco. Hernando de Soto y Diego de Almagro decidieron esperar la llegada de Francisco Pizarro para seguir con la marcha en mejores condiciones[8]
La emboscada reforzó entre los españoles la creencia de que el general Chalcuchima continuaba coordinando la resistencia incaica desde su posición de prisionero, por lo que decidieron ejecutarlo.[8] Al mismo tiempo, Manco Inca llegó al campamento de los conquistadores con el propósito de establecer una alianza contra los atahualpistas.