Primera batalla de Jauja
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| Primera batalla de Jauja | ||||
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| Parte de la conquista del Imperio incaico | ||||
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Ubicación de Xauxa (Jauja) en un mapa del autor William Robert Shepherd | ||||
| Fecha | 11 de octubre - 13 de octubre de 1533 | |||
| Lugar | Jauja, Perú | |||
| Resultado | Victoria española | |||
| Beligerantes | ||||
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| Comandantes | ||||
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| Unidades militares | ||||
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| Bajas | ||||
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La primera batalla de Jauja fue un enfrentamiento ocurrido en octubre de 1533, en el contexto de la conquista del Imperio incaico. Constituyó la primera acción militar de importancia tras la desde la emboscada de Cajamarca, y el primer choque serio entre los conquistadores con las tropas quiteñas. El resultado fue una victoria española que permitió consolidar la presencia española en Jauja, mientras que los incaicos al mando de Yucra-Hualpa y Ihua Paru ordenarían marchar al sur para reunirse con las tropas comandadas por Quizquiz.[1]
Después de la captura de Atahualpa, los conquistadores españoles comandados decidieron emprender la marcha sobre Cusco, aprovechando parte del camino real incaico y el apoyo de grupos locales enfrentados al dominio quiteño. Durante esta campaña, la columna española fue informada de que restos del antiguo ejército de Chalcuchima se encontraban acantonados en el valle de Jauja, bajo el mando de un general identificado como Yurac Huallpa.[2]
Ante esta situación, Francisco Pizarro decidió acelerar la marcha y avanzar con una fuerza reducida, compuesta por 75 jinetes y 20 soldados de infantería, dejando atrás a la columna más lenta.[3] Tras atravesar Tarma y Yanamarca, las tropas españolas divisaron desde las alturas el valle del Mantaro y las posiciones incaicas. En su descenso, fueron recibidos por los huancas, quienes acudieron al camino para brindarles apoyo.
Desarrollo
El grueso del ejército incaico se encontraba a seis leguas al sur de Hatun Xauxa con unos 15 000 soldados incas,[4] pero había enviado una vanguardia de entre 600 y 1000 hombres a Jauja con la misión de destruir las colcas o depósitos estatales para evitar que los españoles consigan suministros. Cuando los primeros jinetes españoles ingresaron en la ciudad, sorprendieron a tropas quiteñas corriendo entre las casas. Esto dio lugar a una carga inmediata de caballería y a un enfrentamiento en las estrechas calles de la ciudad que acabó con la llegada del resto de los jinetes junto con los aliados huancas, permitiendo empujar a los atacantes hacia el río Mantaro.[1]
Los quiteños lograron incendiar parcialmente un gran depósito y algunas estructuras antes de retirarse. Posteriormente,Diego de Almagro ordenó cruzar el río, pese a su crecida estacional.[1] Antes del enfrentamiento final, una parte considerable de los soldados indígenas abandonaron el campo de batalla, mientras que otros permanecieron para resistir, culminando en una masacre en los campos cercanos al río. [nota 1]
En cuanto Pizarro tomó posesión de Hatun Xauxa, el Apunchic Manco Surichaqqui puso bajo su disposición a 589 hombres y a 437 mujeres para servir a los conquistadores y auxiliarlos en la empresa . El curaca Manco Guacrapáucar, de Lurinhhuanca, le brindaría también 927 hombres y 114 mujeres, dos cuentos y quinientas cuarenta fanegas de maíz, quinua, papas, entre otras provisiones.[7]
Tras un día de descanso, Pizarro mandaría 80 jinetes en persecución del ejército en retirada con el propósito de desbaratarlo. Pese a sorprender a la retaguardia incaica en el valle del Mantaro y obtener tanto botín como prisioneros, la mayor parte del ejército logró reorganizarse, ya que Yurac Huallpa, enterado del ataque se atrincheró en posiciones al sur.[8]
Consecuencias
La batalla permitió a Francisco Pizarro consolidar el control sobre el valle del Mantaro. Las tropas incaicas fracasaron en su intento de destruir los depósitos de Jauja, y la derrota sufrida durante el cruce del río Mantaro afectó la moral, por lo que decidirían marchar rumbo al sur para unirse a las tropas al mando de Quizquiz.[1]
Los conquistadores españoles permanecerían hasta dos semanas en Jauja, y en esta estadía se daría la refundación española de la ciudad. Después de dejar a 80 españoles en la ciudad como fundadores,[1] el resto de las tropas y aliados indígenas al mando de Francisco Pizarro siguieron su marcha rumbo al Cuzco.
