Odisea (Canto XVI)

Telémaco es recibido como un hijo por Eumeo, el fiel porquerizo, en presencia de Odiseo disfrazado de mendigo. From Wikipedia, the free encyclopedia

El Canto XVI [n. 1] de la Odisea de Homero, titulado «Reconocimiento de Ulises por Telémaco» en la versión de Segalá, 1910),[1] (también, según otras versiones: «Telémaco reconoce a su padre» o «El reencuentro padre-hijo»), constituye el momento del primer reconocimiento mutuo entre Odiseo y su hijo Telémaco tras veinte años de separación. [n. 2]

En presencia de Atenea (izda.), Telémaco (dcha.) reconoce a su padre Odiseo, en la majada de Eumeo.

Este canto continúa la acción del Canto XV, donde Telémaco logró regresar a Ítaca evitando la emboscada de los pretendientes gracias a Atenea y se había dirigido a la majada de Eumeo. Ahora se produce allí el encuentro: Telémaco es recibido como un hijo por el fiel porquerizo, en presencia de Odiseo disfrazado de mendigo.

Destacan temas centrales como la paternidad y el vínculo filial, la lealtad (de Eumeo y los servidores fieles), la mētis (astucia) de Odiseo, y la preparación de la venganza en Ítaca. [n. 3] El canto contrasta la hospitalidad y el afecto genuino en la majada con la hybris y el desorden en el palacio y profundiza en la caracterización de Telémaco como un joven que madura rápidamente, pasando de la duda a la determinación guerrera al lado de su padre.

Estructuralmente este canto es un punto de inflexión que une las líneas narrativas paralelas de padre e hijo, consolida la alianza familiar y marca el inicio de la fase activa de la reconquista del hogar. Sirve de puente entre la preparación individual en el mundo rural y el ulterior desarrollo de la acción en el palacio de Ítaca (a partir del Canto XVII), acelerando la tensión dramática hacia la anagnórisis final —el reconocimiento de Odiseo por Penélope y la matanza de los pretendientes; pathos (emoción) y mētis (planificación astuta) se equilibran en el canto.

Argumento

Con la ayuda de Atenea, Telémaco logra pisar Ítaca nuevamente. Por consejo de la diosa se dirige a la majada de Eumeo, donde es recibido con gran alegría por el fiel servidor, que lo trata como a un hijo. Odiseo, aún disfrazado de harapiento vagabundo, permanece en segundo plano observando.

Mientras Eumeo sale hacia la ciudad para informar a Penélope del regreso seguro de su hijo, Atenea se aparece a Odiseo y le devuelve su verdadera apariencia. Ante la sorpresa y el temor inicial de Telémaco, Odiseo se revela como su padre. Padre e hijo se funden en un emotivo abrazo y lloran largamente por los años de separación.

Una vez recuperada la calma, Odiseo informa a Telémaco de su llegada a Ítaca con la ayuda de Atenea y ambos planean juntos la venganza contra los pretendientes. Deciden que Odiseo entrará en el palacio disfrazado de mendigo, mientras Telémaco ocultará las armas y preparará el terreno. Al regresar Eumeo, Atenea devuelve a Odiseo su aspecto de viejo y mendigo —no fuera que, emocionado, el anciano se precipitara en dar a Penélope la noticia de que Odiseo está en Ítaca y los tres comparten la cena. El canto cierra con la tensión creciente ante la inminente confrontación.

Este es el primer reencuentro entre padre e hijo después de mucho tiempo [n. 2] y marca el verdadero inicio de la reconquista del hogar.

Estructura y contenido

  1. En la majada de Eumeo (vv. 1-320) [1]   En la cabaña están Eumeo y Odiseo disfrazado de mendigo.
    — Telémaco desembarca en la isla de Ítaca: va al encuentro de Eumeo; emotivo recibimiento. Mientras, la nave se dirige al puerto.
    — Encuentro inicial con Odiseo: Telémaco lo toma por un 'huésped'.
    — Diálogo entre Telémaco y Eumeo sobre la situación en el palacio y los pretendientes.
    — Reconocimiento (anagnórisis) de Odiseo por Telémaco (vv. 154-265). Tras salir Eumeo hacia la ciudad para avisar a Penélope, Atenea interviene: devuelve a Odiseo su verdadera apariencia. Incredulidad inicial de Telémaco. Abrazo. Odiseo relata brevemente su llegada a Ítaca con ayuda de Atenea. Telémaco da noticia de la situación en palacio.
    — Padre e hijo planifican la venganza (vv. 266-320)
  2. Entre tanto el barco de Telémaco llega al puerto (v. 321)   Un heraldo parte a palacio con la noticia del regreso de Telémaco.
  3. En palacio (vv. 321-451) [1].
    — El heraldo y Eumeo informan a Penélope del regreso de su hijo (vv. 321-341) Eumeo vuelve a su cabaña.
    — Inquietud de los pretendientes (vv. 342-408) Conspiran por segunda vez contra Telémaco.
    — Penélope interviene en defensa de su hijo (vv. 409-433)
    — Doblez y falsedad de Eurímaco. Desolación de Penélope (vv. 434-451)
  4. De nuevo en la cabaña (vv. 452 y ss.) [1]
    — Atenea devuelve a Odiseo su aspecto de mendigo
    — Llega Eumeo con noticias: se 'encontró' con un heraldo y 'vio un barco' que se acercaba al puerto. Es evidente que sigue ajeno a todo lo ocurrido.
    — Los tres departen brevemente, cenan y se entregan al sueño.

Culmina la esforzada búsqueda de Odiseo por su hijo

Se disponían a desayunar Odiseo y Eumeo cuando Telémaco aparece en el umbral:

… Levantóse atónito el porquerizo, se le cayeron las tazas con las que se ocupaba en mezclar el negro vino, fuese al encuentro de su señor, y le besó la cabeza, los bellos ojos y ambas manos, vertiendo abundantes lágrimas:
«Has vuelto, Telémaco, mi dulce luz! No pensaba verte más, desde que te fuiste en la nave a Pilos. Mas, ea, entra, hijo querido, para que se huelgue mi ánimo en contemplarte, ya que estás en mi cabaña recién llegado de otras tierras…»
Odisea XVI (vv. 11-29) [1]

Al joven le preocupa saber si su madre ya se casó con alguno de los pretendientes. Eumeo lo pone al tanto: «permanece en tu palacio, con el ánimo afligido, y consume tristemente los días y las noches, llorando sin cesar»

Más tranquilo con la respuesta, Telémaco traspasa el umbral, se sienta en el suelo sobre unas ramas verdes y los tres se disponen a comer. Eumeo vierte un vino dulce [n. 4] en una copa de yedra [n. 5] y sirve pan y viandas.

Terminada la comida, Telémaco y Eumeo hablan sobre el 'forastero' presente —Odiseo disfrazado—:

«¡Abuelo! [n. 6] ¿De dónde te ha llegado este huésped? ¿Cómo los marineros lo trajeron a Ítaca? ¿Quiénes se precian de ser? Pues no me figuro que haya venido andando»
Odisea XVI (vv. 57-59) [1]

Eumeo le responde que el 'huésped', un vagabundo «porque su hado así lo dispuso», llegó a su establo huyendo de unos tesprotos, y que se lo entrega porque se gloría de ser su suplicante. El joven duda porque se siente inseguro:

«¿Cómo acogeré en mi casa al forastero? Yo soy joven y no tengo confianza en mis manos para rechazar a quien lo injurie; y mi madre trae en su pecho el ánimo indeciso entre quedarse a mi lado y cuidar de la casa, por respeto al lecho conyugal y temor del dicho de la gente, o irse con quien sea el mejor de los aqueos que la pretenden en el palacio y le haga más donaciones»
Odisea XVI (vv. 68-89) [1]
Teseo (izda.) empuña el xifos (espada corta de doble filo) para acabar con el Minotauro (ánfora del Pintor de Eonocles, h. 460 a. C.)

No obstante, Telémaco ofrece capa, manto, sandalias y espada «de doble filo» [n. 7] al 'forastero' para que permanezca en la majada: en modo alguno debe ir a palacio donde campea las «malvada insolencia» de los pretendientes ante la que él se siente impotente «pues un hombre, por fuerte que sea, nada consigue revolviéndose contra tantos, que al fin han de resultar más poderosos» (vv. 68-89).

El ‘huésped’ (Odiseo completamente metido en su papel de anciano y harapiento mendigo), escucha con indignación las palabras de Telémaco. Se le desgarra el corazón —o al menos eso aparenta— al oír las iniquidades que maquinan los pretendientes en su propio palacio. Entonces interviene con vehemencia, lamentándose y animando al joven a seguir contándole todos los detalles, a la vez que tantea astuto su disposición a la lucha.

Con su habitual mētis, Odiseo aprovecha el momento para tantear astutamente el carácter y la disposición combativa de su hijo. Es una de sus mentiras [n. 8] en plena acción: el héroe astuto, maestro del disfraz y la palabra engañosa, representa el papel de viejo mendigo ofendido y desvalido.

Sin tener la más mínima sospecha, Telémaco le responde con franqueza y confianza:

[Odiseo disfrazado]
«Dime si te sometes voluntariamente, o te odia quizás la gente del pueblo a causa de lo revelado por una deidad, o por acaso te quejas de tus hermanos; pues con la ayuda de éstos, cualquier hombre pelea confiadamente, aunque sea grande la lucha que se suscite. Ojalá que, con el ánimo que tengo, gozara de tu juventud y fuera hijo del eximio Ulises o Ulises en persona que, vagando, tornase a su patria —pues aún hay esperanza de que así suceda— cortárame la cabeza un varón enemigo, si no me convertía entonces en una calamidad para todos aquellos, encaminándome al palacio de Ulises Laertíada. Y si, con estar yo solo, hubiera de sucumbir ante la multitud de los mismos, más querría recibir la muerte en mi palacio que presenciar continuamente esas acciones inicuas…»

[Telémaco]
«¡Oh forastero! Voy a informarte con gran sinceridad. No me hice odioso para que se airara conmigo todo el pueblo… Ulises, después de haberme engendrado a mí tan solamente, dejóme en el palacio y no disfrutó de mi compañía. Por esto hay en mi mansión innumerables enemigos. Cuantos próceres mandan en las islas, en Duliquio, en Same y en la selvosa Zacinto, y cuantos imperan en la áspera Ítaca, todos pretenden a mi madre y arruinan nuestra casa. Mi madre ni rechaza las odiosas nupcias, ni sabe poner fin a tales cosas; y aquéllos comen y agotan mi hacienda, y pronto acabarán conmigo mismo. Mas el asunto está en mano de los dioses…»
Odisea XVI (vv. 99-134) [1]

Telémaco se vuelve a Eumeo con un plan definido: debe ir a palacio junto a Penélope para darle noticia —«pero a ella sola y sin que ninguno de los aqueos se entere; pues son muchos los que maquinan en mi daño cosas malas»— de que llegó bien a Pilos. Eumeo pregunta si no debe participárselo también a Laertes —«dicen que ahora, desde que te fuiste en la nave a Pilos, no come ni bebe como acostumbraba, ni vigila las labores, antes está sollozando y lamentándose, y la piel se le seca en torno a los huesos»— mas el joven se mantiene resuelto y firme, si bien consiente que su madre envíe a la despensera Euriclea [n. 9] a Laertes con la nueva de su llegada:

«Muy triste es, pero dejémoslo aunque nos duela; que si todo se hiciese al arbitrio de los mortales, escogeríamos primeramente que luciera el día del regreso de mi padre. Tú vuelve así que hayas dado la noticia y no vagues por los campos en busca de aquél; pero encarga a mi madre que le envíe escondidamente y sin perder tiempo la esclava despensera; [n. 9] y ésta se lo participará al anciano»
Odisea XVI (vv. 146-153) [1]

Tras partir Eumeo hacia la ciudad, Atenea, sin que Telémaco la viese «pues los dioses no se hacen visibles para todos»—, se aproxima al umbral de la cabaña transfigurada «en una mujer hermosa, alta y entendida en primorosas labores». Odiseo sale y escucha a la diosa que le ordena no ocultarle nada a su hijo para tramar la muerte de los pretendientes; ella no se alejará «deseosa como estoy de entrar en combate»— (vv. 154-171)

… y [Atenea], tocándole con la varita de oro, le cubrió el pecho con una túnica y un manto limpio, y le aumentó la talla y el vigor juvenil. El héroe recobró también su color moreno, se le redondearon las mejillas y ennegreciósele el pelo de la barba.
Odisea XVI (vv. 172-180) [1]

Padre e hijo se abrazan emocionados «plañendo más que las aves —águilas o buitres de corvas uñas— cuando los rústicos les quitan los hijuelos que aún no volaban» (vv. 213-221). Odiseo participa enseguida el plan:

«… he venido acá, por consejo de Minerva, a fin de que tramemos la muerte de nuestros enemigos. Mas, ea, enumérame y descríbeme los pretendientes para que, sabiendo yo cuántos y cuáles son, medite en mi ánimo irreprochable si nosotros dos nos bastaremos contra todos o será preciso buscar ayuda»
Odisea XVI (vv. 225-239) [1]

Preocupado, Telémaco informa a su padre que los pretendientes son muchos —pasan de cien— mas Odiseo tranquiliza al joven pues los dioses «no permanecerán mucho tiempo apartados de la encarnizada lucha, así que la fuerza de Marte ejerza el oficio de juez en el palacio» (vv. 240-266) y le detalla el plan paso a paso:

«Ahora tú, apenas se descubra la aurora, vete a casa y mézclate con los soberbios pretendientes; y a mí el porquerizo me llevará más tarde a la población, transformado en viejo y miserable mendigo. Si me ultrajaren en el palacio, sufre en el corazón que tienes en el pecho que yo padezca malos tratamientos. Y si vieres que me echan, arrastrándome en el palacio por los pies, o me hieren con saetas, sopórtalo también. Mándales únicamente, amonestándolos con dulces palabras, que pongan fin a sus locuras; mas ellos no te harán caso, que ya les llegó el día fatal. Otra cosa te diré que guardarás en tu corazón: tan luego como la sabia Minerva me lo inspire, te haré una señal con la cabeza; así que la notes, llévate las marciales armas que hay en el palacio, colócalas en lo hondo de mi habitación de elevado techo y engaña a los pretendientes con suaves palabras cuando, echándolas de menos, te pregunten por las mismas […] Tan solamente dejarás para nosotros dos espadas, dos lanzas y dos escudos de boyuno cuero, que podamos tomar al acometer a los pretendientes; y a éstos los ofuscarán después Palas Minerva y el próvido Júpiter. Otra cosa te diré que pondrás en tu corazón; si en verdad eres hijo mío y de mi sangre, ninguno oiga decir que Ulises está dentro, ni lo sepa Laertes, ni el porquerizo, ni los domésticos, ni la misma Penélope; sino solos tú y yo procuremos conocer la disposición en que se hallan las mujeres y pongamos a prueba los esclavos, para averiguar cuáles nos honran y nos temen en su corazón y cuáles no se cuidan de nosotros y te desprecian a ti siendo cual eres»
Odisea XVI (vv. 266-307) [1]

Inquietud de los pretendientes en Ítaca

Entre tanto arribaba á Ítaca la nave que trajo de Pilos a Telémaco y a sus compañeros; los magníficos presentes que traían los depositaron seguros en la morada de Clitio, [n. 10] y enviaron un heraldo al palacio de Odiseo que da noticia a Penélope de la llegada de su hijo; su mensaje es público. Eumeo, enviado expresamente por Telémaco, también llega y le comunica que está en la isla, pero su noticia tiene un carácter más personal y privado: informarla directamente para tranquilizarla (vv. 321-341).

La llegada de Telémaco causa aflicción e inquietud entre los pretendientes. Eurímaco les arenga:

«¡Oh amigos! ¡Gran proeza ha realizado orgullosamente Telémaco con ese viaje! ¡Y decíamos que no lo llevaría a efecto! Mas, ea, botemos al agua la mejor nave, proveámosla de remadores, y vayan al punto a decir a aquéllos [n. 11] que tornen prestamente al palacio»
Odisea XVI (vv. 346-350) [1]

Toma la palabra Anfínomo:

«No enviemos ningún mensaje, que ya están en el puerto, sea porque un dios se lo haya dicho, sea porque vieron pasar la nave y no lograron alcanzarla» [n. 11]
Odisea XVI (vv. 355-357) [1]

Fueron todos a la ribera del mar junto a la nave de los conspiradores, que desembarcan; seguidamente se encaminan al ágora donde Antínoo les cuenta como fracasó la emboscada e insiste en que deben intentarlo de nuevo:

«Ah, cómo las deidades libraron del mal a ese hombre! Durante el día, los atalayas estaban sentados en las ventosas cumbres, sucediéndose sin interrupción; y después de ponerse el sol, jamás pasamos la noche en tierra firme, pues, yendo por el ponto en la velera nave hasta la aparición de la divinal Aurora, acechábamos la llegada de Telémaco para aprisionarle y acabar con él; y en tanto lo condujo a su casa alguna deidad. Mas, tramemos algo ahora mismo para que le podamos dar deplorable muerte: no sea que se nos escape; pues se me figura que mientras viva no se llevarán a cumplimiento nuestros propósitos, ya que él sobresale por su consejo e inteligencia y nosotros no nos hemos congraciado totalmente con el pueblo […] prevengámosle con darle muerte en el campo, lejos de la ciudad, o en el camino; apoderémonos de sus bienes y heredades a fin de repartírnoslos equitativamente; y entreguemos el palacio a su madre y a quien la despose, para que en común lo posean».
Odisea XVI (364-392) [1]

Anfínomo —el pretendiente «más grato a Penélope porque sus palabras revelaban buenos sentimientos»— se opone a un segundo complot:

«Si los decretos del gran Júpiter lo aprobaren, yo mismo lo mataría, exhortándoos a todos a que me ayudarais; mas si los dioses nos apartaren de este propósito, os invitaría a que desistierais»
Odisea XVI (vv. 400-405) [1]

Del ágora fueron todos al palacio de Odiseo; allí Penélope había conocido por el heraldo Medonte los planes para matar a su hijo. Parada «ante la columna que sostenía el techo sólidamente construido» increpó a Antínoo recordándole cómo Odiseo había salvado a su padre:

«… ¡Desatinado! ¿Por qué estás maquinando cómo dar a Telémaco la muerte y el destino, y no te cuidas de los suplicantes, los cuales tienen por testigo a Júpiter? […] ¿Acaso ignoras que tu padre vino acá huido, con gran temor del pueblo? Hallábase éste muy irritado contra él, porque había ido en conserva de los piratas tafios a causar daño a los tesprotos, nuestros aliados; y querían matarlo, y arrancarle el corazón, y devorar sus muchos y agradables bienes; pero Ulises los contuvo e impidió que lo hicieran, no obstante su deseo. Y ahora te comes ignominiosamente su casa, pretendes á su mujer, intentas matarle el hijo y me tienes grandemente contristada. Mas, yo te requiero que ceses ya y mandes a los demás que hagan lo propio»
Odisea XVI (vv. 418-433) [1]

Hipócritamente —pues «también maquinaba la muerte de Telémaco»— Eurímaco le responde a Penélope:

— … «Cobra ánimo y no te preocupes por tales cosas. No hay hombre, ni lo habrá, ni nacerá siquiera, que ponga sus manos en tu hijo Telémaco mientras yo viva y vea la luz acá en la tierra […] Muchas veces Ulises, el asolador de ciudades, tomándome sobre sus rodillas, me puso en la mano carne asada y me dio a beber rojo vino: por esto Telémaco me es caro sobre todos los hombres y le exhorto a no temer la muerte que pueda venirle de los pretendientes»

… Y Penélope se fue nuevamente a la espléndida habitación superior, donde lloró por Ulises, su querido esposo, hasta que Minerva, la de los brillantes ojos, le difundió en los párpados el dulce sueño.
Odisea XVI (vv. 434-451) [1]

Mientras, llegó Eumeo a la majada. Atenea había convertido de nuevo a Odiseo en harapiento anciano. Telémaco le pregunta si los pretendientes lo acechan aún:

«Al volver, cuando ya me hallaba más alto que la ciudad, en el cerro de Mercurio, vi que una velera nave bajaba a nuestro puerto; y en ella había multitud de hombres, y estaba cargada de escudos y de lanzas de doble filo. Creí que serían aquéllos, mas no puedo asegurarlo»
Odisea XVI (vv. 464-475) [1]

Y tras haber comido y bebido «pensaron en acostarse y el don del sueño recibieron» (vv. 478 y ss.)

Temas y comentarios

  1. Vínculo paternofilial y reencuentro   Telémaco se reencuentra con su padre Odiseo en la humilde majada de Eumeo.
  2. Lealtad y hospitalidad (xenía)   Contraposición entre el afecto y la hospitalidad genuina en la humilde majada de Eumeo (lealtad del porquerizo) y la desmesura, desorden y voracidad (hybris) de los pretendientes en el palacio. [7]
  3. Astucia. Disfraz y planificación de la venganza   Odiseo no renuncia a la violencia sino que la difiere y la organiza.
      La inteligencia práctica (mētis) gobierna y hace eficaz a la fuerza bruta. Telémaco regresará al palacio y Odiseo entrará disfrazado de mendigo dispuesto a soportar humillaciones: controlar las emociones es tan importante como la habilidad para urdir engaños.
      Esconderán armas y esperarán el momento propicio con ayuda divina. La victoria dependerá de la capacidad para ocultar las propias intenciones, soportar el ultraje y elegir el kairós (el momento oportuno).
      Atenea dirige los acontecimientos y favorece el reconocimiento entre padre e hijo, recordando el papel de los dioses en el destino humano. En la épica homérica, la vida de los mortales se desarrolla siempre bajo el horizonte de la voluntad divina.
  4. Regreso al hogar (nostos) y restauración del orden   Confluyen las tramas paralelas de padre e hijo hacia la matanza de los pretendientes. Representa el paso de la preparación individual en el mundo rural a la acción colectiva en el palacio.

Telémaco al fin con su padre

El tema central es la emotiva reunión entre Odiseo y Telémaco en la majada, [8] momento en el que culmina la Telemaquia: el joven, que ha iniciado su maduración como héroe en los primeros cantos, completa su arco narrativo al reencontrarse con su padre y unirse a él en la reconquista del hogar. El proceso de crecimiento de Telémaco —de muchacho inseguro, hijo de un padre ausente, a guerrero capaz de actuar junto a él— se completa y se sella la alianza entre ambos que sostendrá la venganza contra los pretendientes.

Destaca la ironía inicial: Eumeo recibe a Telémaco como un padre a su hijo, mientras el verdadero padre (Odiseo disfrazado) observa en segundo plano. [9] Esto subraya el costo emocional de la ausencia de Odiseo y el papel de los sirvientes fieles como figuras paternales sustitutas.

Tras la transformación de Odiseo por Atenea, padre e hijo se abrazan y lloran: Odiseo llora de alegría y alivio después de haber soportado tanto sufrimiento en silencio; Telémaco llora al recuperar al padre cuya ausencia había marcado su propia identidad. [7]

Homero culmina la escena del reencuentro con un símil homérico [10] [11] cargado de emoción (pathos): padre e hijo lloran «plañendo más que las aves águilas o buitres de corvas uñas— cuando los rústicos les quitan los hijuelos que aún no volaban» (vv. 213-221). Son aspectos relevantes del símil:

  1. Efecto emocional y temático   Se refuerza el tema central del Canto XVI: la restauración de los lazos familiares como base para la recuperación del orden en Ítaca. Además se introduce implícitamente la futura venganza contra los pretendientes: las águilas y buitres son aves depredadoras, ahora en su momento de mayor debilidad (como padres despojados), pero que por su propia naturaleza apuntarán a una previsible acción violenta. El símil cumple una función doble: intensifica la emoción (pathos) del reencuentro familiar y proyecta la restauración del orden a través de la violencia justiciera, uno de los ejes centrales de la Odisea.
  2. Paralelismo con la trama   La imagen de las crías robadas por campesinos evoca la situación de Telémaco (criado sin padre, como si se lo hubiesen arrebatado) y la de Odiseo (separado de su hijo durante veinte años, [n. 2] como si le hubieran quitado lo más valioso).
  3. Inversión de papeles habituales   Las águilas y buitres son aves de presa, símbolos de fuerza, ferocidad y poderío guerrero en la épica homérica. Aquí, sin embargo, se presentan en su momento de mayor vulnerabilidad: como padres despojados de sus crías. Odiseo, el «saqueador de ciudades» y héroe de mil astucias, y Telémaco, que ya comienza a mostrar su propia areté, se humanizan al ser comparados con estos animales en duelo. Incluso los más fuertes son presa del dolor familiar.

El reconocimiento animal como signo de la legitimidad: los perros, la lealtad y la restauración del orden del oîkos

Argos, el perro de Odiseo. Su fidelidad pasa a primer plano en Odisea XVII.

El tema de la fidelidad está reforzado por la reacción de los perros guardianes de la cabaña que reconocen inmediatamente a Telémaco «los perros ladradores le halagaron, sin que ninguno ladrase» (vv. 1-10). Frente a la confusión y el engaño, los animales perciben sin vacilaciones [n. 12] al auténtico heredero y actúan como discretos marcadores narrativos del orden legítimo del hogar (oîkos).

Este hecho se refuerza de forma paradigmática en el Canto XVII con Argos, el viejo perro de Odiseo que identifica a su amo antes que cualquier personaje humano (vv 290-327). [4] Entre todos los habitantes de Ítaca, sólo él reconoce inmediatamente a su señor oculto bajo unos harapos de mendigo. Argos, «abandonado sobre mucho fimo de mulos y de bueyes … todo lleno de garrapatas», [n. 13] reúne las fuerzas suficientes para mover las orejas, agitar la cola y morir en paz una vez cumplida su última lealtad.[12]

Tanto los perros de Eumeo como Argos cumplen una función similar: atestiguan la continuidad de la fidelidad en un mundo donde los humanos fallan o son engañados. Mientras los pretendientes devoran el patrimonio de Odiseo violando todas las normas de la xenía, los animales preservan un orden genuino:

  1. Actúan como marcadores de identidad auténtica.
  2. Su reconocimiento contrasta con la ceguera o corrupción de muchos personajes humanos.
  3. Su lealtad simboliza la persistencia del orden legítimo del hogar de Ítaca, trastornado por los pretendientes usurpadores.

Antes de revelarse, Odiseo pone a prueba y valora la verdadera xenía que requiere lealtad (al huésped y al señor ausente). Los pretendientes violan ambas; Eumeo y sus perros las encarnan y preparan el terreno para la gran anagnórisis que se acerca (el reconocimiento entre Odiseo y Penélope en el Canto XXIII, vv. 113-296). [13]

Este papel de los animales como marcadores instintivos de legitimidad y fidelidad no se limita al episodio de Eumeo; ni siquiera al ámbito exclusivo de la Odisea. En varios momentos clave de la épica homérica, ciertos animales reaccionan ante la esencia del héroe o del orden legítimo del oîkos de un modo que trasciende el engaño humano. A continuación se reúnen los ejemplos más significativos:

Más información Obra / Canto, Animal(es) ...
Obra / Canto Animal(es) Escena principal (versos aproximados) Comportamiento clave Significado en relación con la legitimidad y el oîkos
Odisea XVI Perros de Eumeo 1 - 10 [1] No ladran a Telémaco; lo halagan moviendo la cola Reconocimiento instintivo del hijo legítimo. Refuerza la lealtad del oîkos humilde frente a la hybris de los pretendientes.
Odisea XVII Argos (perro de Odiseo) 290 - 327 [4] Reconoce a Odiseo bajo disfraz; mueve la cola, baja las orejas y muere en paz Único ser que identifica al señor legítimo sin necesidad de pruebas humanas. Paradigma de fidelidad y símbolo de la continuidad del oîkos pese al abandono.
Ilíada XVII Caballos de Aquiles (Xanthos y Balios) 426 - 458 [14] Lloran por Patroclo, con las crines tocando el suelo Demuestran lealtad y duelo profundo. Reflejan el vínculo heroico y el dolor por la pérdida temporal del orden.
Ilíada XIX Xanthos (habla por don de Hera) 392 y ss. [15] Habla proféticamente: avisa a Aquiles de su muerte inminente Capacidad de percepción del más allá. Actúa como voz del destino, subrayando los límites heroicos por el orden divino.
Cerrar

El protagonismo individual y emocional de los perros en la Odisea contrasta con su tratamiento predominante en la Ilíada. [16] En la epopeya de la guerra de Troya, los perros aparecen sobre todo como recurso retórico en campos semánticos distintos, como son el insulto («cara de perro»), [n. 14] el funerario («perros y aves», muerte sin sepultura) [n. 15] y el épico («perro», «perros de blancos dientes», ferocidad del cazador o guerrero):

  • Insulto:
    Aquiles a Agamenón (Ilíada I-223): [17] «El hijo de Peleo, no amainando en su ira, denostó nuevamente al Atrida con injuriosas voces: ¡Borracho, que tienes cara de perro y corazón de ciervo!»
    Helena a Héctor (Ilíada VI-344): [18] «¡Cuñado mío, de esta perra maléfica y abominable!» [n. 16]
  • Deshonra del cadáver abandonado a «perros y aves» —en contraposición al que recibe la cremación y exequias prescritas—, máximo deshonor para un guerrero: [n. 17]
    — Invocación inicial (Ilíada I-1): [17] «Canta, oh diosa, la cólera del Pelida Aquiles; cólera funesta que causó infinitos males a los aqueos y precipitó al Orco muchas almas valerosas de héroes, a quienes hizo presa de perros y pasto de aves»
    Aquiles a Héctor (Ilíada XXII, 344-354): [19] «No me supliques, ¡perro!, por mis rodillas ni por mis padres […] los perros y las aves de rapiña destrozarán tu cuerpo»
  • Símiles épicos (ferocidad de los guerreros o la eficacia en la caza):
    «Como un cazador azuza a los perros de blancos dientes contra un montaraz jabalí o contra un león; así Héctor Priámida, igual a Marte, funesto a los mortales, incitaba a los magnánimos teucros contra los aqueos» (Ilíada XI, 291-298) [20]
    «Así como, cuando perros y pastores persiguen a un cornígero ciervo o a una cabra montés que se refugia en escarpada roca o umbría selva […] así también los dánaos avanzaban en tropel, hiriendo a sus enemigos con espadas y lanzas de doble filo» (Ilíada XV, 262-280) [21]
    — Persecución de Héctor (Ilíada XXII, 188-204): [19] «En tanto, el veloz Aquiles perseguía y estrechaba sin cesar a Héctor. Como el perro va en el monte por valles y cuestas tras el cervatillo que levantó de la cama […] de la misma manera, el Pelida, de pies ligeros, no perdía de vista a Héctor»

Paralelamente, los animales intervienen también como portadores de signos extraordinarios: ya sea mediante augurios enviados por los dioses (águilas, palomas, gansos, ánsares) o a través de fenómenos mágicos que alteran el orden natural (como los lobos y leones encantados de Circe). Estos episodios subrayan el papel de los animales como intermediarios entre el mundo humano y el divino o lo sobrenatural. Un ejemplo clave ocurre en el Canto XIX, cuando Penélope sueña que un águila (Odiseo) mata a sus gansos (los pretendientes), simbolizando la restauración del orden y la justicia en el oîkos:

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Canto / Obra Animal(es) Escena principal (versos aproximados) Comportamiento clave Significado / Función narrativa
Odisea X Lobos y leones encantados 203 - 225 [22] En lugar de atacar, halagan a los compañeros de Odiseo moviendo la cola Animales transformados por la magia de Circe. Su comportamiento antinatural revela el poder de la hechicera y la alteración del orden natural.
Odisea XV Águila con ánsar 160 - 181 [23] El águila lleva en sus garras un ánsar blanco Odiseo regresará al hogar y se vengará (presagio de Helena)
Odisea XV Gavilán con paloma 525 - 534 [23] El gavilán desgarra a la paloma en pleno vuelo Regreso de Odiseo y ruina de los pretendientes (presagio de Teoclímeno)
Odisea XIX Águila y gansos (sueño de Penélope) 509 - 558 [24] El águila desciende y mata a los gansos Simboliza la destrucción de los pretendientes y la victoria de Odiseo.
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Los pretendientes y el regreso de Telémaco: hybris frente a Dike y Temis

Tras el reconocimiento de Odiseo por Telémaco en la cabaña de Eumeo y la planificación de la venganza (vv. 1-320), la acción se traslada al palacio de Ítaca. El fracaso de la emboscada marítima contra Telémaco y su regreso desde Pilos desatan el nerviosismo entre los pretendientes, marcándose un punto de inflexión en el que la «desmesura» (hybris) de aquéllos subvierte el «orden divino» (Temis) y provoca la «justicia inminente» (Dike) que se acerca con el regreso del señor legítimo.[25] El grupo se fractura en tres posturas contrapuestas:

  • Antínoo (la hybris radical): urge a asesinar a Telémaco de inmediato en el campo o los caminos antes de que convoque a la asamblea pública en el ágora y los denuncie. Representa la violencia directa.
  • Eurímaco (la hybris hipócrita): utiliza la retórica para apaciguar la situación; jura falsamente a Penélope que protegerá la vida de Telémaco mientras, en secreto, sigue maquinando su muerte. Es manipulador y estratega cínico. Encarna el peligro de la falsa elocuencia (engaño).
  • Anfínomo (el temor a Temis): es la voz de la moderación y el temor religioso que frena el impulso violento de sus compañeros. Exige consultar primero los oráculos de Zeus y sólo actuará si los dioses lo aprueban. Comprende el orden divino (Temis) pero acabará arrastrado por el destino del grupo y morirá de todos modos en el Canto XXII (vv. 89-100).[26] Refleja la división interna de los usurpadores.

En esta situación de profunda inquietud en palacio, Medonte, [n. 18] el heraldo oficial del palacio y uno de los pocos sirvientes que permanecen fieles a la casa de Odiseo, advertirá a Penélope del nuevo complot de Antínoo. Frente a los sirvientes traidores (como Melantio o las criadas infieles),[n. 19] Medonte encarna la lealtad y el respeto al oikos. Su condición de heraldo le da acceso a ámbitos palaciegos contrapuestos: los pretendientes y Penélope. Su elección refuerza el contraste moral entre aquéllos que violan a Temis y provocan a Dike con los que buscan la restauración del orden legítimo.

Avisada por Medonte, la reina rompe su habitual reclusión en sus estancias particulares e increpa a Antínoo: «yo te requiero que ceses ya y mandes a los demás que hagan lo propio» (vv. 418-433).[1] Esta salida pública de Penélope, infrecuente en su conducta durante la ausencia de Odiseo, subraya la extrema gravedad de la transgresión de los nobles y resalta su figura como señora de la casa.

La prolongada violación del oikos, de la xenía y de los derechos de Telémaco ha generado un desequilibrio que exige la restauración por la Justicia (Dike). La desmesura (hybris) de los pretendientes acelera su propio castigo, que se consumará en Odisea XXII cuando Odiseo, con la ayuda de Telémaco, Eumeo y Filetio, los aniquila a todos en el palacio (vv. 1-480).[26]

Más información La Odisea, de Homero ...
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Véase también

Notas

  1. En la tradición homérica (y en ediciones antiguas), la Odisea se divide en 24 rapsodias, que desde la época helenística se llaman cantos o libros (por la división en volúmenes de las ediciones antiguas). Véase: Odisea (Estructura del poema).
  2. Odiseo partió de Ítaca hacia la guerra de Troya cuando Telémaco era un recién nacido (o un niño muy pequeño). La guerra duró diez años, y el posterior viaje de regreso de Odiseo (su odisea) se prolongó otros diez años más. En total, cuando padre e hijo se reencuentran en la majada de Eumeo, han pasado aproximadamente veinte años.
  3. La reconquista del hogar y la venganza se desarrollan a lo largo de los cantos XIII a XXIV, a veces convencionalmente denominados «La Odisea en Ítaca» o «Sucesos en Ítaca». Véase Odisea (estructura del poema).
  4. El «vino dulce» (glykỳs oînos o simplemente meliedes, «como la miel») era el tipo de vino más apreciado en la Grecia homérica y arcaica, obtenido de uvas pasas o muy maduras, y reservado para la hospitalidad de élite y los ritos sagrados. Eumeo ofrece a Odiseo (disfrazado) un vaso de este vino dulce, demostrando su generosidad a pesar de su pobreza aparente.
  5. En la versión de Segalá, «copa de yedra» (vv. 46-56) [1] es la traducción de κισσύβιον (kissýbion), vaso rústico de pastor, una especie de copa de madera. El nombre parece derivar de κισσός (kissós), «hiedra» (Hedera helix), planta estrechamente asociada al culto de Dioniso, aunque los especialistas no están seguros de si el recipiente se fabricaba con esa madera, se adornaba con hiedra o simplemente conservó un nombre tradicional de origen antiguo. Véase Kissybion en «Athenaeus: The Deipnosophists» [2]
  6. No es literal: Eumeo no es su abuelo biológico (el abuelo paterno de Telémaco es Laertes). En el texto griego, Telémaco usa un apelativo afectuoso propio del lenguaje familiar. Términos como πάππα (páppa) o ἄττα (átta) podían emplearse no sólo para el padre o el abuelo biológicos, sino también como tratamientos cariñosos y respetuosos dirigidos a personas mayores muy próximas al ámbito doméstico. La traducción «abuelo» de Segalá refleja esa cercanía afectiva entre Telémaco y el anciano porquerizo.
  7. Una «espada de doble filo» (xíphos amphēkes; en griego: ξίφος ἀμφήκες) era la espada habitual del héroe homérico: espada corta de bronce, recta, afilada por ambos lados y de punta aguda, óptima para el combate cuerpo a cuerpo. Por el contrario, «un solo filo» era propio de cuchillos, machetes, herramientas o armas secundarias (kopis). El 'huésped vagabundo' es agasajado con un arma que, además de valiosa por sí misma, era símbolo de estatus y hospitalidad.
  8. Odiseo muestra en los cantos XIII al XIX ingenio para ocultar su identidad con mentiras, lo que en filología clásica suele llamarse «mentiras cretenses».
  9. Euriclea, la anciana despensera fiel, «de castos pensamientos», es la nodriza de Odiseo y Telémaco que aparece por primera vez en el poema al final del Canto I (vv. 420 y ss.) [3] atendiendo al joven en el palacio de Ítaca.
  10. En la Odisea, Clitio (Κλυτίος) es un noble itacense, caracterizado principalmente por ser el padre de Pireo, compañero fiel de Telémaco. Veremos a Pireo más adelante, en el Canto XVII (vv. 61-83), [4] cuando Telémaco le pide que conserve los presentes de Menelao y Helena hasta que desaparezca el peligro en el palacio de Ítaca. Si bien Clitio no participa de manera directa en la acción principal del poema, su casa, linaje y familia juegan un papel fundamental como un reducto de lealtad absoluta hacia la casa de Odiseo, en un momento en que la isla de Ítaca se encuentra sumida en el caos y dominada por los pretendientes.
    La expresión «morada de Clitio» es la «casa de Pireo» designada por el nombre de su padre, forma muy habitual de identificación en la épica homérica: los bienes, el linaje y las propiedades se organizan en torno al oikos (el hogar familiar), siempre bajo la jefatura jurídica y el nombre del miembro varón de mayor rango o edad, [5] que en este caso es el padre, Clitio.
  11. Los pretendientes habían urdido una emboscada para acabar con Telémaco en su regreso (Canto IV, vv. 625-786) .[6] Antínoo iba al mando «maquinando en su pecho una muerte cruel» para el joven a la altura de «una isla pedregosa, en medio de Ítaca y de la áspera Same» (Canto IV, vv. 842 y ss.) [6]
  12. En el mundo homérico, los animales (especialmente perros, caballos y aves) aparecen dotados de una percepción telúrica o instinto numinoso que les permite captar lo divino o lo invisible, funcionando con frecuencia como mediadores entre lo humano y lo sagrado.
  13. El estado de abandono de Argos no es mero fruto de la desidia, sino el reflejo directo de la anarquía que reina en el oîkos. Los pretendientes han subvertido la jerarquía natural del hogar; y el perro, situado en la base de la pirámide doméstica, sufre las consecuencias visibles de la corrupción moral de los de arriba.
  14. Para los homéricos, el perro callejero representaba la falta de aidós (vergüenza, respeto, pudor) y la impudicia: come carroña, roba comida y no conoce la jerarquía ni el decoro. Por eso Helena se lo aplica a sí misma en varias ocasiones, acusándose de haber roto los códigos morales sin pudor.
  15. En la mentalidad griega, que un perro devore a un guerrero significa privarlo de su kleos (gloria eterna), ya que sin tumba el héroe desaparece de la memoria social. El perro de la Ilíada es un agente de la disolución de la identidad, justo lo contrario que en la Odisea.
  16. En griego antiguo: κυνὸς κακομηχάνου (kynòs kakomēchanou); literalmente, «perra maquinadora de males», «perra de malos ardides».
  17. En la Ilíada, la expresión «perros y aves [rapaces o de presa]» (κύνες καὶ οἰωνοί, kýnes kaì oiōnoí) no describe simplemente un hecho: representa la negación de los ritos funerarios, la pérdida del honor (timḗ) y la imposibilidad de acceder a una muerte digna.
  18. «Medonte» del Canto XVI de la Odisea y «Medonte, hijo de Oileo» son personajes distintos. El segundo es un guerrero de la Ilíada, caudillo del contingente de Filoctetes (medio hermano de Áyax el Menor) que participa en la guerra de Troya y muere a manos de Eneas (Ilíada XV, vv. 328-342). [21]
  19. Melantio, hijo de Dolio, es el cabrero infiel que se alía con los pretendientes e insulta y maltrata a Odiseo disfrazado y a Eumeo (Odisea XVII, vv. 204-253).[4] Será muerto en Odisea XXII (vv. 474-477).[26]
    Las criadas infieles son las sirvientas del palacio que mantuvieron relaciones con los pretendientes y traicionaron la casa de Odiseo; serán ejecutadas por Telémaco al final de la obra (Odisea XXII vv. 411-429, 437-473).[26]

Referencias

Bibliografía adicional

Enlaces externos

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