Odisea (Canto XI)

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Tiresias (dcha.) a Odiseo: ¿Por qué, oh infeliz, has dejado la luz del sol y vienes a ver a los muertos y esta región desapacible?.

El Canto XI de la Odisea de Homero, conocido tradicionalmente como la Nekyia o Nekyia mayor (del griego antiguo νέκυια /nékya/)[1] «evocación de los muertos» o «ritual con los cadáveres») es uno de los episodios más célebres y simbólicos de la epopeya. Subtitulado Evocación de los muertos en la traducción clásica en prosa de Segalá (1910),[2] constituye el penúltimo de los llamados Apólogos (cantos IX-XII), la sección central en la que Odiseo narra en primera persona sus aventuras a los feacios en la corte de Alcínoo.

Este canto [3] representa el descenso simbólico (katabasis) de un vivo al reino de los muertos (Hades), tema arquetípico que influyó profundamente en la literatura posterior:

La Nekyia estableció un arquetipo narrativo fundamental: el encuentro con los muertos para obtener sabiduría, profecía y conocimiento.

A diferencia de esta nekyia, la Nekyia menor o Deuteronékyia[6] del Canto XXIV muestra a las almas de los pretendientes llegando al inframundo tras su muerte, guiadas por Hermes en un contexto diferente. Allí, Aquiles celebra la venganza de Odiseo, y Agamenón elogia la fidelidad de Penélope; no vemos el descenso de un vivo al Hades sino que se muestra el más allá como cierre moral y poético, reforzando los temas de justicia dikē (δίκη)—, gloria o fama kleos (κλέος)— y destino moira (μοῖρα)—.

La ira de Poseidón, dios del mar y «el que sacude la tierra», persigue a Odiseo desde que este cegó al cíclope Polifemo, hijo del dios (Canto IX). Esta cólera divina es la causa principal de los obstáculos que retrasan su regreso a Ítaca, y sólo el adivino Tiresias conoce el modo de aplacarla definitivamente.

Siguiendo las precisas instrucciones de Circe (Canto X), Odiseo navega con sus compañeros hasta los confines del mundo, a las brumosas tierras de los cimerios junto al río Océano, donde realiza el ritual nigromántico de la Nekyia: excava una fosa, vierte libaciones y sacrifica ovejas negras para atraer a las sombras de los muertos.

Tiresias bebe de la sangre y revela a Odiseo el destino que le aguarda:

  • un regreso penoso y tardío a Ítaca, plagado de dificultades (cantos XIII-XX)
  • la advertencia crucial de no tocar el ganado sagrado de Helios en la isla de Trinacria, so pena de ruina total para la tripulación (Canto XII)
  • la venganza futura contra los pretendientes que asolan su palacio (cantos XXI-XXII)
  • y, finalmente, un último viaje tierra adentro —con un remo al hombro— hasta un pueblo que ignore el mar, donde ofrecerá sacrificios a Poseidón para reconciliarse con él y poner fin a su persecución (no se narra, sólo se menciona en el Canto XXIII).

El descenso al Hades combina profecía con reflexión sobre la muerte: Odiseo dialoga con diversas sombras (incluida su madre Anticlea), presencia visiones de héroes del pasado y de condenados ejemplares, y experimenta la absoluta separación entre vivos y muertos —las almas se escapan como humo al intentar abrazarlas—. Abrumado por la multitud creciente de espectros y aterrorizado ante la posible aparición de la Gorgona, Odiseo interrumpe el rito y huye apresuradamente hacia su nave, regresando al mundo de los vivos.

La atmósfera opresiva;[7] la inversión del ciclo natural de la vida (un ser vivo desciende al reino de los muertos y regresa); y las reflexiones sobre la vanidad de la gloria póstuma y el contraste entre la vida (aunque llena de sufrimientos) y el sombrío Hades, convierten este episodio en una de las cimas de la épica griega y en modelo del motivo de la «evocación de los muertos» en la literatura occidental.

Estructura y contenido

  1. Llegada al país de los cimerios. Ritual nigromántico   Odiseo y sus compañeros llegan al país de los cimerios. Preparan el ritual que hará posible la consulta al más allá.
  2. Encuentro con Elpénor   La sombra del compañero más joven, aún insepulto, suplica a Odiseo que le dé sepultura digna.
  3. Oráculo de Tiresias   Odiseo escucha del tebano Tiresias los vaticinios que ha venido a buscar.
  4. Diálogo con Anticlea   Anticlea le cuenta a su hijo la situación en Ítaca. Odiseo quiere abrazarla pero no puede.
  5. Catálogo de mujeres heroicas   Perséfone envía una procesión de esposas e hijas de eximios varones.
  6. Pausa en el relato   Intervención de Arete y los feacios
  7. Encuentros con los héroes de Troya   Odiseo conversa con los grandes caudillos de Troya: Agamenón, Aquiles, Áyax.
  8. Visiones de los grandes condenados. Huida del Hades   Minos, Orión, castigos de Ticio, Tántalo y Sísifo; la sombra (εἴδωλον, eidōlon) de Heracles). Odiseo huye aterrorizado.

Arriban al país de los cimerios

En el país de los cimerios Procedentes de Eea llegan al sombrío país de los cimerios, envuelto en niebla perpetua y privado de la luz del sol.
Ritual nigromántico Siguiendo las instrucciones de Circe, cavan una fosa, sacrifican ovejas negras y realizan libaciones para convocar a las almas de los muertos. La sangre derramada atrae una multitud de sombras ansiosas; Odiseo, espada en mano, las contiene hasta que llegue el momento de permitirles beber y hablar.
«En llegando a la nave y al divino mar, echamos en el agua la negra embarcación, izamos el mástil y descogimos el velamen; cargamos luego las reses, y por fin nos embarcamos nosotros, muy tristes y vertiendo copiosas lágrimas... soplaba favorable viento, que hinchaba las velas; buen compañero que nos mandó Circe, la de lindas trenzas, deidad poderosa, dotada de voz.[8]

«Entonces arribamos a los confines del Océano, de profunda corriente. Allí están el pueblo y la ciudad de los Cimerios entre nieblas y nubes, sin que jamás el Sol resplandeciente los ilumine»
Odisea, XI [2]

Tras llegar al país de los cimerios Odiseo hace libaciones a los muertos con aguamiel, vino y agua, y sacrifica varias ovejas:

...«asiendo las ovejas, anduvimos a lo largo de la corriente del Océano hasta llegar al sitio que nos indicara Circe»... «las degollé encima del hoyo, corrió la negra sangre y al instante se congregaron, saliendo del Érebo, las almas de los fallecidos: mujeres jóvenes, mancebos, ancianos que en otro tiempo padecieron muchos males, tiernas doncellas con el ánimo angustiado por reciente pesar, y muchos varones que habían muerto en la guerra, heridos por broncíneas lanzas, y mostraban ensangrentadas armaduras: agitábanse todas con grandísimo clamoreo»...
Odisea, XI [2]

La sombra de Elpénor

Elpénor, el compañero más joven que murió accidentalmente en la isla de Circe al caer del tejado borracho y romperse el cuello, permanece sin sepultar. Su sombra suplica a Odiseo que, al regresar a Eea, le dé sepultura y clave su remo sobre el túmulo como monumento. Odiseo promete cumplirlo.

La primera alma en acercarse fue la de Elpénor, aquel joven que había quedado insepulto en la isla de Circe:

—«¡Oh Elpénor! ¿Cómo viniste a estas tinieblas caliginosas? Tú has llegado a pie, antes que yo en la negra nave.»

¡Laertíada, de jovial linaje! ¡Ulises, fecundo en recursos! Dañáronme la mala voluntad de algún dios y el exceso de vino. Habiéndome acostado en la mansión de Circe, no pensé en volver atrás, a fin de bajar por la larga escalera, y caí desde el techo; se me rompieron las vértebras del cuello, y mi alma descendió al Orco... No te vayas, dejando mi cuerpo sin llorarle ni enterrarle... por el contrario, quema mi cadáver con las armas de que me servía y erígeme un túmulo en la ribera del espumoso mar, para que de este hombre desgraciado tengan noticia los venideros. Hazlo así y clava en el túmulo aquel remo con que, estando vivo, bogaba yo con mis compañeros.

—«Todo lo haré, oh infeliz, todo te lo llevaré a cumplimiento»
Odisea, XI [2]

Oráculo de Tiresias

El adivino tebano Tiresias bebe primero la sangre y recupera la voz profética. Pronuncia el oráculo central del descenso: anuncia las dificultades que aún esperan a Odiseo en el regreso, advierte especialmente contra tocar las vacas del Sol en Trinacria, describe su llegada tardía y solitaria a Ítaca, la matanza de los pretendientes y, finalmente, un último viaje tierra adentro con un remo para apaciguar la ira de Poseidón.

Tiresias, eximio vate, vaticina a Odiseo un difícil pero no imposible regreso a Ítaca:

... aún llegaríais a la patria, después de padecer trabajos, si quisieras contener tu ánimo y el de tus compañeros así que ancles la bien construida embarcación en la isla Trinacria, escapando del violáceo ponto, y halléis paciendo las vacas y las pingües ovejas del sol,[9] que todo lo ve y todo lo oye. Si las dejares indemnes, ocupándote tan sólo en preparar tu vuelta, aún llegaríais a Ítaca, después de soportar muchas fatigas; pero, si les causares daño, desde ahora te anuncio la perdición de la nave y la de tus amigos.
Odisea, XI [2]

Diálogo con Anticlea

Le cuenta la situación en Ítaca Anticlea le cuenta la situación en Ítaca: Penélope fiel pero consumida por el dolor, Telémaco administrando bien el palacio, Laertes retirado y sufriente
Murió de nostalgia Anticlea revela que ella murió de nostalgia por su hijo ausente.
Odiseo quiere abrazarla El héroe intenta abrazarla tres veces, pero sus brazos solo atraviesan humo y sombra, provocando un intenso lamento sobre la condición de los muertos.

Bebe de la sangre su madre Anticlea y le habla con aladas palabras: ¡Hijo mío! ¿Cómo has bajado en vida a esta obscuridad tenebrosa?... Le cuenta que Penélope pasa los días y las noches tristemente, llorando sin cesar...; que Telémaco cultiva en paz sus heredades; que su padre se queda en el campo, sin bajar a la ciudad, y no tiene lecho, ni cama, ni mantas, ni colchas espléndidas...; que ella murió...

... por la soledad que de ti sentía y el recuerdo de tus cuidados y de tu ternura, «preclaro Ulises» [10]...
Odisea, XI [2]

Odiseo quiere abrazarla:

«... Tres veces me acerqué a ella, pues el ánimo incitábame a abrazarla; tres veces se me fue volando de entre las manos como una sombra o un sueño...»
Odisea, XI [2]

Almas de eximias mujeres

Procesión de famosas mujeres del mito antiguo: Tiro, Antíope, Alcmena, Epicasta (madre y esposa de Edipo), Cloris, Leda, Ifimedia, Fedra, Procris, Ariadna... Odiseo las enumera una tras otra, relatando brevemente sus amores con dioses y la gloriosa descendencia que engendraron.

Perséfone envía cuantas mujeres fueron esposas o hijas de eximios varones: Tiro, esposa de Creteo Eólida; Antíope, que se gloriaba de haber dormido en brazos de Júpiter; Alcmena, esposa de Anfitrión; la bella Epicasta, madre de Edipo; la bellísima Cloris, esposa de Neleo; Leda, esposa de Tíndaro; Ifimedia, esposa de Aloeo; Fedra, Procris y la hermosa Ariadna; Mera, Clímene y la odiosa Erífile.

Pausa en el relato. Intervención de Arete y los feacios

Odiseo interrumpe su relato Tras concluir el catálogo de mujeres heroicas, Odiseo hace una pausa. Los feacios guardan un silencio respetuoso.
La reina Arete toma la palabra. Reafirma la hospitalidad feacia: elogia al huésped por su aspecto y juicio, e insta a los presentes que no escatimen sus dádivas a él.
El anciano Equeneo [11] apoya sus palabras. Alcínoo es quien debe decidir.
Alcínoo responde. Elogia el arte narrativo de Odiseo, y le pide que continúe su relato. Le pregunta si vio en el Hades a alguno de sus compañeros de Troya.
Odiseo accede. Reanuda la narración.

Se echa la noche encima cuando Odiseo termina el catálogo de mujeres heroicas nombrando a Mera, Clímene y «la odiosa Erífile que aceptó el preciado oro para traicionar a su marido»

— ... «ya es hora de dormir, sea yendo a la velera nave donde están los compañeros, sea permaneciendo aquí. Y cuidarán de acompañarme a mi patria los dioses, y también vosotros»
Odisea, XI [2]

Las palabras de Odiseo terminan aquí. Entra el narrador en tercera persona:

— ... Tal fue lo que contó Odiseo. Enmudecieron los oyentes en el obscuro palacio, y quedaron silenciosos, arrobados por el placer de oirle.
Odisea, XI [2]

Toma la palabra la reina Arete, «la de níveos brazos»:

¡Feacios! ¿Qué os parece este hombre por su aspecto, estatura y sereno juicio? Es mi huésped, pero de semejante honra participáis todos. Por tanto, no apresuréis su partida; ni le escatiméis las dádivas, ya que se halla en la necesidad y existen en vuestros palacios tamañas riquezas, por la voluntad de los dioses.
Odisea, XI [2]

Equeneo [11] asiente e insta a obedecer a la reina, mas espera del rey Alcínoo que «con sus palabras y obras» dé el ejemplo y sea el primero en hacerlo. Efectivamente el rey se muestra conforme con Arete:

Se cumplirá lo que decís en cuanto yo viva y reine sobre los feacios, amantes de manejar los remos. El huésped, mas que esté deseoso de volver a su patria, resígnese a permanecer aquí hasta mañana, a fin de que le prepare todos los regalos. Y de su partida se cuidarán todos los varones y principalmente yo, cuyo es el mando en este pueblo.
Odisea, XI [2]

Odiseo dice al rey que debe llegar a Ítaca con bienes suficientes:

— «Si me mandarais permanecer aquí un año entero y durante el mismo dispusierais mi vuelta y me hicierais espléndidos presentes, me quedaría de muy buena gana; pues fuera mejor llegar a la patria con las manos llenas y verme así más honrado y querido de cuantos hombres presenciasen mi tornada á Ítaca.»
Odisea, XI [2]

A lo que Alcínoo responde:

Al verte no sospechamos que seas un impostor ni un embustero, como otros muchos que cría la obscura tierra [...]: tú das belleza a las palabras, tienes excelente ingenio e hiciste la narración con tanta habilidad como un aedo [...] Mas, ea, habla y dime sinceramente si viste a algunos de los deiformes amigos que te acompañaron a Ilión y allí recibieron la fatal muerte. La noche es muy larga, inmensa, y aún no llegó la hora de recogerse en el palacio.
Odisea, XI [2]

Puesto que el rey se lo pide, Odiseo accede gustoso:

— [...] «Hay horas oportunas para largos relatos y horas destinadas al sueño; mas si tienes todavía voluntad de escucharme, no me niego a referirte otros hechos aún más miserandos: los infortunios de mis compañeros que, después de haber escapado de la luctuosa guerra de los teucros, murieron al volver a su patria porque así lo quiso una mujer perversa.»
Odisea, XI [2]

Y a partir de este momento reanuda su relato en primera persona.

Los héroes de Troya

Odiseo conversa con los grandes caudillos caídos en Troya o tras su regreso.
Agamenón narra su alevoso asesinato por Egisto y Clitemnestra y advierte amargamente sobre la fidelidad femenina.
Aquiles prefiere ser el siervo más humilde entre los vivos que rey entre los muertos, pero se alegra al oír los éxitos de su hijo Neoptólemo.
Áyax guarda un silencio cargado de rencor por la disputa de las armas de Aquiles.

Después de que la casta Proserpina dispersara las almas de las mujeres, se presenta muy angustiada la de Agamenón junto a cuantos en la mansión de Egisto perecieron con el héroe, cumpliendo su destino:

— «¡Atrida gloriosísimo, rey de hombres Agamenón! ¿Qué fatal especie de la aterradora muerte te ha hecho sucumbir? ¿Acaso Neptuno te mató en tus naves, desencadenando el fuerte soplo de terribles vientos, o unos hombres enemigos acabaron contigo en la tierra firme, porque te llevabas sus bueyes y sus hermosos rebaños de ovejas o porque combatías para apoderarte de su ciudad y de sus mujeres?»

Ni Neptuno me mató en las naves, desencadenando el fuerte soplo de terribles vientos, ni hombres enemigos acabaron conmigo en la tierra firme; fue Egisto quien me preparó la muerte y el hado, pues, de acuerdo con mi funesta esposa, me llamó a su casa, me dio de comer y me quitó la vida como se mata a un buey junto al pesebre.
Odisea, XI [2]

Beben de la sangre otros que habían muerto en la guerra de Troya. Aquiles, el de los pies ligeros, le habla:

¿Cómo te atreves a bajar al Orco donde residen los muertos, que están privados de sentido y son imágenes de los hombres que ya fallecieron?... háblame de mi ilustre hijo: dime si fue a la guerra para ser el primero en las batallas, o se quedó en casa.

— «... de tu hijo Neoptólemo te diré toda la verdad, como lo mandas,... cuando peleábamos con las broncíneas armas en la llanura de los troyanos, nunca se quedaba entre muchos guerreros ni en la turba; sino que se adelantaba a toda prisa un buen espacio, no cediendo a nadie en valor, y mataba a gran número de hombres en el terrible combate»

«Así le dije; y el alma del Eácida, el de pies ligeros, se fue a buen paso por la pradera de asfódelos, gozosa de que le hubiese participado que su hijo era insigne»
Odisea, XI [2]

También estaba Ayax, hijo del egregio Telamón:

«Sólo el alma de Ayax Telamonio permanecía algo distante, enojada porque le vencí en el juicio que se celebrara cerca de las naves para adjudicar las armas de Aquiles»
— «¿No debías, ni aun después de muerto, deponer la cólera que contra mí concebiste con motivo de las perniciosas armas?»
«... pero nada me respondió y se fue hacia el Érebo a juntarse con las otras almas de los difuntos»
Odisea, XI [2]

Los grandes condenados. Huida del Hades

Visiones de Odiseo Minos, juzgando a los muertos; Orión, cazando eternamente; Ticio, Tántalo y Sísifo, cruelmente castigados.
Aparece la imagen de Heracles (su eidolon, pues el verdadero está en el Olimpo), que compara sus antiguos trabajos con las penalidades presentes de Odiseo.
Odiseo huye Ante la creciente multitud de almas y el temor de que Perséfone envíe la cabeza de la Gorgona, Odiseo regresa al barco y parte rápidamente.

Minos y Orión

En el Érebo Odiseo ve a otras almas:

— «... vi a Minos, ilustre vástago de Jove, sentado y empuñando áureo cetro, pues administraba justicia a los difuntos»
«... al gigantesco Orión, el cual perseguía por la pradera de asfódelos las fieras que antes matara en las solitarias montañas»
Odisea, XI [2]

Los castigados: Ticio, Tántalo, Sísifo

— «... a Ticio, el hijo de la augusta Tierra... Dos buitres, uno a cada lado, le roían el hígado, penetrando con el pico en sus entrañas»
«... a Tántalo, el cual padecía crueles tormentos, de pie en un lago cuya agua le llegaba a la barba. Tenía sed y no conseguía tomar el agua y beber»
«... a Sísifo, el cual padecía duros trabajos empujando con entrambas manos una enorme piedra»
Odisea, XI [2]

Hércules, último en presentarse

Finalmente ve a Hércules, que le dice:

¡Laertíada, de jovial linaje! ¡Ulises, fecundo en recursos! ¡Ah mísero! Sin duda te persigue algún hado funesto, como el que yo sufría mientras me alumbraban los rayos del sol. Aunque era hijo de Júpiter Saturnio, hube de padecer males sin cuento por encontrarme sometido a un hombre muy inferior que me ordenaba penosos trabajos...
Odisea, XI [2]

Odiseo y sus hombres huyen

Fue la última voz que oye Odiseo:

«... el pálido terror se apoderó de mí, temiendo que la ilustre Proserpina no me enviase del Orco la cabeza de la Gorgona, horrendo monstruo»
Odisea, XI [2]

Embarcaron inmediatamente y partieron:

«Volví en seguida al bajel y ordené a mis compañeros que subieran al mismo y desatasen las amarras... Y la onda de la corriente llevaba nuestra embarcación por el río Océano, empujada al principio por el remo y más tarde por próspero viento»
Odisea, XI [2]

Temas y comentarios

  1. La muerte   Odiseo tiene que aplacar la ira de Poseidón, padre de Polifemo. Tiresias le dirá cómo cuando su sombra asome desde el Hades. Junto al vate acuden otras muchas almas que dialogan con el héroe hasta que el terror se apodera de él y huye.
    1. Condición mortal del ser humano   Es el tema central del canto. El Hades homérico es un lugar gris y sin alegría, donde las almas son meras sombras sin fuerza ni memoria plena. La muerte es la pérdida irreversible de vitalidad, placeres y gloria. Lo expresa Aquiles (487):[2]   «No intentes consolarme de la muerte, esclarecido Odiseo: preferiría ser labrador y servir a otro, a un hombre indigente que tuviera pocos recursos para mantenerse, a reinar sobre todos los muertos»
    2. La muerte, frontera infranqueable entre vivos y muertos, puerta que abre al dolor por la ausencia definitiva. Odiseo se ve impotente para abrazar a su madre Anticlea (204):[2] «... tres veces me acerqué a ella, pues el ánimo incitábame a abrazarla; tres veces se me fue volando de entre las manos como una sombra o un sueño. Entonces sentí en mi corazón un dolor que iba en aumento» El contacto físico es imposible; solo la sangre devuelve temporalmente la conciencia.
    3. Nostalgia y dolor por los ausentes   Tanto Anticlea —murió de añoranza por su hijo— como los héroes de Troya sufren por lo que dejaron atrás. Aquiles sólo se consuela al saber de las hazañas de Neoptólemo. Incluso Agamenón, que lamenta su traición familiar, se interesa por su hijo (440):[2] «habla y dime sinceramente si oíste que mi hijo vive en Orcómeno, o en la arenosa Pilos o quizás con Menelao en la extensa Esparta; pues el divinal Orestes aún no ha desaparecido de la tierra». La nekyia es un canto al duelo y a la memoria que une y separa a los vivos con los muertos.
    4. Los ritos funerarios y el deber hacia los muertos   Elpénor, insepulto, es el primero en manifestarse a Odiseo suplicando sepultura y túmulo con su remo (59):[2] «No te vayas, dejando mi cuerpo sin llorarle ni enterrarle». Homero insiste en la importancia de los rituales fúnebres para que el alma descanse y no cause ira divina. Tema que conecta con la piedad tradicional griega.
    5. El horror y la imposibilidad de permanecer en el Hades   La visión de los grandes castigados (Ticio, Tántalo, Sísifo), la multitud de sombras presentes «sinnúmero de difuntos con gritería inmensa» (627)—[2] y el miedo a la Gorgona (627)[2] cierran el canto abruptamente. EL mundo de los muertos es intolerable para un vivo. Odiseo huye aterrorizado: la catábasis tiene un límite.
  2. La gloria heroica parece no ser nada tras la muerte   Contraste absoluto entre la fama eterna (kleos) que buscaban los héroes y la vacuidad del Hades. Aquiles renuncia a su gloria póstuma; Áyax guarda rencor eterno; la sombra (eidolon) de Heracles recuerda sus trabajos. El canto cuestiona el valor real de la fama.
  3. El destino y el conocimiento del futuro   Tiresias revela a Odiseo todo su porvenir (regreso difícil, matanza de pretendientes, viaje final con el remo). El héroe obtiene el mapa de su retorno (nostos), pero ese conocimiento no excluye las dificultades ni el posible sufrimiento: conocer, saber, no siempre asegura el poder evitar males futuros.
  4. La mujer en el mundo heroico: maternidad, fidelidad; también infidelidad y traición.
    Anticlea, modelo de madre. Contraste con Clitemnestra (en palabras de Agamenón), cuya infidelidad y traición destruyeron el hogar.
    Catálogo de mujeres destacadas por su belleza, amores divinos y descendencia gloriosa (Tiro, Alcmena, Epicasta...).
    El canto ofrece una visión compleja de lo femenino: núcleo de vida familiar heroica, pero también fuente de posible ruina.
  5. La tradición mítica y la conexión con ciclos épicos más amplios   El catálogo de mujeres y los encuentros con héroes de Troya insertan la Odisea en la gran red de mitos griegos (tebano, argonautas, troyano). En la Odisea se resume o agrupa la tradición heroica anterior, lo que refuerza el papel de Odiseo como testigo de la historia mítica y subraya la continuidad entre generaciones heroicas.
  6. La inversión de roles y la experiencia única de Odiseo   Odiseo es el único vivo que baja al Hades y regresa catábasis exitosa—. Él toma el control: habla con los muertos, los consuela o los informa, invirtiendo el orden natural. Este cruce de límites realza su carácter excepcional y sabiduría.

La interrupción del relato

El Canto XI incluye una pausa en el relato de Odiseo tras el catálogo de mujeres heroicas (vv. 333-384). El narrador estaba contando lo que le había ido sucediendo con anterioridad —los Apólogos— y vuelve temporalmente al marco presente en la corte de los feacios. Es un recurso estilístico que logra diversos efectos:

  1. Refuerzo del marco metanarrativo: los Apólogos (Cantos IX-XII) son un relato enmarcado en otro relato —el «episodio feacio» o «ciclo de Esqueria»— del que Odiseo es el narrador interno, protagonista. El silencio admirado de los feacios («quedaron silenciosos, arrobados por el placer de oírle», v. 333) y el elogio de Alcínoo —que compara a Odiseo con un aedo profesional (vv. 363-369)— constituyen comentarios metapoéticos: Homero alaba, a través de sus personajes, el propio arte de la épica.
  2. Destacar la hospitalidad (xenía) y el protagonismo de Arete, la reina, la primera en romper el silencio (vv. 336-341) proponiendo regalos. Ello resalta su autoridad en la corte feacia (como Atenea había advertido en el Canto VI) y refuerza el tema de la hospitalidad generosa, en contraste con las violaciones de xenía que Odiseo ha sufrido.
  3. Transición temática: la pregunta explícita de Alcínoo sobre los héroes de Troya (vv. 370-376) guía el relato hacia reflexiones sobre la gloria póstuma y la muerte, preparando el terreno para las quejas de Aquiles y Agamenón que Odiseo narrará inmediatamente.

La segunda Nekyia

En el Canto XXIV, la escena en el Hades —donde las almas de los pretendientes llegan guiadas por Hermes y dialogan con Aquiles y Agamenón se interpreta como un eco o reflejo de la Nekyia del Canto XI, por lo que algunos autores la denominan Deuteronékyia [6] [4] o segunda Nekyia. No es un descenso activo como el de Odiseo, sino una escena espectadora del más allá, que sirve como comentario moral y poético sobre los eventos recién ocurridos. En ella, Agamenón envidia la muerte noble de Odiseo —rodeado de familia leal y tras una venganza justa— y alaba eternamente la virtud de Penélope, resolviendo en tono sereno los temas de fidelidad, gloria y muerte planteados en la Nekyia mayor.

Algunas diferencias entre la Nekyia XI y la XXIV:

  1. Planteamiento
    1. (XI) Odiseo vivo baja al Hades excepcionalmente
    2. (XXIV) las almas llegan guiadas por Hermes tras la muerte
  2. Tono
    1. (XI) doloroso y nostálgico
    2. (XXIV) sereno, reflexivo y celebratorio
  3. Visión de la muerte
    1. (XI) vacuidad absoluta: lamento de Aquiles
    2. (XXIV) posibilidad de gloria póstuma si la vida concluyó con honor restaurado
  4. Papel de la mujer
    1. (XI) ambivalente: Anticlea frente a Clitemnestra
    2. (XXIV) exaltación absoluta de Penélope como modelo de fidelidad.
  5. Función
    1. (XI) oráculo, revelación del futuro y duelo
    2. (XXIV) epílogo moral que confirma el triunfo completo de Odiseo
La Odisea, de Homero

Referencias

Bibliografía

Véase también

Enlaces externos

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