Odisea (Canto VI)
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El Canto VI de la Odisea de Homero, subtitulado Llegada de Ulises al país de los feacios en la versión en prosa de Luis Segalá y Estalella (1910),[1] es el primero de los cuatro cantos (o libros) [n. 1] que conforman el llamado «episodio de los feacios» (cantos VI al VIII y XIII). En este canto, Odiseo, tras siete años con Calipso en Ogigia y un naufragio provocado por Poseidón, llega desnudo y exhausto a la isla de Esqueria. Allí tiene su primer contacto humano significativo desde su partida de Troya.
Bajo el auspicio de Atenea, el encuentro entre el náufrago y Nausícaa, hija del rey Alcínoo, se convierte en un momento clave: marca el paso de la hostilidad divina (encarnada por Poseidón) a la hospitalidad humana (xenía) regida por los valores feacios.[2] Este giro narrativo restaura la esperanza y pone en marcha el retorno definitivo de Odiseo a Ítaca.
Este canto destaca por su lirismo en el encuentro con Nausícaa, presentado como un momento de delicadeza humana que encarna los valores de la hospitalidad sagrada (xenía); y por servir de preludio a los relatos apologéticos de Odiseo (cantos IX–XII), donde el héroe narra en primera persona sus aventuras previas ante los feacios.

Atenea interviene en sueños de Nausícaa, la hija del rey Alcínoo, instándola a lavar las ropas en el río para preparar su futuro matrimonio (vv. 25-40). La princesa, acompañada de esclavas, llega a los lavaderos de agua abundante y cristalina (vv. 85-95). Lavada la ropa, la tienden sobre los guijarros; luego, ellas mismas se bañan, se ungen con aceite perfumado, comen junto a la orilla y juegan a la pelota, con Nausícaa destacando por su gracia, como Artemisa entre sus ninfas (vv. 96-109). La pelota cae en un remolino profundo; el grito de las ninfas despierta a Odiseo, que duerme oculto entre arbustos cercanos, desnudo y cubierto de sal. Emerge cubriéndose sólo con una rama frondosa. Las esclavas huyen aterrorizadas, pero Nausícaa, sostenida por Atenea, permanece firme y no retrocede (vv. 110-149). Odiseo, a distancia respetuosa, le dirige un discurso astuto: compara a la princesa con Artemisa para halagarla y luego suplica humildemente un trapo para cubrirse y orientación hacia la ciudad (vv. 149-169). Nausícaa responde que no le parece vil ni insensato, ordena a las esclavas que le den vestido y aceite, y espera a que se lave en un lugar apartado (vv. 186-210). Atenea lo embellece milagrosamente, haciendo que parezca más alto y atractivo; Nausícaa, en su interior, desea en silencio un esposo así (vv. 227-237).
Odiseo recibe instrucciones precisas de Nausícaa para evitar murmuraciones al entrar en la ciudad: debe seguir de lejos el carro de la princesa, y esperarla en un hermoso bosque de álamos consagrado a Minerva (Atenea), junto al camino, donde mana una fuente y se extiende un prado, hasta que ella y las esclavas lleguen al palacio. Entonces debe entrar solo, dirigirse directamente a la reina Arete, abrazar sus rodillas y suplicar hospitalidad (vv. 255-315). El canto termina con Odiseo sentado en ese bosque sagrado, elevando una plegaria agradecida a Atenea (vv. 316-328).
Este canto marca un giro decisivo: Odiseo pasa del aislamiento total y la hostilidad del mar a la primera muestra genuina de hospitalidad (xenía) por parte de mortales. La valentía, inteligencia y piedad de Nausícaa prefiguran la acogida refinada de los feacios, en contraste con la brutalidad de los cíclopes o la impiedad de los pretendientes. El episodio, preámbulo de la acogida del héroe en la corte del rey Alcínoo (Canto VII), anticipa el relato de sus aventuras (Apólogos: cantos IX-XII).
Estructura y contenido
1. Intervención de Atenea y preparativos de Nausícaa Atenea hace que Nausícaa vaya a lavar sus ropas al lugar donde Odiseo está durmiendo.
— El sueño de Nausícaa Atenea va al palacio de Esqueria donde duerme Nausícaa, para reprenderla por no preparar su futuro matrimonio. Debe cuidar sus ropas y lavarlas al alba, le dice en sueños. La princesa despierta con ansias de nupcias y acción inmediata. — Preparativos y salida de Nausícaa Sin desvelar su sueño, Nausícaa pide a su padre Alcínoo el carro de mulas para llevar ropa sucia al río. Ella y sus criadas parten hacia el lavadero. 2. Actividades en la ribera y despertar de Odiseo Mientras la ropa lavada se seca la princesa y sus esclavas juegan ruidosamente. Odiseo despierta y lo descubren desnudo. — Lavado, baño y juegos en la ribera Lavan las ropas y las tienden al sol sobre los guijarros. Se bañan ellas mismas, se ungen con aceite perfumado, comen junto a la orilla y juegan a la pelota. — Odiseo despierta y es visto El griterío del juego despierta a Odiseo, oculto entre arbustos, desnudo y cubierto de sal. Emerge cubriéndose con una rama frondosa. Las esclavas huyen aterrorizadas, pero Nausícaa permanece firme, sostenida por Atenea. 3. Súplica de Odiseo y acogida inmediata Odiseo hace gala de su metis para ganar la confianza de Nausícaa. Ella confía en él a pesar de su aspecto miserable. — Odiseo suplica a Nausícaa Astuto, Odiseo compara a la princesa con Artemisa para halagarla. Luego, mesurado y conmovedor pide un paño con que cubrirse y pregunta por la orientación hacia la ciudad. — Respuesta de Nausícaa y acogida inmediata Nausícaa reconoce que no le parece vil ni insensato y alaba su discreción. Ordena a las esclavas que le den vestido y aceite para ungirse. Espera a que se lave en un lugar apartado. 4. Embellecimiento divino de Odiseo. Instrucciones de Nausícaa — Atenea embellece a Odiseo. Admiración de Nausícaa Odiseo parece más alto y vigoroso, de hermosos cabellos como jacintos negros. Nausícaa queda admirada en silencio y lo desea como esposo. — Pautas de Nausícaa para entrar en la ciudad y en palacio Para evitar habladurías, Odiseo debe esperar en el bosque de álamos consagrado a Atenea y entrar solo al palacio. Una vez dentro, se dirigirá a la reina Arete abrazando sus rodillas, en súplica. 5. Odiseo en el bosque sagrado. Plegaria y reproche final Al atardecer Odiseo llega al bosque de álamos consagrado a Atenea y eleva a la diosa una plegaria pidiendo que los feacios lo reciban como a un amigo, reprochándole no haberlo ayudado antes frente a Poseidón. |
- Odiseo pisó tierra firme al fin en el país de los feacios. Atenea interviene para que la princesa Nausícaa, hija del rey Alcínoo, acoja al héroe.
Mientras Odiseo duerme «entre los espesos arbustos de la selva umbría» (Canto V, vv 465-474), Atenea va al palacio del rey feacio Alcínoo en Esqueria. Allí penetra como un soplo de viento en la estancia donde duerme la princesa Nausícaa, la del lindo peplo, que está en edad de casarse, y le dice en sueños:
... ¿Por qué tu madre te parió tan floja? Tienes descuidadas las espléndidas vestiduras y está cercano tu casamiento... que así se consigue gran fama entre los hombres y se huelgan el padre y la veneranda madre. Vayamos, pues, a lavar tan luego como despunte la aurora... que no ha de prolongarse mucho tu doncellez, puesto que ya te pretenden los mejores de todos los feacios... Ea, insta a tu ilustre padre para que mande prevenir antes de rayar el alba las mulas y el carro en que llevarás los cíngulos, los peplos y los espléndidos cobertores... pues los lavaderos se hallan a gran distancia de la ciudad.Odisea, VI [1]
Despierta Nausícaa admirada del sueño y con ansias de boda. Acude a su padre el rey cuidando de ocultarle sus florecientes nupcias:
¡Padre querido! ¿No querrías aparejarme un carro alto, de fuertes ruedas, en el cual transporte al río, para lavarlos, los hermosos vestidos que tengo sucios? A ti mismo te conviene llevar vestiduras limpias... Tienes, además, cinco hijos en el palacio... tales cosas están a mi cuidado.Odisea, VI [1]
Al punto aparejan un carro de fuertes ruedas, propio para mulas en el que cargan sus espléndidos vestidos y una cesta con toda clase de gratos manjares y viandas. Una vez en el río de lavaderos perennes lavan la ropa y la tienden a secar al sol con orden en los guijarros de la costa. Nausícaa y sus esclavas se bañan, se ungen con pingüe aceite y se ponen a comer en la orilla del río hasta que, saciadas, juegan a la pelota, mas no todas:
... y entre ellas Nausícaa, la de los níveos brazos, comenzó a cantar. Cual Diana, que se complace en tirar flechas, va por el altísimo monte Taigeto o por el Erimanto... y en sus juegos tienen parte las ninfas agrestes, hijas de Júpiter que lleva la égida y aquélla levanta su cabeza y su frente por encima de las demás y es fácil distinguirla, aunque todas son hermosas... la doncella, libre aún, sobresalía entre las esclavas.Odisea, VI [1]
Atenea hace que la pelota caiga en un remolino. Las esclavas gritan y despiertan a Odiseo que sale de entre los arbustos cubriendo sus partes verendas con una rama frondosa:
... Púsose en marcha de igual manera que un montaraz león, confiado de sus fuerzas, sigue andando a pesar de la lluvia o del viento, y le arden los ojos, y se echa sobre los bueyes, las ovejas o las agrestes ciervas...
... se les apareció horrible, afeado por el sarro del mar; y todas huyeron, dispersándose por las orillas prominentes...Odisea, VI [1]
Nausícaa quedó sola e inmóvil pues Atenea le dio ánimo y libró del temor á sus miembros. Odiseo pide ayuda a la princesa con dulces e insinuantes palabras:
¡Yo te imploro, oh reina, seas diosa o mortal! Si eres una de las deidades que poseen el anchuroso cielo, te hallo muy parecida a Diana, hija del gran Júpiter, por tu hermosura, por tu grandeza y por tu aire... si naciste de los hombres que moran en la tierra, dichosos mil veces tu padre, tu veneranda madre y tus hermanos... me he quedado atónito al contemplarte...
Ayer pude salir del vinoso ponto, después de veinte días de permanencia en el mar, en el cual me vi a merced de las olas y de los veloces torbellinos... apiádate de mí, ya que eres la primer persona a quien me acerco después de soportar tantos males... Y los dioses te concedan cuanto en tu corazón anheles: marido, familia y feliz concordia...Odisea, VI [1]
La princesa acoge al héroe pues no le parece ni vil ni insensato. Se presenta a él como la hija del magnánimo Alcínoo, cuyo es el imperio y el poder en este pueblo y le brinda alimentos: esclavas, dadle de comer y de beber y lavadle en el río, en un lugar que esté resguardado del viento. Después de lavarse y ungirse de pingüe aceite de la cabeza de Odiseo colgaban ensortijados cabellos que a flores de jacinto semejaban. Admiróse la doncella:
Oíd, esclavas...!... ¡Ojalá á tal varón pudiera llamársele mi marido, viviendo acá; ojalá le pluguiera quedarse con nosotros!...Odisea, VI [1]
Para evitar habladurías y maledicencias le da a Odiseo instrucciones muy concretas de cómo llegar:
Hallarás junto al camino un hermoso bosque de álamos, consagrado a Minerva, en el cual mana una fuente y a su alrededor se extiende un prado... Siéntate en aquel lugar y aguarda que nosotras, entrando en la población, lleguemos al palacio de mi padre. Y cuando juzgues que ya habremos de estar en casa, encamínate también á la ciudad y pregunta por la morada de mi padre, del magnánimo Alcínoo...
Después que entrares en el palacio y en el patio del mismo, atraviesa la sala rápidamente hasta que llegues adonde mi madre, sentada al resplandor del fuego del hogar, de espaldas a una columna, hila lana purpúrea... Allí, arrimado a la misma columna, se levanta el trono en que mi padre se sienta... Pasa por delante de él y tiende los brazos a las rodillas de mi madre... Pues si mi madre te fuere benévola, puedes concebir la esperanza de ver a tus amigos y de llegar a tu casa bien labrada y a tu patria tierra.Odisea, VI [1]
Odiseo llegó al bosque consagrado a Minerva cuando se ponía el sol. Se sentó en él y suplicó:
¡Óyeme, hija de Júpiter, que lleva la égida! ¡Indómita deidad! Atiéndeme ahora ya que nunca lo hiciste cuando me maltrataba el ínclito dios que bate la tierra. Concédeme que, al llegar á los feacios, me reciban éstos como amigo y de mí se apiaden.Odisea, VI [1]
Temas y comentarios
- La intervención divina de Atenea y su protección Atenea actúa como guía del héroe:
— Entra en los sueños de Nausícaa haciendo que se aproxime a Odiseo, que necesita ayuda.
— Sostiene la presencia de ánimo de la princesa, que no huye ante el náufrago desnudo de aspecto miserable (vv. 139-140): «Pero se quedó sola e inmóvil la hija de Alcínoo, porque Minerva dióle ánimo y libró del temor a sus miembros. Siguió, pues, delante del héroe sin huir»
— Tras el baño, embellece a Odiseo con un aura divina para que cause buena impresión en la corte feacia, haciendo que parezca más alto, vigoroso y atractivo (vv. 229-235): «Minerva, hija de Júpiter, hizo que apareciese más alto y más grueso, y que de su cabeza colgaran ensortijados cabellos que a flores de jacinto semejaban». - La hospitalidad sagrada (xenía) Odiseo recibe la xenía por vez primera tras su forzada estancia con la ninfa Calipso en Ogigia (Canto V): Nausícaa le da vestido, aceite, comida y ayuda práctica para llegar a la ciudad y entrar en el palacio de Alcínoo. Esta recepción hospitalaria contrasta con la brutalidad de los cíclopes (Canto IX) o la impiedad (hybris) de los pretendientes (cantos I, II, XVII, XVIII, XX y XXII), y prefigura la acogida refinada de los feacios (cantos VI, VII y VIII).
- Astucia (metis) de Odiseo en su encuentro con Nausícaa Odiseo suplica ayuda a la princesa con un discurso mesurado y halagador: la compara con Artemisa, mostrando su metis incluso en la miseria. Nausícaa responde con valentía, inteligencia y piedad, permaneciendo firme y dando instrucciones precisas para evitar habladurías.
- La transformación física y simbólica del héroe Atenea embellece milagrosamente a Odiseo: lo hace más alto, vigoroso y con cabellos como jacintos. De náufrago cubierto de sal pasa a figura casi divina, simbolizando el paso del aislamiento salvaje a la reinserción social, preparado para presentarse ante Alcínoo y la realeza feacia.
- La plegaria final con reproche a Atenea Odiseo implora ayuda a Atenea en el bosque sagrado de álamos consagrado a ella; pero le reprocha sin caer en la blasfemia que no siempre lo ayudó. El héroe se muestra humano: no es un súbdito pasivo de los dioses, sino una persona pragmática, valiente y directa, capaz de reclamarles por su abandono. Su tono respetuoso pero firme, refleja la relación ambivalente que mantiene con la divinidad: dependencia, confianza, pero también exigencia.
La ayuda de Atenea a Odiseo
Este canto marca el inicio de una ayuda decidida de la diosa, contrastando con ausencias suyas anteriores.
Así, en la Telemaquia (cantos I-IV), Atenea ayudó más a Telémaco que a Odiseo. Y en el Canto V vimos inacción de la diosa o intervenciones limitadas en momentos críticos. Atenea logró en el Olimpo que Zeus ordenara a Calipso liberar a Odiseo y envíara a Hermes para transmitir la orden; pero después, cuando Poseidón desató la tormenta que destruyó la balsa de Odiseo tras diecisiete días de navegación, Atenea no actuó. Sólo intervino al final, calmando las aguas después del naufragio de Odiseo, y aconsejándolo para aferrarse a una roca. Odiseo se lo reprocha en su plegaria (vv. 324-328): «¡Óyeme, hija de Júpiter, que lleva la égida! ¡Indómita deidad! Atiéndeme ahora ya que nunca lo hiciste cuando me maltrataba el ínclito dios que bate la tierra». La ayuda de Atenea había sido tardía e indirecta.
A partir del Canto VI la protección de Atenea es más cercana, tangible y activa, tras el abandono que Odiseo sintiera en Ogigia y en el mar. Desde ahora la diosa hará apariciones frecuentes en los cantos siguientes: guía en el palacio de Alcínoo (Canto VII), ayuda en los juegos de Esqueria (Canto VIII), asistencia a Odiseo en Ítaca para ocultarlo y su transformación en mendigo (Canto XIII), y más.
| La Odisea, de Homero |
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